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Estudios de historia moderna y contemporánea de México

versión impresa ISSN 0185-2620

Estud. hist. mod. contemp. Mex  no.44 México jul./dic. 2012

 

Reseñas

Stefan Rinke, Las revoluciones en América Latina: las vías a la independencia, 1760-18301

 

João Paulo Pimenta*

 

México, El Colegio de México/Colegio Internacional de Graduados, 2011.

 

*Universidade de São Paulo

 

El libro de Stefan Rinke presenta una excelente síntesis general de los procesos de independencia de Iberoamérica: bien escrito, apoyado en una bibliografía amplia y actualizada, al mismo tiempo de gran alcance y atento a las realidades particulares y, con pocas excepciones, muy correcto en cuanto a información básica. Es una contribución académica bienvenida en momentos en que la explosión de la producción historiográfica especializada acerca de los temas abordados dificulta las síntesis y las vuelve más necesarias. Por todo esto, merece una lectura y apreciación crítica.

Profesor de la Freie Universitát de Berlín, Rinke es autor de trabajos específicos acerca de las independencias y la formación de los Estados americanos; conoce bien la temática y, por lo mismo, puede proponer una exitosa exposición del panorama general. No sólo aborda el mundo hispano (España y sus dominios en América) sino también Santo Domingo/ Haití y Brasil, y no se dedica sólo a las independencias propiamente dichas sino a los aspectos de las colonizaciones ibéricas capaces de explicarlas, así como a algunos de sus resultados más relevantes.

Luego de una "Introducción" (p. 15-25), en la cual leemos un panorama preliminar acerca del derrotero de la historiografía de las independencias desde el siglo XIX, de sus posteriores renovaciones de perspectivas y de la actualidad del tema, el primer capítulo está dedicado a "Las bases coloniales" (p. 27-78) de las independencias, con énfasis en el siglo XVIII, en las políticas reformistas imperiales y sus consecuencias en el mundo americano -incluso en los movimientos de resistencia- y las implicaciones de sus fracasos geopolíticos. A continuación, "El preludio: la revolución de Haití, 1789-1804" (p. 79-131) tiene como objetivo caracterizar la apertura de una amplia y profunda hendidura en el mundo colonial occidental que, pese a no haber surgido en un imperio ibérico, tuvo gran importancia en las modalidades seguidas por el curso político de muchas regiones americanas. El tercer capítulo, "Principios revolucionarios y reveses en Hispanoamérica, 1808-1816" (p. 133-217), aborda la crisis política de la monarquía española, así como el mosaico de formas que presentó la reacción a la mencionada crisis, en Europa y en especial en América. Ese mosaico se mantiene en el tratamiento que se da a la profundización y la consolidación de los procesos de independencia hispánicos en el capítulo cuatro, "El triunfo de la independencia en Hispanoamérica, 1816-1830" (p. 219-289), al cual sigue uno dedicado exclusivamente a Brasil ("El cambio sin derramamiento de sangre de Brasil", p. 291-324). Finalmente, el último ("El precio de la libertad", p. 325-355) forma un epílogo en el que la narrativa eminentemente política de los capítulos anteriores (envuelta en ocasiones en un convencional y criticable énfasis en las trayectorias individuales de los "próceres") cede espacio a las dimensiones económicas de la historia y a observaciones acerca de las consecuencias a corto, mediano y largo plazo de los procesos tratados previamente.

Las revoluciones en América Latina es una obra abarcadora tanto por el tiempo como por los espacios que cubre, meritoria desde su concepción inicial y en sintonía con una tendencia muy actual de la historiografía, a saber, considerar los procesos de independencia del mundo iberoamericano en una perspectiva atlántica. En palabras del autor, en el libro "se elige siempre la perspectiva trasatlántica cuando ésta parece necesaria para hacer comprensibles los desarrollos locales. Es decir, no se trata de aportar una metanarración de una revolución atlántica, sino de presentar un sinnúmero de movimientos de liberalización entrelazados unos con otros, pero también independientes, con diferentes orientaciones" (p. 25).

La práctica de un enfoque atlántico, en mi opinión, libera a Rinke de una discusión en torno de los fundamentos de una perspectiva atlántica de los procesos de independencia, de la historia y de las implicaciones de tal propuesta; en otras obras esta discusión probablemente sería necesaria, pero no en ésta. Aquí, ese enfoque es simplemente una orientación general, al definir las opciones espaciales y temporales de las que resulta una síntesis bien lograda. Por ello, me parece que aquí se despliega un problema que hay que considerar, ya que la práctica de un enfoque no conduce al autor a una tesis central. Para empezar, se trata de una constatación: Las revoluciones en América Latina se distancia de otras nobles síntesis que la han antecedido, como las de John Lynch, Tulio Halperín Donghi y Jaime E. Rodríguez, todas portadoras, en su momento, de propuestas de modelos interpretativos que, sin importar si estamos o no de acuerdo, hacían explícitos los métodos de interpretación de la configuración de una unidad histórica a partir de los diferentes tiempos, espacios, agentes, procesos y acontecimientos de las independencias iberoamericanas.

Se podría argumentar simplemente diferencia de propósitos, lo que nos impediría elaborar un juicio. Sin embargo, de la constatación anterior surgen algunos problemas: ¿La historiografía actual todavía reconoce la necesidad de interpretar estos procesos a través de modelos explicativos generales o se conforma con caracterizaciones menos comprometidas desde una perspectiva epistemológica, que tal vez por lo mismo resultan más "aceptables", y menos polémicas de acuerdo con lo que la mayoría de los historiadores piensa y practica en su oficio? Dejo la cuestión abierta, pero señalo que, en mi opinión, el consenso actual sobre la adecuación de uno (o más) enfoque(s) atlántico(s) de los procesos de independencia ha dejado de lado las implicaciones teóricas de análisis, lo mismo que proposiciones de modelos explicativos completos. Esta es mi observación central.

En cualquier caso, lo que propone Rinke funciona bien: toma en cuenta interpretaciones de otros, las indica y las resume, aunque evita comprometerse con ellas. Si el lector pierde algo con la ausencia de posiciones más explícitas del autor, como las que tienen algunas síntesis a veces demasiado generales, ciertamente gana por la oferta de una pluralidad de propuestas que el autor de Las revoluciones en América latina organiza de forma efectiva.

Un aspecto notable, por ejercer una implicación positiva en los contenidos de la obra, es el hecho de que Rinke se apoya ampliamente en la historiografía alemana sobre las independencias, una producción que muchos de los especialistas conocen poco, a pesar de su diversidad, tradición y actualidad sumamente relevantes. Es verdad que se puede objetar la ausencia de obras importantes en inglés, español o portugués, pero el gran esfuerzo del autor en contemplar las historiografías en sus diferentes niveles (nacionales, temáticos, temporales) debe ser reconocido. Lo mismo se puede decir de forma particular del capítulo referente al Brasil, generalmente evitado por los autores de síntesis generales. El caso de la independencia de las colonias portuguesas de América, del modo como es tratado en este libro, no sólo es valiente sino esencialmente correcto.

Otro aspecto formal, en esta ocasión, lamentable, es la opción de hacer constar en la bibliografía final sólo los títulos de los libros y de los artículos de revistas citados, sin indicación de los muchos capítulos de libros colectivos, de autoría específica, que también figuran en las notas a pie de página. De tal suerte, se presenta una bibliografía final más breve, que priva al lector del conocimiento a un repertorio de referencias que pudiera resultar de mucha utilidad. Por supuesto, se trata de un detalle secundario, comparado con las aportaciones del libro.

En suma, Las revoluciones en América Latina es una obra de síntesis excepcional y muy útil, que puede servir -como he procurado hacer- como buen pretexto para reflexionar acerca de la historiografía de las independencias del mundo ibérico en sus alcances y posibilidades actuales.

 

Notas

1 Traducción de Alfredo Ávila

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