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Estudios de cultura maya

versión impresa ISSN 0185-2574

Estud. cult. maya vol.40  México ene. 2012

 

Reseñas

 

Patricia A. McAnany, Ancestral Maya Economies in Archaeological Perspective

 

Ma. Concepción Obregón Rodríguez

 

Cambridge: Cambridge University Press, 2010, 373 p.

 

Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, Instituto Nacional de Antropología e Historia.

 

Ah Bolón Hobon, "La de los
nueve o muchos colores".1

 

De manera semejante a una diestra tejedora maya contemporánea o a una cortesana del periodo Clásico, protagonistas ambas de su estudio, Patricia McAnany nos regala con su libro Ancestral Maya Economies in Archaeological Perspective, recientemente publicado (2010) por Cambridge University Press, un riquísimo texto que destaca por la finura —en el sentido de sofisticación— y resistencia —en el de solidez— de la argumentación con la que va tejiendo para nosotros un profundo y amplio análisis de la sociedad maya precolombina.

Frente a su título cualquiera podría pensar que se trata de un estudio especializado sobre aspectos relativos a la producción, la circulación o el consumo de bienes entre los mayas antiguos. Es decir, un libro técnico dirigido a quienes se interesan específicamente por estos temas. Sin embargo, para sorpresa del lector, el texto a todo su largo puede resultar atractivo para un público mucho más amplio pues logra relacionar información técnica muy puntual (patrones de asentamiento, de distribución y frecuencia de objetos, resultados de análisis osteológicos o dietéticos, por mencionar algunos) con el descubrimiento de cómo diversos aspectos de la economía maya repercutieron y caracterizaron otros tan variados como usos, vida cotidiana, roles e identidades de género, relaciones con el entorno natural, e incluso la propia cosmovisión de dicha sociedad.

En su primer capítulo la autora ofrece una clara revisión de las premisas teóricas que guían la innovadora forma en la que aborda los temas a tratar, confesándonos que su interés no reside en la economía en abstracto, sino en la práctica económica;2 y en cómo ésta dentro de la experiencia diaria se vive en relación a modos de razonar construidos culturalmente. De ahí que hayan sido principalmente los postulados de la Teoría de la Práctica (a partir de Bordieu), centrada en los hilos que entrelazan todo el sistema social y no las partes (economía, política, ideología) en las que artificialmente lo hemos venido separando con fines analíticos, los que le hayan resultado especialmente adecuados para intentar desentrañar las dinámicas (prácticas, interacciones y resistencias) económico-sociales que pudieron haberse concretado o materializado en los restos que van siendo recuperados por la labor de los arqueólogos.

McAnany subraya que la monumentalidad de los materiales relacionados con las élites mayas que han sobrevivido hasta nuestros días, sumada a los avances logrados por la epigrafía en la lectura de los textos escritos por éstas hicieron que los estudios mayistas durante las últimas décadas dieran demasiado peso a la "agencia" y al control hegemónico de dicho sector social. Consciente de esta desproporción busca, a través de su estudio, equilibrar esta perspectiva tratando de adentrarse en el papel que otros participantes tuvieron en la dinámica económico-social; especialmente la gente común quien jugó un activo papel en la forma en que se elaboraron, circularon y se consumieron tanto bienes como servicios. Un tema en específico en el que se ve aplicado este nuevo ángulo de análisis es el del origen durante el Preclásico de edificaciones colosales, que no interpreta —como generalmente se ha venido haciendo— en consecuencia de la centralización de poder en manos de ciertos individuos con estrategias de engrandecimiento individual y capacidad coercitiva para controlar la mano de obra necesaria, sino como resultado de la contribución ("trabajo ritual") de la mayor parte de la población movilizada por sus creencias religiosas.

El texto constituye un notable ejemplo de cómo es posible hacer el estudio de un caso específico (el de las prácticas económicas entre los mayas) sin dejar de llegar a reflexiones importantes a nivel teórico, tanto sobre los temas particulares que va tratando como, incluso, sobre la función y el quehacer de la propia arqueología como disciplina. Pero, tal vez, en lo que más destaca es en la capacidad que muestra su autora para integrar de manera pertinente información de naturaleza y procedencia tan diversa para enriquecer nuestro entendimiento de complejos procesos históricos.

Dentro de su formación profesional, McAnany demuestra una habilidad especial para pensar en los indicadores materiales que podrían sugerirnos relaciones sociales que debieron haberles dado lugar; al mismo tiempo que nos ofrece una revisión exhaustiva y actualizada de lo aprendido gracias a las investigaciones hechas por buen número de arqueólogos sobre sitios arqueológicos mayas (estudios de casos específicos), cuyos resultados utiliza hilándolos a su propuesta general e interpretativa.

Dentro de ésta, hace también uso de investigaciones sobre otras culturas antiguas y modernas (tanto dentro la propia área mesoamericana como de otras partes del mundo) a las que no ve como casos o contextos particulares a los cuales contrastar con el maya para resaltar sus diferencias, sino para apoyarse en lo que se ha podido deducir o aprender de ellos para teorizar y hacer novedosas preguntas y formas de relacionar los restos materiales del caso de su interés, proponiendo alternativas para entender aspectos todavía poco explorados de éste. Especialmente útil en este sentido parece haberle resultado la prolífica producción antropológica sobre las culturas del sur del Pacífico a la que se refiere en muchos momentos de su análisis. Esta habilidad para transitar entre un caso y otro sin perderse en ellos, así como para poder llegar a conclusiones generales que sobrepasan el de los mayas, seguramente hará de sus resultados una lectura inspiradora para quienes intenten nuevas miradas a procesos culturales de otras muchas partes del mundo.

Si la "trama"3 del telar en el que va tejiendo P. McAnany lo constituyen sus argumentos sobre la práctica económica y su impacto sobre la vida de los distintos grupos que integraban la sociedad maya antigua, la urdimbre que se entrecruza con ésta atravesándola longitudinalmente es la dimensión diacrónica que da a cada uno de los temas que discute. Palpable es el interés que tiene en seguir el desarrollo de cada uno a través del tiempo, en documentar los cambios que fueron sufriendo y lo que éstos implicaron para la cotidianidad y los ámbitos más privados de la vida de los individuos que los experimentaron. Algunos ejemplos de este empeño por historiar los encontramos cuando se refiere a la forma en la que los bienes o servicios producidos dentro del grupo doméstico se transformaban en valores, y cómo estos en distintos períodos de la historia maya (del Preclásico a la Colonia) llegaron a manos del sector gobernante en formas variadas (véase p. 135). O el seguimiento que da al malacate, objeto cuya evolución sugiere cambios en la propia actividad del hilado; o también el de la transformación en las preferencias culinarias a través del tiempo, y las consecuencias directas que esto trajo sobre las actividades cotidianas y la carga de trabajo de quienes se encargaban directamente de procesar los alimentos (labor eminentemente femenina). Aunque en mayor medida el material que estudia corresponde al periodo Clásico, hace también importantes comparaciones con épocas anteriores y posteriores.

Desde mi punto de vista, especialmente ricos y atractivos resultan los capítulos quinto, sexto y noveno del libro. En los dos primeros la autora centra la discusión en la forma en que algunos bienes (desde templos monumentales hasta obras preciosas, producto de artesanía altamente especializada) se convirtieron en bienes "inalienables" que daban identidad a quien los poseía y funcionaban a la vez como armas de exclusión, al marcar y legitimar (materializar) las profundas diferencias sociales así como el poder de la autoridad política. Y cómo dichos objetos cambiarían para siempre las relaciones sociales.

La autora se adentra a explorar las sofisticadas formas (identificación del rey con los dioses del maíz y del sol, ingestión de comidas distintas a las del resto de la población, participación en espectaculares rituales, residencia en edificios magníficos rodeados de imaginería y textos escritos, etc.) en las que dicho poder fue construyéndose hasta llegar a ser considerado como natural e inamovible por el resto de la población. Asimismo, explica la manera en que al interior de las cortes reales se produjeron muchos de estos bienes y, en especial, el rol de las mujeres de la nobleza en la elaboración de los más finos textiles (véase capítulo 6, pp. 158-198).

Además de su importante papel como marcadores de estatus social (concretización material del privilegio), se aborda el uso que este tipo de bienes tuvo también en la interacción y en las competencias políticas a través del financiamiento de fiestas, intercambio, construcción de alianzas y lazos de solidaridad, pero también como forma de demostrar superioridad sobre los rivales. De esta manera, el texto estudia los bienes de prestigio y artesanía fina integralmente, tanto desde el aspecto de su producción: materiales, tecnología, conocimientos o formas organizativas utilizadas, como en su dimensión social y política; subrayando que resulta tan importante la maestría con la que fueron elaborados (conocimiento y manejo de materias primas, sofisticadas técnicas de manufactura, alto adiestramiento y especialización en el oficio, horas de trabajo invertidas, etc.) como su historia de vida (a quién pertenecieron, quién y para qué los había usado, cómo se heredaban, cómo pudieron irse resignificando o adquiriendo distintas funciones, por mencionar algunos).

Dos ideas centrales subyacen bajo la riqueza de ángulos desde los que la autora va analizando las distintas prácticas económicas desarrolladas por los mayas. La primera es que los bienes producidos no son objetos pasivos para ser manipulados por la agencia humana, sino que la interacción entre ambos es siempre bidireccional: una vez creados y cargados de significados específicos, a su vez actúan como importantes detonantes de relaciones entre las personas. La segunda se refiere al rol central que juega en dichas prácticas el ritual, al igual que en todos los otros campos de la vida y cosmovisión de los mayas. Ya sea en el capítulo que dedica al medio ambiente (véase capítulo 3, pp. 60-98) o en el que analiza la producción a nivel del grupo doméstico, y la diferenciación del espacio que hace esta cultura: el humano constituido por la casa y concebido como el espacio donde se desarrollan las actividades femeninas vs. el peligroso espacio natural identificado con el "monte" y ámbito de acción principalmente masculino (explotación de la milpa y las actividades eminentemente extractivas, véase cap. 4) va desmenuzando para el lector cómo, dentro de su forma de explicarse la realidad, las prácticas rituales dan a los individuos seguridad, al creer que con ellas logran neutralizar o "domesticar" fuerzas naturales que esencialmente son distintas —y por tanto contrarias y peligrosas— a los intereses humanos.

Tal concepción se expresa también con claridad en la manera en la que los mayas ven a las actividades artesanales como un proceso de diálogo e interacción con las deidades, un acto creativo como el de éstas, en el cual se requiere de enorme cuidado y destreza para controlar dichas fuerzas y transformarlas. Ello explica, según McAnany, el hecho de que en lenguas mayas vivas se utilice el mismo término "costumbre" para referirse tanto a la veneración de las deidades como al conocimiento en la elaboración de artesanías tradicionales.

Una vez analizada la producción de artesanía fina dentro y para la corte real, en el capítulo noveno la autora pasa a estudiar cómo la nobleza pudo, gracias a la guerra y a través de variados mecanismos, apropiarse del excedente producido a nivel local por las comunidades. Utilizando sugerentemente evidencia de muy diversa naturaleza (iconográfica, textual, arqueológica) nos lleva a entender que además de las formas más conocidas de pago de tributo existieron otras con las que los vencedores garantizaron la infusión cíclica de productos frescos que no hubiesen podido almacenarse en el ambiente tropical que explotaban, como lo fue el pago de rescate por los líderes vencidos. Y como esto muchas veces significó para estos últimos y sus reinos el desprenderse de los bienes inalienables en los que su prestigio y poder se había materializado.

A mi modo de ver el libro, resulta en todos sentidos una visión novedosa y propositiva sobre los temas a los que se aboca, entretejiendo inteligentemente la extensa información generada por los principales y más recientes estudios escritos en inglés sobre los mayas antiguos. Sin embargo, si alguna crítica pudiera hacerse a Patricia McAnany es la de no haber revisado lo que se ha escrito en otros idiomas —especialmente el español— sobre estos, dejando fuera así la mayor parte de los estudios hechos por proyectos arqueológicos en México. En lo que respecta a su redacción, el libro destaca por su estilo literario, su pulido inglés y su rico lenguaje; lo que lo diferencia de lo escuetos que tienden a ser los textos de investigación científica en ese idioma, haciéndolo aún más disfrutable. Muy recomendable sería el poder contar pronto con una traducción al español de un texto que indiscutiblemente pasará a convertirse en consulta obligada para todos los interesados en los temas que aborda y, en general, en la cultura maya.

El título escogido, Ancestral Maya Economies in Archaeological Perspective, resume perfectamente la esencia de lo tratado: ancestrales, ya que estas prácticas forman parte de un proceso de muy larga duración que no se circunscribe a los mayas antiguos, sino que algunas de ellas incluso subsisten hasta nuestros días. Es un estudio que supera la limitante de hablar de la economía maya como si ésta hubiese sido una y única, para abarcar las muchas economías que simultánea e integradamente coexistían: la doméstica, la comunal, la de la corte o el reino. Y todo ello en relación y a partir de sus restos materiales. Algunos de sus resultados constituyen, además, una importante contribución a la mejor versión de los estudios de género, ya que al ir analizando las prácticas económicas de los mayas va subrayando el importantísimo papel que la labor femenina tiene para esa cultura, en donde se concibe a la mujer como quien transforma lo extraído del mundo natural (por su contraparte masculino) en bienes y objetos útiles para la vida humana: alimentos, ciertos tipos de artesanía, principalmente la textil, espacio habitable y protegido, e incluso quien logra con las secreciones del cuerpo dar vida a otro ser.

Tras la lectura del libro de McAnany uno siente mucho más cercanos a los mayas ("de carne y hueso"), sus prácticas, sus maneras de entender al mundo y de representarlo; cumple así con uno de los propósitos que la llevaron a escribirlo: acercarnos a los individuos que integraron esa sociedad, a las diferencias que existían entre ellos (con base en su sexo, edad, estatus social, especialización comunitaria, etc.), y a lo que fue transformando e impactando la vida de cada uno.

 

NOTAS

1 Uno de los términos con los que se refieren las fuentes coloniales de Yucatán a los artesanos (Clark and Houston, 1998: 44, citado en McAnany, 2010: 211).

2 "Después de todo, la economía no es algo monolítico que proyecta su sombra sobre la gente, sino son las cosas que la gente hace y las hace repetidamente..." (McAnany, 2010: 307).

3 Conjunto de hilos paralelos esparcidos regularmente y colocados en dirección transversal dentro del telar.

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