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Estudios de cultura maya

versión impresa ISSN 0185-2574

Estud. cult. maya vol.36  México ene. 2010

 

Reseñas

 

La Blanca: arqueología y desarrollo/La Blanca. Arquitectura y clasicismo/La Blanca y su entorno. Cuadernos de arquitectura y arqueología maya

 

Ana Luisa Izquierdo y de la C.

 

Gaspar Muñoz Cosme y Cristina Vidal Lorenzo (eds.). 1,2,3

 

Centro de Estudios Mayas, Instituto de Investigaciones Filológicas, Universidad Nacional Autónoma de México

 

Los tres volúmenes aquí reseñados del proyecto La Blanca, sitio arqueológico ubicado al norte del Petén guatemalteco, son una excepción en el conjunto de publicaciones sobre la arqueología maya; por ello les damos una bienvenida especial.

El primer aspecto destacable de su singularidad es que después de cada temporada de campo (2004, 2005 y 2006), o campaña como le nombran en España, sale de la imprenta una obra que contiene los resultados de cada una de esas investigaciones del sitio (2005, 2006, 2007). Este hecho se aparta de lo común, porque no es nada frecuente proporcionar los datos empíricos de los estudios arqueológicos en forma detallada e inmediata. Por ello, hay que destacar estos volúmenes como un ejemplo de lo expedito, por dar a luz aquella información básica que se queda muchas veces en los informes arqueológicos oficiales archivados y cerrados a la consulta hasta años después de su análisis (ya que los académicos estudiaron toda su información); pero muchos de esos datos de los materiales rescatados quedan sin ser conocidos.

Los editores son los directores del proyecto: Cristina Vidal Lorenzo y Gaspar Muñoz Conde, la primera perteneciente a la Universidad de Valencia y el segundo a la Universidad Politécnica de la misma provincia. En el primer volumen y en los subsecuentes, Cristina Vidal comunica los detalles de la planeación del proyecto, su elaboración, la metodología seguida en el cumplimiento de la investigación y la problemática que lo sustenta (2005, 2006). Asimismo, incluye una descripción minuciosa de las excavaciones y de los materiales recuperados.

El financiamiento estuvo a cargo de varias instituciones (además de las entidades de adscripción profesional de los directores): el Ministerio de Cultura y Deportes y la Universidad de San Carlos de Guatemala, el Ministerio de Cultura de España, el Centro de Cooperación al Desarrollo y el Forum UNESCO, de la Universidad Politécnica de Valencia. También se unieron a estos esfuerzos para apoyar esta intervención de estudios arqueológicos, de restauración y de etnodesarrollo la Agencia Española de Cooperación Internacional, el Colegio Territorial de Arquitectos y el Instituto de Restauración del Patrimonio de Valencia.

Los editores aclaran que las conclusiones tienen un carácter preliminar y que ellas deben ser discutidas, contrastadas y completadas con análisis más detallados y nuevas interpretaciones que el estudio concienzudo de los materiales dará, como los que hizo después Ricardo Torres Marzo en sus estudios de lítica.

Por otro lado, este primer vaciado de información y sus resultados preliminares también son singulares porque son producto de la cooperación internacional para conocer, de una manera científica, quienes, en realidad, fueron los mayas. En este aspecto han predominado los estadunidenses; por ello también destaca que sea un equipo de académicos españoles los que trabajan en La Blanca con la colaboración de arqueólogos guatemaltecos de alto nivel académico como Juan Antonio Valdés y Oswaldo Gómez Barillas y otros más jóvenes como Miriam E. Salas Po y Huber Orozco Edelmar. Con ello tienden un nuevo puente de entendimiento y solidaridad con aquella cultura, la hispana, que conquistó y colonizó este el territorio americano y que ahora protagoniza, en varios frentes, algunos pasos científicos para descubrir y darle nueva vida a una de aquellas civilizaciones: la maya.

Un rasgo básico del Proyecto La Blanca que le brinda un valor agregado es que no aísla al sitio arqueológico de su entorno natural, material y sobre todo, algo muy importante, humano. En cuanto al primer aspecto se incluye el artículo “La cuenca baja del río Mopán (Petén, Guatemala) y su patrimonio cultural maya” (Oscar Quintana Samayoa, 2005); ahí se describe el medio físico donde está enclavada La Blanca. También se puede destacar el ensayo sobre los estudios de la morfología del terreno de María Teresa Gil Piqueras (2005). Asimismo, contamos con los resultados del conocimiento de la vegetación gracias a los análisis arqueobotánicos de Elena Grau Almero (2006), así como una primera aproximación para el manejo ambiental del sitio (Mario R. Rodríguez Lara, 2007).

Otra manera de no apartar el sitio de su contexto regional, maya, mesoamericano y universal es mediante los artículos que lo colocan como un lugar cuyas expresiones materiales lo insertan en la cultura que lo vio nacer y desarrollarse; y si bien estos restos tienen su propio arraigo tradicional, también participan de las manifestaciones de las civilizaciones de América Media, y fluyen también en las corrientes de las culturas antiguas del mundo.

En este aspecto es relevante el estudio de Prudence y Don Rice donde discuten los cambios habidos entre el Clásico Terminal y el Posclásico en la región central de los lagos del Petén (2007). Pero todavía con más amplitud Juan Antonio Valdés y Cristina Vidal (2005, 2007) ubican los acontecimientos de La Blanca en el mismo periodo, pero en el contexto de todo el Petén y con ciertas referencias a otros sitios del área maya. Ello es refrendado en el artículo de la cerámica donde explican que estos restos materiales poseen características homogéneas del Petén, y una mayor afinidad con sitios de Yaxhá, Nakum, San Clemente, Dolores y hasta Ceibal (Miriam E. Salas Pol y Edelmar Juber Orozco, 2006).

De la misma forma, Miguel Rivera Dorado subraya el tenue resplandor del Posclásico petenero como prueba de la no desocupación durante el Posclásico en las Tierras Bajas Mayas (2006).

Una manera de incluir los edificios de La Blanca dentro del sentido que estas construcciones tuvieron para los mayas y que han tenido en el desarrollo urbano de los pueblos de todo el orbe, es otro artículo de Miguel Rivera Dorado “Arquitectura y escenografía en la cultura maya antigua” (2007).

Otra de las cualidades de este proyecto arqueológico es no haberlo apartado de su contexto humano inmediato: los habitantes de la aldea de La Blanca. Para ello los libros incluyeron “Una iniciativa piloto de incidencia de la recuperación del patrimonio en el desarrollo local” de Rafael Monterde Díaz (2005), donde se aporta una descripción de los aspectos básicos de la realidad de los habitantes de este sitio del Petén oriental y se afirma que uno de los conceptos que persigue este trabajo arqueológico fue “… la recuperación del patrimonio maya con un sentido más social y más comprometido con el desarrollo endógeno” (2005). Por otro lado, también se describió cómo, al adaptar La Blanca como un sitio apto para ser visitado, la investigación se une a los esfuerzos del gobierno guatemalteco en pro del área (2006); al mismo tiempo hicieron esfuerzos para involucrar a la población en ello, impartiéndoles cursos y procurando sensibilizarla sobre su propio patrimonio y su adecuado manejo (2007).

Hecho digno de mención en esta investigación es que la metodología usada es multidisciplinaria, ya que se realizaron trabajos arqueológicos, urbanísticos, arquitectónicos, de restauración, de física, de química, de sociología y de etnodesarrollo, por citar los más importantes.

Por otro lado, también incluye las denuncias tanto del saqueo arqueológico por ladrones profesionales, como del descuido de la población por una pobre conciencia del patrimonio cultural. Así, Sonia Cañada, Ricardo Torres, Huber E. Orozco y Rafael Cambranes pormenorizan el caso de los saqueos en La Blanca en el contexto de estas prácticas ilegales en el área maya (2005).

Parte sustantiva de un trabajo arqueológico es el estudio de la cerámica (2005, 2006, 2007), cuyos primeros resultados también fueron contextualizados y comparados con estilos cerámicos regionales y foráneos. Así, algunos artículos ubican la temporalidad de la ocupación del sitio y su máximo florecimiento en el Clásico Terminal entre el 800 y 950 d.C., por pertenecer el 93.5 % de cerámica a esta etapa. Por otro lado, adscriben la pertenencia de La Blanca al sistema cultural del Petén y, de acuerdo con Miriam E. Salas y Edelmar Juber Orozco, “tiene mayor afinidad con los sitios de Yaxhá, Nakum y San Clemente” (2006: 83). Luego de desarrollar sus contactos externos, estos autores concluyen que “La Blanca fue un centro suburbano y de frontera que pudo tener un intercambio de productos o comercio a larga distancia” (2005: 100).

La obra incluye estudios de los restos muebles de la cultura material y así se definen tres industrias: la ósea, la malacológica y la lítica, en ensayos de Juan Antonio Valdés y Cristina Vidal Lorenzo (2005), y en otro de Ricardo Torres Marzo (2006). Se agregaron estudios arqueobotánicos en el estudio de los restos de madera, semillas y fruta realizado por Elena Grau Almero (2006).

Se otorga trato especial a los restos de pintura mural, de los cuales se estudiaron los pigmentos, los aglutinantes y los estucos desde el punto de vista de su origen y composición química en las aportaciones de Ma. Teresa Domenech y Ma. Luisa Vázquez (2006). Asimismo los numerosos grafitos fueron registrados y recibieron conservación.

En los estudios sobre La Blanca destacan varias investigaciones sobre la arquitectura. Básicamente la zona de la intervención arqueológica, tanto en excavaciones como en labores de restauración y conservación, fue la llamada Acrópolis, conjunto alrededor de una plaza cerrada, y especialmente el Palacio. Así, los volúmenes incluyen trabajos sobre desarrollo urbanista (2006); también se presentan un plano topográfico (2006) y un levantamiento arquitectónico de la Acrópolis de la Blanca (2005, 2007), consideraciones en torno a la proporción en la arquitectura (2006), así el como análisis del comportamiento estructural de los elementos de la fábrica (2005) y un estudio de los elementos singulares del Palacio de La Blanca (2007). Asimismo, se incorporaron análisis de los vestigios de color en la arquitectura (2005, 2006, 2007) y de la composición mineralógica de los pavimentos (2005).

Los libros sobre La Blanca están profusamente ilustrados, porque todo está documentado con fotografías, mapas, dibujos, plantas, alzados, etc. De todo ello llama la atención la profusión de grafitos que encontraron, representaciones de animales y personas realizando acciones cotidianas.

La aportación fundamental de estas obras para una mejor comprensión de la cultura maya es la caracterización de un sitio donde existió un gran esplendor económico en los momentos de la gran crisis del fin del Clásico. Su época más productiva fue el Clásico Tardío y el Terminal, con una efímera ocupación en el Posclásico. Esto resulta de gran interés para desautorizar la popular concepción del debacle del fin del Clásico como un hecho generalizado a todas las poblaciones importantes de la época.

Estas publicaciones dan signos claros de haber cumplido con las finalidades del proyecto: aumentar y profundizar en el conocimiento de la cultura maya a través del estudio de La Blanca, así como darles a sus restos materiales “una nueva vida salvándolos de la destrucción, restaurándolos y permitiéndoles lucir sus cualidades plásticas como un remanente de un pueblo vivo, que así afianza su identidad” (2005)

El trabajo arqueológico en La Blanca realizado por los especialistas valencianos debe continuar y ser ampliado, ya que sólo hubo intenso trabajo arqueológico en la parte sur de la Acrópolis. Una comprensión más completa del sitio aumentaría con la elaboración del patrón de asentamiento y de excavaciones extensivas en varias partes del sitio.

 

Notas

1 Información bibliográfica del primer título: La Blanca: arqueología y desarrollo, Gaspar Muñoz Cosme y Cristina Vidal Lorenzo (eds.). Valencia, España: Universidad Politécnica de Valencia, 2005.         [ Links ]

2 Información bibliográfica del segundo título: La Blanca. Arquitectura y clasicismo, Gaspar Muñoz Conde y Cristina Vidal Lorenzo (eds.). Valencia, España: Universidad Politécnica de Valencia, 2006.         [ Links ]

3 Información bibliográfica del tercer título: La Blanca y su entorno. Cuadernos de arquitectura y arqueología maya, Cristina Vidal y Gaspar Muñoz Conde (eds.). Valencia, España: Universidad Politécnica de Valencia, 2007.         [ Links ]

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