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Diánoia

Print version ISSN 0185-2450

Diánoia vol.63 n.80 México May. 2018

 

Reseñas bibliográficas

Roberto Bondì, Karl Schuhmann, Michel-Pierre Lerner, Miguel Ángel Granada y Susana Gómez López, Bernardino Telesio y la nueva imagen de la naturaleza en el Renacimiento, presentación de Miguel Ángel Granada, Siruela (Biblioteca de Ensayo, 80), Madrid, 2013, 248 pp.

Carmen Silva1 

1 Facultad de Filosofía y Letras-UNAM. carmensilva55@gmail.com

Bondì, Roberto; Schuhmann, Karl; Lerner, Michel-Pierre; Granada, Miguel Ángel; Gómez López, Susana. Bernardino Telesio y la nueva imagen de la naturaleza en el Renacimiento. presentación de Miguel Ángel Granada, Siruela, Biblioteca de Ensayo, 80, Madrid: 2013. 248p.

El libro que reseño comienza con una excelente presentación de Miguel Ángel Granada en la que este autor describe los objetivos, características e impacto de la nueva filosofía natural del filósofo de Cosenza, Bernardino Telesio (1509- 1588). El origen de esta obra se relaciona en un principio con la celebración del centenario de su natalicio, la cual contó con el apoyo y patrocinio de la Comitatio Nazionale per le Celebrazioni del V Centenario della Nascita di Bernardino Telesio (1509-2009). A la presentación le siguen seis capítulos, la mayoría de los cuales se leyeron en un encuentro en la Universidad de Barcelona, mientras que el resto son trabajos que Granada consideró pertinente incluir.

Además de celebrar el natalicio de Telesio, uno de los propósitos esenciales de esta publicación es dar a conocer en castellano a un filósofo poco estudiado en nuestro medio y mostrar que se trata de un pensador importante para lo que se conoce como la Revolución científica pues, como veremos, Telesio combatió el aristotelismo -sobre todo en la filosofía natural- mediante la elaboración de una nueva filosofía de la naturaleza con el fin de alcanzar más verdades y una mayor eficacia frente a la realidad.

Desde mi punto de vista, los seis capítulos se pueden dividir en dos temas centrales: la nueva filosofía natural y la astronomía. Los dos primeros capítulos se dedican sobre todo a la nueva física e incluyen la revolucionaria propuesta de Telesio en contra de la filosofía natural aristotélica en la que expone un conjunto de planteamientos nuevos y radicales como, por ejemplo, que la nueva filosofía de la naturaleza debe ser independiente de la teología y la metafísica, y que requerimos de otro método de aproximación a ella que se base en la experiencia. Estos dos primeros aspectos se encuentran ya en su obra fundamental que, según los expertos, el filósofo modificó y corrigió hasta su muerte y dio por resultado un trabajo de madurez que Telesio publicó por primera vez a la edad de sesenta años en Roma (1565) y que apareció después con el título definitivo de la última edición como De rerum natura iuxta propria principia (Nápoles, 1570).

Los autores reunidos en la antología coinciden en afirmar que el filósofo de Cosenza propuso ideas novedosas y colaboró de manera relevante en la configuración de la nueva imagen del mundo que se comenzó a construir en el Renacimiento y que concluyó Newton en el siglo XVII. Acerca de las dos primeras ideas que mencioné, vale la pena comentar que fueron bien recibidas e incluso aceptadas por Francis Bacon, Giordano Bruno y Tomaso Campanella.

En cuanto al segundo tema del libro, cabe señalar que abarca algunos asuntos de astronomía sobre los que Telesio se explaya tanto en las primeras ediciones de De rerum natura como en los dos opúsculos que se consagran de manera exclusiva al tema y que publicó póstumamente su discípulo Antonio Persio. Un elemento común en las obras escritas por Telesio es, según los estudiosos, su antagonismo contra Aristóteles.

Acerca de la nueva imagen de la naturaleza que Telesio deseaba establecer, vale comentar que Francisco Patrizi fue el primero en indicar que el pensador italiano no logró cumplir del todo con lo que se propuso, pues existe por lo menos un principio que no tiene su origen en la experiencia. Patrizi arguye que Telesio no fue del todo coherente ni convincente porque el concepto de materia no proviene de la experiencia, sino de la razón.

Este debate es importante pues nos permite percibir lo difícil que resulta romper con un modelo o paradigma que cuenta con el apoyo y la aceptación de una gran mayoría y que lleva mucho tiempo en la mente de las personas. Un proyecto tan adelantado como el de Telesio de una filosofía natural sin las tutelas de la teología y la metafísica es una idea muy revolucionaria, una semilla que terminará por germinar sólo después. Roberto Bondi, autor del primer capítulo titulado “Dios, naturaleza y alma en Telesio”, concluye su trabajo con las siguientes (y elocuentes) palabras: “El punto que interesa subrayar como conclusión es que, a pesar de las muchas incongruencias, contradicciones y preocupaciones, Telesio permanecía todavía, en la última edición del De rerum natura, fiel a muchos aspectos de la radicalidad de su naturalismo” (p. 42).

Ahora bien, si analizamos la física que propone Telesio en su refundación de la filosofía natural, encontraremos elementos muy novedosos y contrarios a la filosofía de Aristóteles. Primero, su concepción de la “materia” como algo homogéneo. Segundo, y a diferencia del Estagirita, no cree que exista una diferencia radical y esencial entre los cielos y el mundo sublunar o terrestre. Tercero, su noción de “espacio”, en oposición a la de “lugar”, propia de Aristóteles. Según Karl Schuhmann, autor del segundo capítulo titulado “El concepto de espacio en Telesio”, el concepto de espacio no se origina en la filosofía griega, sino que es una idea completamente moderna. Se trata de una noción que Telesio reformula y que utilizarán después tanto Newton como Einstein. Schuhmann comenta la importancia de la aportación de Telesio a la física, una más de las razones por las que Francis Bacon lo consideró un innovador y que hizo que el italiano influyera también en otros filósofos posteriores como Gassendi, Charleton, Campanella y More.

Según Telesio, el espacio se puede distinguir de los cuerpos de manera radical. Las cosas y el espacio son absolutamente inconmensurables. El espacio es el lugar de todos los seres corporales y, al ser indiferente respecto de todos los cuerpos, no es sino una capacidad o aptitudo para recibir los cuerpos. Además, el espacio no sufre ninguna modificación por causa de los cambios de las cosas y es anterior a los cuerpos; es decir, los cuerpos requieren de un espacio para existir; en cambio, el espacio es absolutamente independiente de ellos. Schuhmann incluso comenta que esta noción es semejante a la de “sustancia”, si ésta se entiende como casusa de sí misma. Por último, hay que añadir que Telesio también incluye la posibilidad de un espacio vacío tan radicalmente independiente y anterior a los cuerpos que puede darse el caso de que exista sin ellos y que, de igual forma -pero a diferencia de los cuerpos-, sea incorpóreo e inmóvil, como si fuera una “especie” de “sustancia” pura que carece de cualquier tipo de cualidad sensible. En fin, queda patente que la transformación del concepto aristotélico de “lugar” al del “espacio” telesiano es una de las contribuciones más importantes del filósofo de Cosenza a la nueva filosofía natural y que su vigencia llega hasta nuestros días.

El tercer capítulo, escrito por Michel-Pierre Lerner, se titula “La física celeste de Telesio: problemas de interpretación” y es una especie de puente o bisagra entre los dos anteriores y los tres posteriores, pues su tema es el movimiento de los cuerpos celestes, las esferas y las estrellas fijas, o sea, el complejo entramado de la astronomía medieval relacionado con los temas de la física en el que la cuestión central es explicar los movimientos de los cuerpos celestes. Lerner muestra cómo en las diferentes ediciones de De rerum natura el filósofo italiano cambió de punto de vista. Parece que, sobre este tema físico-astronómico, Telesio no puede considerarse un astrónomo y que lo más adecuado, según el autor, es verlo como un filósofo al estilo medieval que habla sobre la naturaleza de lo celeste. Sin embargo, algunas de sus afirmaciones sobre los cielos contradicen su perspectiva empirista, ya que varias de las cuestiones que menciona no son objeto de la observación sensible, como es el caso de las esferas en las que se mueven los planetas.

Según Lerner, otro problema es que Telesio en realidad se quedó atrapado en la autoridad que aún ejercía Aristóteles, y esto se complica aún más porque a veces toma algunas partes de la teoría aristotélica y otras no, lo cual genera aporías, inconsistencias e incluso contradicciones en sus diferentes aproximaciones a la astronomía en De rerum natura. Además, hay ocasiones en que afirma que sigue a los antiguos, pero no está claro a quiénes se refiere.

Por último, a partir del capítulo de Lerner, podemos confirmar una vez más lo difícil que es cambiar de modelo de pensamiento y que, aunque Telesio intenta partir de un nuevo paradigma, queda después de todo atrapado en justo lo que deseaba eliminar. Lerner concluye que todo lo anterior no significa -ni el autor pretende sugerir- que haya que desconocer la magnitud de la empresa de Telesio y la transformación y renovación a las que dio lugar en las teorías físico-astronómicas de la segunda mitad del siglo XVI, pues sólo desea mostrar los límites de la indagación telesiana.

Los capítulos cuarto y quinto están a cargo de Miguel Ángel Granada. Dado que ambos se refieren sobre todo a la astronomía, los comentaré en conjunto. El capítulo cuarto aborda el tema de los cometas y se titula “Telesio y las novedades celestes: una teoría telesiana de los cometas” y el quinto se llama “Telesio y la Vía Láctea”. La reflexión sobre la naturaleza de los cuerpos celestes, sus movimientos y ubicación fue un asunto que provocó discusiones acaloradas en el Renacimiento por la aparición de una nova muy grande llamada Casiopea, la cual se podía ver a simple vista tanto de noche como de día y que permaneció en los cielos desde noviembre de 1572 hasta marzo de 1574. Aunado a este fenómeno, también tuvo lugar el paso visible de un cometa en 1577. Ahora bien, estos sucesos, cuya característica esencial es la de aparecer y desaparecer, ponían en cuestión -o por lo menos no se podían entender desde la teoría aristotélica de los cielos en la que el mundo celeste o supralunar contiene las esferas de los planetas desde la Luna a Saturno e incluso las estrellas fijas- el mundo perfecto e inmutable cuyo único cambio era el movimiento circular de las esferas celestes por ser expresión de lo perfecto. Todo lo anterior forma parte de lo que Aristóteles expuso en su libro Sobre el cielo, donde no cabían acontecimientos pasajeros que involucraran otros cuerpos celestes. (Aunque Aristóteles sí escribió sobre los cometas en su obra Meteorología, lo hizo en el contexto de los sucesos atmosféricos o meteorológicos.)

Debido a que la perspectiva teórica dominante de esa época sobre los cuerpos celestes era una combinación de Aristóteles y Ptolomeo, los “nuevos fenómenos” alimentaron la polémica y diversos pensadores intentaron ofrecer respuestas, con lo que Telesio se ubicó entre la tradición aristotélica y los innovadores contrarios al Estagirita.

En relación con los cometas y la Vía Láctea (en los capítulos escritos por Granada), se nos dice que Telesio ofreció en su obra magna De rerum natura una descripción de los movimientos y la naturaleza de los cuerpos celestes, pero que Patrizi, su crítico más persistente y agudo, le formuló una objeción al sostener que una parte de esa teoría -la que corresponde a la existencia de las esferas celestes- era incompatible con el naturalismo o la experimentación que el filósofo propugnaba porque no eran objetos de la percepción. Granada comenta que Telesio modificó su propia teoría cometaria en la siguiente edición de su obra fundacional y que, al final, optó por dejar el tema fuera de ella para abordarlo en un opúsculo aparte.

Algo que podemos apreciar en el largo y complejo recorrido de Granada por la gestación de la nueva teoría cometaria de Telesio es el surgimiento de una nueva perspectiva -a la que Granada llama “teoría óptica”-, formulada primero por Girolamo Cardano y a la que Telesio agrega algunos elementos de naturaleza aristotélico-ptolomeica; empero, es importante aclarar al lector que el filósofo de Cosenza nunca aceptó el heliocentrismo de Copérnico.

A continuación, el capítulo que Granada dedica a la concepción de Telesio sobre la Vía Láctea nos brinda un panorama muy amplio de las diferentes teorías sobre el tema, como la aristotélico-ptolomeica, la platónica-pitagórica y la de la Edad Media, hasta llegar a la del pensador bajo estudio. Al final Granada concluye con la versión que puede encontrarse en un opúsculo y en la que Telesio afirma que la Vía Láctea no es un fenómeno análogo a los cometas (contra Aristóteles), sino que es un cuerpo celeste y, por lo tanto, posee las características de los seres celestes como la permanencia, la inmutabilidad y un movimiento idéntico al del cielo supremo y las estrellas fijas.

Después de la lectura del capítulo sexto titulado “Telesio y el debate sobre la naturaleza de la luz en el Renacimiento italiano” de Susana Gómez, el último del libro, me parece que los aspectos innovadores de la filosofía natural de Telesio adquieren mayor nitidez. El tema de este apartado es la naturaleza de la luz, y encontramos en él que el filósofo logra cumplir sus intenciones teóricas de proponer con una filosofía natural, independiente de la teología y metafísica, una alternativa tanto para las corrientes aristotélicas y neoplatónicas como para las materialistas. Tales teorías de la luz produjeron una discusión rica y nutrida en el Renacimiento que alimentó las reflexiones posteriores del siglo XVII.

Gómez afirma de manera clara que la filosofía natural de Telesio se vincula de manera estrecha con los elementos esenciales del calor y el frío, y que son tan importantes que la autora los considera “la columna vertebral” de dicha filosofía. Con estos dos principios -propios de la naturaleza y no de la teología o la metafísica-, el filósofo cumple su primer propósito y, además, da cuenta del fenómeno de la luz, entre otros. Según él, la luz surge de la dicotomía entre el frío y el calor, la luz y las tinieblas, en la que la luz es un aspecto del calor y el Sol el principio activo, la fuente de cambio y transformación de todas las cosas existentes.

Como comentario final deseo subrayar que el libro cumple con creces sus intenciones principales: incorporar a Telesio a nuestra lengua y dar a conocer su filosofía natural. Además de ofrecer en su conjunto muchas ideas y sugerencias sobre las diferentes etapas y propuestas de la obra de este destacado filósofo, cada capítulo del libro es muy interesante en sí mismo, pero la totalidad de la obra nos entrega un panorama excelente y completo de las diversas cuestiones, debates, problemas, dificultades, limitaciones y detalles con que se enfrentó Telesio. Por su rigor, claridad y riqueza recomiendo ampliamente este libro a profesores, estudiantes y al público en general que se interese en la historia del Renacimiento, la historia de la ciencia y la filosofía de la ciencia.

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