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Estudios de cultura maya

versión impresa ISSN 0185-2574

Estud. cult. maya vol.49  México mar. 2017

http://dx.doi.org/10.19130/iifl.ecm.2017.49.765 

Artículo

Los mayas de los Altos de Chiapas y sus vecinos occidentales: interacción, identidad e intercambio en una frontera cultural

The Chiapas Highlands Mayas and Their Western Neighbors: Interaction, Identity and Exchange in a Cultural Border

Les mayas des hautes-terres du Chiapas et leurs voisins occidentaux : intéraction, identité et échange sur une frontière culturelle

Elizabeth H. Paris1 

Roberto López Bravo2 

1University of Calgary, Canadá.

2Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, México.

Resumen:

El presente estudio investiga las formas multifacéticas en que los límites políticos y las barreras sociales fueron definidos y mantenidos en la frontera occidental de la región lingüística y cultural maya. Las comparaciones del intercambio de diferentes bienes y medios pueden resaltar el grado en el que las barreras culturales fueron permeables o impenetrables en la zona fronteriza entre los mayahablantes de tzotzil de los Altos de Chiapas y sus vecinos hablantes de zoque de la Depresión Central. Las relaciones de intercambio entre ellos parecen haber sido suspendidas al final del período Postclásico Temprano, sugiriendo que la permeabilidad de la frontera occidental decreció a lo largo del tiempo, posiblemente como resultado de la llegada y expansión de los chiapanecas a la Depresión Central. Sin embargo, algunos tipos de artefactos de alto valor, como los ornamentos de metal, continuaron siendo intercambiados en esta frontera cultural.

Palabras clave: fronteras; intercambio; mayas; Chiapas; cerámica

Abstract:

This study investigates the multifaceted ways that political borders and social boundaries were defined and maintained along the western frontier of the Maya linguistic and cultural area. Comparisons between the exchange of different goods and resources can highlight the degree to which cultural boundaries were porous or impermeable in the frontier zone between the Tzotzil-speaking Maya populations of Highland Chiapas and the Zoque and Chiapanec-speaking groups of the Central Depression. Exchange relationships between the Highland Maya and neighboring Zoque-speaking populations appear to have been mostly discontinued by the end of the Early Postclassic period, suggesting that the porosity of the western frontier decreased over time, possibly resulting from the arrival and expansion of the Chiapanecs in the Central Depression. However, a few types of high-value luxury items, such as metal ornaments, continued to be exchanged across cultural frontiers.

Keywords: frontiers; exchange; Maya; Chiapas; ceramics

Résumé:

La présente recherche étudie les multiples facettes par lesquelles se définissent et se maintiennent les limites politiques et les barrières sociales à la frontière occidentale de la région culturelle et linguistique maya. Les comparaisons de l'échange de différents biens et de moyens peuvent souligner le degré avec lequel les barrières culturelles ont été perméables ou impénétrables dans la zone frontalière entre les Mayas locuteurs de tzotzil des Hautes-Terres du Chiapas, et leurs voisins parlants zoque, de Dépression Centrale. Les relations d'échange entre paraissent avoir été suspendues à la fin de la période du Postclassique Ancien, ce qui suggère que la perméabilité de la frontière occidentale a diminué au fil du temps, peut-être à cause de l´arrivée et l´expansion des Chiapanèques dans la Dépression Centrale. Cependant, quelques types d’artefacts de grande valeur, comme les parements en métal, ont continué d'être échangés sur cette frontière culturelle.

Mots-clés: frontières; échange; Maya; Chiapas; céramique

Introducción

Las zonas fronterizas son espacios sociales y físicos en los que coexisten diferentes grupos humanos (Hall, 2009). La comprensión de los procesos de interacción que les dan forma es crucial para el entendimiento de las relaciones e identidades que definen tanto a sus residentes, como a los otros miembros del grupo. Para comprender dichos procesos, surgen las siguientes preguntas: ¿Cuándo y cómo las personas y los materiales cruzan los límites espaciales y sociales?, ¿cómo el intercambio contribuye a la transformación de los materiales que cruzan los límites sociales, en la medida en que asumen diferentes roles en nuevos contextos? y, a la inversa, ¿para qué tipo de artefactos son permeables los límites sociales, y cuándo y cómo éstos últimos se vuelven impenetrables?

Este estudio examina el grado en el cual los límites culturales son permeables o impenetrables en la zona fronteriza entre las poblaciones mayahablantes de tzotzil de los Altos de Chiapas, y los grupos hablantes de lengua zoque y chiapaneca de la Depresión Central. Los Altos de Chiapas forman parte de la frontera occidental del área lingüística y cultural maya, y por lo tanto nos brindan una perspectiva valiosa de las maneras en que los ocupantes de esta área usaron la cultura material para definir sus relaciones con los vecinos “no mayas”. Sugerimos que las relaciones de intercambio entre los mayas de la Meseta Central y sus vecinos zoques se vieron interrumpidas a finales del período Posclásico Temprano, indicando que la permeabilidad de la frontera occidental disminuyó a lo largo del tiempo. Se sugiere también que esas relaciones de intercambio pudieron verse afectadas por la llegada y expansión de los chiapanecas a la Depresión Central, no obstante que algunos objetos de alto valor, como los ornamentos de metal, continuaron siendo intercambiados a través de las fronteras culturales.

Fronteras, mercancías e identidad

La noción misma de las “áreas culturales” zoque, maya y chiapaneca, así como sus respectivas periferias, requiere de un acercamiento a la manera en que las identidades “mayas” y “no mayas” pueden estar expresadas en el registro arqueológico. Los estudios arqueológicos usualmente caracterizan las fronteras como “zonas de contacto”, un territorio vagamente definido entre dos (o más) áreas que son habitadas por grupos sociales definidos por identidad étnica, cultural o lingüística (Parker y Rodseth, 2005). Identidades étnicas particulares (como las identidades “maya” o “zoque”) se asocian al uso de un lenguaje específico y a la práctica de un conjunto particular de tradiciones culturales. Las identidades étnicas son también conceptualizadas en contraste con otras identidades étnicas: por ejemplo, lo “maya” existe en oposición con lo “no maya” (tal como zoque, zapoteca, chiapaneca, lenca, etc.) que carece de dichos rasgos.

El estudio de las identidades sociales del pasado es complicado, ya que éstas son mutables, fluidas y constantemente negociadas y renegociadas. Adicionalmente, ni las zonas fronterizas ni las identidades sociales son sólidas; sino que se mueven y cambian en el espacio a través del tiempo (Hall, op. cit.). Citando a Richard Slatta (1997, 1998), Hall (ibid., 27) argumenta que las zonas de frontera presentan las características de una membrana, ya que 1) poseen espesor; 2) son permeables; 3) tienen flexibilidad (se mueven y estiran en respuesta a variadas presiones). De la misma manera, Lightfoot y Martínez (1995: 472) discuten que las zonas fronterizas son interfaces culturales con redes sociales cortadas y traslapadas, que pueden definirse y recombinarse a diferentes escalas espaciales y temporales.

Las zonas fronterizas representan una oportunidad para el estudio de la acción interétnica entre personas diversas, así como para el desarrollo material y cultural innovador, y la construcción, negociación y sincretismo de nuevos constructos culturales (ibid., 474). Estas mismas características pueden presentar también dificultades metodológicas, ya que unas relaciones sólidas de intercambio pueden desdibujar significativamente la expresión material de los límites lingüísticos y culturales en el registro arqueológico. Las relaciones de intercambio intercultural incluyen tanto el intercambio de regalos entre las élites como el comercio para la élite y la gente común. Por ejemplo, Schortman, Urban y Ausec (2001: 313) notaron que las élites con grandes aspiraciones políticas frecuentemente utilizaron objetos e ideas exóticas en su ascenso al poder, distinguiéndose así del resto de la población. Para ello, desarrollaron una identidad de élite compartida que cruzó las fronteras políticas asociada con comercio e intercambio de regalos (id.).

Los Altos de Chiapas y la Depresión Central: asentamiento y cronología

Este estudio examina las relaciones interculturales en la frontera occidental del área cultural maya desde finales del período Clásico Tardío hasta el período Posclásico Tardío. De acuerdo a Bernal Díaz del Castillo (1960[1568]) , en su descripción de la invasión española de 1524 d.C., los conquistadores encontraron tres grupos étnicos en la región: los zoques habitando el extremo occidental del actual estado de Chiapas; los chiapanecas controlando las vegas de los ríos Grijalva y Santo Domingo de la Depresión Central, con su capital política en Chiapan (la moderna Chiapa de Corzo), y los mayas, ocupando el altiplano norteño y el extremo oriental de la Depresión Central (Mapa 1). Buscamos responder a las siguientes interrogantes: ¿qué tipos de bienes e ideas cruzaban la zona fronteriza cultural?; ¿cómo estaban relacionados esos bienes e ideas a los conceptos de identidad étnica en contraste con los conceptos de lujo y estatus?, y, finalmente, ¿cómo cambiaron esos patrones a lo largo del tiempo, desde el período Clásico Tardío hasta el momento del contacto con los españoles?

Mapa 1 Zonas lingüísticas de Chiapas (Según Calnek, 1988: Figura 2). 

Examinamos la interacción a través de esta frontera cultural, tomando información del “Proyecto Económico de los Altos de Chiapas”, llevado a cabo en 20091 y cuyos resultados incluyen la tesis doctoral de Paris (Paris, 2012) y dos artículos en revistas especializadas (Paris, 2014; Paris y López Bravo 2012). Los trabajos de campo incluyeron nueve meses de mapeo, muestreo extensivo, excavaciones de prueba y análisis en los sitios arqueológicos de Moxviquil y Huitepec, en el Valle de Jovel de los Altos de Chiapas. Nuestro estudio también incluye nuevos análisis de materiales y de notas de campo de las excavaciones de Frans y Clarence Weiant en el centro monumental de Moxviquil en 1952 y 1953 (Blom, 1954, 1958; Blom y Weiant, 1954; Paris, Taladoire y Lee Jr., 2011, 2015).2

La Meseta Central de Los Altos de Chiapas

Los documentos etnohistóricos asocian a los mayas hablantes de tzotzil con las tierras altas al norte y este de la frontera cultural, el área conocida como la Meseta Central de los Altos de Chiapas. Ésta se localiza en la región llamada “tierra fría”, y se caracteriza por altas elevaciones (arriba de los 2000 msnm), temperaturas frías, y una temporada corta de crecimiento con un ciclo único de plantación anual, resultando en poblaciones históricamente bajas (Bryant, 1988; Vogt, 1969). Al norte y al este del Valle de Jovel se ubican otras áreas altas, caracterizadas tanto actualmente como etnohistóricamente por la presencia de otras poblaciones hablantes de lenguas mayas: tzotziles, tzeltales, tojolabales y coxoh, incluyendo el Valle de Amatenango, la Meseta Comiteca y el Valle Superior del río Grijalva (Bryant, op. cit.; Calnek, 1988; de Montmollin, 1995). Las áreas al este se caracterizan por elevaciones menores, poblaciones más abundantes y centros monumentales más grandes y complejos durante los períodos Clásico Tardío y Posclásico Temprano, incluyendo gobernantes dinásticos con nombres propios en sitios como Chinkultic (Bryant, op. cit.; Bryant, Clark y Cheetham, 2005; Lalo Jacinto y Aguilar, 1996) y Toniná (Becquelin y Baudez, 1979; Becquelin y Taladoire, 1982).

Los proyectos arqueológicos dirigidos por Adams (1961), Blom y Weiant (1954; Weiant, 1954a, 1954b), Culbert (1965), McVicker (1974), Lee Jr. (1989) y nuestro proyecto (Paris y López Bravo, 2012), revelaron numerosos sitios en el Valle de Jovel, muchos de ellos con una ocupación del período Posclásico Tardío (900-1250 d.C.). La mayor parte de los sitios del período Posclásico se localizan sobre las colinas y escarpaduras de roca caliza que rodean el valle por todos sus lados, incluyendo Moxviquil al norte y Ecatepec al suroeste, así como sitios primordialmente residenciales de menor tamaño, como La Hermita, ubicado al sureste (Plano 1). El centro monumental de Moxviquil tiene ocupaciones del Clásico Tardío y del Posclásico Temprano, mientras que su área residencial externa fue ocupada casi exclusivamente durante el período Posclásico Temprano (Paris, 2012). Ecatepec también tiene una ocupación predominantemente del Clásico Tardío y del Posclásico Temprano, con una muy pequeña ocupación del período Posclásico Tardío (Culbert, op. cit.). La ocupación del pequeño sitio residencial de Huitepec corresponde casi completamente al período Posclásico Temprano (Paris, op. cit.). En contraste, muchos de los pequeños sitios del fondo del valle son anteriores al período Posclásico (Lee Jr., 1989); las excepciones incluyen dos pequeños sitios del Posclásico Tardío en el pie de monte de Ecatepec: CV-38/SC-6 y CV-44/SC-8 (Culbert, id., 25; Lee Jr., op. cit.), aunque CV-44 también tiene una pequeña ocupación del Clásico Temprano.

Plano 1 Sitios arqueológicos en el Valle de Jovel. Elaborado por Elizabeth Paris. 

La transición entre los períodos Clásico Tardío y Posclásico Temprano implicó cambios importantes para las Tierras Bajas mayas, que impactaron la organización de las redes de intercambio y causaron movimientos poblacionales significativos en muchas áreas. Los sitios en las Tierras Bajas del este de Chiapas, como Palenque, Yaxchilán y Bonampak, fueron abandonados, al igual que numerosos sitios en el Valle Superior del río Grijalva (Bryant, Clark y Cheetham, 2005.). Sin embargo, otros sitios en las áreas bajas permanecieron ocupados, incluyendo Chinkultic, Tenam Puente, Tenam Rosario y Junchavín en la Meseta Comiteca, y Lagartero, Santo Ton y Guajilar en la Depresión Central (Pérez Suárez, 2000). El sitio de Toniná, en el extremo noreste de las Tierras Altas de Chiapas, también permaneció ocupado, aunque su último monumento fechado sugiere cambios significativos ocurridos en la estructura política en este momento (Becquelin y Baudez, 1979; Becquelin y Taladoire, 1982).

La Meseta Central parece haber contenido una red de pequeñas entidades políticas asentadas en elevaciones topográficas durante la transición Clásico Tardío/Posclásico Temprano, y varios sitios en esta región permanecieron ocupados durante el período (Adams, 1961; Culbert, 1965; McVicker, 1969; Paris, 2012). Nuestros datos de recorrido de superficie sugieren la expansión significativa del tamaño de Moxviquil durante este período, pasando de un pequeño centro monumental durante el Clásico Tardío a una serie de asentamientos residenciales periféricos en las cimas cercanas durante el Posclásico Temprano, incrementándose en al menos cinco hectáreas (Paris, op. cit.). El asentamiento se expandió a lo largo del valle en sitios como Huitepec, donde el 93.5% de la cerámica corresponde al período antes mencionado (Paris, 2014). Sin embargo, para el Posclásico Tardío, la mayoría de estos centros políticos fueron abandonados; Adams (1961: 352) ha argumentado que su abandono está asociado con la formación de entidades políticas más poderosas y de mayor tamaño, concentradas alrededor de valles más estratégicos que el Valle de Jovel, como la cuenca del río San Vicente, el valle del río Tzaconejá y Copanaguastla. Nuestras excavaciones en Moxviquil y Huitepec sustentan este argumento, ya que el 4.21% de la cerámica de Moxviquil y el 0.96% de Huitepec son de tipos diagnósticos del Posclásico Tardío (Paris, 2012, 2014), y parecen haber sido despoblados durante este período.

De acuerdo con Díaz del Castillo (1960 [1568]: 407) , existieron cinco entidades políticas de habla maya en los Altos de Chiapas al momento del contacto con los españoles: Zinacantán, Chamula, Gueguiztlán, Pinola y Copanaguastla, junto con otros “quilenes” (mayas tzotziles). Díaz del Castillo también menciona que Gueguiztlán y Chamula eran entidades vecinas, y que ésta se encontraba “fortificada por la naturaleza” al mismo tiempo que por terraplenes vigilados por soldados armados (ibid. 408). Señala que la cabecera de Chamula contenía 400 casas, mientras que los centros satélites tenían de 100 a 200 casas cada uno. Calnek (1988: 32; Díaz del Castillo, op. cit.) sugiere que el Valle de Jovel estaba escasamente habitado a la llegada de los españoles, con la mayoría de los habitantes del área residiendo en Zinacantán o Chamula, o en alguno de los centros satélites que rodeaban a esos pueblos.

La Depresión Central

En contraste con la Meseta Central, la Depresión Central se caracteriza por temperaturas más cálidas, menor altitud y suelos más profundos, lo que se combina para favorecer una mayor productividad agrícola (Bryant, 1988: 3; Vogt, 1969: 102). Los proyectos arqueológicos incluyen un reconocimiento inicial del área por Blom (1926-1927) y Berlin (1946), recorridos extensivos a lo largo del río Grijalva y sus tributarios por Lowe (1959a y b), recorrido de superficie y excavación de sitios posclásicos de filiación chiapaneca por Navarrete (Navarrete, 1960, 1966; Piña Chan y Navarrete, 1967). La Fundación Arqueológica del Nuevo Mundo realizó excavaciones extensivas en Chiapa de Corzo (Agrinier, 1960, 1964, 1975; Dixon, 1959; Hicks y Rozaire, 1960; Lee Jr., 1969; Lowe, 1959a y b; Lowe y Agrinier, 1960); y más recientemente en colaboración con el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la Universidad Nacional Autónoma de México (Bachand, Gallaga y Lowe, 2008; Bachand, 2013). En los cercanos sitios de Acala, Laguna Dolores y Santa Cruz (Lowe, 1959a; Sanders, 1961), así como el reconocimiento reciente de Sullivan (2009) se han dedicado predominantemente al período Formativo, pero también han proporcionado datos de los períodos Clásico Tardío al Posclásico. Reconocimientos y excavaciones en el área zoque incluyen trabajos en los valles de Cintalapa y Jiquipilas (López Jiménez y Esponda Jimeno, 1998, 1999), la región de El Ocote (Domenici y Lee Jr., 2012) y la zona del río La Venta (Lee Jr., 1998a y b, 2000).

Las áreas al norte y el oeste de la Meseta Central están habitadas, y lo han estado históricamente, por grupos hablantes de zoque (Domenici y Lee Jr., op. cit.; Lee Jr., 1974, 1998a y b; Navarrete, 1966). Domenici y Lee Jr. (id., 79) sugieren que una esfera cultural común zoque se extendió a lo largo del Istmo de Tehuantepec, el occidente de Chiapas y Tabasco, y el sur de Veracruz durante el período Clásico Tardío. Muchas áreas zoques del Grijalva Medio (Domenici y Lee Jr. op. cit.) así como la Frailesca al sur (Navarrete, 1960) experimentaron densidades de población relativamente altas durante este período. Sin embargo, para el Clásico Tardío, el centro del período Formativo de Chiapa de Corzo se había reducido a una pequeña población residencial, y el centro monumental permaneció como un santuario y área de enterramiento (Agrinier, 1964: 75).

El origen o llegada de los chiapanecas a la Depresión Central ha sido un asunto de cierta incertidumbre para investigadores coloniales y modernos, y de disputa entre los diferentes grupos étnicos del área. Durante un pleito legal en 1571, los zinacantecos señalaron que los chiapanecas habían inmigrado a la Depresión Central desde Nicaragua; los chiapanecas respondieron que ellos eran nativos (“eran naturales”; Navarrete, 1966). Los datos lingüísticos sostienen la opinión de los zinacantecos acerca de la migración reciente de los chiapanecas, pero no necesariamente desde Nicaragua: sugieren que, siendo el lenguaje chiapaneco parte del grupo macro-otomangue, sus hablantes debieron emigrar desde el Centro de México (Navarrete, 1966). Navarrete (1966) propone su llegada a la Depresión Central entre los años 800 y 1000 d.C., y que, después de 1000 d.C. se expandieron afectando a los grupos mayas y zoques de la región.

Los registros etnohistóricos sugieren que Chiapa [de Corzo] fue el más grande de los centros urbanos de la región al momento del contacto. Bernal Díaz del Castillo participó en su conquista, y menciona que “verdaderamente se podía llamar ciudad, y bien poblada, y las casas y calles muy en concierto, y de más de cuatro mil vecinos, sin otros muchos pueblos sujetos a él que estaban poblados a su rededor…” (1960 [1568]: 421); la misma cantidad de 4000 casas es mencionada en el pleito legal de 1571 (Navarrete, 1966: 19), y sirve para calcular una población de entre 10,000 y 17,000 habitantes (Obara-Saeki, 2010: 17). Chiapa [de Corzo] era también el último puerto para el tráfico río abajo por el Grijalva. Como se mencionó antes, Díaz del Castillo señala únicamente 400 casas en la cabecera de Chamula, con 100 a 200 casas en cada uno de los cinco centros satélites, sugiriendo una población máxima de no más de la mitad de Chiapa [de Corzo].

Tensión en la frontera al momento del contacto con los españoles

La reconstrucción de la historia regional al momento del contacto, basada en registros etnohistóricos, sugiere que los residentes zoques y mayas de las Tierras Altas occidentales tenían una relación tensa y antagonista con sus vecinos chiapanecos de la Depresión Central. Los cronistas españoles describen a los chiapanecas como guerreros feroces que acostumbraban apresar y esclavizar a sus vecinos, capturaban a los mercaderes viajeros y reclamaban ilegalmente los territorios cercanos. Otras fuentes mencionan que los tzotziles, especialmente los de Zinacantán, tuvieron intereses expansionistas similares.

Los registros del período colonial sugieren que la intrusión chiapaneca en Chiapas occidental llevó a la sumisión de numerosas comunidades zoques, resultando en la extracción de tributo y la creación de áreas de refugio zoques. Pérez Suárez (2000) sigue a otros autores que han propuesto que, al momento de la llegada de los españoles, el territorio zoque estaba dividido en cuatro poderosas ciudades-estado, con capitales en Quechula, Javepagouay, Guate-way y Zimatán. Otros asentamientos zoques en la Depresión Central, como Jiquipilas, Chicoasén, Tuxtla y Copainalá, pagaban tributo a los chiapanecas (Pérez Suárez, op. cit.). Domenici y Lee Jr. (2012) argumentan que la colonización posclásica de El Ocote pudo haber sido impulsada por la necesidad de los zoques de huir de los chiapanecos asentados en Chiapa y Suchiapa, desde donde se exigía tributo a los asentamientos zoques como Tuxtla y Jiquipilas (Navarrete, 1966: 15-17). Herrera Tordecillas (1601, IV. Libro X: XI) menciona que los zinacantecos forzaban a pueblos zoques para que les enviaran tributo, aunque también señala que los zinacantecos eran “mexicanos”. En contraste, fray Gregorio García notó en el siglo XVI que los chiapanecas habían forzado la retirada de los residentes zoques después de tomar posesión de sus tierras (Navarrete, ibid., 15).

Las fuentes coloniales que mencionan la animosidad entre los dos grupos étnicos destacan la disputa legal de 1571, en la que ambos grupos reclamaron la posesión de las minas de sal del Valle de Ixtapa. El caso fue llevado a las cortes españolas después que los chiapanecas quemaron casas de residentes zinacantecos. Los chiapanecas expusieron que los zinacantecos habían ocupado recientemente las tierras que habían sido abandonadas por los chiapanecas durante la conquista española; por su parte, los zinacantecos señalaron que las tierras siempre habían sido suyas (Navarrete, ibid., Apéndice 1). Navarrete ha sugerido (ibid., 17) que, a pesar de sus reclamos, los chiapanecas nunca ocuparon la meseta de Ixtapa ni las tierras al norte y oeste del cañón del Sumidero, mismas que fueron muy probablemente ocupadas por hablantes de zoque.

En cuanto al hábito chiapaneco de capturar y volver prisioneros a los mercaderes zinacantecos, Díaz del Castillo menciona:

…los naturales de ella eran de gran manera belicosos y daban guerra a sus comarcanos, que eran los de Zinacantán, y a todos los pueblos de la lengua quilena, y asimismo a los pueblos que se dicen los zoques, y robaban y cautivaban a la contina otros poblezuelos donde podían hacer prensa, y con los que ellos mataban hacían sacrificios y hartazgos… y aún habían traído por fuerza a otros pueblos y hécholes poblar y estar junto a Chiapa, y los tenían por esclavos y con ellos hacían sus sementeras (1966 [1566]): 418).

El apresamiento de comerciantes y la captura de poblaciones vecinas como esclavos pudo haber sido una fuente significativa de tensión a lo largo de las fronteras políticas.

En sentido contrario, Navarrete (1966: 43) reporta una leyenda del pueblo chiapaneco de Ostuta, que describe una “destrucción por murciélagos” que forzó a las personas a abandonar el pueblo y refugiarse en Acala; dicho autor especula que tal vez se refiera a una ocupación de tierras chiapanecas por parte de mayas tzotziles (considerando que los zinacantecos son llamados zotzlem, “gente del murciélago”). Si esta asociación es cierta, sugeriría que los zinacantecos tal vez trataron de expandir su territorio a expensas de los chiapanecas.

Por otro lado, algunas fuentes describen relaciones más amistosas entre los vecinos fronterizos. Por ejemplo, Juan Manuel de Bargas García (1729: 329 citado en Navarrete, 1966: 25) sustenta que los chiapanecas “…eran amigos amistosos del rey de Tehuantepec, a quien habían ayudado con guerreros y armas contra el rey de México”. Navarrete también menciona que la ciudad colonial de Chiapa de Corzo tuvo una colonia de comerciantes zapotecos en el barrio de San Gregorio, quienes la usaban como base para sus viajes a los altos de Chiapas y Guatemala; y señala que en 1966 todavía encontró tres hablantes de zapoteco en ese barrio (Navarrete, ibid., 35).

La transición del período Clásico Tardío al Posclásico Temprano

Existe muy poca evidencia de que los artefactos estuvieran estrictamente limitados, es decir, altamente restringidos espacialmente de manera que pudieran haber servido para definir límites culturales o territoriales. Esto es particularmente válido para el intercambio de cerámica decorada de pasta fina, específicamente la cerámica Balancán Naranja Fino y Tohil Plomizo eran ampliamente distribuidas mediante redes de intercambio a larga distancia, y por lo tanto se han encontrado ejemplos en las tres áreas culturales: la Meseta Central, la Depresión Central y la región hablante de zoque. En contraste, la Meseta Central también importó cerámica de pasta fina de sus vecinos de las Tierras Bajas al norte y este, pero esos tipos no fueron intercambiados a lo largo de la frontera cultural maya.

La vajilla cerámica Balancán Naranja Fino

Las poblaciones mayas de los Altos de Chiapas y los zoques de la Depresión Central y la región norteña de El Ocote estuvieron fuertemente influenciados por la propagación de la vajilla Balancán Naranja Fino al final de período Clásico Tardío. La cerámica Naranja Fina fue una vajilla de comercio ampliamente distribuida en la región maya durante el Clásico Tardío o Terminal (750-900 d.C.; Bishop y Rands, 1982; Bishop, 1994). El estudio original de Smith (1958: 151) argumenta la presencia de un centro de producción en el oriente de Tabasco, posiblemente en la región de Jonuta-Tecolpan, o en el suroeste de Campeche cerca de Los Guarixes. Estas vasijas fueron ampliamente intercambiadas e imitadas, en especial en los sitios a lo largo del río Usumacinta y sus tributarios en Chiapas oriental y el noroeste de Guatemala (Bishop, op. cit.).

Las vasijas del estilo Balancán Fino son frecuentemente encontradas en la Meseta Central; algunas vasijas de Moxviquil fueron usadas por Smith (1958) para la definición original de los grupos Naranja Fino Z (Balancán) y Naranja Fino X (Silhó). Los investigadores anteriores han propuesto la producción local de imitaciones de vasijas Balancán Naranja Fino importadas (Culbert, 1965; McVicker, 1969). Balancán Naranja Fino fue el tipo cerámico dominante en el Valle de Ixtapa durante el período Posclásico Temprano; la pasta fina con engobe blanco más común fue llamada Ixtapa Naranja Fino (Culbert, 1965). McVicker (1969) propuso que las vasijas clasificadas como del tipo Ixtapa Naranja Fino eran manufacturadas en el Valle de Ixtapa y posteriormente exportadas en grandes cantidades a otros sitios de los Altos (Culbert, op. cit.; McVicker, op. cit.). Nuestras propias excavaciones revelaron otra posible imitación del Naranja Fino, Cerrillo Fino: variedad Cerrillo, con una distribución limitada al Valle de Jovel. Nuestro análisis de activación neutrónica de la pasta del tipo Ixtapa Naranja Fino (en curso) clarificará los patrones de intercambio y producción local para los diferentes tipos del Naranja Fino.3

Nuestras excavaciones sugieren que las vajillas Naranja Fino eran de servicio popular en Moxviquil durante el período Posclásico Temprano. La mayoría se han clasificado por el momento como Ixtapa Naranja Fino de acuerdo con sus formas de platos simples y engobes blancos pizarrosos, y una variante incisa del tipo Balancán, provisionalmente clasificada como Provincia Plano-relieve, representada por un único tiesto. Estas vasijas constituyen el 3% (n=532) del total de tiestos recuperados en las áreas residenciales exteriores tanto de élite como de gente común. Otros ejemplos de Naranja Fino también fueron recuperados en el área monumental del sitio, incluyendo algunos clasificados como Provincia Plano-relieve (n=15) (Figura 1a y 1b), y otros sin incisión provisionalmente clasificados como Balancán Naranja Fino (n=7), Ixtapa Fino: variedad Ixtapa (n=15) e Ixtapa Fino: variedad Bayo (n=4). Un cajete Naranja Fino de base anular y un motivo excavado escalonado en la base fue uno de las vasijas recuperadas en el Cache 3. El tipo cerámico Ixtapa Naranja Fino fue recuperado en menores cantidades en Huitepec que en Moxviquil, constituyendo el 0.21% (n=38) del total de tiestos. En ambos sitios se recuperaron tiestos de Cerrillo Fino: variedad Cerrillo, incluyendo el centro monumental de Moxviquil (n=15), las áreas residenciales exteriores (n=311) y Huitepec (n=5).

Figura 1 Tipos de cerámica del Posclásico Temprano: a y b. Provincia Plano-relieve; c. Chanal Grabado-modelado: variedad Chanal; d. Naranja inciso, tipo no establecido; e. Tortuga Rojo-sobre-bayo: variedad Tortuga; f. Tohil Plomizo. Fotografías de Elizabeth Paris. 

Diversos ejemplos de cerámica Naranja Fina han sido hallados también en la Depresión Central. En Chiapa de Corzo, algunos tiestos Naranja Fino fueron encontrados en el reconocimiento realizado por Bruce Warren (citado en Lee Jr., 1974: 62) y un cajete completo fue recuperado de un entierro en urna (Agrinier, 1964: figura 128). Cuatro vasijas Naranja Fino fueron descubiertas en un entierro ubicado en un banco de grava en el sitio de El Cairo, en la subregión de Chiapa de Corzo (Lowe, 1959a: 14, figura 38). Todas estas vasijas han sido clasificadas como Ixtapa Fino: variedad Ixtapa por sus semejanzas con los ejemplos recuperados en la Meseta Central.

Las vasijas Ixtapa Naranja Fino de la Meseta Central tienen mucha semejanza a las tradiciones Naranja Fino preexistentes en las regiones de habla zoque en el occidente y en la Depresión Central que emergieron durante el Clásico Tardío, por ejemplo, el tipo Santa Cruz Naranja (Sanders, 1961: 33). Sin embargo, el tipo Santa Cruz Naranja también comprende variedades con formas rara vez observadas en el tipo Ixtapa Naranja Fino, como cazuelas grandes sin engobe y cántaros con altos cuellos, y tipos de decoración que difieren de los ejemplos de la Meseta Central, incluyendo diseños punzonados, pintura al negativo, policromía, interiores manchados y engobes cafés y rojos (Sanders, id.). De tal manera, esta información sustenta numerosas preguntas, todavía sin respuesta, acerca de las relaciones entre las diferentes variedades de Santa Cruz Naranja y sus relaciones con los otros tipos de Naranja Fino.

En las áreas hablantes de zoque, como la región de El Ocote (Domenici y Lee Jr., 2012: 79) y el sitio de San Isidro (Lee Jr., 1974: 84), los cajetes y ollas Naranja Fino de la fase Mechung del Clásico Tardio reemplazan súbitamente a las vajillas de color negro de tradición olmeca como las vajillas de pasta fina dominantes, lo que se interpreta como resultado de una influencia estilística significativa de la región de la Costa del Golfo. El grupo cerámico Zuleapa exhibe engobes blancos, y en ocasiones decoración incisa, que son generalmente similares a las vajillas Balancán Naranja Fino; sin embargo, las formas de cajetes profundos son diferentes de los poco profundos ejemplos Ixtapa Naranja Fino: variedad Ixtapa encontrados en la Meseta Central. Lee Jr. (ibid., 85) nota que el centro monumental de San Isidro fue abandonado durante el período Posclásico Temprano y funcionó como santuario y cementerio para las poblaciones cercanas, y la cerámica reusada localizada en las tumbas indica una relación cercana con la Costa del Golfo durante el período, por ejemplo vasijas Naranja Fino con soportes huecos de sonaja y cajetes café pulido con soportes escalonados.

En contraste, un tipo Naranja Fino distinto, Chanal Modelado-excavado, ha sido encontrado en pequeñas cantidades en numerosos sitios mayas durante este período, pero es raro en la Depresión Central. Veinte tiestos del tipo Chanal Modelado-excavado, variedad Chanal (Bryant, Clark y Cheetham, 2005: 485) fueron excavados del centro monumental de Moxviquil (Figura 1c; Paris, Taladoire y Lee Jr., 2015). Fragmentos de este tipo cerámico fueron encontrados también en Yerba Buena (Bryant, 1988: figura 34a) y Rancho San Nicolás (Culbert, 1965: 69, figura 6a), y fueron incluidos como ofrendas en nichos de mampostería. Este tipo cerámico presenta fuertes semejanzas con tipos de las Tierras Bajas como Pabellón Modelado-excavado y Altar Naranja: variedad Altar, que se han encontrado en sitios del Valle Superior del río Grijalva (Bryant, Clark y Cheetham, ibid., 509; Culbert, id.; Lowe, 1959a: figura 32). Es necesario realizar más investigaciones para determinar si fue importado desde las Tierras Bajas, o es una imitación producida localmente.

Los patrones antes mencionados sugieren que la cerámica Naranja Fina no fue usada para definir la identidad maya o no maya a lo largo de la frontera occidental, considerando que fue ampliamente importada o copiada por mayas y por hablantes de otras lenguas, todos influenciados por las vajillas de intercambio de la Costa del Golfo al final del período Clásico Tardío, continuando durante el Posclásico Temprano. Sin embargo, algunas vasijas encontradas en el Valle de Jovel refieren directamente a la religión y cultura mayas, y por lo tanto pueden tener una conexión más directa con la identidad maya (Paris, 2012; Paris, Taladoire y Lee Jr., 2015). Una variante incluye un anciano sedente en el acto de transformarse en un ave; este dios ha sido interpretado como el Dios N (Paris, 2012: Figura 1a). La identificación se basa en el tocado de red que caracteriza a un gran número de imágenes del Dios N. Otras vasijas exhiben una banda incisa de pseudoglifos mayas (Paris, 2012; Paris, Taladoire y Lee Jr., op.cit.), que es casi idéntica a una proveniente de Uxmal reportada por Smith (1958: figura 1c). Pareciera que las vasijas sin decoración o con diseños abstractos cruzaban la frontera con mayor facilidad que las vasijas con diseños específicos de una cultura o de un sitio.

La cerámica de estilo Valle de Ixtapa

Los sitios del Valle de Jovel también importaron otras vajillas de servicio decoradas del Valle de Ixtapa. Un vaso cilíndrico inciso con engobe de color naranja de Cache 2 del centro monumental de Moxviquil (Figura 1d) es similar a un ejemplo del Valle de Ixtapa, actualmente en exhibición en el Centro Comunitario de los Altos del INAH, y puede ser importado de esta zona. Varias de las tumbas de Cerro Ecatepec (Culbert, 1965) contenían platos trípodes Tortuga Rojo sobre crema: variedad Tortuga (Figura 1e); este tipo es parte de la vajilla de servicio de pasta fina del Clásico Tardío que era producida en el Valle de Ixtapa (McVicker, 1969). Un ejemplo de este tipo cerámico fue hallado en la tumba 3 de Moxviquil, en la forma de un plato con base anular. Tiestos recuperados en el centro monumental de Moxviquil también incluyen Ixtapa Naranja: variedad Ixtapa, que forma parte de la cerámica utilitaria (n=4). Notablemente, estas vasijas fueron encontradas exclusivamente en estos dos centros monumentales, particularmente en tumbas y ofrendas; hasta ahora no contamos con ejemplos de las áreas residenciales exteriores (Paris, 2012).

Tohil Plomizo

El tipo cerámico Tohil Plomizo fue ampliamente distribuido a lo largo de Mesoamérica durante el período Posclásico Temprano, lo que ha permitido su uso como marcador de horizonte por muchos especialistas (Shepard, 1948; Neff y Bishop, 1988). La cerámica Tohil Plomizo fue producida en sitios de la costa del Soconusco, en el extremo sureste de Chiapas y el suroeste de Guatemala, en las márgenes del río Suchiate (Neff y Bishop, op. cit.). Neff y Bishop han sugerido que representa un cambio estilístico radical desde las vajillas San Juan Plomizo, más tempranas, y puede haberse producido especialmente para su exportación (Neff y Bishop, id., 519).

La cerámica Plomiza fue ampliamente intercambiada entre límites culturales tanto en Chiapas central como en el resto de Mesoamérica. De tal manera, posiblemente representa las actividades de mercaderes de larga distancia, en vez de intercambios entre grupos culturales vecinos. Ocho tiestos del tipo Tohil Plomizo fueron recuperados en el centro monumental de Moxviquil (Figura 1f), sin contar tres vasijas completas de proveniencia desconocida de la colección del Museo Na Bolom (Paris, 2012; Paris, Taladoire y Lee Jr., 2015). Notablemente, este tipo cerámico no fue hallado en las zonas residenciales externas de Moxviquil, ni en Huitepec (Paris, op. cit.); pero ha sido encontrado en casi todos los sitios mayores de las Tierras Altas de Chiapas. Tiestos plomizos han sido reportados en San Gregorio y Rancho Nicolás (Culbert, 1965); el Valle de Ixtapa (McVicker, 1969); Tenam Puente (Lalo Jacinto y Aguilar, 1996); Chinkultic (Ball, 1980); Toniná (Becquelin y Taladoire, 1982), y en sitios de la región del Valle Superior del río Grijalva como Canajasté, Tenam Rosario, Lagartero, Los Encuentros y Guajilar (Bryant, Clark y Cheetham, 2005; Tenorio Castillejos, Bautista y Rivero, 2012: 106).

El tipo Tohil Plomizo ha sido hallado únicamente en un grupo pequeño de sitios de la Depresión Central, y es usualmente recuperado en asociación con otros tiestos del Posclásico Temprano. Entre los casos reportados destacan El Sumidero (Berlín, 1946; Navarrete, 1966), donde una olla plomiza fue encontrada en la tumba 2; y en Chiapa [de Corzo], donde se identificaron tiestos plomizos en el barrio de San Jacinto (Navarrete, op. cit.). Al interior de la subregión de Acala, se rescató una olla efigie plomiza en Delicias, cerca de Chiapilla (Lowe, 1959a: figura 43b); y en el relleno del montículo excavado en el sitio Ruiz (Lowe, ibid., 31); un cajete trípode fue identificado en la colección de la región de Acala, y una vasija San Juan Plomizo del Clásico Tardío fue encontrada en la cercana zona de Laguna Mora (Lowe, ibid., 40). Tiestos Tohil Plomizo han sido recuperados en la subregión Chapatengo-Chejel en el sitio Colonia Niños Héroes (un tiesto de una vasija efigie) y Santa María (Lowe, id.). Un cajete trípode fue descubierto en una ofrenda saqueada en El Higo, en la región de El Ocote, y fue uno de los pocos depósitos del Posclásico Temprano en ese sitio.

Cerámica de estilo zoque

Los sitios de los Altos durante el Clásico Tardío y el Posclásico Temprano parecen haber intercambiado con sus vecinos zoques pequeñas cantidades de vasijas de pasta fina decoradas, lo que sugiere que los límites económicos entre los dos grupos eran de alguna manera porosos. Por ejemplo, tres platos polícromos rojo y negro sobre naranja con diseños zoomorfos estilizados de la tumba 4 de Cerro Ecatepec parecen ser una variante de Berriozábal Polícromo: variedad Berriozábal. Cerro Ecatepec está situado en las Tierras Altas Occidentales, en la porción sur del Valle de Jovel, mientras que este tipo cerámico era aparentemente producido en la cercanía del sitio Berriozábal, ubicado en la porción occidental de la Depresión Central, por hablantes de zoque durante el Clásico Tardío. Vasijas similares fueron encontradas para este período en los sitios del Valle de Ixtapa (McVicker, 1969).

Otro tipo del Clásico Tardío, Los Cocos Polícromo: variedad Los Cocos, era aparentemente importado a las Tierras Altas desde la región de Berriozábal. Estas vasijas tienen diseños semiabstractos pintados en rojo o negro sobre un engobe blanco muy pulido, con engobe interior naranja pulido. Un tiesto fue hallado en la terraza 3 del centro monumental de Moxviquil, mientras que otros ejemplos fueron reportados por McVicker (op. cit.) en el Valle de Ixtapa, recuperados en La Tortuga, un centro monumental del período Clásico Tardío.

Intercambio con Oaxaca y Veracruz

Las excavaciones realizadas en Moxviquil por Blom y Weiant (1954) permitieron recuperar dos piezas de escultura, una pequeña hacha de piedra caliza y un yugo de basalto sin decoración, que permanecen en la colección del Museo Na Bolom. La escultura asociada con el complejo yugo-hacha-palma fue aparentemente producida en la costa del Golfo de México en Veracruz, aunque algunos ejemplos fueron comerciados a través de Mesoamérica y Centroamérica durante el período Clásico Tardío, tan lejos como San Luis Potosí, Puebla, Hidalgo, Tlaxcala, Oaxaca, Chiapas, la Altiplanicie Central de México, la región del Pacífico en Guatemala y el oeste de El Salvador (Proskouriakoff, 1954: 68-70). El hacha de Moxviquil muestra un rostro humano, y fue descubierta en el relleno de la Pirámide Occidental, en el área ceremonial-residencial de élite conocida como la Plaza Superior (Paris, 2012; Paris y López Bravo, 2012); la procedencia del yugo se perdió hace tiempo. El arqueólogo Edwin M. Shook observó un fragmento de una segunda hacha en la Colección Othon Schlie en San Cristóbal de las Casas en 1951, de procedencia desconocida (Shook y Marquis, 1996, número H65). Estos objetos de lujo eran intercambiados a larga distancia, y deben haber aumentado el prestigio de la élite gobernante de Moxviquil.

Los sitios de la Depresión Central parecen haber desarrollado redes de intercambio con orientación al oeste durante la transición del Clásico Tardío al Posclásico Temprano. Navarrete (1960: 35) señala que durante la fase Ruiz (XI) del Posclásico Temprano, los sitios en la sub-región de La Frailesca muestran una marcada influencia oaxaqueña. Tipos cerámicos distintivos, incluyendo tipos finos arenosos y cerámica fina gris-crema, están presentes en depósitos del Posclásico Temprano, y se hipotetiza que se trate de piezas intercambiadas; en contraste, la cerámica utilitaria burda del período muestra fuertes continuidades con las vajillas de la fase Maravillas del Clásico Tardío. Navarrete (1966: 8, 35) observa también influencias mixtecas en el arte rupestre de Cerro Naranjo, y señala que la ejecución de las figuras se asemeja fuertemente a la del Códice Borgia.

La transición del Posclásico Temprano al Posclásico Tardío

Para el Posclásico Tardío, las fronteras culturales anteriormente permeables parecen haberse solidificado, ya que hay poca evidencia de las relaciones de intercambio sostenidas entre las Tierras Altas occidentales y sus vecinos al oeste. Durante este período, los estilos cerámicos aparecen fuertemente acotados; es decir, pocos estilos de cerámica fueron compartidos entre los Altos de Chiapas y sus vecinos chiapanecos o zoques. Las vajillas de intercambio Naranja Fino y sus influencias estilísticas, que eran frecuentes en toda la zona fronteriza durante los siglos anteriores, no fueron ni importadas ni copiadas, y hay poca evidencia de influencias culturales directas de la Costa del Golfo. El intercambio de pastas finas de larga distancia y bajo volumen con el Valle Superior del río Grijalva y las Tierras Bajas mayas se limita a un puñado de cerámica durante este período, y por lo tanto la balcanización de las redes de intercambio no puede ser atribuida por completo a la llegada y expansión de los chiapanecas en la Depresión Central (Navarrete, 1960 y 1966). Hasta la fecha, no hay ejemplos de la cerámica del Posclásico Tardío de los Altos de Chiapas registrados en los sitios de la Depresión Central. Sin embargo, los productos de importancia, como artículos de metal, continuaron circulando a través de los límites culturales, lo que sugiere que las fronteras aún estaban abiertas a los comerciantes de larga distancia y las materias primas de alto valor.

La cerámica Naranja Fina: Silhó y Matillas

Un fuerte contraste puede observarse entre la distribución generalizada y la imitación de vasijas Balancán Naranja Fino a través de las Tierras Altas y la Depresión Central durante la transición del Clásico Tardío al Posclásico, y la muy limitada distribución de estilos posteriores de objetos Naranja Fino proveniente de la Costa del Golfo. Silhó (X) Naranja Fino es un tipo del período Posclásico Temprano, que en un principio se pensó que era producido a lo largo de la costa de Campeche. Los análisis recientes (Bishop, 1994: 24; Bishop y Rands, 1982) sugieren que también fue manufacturado a lo largo del río Usumacinta y sus tributarios (Bishop, 1994). La cerámica del grupo del Bajo Usumacinta fue ampliamente exportada a las áreas de la Costa del Golfo, incluyendo Campeche y Yucatán (Bishop, 1994; Smith, 1958: 154).

A diferencia de su predecesor Balancán Naranja Fino, el tipo Silhó Naranja Fino está casi ausente de Chiapas central. Una excepción parcial es un vaso Naranja Fino de Moxviquil, que fue descrito por Smith (ibid., 155) como poseedor de una forma típica de Silhó (X) Naranja Fino, pero decorado con una técnica de plano-relieve y un motivo decorativo que son esencialmente de Balancán (Z) Naranja Fino; el autor sugiere que la vasija pertenece a un tipo transicional no identificado entre Balancán y Silhó Naranja Fino. El vaso fue encontrado en el Caché 1 de la zona monumental de Moxviquil, en la terraza justo abajo de los espacios ceremoniales y residenciales de élite de la Plaza Superior. El vaso es cilíndrico, con una base anular de sonaja y un diseño inciso elaborado en un gran cartucho cuadrado, con el resto de la vasija sin decorar. La imagen representa a K'awiil con el hacha clásica saliendo de su frente, en una posición arrodillada, con volutas del habla o del viento emitidas por su boca (Paris, Taladoire y Lee Jr., 2015).

Las vasijas Silhó Naranja Fino están casi ausentes en toda la zona de frontera cultural, incluyendo la Meseta Central, la Depresión Central y la región de habla zoque. Un vaso Silhó Naranja Fino fue recuperado en Tenam Puente en asociación con vasos Tohil Plomizo, artefactos de cobre y efigies de Tláloc, sugiriendo conexiones diferentes a la región de la Costa del Golfo, posiblemente un grupo de influencias ligeramente más tardías (Lalo Jacinto y Aguilar, 1996). Sin embargo, este ejemplo es la excepción y no la regla. No hay vasos Silhó Naranja Fino registrados entre los numerosos sitios en el Valle Superior del río Grijalva (Bryant, Clark y Cheetham, 2005). Del mismo modo, la cerámica Matillas (V) Naranja Fino del período Posclásico Tardío parece estar completamente ausente de cualquiera de los contextos, ya sea en la Meseta Central, la Depresión Central, la región de habla zoque, o el Valle Superior del río Grijalva. La escasez y la ausencia de estos tipos cerámicos sugieren relaciones de intercambio y/o influencias culturales débiles entre el centro de Chiapas y la costa del Golfo durante la transición del Posclásico Temprano al Posclásico Tardío.

La cerámica chiapaneca

La evidencia actual sugiere que Moxviquil y Huitepec carecen de ejemplos de cerámica chiapaneca, que se encuentra a lo largo de la Depresión Central durante este período, así como de las características más diagnósticas y las formas que son comunes en la cerámica chiapaneca. Estos incluyen comales, pichanchas, cuencos-molcajetes de estilo mexica con fondos impresos y soportes alargados (generalmente cónicos o zoomorfos), incensarios con bordes evertidos festoneados con impresiones circulares y cuencos trípodes con soportes planos. Navarrete (1966: 97) ha sugerido que los chiapanecas importaban e imitaban cerámica posclásica tardía del centro de México y Oaxaca. Sin embargo, Moxviquil y Huitepec se despoblaron significativamente durante el período Posclásico Tardío, por lo que es poco probable que sus escasos residentes restantes tuvieran acceso a cantidades significativas de bienes no locales.

La cerámica en el Valle Superior del río Grijalva refleja la interacción cultural y la influencia del altiplano de Guatemala durante este período, en lugar de la Depresión Central. Cántaros del tipo Xela Polícromo muestran algunas similitudes en forma a las urnas de cremación de cuello alto y estrecho de las Tierras Altas de Guatemala, pero Bryant, Clark y Cheetham (2005: 605) sostienen que también muestran similitudes en forma y decoración con Chinautla Polícromo de la Depresión Central (Navarrete, 1966). Nuevas formas de vasijas, como pichanchas y comales, también aparecen entre las formas del Grupo Cerámico Xela. Del mismo modo, los vasos Tol Polícromo del Valle Superior del río Grijalva comparten elementos decorativos en forma de C y S con el tipo Nambalarí Polícromo de la Depresión Central (Bryant, Clark y Cheetham, ibid., 622; véase también Navarrete, 1966: 53-58).

Artículos metálicos

Se han recuperado artefactos de metal en ambas secciones de la frontera cultural, lo que sugiere que los mayas y no mayas de Chiapas central tuvieron acceso a las mismas materias primas clave del centro de México. Los artículos metálicos fueron ampliamente distribuidos en todos los sitios del Posclásico Tardío en ambos lados de la frontera cultural. Esto sugiere que los artículos de metal no eran marcadores de la identidad étnica, pero eran artículos de lujo de alto valor que pudieron haber sido importados a varios sitios de la región a través de comerciantes ambulantes.

Diversos artefactos de cobre del centro monumental de Moxviquil se encuentran en el Museo Na Bolom, aunque su procedencia exacta se ha perdido. La colección incluye un hacha-moneda de cobre del tipo común en el período Posclásico de Oaxaca y Guerrero (Tipo VIIIA; Pendergast, 1962), así como dos hachas de cobre en miniatura, y dos pequeñas orejeras de cobre (París, 2012; París y López Bravo, 2012). Cabe destacar que los artefactos de metal no han sido recuperados en contextos excavados en zonas residenciales periféricas en Moxviquil, ni en los otros sitios del valle (París, 2012). Otros lugares de la región maya también presentaron artículos de metal en contextos del Posclásico Temprano y Tardío. En Lagartero (Tenorio Castillejos, Bautista y Rivero, 2012: 106), las ofrendas funerarias recuperadas del relleno de la Piramide 2 incluyen un cascabel de cobre, una cuenta de cobre en forma de un lagarto y cuatro fragmentos de ornamentos de lámina de cobre. En Tenam Puente (Lalo Jacinto y Aguilar, 1996), las ofrendas contienen al menos seis anillos de cobre, un colgante de cobre en forma de una tortuga y varios fragmentos de cobre y un ornamento de oro. Las ofrendas de Las Margaritas (Álvarez Asomoza, 2012) se componen de seis agujas, cuatro cinceles, un hacha similar a la encontrada en Moxviquil, ocho cascabeles, un anillo, dos fragmentos de metal derretidos y ocho láminas de cobre, asociados a la zona cívico-ceremonial y a un grupo residencial de élite. Los artículos metálicos de Canajasté (Blake, 1985: 494), que abarcan el Posclásico Temprano y Tardío, comprenden elementos típicos como siete cascabeles de cobre, un fragmento de ornamento de lámina de oro, un anillo y una aguja, pero también objetos más raros, como un punzón de doble punta y siete trozos de mineral de cobre que pueden haber sido utilizados para la fabricación de pigmentos. Piezas de metal también fueron encontradas en Toniná: nueve cascabeles de cobre, nueve anillos de cobre y numerosos fragmentos de lámina de oro (Becquelin y Taladoire, 1982), lo que sugiere que sus habitantes permanecieron conectados a las rutas de intercambio de larga distancia después del cese de la construcción de monumentos dinásticos. Tres anillos efigie de cobre encontrados por Blom en una cueva cerca de Cancuc se encuentran en el Museo Na Bolom, y también se incluyen en el informe de Toniná (Becquelin y Taladoire, op. cit.).

Una colección de artículos de metal de Chiapa de Corzo contiene hachas-moneda, hachas miniaturas y orejeras que son casi idénticos a los de Moxviquil (Lee Jr., 1969; Lowe, 1959b) (Figura 2). Se recuperaron cascabeles de cobre en al menos tres lugares en Chiapa de Corzo: el Barrio de San Gregorio, históricamente asociado con los comerciantes zapotecos, el Barrio de San Jacinto, considerado históricamente el barrio más antiguo de la ciudad, y el Barrio San Miguel (Navarrete, 1966: 35, 37). La colección de Chiapa de Corzo también comprende un hacha de cobre en miniatura, un hacha-moneda de cobre y dos orejeras pequeñas que son idénticas en forma a las recuperadas de Moxviquil (Navarrete, 1966: 84, 85, 87, figura 95.). Otros artículos de metal que no se han encontrado en los sitios del Valle de Jovel incluyen un cincel estrecho o lanceta, un anillo o brazalete de cobre dorado, una aguja de cobre, dos láminas de oro y un cascabel-efigie Tláloc (Navarrete, ibid., 83). Un solo cascabel con labio reforzado fue recuperado de Acala, al este de Chiapa de Corzo, que fue ocupada por los chiapanecas por este período (id., figura 94c.).

Figura 2 Artefactos de cobre hallados en Moxviquil: un hacha-moneda, dos hachas miniaturas y dos orejeras. 

También se reportan artefactos de cobre desde el extremo sur de las zonas de habla chiapaneca; algunos cascabeles y una aguja de cobre fueron mencionados por Navarrete (1966: 46) en el Cerro Nambiyigua, en urnas crematorias tipo Cumbujuyú doméstico que contenían huesos quemados. Otros cascabeles se registraron en Colonia Jesús M. Garza en Villa Flores, en asociación con cerámica del Posclásico Tardío. La joyería de cobre también se produjo en áreas de habla zoque durante el período Posclásico Tardío, donde se ha recuperado en el sitio de El Higo (Domenici y Lee Jr., 2012: 80).

Si bien la procedencia de muchos de estos artículos nos remite probablemente a Oaxaca y al occidente de México, la evidencia etnohistórica sugiere varias rutas comerciales posibles: una de ellas por tierra desde Oaxaca a través de la Depresión Central, y de allí a los sitios mayas de las Tierras Altas; la otra desde el Centro de México, a lo largo de la costa de Tabasco, y luego hacia los sitios zoques y mayas del interior, siguiendo rutas similares a las del Naranja Fino durante el Clásico Tardío y Posclásico Temprano. Los españoles utilizaron la ruta de Tabasco a los Altos de Chiapas durante el período colonial temprano (Lee Jr., 1978; Navarrete, 1978).

Conclusiones

La evidencia actual sugiere que las fronteras políticas y económicas entre los mayas de las Tierras Altas y sus vecinos zoques fueron relativamente permeables durante el Clásico Tardío y el Posclásico Temprano. Durante estos períodos, se observa un intercambio en pequeña escala de la cerámica decorada, y la propagación de la influencia estilística de Balancán Naranja Fino a través de las fronteras culturales, sobre todo en las Tierras Altas occidentales, como el Valle de Ixtapa y el Valle de Jovel. Sin embargo, para el período Posclásico Tardío, hay poca evidencia de intercambio de cerámica y de influencia estilística entre las dos áreas; sólo los bienes comerciales de larga distancia, como artículos de metal, parecen estar cruzando la frontera. Nuestra hipótesis es que la llegada de los chiapanecas pudo haber puesto a la defensiva a los mayas de la meseta, lo que se expresó simbólicamente a través de la cultura material. La presencia de formas cerámicas y estilos compartidos entre los chiapanecas y el Valle Superior del río Grijalva es notable. Es posible que estos sitios estuvieran bajo menos amenaza de invasión territorial que los zinacantecos, resultando en una mayor permeabilidad de las fronteras económicas. Esperamos que nuevas excavaciones en sitios del Posclásico Tardío, tanto en la Depresión Central como en la Meseta Central, arrojen mayor luz sobre las dinámicas interculturales en la frontera occidental maya.

Agradecimientos

El Proyecto Económico de los Altos de Chiapas fue realizado bajo el permiso del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). La financiación de la Temporada 2009 fue proporcionada por una beca del National Science Foundation Doctoral Dissertation Improvement Grant (Award ID 0836590) a Elizabeth Paris. Estudios preliminares fueron financiados por el “Christopher DeCormier Memorial Scholarship” y el “Dissertation Improvement Grant” por la Universidad en Albany, SUNY. Agradecemos también a las siguientes instituciones: INAH-Chiapas, a la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, a ProNatura Chiapa, al Museo Na Bolom, y la Fundación Arqueológica del Nuevo Mundo. Elizabeth Paris agradece a la Universidad de St. Lawrence y la Universidad Estatal de Wichita en donde se desarrollaron varias etapas de este artículo.

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1Ver informe final de Paris y López Bravo, 2015.

2Dichos trabajos fueron posibles gracias a la generosa colaboración del Museo Na Bolom. Nuestras excavaciones continuarán y se expandirán durante los próximos años a diferentes sitios del Valle de Jovel, y se complementarán con recorrido de superficie y excavaciones en sitios de la Depresión Central, como parte de los trabajos del proyecto “Economía y Sociedad en el período Posclásico: comunidad y unidades domésticas en Chiapa de Corzo”, aprobado por el Consejo de Arqueología del Instituto Nacional de Antropología e Historia, con Roberto López Bravo como investigador principal.

3Comunicación personal de Ronald Bishop, 2015.

Recibido: 08 de Octubre de 2015; Aprobado: 28 de Enero de 2016

Elizabeth H. Paris. Estadounidense. Licenciada en Antropología por la Universidad de Colorado-Boulder, con maestría y doctorado en Antropología por la Universidad Estatal de Nueva York en Albany. Se encuentra adscrita a la Universidad Estatal de Wichita. Su especialidad es la arqueología de unidades habitacionales y de producción artesanal. Actualmente realiza investigaciones en el valle de Jovel, Chiapas, y Mayapán, Yucatán. Entre sus últimas publicaciones se encuentran “Return to Moxviquil: Form and Function in a Small Maya City” (en coautoría), “Early Use of Chipped Stone at Tlacuachero” y “Cross-Valley Communities: Identity and Interaction in Postclassic Period Highland Chiapas”. paris152997@gmail.com

Roberto López Bravo. Mexicano. Licenciado en Arqueología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia y doctor en Antropología por la Universidad de Pittsburgh. Está adscrito a la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas. Su especialidad es la arqueología de unidades habitacionales. Actualmente realiza investigaciones en el entorno de Chiapa de Corzo, el valle de Jovel y la región de Palenque. Entre sus últimas publicaciones se encuentran “Palenque. Investigaciones recientes”, “Prehispanic Use of Chili Peppers in Chiapas, Mexico” y “Continuidad y cambios en la vida urbana de la antigua Lakamha’ (Palenque)”. roberto.lopez@unicach.mx rob.lopez.bravo@gmail.com

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