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Estudios de historia moderna y contemporánea de México

versión impresa ISSN 0185-2620

Estud. hist. mod. contemp. Mex  no.36 México jul./dic. 2008

 

Reseñas bibliográficas

 

Jean Meyer, La Cruzada por México. Los católicos de Estados Unidos y la cuestión religiosa en México

 

Luis Arturo García Dávalos*

 

México, Tusquets/Océano, 2008, 339 p.

 

* Posgrado de Historia, Universidad Nacional Autónoma de México

 

Jean Meyer nos entrega un brillante capítulo —seguramente no el último— de la historia de la persecución del cristianismo católico por parte del Estado Nacional Revolucionario durante la primera mitad del siglo XX en México. La originalidad de este estudio radica en que aborda el tema desde la perspectiva y el protagonismo de los católicos norteamericanos en el periodo de 1914–1936.

Aparte de lo original de la perspectiva, vemos que esta obra —publicada treinta y cinco años después de su obra fundamental La Cristiada1 nos aporta también nuevos enfoques sobre el tema de la cuestión religiosa en México. Como dice el prefacio de la decimocuarta edición de La Cristiada: "hay libros engendrados por sus autores y libros que engendran a sus autores. Definitivamente, Jean Meyer ha sido engendrado por La Cristiada".2

Jean Meyer Barth (Alsacia, 1942), al preparar su doctorado en historia en La Sorbona de París, había pensado hacerlo sobre la historia de los Estados Unidos. Por tal motivo, hizo un viaje a dicho país. En Nueva York compró un automóvil para poder moverse. Su exploración lo condujo más allá de las fronteras estadounidenses, llegando hasta México donde quedó fascinado por el país, sus habitantes, su cultura y su historia. Esto fue una verdadera revelación, en el sentido que lo plantea el historiador Edmundo O'Gorman.3

De regreso a La Sorbona decide que su investigación sea sobre la Revolución Mexicana. En esas primeras investigaciones, aparece en escena un jesuita que le aconseja seleccionar un tema sobre el que nadie había escrito hasta entonces: la revolución cristera. Posteriormente ya instalado en México, conoce a Juan José Arreola, quien le dice: "vente, vamos a platicar con Juanito". Se refería a Juan Rulfo. Dice Meyer que a Rulfo sólo le hizo dos preguntas. Eso fue suficiente para que le hiciera una reseña completa de la guerra cristera y le marcara líneas para su investigación.4

Así, nuestro autor se sumerge en archivos que, a fines de los años sesenta del siglo XX eran casi inaccesibles. A través de una inesperada cadena de contactos dio en Guadalajara con el padre Nicolás Valdés, poseedor de una fonoteca con entrevistas a cristeros. Por ese medio comenzó a conocer y entrevistar a cientos de combatientes sobrevivientes. Cómo él mismo reconoce "esa experiencia descarriló mi investigación […]. En los archivos escritos jamás hubiera encontrado a los cristeros. Ese accidente metodológico ¡fue una bendición!" 5

El 11 de septiembre de 1971 cuando defiende su tesis de doctorado en La Sorbona con el título en francés: La Christiade: societé et idéologie dans le Mexique contemporain (1926–1929), la cual resumida en tres volúmenes fue publicada por Arnaldo Orfila, director y fundador de siglo XXI editores, entre 1973 y 1974. El trabajo es revisado y editado por Enrique Krauze en 1997, presentando una visión más sistemática, esquemática y complementaria de estos tres volúmenes, además de que está acompañado de una notable investigación iconográfica.6

Jean Meyer es un historiador coherente y original en sus criterios de investigación, su metodología, el uso de sus fuentes y sobre todo por su honestidad intelectual. Otro elemento también presente en su obra y que la hace atractiva al gran público, y no ausente en su Cruzada por México es el "sentido épico" de la misma, pues como el mismo Meyer señala: "no me cabe la menor duda, a La Cristiada se la puede leer como La Ilíada. Uno puede sentirse griego o troyano, no dejará de probar una emoción profunda al leer cada uno de los episodios de esa epopeya que pertenece al patrimonio de la humanidad".7

La Cruzada por México es principalmente la épica de los cristianos católicos norteamericanos durante la persecución religiosa en México. La obra inicia con una novedad: la revisión de la periodización del conflicto religioso: "entre 1914 y 1938 ocurrió el gran enfrentamiento entre la iglesia y el estado en el México revolucionario".8 Es decir, la Cristiada es sólo un episodio, un accidente de este proceso que duró 24 años.

Nos presenta y delimita su objeto de estudio, indicando que va a presentar

la historia de unos individuos que tuvieron un papel clave, de pequeños grupos, de dos organizaciones fuertes y muy diferentes, la National Catholic Welfare Conference (NCWC), que reunía a un grupo de obispos, los Caballeros de Colón, así como numerosas y activas agrupaciones de laicos asentadas en todo el país. Es la historia de una minoría, pero una minoría que actuaba y pretendía influir en el curso de la historia, que estaba segura de su fuerza recién adquirida y con orgullo ostentaba su americanismo y su catolicismo en un país de mayoría protestante durante unos años en los cuales subía de nuevo la marea de un "nativismo" anticatólico, "antipapista". La otra parte no se mostró menos activa y preocupada por México, pero fue más prudente, más certera en su evaluación de las fuerzas políticas en los Estados Unidos y en México.9

Posteriormente pone los límites de su trabajo, diciendo que no pretende estudiar al pueblo católico estadounidense en su masa sociológica, en su diversidad cultural, política y religiosa. Tampoco incluye las otras catolicidades: americano–irlandesa —muy presentes en el episcopado y en el clero—, germano–americana, italo–americana y demás como son los polacos, los ucranianos, etcétera.

Meyer define su trabajo como historia diplomática, siendo novedosa la presentación del conflicto religioso como una pluralidad de actores, no reduciéndolo sólo a un enfrentamiento entre el estado Vaticano y el estado revolucionario mexicano sino que va presentando las diferentes y divergentes posturas que, ante la situación intolerante del estado mexicano, no sólo pusieron a los católicos norteamericanos y mexicanos a discutir acaloradamente, dividió a la curia romana y puso a Pío XI en un papel difícil.

El manejo de sus fuentes es erudito y exhaustivo. Cubre "casi toda la abundante literatura existente", y el trabajo de archivos nacionales y eclesiásticos tanto en México como en los Estados Unidos, siendo los más importantes el archivo histórico del arzobispado de México, el de los Caballeros de Colón en New Haven; el Fondo México de la National Catholic Welfare Conference en Washington y los archivos del Fidecomiso de archivos Plutarco Elías Calles (FAPECT) de la ciudad de México.

Meyer es un gran destructor de prejuicios históricos. En esta obra nos presenta la actividad de parte de los católicos norteamericanos, los cuales aun siendo marginados, despreciados y perseguidos políticamente por la mayoría protestante de raigambre calvinista o luterana hacen hasta lo imposible para que el gobierno norteamericano medie la paz con la iglesia mexicana.

Nos presenta también, sin ambages, la postura ambigua del gobierno de los Estados Unidos: inicialmente interesado en apoyar a la mexicana Liga Nacional para la Defensa Religiosa y derrocar al gobierno de Calles que tenía la intención de nacionalizar la extracción del petróleo. Sin embargo, una vez nombrado un nuevo embajador, Dwight Whitney Morrow, Plutarco Elías Calles cede y permite a las compañías petroleras estadounidenses la libre extracción del petróleo del territorio mexicano. En este punto cambiaron de política y apoyaron a Calles abandonando a la Liga.

El autor nos muestra también de una manera amplia cómo a un amplio sector del episcopado mexicano no le interesaba la continuidad de la rebelión armada. Aunque sea cierto que los obispos no tenían una opinión homogénea, la mayoría de ellos vio con desconfianza un movimiento que huía de su control. Si la rebelión surgió de modo espontáneo y la liga no necesitó de las indicaciones de la jerarquía, era natural que el episcopado tuviese gran interés en llegar a un arreglo. Además, ya era evidente para los obispos que los cristeros nunca hubieran podido derrotar un gobierno que tenía el apoyo militar financiero y político de Estados Unidos.

En su arquitectónica, la obra está dividida en tres partes. En la primera parte —o libro— que abarca de 1914 a 1920, examina el recelo de los americanos protestantes hacia el cristianismo católico; la floreciente República estadounidense veía un peligro en las oleadas de emigrantes católicos de Europa. Meyer describe la gestación de ciertos grupos protestantes que buscaron preservar la homogeneidad cultural del país mediante la segregación y la persecución. Los católicos respondieron de diversas maneras, entre ellas, organizando asociaciones de laicos; los Caballeros de Colón fueron una de las más activas e influyentes. Paradójicamente, la suspicacia hacia los católicos americanos llevó a éstos a reafirmar su identidad estadounidense y a posicionar políticamente a la iglesia en Washington. Obispos y laicos tenían que demostrar con sus acciones que no eran súbditos del Vaticano sino ciudadanos de Estados Unidos.

Un indicio de la solidez del catolicismo norteamericano fue su preocupación por la precaria situación de la iglesia en México tras la revolución, y el inicio del conflicto religioso en 1914. Laicos y clérigos apoyaron a los católicos mexicanos de diversas maneras, desde recibir a los refugiados hasta el cabildeo en los altos círculos de poder. El interés humanitario por el bienestar de los católicos mexicanos se convirtió pronto en un asunto de estado con implicaciones electorales. De manera muy general la discusión se centró en torno a la NCWC de la jerarquía eclesiástica, y a los Caballeros de Colón; estos últimos representaban el grupo maximalista, es decir, el que pugnaba por medidas drásticas para acabar con la persecución religiosa: el desconocimiento de los gobiernos revolucionarios y el levantamiento del embargo de armas para fortalecer a los cristeros.

La segunda parte, o libro segundo, abarca el periodo de 1926 a 1929 presentándonos a los actores principales en torno al conflicto armado que estalla en este periodo, la llamada Cristiada, donde la NCWC, más afín a la jerarquía católica, pretendía un arreglo discreto. Tal postura iba más en consonancia con la estrategia de los obispos mexicanos, proclives a resolver el conflicto mediante un modus vivendi: la aplicación laxa de las leyes persecutorias. Católicos de uno y otro lado de la frontera, especialmente entre los laicos, veían este arreglo como una claudicación, e incluso como una franca traición. Si bien es cierto que tales divergencias reflejan la actitud crítica e independiente del laicado norteamericano, Meyer nos previene contra las interpretaciones anacrónicas: no podemos leer estos desencuentros con categorías posconciliares. Aún faltaba mucho para el concilio Vaticano II (1964) que promoverá la participación activa de los laicos.

Sea cual fuere el enfoque, el terreno de las negociaciones fue siempre movedizo y estuvo lleno de recovecos diplomáticos. Obispos, sacerdotes y laicos jugaban en tres tableros al mismo tiempo: Roma, Washington y México. Debía calcularse cada movimiento para no perder aliados ni generar represalias.

En este drama destaca sobre todo un actor casi desconocido, John J. Burke, sacerdote y secretario general de la NCWC, el clérigo que más detenidamente siguió las hostilidades religiosas en México, desde 1916 hasta el momento de su muerte en 1936. Aconsejó a cuatro presidentes norteamericanos sobre el tema, desplegó una labor humanitaria en favor de todos los refugiados, negoció con el Vaticano y, finalmente, utilizó toda su influencia para lograr que Calles mitigara la persecución. Los acuerdos de 1929 debieron muchísimo a su participación, quedando como tarea hacerle una buena biografía.

En la tercera parte que abarca los años de 1931 a 1936, nos presenta la dificultad para implementar los "acuerdos", donde a pesar de que se logró la amnistía para los cristeros, la reanudación del culto público y la restitución de iglesias, obispados y casas parroquiales, los problemas religiosos distaban de estar resueltos. Con Calles detrás de tres presidentes, el anticlericalismo y la persecución continuaron activos. La política del buen vecino de F. D. Roosevelt se sumó a la suave política de los "buenos oficios" de sus predecesores: se recomendaba el cese de la persecución religiosa en México, pero no se iba más allá de la presión moral.

Paulatinamente, la opinión pública norteamericana comenzó a inclinarse más y más hacia el lado de los católicos mexicanos. Las virulentas denuncias de los Caballeros de Colón en contra de la tibieza de Roosevelt tuvieron efecto y el tono de la exhortación se fue elevando. En cualquier caso, la falta de una postura monolítica entre los católicos norteamericanos contribuyó a enrarecer el clima político de este lado de la frontera durante el Maximato. La presencia del hombre fuerte de la revolución colocó en una situación terriblemente incómoda a los presidentes de la República: era Calles, y no sus personeros, quien gobernaba. Al final, bajo el gobierno de Lázaro Cárdenas, esta tensión entre la autoridad oficial y el poder informal terminó sirviendo a la iglesia mexicana: el rompimiento de Cárdenas con Calles se tradujo en una bocanada de aire fresco para ella. Pero Cárdenas no se hubiera atrevido a romper con Calles sin contar con la aprobación del gobierno norteamericano.

A partir de Cárdenas, el modus vivendi entre la iglesia y el estado se consolidó hasta convertirse en un rasgo "pintoresco" de nuestro país. Faltaban aún 56 años para que se dieran las reformas constitucionales con el presidente Carlos Salinas y el delegado apostólico Girolamo Prigione, el 18 de septiembre de 1992, terminara así este modus vivendi.

La obra de Meyer nos enseña e invita a que no veamos la historia de manera maniquea, sobre todo al eterno villano: los Estados Unidos. Esta obra nos ayuda a entender la actual "postura radical" de la iglesia católica de Estados Unidos en defensa de los migrantes mexicanos, legales e ilegales, que en la práctica nació en los años veinte de la centuria pasada, cuando millones de norteamericanos ayudaron a los expulsados por la persecución religiosa. Dice Meyer:

Hay una continuidad. Hoy, la iglesia católica de Estados Unidos está en la primera fila en la defensa de los migrantes. Es la más radical en su apoyo, porque parte de la tesis de que la tierra la hizo Dios y las fronteras las inventa el hombre. No aceptan que una frontera o un muro provoquen la muerte o el encarcelamiento de miles de personas que buscan una vida mejor.10

Entre algunos investigadores se llega a afirmar que después de Jean Meyer el tema del conflicto religioso está agotado. El mismo autor lo desmiente al afirmar que hay varios temas por investigar como son: los acuerdos secretos entre la iglesia y los gobiernos de los estados para no suprimir el culto religioso, pues la cancelación del culto se llevó a cabo únicamente en el centro del país. También recuerda que en 2007 Benedicto XVI desclasificó los archivos del Vaticano que ofrecen información amplia y directa sobre el papel de la iglesia en México. Otro es el tema de la ayuda material, cotidiana, humilde, difícil de documentar pero vital que los católicos estadounidenses prestaron a los refugiados e inmigrantes mexicanos que por cientos de miles se fueron al norte, huyendo de la guerra, de la miseria, de la persecución religiosa en los años 1914–1936. Al mismo Jean Meyer le falta revisar y publicar los capítulos suprimidos de su tesis doctoral: la sociología del catolicismo mexicano, los conflictos entre las autoridades civiles y eclesiásticas de la Nueva España y el México decimonónico.

Más que obra culmen, la obra historiográfica de Jean Meyer, de la que La Cruzada por México es un capítulo más, es parte de un camino aún no explorado de la historiografía mexicana.

 

Notas

1 Jean Meyer, La Cristiada, traducción de Aurelio Garzón del Camino, México Siglo XXI, 1973–1974 (t. I: La guerra de los cristeros; t. II: El conflicto entre la Iglesia y el Estado, 1926–1929; t. III: Los cristeros).

2 La Cristiada, t.I, prefacio a la 14a. ed., p. VII

3 Edmundo O'Gorman, "Fantasmas en la narrativa historiográfica", alocución leída en el salón de actos de la Universidad Iberoamericana en la ceremonia de recepción del doctorado Honoris Causa en Humanidades, México, 4 de octubre de 1991, Nexos, año 15, v. XV, n. 175, julio de 1992, p. 51.

4 Jean Meyer, "Juan Rulfo habla de la Cristiada", Letras Libres, mayo 2004, p. 54–57.

5 Citado por Luis Romo Cedano, "La inquietante originalidad de La Cristiada", en Evelia Trejo y Álvaro Matute (eds.), Escribir la historia en el siglo XX: treinta lecturas", México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2005, p. 391.

6 Jean Meyer, La Cristiada, México, Clío, 1997. Reimpresión México, Clío/Fondo de Cultura Económica, 2007.

7 Prefacio a la 14a. ed., La Cristiada, t. I, p. XVI.

8 Jean Meyer, La Cruzada, op. cit., p. 9.

9 Idem.

10 Excélsior, 28 enero 2008, nota sobre la presentación del libro La Cruzada por México.

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