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Diánoia

versão impressa ISSN 0185-2450

Diánoia vol.56 no.67 México Nov. 2011

 

Reseñas bibliográficas

 

Victor Biceaga, The Concept of Passivity in Husserl's Phenomenology

 

Andrés Miguel Osswald

 

Springer, Dordrecht, 2010, 135 pp.

 

Universidad de Buenos Aires (UBA-CONICET). amosswald@gmail.com

 

La obra de Biceaga constituye la más reciente contribución al estudio de la pasividad en la obra de Edmund Husserl. Pese al creciente interés que este campo despierta entre los estudiosos contemporáneos tanto de la obra de Husserl como de la fenomenología en general, sólo se cuenta con un puñado de trabajos sistemáticos dedicados con exclusividad al tema; entre los más destacados se cuentan: Husserls Begriff der Pasivität. Zur Kritik der passiven Synthesis in der Genetischen Phänomenologie (Alber, Friburgo de Brisgovia/Munich, 1998) de Rolf Kühn; la obra De la Passivité dans la phénoménologie de Husserl (Presses Universitaires de France, París, 1999) de Anne Montavont, y La Généalogie de la logique. Le statut de la passivité dans la phénoménologie de Husserl (Librairie Philosophique, París, 2000) de Bruce Bégout. Además de ser la primera obra en inglés en condiciones de integrar este selecto grupo, el trabajo de Biceaga, por su planteamiento y claridad expositiva, es sin duda la introducción ideal al terreno de los estudios husserlianos sobre la vida pasiva de la conciencia.

El orden de exposición responde a un criterio sistemático que admite, a su vez, una distinción entre los capítulos dedicados a la presentación de los estratos de la vida pasiva (1 a 3) y los consagrados a dos temáticas colaterales que el autor ha considerado relevantes (4 y 5). En cuanto al primer conjunto, se sigue el orden de fundamentación husserliana de la pasividad: en primer lugar, la síntesis pasiva del tiempo (1. Passivity and Self-temporalization), en segundo lugar, la síntesis asociativa que opera en el presente viviente (2. Originary Passivity), y la síntesis de asociación que interviene en la sedimentación de los actos y que hace posibles fenómenos tales como la memoria y la inducción de los actos futuros (3. Secondary Passivity). En mi opinión, nos encontramos aquí ante la exposición más clara y amigable que se ha escrito sobre el tema y, por ello, con uno de los mayores aciertos del libro. Biceaga se desentiende en el cuerpo de su texto del sinnúmero de problemas y discusiones para concentrarse en los aspectos centrales de la teoría husserliana, y sólo pasa revista a las controversias y líneas centrales de interpretación en las notas a pie de página, por lo demás completas y bien documentadas. Como consecuencia, se ofrece un texto ágil que logra reunir varios temas en pocas páginas, pero que no profundiza demasiado en ninguno. Aquí reside, también, la fuente de mayores dificultades, como cuando el autor no parece advertir lo complicado de captar la lectura de Zahavi sobre la automanifestación de la conciencia y sostener a la vez que los actos son objetos inmanentes, sin hacer mayores aclaraciones (¿lo son sólo reflexivamente, como lo sostiene el fenomenólogo danés, o constituyen un nivel independiente de la reflexión, como lo sostiene la interpretación "estándar"?). Respecto del segundo conjunto, el cuarto capítulo está dedicado a la relación entre pasividad y el concepto husserliano de "crisis" (4. Passivity and Crisis) para, finalmente, concluir con un análisis de la relación entre alteridad y síntesis pasiva (5. Passivity and Alterity). En términos generales, el "sentido común" de los comentaristas parece indicar que no es posible decir una sola palabra sobre Husserl sin intentar aclarar por qué razón el autor no es solipsista o, "mucho peor", cartesiano. Aquí Biceaga, lamentablemente, no es la excepción. Aunque su modo de argumentar no deja de ser original, sí resulta un tanto forzado: basándose en la "alienación" del "cuerpo propio" (Leib) en "cuerpo físico" (Körper), que opera como condición de posibilidad de la "parificación" (Paarung) empática, se intenta probar que existe una simetría entre el modo de manifestación del otro y el modo de manifestación del yo, pues, en definitiva, en ninguna parte se verifica la coincidencia del yo consigo mismo. Más enriquecedor resulta, a mi entender, el capítulo dedicado a la crisis, donde el autor se extiende sobre la relación entre la pasividad representada por la sedimentación social y la pérdida de sentido de las instituciones colectivas. Ofrece no sólo una reflexión sobre el papel de la filosofía, que define —parafraseo— como el hábito de cuestionar los hábitos, sino que se sumerge en el problema de la traducción y ofrece una interpretación, inspirada por los análisis husserlianos de la pasividad, que polemiza con la que el propio Husserl defiende en el periodo de Investigaciones lógicas.

Entiendo que dos tesis recorren la obra de Biceaga. La primera, que actividad y pasividad no son dimensiones contrapuestas de la subjetividad, sino momentos de un continuo y que, por lo tanto, no son pensables separadamente. Esto es, así como toda actividad supone, como condición de posibilidad, un grado ínfimo de pasividad, todos los procesos pasivos están dirigidos hacia los actos del yo, ya para despertar su atención, ya para volver recuperable su pasado, ya para predelinear su futuro. Esta relación cobra especial relevancia en el estudio de la crisis y la complementariedad de las tendencias pasivas "conservadoras" y las reinstituciones "revolucionarias" activas. La segunda tesis apunta a mostrar que la pasividad es testimonio de apertura a la alteridad que se hace manifiesta en el devenir objeto del cuerpo propio (Verkörperung), en la empatía y en el vínculo con la cultura ajena.

Respecto de las fuentes utilizadas, la investigación se centra casi exclusivamente en los Analysen zur passiven Synthesis para desarrollar el tópico de la pasividad, y recurre a otras obras sólo para tratar temas puntuales. Esto repercute en el alcance de algunos análisis; por ejemplo, prácticamente no se hace mención de la dimensión pasiva del yo que Husserl trabaja en el periodo de Bernau (Die Bernauer Manuskripte über Zeitbewusstsein (1917/1918)) o en los textos sobre el tiempo de los años treinta (Späte Texte über Zeitkonstitution (1929-1934). Die C-Manuskripte). Con todo, el recorte bibliográfico no es objetable en sí mismo, y mucho menos tratándose de Husserl.

En definitiva, un libro conciso, claro e inteligente que se propone no sólo como una magnífica introducción al tema (sobre todo sus tres primeros capítulos), sino que emprende la tarea de aplicar las herramientas aportadas por la fenomenología de Husserl para pensar problemas contemporáneos.

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