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Diánoia

versão impressa ISSN 0185-2450

Diánoia vol.57 no.69 México Nov. 2012

 

Reseñas bibliográficas

 

Mario Teodoro Ramírez, La razón del otro: estudios sobre el pensamiento de Luis Villoro

 

Victórico Muñoz Rosales

 

México, Instituto de Investigaciones Filosóficas-UNAM, 2010, 178 pp. (Cuadernos, 71)

 

Escuela Nacional Preparatoria, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México. victorico2@yahoo.com.mx

 

Mario Teodoro Ramírez nos ofrece en este libro una visión de conjunto del pensamiento de Luis Villoro, uno de nuestros mejores filósofos. El texto consta de siete extensos apartados en los cuales el autor expone el desarrollo del pensamiento de Villoro a lo largo del siglo XX y principios del XXI. Así, en el primer apartado titulado "Dialéctica filosófica de Luis Villoro" nos presenta las etapas que ha atravesado su filosofía; en el segundo apartado aborda el problema siempre presente de "Una filosofía de la otredad"; en el tercero expone el tema de "México en el alma de Luis Villoro"; el cuarto lleva por título "Frónesis intercultural", asunto que enfrentará al problema de la autenticidad en el apartado quinto, donde relaciona el pensamiento europeo de Alessandro Ferrara con el de Luis Villoro; de manera similar, en el sexto apartado se relaciona a Villoro con Jean-Luc Nancy por el tema de la comunidad posible. El libro cierra con una entrevista realizada por Ramírez al filósofo y con una bibliografía de Villoro bastante completa. La hipótesis del autor es que la evolución personal de la filosofía de Villoro es "un modelo en pequeña escala del desarrollo, las aventuras y los avatares de la filosofía y cultura mexicanas del siglo XX hasta nuestros días".

 

1. Dialéctica filosófica de Luis Villoro

Si se nos pidiera caracterizar la filosofía mexicana del siglo XX, ¿qué destacaríamos o cómo la describiríamos? A Ramírez le parece que esa filosofía tiene como eje central la problemática entre lo universal y lo particular, y que la dialéctica de esta relación va de la crítica a lo universal y la búsqueda de lo particular, pasando por el énfasis en lo universal por encima de lo particular, hasta la postura que, frente a esos dos extremos, ahora se concibe como pluralista. De acuerdo con la hipótesis del libro, tal descripción nos explica el hecho de que, entre los años cuarenta y sesenta, Villoro fuera particularista y desarrollara al principio la filosofía de lo mexicano con el grupo Hiperión. En esta etapa escribe Los grandes momentos del indigenismo en México (1950) y El proceso ideológico de la revolución de independencia (1953). En los años que van de los sesenta a los ochenta Villoro se hace universalista y cultiva su etapa analítica, durante la cual publica Estudios sobre Husserl (1975) y Creer, saber, conocer (1982). Finalmente, desde los ochenta hasta la actualidad, Villoro desarrolla su etapa pluralista: con títulos como El poder y el valor (1997), Estado plural, pluralidad de culturas (1998), Vislumbres de lo otro. Ensayos de filosofía de la religión (2006) y Los retos de la sociedad por venir (2007). Ramírez considera que Villoro "asume y practica un concepto pluralista de la razón. Reconoce de buena gana que hay diversas formas de racionalidad", con lo que el mismo autor da muestras, en su interpretación de la filosofía de Villoro y de la filosofía mexicana del siglo XX, de una racionalidad hermenéutica. A mi juicio, mucho nos falta a los mexicanos para conocer nuestra filosofía y sus derroteros históricos, e incluso es necesaria una filosofía de la historia de la filosofía mexicana que nos permita interpretarnos y descubrir sentidos de lo que hacemos en filosofía. En este sentido, el esfuerzo de Mario Teodoro Ramírez es el de ayudarnos a continuar nuestra autognosis.

 

2.   Una filosofía de la otredad

De acuerdo con el análisis de Ramírez, la reflexión filosófica de Villoro sobre la otredad humana vista en perspectiva resulta sistemática y central en su pensamiento. Asimismo, es un desafío que, salvo en contadas excepciones (Hegel, Husserl, Heidegger, Sartre, Marcel, Merleau-Ponty y Lévinas) no siempre han enfrentado las filosofías occidentales. Su aporte en ese sentido está no sólo en la toma de postura con respecto al otro, en su reconocimiento y en la constatación de su dignidad, sino incluso en la consideración a su racionalidad "otra". Los rasgos del pensamiento de Villoro al respecto serían: 1) su visión plural de la otredad, cuyo proceso de realización con el otro pasa por a) un estadio interpersonal de constitución de la subjetividad e intersubjetividad en nuestras experiencias personales; b) el estadio intercultural, en el cual el otro no es sólo una persona, sino que también puede ser una comunidad de cultura con la que es igualmente posible crear lazos de entendimiento intersubjetivos; c) el estadio metafísico, en donde nos acercamos al Otro absoluto, divino o sagrado y d) el estadio de la praxis social, donde nos organizamos con los otros y transformamos nuestro entorno y comunidad humana. Otro rasgo del pensamiento del filósofo sobre la otredad está en 2) su visión crítica del ego; ésta también tiene un proceso que va de a) la descentración del ego, (no sólo individual, sino también social, cultural o filosófico) acompañado de b) un descentramiento del etnocentrismo del pensamiento y de c) un descentramiento de concepciones del mundo antropocéntricas o logocéntricas que nos posibiliten d) el descentramiento de visiones reductivistas e individualistas de la sociedad. Estos rasgos van pues a posibilitar la inclusión del otro, de todos, y a evitar críticamente la exclusión en todas sus formas y sentidos. El otro que ha sido paradigmático para Villoro ha sido nuestro indígena; por eso puede decir Ramírez que "El valor y el interés por el conocimiento y reconocimiento de los pueblos indígenas de América radica en que ellos han sabido mantener vivo [...] el ideal comunitarista. Porque han insistido en mantener presente una visión del mundo, del cosmos todo, radicalmente contraria a la occidental moderna."

 

3.    México en él alma de Luis Villoro

En las circunstancias actuales por las que atraviesa México se ha perdido el rumbo, y de nueva cuenta es necesario repensar con radicalidad nuestros problemas. Considero que partir de la propia realidad siempre ha sido uno de los principios de la filosofía mexicana, básicamente desde Justo Sierra, Antonio Caso y José Vasconcelos, quienes impulsaron el proyecto de una filosofía propia, de la filosofía mexicana en los inicios del siglo XX. Este principio —que le da en parte su autenticidad— fue retomado por Samuel Ramos con su filosofía del mexicano y por los hiperiones cuando crearon su filosofía de lo mexicano. En este sentido, Villoro ejemplifica un filosofar arraigado en la circunstancia mexicana y con una pretensión de verdad de alcance universal. ¿Qué pasa con la realidad mexicana? ¿Cuáles son sus problemas? Muchos, desde luego; sin embargo, según Ramírez, Villoro piensa que el problema actual de México es el de su viabilidad como sociedad, como nación. Y lo que pone en peligro la viabilidad de México como sociedad o nación es la violencia:

Violencia como negación y desconocimiento del otro, violencia como ideológica negación de la realidad, como intento de evadir la irremediable contextura temporal de nuestro ser; violencia como injusticia inamovible, como desigualdad sin límite, en fin, violencia como incapacidad de comprender, de conocer, de razonar, esto es, de pensar.

De ahí el esfuerzo de Villoro por reintroducir el ejercicio autónomo, crítico de la razón, de hacer patente el necesario ejercicio filosófico de dar cuenta y razón de los problemas buscando sus soluciones más amplias y adecuadas. Partir de la realidad y, además, pensarla de manera crítica y reflexiva para concienciar, organizar y transformar sus condiciones y problemas. Dotar de racionalidad al ejercicio y la praxis sociales, pero de una racionalidad diferente, no excluyente ni autoritaria, sino dialogante, incluyente, una racionalidad más razonable. Asunto medular será entonces para Villoro —lo mismo que para Ramírez— "la conformación de una tradición intelectual y filosófica mexicana capaz de asumir su propio contexto histórico-cultural y de participar activamente en la evaluación y discusión de la problemática del país".

Dicha racionalidad, como lo ve claramente Ramírez, tiene en Villoro buena carga de prudencia (frónesis), de un carácter ético emancipatorio que distinga lo ideológico y lo utópico en las soluciones para el problema de México.

 

4. Frónesis intercultural

La exigencia y construcción de una visión del mundo y de la vida basada en valores, en una racionalidad razonable, que no excluya ni violente, basada en el reconocimiento de la diferencia, en el reconocimiento del otro, ¿no nos lleva al relativismo cultural? Para Villoro esta inquietud supone el reconocimiento de la diversidad cultural y de la interculturalidad, que ciertamente pueden llevar al extremo del relativismo cultural o al regreso de lo mismo y entonces irse al otro extremo del universalismo abstracto. Pero recordemos que Ramírez ha valorado la posición actual de Villoro desde su fase del pluralismo crítico y, por lo tanto, ha visto cómo el filósofo busca una tercera alternativa que supere ambos extremos. A mi juicio, lo hace con base en otro principio de la filosofía mexicana: a lo universal se llega por lo particular. Es decir, que con el respeto a la diversidad que nos constituye individual, social y culturalmente, con el reconocimiento de la diferencia, alcanzamos una vía intermedia con pretensiones universales: el multiculturalismo. Con él no tenemos que adoptar una visión determinada del mundo que se pretende por decreto universal, sino que en el conjunto de la interculturalidad se va construyendo, entre todos, sin exclusión, una verdadera universalidad cultural. Para Villoro son cuatro los principios de ésta: 1) la capacidad que cada cultura tiene de decidir por sí misma, o autonomía; 2) la consistencia y coherencia entre necesidades, deseos, creencias y comportamientos, o autenticidad; 3) la postulación de fines alternativos para la realización individual y el bien común, es decir, la finalidad, y 4) la procuración de los medios y recursos para lograr sus fines, o eficacia. En este punto Ramírez complementa estos principios para dotarlos de cierto carácter normativo como criterios para el ejercicio multicultural prudente o de una frónesis intercultural. Tales criterios son: 1) Criterio de concreción o circunstancia, con el cual se busca prudentemente la solución más plausible y adecuada; 2) Criterio de apertura o indeterminación, que consiste en el establecimiento de relaciones sin presupuestos o prejuicios sobre el otro, sino que se construyen como si fueran inéditas; 3) Criterio de universalidad hipotética, según el cual la universalidad se conserva como ideal regulativo aunque estén en primer plano la diversidad y diferencia multicultural; 4) Criterio de la parcialidad o los encuentros laterales, que afirman que en las relaciones interculturales se supone el conflicto pero también el logro de acuerdos y soluciones a manera de una síntesis cultural que permite el entendimiento y la conjunción de esfuerzos.

La formulación de estos criterios, como señala Ramírez, "corren por su cuenta" y constituyen un marco normativo lo bastante amplio para una racionalidad razonable a la manera de Villoro o una racionalidad hermenéutica como la que se ve que pone en ejercicio nuestro autor reseñado.

 

5. Autenticidad y frónesis. De Ferrara a Villoro

A últimas fechas se constata la convergencia temática y problemática entre filósofos y filosofías de diferentes tradiciones culturales. Lo "glocal" seguramente explica en parte este fenómeno pero, a mi parecer, es en una profunda comprensión de la historia de la filosofía en México donde se encuentra la clave del asunto. La aparición de "las Indias" como continente y nuevo mundo trajo consigo el hecho de que los europeos ya no fueran más los mismos; inventándonos a nosotros tuvieron que redefinirse ellos mismos. La constitución de la relación ha variado a través del tiempo, pero no el hecho de la relación, del vínculo mismo. A épocas ancestrales de relaciones de dominio y colonización le han seguido otras de independencia y aprendizaje. Hoy filosóficamente nos enfrentamos al problema de hallar solución o alternativa a, por un lado, los extremos relativistas que atacan el proyecto de la modernidad constituyéndose en posmodernismos, así como, por otro lado, a los intentos de los universalistas por volver a instaurar su racionalidad formal. Pero estos esfuerzos, en el orden mundial actual, no están tomando en cuenta la experiencia del mundo pobre, de sus antiguas colonias y, por lo tanto, continúan excluyéndonos. Entre nosotros, dice Mario Teodoro Ramírez, se encuentran Enrique Dussel y Luis Villoro, quienes convergen en la construcción crítica de una tercera vía, de la alternativa planteada filosóficamente por el pensamiento contemporáneo, pero, digo yo, desde la parte sufriente, victimizada y excluida del globo. No por nada el carácter de sus filosofías es crítico-emancipatoria-libertaria y autonómica, siendo ésta expresión auténtica de la circunstancia y realidad con la cual se comprometen.

Además de la estadounidense Martha Nussbaum, por la parte europea están Albrecht Wellmer, Axel Honneth, Giorgio Agamben y Alessandro Ferrara (Autenticidad reflexiva. El proyecto de la Modernidad después del giro lingüístico, Madrid, 2002), de quien Mario Teodoro se ocupará por ser un autor también "convergente" con la problemática y el pensamiento de Luis Villoro. Esta afinidad se advierte en la defensa de los procesos de autenticidad y autonomía que permiten mantener a distancia crítica, sin desconocerlos, tanto a modernos como a posmodernos, así como a los extremos relativistas que caen en lo ideológico y a los universalistas abstractos que legitiman el colonialismo cultural. Alessandro Ferrara propone este enfoque desde la crítica a la filosofía del sujeto, sustento del racionalismo clásico y la Ilustración; así, la autonomía y la autenticidad construidas intersubjetivamente recuperan las vivencias del sujeto, su proyecto, identidad y realidad, que le permiten ser él mismo. Este ámbito de lo particular requiere o apunta a lo universal, pero a un universal también diferente, a un "universal ejemplar": la humanidad se expresa en cada ser humano individual —asunto que Emilio Uranga ya había establecido el siglo pasado cuando propuso al mexicano como prototipo de lo humano (como igual podría haber sido cualquier otro ser humano: cubano, argentino, alemán, etcétera).

Ya desde los años cincuenta y sesenta, Villoro también había puesto su atención en la autenticidad para evitar tanto un europeísmo que nos destinara a sólo pensar lo pensado por otros, como un mexicanismo a ultranza que nos encerrara en nosotros mismos, sin contacto con los demás. Ya he apuntado aquí los elementos de la autenticidad como congruencia y coherencia entre necesidades, deseos, creencias y actitudes (congruencia entre el ser, el decir, el pensar, el hacer) y que con ello se conquista la vida autónoma y su ejercicio. La conjunción de ambas propuestas, de acuerdo con Ramírez, hacen posible la construcción de una nueva racionalidad filosófica y cultural. ¿Podría ser ésta una racionalidad hermenéutica como la que sugiere a lo largo del texto nuestro autor? Pues de la conjunción de Ferrara y Villoro debe salir algo que ya es otra cosa más que una racionalidad razonable y una autenticidad reflexiva. Se hace necesario llevar las propuestas al análisis de la realidad para extraer sus posibilidades.

 

6. La comunidad, imposible: de Villoro a Nancy

Este apartado, junto con el anterior, resulta en un afortunado encuentro de tradiciones diferentes pero que construye un diálogo filosófico entre el pensamiento latinoamericano y mexicano y el pensamiento europeo. A mí me parece que es importantísimo considerar cada vez más nuestra filosofía en el contexto internacional y debatir con sus grandes figuras para que se incluya nuestra perspectiva y la filosofía toda se enriquezca y proponga reflexiones, problemas y soluciones válidas, útiles, prudentes, razonables y auténticas para todos. Por ello es un acierto el análisis de Ramírez cuando relaciona las problemáticas y las propuestas de pensadores de tradiciones culturales diversas. En este apartado se analiza a Jean-Luc Nancy (La comunidad inoperante (2000), La comunidad desobrada (2001), La comunidad enfrentada (2007)). A nuestro autor le parece que Villoro y Nancy analizan la problemática de la comunidad desde una perspectiva semejante (coincidencia que se extiende a Hannah Arendt, Appel, Berlin, Maclntyre, Todorov y Taylor), esto es, desde "una perspectiva, que sin dejar de reconocer el valor irrenunciable de la idea de comunidad, asume sin reservas la conciencia de sus límites, incluso de sus peligros: probablemente de su intrínseca, de su necesaria, quizá trágica irrealizabilidad." Si consideramos que la vida comunitaria como dadora de sentido humano y humanizante frente a un individualismo liberal de carácter egoísta es algo válido, importante e irrenunciable puesto que nos hace comprender los sentidos de lo comunitario, de la experiencia humana de lo común, ¿por qué resulta irrealizable? ¿En qué sentido es irrealizable? O ¿de qué nos priva su no realización? Quizá, como ya adelantaba el mismo Ramírez con respecto al multiculturalismo, debemos tomar el conflicto en las relaciones interculturales como algo que no puede desaparecer pero que nos acerca en el entendimiento; ahora se nos explica que, pese a necesitar al otro, no puede haber identidad con él o comunión pura, sino que debemos entenderla igualmente a la manera de un ideal regulativo que no se logra pero que nos acerca a la comunidad ideal. La idea es no autoengañarnos pretendiendo que ya logramos la utopía o creyendo que lo que alcanzamos es el ideal. Cualquiera que sea la intención, Ramírez ve en la propuesta de Nancy aportes enriquecedores que complementan a Villoro y, así, de la irrealizabilidad de la comunidad en donde seamos con los demás, podamos pasar o acercarnos a una comunidad en donde estemos en común con el otro: de Villoro a Nancy.

No comento el apartado séptimo, el cual constituye una entrevista; ése queda para que disfruten su lectura, ya que nos presenta a un Villoro en "movimiento".

Es evidente que la riqueza teorética y argumentativa del libro La razón del otro. Estudios sobre el pensamiento de Luis Villoro, sólo puede mencionarse y requiere para su mejor entendimiento de una lectura concienzuda y dilatada. A eso invito al lector interesado en la filosofía mexicana y en el conocimiento de autores nuestros como Luis Villoro. Se trata también de una lectura necesaria sobre todo si deseamos aportar algo a la filosofía mexicana. Me imagino lo que significa subirse sobre los hombros de Luis Villoro, Leopoldo Zea o Adolfo Sánchez Vázquez; podríamos ver más lejos y tener cimientos más sólidos. Prepararnos cada uno para seguir apoyando a los que vienen es una tarea que esta metáfora despierta en mí. Mario Teodoro Ramírez ya está en esta labor filosófica de ayudar a otros con su pensamiento y, fortalecido con el conocimiento de la filosofía de Luis Villoro, ahora nos lo comparte. Esta sola prenda lo hace merecedor de elogios, pero reconozco que más han sido sus aportes; ya habrá oportunidad de hablar de ellos en otra ocasión. Me atrevo a aventurar, por el momento, que tiene mucho que decirnos sobre el problema de la racionalidad, pero de la que él está vislumbrando, la de una racionalidad hermenéutica. Ya veremos...

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