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Perfiles educativos

versión impresa ISSN 0185-2698

Perfiles educativos vol.25 no.101 México  2003

 

Artículo

 

Educación: visión panorámica mundial y perspectivas para el siglo XXI

 

Ernâni Lampert*

 

* Profesor adjunto de la Fundação Universidade Federal Do Rio Grande, Brasil. lampert_ernani@hotmail.com , decel@furg.br

 

Resumen

Este artículo, dividido en dos partes interrelacionadas, aborda la educación en el siglo XXI, una problemática de capital importancia en el actual contexto político, económico, social y cultural de América Latina. A partir de los datos del Foro Mundial sobre la Educación, llevado a cabo en Dakar, Senegal, el autor presenta una visión panorámica de la realidad y de los desafíos de la educación en la mayor parte del mundo. Asimismo, según la óptica de diferentes pensadores, se analizan las perspectivas de la educación para el siglo XXI. A modo de conclusión, el autor presenta, principalmente para los países en vías de desarrollo, algunas sugerencias para el futuro.

Palabras clave: Evaluación, Foro Mundial sobre Educación, Educación, Tecnología, Globalización, Siglo XXI.

 

Abstract

The present article focuses on education in the 21st century, an issue of capital importance in the current context of politics, economy, society and culture. The author, in a first instance, based on data of the World Education Forum, held in Dakar, Senegal, presents a broad view of reality and the educational challenges in many countries. According to different scopes of writers, it is analyzed the perspectives of education in the 21st century. Finally, the author presents, mainly concerning to developing countries, some suggestions for education in the 21st century.

Keywords: Evaluation, World Education Forum, Education, Technology, Globalization, 21st century.

 

EDUCACIÓN: UNA VISIÓN PARONÁMICA MUNDIAL

El postmodernismo, periodo caracterizado por innovaciones y rápidos cambios en prácticamente todos los sectores productivos de la sociedad, está afectando la vida de un contingente significativo de la población —aquella que tiene acceso a los bienes producidos por el trinomio ciencia, tecnología e informática—. Por otro lado, mantiene casi inalterada la vida cotidiana de la mayoría de la población del mundo. Vemos que la ciencia, la tecnología y la informática ayudaron, y están ayudando, a cerca de un tercio de la población a vivir mejor, más confortablemente y a aumentar la esperanza de vida; pero vemos también que cada día dos tercios ven que sus condiciones básicas de vida se deterioraron y empeoraron. Ese fenómeno ocurre tanto en los países industrializados como en los que están en vías de desarrollo, pero no deja de ser una característica de los países llamados del tercer mundo: África subsahariana, Asia meridional, países árabes y latinoamericanos y del Caribe. Se sabe que la economía global es profundamente asimétrica. Desaparece la frontera Norte-Sur, pero la diferencia del crecimiento económico, la capacidad tecnológica y las condiciones sociales entre distintas zonas del mundo aumentan a cada instante y crean una distancia todavía mayor entre los países. La globalización ha redibujado el mapa económico del mundo. Nuevos centros de crecimiento han aflorado. Por otro lado, se ha marginado política y económicamente a regiones enteras. La globalización es un proceso desigual, acompañado de divisiones y marginación, no sólo en los países pobres, sino también en los industrializados y ricos.

El escenario pesimista es el retrato del cuadro político, económico, social y cultural actual. La educación, palanca indispensable en el proceso de desarrollo, tiene una importancia múltiple. Teóricamente es la opción más viable para sacar a los países menos desarrollados de la miseria, de la pobreza, tanto económica como cultural, y de elevar el nivel personal y social de la población. La educación, aparato ideológico del Estado y de la clase poderosa y dominante, a lo largo de toda la historia sirvió para acentuar y aumentar la separación entre los ricos y los pobres. Los países de Europa están seguros de que, para continuar siendo un punto de referencia en el mundo, deben invertir en el conocimiento, porque la educación es de gran una importancia en el momento de determinar la posición de cada país en la competencia global. Siguiendo esta línea de pensamiento, Korsgaard dice:

La educación, que hasta hace poco había estado ligada a una cierta fase de la vida, ahora se ha convertido en una necesidad que cubre toda la vida. Esto implica que todo un lapso de la vida, en el que no se había dado prioridad a las políticas educacionales, se ha vuelto ahora la piedra angular en el proceso de renovación de la sociedad. La educación de adultos es ahora parte de la educación continua y del aprendizaje a lo largo de toda la vida (1997, p. 16).

Datos de la Conferencia Internacional Educación para Todos, llevada a cabo en 1990, en Jomtien, Tailandia, publicados en la Relatoría Mundial de Educación de la UNESCO, demuestran las grandes disparidades. En 1992, el gasto público por alumno fue de 4 270 dólares en los países industrializados; en los países en vías de desarrollo fue de 218 dólares, y en los países más pobres, de 38 dólares. En lo que se refiere a la tasa de escolaridad primaria, las diferencias no son tan importantes, a pesar de que en África subsahariana la tasa era de 73.1%, en los países en vías de desarrollo era de 98.4%, contra 99.7% en los países desarrollados. En cambio, en la enseñanza secundaria la disparidad era enorme: 44.9% en los países en vías de desarrollo, contra 95.8% en los países desarrollados. La tasa de alfabetización, en 1995, era de 70.4% en los países en vías de desarrollado, contra 98.7% en los países desarrollados. Las disparidades estaban más acentuadas entre el Subsahara (56.8%), el mundo árabe (56.6%) y el sur de Asia (50.2%), y los diferentes países en vías de desarrollo. La alfabetización de la mujer en los países en vías de desarrollo (47.3%) es otro fenómeno que merece un análisis.

El Foro Mundial sobre la Educación, celebrado del 26 al 28 de abril de 2000, en Dakar, Senegal, ha adoptado el Marco de Acción de Dakar, Educación para Todos. Ese marco se basa en el más amplio balance de la educación básica realizado hasta ahora. Expone los avances de cada país en la educación básica. Los resultados presentados en las seis conferencias celebradas entre 1999 y 2000 en Johannesburgo (1999), Bankok (2000), El Cairo (2000), Recife (2000), Varsovia (2000) y Santo Domingo (2000), muestran la realidad de cada país, de cada región y la situación en el nivel mundial. El Marco de Acción de Dakar, consecuencia de la Conferencia Mundial sobre Educación celebrada en 1990, en Jomtien, representa un compromiso colectivo de los gobiernos de los países de cumplir los objetivos y finalidades de la educación para todos.

En Subsahara la educación para todos todavía es una utopía. En los últimos años, casi un tercio de los países fueron devastados por la guerra y conflictos civiles. Los desastres ecológicos, los ajustes económicos severos, la carga con la deuda, la mala administración pública, la corrupción, la epidemia del SIDA son factores que obstaculizaron el progreso. Sólo unos diez países han logrado la educación primaria universal. Los programas de primera infancia son escasos y se presentan en las zonas urbanas. Cerca de 50% de los niños está fuera de la escuela. El abandono escolar está aumentando por diferentes motivos: guerras, costos elevados de la educación, niños que son obligados a trabajar y falta de infraestructura básica. Es necesario considerar que en la nueva división internacional del trabajo, África ya no es un continente dependiente, sino estructuralmente irrelevante desde el punto de vista del sistema. En determinadas zonas de África hay sociedades regidas por el principio de la tradición, donde los cambios pueden poner en peligro la convivencia, los fundamentos de la producción y el orden social. Así, la educación tiene una escasa razón de ser. La imitación de la acción y las actitudes constituyen la base del fundamento del aprendizaje. Los ministros de educación, representantes de la sociedad civil y organismos internacionales para el desarrollo, reunidos en Johannesburgo, al final del siglo XX, intentaron renovar la educación para el siglo XXI: "Educación para el Renacimiento de África en el Contexto de una Economía, una Comunicación y una Cultura Mundializadas".

Países de Asia y la región del Pacífico, durante la Conferencia sobre la Evaluación llevada a cabo en Bangkok, en 2000, consideraron que la educación, que es un derecho fundamental, debe garantizarse a todas las personas, especialmente a los más desprotegidos y excluidos. Los principales desafíos que deben enfrentarse se refieren a las disparidades crecientes dentro de los mismos países, en particular una brecha persistente entre los centros urbanos y las zonas rurales; la discriminación contra las niñas, en especial en Asia meridional; el alto índice de retención; deficiencias en los presupuestos nacionales de educación; deficiencia en la identificación, perfeccionamiento y expansión de las mejoras prácticas en la educación básica; dificultades para reformar los currículos de modo que puedan atender a los desafíos y necesidades de los jóvenes de la región; carencia de datos y estadísticas fiables; falta de capacidad para evaluar los problemas educacionales; insuficiencia de los medios para evaluar el rendimiento y el logro del aprendizaje.

A partir de los principales desafíos, los países de Asia y del Pacífico establecieron las siguientes estrategias: inversión y movilización de recursos; un nuevo "espacio" para la sociedad civil; educación y eliminación de la pobreza; aprovechamiento equitativo de las nuevas tecnologías; desarrollar la autonomía de los maestros; reforma de la gestión educativa; integración de las actividades de desarrollo; intercambio de información, experiencias e innovaciones.

Los progresos logrados al final del siglo XX, aun teniendo en cuenta los esfuerzos de los estados árabes, han sido por debajo de las expectativas. La pobreza, el desempleo, la violencia, los conflictos, la marginación, las diferencias entre los géneros y las poblaciones nómadas dificultaron alcanzar los logros deseados en la educación, que es consecuencia del contexto político, económico, social y cultural. En cuanto a la educación de la primera infancia, de modo general, es posible evidenciar una mejora en los índices de matrículas en el decenio de 1990. La educación primaria tuvo los mayores avances, aunque los índices de matrícula bruta de Djibuti, Mauritania, el Sudán y el Yemen siguen bajos (cerca de 72%). Es oportuno registrar que Mauritania y el Sudán han realizado enormes progresos en los últimos años. Las diferencias entre las zonas rurales y las urbanas, y la participación de la mujer en la educación primaria, continúan siendo un obstáculo. Se estima que hay 68 millones de analfabetos (63% de los cuales son mujeres). Egipto, Argelia, Marruecos, Sudán y el Yemen se reparten 70% de esta cifra. El analfabetismo es un subproducto negativo de una educación primaria insuficientemente extendida en el pasado. La formación del profesorado es otro problema que los estados árabes deben enfrentar. Un porcentaje pequeño de maestros posee el diploma mínimo exigido para la tarea de enseñar.

Entre los representantes de los países del Grupo E-9 —los más poblados del mundo, donde habita más de 50% de la población mundial (Bangladesh, Brasil, China, Egipto, India, Indonesia, México, Nigeria y Pakistán)— hay un consenso sobre los logros registrados durante los últimos años en el ámbito de la educación. Entre los alcanzados están: la reducción masiva del analfabetismo de adultos; el aumento sustancial de los servicios educativos preescolares; adelantos significativos en la educación básica universal; mayor equidad respecto al sexo en el acceso a la escuela; la descentralización de los servicios educativos; el desarrollo del marco curricular; la utilización de la educación a distancia para la expansión del aprendizaje y la formación de maestros; adelantos en el proceso de inclusión de niños con necesidades especiales en el conjunto de las escuelas.

Es posible evidenciar los progresos alcanzados, pero los desafíos persisten y requieren respuestas. Así, son imprescindibles acciones concretas para combatir el elevado número de analfabetos en algunos países, facilitar el acceso de la educación en zonas remotas e inaccesibles, expandir los servicios de educación de la primera infancia, mejorar la calidad y el rendimiento del aprendizaje. Para responder satisfactoriamente a los grandes desafíos, es necesario un desarrollo social y económico con equidad, mediante la educación de calidad para todos; una participación efectiva de los distintos segmentos sociales en todo el proceso educativo; la adopción de métodos de enseñanza más recientes basados en una tecnología más moderna, y principalmente la solidaridad internacional con su apoyo técnico y financiero.

La realidad en el continente europeo es distinta. La mayor parte de los países tienen en común una disminución en la tendencia demográfica. Ese fenómeno hace que aumente la importancia de la calidad de la educación en todos los niveles y la necesidad de una educación permanente. La enseñanza primaria y el primer ciclo de la enseñanza secundaria son prácticamente universales. En la parte oriental del continente europeo, la realidad educativa es diferente con relación a la parte occidental. En función de las recientes transformaciones del sistema político y económico, en la mayoría de los casos se evidencia una reducción del gasto con educación, un deterioro de las condiciones de trabajo docente, una desvalorización del sueldo de los maestros, y un aumento de las desigualdades sociales. En los países de Europa central y oriental, el aumento del índice de abandono escolar, la escasa motivación de algunos estudiantes, el rendimiento inferior de los alumnos más desfavorecidos, la degradación, la violencia y el surgimiento de fenómenos de exclusión social, son algunos aspectos que obstaculizan la educación.

De manera general, los países de América del Norte y Europa consiguieron superar los principales problemas de la educación infantil, primaria, secundaria, erradicando el analfabetismo e invirtiendo en la formación del profesorado. En el contexto actual, es indispensable renovar esfuerzos a fin de combatir el racismo, el etnocentrismo, el antisemitismo y la xenofobia, fenómenos tan comunes en los países desarrollados.

Reunidos en Santo Domingo, del 10 al 12 de febrero de 2000, los países de América Latina, el Caribe y América del Norte evaluaron los progresos alcanzados en la región y renovaron el compromiso de Educación para Todos para los próximos 15 años. El Marco de Acción Regional se propuso eliminar las inequidades aún existentes y contribuir para que todos cuenten con una educación básica de calidad. Muchos fueron los logros alcanzados en la última década en la región: aumento en la educación de la primera infancia (periodo de cuatro a seis años), incremento significativo del acceso de casi la totalidad de los niños y niñas a la educación primaria, ampliación de los años de escolaridad obligatoria, disminución del porcentaje de analfabetos, apertura y participación de factores múltiples.

Por otro lado, se hace necesaria una atención especial para eliminar algunos temas pendientes: altas tasas de repetición y deserción, poca prioridad de la alfabetización y de la educación de jóvenes y adultos, bajos niveles de aprendizaje de los alumnos, escasa valoración y profesionalización de los docentes, bajos incrementos en los recursos, insuficiente disponibilidad y utilización de las tecnologías de información y comunicación.

Los ministros de Educación de América Latina y el Caribe, convocados por la UNESCO a la VII Reunión del Comité Regional Intergubernamental del Proyecto Principal de Educación, llevada a cabo en Cochabamba (Bolivia) del 5 al 7 de marzo de 2001, reconocen que

no se ha logrado garantizar la educación básica para todos, ya que una parte de los niños no ingresa a la escuela, y subsisten tasas significativas de repetición y deserción, que impiden que todos terminen la educación primaria. Los gobiernos continuarán priorizando la cobertura de la educación básica hasta lograr que todos los niños y niñas en edad escolar ingresen al sistema educativo y lo culminen. Además, es necesario realizar mayores esfuerzos por ofrecer servicios educativos de mejor calidad, buscando la equidad, puesto que persisten serias diferencias entre los países y al interior de ellos.

Por otra parte, los ministros son conscientes de la importancia que tiene la educación de los niños, jóvenes y adultos. Los gobiernos reiteran la necesidad de alcanzar una escolaridad básica para todos, de alfabetizar a la población de jóvenes y adultos y completar las reformas indispensables para mejorar la calidad y la eficiencia en la educación.

A modo de conclusión, es posible señalar que la evaluación de la educación para todos en el año 2000 muestra avances significativos en muchos países. Sin embargo, en pleno siglo XXI, más de 113 millones de niños no tienen acceso a la escuela primaria; hay 880 millones de adultos analfabetos en todo el mundo y la discriminación en los géneros continúa impregnando los sistemas de educación, principalmente entre los países más pobres. Se sabe que en el último decenio, la educación ha avanzado en el plan mundial, pero las discrepancias permanecen. Datos de la evaluación, realizada en el ámbito nacional, regional y mundial, indican que mundialmente el número de matrículas en la primaria aumentó (en 1998 contó con 44 millones más de niños que en 1990). El índice general de alfabetización de adultos pasó a 85% para los hombres y 74% para las mujeres. Aunque cuantitativamente los datos indican una mejora, millones de seres humanos están siendo excluidos de la educación y viven en condiciones inaceptables. Sólo una decidida voluntad política, sustentada en alianzas de los diferentes segmentos sociales, es capaz de cambiar este cuadro. Otro avance significativo es que, en la actualidad, gracias a las investigaciones en diferentes áreas del saber humano, es posible entender mejor los múltiples factores que influyen en la demanda de la educación, y las diferentes causas que excluyen a niños, jóvenes y adultos de las oportunidades de aprendizaje.

Los logros obtenidos en el último decenio son producto de la inversión educativa de los países, si bien algunos lo hacen más que otros. Por lo general, los países más adelantados, gracias a los ingresos proporcionalmente mayores y a la conscientización de que la inversión en educación es la clave del proceso de desarrollo, invierten más que los países emergentes. Estos últimos, con escasos ingresos, falta de conscientización, ausencia de una voluntad política y a veces dominados por la corrupción, dejan de invertir en educación y tecnología. Esa política aumenta la separación entre los industrializados y los países en vías de desarrollo. Tal fenómeno es posible evidenciarlo con datos. Las niñas constituyen 60% de la población infantil que no tiene acceso a la educación primaria. Ciertamente, Asia meridional y África subsahariana, donde ha sido más difícil avanzar, presentan dificultades mayores. En América Latina y el Caribe, debido a las diferencias regionales y de grupos sociales, basados en la desigualdad de ingresos, no se ha conseguido proporcionar la educación para todos.

Torres (2001), especialista en educación básica, asesora internacional en educación, y conocedora de la realidad y de los problemas educativos de varios países, con mucha propiedad señala que, tanto en los países desarrollados como en las naciones en vías de desarrollo, en el sistema público y en el sistema privado de enseñanza, la educación exige profundas transformaciones, nuevas organizaciones y estrategias, nuevas maneras de pensar y de hacer. Mejorar la calidad y la eficiencia de un sistema educativo y escolar que no funciona y que demuestra ser inadecuado para la gran mayoría de la población (niños, jóvenes y pobres) equivale a hacer la misma cosa, aunque de una forma mejor. Invertir en la mejoría de este mismo sistema, hacerlo al costo de un gran endeudamiento internacional, y con calidad siempre inferior a la requerida, para garantizar niveles mínimos de equidad en la oferta educativa y lograr impactos que "hacen diferencias" entre aquellos que aprenden, es un pésimo negocio para las personas, los países y las agencias de financiamiento. Lo que tenemos por delante es el desafío de un compromiso serio y renovado para construir una educación diferente para todos, y no apenas para remozar la vieja educación. Con la mentalidad y las estrategias tradicionales no será posible alcanzar la "educación para todos" y una educación diferente, aun con una gran inversión de recursos, un aumento en el plazo, y una pauta renovada en el potencial de las nuevas tecnologías. La única posibilidad de garantizar la educación para todos es pensar de otra manera, a partir de otras lógicas, de una nueva comprensión común que integre educación y política, educación y economía, educación y cultura, educación y ciudadanía, políticas educativas y política social, cambios educativos que vengan de abajo para arriba, de orden local, nacional y global. La educación para todos sólo es posible a partir de una visión ampliada y renovada de la educación, que vuelva a conferir y a invertir en las personas, en su capacidad y potencialidades, en el desarrollo y en la sincronización de los recursos, en los esfuerzos de toda la sociedad, y en el desempeño común de hacer de la educación una necesidad y una tarea de todos.

 

EL SIGLO XXI Y LA EDUCACIÓN

El desempleo, el nuevo subempleo, el aumento gradual de los excluidos, de los exilados, de los inmigrantes, la guerra económica entre los países y bloques del poder, la incapacidad de dirigir las contradicciones del mercado liberal, el agravamiento de la deuda externa en la mayoría de los países, el comercio de armamentos, la baja estabilidad política, la multiplicación de las guerras interétnicas, el surgimiento del "Estado fantasma" creado por la mafia y por los cárteles de drogas, son algunas características de la sociedad actual. Este contexto problemático genera inseguridad, incertidumbre y miedo.

La entrada del siglo XXI trae a la humanidad contradicciones de todo orden. Si desde un punto de vista nos ofrece mucho optimismo y esperanzas por lo desconocido, mirándolo desde otros ángulos aparecen muchas incertidumbres, y la mente humana se llena de miedos y ansiedades. Se sabe que el siglo XXI es más incierto para una gran parte de la humanidad que el anterior, porque la muerte de lo viejo aniquila las viejas certezas y lo nuevo aún no ha terminado de nacer. "No hay nada seguro bajo el sol. Nos encontramos ante una nueva forma de ver el tiempo, el poder, el trabajo, la comunicación, la relación entre las personas, la información, las instituciones, la vejez, la solidaridad" (Imbernón, 1999, p. 7). La globalización económica y financiera, resultado de la política neoliberal impuesta por los países industrializados y emergentes, exige un hombre y una mujer cada vez más preparados para enfrentar la cotidianidad familiar, social, laboral y cultural. Los avances en la tecnología y la informática son una fuerza decisiva que ha cambiado la manera de pensar, sentir y actuar. El perfecto dominio de la informática y sus aplicaciones es, sin duda alguna, la última tendencia que ha invadido el ritmo cotidiano de la sociedad actual.

La tecnología ha producido revoluciones en la microelectrónica, en la biotecnología, en las informaciones, en las comunicaciones y en los transportes. Muchos autores analizan las paradojas de la tecnología: algunos apuntan las ventajas, otros los peligros de la era de la informática. Bohórquez (1999), analizando las paradojas de la tecnología de punta (microelectrónica, informática, telecomunicaciones, robótica y láser), señala que al mismo tiempo que los inventos tecnológicos constituyen una esperanza para un mundo más humano, lo cual garantiza un nivel de subsistencia para las personas, visto desde otro ángulo, en ningún momento de la historia tuvimos un aumento tan significativo de personas que viven en la más absoluta miseria, desprovistas de salud, vivienda y educación. Gómez-Bezares y Eguizábal (1999) plantean que el desarrollo tecnológico no puede ser visto como una amenaza. Si utilizamos adecuadamente los recursos físicos, humanos y la tecnología que está a nuestra disposición, es posible atender a las necesidades básicas de las personas, en el siglo XXI. Soares (1998) advierte que a la vez que estamos produciendo el progreso, también estamos ampliando los límites del terror y la extinción de todo lo que vive. Gurtner y otros (1998) piensan que el empleo de la tecnología de la información y de la comunicación es una consecuencia del esfuerzo que la propia evolución impone a la sociedad y a la nueva manera de vivir. Los autores alertan sobre los peligros de las nuevas tecnologías en la enseñanza, ya que dificultan la formación de hábitos de estudio y provocan transformaciones en las prácticas y funciones del profesorado.

En otro lugar señalamos (Lampert, 2000) que en el siglo XXI no es posible ignorar la revolución tecnológica, como tampoco de internet (paradigma tecnológico de comunicación de masas). Se necesita aprovechar el potencial de la tecnología para atender los intereses, peculiaridades y ritmos de aprendizaje de los estudiantes, pero el empleo egoísta, abusivo y sin ética del aparato tecnológico colaborará para la formación de individuos acríticos y de un mundo deshumanizado. Según Torres (2000), desarrollar el pensamiento crítico es la razón y la misión central de la educación, educación que prepara no sólo para la adaptación a los cambios, sino también para anticiparlos y dirigirlos, y es al mismo tiempo condición para su propio desarrollo.

La tecnología necesita ser analizada dentro del contexto actual, y bajo diferentes prismas. Pedagógicamente, la internet es una excelente herramienta para obtener una gama de informaciones, de actualización, de educación permanente y de comunicación sin fronteras; si se utiliza de manera adecuada traerá grandes beneficios a los usuarios. Políticamente es imprescindible pensar que los neoliberales invierten mucho en tecnología sin necesariamente mejorar la calidad de la enseñanza. Ese fenómeno privilegia a los grandes conglomerados que lucran con la venta de aparatos tecnológicos. Otro aspecto importante es que la tecnología permite reducir los gastos con el público, y el sueldo de los profesores. Hargreaves (2001) alerta que aunque los profesores y las escuelas son los agentes de cambio en la sociedad de información, ellos también son sus víctimas; víctimas de la reducción de los gastos del bien público, con el congelamiento de los sueldos, trabajan más y ganan menos.

El sector cuaternario o informático, en el que la información es la materia prima, y el procesamiento de las mismas es el fundamento del sistema económico, es el sector que más está desarrollándose en la actualidad. Actualmente, las personas que no poseen las competencias para crear y tratar la información quedan excluidas del proceso productivo. De acuerdo con Flecha y Tortajada, "la sociedad informática requiere una educación intercultural en cuanto a los conocimientos y a los valores, así como la voluntad de corregir la desigualdad de las situaciones y las oportunidades (1999, p. 19).

En el contexto actual, donde la información es la base de todo y la escuela no está más apta para atender las exigencias de una sociedad cambiante, la transformación de la escuela en comunidad de aprendizaje es una respuesta al actual cambio social. En la comunidad de aprendizaje todos los recursos educativos y culturales de una comunidad geográfica y social son articulados y aprovechados para atender las necesidades básicas de aprendizaje de sus miembros: niños, jóvenes, adultos, mayores, familias. Según Imbernón (2001), la educación, en el futuro, no dependerá tanto de los profesores como del apoyo de la comunidad. De acuerdo con Flecha y Tortajada,

Las comunidades de aprendizaje parten de un concepto de educación integrada, participativa y permanente. Integrada, porque se basa en la actuación conjunta de todos los componentes de la comunidad educativa, sin ningún tipo de exclusión, y con la intención de ofrecer respuestas a las necesidades educativas de todo el alumnado. Participativa, porque en la actual sociedad recibimos constantemente, de todas partes y en cualquier edad, mucha información, cuya selección y procesamiento requiere una formación continuada (1999, p. 25).

Según Torres (2001) eso implica adoptar como eje el aprendizaje, más que la educación; asumir que toda la comunidad humana posee recursos, agentes, instituciones y redes de aprendizaje; estimular la búsqueda y el respeto a lo "diverso"; e involucrar a niños, jóvenes y adultos, valorando el aprendizaje entre generaciones y pares.

Por lo tanto, en una sociedad informática es imprescindible la participación de la comunidad para superar los procesos de exclusión. Es necesario una ruptura epistemológica. La educación necesita ser vista como una práctica social concreta y no como un hecho abstracto, distante y fuera de un contexto; debe estar adaptada a las nuevas exigencias, expectativas y necesidades de un mundo cambiante, que no tiene un cuadro paradigmático orientador definido y único.

La educación a distancia, que a lo largo de la historia pasó por distintos periodos, ciertamente será una de las perspectivas más viables, de gran utilidad y de gran aceptación en el siglo XXI. Los elevados déficits públicos de gran parte de los países, los sucesivos recortes en los presupuestos de educación y de salud, la necesidad de reducir el gasto del personal, las deficiencias en el sistema convencional de educación, el incremento y los avances en los recursos tecnológicos, la posibilidad de reciclar y actualizar parte significativa de la población, confieren a la educación a distancia credibilidad para, de inmediato y con un costo reducido, atender las necesidades de una sociedad cambiante. Se sabe que la educación a distancia ha acompañado, de forma más ágil, las transformaciones incorporadas por las nuevas tecnologías, posibilitando una aproximación mayor a la realidad del alumnado y, al mismo tiempo, haciendo que el aprendizaje sea más dinámico e interesante. A partir de los años noventa, las nuevas tecnologías como el correo electrónico, internet y las teleconferencias, permitieron una especie de diálogo con el destinatario. Eso representa, sin duda, un progreso, una posibilidad de interacción. Las nuevas tecnologías pueden contribuir a mejorar la enseñanza, tanto la convencional como la enseñanza a distancia. Pero los equipos en sí, solos, no hacen milagros. Lo más importante es explorar y aprovechar todos los recursos disponibles para la construcción de una educación de calidad, más humana, solidaria, donde el ser humano sea el sujeto. La educación a distancia es una tendencia del siglo XXI. No es una solución para todos los problemas de enseñanza, ya que presenta muchas contradicciones y desafíos que necesitan ser superados, pero es una forma de responder a los desafíos de igualdad de oportunidades y de educación permanente, de superación de los límites espacio-temporales y restricciones económicas. Es una perspectiva que necesita mucha investigación para conocerla mejor, mejorarla y eliminar prejuicios. La educación a distancia tiene un enorme camino que recorrer y requiere salidas urgentes para atender a los desafíos. Basándonos en otro lugar (Lampert, 2001) cabe la pregunta: ¿Educación a distancia: elitización, o alternativa para democratizar la enseñanza?

Ferrer (1998) señala que en el siglo XXI necesitamos una educación que permita la convivencia entre las diferentes culturas, que dé prioridad al aprendizaje continuo durante toda la vida; que utilice todo el potencial de las nuevas tecnologías; que no se limite a las clases; que tenga implicaciones en la familia; que forme para la autonomía y la responsabilidad; una educación universalista que potencialice el pensamiento crítico, creativo y solidario. Santamaría (1998), en su artículo sobre los cambios sociales y la educación en el umbral del siglo XXI, señala la necesidad de tener líderes para revolucionar la educación, que es la base del futuro. La educación tendrá que ser la gran prioridad en el futuro. Necesitamos aprender solos, aprender con quien nos rodea, con los otros países y con culturas diferentes. Si queremos mantener la escuela, es necesario agitar y revolucionar casi todo: contenidos, métodos, edificios, espacios y sobre todo la visión de la realidad. Requerimos, de manera urgente, una nueva arquitectura de la educación capaz de coordinar la educación formal y la informal, y que además pueda transformar los objetivos, los métodos, los contenidos, y sobre todo ofrecer a los niños, a los adolescentes y a los mayores una auténtica igualdad de oportunidades.

Según Subirats (1999), las finalidades de la educación, en la actualidad, parecen estar más claras que nunca, puesto que ésta se ha convertido en un requisito indispensable para vivir en nuestra sociedad. A su vez, el conocimiento es la gran producción de nuestro tiempo. El autor insiste en señalar que la educación tiene que formar individuos capaces de buscar y manejar por su cuenta los conocimientos que les sean necesarios, operación que es muy distinta de la de transmitir conocimientos propiamente dichos. La competitividad y el economicismo, pilares que han sido de gran utilidad para forzar el desarrollo de los sistemas productivos, hoy empiezan a ser valores fuertemente dañinos para la sociedad, ya que producen desigualdades feroces, y constituyen una amenaza para el ecosistema y la naturaleza humana. Para el autor, la recuperación del concepto integral de educación, que sigue siendo una utopía, es indispensable en el siglo XXI.

La educación integral y la educación para la ciudadanía son perspectivas que deben ser retomadas y revaloradas. Vivimos en una sociedad apoyada en la ciencia y en la tecnología que, conectada a la informática y coordinada por los grandes conglomerados de los países centrales, comandan la vida de las personas. El proceso de internacionalización, la tendencia creciente de la centralización del conocimiento y la globalización de la economía parecen ser irreversibles y se intensificarán en el siglo XXI. Lamentablemente, en la sociedad posmoderna lo importante es el sector productivo y financiero; los valores morales, éticos y la solidaridad son sustituidos por el ciudadano consumidor. La formación de la ciudadanía es un proceso complejo y lento. De acuerdo con Serrano (1999), la educación es una exigencia de la sociedad civil, y su formación requiere democracia, justicia social, igualdad, libertad, sabiendo que su realización se consigue principalmente mediante acciones concretas y prácticas. Una de las posibilidades de ejercer la ciudadanía es el servicio voluntario, que es otra perspectiva que está ganando espacio tanto en los países industrializados como en los emergentes. Arron (1999) señala que actualmente en la Gran Bretaña, Alemania y Francia hay un crecimiento de las organizaciones de voluntariado. Estas organizaciones están actuando en diferentes sectores sociales: pobreza, tercera edad, infancia, inmigrantes, mujer, deportes, medio ambiente, salud, cooperación internacional, y tienen como objetivo garantizar que toda persona tenga una vida digna y sus necesidades básicas atendidas. Este servicio trae al pueblo que lo practica un beneficio social y una dimensión educativa, porque estimula los procesos de conscientización personal y comunitaria. Son verdaderas escuelas de ciudadanía.

Analizando la enseñanza técnica y profesional del siglo XXI, Power (1999) piensa que la formación debe orientar la satisfacción de las demandas de la sociedad del conocimiento y no de las revoluciones industriales. Es necesario pensar la formación técnica y profesional como un proceso para toda la vida y una parte integral de la educación básica para todos; debe ayudar a que los alumnos adquieran las competencias básicas como matemáticas, lenguas extranjeras e informática; habilidades mentales como la creatividad, la solución de problemas y la toma de decisiones; habilidades personales como la sociabilidad, la autoestima, la autoconfianza, la autogestión y la integridad.

Rigal, refiriéndose a la educación para el siglo XXI, propone la escuela crítico-democrática en Latinoamérica. La escuela para la nueva época necesita fundamentarse en la vertiente crítica del pensamiento posmoderno.

Es una concepción teórica que prioriza el análisis de la producción social e histórica de las diferencias y la desigualdad con una intención totalizadora. Concibe los significados y los textos como prácticas materiales estructuralmente determinadas. Procura, por lo tanto, ligar la discusión de lo cultural con una reflexión sobre sus vinculaciones y su determinación por la base material (1999, p. 162).

La escuela crítico-democrática es concebida como una forma político-cultural. Es una manera de reescribir lo institucional de tal forma que facilite la recuperación del sujeto como protagonista, situado temporal y espacialmente a partir del respeto y de la aceptación de lo diverso y lo inacabado. Como síntesis, el fin de la escuela del siglo XXI, según el autor,

es construir una cultura orientada hacia el pensamiento crítico que pretenda dotar al sujeto individual de un sentido más profundo de su lugar en el sistema global y de su potencial papel protagónico en la construcción de la historia (ibid., 163).

En relación con las funciones, la "otra escuela tendrá tres funciones: la socializadora, prácticas educativas democráticas, incluyendo la participación de los diversos actores en la compensadora y la reconstructora". En cuanto a los objetivos, la escuela crítica y democrática tiene un papel relevante en la formación de sujetos políticos "formar a gobernados que puedan ser gobernantes" (ibid., p. 164). El tema central de la institución es reivindicar la singularidad de la naturaleza educativa. Se deben fortalecer los espacios y las tomas de decisiones. En la relación enseñanza-aprendizaje es necesario rescatar la importancia de los procesos como instancias de producción dialógico-colectiva y de negociación cultural.

El curriculum debe ser considerado un producto cultural, núcleo de relaciones entre la educación y el poder, identidad social y construcción de la subjetividad; una forma institucionalizada para la constitución de sujetos, para la producción de identidades individuales y sociales (ibid., p. 165).

Según Giroux (1999), la pedagogía crítica es una manera de práctica social que surge de determinadas condiciones históricas, contextos sociales y relaciones culturales. Desde una visión ética y política, se preocupa de la producción de conocimientos, valores y relaciones sociales para formar estudiantes con una ciudadanía crítica y capacidad de negociar y participar en las estructuras más amplias de poder.

El tercer mundo presenta peculiaridades propias. De manera general, carece de los bienes elementales: salud, educación, trabajo y estabilidad política. Las causas de la falta de desarrollo son históricas y estructurales y se caracterizan por la desigualdad sectorial de productividad y la desarticulación de la economía y la dependencia exterior. La larga historia de colonización y de explotación produce precios bajos de sus productos, de su materia prima; sueldos inferiores a los cobrados en las multinacionales, con el beneficio sólo para las cúpulas gubernamentales. Cabe a la educación, uno de los pilares fundamentales, lograr cambios de la realidad. Los países en vías de desarrollo necesitan una educación flexible, capaz de responder a las necesidades a lo largo de toda la vida. La educación básica debe permitir que el niño y el adolescente asciendan en la dimensión ética y cultural, científica, tecnológica, económica y social. La universidad debe prepararse para ofrecer la educación continuada y garantizar el patrimonio cultural. Los países requieren ayuda y cooperación internacional para desarrollarse en el corto plazo, pero la asistencia necesariamente debe considerar la pluralidad de las culturas, el respeto a la naturaleza y a la transmisión de los bienes culturales y de las tradiciones.

Convocados por la UNESCO, los ministros de Educación de América Latina y el Caribe, reunidos en Cochabamba, Bolivia, del 5 al 7 de marzo del año 2001, aprobaron la "Declaración de Cochabamba" y las "Recomendaciones sobre políticas educativas del inicio del siglo XXI"; la Declaración está dividida en nueve secciones: los nuevos sentidos de la educación en un mundo globalizado y en permanente cambio; aprendizaje de calidad y atención a la diversidad: ejes prioritarios de las políticas educativas; fortalecimiento y resignación del papel de los docentes; los procesos de gestión al servicio de los aprendizajes y de la participación; ampliación y diversificación de las oportunidades de aprendizaje a lo largo de toda la vida; medios y tecnologías para la transformación de la educación; financiamiento para lograr aprendizajes de calidad para todos; sistemas de información para el mejoramiento de las políticas y prácticas educativas, y cooperación internacional. De las 54 recomendaciones, cabe destacar, según el autor del trabajo, algunas de vital importancia para mejorar la educación: realizar debates periódicos sobre el sentido de la educación, en los que participen los diferentes actores sociales; discernir y establecer lo básico y prioritario que han de aprender todos los alumnos; revisar y actualizar periódicamente los currículos de manera que aparezcan, de manera equilibrada, las dimensiones humanista, tecno-científica y política; fomentar investigaciones y estudios sobre la implantación de las reformas educativas; priorizar las competencias básicas de aprendizaje para acceder a la cultura, la información, la tecnología y para continuar aprendiendo; aumentar el tiempo dedicado al aprendizaje, teniendo como horizontes la ampliación progresiva del calendario para alcanzar una jornada de al menos 200 días y unas mil horas anuales; centrar los procesos pedagógicos en el alumno, dando especial atención a los aspectos afectivos y emocionales; valorar la diversidad y la interculturalidad en el currículo y la práctica educativa; establecer o fomentar una sólida educación integral de la sexualidad humana; transformar las instituciones escolares en espacios de educación abiertos a toda la comunidad; capacitar al personal directivo, tanto en el ámbito del sistema como de la escuela; estimular la participación de los diferentes segmentos sociales en la educación; renovar los acuerdos y consensos nacionales que muestren que la educación es efectivamente una prioridad; priorizar la educación básica; incentivar la creación de redes internacionales, regionales y nacionales de escuelas, alumnos y docentes, utilizando internet y otros medios como canal de comunicación e intercambio de expresión; continuar con los esfuerzos para aumentar significativamente la inversión en educación; fortalecer los procesos de integración a las escuelas no especiales de los niños y jóvenes con necesidades educativas especiales; promover acciones de capacitación docente para que utilicen creativamente las nuevas tecnologías.

A modo de conclusión, es oportuno afirmar que la educación es un elemento clave del desarrollo sostenible para la paz y la estabilidad de un país, y principalmente es un derecho humano fundamental. En el siglo XXI, la sociedad continuará logrando avances en casi todas las áreas del saber humano. En el campo educativo, en especial de los países emergentes, será imprescindible unir los esfuerzos de los diferentes segmentos sociales, del gobierno y organismos no gubernamentales para que:

• la educación infantil se extienda a todos los niños y niñas;

• todos los niños y sobre todo las niñas en edad escolar tengan acceso a la enseñanza primaria gratuita de buena calidad;

• todos los jóvenes y adultos tengan acceso a programas educativos, de preparación profesional y/o de readaptación profesional o de educación permanente;

• los gobiernos elaboren e implanten programas de educación para todos, para la erradicación del analfabetismo;

• se disminuya drásticamente el porcentaje de analfabetos y adultos funcionales;

• la calidad de la enseñanza básica, primaria y secundaria, sea mejor;

• se fomenten políticas públicas por parte de organismos internacionales para disminuir las disparidades entre la educación básica de los países ricos y de los países pobres;

• se aprovechen las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación para promover la educación a todos;

• se incrementen programas para aumentar la participación y la retención de los alumnos en el sistema escolar;

• se combine el material didáctico convencional con las nuevas tecnologías;

• se atiendan, a través de adecuados programas, las personas con alguna discapacidad física o psicológica;

• el Banco Mundial, los Bancos Regionales de Desarrollo, así como el sector privado se movilicen para ofrecer subsidios y asistencia para proyectos en los países emergentes;

• los recursos públicos, así como los donativos sean controlados para que se apliquen en programas educativos;

• haya una asistencia y acompañamiento de la educación para todos, en los países emergentes;

• se creen Foros de Educación para Todos en distintas partes del planeta para acompañar el desarrollo;

• se desarrollen programas especiales para atender a niños, jóvenes y adultos afectados por sida, el hambre, la salud deficiente o las dificultades en el aprendizaje;

• se ofrezcan a los profesores cursos de actualización en el área pedagógica, pero referidos a su contexto;

• se utilice en la alfabetización inicial la lengua local;

• los diferentes actores sociales, en las reformas educativas, tengan participación, representación y voz;

• las reformas educativas tomen en cuenta la necesidad de formar ciudadanos críticos, reflexivos, capaces de transformar la realidad;

• haya una inversión en las condiciones de trabajo y los sueldos de los maestros y profesores;

• las políticas públicas consideren las reales necesidades y no criterios político-partidarios;

• la organización curricular sea flexible y haga hincapié en la formación, más que en la información.

Las sugerencias presentadas parten de algunas perspectivas concretas de cambios en la educación, principalmente en los países emergentes, porque en los desarrollados ya se contempla la mayoría de las ellas. Se sabe que no podrá ocurrir una verdadera revolución en la educación sin una transformación del actual cuadro político, económico, social y cultural impuesto para los países emergentes; ciertamente la educación por sí sola no podrá efectuar cambios en la sociedad en el corto plazo, pero mediante una verdadera educación y conscientización es posible comenzar el proceso de reversión y de humanización. Para cambiar las políticas públicas es indispensable la transformación de los actuales cuadros de referencia ideológica, moral, social y cultural. Por lo tanto, voluntad política es una condición imprescindible para una verdadera revolución educativa.

 

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