SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.57 issue68Art and its Other. On Adorno's Anti-idealistic AestheticsSecularization and Messianism: The Political Thought of Jacob Taubes author indexsubject indexsearch form
Home Pagealphabetic serial listing  

Services on Demand

Journal

Article

Indicators

Related links

  • Have no similar articlesSimilars in SciELO

Share


Diánoia

Print version ISSN 0185-2450

Diánoia vol.57 n.68 México May. 2012

 

Artículos

 

Freud y Derrida: escritura en el aparato psíquico

 

Freud and Derrida: Writing in the Psychic Apparatus

 

Rosaura Martínez Ruiz

 

Facultad de Filosofía y Letras Universidad Nacional Autónoma de México. rosauramart@hotmail.com

 

Recibido el 7 de septiembre de 2011
Aceptado el 17 noviembre de 2011

 

Resumen

Este texto es el resultado de un ejercicio crítico de lectura, de mi lectura de Derrida como lector de Freud. A partir del análisis que hace Derrida en su ensayo "Freud y la escena de la escritura", discuto la necesidad de radicalizar algunas de las consecuencias que se siguen de la analogía que Freud establece entre el aparato psíquico y cierta máquina de escritura. Uno de los fenómenos que se desprenden de pensar la psique como un texto es que el sujeto habita incesantemente en la tensión de un entre: entre la herencia y lo porvenir. Este entre devela una temporalidad sui géneris donde los tiempos pasado, presente y futuro se mezclan y se funden.

Palabras clave: huella mnémica, facilitación, pizarra mágica, implosión temporal.

 

Abstract

This essay is the result of a critical reading exercise, of my reading of Derrida as a reader of Freud. From Derrida's analysis in his text "Freud and the Scene of Writing", I argue the necessity of radicalizing some consequences that emerge from the analogy established by Freud between the psychic apparatus, and a certain writing machine. One of the phenomena that thinking the psyche as a text points to is that the subject relentlessly dwells in the tension of a between: between the inherited and what is to come. This between unveils a sui generis temporality where past, present and future mingle and fuse.

Key words: memory trace, breaching, mystic writing-pad, implosion of times.

 

Este texto es el resultado de un ejercicio de lectura, de mi lectura de Derrida como lector de Freud.1 A partir del análisis que hace Derrida en su ensayo "Freud y la escena de la escritura", discuto la necesidad de radicalizar algunas de las consecuencias que se siguen de la analogía que Freud establece entre el aparato psíquico y cierta máquina de escritura. Se trata, entonces, de hacer una comparación crítica entre este modelo del aparato psíquico y aquello que Derrida describe como procesos de escritura.2

A lo largo de toda la obra de Freud, la psique3 aparece como un aparato que, en cuanto tal, tiene dos características fundamentales: primero, se entiende mecánicamente y, segundo, es irreducible a cualquier órgano anatómico materialmente aprehensible. Esta concepción de la psique explica por qué Freud, desde muy temprano en su trabajo, buscó analogías con aparatos tecnológicos (cámaras fotográficas, telescopios y microscopios) para explicar el funcionamiento del aparato psíquico.

Pero el insistente uso de estas analogías no responde exclusivamente ni a una intención pedagógica ni a la necesidad de transmitir un saber todavía en formación, sino que revela también del diseño mecánico que el mismo Freud daba a un aparato que, podemos decir, era exclusivamente "producto de su imaginación". En 1900, en La interpretación de los sueños, Freud hace una petición manifiesta al lector de imaginar este aparato; dice: "Nos mantenemos en el terreno psicológico y sólo proponemos seguir esta sugerencia: imaginarnos el instrumento del que se valen las operaciones del alma como si fuera un microscopio compuesto, un aparato fotográfico, o algo semejante."4

Veinticinco años después de La interpretación de los sueños, Freud escribe un pequeño y curioso texto que titula Nota sobre la pizarra mágica. Lo extraordinario de este artículo es que trata de una comunicación a propósito del descubrimiento, en el mercado, de un juguete infantil: un bloc donde se traza con un buril sobre una superficie que posee la propiedad de borrarse repetidamente y, a la vez, de conservar de una ingeniosa manera lo borrado. Este artefacto se adecuaba perfectamente, según Freud, como una ilustración del aparato psíquico que, en esos momentos, le parece poder caracterizar como una suerte de máquina.

La pizarra mágica es un artefacto de escritura constituido por tres capas: la última es una capa de cera de color oscuro sobre un cartón, sobre ella hay una hoja encerada transparente y encima otra más de celuloide que sirve de protección al estrato medio para que no se rasgue. Las dos hojas están unidas sólo en su extremo superior pero pueden separarse entre ellas. Lo más interesante es que no es necesaria la tinta para escribir sobre este dispositivo, sino que se utiliza un punzón sobre la hoja de celuloide y las inscripciones quedan grabadas en la capa de cera. Cuando se traza sobre la de celuloide, la capa de papel encerado se adhiere a la cera y se percibe la impresión; pero cuando este contacto se rompe, la escritura desaparece. Así, la capacidad de recepción es ilimitada; pero también lo es la capacidad de archivación, pues, como describe Freud, la desaparición o borradura de lo escrito es tan sólo una ilusión. Si levantamos la lámina de celuloide y el papel encerado podemos ver cómo todo trazo ha quedado grabado en la capa de cera. No obstante, esta capa tiene un perímetro definido y una materia delimitada, así que cada trazo que se inscriba en la pizarra irá llenando el área y escribiendo encima de lo ya dibujado. Además, lo ya inscrito hará que las nuevas marcas tomen ciertos caminos, esto es, condicionará el nuevo trazo.

Todas las analogías anteriores a la pizarra mágica de 1925 toman artefactos diseñados para simular, suplir o exagerar el sentido de la vista: cámara fotográfica, telescopio o microscopio, y aunque en el Proyecto de psicología de 1895 se anuncia cierta escritura psíquica en el proceso de la facilitación,5 no es hasta la Nota sobre la pizarra mágica cuando Freud explícitamente utiliza un aparato de escritura como metáfora del aparato psíquico. Como dice Derrida, desde el Proyecto de psicología a la Nota sobre la pizarra mágica se pasa de "una problemática del abrirse-paso [o facilitación] hasta conformarse cada vez más en una metáfora de la huella escrita".6

Lo sorprendente del diseño de la pizarra mágica era que resolvía uno de los problemas más añejos y originales del pensamiento freudiano: la necesidad de un aparato psíquico que pudiera cumplir con dos funciones que aparentemente se excluyen a la vez: percepción y memoria. Todas las analogías tecnológicas anteriores a este artefacto de escritura resultaban insuficientes; había siempre restricciones, pues no había máquina que retuviera y permaneciera receptiva al mismo tiempo. O la máquina almacenaba con un límite, y entonces cuando éste era alcanzado ya no había espacio para nueva información, o había una admisión ilimitada, pero con la condición de no archivar. Dado que el aparato psíquico debe guardar huellas y al mismo tiempo permanecer virgen para las nuevas percepciones, cuando la pizarra mágica sale al mercado, Freud queda fascinado; por fin una máquina que, como el aparato psíquico, archiva y recibe infinitamente.

Con todos estos antecedentes, considero que la pregunta guía de este trabajo puede ser: ¿qué pasa con el psiquismo en general y con la memoria7 en particular cuando el aparato psíquico se entiende como una máquina de escritura? A esta amplia y ambiciosa pregunta daré una respuesta circunscrita al problema que me parece central en esta discusión: la alterabilidad de la huella mnémica.

En su Nota sobre la pizarra mágica, Freud señala que el aparato psíquico "es ilimitadamente receptivo para percepciones siempre nuevas, y además [procura] huellas mnémicas duraderas —aunque no inalterables".8 Por alterabilidad de la huella mnémica se entiende la capacidad de modificarse y, por lo tanto, la posibilidad de retranscripción o reescritura en el aparato psíquico. El proceso de inscripción en este artefacto queda siempre abierto a una futura modificación, en espera de esta posibilidad; pero es también cierto que lo ya impreso, la memoria, se modifica con cada nueva recepción, esto es, la reescritura deja su propia marca.

La alterabilidad de la huella mnémica no apunta exclusivamente a la apertura a la modificación, sino también a un fenómeno clínico al que Freud llama retardamiento (Nachträglichkeit) o "con efecto retardado". Para el psicoanálisis, este fenómeno no se refiere únicamente a cómo los recuerdos producen efectos en el momento de su impresión y tiempo después, sino también a que la recuperación de la huella mnémica nunca es tal y como fue en su primera inscripción, pues viene siempre modificada por el simple paso del tiempo, por el nuevo contexto en el que se recupera, etc. En pocas palabras, dada la alterabilidad de la huella, toda recuperación la modifica. Desde un punto de vista psicoanalítico, los fenómenos psíquicos no se organizan de una manera inmediata; todo producto psíquico se ha formado a posteriori, es decir, está atravesado por una mediación, un rodeo o un desplazamiento. Entre otras cosas, esto también implica la posibilidad de un reordenamiento de los sucesos vividos o fantaseados y la constitución a posteriori de toda historia.

Pero, además, la huella mnémica no sólo se altera por las nuevas impresiones que se presentan "hoy", sino que también se modifica por aquello que podría venir y presentarse. El futuro, como aquello que está por venir pero que no sabemos exactamente qué es,9 y la expectación de este futuro toman parte en la formación y alteración de la huella mnémica. No analizaré a profundidad esta parte, pero para entender la angustia como señal de alarma pueden verse todos los estudios de Freud10 sobre este estado de ánimo y lo determinante que es como emoción para el psiquismo humano. La angustia, dice Freud, es una señal para el proceder psíquico de que "algo" amenazante puede aparecer (en el futuro). Y hay que subrayar el puede, pues se trata de una posibilidad y no de un hecho. En Freud, como en Heidegger, la angustia es una emoción cuyo objeto es desconocido, no se sabe ante qué se está angustiado, y se diferencia del miedo precisamente en que este último tiene un objeto identificable.

Recordemos que, para Freud, el neurótico11 sufre de sus reminiscencias y que "sus síntomas son restos y símbolos mnémicos de ciertas vivencias (traumáticas)".12 Pero las reminiscencias de las que el neurótico adolece no son nunca conscientes; es decir, el neurótico no sabe que se trata de recuerdos y, por lo tanto, su vivencia es actual. En este sentido, el trabajo de análisis es, entre otras cosas, una tarea de reorganización de los tiempos de los registros de la memoria. Así, el analizando debe reconocer esas vivencias como recuerdos y dejar de actuar como si se tratara de experiencias nuevas.13 Me parece que la posibilidad de este fenómeno puede explicarse recurriendo a la idea de que el aparato psíquico es una máquina de escritura, pues en ésta las huellas mnémicas se van traslapando y modificando las unas a las otras, y esto hace del psiquismo un texto donde la memoria no es un mero registro de acontecimientos del pasado, sino que este sobreimprimirse de unas huellas sobre otras provoca un fenómeno que podríamos describir como implosión14 de los tiempos.

En Freud, el fenómeno del tiempo es un problema sorprendentemente dejado de lado. Las principales referencias que hace sobre el tiempo en Más allá del principio del placer (1920),15 La negación (1925)16 y la Nota sobre la pizarra mágica (1925) son todas simples menciones y ninguna se sigue de un análisis a profundidad sobre la experiencia psíquica de la temporalidad. En estos tres pasajes, Freud apunta principalmente dos cuestiones: la primera, que el tiempo es un fenómeno exclusivo de la vida consciente, esto es, que el inconsciente es atemporal y, segundo, que la sensación del paso del tiempo es un efecto de la disrupción de la excitación o catexis ejercida por el inconsciente sobre la conciencia. Freud describe el segundo fenómeno como si fueran tentáculos o antenas que "salen" del inconsciente y excitan la conciencia de forma periódica. Cada vez que la conciencia es "tocada" por estas inervaciones hay percepción; es la discontinuidad en esta excitación lo que provoca la sensación del paso del tiempo. Dice Freud en la Nota sobre la pizarra mágica:

He supuesto que inervaciones de investidura son enviadas y vueltas a recoger en golpes periódicos rápidos desde el interior hasta el sistema P-Cc, que es completamente permeable. Mientras el sistema permanece investido de este modo, recibe las percepciones acompañadas de conciencia y trasmite la excitación hacia los sistemas mnémicos inconscientes; tan pronto la investidura es retirada, se extingue la conciencia, y la operación del sistema se suspende. Sería como si el inconsciente, por medio del sistema P-Cc, extendiera al encuentro del mundo exterior unas antenas que retirara rápidamente después que éstas tomaran muestras de sus excitaciones. Por tanto, hago que las interrupciones, que en la pizarra mágica sobrevienen desde afuera, se produzcan por la discontinuidad de la corriente de inervación; y la inexcitabilidad del sistema percepción, de ocurrencia periódica, reemplaza en mi hipótesis a la cancelación efectiva del contacto.17

En su artículo "Temporality, Storage, Legibility: Freud, Marey and the Cinema", Mary Ann Doane sostiene que el tiempo es un tema no estudiado por Freud precisamente porque lo identifica con la experiencia consciente. El inconsciente, en cuanto que es atemporal, sería el sitio de almacenamiento perfecto, pensando la perfección como la archivación de presencias plenas. En esta interpretación, "el tiempo, en lugar de roer los recuerdos, sería el efecto de un sistema que los protege".18 Pero Freud se equivoca cuando concibe el inconsciente como algo atemporal. Es verdad que el tiempo del inconsciente no es el mismo que el de la conciencia, pero la memoria tiene una temporalidad. El tiempo que Freud identifica como el efecto de la interrupción de la excitación —o de la escritura en el caso de la pizarra mágica— es el tiempo de la metafísica de la presencia. Esta temporalidad, que es continua, fluida y que puede también pensarse como una acumulación y secuencia de presentes, no corresponde a la del inconsciente. La temporalidad del inconsciente es aquella de la sobreescritura y de la implosión temporal. La memoria como tejido de huellas mnémicas que se superponen implica una historicidad donde el tiempo es un fenómeno conflictivo y no armónico.

Freud no logró ver las consecuencias teóricas y clínicas de concebir inalterables, en su analogía con la pizarra mágica, las huellas mnémicas. En términos teóricos, el inconsciente no sólo no puede pensarse más como algo fuera del tiempo, sino que debemos replantearnos cómo es la experiencia temporal de la vida consciente. Doane tiene razón en señalar que el tiempo de la conciencia es un efecto del trabajo psíquico inconsciente, pero se trata también de un efecto que tiene la característica de una fantasía. El tiempo de la experiencia consciente no es independiente de la temporalidad implosiva del inconsciente. Clínicamente, esto tiene muchas consecuencias importantes. En primer lugar, la práctica psicoanalítica se ha empeñado en hacer de la interpretación una herramienta con la que se devela que el paciente neurótico está "leyendo" la realidad "presente" con la impronta de su tormentoso pasado. Pero, tormentoso o no, ¿de qué otra manera se puede leer el presente si no es a través de la historia? Lo importante aquí es no caer en una concepción del tiempo en la que historia y presente pueden distinguirse. El fenómeno de la implosión temporal indica que el presente se modifica por la historia tanto como la historia se modifica por el presente. Y más aún, el futuro desempeña también un papel fundamental, pues la huella mnémica está siempre abierta a la modificación por venir; esta apertura es performativa en el sentido de alterarla a cada instante. La existencia humana es una existencia que ve siempre hacia el futuro,19 ¿qué es la memoria sino un recuerdo por venir?

La temporización que la clínica psicoanalítica debe trabajar es una que deje abierta la posibilidad de que la historia cambie. Debe pensarse más como una reconciliación del presente y el futuro con el pasado, pero siempre bajo el acecho del "por el momento". Digo "por el momento" porque es necesario radicalizar la apertura a la modificación que el presente y el futuro hacen sobre la historia.

En pocas palabras, una vez que Freud establece una analogía con una máquina de escritura y ya no con un telescopio, máquina fotográfica o microscopio, esto es, una vez que propone que el psiquismo funciona como un texto y el aparato psíquico como un mecanismo de impresión de huellas mnémicas, la memoria se concibe como un fenómeno donde los tiempos se traslapan y se confunden. Lo interesante aquí es que lo que se rescata es un recuerdo que no sólo, por decirlo de alguna manera, cobraría nuevas dimensiones con el paso del tiempo, sino que incluso muta, esto es, la huella se modifica. La rememoración no será más la recuperación de algo como imágenes fotográficas, sino de impresiones donde los sucesos del pasado, del presente y del futuro se entretejen produciendo un texto psíquico donde la temporalidad no es lineal ni armónica.

La ficción neurológica que diseña Freud en el Proyecto de psicología de 1895, el modelo de escritura que propone tan sólo un año después en la Carta 52 (6/12/1896) y la posibilidad que ilustra la pizarra mágica de capacidad infinita de impresión muestran el aparato psíquico como una máquina de escritura en la que lo escrito nunca es definitivo, sino que se encuentra en un proceso permanente de cambio. No se trata de un texto psíquico inmutable en el que tan sólo se va agregando más texto; las impresiones en este artefacto se transforman, pues se escribe sobre lo escrito y esta reescritura modifica el trazo previo.

La posibilidad de mutación de la huella mnémica y la efectividad con retraso de los recuerdos señalan la apertura de algo como un espacio que queda entre lo ya impreso y lo que está por imprimirse. Este tipo de escritura, que no es la escritura fonética como conjunto de oraciones susceptibles de tomar valor de verdad, remite, para Derrida, a procesos de inscripción donde este "espaciamiento" y el diferimiento de los recuerdos acarrean y proyectan cierta ausencia. En otras palabras, ninguna impresión puede pensarse como algo acabado en el sentido de estar cerrado a la posibilidad de mutación y, así, todo trazo está en un permanente estado de aplazado o, para hacer uso del vocabulario derrideano, diferido.

Según Derrida, todo proceso de inscripción muestra la existencia permanentemente asediada por cuestiones que vienen del pasado, por lo que es, lo que vendrá e incluso también por lo que pudiera venir aunque nunca se presente. Siguiendo esta lógica de pensamiento, la alterabilidad de las huellas mnémicas coloca el aparato psíquico en medio de un juego entre presencia y ausencia, y memoria y espera.

En relación con el texto sobre la pizarra mágica, lo que a Derrida le parece paradigmático es que la analogía para explicar el funcionamiento del aparato psíquico sea una máquina de escritura. Pero hay que subrayar que para Derrida no es azaroso, pues sólo una máquina de escritura podía resolver el problema aparentemente contradictorio de retener aun permaneciendo capaz de recibir. Es este tipo de escritura (no fonética) el fenómeno que puede explicar un proceder que acoge la posibilidad de trazos abiertos siempre a la modificación. Dice Derrida:

Pero no es un azar que Freud, en los momentos decisivos de su itinerario, recurra a modelos metafóricos que no están tomados de la lengua hablada, de las formas verbales, ni siquiera de la escritura fonética, sino de una grafía que no está nunca sometida, como exterior y posterior, a la palabra. Freud apela con ella a signos que no vienen de transcribir una palabra viva y plena, presente a sí y dueña de sí. A decir verdad, y éste va a ser nuestro problema, en esos casos Freud no se sirve simplemente de la metáfora de la escritura no fonética; no considera conveniente manejar metáforas escriturales con fines didácticos. Si esta metafórica es indispensable, es porque aclara, quizá, de rechazo, el sentido de la huella en general, y en consecuencia, articulándose con éste, el sentido de la escritura en el sentido corriente. Indudablemente Freud no maneja metáforas si manejar metáforas es hacer alusión con lo conocido a lo desconocido. Mediante la insistencia de su inversión metafórica, vuelve enigmático, por el contrario, aquello que se cree conocer bajo el nombre de escritura. Se produce aquí, quizá, un movimiento desconocido para la filosofía clásica, en alguna parte entre lo implícito y lo explícito.20

Creo yo que el retardamiento, la alterabilidad de la huella mnémica y la posibilidad de reescrituración del texto psíquico son justamente, por un lado, las principales consecuencias que la analogía del aparato psíquico con una máquina de escritura acarrea y, por otro, aquello que abre la posibilidad de una clínica y terapéutica psicoanalítica. El psicoanálisis como clínica es una reescrituración del tejido de huellas mnémicas. El análisis es un trabajo de pensamiento que pone en cuestión aquello que aparece en el discurso del analizando como lo incuestionable, lo fehaciente o, por decirlo de alguna manera, lo determinado por su historia y, específicamente, por su herencia. Esta puesta en cuestión devela lo ilusorio de una existencia con un único destino: aquel que por herencia había sido asignado. El análisis lleva a una muy particular emancipación del analizando que, creo yo, consiste en develar otras posibilidades más allá de aquellas que su historia hacía ver como las insuperables.

Este trabajo de pensamiento que el encuadre analítico promueve muestra que la historia no ha sido escrita de manera definitiva y que está en constante reescritura. El aparato psíquico, en cuanto máquina de escritura, y el psiquismo, en cuanto texto o tejido de huellas mnémicas, develan la alterabilidad de las huellas como posibilidad de modificación, de reescrituración.

En este sentido, la psique humana habita en un entre: entre la herencia como aquello recibido y lo por venir. Esta característica de no inalterable, que Freud le otorga a la huella mnémica en su Nota sobre la pizarra mágica, abre al psiquismo y, por lo tanto, a la existencia humana, a la posibilidad permanente de cambio.

Pero ese entre es un "lugar" conflictivo y jamás armónico. Recordemos lo que decía Freud sobre la neurosis y el análisis clínico como su tratamiento, cuando imaginaba esta relación como batallones que se enfrentan en una lucha donde siempre gana el más fuerte. Dice Freud:

De nuevo nos sale al paso aquí la significatividad del factor cuantitativo, de nuevo somos advertidos de que el análisis puede costear sólo unos volúmenes determinados y limitados de energías, que han de medirse con las fuerzas hostiles. Y es como si efectivamente el triunfo fuera, las más de las veces, para los batallones más fuertes.21

Así imagino también yo ese "espacio" entre herencia y porvenir. Esto es, habitar en este entre implica que a veces el sujeto vive como si no hubiera más que la herencia que ha recibido y que determina en mucho su futuro, esto es, como si sólo hubiera un destino, un camino y, otras veces, el sujeto es capaz de tomar en sus manos una existencia abierta a posibilidades no imaginadas. Esa apertura a otros porvenires es la apertura a lo que Derrida llama el acontecimiento.22

Después del modelo de la pizarra mágica, el objetivo de "resolver todas las represiones sobrevenidas y llenar todas las lagunas del recuerdo",23 como dice Freud en Análisis terminable e interminable, no puede sostenerse más en la teoría psicoanalítica, hecho que la experiencia24 clínica reveló también.

En este sentido, y recurriendo de nuevo a las metáforas tecnológicas, podríamos pensar en la terminación de un proceso analítico si el aparato psíquico no fuera, precisamente, una máquina de escritura y sí, por ejemplo, una máquina fotográfica. Si se tratara de una máquina fotográfica, las represiones que Freud llama originarias serían inalterables. El proceso analítico tendría que ser entonces un proceso no de rectificación de las represiones, como lo explica Freud, sino de mera traducción. Esto es, si pensáramos el aparato psíquico como cámara fotográfica, entonces el material reprimido no sería modificado por el proceso analítico, sino tan sólo trasladado del sistema inconsciente a la conciencia. Tendríamos que pensar en un texto, por decirlo así, original reprimido y colocado en el sistema inconsciente, que después del análisis logra pasar a la conciencia sin modificación alguna. Y además, podríamos entonces imaginar que hay un número específico de recuerdos reprimidos y que tan sólo hay que trasladar de lo inconsciente a la conciencia; tarea que una vez concluida indicaría justamente la terminación del análisis. Pero esto no es lo que Freud plantea. Freud habla de corrección del proceso represivo y no nada más de levantamiento de la resistencia. Dice Freud: "La rectificación, con posterioridad [nachträglich], del proceso represivo originario, la cual pone término al hiperpoder del factor cuantitativo,25 sería entonces la operación genuina de la terapia analítica."26 Se trata, entonces sí, de un debilitamiento de la resistencia que permite el recuerdo, pero donde el recuerdo no es la recuperación de una fotografía, sino de algo más parecido a lo que la arqueología llama palimpsesto, esto es, un yacimiento que presenta mezcla de estratos y que, por lo tanto, impide que los arqueólogos puedan diferenciar cuál es el superior y cuál el inferior. Pienso en palimpsesto en términos arqueológicos y no como método de escritura, porque, como tal, el texto nuevo no modifica la arquitectura del texto anterior. El palimpsesto como manuscrito conserva huellas de otra escritura anterior que ha sido borrada para dar lugar a una nueva, a diferencia de lo que sucede en la pizarra mágica, donde el texto previo no se borra para dar cabida al nuevo, sólo que, al estar estratificada, permite que el texto anterior, cuando se traza el nuevo, se conserve, aunque no sin sufrir modificaciones. Además, no hay que olvidar que es también el texto anterior el que de alguna manera condiciona al nuevo trazo. El mismo proceso analítico modifica el recuerdo, se trata de una especie de reescritura sobre el discurso del paciente. Mientras la memoria mute y el texto psíquico esté abierto a la posibilidad de reescrituración, el análisis es interminable.

Quizá podríamos decir que un cuerpo humano no está habitado y bajo las órdenes de un sujeto moderno, sino "poseído" por un aparato psíquico que somete al ser humano a una existencia que se debate en el entre de todas las oposiciones del psicoanálisis: principio del placer/principio de realidad, pulsión de vida/pulsión de muerte, principio primario/principio secundario, y las triadas de las dos topologías freudianas, ello, yo y superyó, e inconsciente, preconsciente y consciente.27 Se trata de un sujeto que está, con toda su herencia, siempre en la espera, en una radical e insuperable espera. La consecuencia no es sólo que en el aparato psíquico la huella esté siempre abierta al porvenir o a lo por venir, sino que también el ser humano como existencia está permanentemente asediado no sólo por los fantasmas de su pasado, sino también por los de su futuro; para bien o para mal, para una mejor o peor vida.

 

BIBLIOGRAFÍA

Derrida, Jacques, "Firma, acontecimiento, contexto", en Márgenes de la filosofía, pp. 347-372.         [ Links ]

----------, "Freud y la escena de la escritura", en La escritura y la diferencia, trad.         [ Links ]

Patricio Peñalver, Anthropos, Barcelona, 1989, pp. 271-317.         [ Links ]

----------, "La Différance", en Márgenes de la filosofía, pp. 39-92.         [ Links ]

----------, Márgenes de la filosofía, trad. Carmen González Marín, Cátedra, Madrid, 2003.         [ Links ]

Doane, Mary, "Temporality, Storage, Legibility: Freud, Marey and Cinema", Critical Inquiry, vol. 22, no. 2, 1996, pp. 313-343.         [ Links ]

Freud, Sigmund, Análisis terminable e interminable, trad. José L. Etcheverry, Amorrortu, Buenos Aires, 1937, (Obras Completas, 23).         [ Links ]

----------, Carta 52, trad. José L. Etcheverry, Amorrortu, Buenos Aires, 1896 (Obras Completas, 1).         [ Links ]

----------, Cinco conferencias sobre psicoanálisis. Conferencia I, trad. José L. Etcheverry, Amorrortu, Buenos Aires, 1910 (Obras Completas, 11).         [ Links ]

----------, Inhibición, síntoma y angustia, trad. José L. Etcheverry, Amorrortu, Buenos Aires, 1926, (Obras Completas, 20).         [ Links ]

----------, La interpretación de los sueños, trad. José L. Etcheverry, Amorrortu, Buenos Aires, 1900 (Obras Completas, 5).         [ Links ]

----------, La negación, trad. José L. Etcheverry, Amorrortu, Buenos Aires, 1925 (Obras Completas, 19).         [ Links ]

----------, Más allá del principio del placer, trad. José L. Etcheverry, Amorrortu, Buenos Aires, 1920 (Obras Completas, 18).         [ Links ]

----------, Nota sobre la pizarra mágica, trad. José L. Etcheverry, Amorrortu, Buenos Aires, 1925 (Obras Completas, 19).         [ Links ]

-----------, Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, 32a. conferencia, trad. José L. Etcheverry, Amorrortu, Buenos Aires, 1935 (Obras Completas, 22).         [ Links ]

----------, Recordar, repetir y reelaborar, trad. José L. Etcheverry, Amorrortu, Buenos Aires, 1914 (Obras Completas, 12).         [ Links ]

Freud, Sigmund y Josef Breuer, Estudios sobre la histeria, trad. José L. Etcheverry, Amorrortu, Buenos Aires, 1895 (Obras Completas, 1).         [ Links ]

Hanns, Luiz Alberto, Diccionario de términos alemanes de Freud, Lumen, Buenos Aires, 2001.         [ Links ]

Heidegger, Martin, Ser y tiempo, trad. Jorge Eduardo Rivera, Trotta, Madrid, 2002.         [ Links ]

 

NOTAS

1 Sobre esta intersección trabajan intelectuales como Julia Kristeva, David Farrel, Samuel Weber, Sarah Kofman, Alan Bass, John Forrester y Rudolf Bernet, entre otros.

2 Decidí trabajar con la noción de escritura de Derrida y no con las de huella, différance o reserva, por mencionar algunas posibilidades, pues me pareció que, en el contexto de este trabajo, esto es, pensando en el aparato psíquico en cuanto máquina de escritura, se necesitaba un término que remitiera a todo el proceso de inscripción y no sólo, por decirlo de alguna manera, a una parte, como en una primera lectura podrían dar a entender las nociones de huella o reserva. Escritura rescata todo aquello que está en juego en el proceso de impresión de la huella que, para fines de la descripción del psiquismo freudiano, lo devela como una máquina de escritura e ilustra todas las consecuencias que este diseño tiene para la concepción psicoanalítica del aparato psíquico. En su artículo "Firma, acontecimiento, contexto", Derrida explica por qué utilizar el término escritura para referirse a fenómenos que quedan fuera de lo que tradicionalmente entendemos mediante este vocablo. Aclara que este uso es provisional pero estratégico, y dice: "una oposición de conceptos metafísicos (por ejemplo, habla/escritura, presencia/ausencia, etc.) nunca es el enfrentamiento de dos términos, sino una jerarquía y el orden de una subordinación. La deconstrucción no puede limitarse a pasar inmediatamente a una neutralización: debe, por un gesto doble, una ciencia doble, una escritura doble, practicar una inversión de la oposición clásica y un desplazamiento general del sistema. Sólo con esta condición se dará a la deconstrucción los medios para intervenir en el campo de las oposiciones que critica y que es también un campo de fuerzas no-discursivas" (J. Derrida, "Firma, acontecimiento, contexto", p. 371). Esto es, mantener el término escritura es un gesto que intenta llamar la atención "injertándose" en usos no tradicionales para sorprender y promover una toma de conciencia sobre, por un lado, su sentido metafísico y, por otro, su inmanente posibilidad, como la de cualquier signo, de solicitar nuevos y otros sentidos.

No hay que dejar tampoco de lado que, para Derrida, todos estos términos son, según la necesidad del contexto, sustituciones no sinonímicas. Véase J. Derrida, "La Différance", p. 48.

3 Luiz Alberto Hanns, en su Diccionario de términos alemanes de Freud, dice: "Freud consideraba que la palabra Seele era una buena traducción germánica para el término griego Psyché (Psyche en la grafía alemana). En alemán, de acuerdo con el contexto, Seele puede tener el sentido de 'espíritu', 'alma', 'psique', 'psiquis', o 'mente' " (p. 374).

4 S. Freud, La interpretación de los sueños, p. 529; las cursivas son mías.

5 La palabra del alemán que Freud utiliza en su Proyecto de psicología es Bahnung. Ha sido traducida al español tanto por Luis López Ballesteros como por José L. Etcheverry como facilitación. Dice este último en su traducción: "Ahora es tiempo de aclarar los supuestos que es necesario hacer acerca de las neuronas ip [aquéllas de la memoria] para dar razón de los caracteres más generales de la memoria. El argumento es éste: son alteradas duraderamente por el decurso excitatorio. Introduciendo la teoría de las barreras-contacto: sus barreras-contacto caen en un estado de alteración permanente. Y como la experiencia psicológica muestra que existe un aprender-sobre con base en la memoria, esta alteración tiene que consistir en que las barreras-contacto se vuelvan más susceptibles de conducción, más impasaderas, y por ende más semejantes a las del sistema p [aquél de la percepción]. Designaremos este estado de las barreras-contacto como grado de la facilitación [Bahnung]. Entonces uno puede decir: La memoria está constituida por las facilitaciones existentes entre las neuronas ψ" (S. Freud, Proyecto de psicología, p. 344). La traducción de Patricio Peñalver del texto de Derrida "Freud y la escena de la escritura" traduce Bahnung como apertura de paso. Considero que esta última traducción tiene mayor cercanía con el modelo neuronal que Freud propone en el Proyecto de psicología. La imagen a la que Bahnung hace referencia se parece más a la apertura de un camino o, siguiendo la lectura de Derrida, al trazo de un surco, que a la "facilitación" de la transmisión de energía —Q—. El Diccionario de términos alemanes de Freud dice que "el sustantivo Bahn evoca la imagen de una 'vía' o 'pista transitable'. El sustantivo Bahnung es la sustantivización del acto de 'crear una vía', 'excavar', 'instalar', 'abrir' una vía transitable. La Bahnung implica un proceso dinámico; lo que 'abre caminos', 'revoluciona' (en alemán, algo revolucionario e innovador es expresado por bahnbrechend, palabra compuesta por brechend, gerundio de quebrar, literalmente 'quebrante', algo que rompe y abre espacio para la Bahn, camino. En un sentido menos impactante, para expresar el acto de abrir caminos, preparar el terreno para nuevos desarrollos, se usa una imagen semejante a allanar el terreno y 'colocar vías sobre él', bahnen legen (recostar/asentar senderos-vías-caminos)." Dice también que "la Bahn es al principio algo plano y horizontal, una pista por la cual se 'desliza' o 'transita' fácilmente. La Bahnung es, por lo tanto, algo que fue instalado sobre terreno de difícil topografía" (L. Hanns, Diccionario de términos alemanes de Freud, pp. 266-267.)

Veo principalmente dos problemas en la elección de facilitación como traducción de Bahnung; en primer lugar, no hace referencia a la "alteración permanente" de las barreras contacto de las neuronas ψ, que para Freud resulta ser lo sustancial en el proceso psíquico de la memoria. Pensar en apertura de paso sí recupera este sentido. Facilitación, según el Diccionario de la Real Academia Española, hace referencia a hacer posible una acción, a hacer fácil la consecución de un fin o a proporcionar o entregar algo. Estos sentidos generan confusión e interpretaciones erróneas, pues la memoria en Freud no tiene que ver exclusivamente con hacer posible la transmisión de energía, sino que lo fundamental del fenómeno de la memoria en Freud es la repetición provocada por la excitación de esa anterior alteración de la barrera contacto de la neurona, y que para la imagen de una apertura de paso o del trazo de un surco es fácil de recuperar. Eso es a lo que Freud se refiere cuando dice que "existe un aprender-sobre con base en la memoria". En segundo lugar, la apertura de paso, de camino, o el trazo de un surco recuperan también la violencia que para Freud Bahnung implicaba. Ese surco que se abre responde a la dificultad de marcarse o inscribirse dada la resistencia o defensa que el aparato psíquico despliega por, digámoslo así, su propia naturaleza. La apertura de esta vía implica siempre dificultad y violencia.

Por otro lado, la apertura de un paso o de un camino se refiere también a la ligazón entre dos elementos que la noción de facilitación no retiene. Dice Hanns: "En español, el término [facilitación] no evoca nada relacionado con 'interligazón física entre dos elementos', así como tampoco destaca el aspecto dinámico de 'fluir/deslizar'. Remite a un proceso de remoción de obstáculos que 'facilita' el acceso. Con todo, su uso es más figurado o metafórico, refiriéndose a obstáculos o accesos abstractos. No tiene la cualidad concreta de Bahnung" (p. 268).

Por otra parte, Bahnung ha sido traducido al francés como frayage; éste es el vocablo que utiliza Derrida en su artículo "Freud y la escena de la escritura". El verbo frayer tiene también el significado de abrir o trazar un camino. En este sentido, el verbo fraguar del español resulta muy cercano al verbo bahnen del alemán. El Diccionario de la Real Academia Española señala que fraguar significa: 1. Forjar metales, 2. Idear, discurrir y trazar la disposición de algo y 3. En arquitectura señala el momento en que, materiales como el yeso y la cal, secan después de habérseles dado una forma específica. Me parece que los tres sentidos indican algo cercano al proceso que Freud quiere describir con Bahnung, aunque por supuesto el sentido número dos se corresponde casi a la perfección. El problema en este punto es que el sustantivo fraguación en buen español no existe y fragua es el sustantivo del verbo forjar. Por esta razón, he decidido usar indistintamente apertura de paso, puesto que me parece que da la imagen correcta de un trazo, y facilitación, por su amplio uso en el discurso psicoanalítico en español.

6 J. Derrida, "Freud y la escena de la escritura", p. 275.

7 Para Freud, la memoria es la "esencia" de todo el proceder psíquico y, por esta razón, "cualquier teoría psicológica atendible tiene que brindar una explicación de la memoria" (S. Freud, Proyecto de psicología, p. 343).

8 S. Freud, Nota sobre la pizarra mágica, p. 244; las cursivas son mías.

9 Derrida distingue entre el futuro (futur) y el porvenir (avenir). El futuro sería aquello que vendrá pero que podemos predecir, mientras que el porvenir es totalmente incierto.

10Véase, por ejemplo, Inhibición, síntoma y angustia (1926) y Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, 32a. Conferencia (primera parte) (1935).

11 Es muy importante tener aquí en cuenta que, para Freud, los procesos psíquicos normales y los patológicos sólo se diferencian de manera cuantitativa y nunca cualitativa. Los procesos psíquicos neuróticos tan sólo muestran de una manera exagerada los trámites del psiquismo normal. De hecho, fue el estudio del sueño lo que le permitió a Freud aducir una teoría universal de la mente, pues, por un lado, se trata de un fenómeno psíquico que funciona tanto en el neurótico como en el no neurótico y, por otro, los procesos oníricos guardan una máxima semejanza con mecanismos patológicos. Véanse, por ejemplo, el capítulo VII de La interpretación de los sueños (1900) y Proyecto de psicología (1895).

12 S. Freud, Cinco conferencias sobre psicoanálisis, p. 13. Véase también la "Comunicación preliminar" de los Estudios sobre la histeria (1893-1895) de S. Freud y J. Breuer.

13 Véase el texto de Freud Recordar, repetir y reelaborar (1914), donde examina esta problemática con mucha claridad y profundidad.

14 El Diccionario de la Real Academia Española cita que implosión es la "acción de romperse hacia dentro con estruendo las paredes de una cavidad cuya presión es inferior a la externa". Me parece que, siguiendo esta imagen, los tiempos en el mecanismo de impresión de la pizarra mágica se fragmentan, pero no dispersándose sino amalgamándose. Si dijera que se trata de una explosión, la imagen sería la de un estallido en el que los elementos se separan tomando distintos caminos; en cambio, si el rompimiento es hacia dentro, se puede pensar que se mezclan e incluso que en algunos casos se fusionan.

15 Cfr. S. Freud, Más allá del principio del placer, pp. 27-28.

16 Cfr. S. Freud, La negación, p. 256.

17 S. Freud, Nota sobre la pizarra mágica, p. 247.

18 M. Doane, "Temporality, Storage, Legibility: Freud, Marey and Cinema", p. 342.

19 Este análisis en mucho coincide con el tiempo extático que expone Heidegger en Ser y tiempo. La temporeidad extática de la existencia es aquella en la que todos los tiempos están fuera de sí mismos.

20 J. Derrida, "Freud y la escena de la escritura", pp. 274-275.

21 S. Freud, Análisis terminable e interminable, pp. 241-242.

22 Para Derrida, el acontecimiento es aquello que irrumpe, pero que, al mismo tiempo, no es puro comienzo. La huella mnémica que va a inscribirse se imprimirá en un texto previo al que, por supuesto, modificará, pero que también alterará su propia impronta. Esto es lo que Derrida entiende por repetición en diferencia o iterabilidad.

23 S. Freud, Análisis terminable e interminable, p. 223.

24 Freud hace larga referencia a este hecho también en Análisis terminable e interminable.

25 Por "hiperpoder del factor cuantitativo" Freud se refiere a la intensidad pulsional de cada organismo.

26 S. Freud, Análisis terminable e interminable, p. 230.

27 Desde esta lectura del aparato psíquico freudiano se deben poner en cuestión las topologías, primera y segunda, que hablarían de supuestos lugares y organizaciones que anulan el movimiento. Me parece que cuando se trata de escritura y reescritura en el aparato psíquico, toda topología se convierte en un intento fallido por restablecer una insoportable y metafísica falta de soporte. Las explicaciones topológicas en estos niveles de exposición resultan en una falta de dinamismo, las huellas mnémicas se tornan inalterables y se muestran tan sólo transferibles de un lugar a otro.

Creative Commons License All the contents of this journal, except where otherwise noted, is licensed under a Creative Commons Attribution License