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Estudios de historia moderna y contemporánea de México

versão impressa ISSN 0185-2620

Estud. hist. mod. contemp. Mex  no.35 México Jan./Jun. 2008

 

Reseñas bibliográficas

 

Bruce Vandervort, Indian wars of Mexico, Canada and the United States, 1812–1900

 

Ana Lilia Nieto Camacho*

 

New York, Routledge, 2006, 329 p.

 

* Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México

 

La obra de Bruce Vardervort es un estudio amplio sobre los enfrentamientos que indios y europeos sostuvieron por el control del territorio y los recursos del septentrión americano en una época de consolidación territorial y política en Estados Unidos, Canadá y México. Incluye las guerras contra los seminoles, los creek, los cheyenes, los sioux, los comanches y los apaches. En el caso de México aborda los enfrentamientos con los yaquis y los mayas, y en cuanto a Canadá toca los de los indios cree y los métis, con lo que narra la historia de los mayores conflictos en las relaciones entre indios y europeos en América durante el siglo XIX.

Al estudiar la forma y los medios con que ambos bandos hacían la guerra, el autor describe y analiza algunas de las características de cada una de estas culturas, en particular de los indios nómadas que habitaban las planicies norteamericanas. Aunque es un libro que sigue de cerca los elementos más tradicionales de la historia militar, se adhiere al campo de la llamada "nueva historia militar" en la que se enfatiza la dimensión social de la guerra, se observan los valores y las creencias que la sustentan, así como la importancia de los liderazgos.

El libro está dividido en dos partes, la primera es la más interesante debido a que en ella el autor plantea sus ideas generales y estudia las motivaciones para emprender la guerra, los preparativos antes del conflicto, los instrumentos que empleaban, las tácticas y los problemas logísticos. Al mismo tiempo, describe la organización y la evolución de los ejércitos en Estados Unidos, Canadá y México, haciendo especial referencia a que los tres siguieron modelos europeos durante la formación de sus fuerzas armadas regulares y que tanto México como Estados Unidos tuvieron en Francia una fuente de inspiración que los llevó a adoptar los conceptos napoleónicos sobre la importancia de la guerra ofensiva y la búsqueda de gloria personal, lo que se reflejó directamente en la forma en que vieron y enfrentaron a los indios nómadas.

Uno de los señalamientos más interesantes de la obra es que, a pesar de la influencia que tuvieron otros ejércitos imperiales sobre los institutos armados en América y la atención que los militares americanos dedicaron a observar la forma en que los imperios coloniales europeos trataban con los nativos de otras partes del mundo, en América, específicamente en Estados Unidos, no se desarrolló una "doctrina" sobre las guerras indias, lo que lleva al historiador a afirmar que esta carencia estaba estrechamente relacionada con uno de los argumentos centrales de su estudio: la convicción de que no se necesitaba ningún conocimiento especial para derrotar a los indios, pues la superioridad intelectual, cultural y tecnológica de los europeos los llevaría naturalmente a la victoria. Así, uno de los objetivos primordiales del autor es mostrar las ideas que dieron forma a las guerras indias desde el punto de vista europeo–americano y, sobre todo, señalar el modo en que los indios respondieron a los embates de los blancos y de la "civilización". A las nociones que canadienses, estadounidenses y mexicanos tenían sobre la inteligencia superior que les confería "ventajas únicas" sobre sus enemigos indios —como el pensamiento estratégico o la facultad de establecer coaliciones—, el autor opone ejemplos que demuestran la capacidad de los indios para desarrollar estrategias de guerra altamente efectivas que les permitieron resistir los embates de la "civilización" durante décadas y obtener victorias significativas sobre sus oponentes. En este caso, el autor remite particularmente al caso de los yaquis en Sonora y los mayas en Yucatán, que emplearon tácticas sofisticadas como el sitio a ciudades importantes y la guerra de guerrillas que presentó elementos que se observarían en las guerrillas del siglo XX.

El autor encuentra que la superioridad tecnológica, uno de los argumentos más empleados para explicar la derrota de los indios, no fue tan determinante para el resultado final como el hecho de que los Estados nacionales, libres ya de problemas de integración política, dedicaron tiempo, recursos y energía a controlar a los indios "rebeldes". La participación de los gobiernos fue entonces más activa y mejor coordinada, lo que implicó incluso acuerdos diplomáticos entre los países. Por otra parte, factores tales como la disparidad demográfica entre los contendientes, el individualismo imperante en las sociedades indias, el faccionalismo y el acceso restringido a fuentes de aprovisionamiento fueron elementos de mayor peso en la derrota de los indios.

Aunque el autor integra las guerras contra los yaquis, los mayas, los crees y los métis de Manitoba, el estudio se centra en la guerra que sostuvieron los estadounidenses con los indios de las praderas. El análisis más amplio sobre el estilo de hacer la guerra y lo que esto mostraba de cada una de las sociedades en conflicto se elabora a partir de los indios nómadas que habitaban las planicies norteamericanas y del ejército norteamericano. El autor examina el significado de la guerra en ambos mundos, la importancia de los liderazgos, el uso de las armas de fuego y las estrategias de batalla. Del ejército aborda la educación de los oficiales, el entrenamiento y la forma de vida de los soldados. Dedica un apartado a estudiar la gran importancia que la religión y los ritos religiosos tenían en el mundo indígena y su estrecha relación con la guerra y la resistencia a la dominación europea, en oposición a los conceptos anglosajones imperantes en el ejército regular, donde los ritos religiosos no eran importantes y la religión era un asunto personal. Asimismo, plantea el desarrollo del binomio caballos/armas de fuego del que mucho se ha tratado, así como la movilidad como principal ventaja india, y hace algunas precisiones respecto de la habilidad como tiradores tanto de indios como de estadounidenses. Estas consideraciones permiten tener una idea bastante clara sobre la cultura india de las planicies y sobre quiénes y cómo participaron en las guerras indias en Estados Unidos.

Si bien sus consideraciones sobre los ejércitos mexicano y canadiense son limitadas, consiguen dar nociones generales sobre el estado de ambas instituciones, mientras que las características de las sociedades yaquis y mayas se enuncian pero se desarrollan con cierto detalle hasta los capítulos dedicados a sus conflictos.

En esta primera parte también se introducen algunas ideas interesantes que merecían mayor atención por parte del autor, en tanto que algunas de ellas están simplemente enunciadas. Entre las primeras destaca el concepto de los "imperios secundarios", entre los que ubica a los grupos guerreros indios más fuertes —sioux, cheyenes, apaches, comanches, crees y blackfoot— que luchaban entre sí y que consiguieron dominar a otros grupos. El autor sostiene que los mismos indios vivieron un proceso de expansión territorial durante el siglo XIX que en parte dependía de la lucha con los europeos y que debía su dinamismo a la tecnología adquirida a partir de esa misma guerra. Sin embargo, el autor no profundiza en el estudio de las relaciones entre los indios y la forma en que esto impactó en el desarrollo de sus enfrentamientos con los europeo–americanos. En el mismo caso está su afirmación de que durante la primera mitad del siglo XIX los conflictos fueron más un producto del dinamismo que se vivía en el lugar de encuentro (o periferia como él le llama) que de una política consistente tomada desde los gobiernos nacionales. Este elemento es de gran importancia porque se relaciona con el proceso de consolidación de los Estados, particularmente en el caso de México, pero no se le da mayor peso en el marco de la explicación general. Al centrar el trabajo en la actuación de los indios y en la participación del ejército, no permite crear una imagen clara del grado de las tensiones y la diversidad de objetivos que existía entre las autoridades locales, los colonos y el gobierno general. Pese a que hay ejemplos sobre las soluciones locales que se dieron al conflicto indio, no es posible percibir el grado de autonomía con que actuaban las autoridades civiles y militares en relación con los indios ni los problemas que esto generaba.

Hay algunos otros elementos que el historiador simplemente enuncia pero que pueden ser materia de investigaciones futuras: la importancia de los asilos transfronterizos para la vida de los indios o el temor tanto en Canadá como en México de que Estados Unidos empleara la insurgencia india como pretexto para atacar sus territorios.

La segunda parte aborda los enfrentamientos en sí mismos y es la sección menos interesante del libro, pues en gran medida se concreta a narrar las batallas decisivas entre indios y europeo–americanos al estilo de la historia militar tradicional, aunque enfatiza la importancia de las habilidades personales de los líderes en el resultado final y de las creencias y valores de los contendientes. Cada movimiento se relata en un apartado particular y la sección puede dividirse en dos secciones menores: una dedicada a los movimientos de la primera mitad del siglo y otra, más extensa, que incluye las luchas en Canadá y los enfrentamientos más largos y decisivos de la segunda mitad del siglo XIX.

Sin embargo, parte de su aportación se encuentra en la revisión que hace de las batallas desde los parámetros más tradicionales del análisis militar —tales como la organización de los ejércitos, las tácticas, el armamento, las coaliciones, la evaluación de la realidad durante el conflicto, las relaciones entre los civiles y los militares, y las limitaciones geográficas— pues, a partir de una nueva revisión de los enfrentamientos más importantes y muy estudiados, aporta nuevos elementos de análisis e integra información relevante que ayuda a matizar algunos conceptos muy arraigados sobre la guerra contra los indios, como el valor de los guerreros, el número de nómadas reunidos en un campo o la pericia de los oficiales del ejército. Por ejemplo, mientras para los indios de las planicies la guerra organizaba y daba sentido a su vida, para los europeo–americanos era un medio para alcanzar un fin. Sin embargo, para los guerreros (indios y europeos), la participación en una batalla significaba la posibilidad de obtener la gloria, lo que los llevaba a cometer graves errores tácticos —como le sucedió al coronel Custer en la batalla de Little Bighorn o como les acontecía con frecuencia a las partidas de guerra indias— y eventualmente a la derrota.

Tal como el autor declara en la introducción, su trabajo aspira a ser un instrumento valioso tanto para el público en general que esté interesado en el tema de las llamadas "guerras indias" como para los lectores especializados. Así, la lectura es ágil y atrapa la atención del lector porque analiza la actuación de los hombres involucrados en estas luchas, lo que permite transmitir la dimensión humana de este gran conflicto. La estructura del trabajo permite ir relacionando los conceptos que utiliza de la historia militar, de la antropología y de la etnohistoria con numerosos ejemplos de las guerras indias en Estados Unidos, lo que hace que la relación entre concepto y práctica sea clara.

El libro tiene un aparato crítico reducido pero la bibliografía muestra un conocimiento amplio del tema que trata, y en el caso de la historiografía sobre el ejército norteamericano y sobre los indios que habitaban el territorio actual de Estados Unidos revela un conocimiento exhaustivo. La lista de obras citadas sobre México y Canadá es limitada pero suficiente para presentar una visión general sobre sus problemas políticos y militares durante el periodo. Pese a que el trabajo se basa esencialmente en fuentes secundarias, una de sus aportaciones es que incluye en su interpretación algunos de los conceptos y conocimientos más recientes sobre las guerras indias en Estados Unidos.

Para los lectores especializados es un libro interesante porque al concentrar en un solo volumen todo el espectro de guerras indias en Norteamérica es posible contrastarlas y encontrar sus similitudes y particularidades tanto en las respuestas de los indios como en las del gobierno y el ejército. Además, permite observar el papel fundamental de los Estados Unidos en el desarrollo de los conflictos indios en México durante la segunda mitad del siglo XIX, pues la ofensiva más larga con una participación más activa del ejército en Estados Unidos tuvo lugar hasta después de la Guerra Civil y en México hasta la llegada de Porfirio Díaz.

Esta obra tiene el mérito de presentar un panorama general de las guerras indias en el septentrión americano durante el siglo XIX, considerando la historia militar desde nuevas perspectivas. Al comparar las actitudes de dos culturas frente a la guerra, permite una mayor comprensión de las sociedades y sus puntos de vista en relación con el conflicto, lo que hace de él una excelente introducción al estudio de los enfrentamientos entre indios y europeos en América del Norte, de la cultura india de las planicies y de historia militar.

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