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Estudios de historia moderna y contemporánea de México

versión impresa ISSN 0185-2620

Estud. hist. mod. contemp. Mex  no.42 México jul./dic. 2011

 

Reseñas

 

Karl Kohut, Alicia Mayer, Brígida von Mentz y María Cristina Torales (eds.), Alemania y el México independiente. Percepciones mutuas, 1810-1910

 

Peter Krieger*

 

México, Herder, 2010.

 

* Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Estéticas.

 

En esta reseña me concentraré en la reflexión sobre un medio clave para las transferencias culturales entre dos países distintos: la imagen, catalizador para la investigación interdisciplinaria. Además tomo la consulta de algunos de los textos (no todos) como punto de partida para revisar conceptos de interpretación interdisciplinaria y para reflexionar sobre la redefinición de nuestra autodescripción como investigadores relacionados de una u otra manera con los dos países en cuestión, México y Alemania. Esta breve reseña tiene el fin de despertar el apetito intelectual del público interesado en la consulta de esta obra, para evitar que se quede como "tabique" muerto de 717 páginas en los libreros polvorosos de las bibliotecas universitarias y privadas. Quiero enfatizar que vale la pena leerlo y aprovechar sus ideas para la construcción colectiva del conocimiento sobre el intercambio cultural entre los dos países, en un lapso temporal definido, en este caso, el siglo XIX.

*

En un texto de 1847 (Über das Pendantische in der deutschen Sprache), el filólogo Jacob Grimm utiliza una metáfora marina para explicar el oficio de traducir que es —en latín— traducere navem, llevar un barco a la otra orilla. En este camino —lento antes de la era del avión— se genera un espacio intenso de reflexión; no sólo en torno a la traducción entre dos idiomas, sino también entre dos culturas. El viajero lleva su bagaje cultural definido, y lo preserva aun en el nuevo contexto, pero pronto tiene que enfrentarse con otra realidad que ya no cabe en estas maletas, necesita un espacio mental más amplio para conocer y aceptar dónde —según las palabras de Grimm— "hay otra tierra y corre otro viento".

Esto es lo que caracteriza el inicio posthumboldtiano de la inmigración alemana en el México independiente del siglo XIX, y a menor escala también los viajes de algunos mexicanos a tierras alemanas. Como lo demuestran varios trabajos de esta obra, ese proceso de aculturación productiva depende mucho de las "percepciones mutuas" (el subtítulo del libro).

La percepción es una capacidad sensorial cuyos procesos complejos investiga la neurología. Además, es una palabra clave en la historia del arte que explora el potencial epistemológico de la imagen en la historia y la actualidad. De cierta manera, las investigaciones neurológicas recientes han apoyado la comprensión de imágenes, ya que en el proceso no-lineal de la percepción se mezclan hechos visuales y ficciones mentales. Y justamente esta sinergia visual-ficticia es una fuente interesante para el trabajo historiográfico, por ejemplo para enmarcar los intercambios mexicano-alemanes en el siglo XIX.

Cuando por ejemplo, un viajero alemán llega al puerto de Veracruz, y empieza su camino hacia la capital o los centros mineros en Pachuca, Puebla y Oaxaca, no sólo percibe los datos visuales neutrales, sino los codifica según sus capacidades y experiencias. Resultados de esos procesos neuronales son los diarios, los reportajes, también los dibujos y posteriormente las fotografías en que el viajero procesa e interpreta la información. Cuando comunica a un público amplio sus percepciones en libros o artículos en revistas, se configuran esquemas de comprensión de lo "otro", que son material valioso para nuestro tema, las transferencias culturales entre México y Alemania. Por ello, no sólo los datos duros de la historia de la economía o los análisis de conceptos políticos —por supuesto, las dos presentes en el libro— sino también las ficciones visuales y literarias son fuentes importantes de la historia.

Sin embargo, la interpretación de fuentes visuales requiere métodos específicos desarrollados por la historia del arte como disciplina autónoma desde mitades del siglo XIX en Alemania. El sentido complejo de una imagen, que cumple una función dentro de un proceso histórico —como el intercambio cultural entre dos países— no se revela con la renarración de fechas y otros datos históricos, sino sólo por medio de un concepto de investigación estética. Cuando se analizan, por ejemplo, la percepción de los volcanes por los viajeros alemanes, su captura en palabra e imagen, surge el poder de las ficciones: para el público alemán decimonónico se activan patrones del romanticismo tardío, que codifican este fenómeno natural —la roca abrupta y la erupción descontrolada— como estética de lo sublime, una estética que genera sensación, interés y en algunos casos estimula los viajes a estas tierras incógnitas.

Más allá de la palabra —cuya plusvalía ficcional investiga la imagología, como la ejerce Dieter Rall— es la imagen la que llama la atención. Entre paréntesis: es por ello, que Alexander von Humboldt lamentó no haber invitado a un dibujante o a un pintor a su equipo de expedición (p. 74); a posteriori surgen las vistas de los paisajes latinoamericanos por Rugendas y otros. Las imágenes contienen propias formas y modos discursivos que determinan, de manera compleja, la conciencia colectiva de los alemanes interesados en lo "exótico", y al mismo tiempo, como se expone en el caso del arquitecto-pintor Carl Nebel, impulsan la identidad cultural propia de los mexicanos. Además, tales factores estéticos se relacionan con otros aspectos analizados en el libro. Los álbumes con grabados de la vida cotidiana en México posiblemente sirvieron también como vehículo para incrementar la inversión alemana en la joven nación mexicana independiente; es decir cumplieron funciones económicas.

En la mente atenta del lector del libro Alemania y el México independiente. Percepciones mutuas se revelan, a lo largo de las páginas, tales interdependencias, aunque cada contribución individual al tema todavía guarda celosamente los límites de su propia disciplina. Pero en la lectura creativa y compensativa del libro se entretejen las informaciones e interpretaciones hacia un cuadro panorámico, a la vez detallado y complejo del tema.

Implícitamente, el libro subraya la actualidad de los estudios trans e interdisciplinarios, explorados a inicios del siglo XIX en México por el "sobrepadre" (Übervater) intelectual de la época, Alexander von Humboldt. Su presencia en el intercambio científico, político, económico, y por supuesto cultural entre México y Alemania, conforma el hilo conductor del libro. Reúne los diferentes modos del conocimiento y relaciona las diferentes líneas de investigación entre la geología, la botánica y la climatología, con una visión política y una dimensión estética; en suma, el viaje a México y otros países latinoamericanos le sirvió como laboratorio móvil, donde surgieron resultados de los cuales muchos son rebasados, pero mantienen vigencia conceptual. Muchos autores del tomo reconocen esta hazaña, esta conquista pacífica y productiva de los espacios intelectuales en América, que al mismo tiempo relativizaron los eurocentrismos predominantes de la época.

Cabe mencionar, que otro titán del siglo XIX temprano retomó a su manera la inspiración humboldtiana y disolvió las fronteras entre arte y ciencia: Johann Wolfgang von Goethe, quien, por sus obligaciones político-administrativas en Weimar, conoció los avances en la minería mexicana fomentada por Humboldt. Y hasta finales del siglo, es indispensable valorar la labor de Eduard Seler, no sólo en el campo de los estudios mesoamericanos, sino también en la botánica. He aquí una inspiración para la definición temática de la Cátedra Humboldt en México, precisamente el fomento de estudios transdisciplinarios que investigan la historia y la actualidad del hábitat humano bajo los parámetros ambientales y culturales.

Tal vez conviene en un futuro proyecto, por ejemplo sobre las más complejas y conflictivas percepciones entre México y Alemania durante el siglo XX, fomentar más las formas híbridas e interrelacionadas de la historia social, cultural, aun ambiental, con las investigaciones estéticas, además de profundizar más en el estudio del concepto de las transferencias culturales, tema de varios estudios en la actualidad. Con ello, podría surgir una visión productiva de interés y respeto mutuo entre México y Alemania.

Sin embargo, hasta hoy resulta difícil traducere navem, traducir y transferir el conocimiento, porque de hecho continúan muchos estereotipos en la mente europea sobre México. Un ejemplo revelador consiste en una noción del geógrafo Friedrich Ratzel, quien en su viaje mexicano de los años setenta del siglo XIX apuntó, que —y cito un autor del libro— "la naturaleza tropical mexicana [...] no puede ser asimilada intelectual y emocionalmente por el alma humana, a diferencia de los bosques europeos, sobre los que existen cientos de poemas, meditaciones, descripciones, etcétera" (p. 524). Es justamente tarea de la investigación seria y actualizada, presente en este libro colectivo, romper la persistencia de clichés culturales, en este caso con base en el romanticismo alemán decimonónico. Sólo con una visión integral e interdisciplinaria de la historiografía sobre el intercambio mexicano-alemán se logra establecer una condición del aprendizaje mutuo —y no una exportación de estereotipos.

Alexander von Humboldt construyó la base para este intercambio abierto, postcolonial y productivo; y es obligación de la cátedra que lleva su nombre en la UNAM y en El Colegio de México mantener esa abertura mental. Gracias a diversas instituciones de investigación sobre historia y cultura mexicana en Alemania —como la cátedra que obtuvo Horst Pietschmann en la Universidad de Hamburgo, la cátedra de Karl Kohut en la Universidad de Eichstátt, o la reconocida Biblioteca Iberoamericana en Berlín, y también, en el campo de la historia del arte la Asociación Carl Justi (con sede en Dresde), entre otros más—, contamos con una intensa red de investigación, cuyos frutos están disponibles en este tomo sobre las percepciones mutuas mexicano-alemanas durante el siglo XIX. Es un producto editorial que demuestra la vitalidad de esa cátedra transatlántica que ofrece alternativas estimulantes a la omnipresente reducción de las relaciones bilaterales a las cuestiones económicas y las influencias políticas. Es también prueba de la presencia indispensable de las humanidades en el esquema universitario, y en la sociedad general, donde no sólo el automóvil o el producto farmacéutico alemán configuran una realidad del intercambio, sino también los productos de la mente, de la Geisteswissenschaft, la "ciencia de la mente".

Sostengo que hay que defender y fortalecer los espacios libres de reflexión como aquello que se abre en la lectura del libro Alemania y el México independiente. Este trabajo es más que una "terapia ocupacional" para los académicos, es un compromiso con la redefinición de valores culturales en un mundo globalizado. Según el historiador Jacob Burckhardt, todas las preguntas a la historia surgen de una inquietud en la actualidad. En tiempos "cronofágicos" cuando muchos ven el conocimiento histórico como algo dispensable, hasta inútil, vale la pena justificar estos tipos de indagación histórica, porque otorgan una base de comprensión para las preguntas filosóficas esenciales: ¿quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos?

Este libro contiene el potencial y abre las perspectivas para un diálogo bilateral sin restricciones económicas o políticas, y sin la presión actual, omnipresente, de convertir todo producto cultural o investigación histórica en espectáculo —como lo presenciamos en el Zócalo, a mitades de septiembre de 2010—. La investigación seria, tal como está presente en esta obra, ofrece un extenso material para la autodefinición cultural de dos países y sus relaciones. Las imágenes e ideas revisadas en los textos compilados en el volumen Percepciones mutuas, 1810-1910 conforman un fondo valioso para futuros trabajos de investigación intercultural mexicano-alemana. Es una etapa importante en el continuo proceso de investigación histórica y estética fomentado por la Cátedra Humboldt en México; un nodo clave en las redes del conocimiento, cuyo tejido empezó Alexander Von Humboldt.

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