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Diánoia

versão impressa ISSN 0185-2450

Diánoia vol.58 no.71 México Nov. 2013

 

Reseñas bibliográficas

 

Jacques Derrida, Universidad sin condición

 

Jorge Brower Beltramin

 

Trad. Cristina de Peretti y Paco Vidarte, Trotta, Madrid, 2010, 77 pp.

 

Universidad de Santiago de Chile. Correo electrónico: jorge.brower@usach.cl

 

L'Université sans condition, título original de este texto publicado por primera vez en 2001, corresponde a una conferencia pronunciada por Derrida en la Universidad de Stanford (California), en el mes de abril de 1998 (en el contexto de las Presidential Lectures). Su reedición en 2010 constituye, a mi juicio, una buena oportunidad para revisar este magistral ejercicio deconstructivo desplegado por el filósofo francés en torno a la universidad y su por-venir desde una dimensión de sentido central como lo son las Humanidades.1

El movimiento/desplazamiento deconstructivo sobre este tema arranca de una profesión de fe, de una convicción que, desde mi perspectiva, hace volver permanentemente el ejercicio deconstructivo sobre una creencia esencial del autor en relación con los topoi-espacios universidad y Humanidades. La compleja trama de asociaciones semánticas que surge de estos espacios simbólicos intenta articular una óptica sin condición que dé cuenta de esa creencia mediante una serie de proposiciones. Derrida nos adelanta que esta creencia sostiene que la universidad tiene una vocación de búsqueda de la verdad desde una libertad incondicional. Cualquiera que sea el estatus de esta lux-verdad, su revelación, adecuación o construcción requieren de amplios horizontes interpretativos no supeditados a presiones o poderes que limiten su comprensión. Esta afirmación radical de Derrida debe ser asumida en el espacio de unas nuevas Humanidades. Es allí donde se debe producir la discusión incondicional sobre la verdad y los campos simbólicos asociados a ella en el contexto actual, pero también en el pasado y en los posibles escenarios del futuro. Para el autor, esta discusión, que simultáneamente es una producción discursiva que fluye sin márgenes preestablecidos, apunta a la resistencia incondicional que la universidad debe expresar desde los propios presupuestos y axiomas con que ha funcionado la institución y sus diversas facultades. En la antesala discursiva de esta deconstrucción sin condición sobre la universidad y las Humanidades, el autor señala estas coordenadas propositivas insistiendo en que la universidad debe ser el lugar en que nada está a resguardo de ser cuestionado, incluyendo a la crítica teórica desde la que emerge la producción del conocimiento-verdad. Derrida es consciente de que se trata de una ciudadela expuesta que a veces se vende, es tomada o se transforma en una sucursal de consorcios y de firmas internacionales. Precisamente esta situación es la que obliga a la universidad a afirmar una independencia incondicional, una suerte de soberanía que no conduzca a la abstracción críptica e inexplicable que en ocasiones puede percibirse en el espacio universitario. Re-pensar el concepto de hombre, de humanidad, debiese ser tarea privilegiada de la universidad y, dentro de ella, de las Humanidades, espacio de resistencia irredenta que la deconstrucción asume para su comprensión, tensionando múltiples esferas de sentido, fracturándolas para abrir espacios sin límites. La práctica deconstructiva debiese entonces, a juicio del autor, instalarse en el nuevo topos-espacio de las Humanidades que incluye el derecho, las teorías de la traducción, la teoría literaria y la filosofía, entre otras áreas del saber. Desde este espacio abierto por una profesión de fe, cuestión que alimenta y a la vez tensiona el desplazamiento deconstructivo, se instala con fuerza el principio de incondicionalidad que define centralmente a las Humanidades.

Delimitadas estas coordenadas de sentido que servirán como referencias para la reflexión-proposición de Derrida, la conferencia-texto se desarrolla a través de cuatro puntos o secciones. En la primera de estas secciones el autor indaga en la naturaleza del trabajo universitario. Producto de la virtualización o de las diversas técnicas de la virtualización, el hábitat universitario se trastorna haciendo que su topología resulte inestable y muchas veces borrosa. Podemos destacar en este punto la pregunta por el lugar comunitario de la universidad de hoy, en definitiva por su campus en la era ciberespacial. Frente a esta problemática conceptual y definicional aparece la modalidad del como si para referirse al hacer en entornos o espacios virtuales. Esta modalidad conduce el proceso deconstructivo a otro problema académico: el del profesar como declaración y como compromiso. La pregunta entonces se orienta hacia este profesar y su vinculación con el trabajo en la universidad y en particular en las Humanidades.

En la segunda sección del texto, el filósofo profundiza con respecto al profesar como trabajo en la universidad y en las Humanidades en particular. Lo que aquí se profesa tiene que ver en este análisis con la enseñanza de un saber, de un conocimiento. Nuevamente el autor vuelve sobre la profesión de fe como punto de partida del hacer en la universidad, entendida como compromiso y a la vez como principio de resistencia incondicional de la universidad. La modalidad del como si cobra gran importancia ya que permite la construcción de un entramado simbólico en el que se da cuenta de la inmunidad absoluta, de la inviolabilidad de los campus que debe ser reafirmada constantemente. En este contexto, el trabajo, la profesión de fe de los académicos se expresa finalmente a través de los cuerpos vivos que interactúan en este espacio.

La tercera sección o punto desarrollado por Derrida retoma la modalidad del como si y el sentido del trabajo-labor en la dimensión de lo real (y no de lo virtual), siguiendo la huella semántica de lo laborioso asociada al dolor y a la penalidad. El recorrido deconstructivo en esta parte de su trayecto se conecta con los trabajadores universitarios, muchas veces mal pagados e ignorados por estas instituciones. Esta consideración también vale, a juicio del autor, para asumir la tarea deconstructiva de las Humanidades tensionando las estructuras clásicas de los departamentos en los que se organizan las disciplinas y yendo más allá de sus límites tradicionales para abrir nuevos espacios y perspectivas de reflexión. La profesión de fe planteada por Derrida exige un nuevo encuentro entre las disciplinas a partir del cuestionamiento incondicional de sus procesos de producción de conocimiento.

Por último, en el cuarto punto del texto, Derrida intenta una conclusión (cuestión difícil desde la lectura deconstructiva) con respecto a las proposiciones antes señaladas. Desde la profesión de fe referida a la universidad, su preocupación se centra en las Humanidades. Allí vuelve sobre la necesidad de revisar la historia de sus disciplinas, su desarrollo y estado actual. En esta revisión emerge la necesidad de que sea la figura de lo propio del hombre aquello que centre su atención en una nueva construcción de la modalidad del como si universitario y humanista. También, las nuevas Humanidades debieran preocuparse por la historia de la democracia y de la soberanía a propósito de problemáticas emergentes, como la disolución de las ideologías y la trasposición del ciberespacio respecto del territorio de la vida cotidiana y del trabajo que en él se desarrolla. En esta conclusión, el autor incluye problemáticas como la historia de la literatura y la historia de la profesionalización y del profesorado, con el fin de ver cómo aparecen en este por-venir de la universidad y de las nuevas Humanidades. Estas afirmaciones conclusivas conducen o se conducen en último término a una problematización-revalorización y, por lo tanto, redescubrimiento del saber, de la profesión de fe y de la puesta en marcha del como si en el espacio universitario y en particular en el de las Humanidades. En tal dirección, para Derrida es clave el hecho de que en el origen de esta tarea deconstructiva se tensiona al límite el como si, entendido en su estatus de problema central que ocupa dicha actividad deconstructiva. Esto, porque la deconstrucción precisamente tiene que ver con lo que ocurre, cuestionando toda modalidad del como o del quizá en su condición de virtualidad o virtualización, que nos lleva a un estado de incertidumbre respecto de un más allá al cual nos volcamos. Para el filósofo, ese más allá se completa hipotéticamente en la afirmación de cierta independencia incondicional del pensamiento, independencia-distanciamiento de la propia deconstrucción, de las Humanidades y finalmente de la universidad.

El texto reseñado sin duda estimula nuestro hacer en la ciudadela universitaria, en el campus y dentro de estos topoi-espacios, en el ámbito de las Humanidades, convocadas desde la voz de Derrida a recuperar o a adquirir una soberanía incuestionable que, sin dejar de exponerse a las fuerzas de fuera (culturales, ideológicas, políticas, económicas u otras), pueda negociar con ellas y organizar su resistencia y soberanía poniendo en marcha una contraofensiva inventiva capaz de re-apropiarse de esa soberanía para ir en busca del sentido del sentido, es decir, de lo que ocurre casi a pesar de la modalidad del como si, para encontrarse definitivamente con la acción esencial de la deconstrucción.

 

NOTA

1 El texto reseñado es de gran relevancia para la construcción del marco teórico de la investigación "Geografía dicursiva/ideológica de un movimiento social: la manifestación de los universitarios durante los años 2011 y 2012 en Chile", código 031376BB, financiado por el Departamento de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (DICYT), dependiente de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Santiago de Chile.

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