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Diánoia

versión impresa ISSN 0185-2450

Diánoia vol.55 no.64 México may. 2010

 

Reseñas bibliográficas

 

Salma Saab, Los senderos de la explicación mental

 

Laura Duhau

 

Instituto de Investigaciones Filosóficas–UNAM, México, 2007, 264 pp.

 

Instituto de Investigaciones Filosóficas, Universidad Nacional Autónoma de México lauraduhau@yahoo.com.mx

 

En Los senderos de la explicación mental, Salma Saab defiende un proyecto de naturalización de lo mental; en particular, de los estados mentales intencionales, como las creencias, los deseos y las intenciones. Esto quiere decir que Saab considera que lo mental pertenece al ámbito de lo natural y, por lo tanto, debe poder explicarse como se explican los fenómenos naturales en general.

Hay varios tipos de naturalismo; el de Saab es un naturalismo no reductivo. En particular, su posición es un monismo no reduccionista al estilo del monismo anómalo de Davidson, pero que incorpora el biofuncionalismo —específicamente las versiones de éste propuestas por Millikan y Neander— en un intento por esclarecer la relación entre los estados mentales intencionales y los estados biológicos que los realizan. Como Davidson, Saab separa las cuestiones ontológicas de las explicativas. Saab argumenta que los estados mentales intencionales son estados biológicos, y en última instancia estados físicos, sin que ello signifique que nuestras explicaciones en el ámbito de lo mental puedan abandonarse a favor de explicaciones biológicas o físicas. La reducción explicativa no es posible, considera Saab, porque los estados mentales intencionales tienen ciertos rasgos normativos que son esenciales a ellos y que no se manifiestan en el ámbito de lo biológico o lo físico. Sin embargo, Saab rescata la idea de que también se puede hablar de normatividad en el ámbito biológico, si bien en un sentido diferente. Las funciones biológicas no admiten normas de racionalidad, pero tienen una noción de normatividad asociada, en el sentido de que responden a ciertos parámetros de normalidad, de funcionamiento correcto. Saab considera que el nivel de la normatividad racional es heredero del nivel de la normatividad biológica, aunque no deja del todo claro cómo o en qué sentido.

Para defender su postura, Saab toma un camino tortuoso, que la hace tocar temas muy diversos, desde distintas teorías sobre la causalidad en general y la causalidad mental —pasando por diferentes modelos sobre las explicaciones físicas y mentales—, hasta la discusión sobre el estatus ontológico de las creencias y un esbozo de explicación del fenómeno del autoengaño. En lugar de estar estructurado como un argumento lineal en favor de su posición, el libro de Saab revisa muchas de las opciones alternativas a la suya y las va criticando y descartando. Por esta razón el libro resulta útil si uno quiere tener un panorama de las distintas posturas con respecto a las explicaciones de las acciones y los estados mentales intencionales, y no sólo si uno está buscando encontrarse con una nueva forma de abordar el tema.

El libro está dividido en cuatro capítulos. En el capítulo I, Saab examina diferentes explicaciones de la causación física para compararla con la causalidad mental, y explica diferentes modelos de causalidad mental. En la primera sección discute la relación causal como una relación entre sucesos particulares, examinando la relación del concepto de causalidad con el de necesidad, así como la relación entre la causalidad y las leyes. Su conclusión es que la causación es extensional: una relación binaria que se establece entre sucesos, sin importar la forma en que éstos se describan. Asimismo considera que al ocuparnos de la causalidad los casos singulares tienen primacía ontológica y explicativa. En la segunda sección explica diferentes modelos de causación mental, para quedarse con el de causalidad superveniente. Su idea es que las propiedades mentales guardan una relación de dependencia con respecto a las propiedades físicas, una relación de superveniencia mereológica (partes–todo), y que dependiendo de si esta relación de superveniencia resulta ser reductiva o no se podrá decir si lo mental tiene poderes causales. Debo confesar que en este punto perdí un poco el hilo argumental; no me resultó nada claro cuáles son las razones de Saab para afirmar que la relación entre lo mental y lo físico es de superveniencia mereológica, ni cómo es que apelar a este tipo de relación aboga a favor del naturalismo no reductivo que ella defiende.

En el capítulo II, Saab revisa diferentes modelos de explicación para ver cuál podría aplicarse exitosamente a los estados mentales intencionales. Discute el modelo nomológico de Hempel y su relación con el modelo disposicional, el modelo de explicación singular y el modelo intencional. Al modelo nomológico lo descarta por dos razones, ambas ofrecidas por Davidson. En primer lugar, porque para explicar las acciones intencionales no recurrimos a generalizaciones empíricas porque, aunque existan, no las conocemos y, en segundo lugar, porque las generalizaciones no intervienen directamente en cómo actúa la gente en determinadas circunstancias. La opción que Saab toma combina el modelo de explicación singular con el modelo de explicación intencional, y de esta forma intenta rescatar su idea de que las relaciones causales se dan entre sucesos particulares y las explicaciones causales no descansan en leyes, junto con su idea de que las explicaciones causales mentales apelan a la normatividad.

En el capítulo III, Saab discute el modelo funcional para quedarse con una versión de éste: el biofuncionalismo. Es en este capítulo donde discute la noción de norma biológica, que tiene que ver con las funciones que deben desempeñar los rasgos seleccionados a través de un proceso histórico de selección natural. Partiendo de esta discusión Saab explica cómo podrían asignárseles funciones a las representaciones mentales y cómo se constituyen sus contenidos.

Finalmente, en el capítulo IV, Saab se aboca a discutir cómo deben entenderse las creencias. Distingue dos niveles de creencias, subpersonales y personales. A las creencias en el nivel subpersonal las define como estados disposicionales que se manifiestan directamente en el comportamiento del sistema (animal, bebé o máquina), y afirma que para tener creencias en este nivel no se requiere que el sistema sea capaz de formarse representaciones internas. De las creencias del nivel personal, por el contrario, Saab afirma que son representaciones. La normatividad racional aparece en el nivel personal, mientras que en el nivel subpersonal podemos hablar de normatividad biológica. Por último, Saab intenta aplicar esta distinción entre niveles de creencias para explicar el fenómeno del autoengaño. Según Saab, el autoengaño es el resultado de una tensión entre los dos niveles, y por lo tanto no constituye un caso de irracionalidad.

Como se ve, en su libro Saab se ocupa de muchos temas distintos relacionados con las explicaciones de las acciones y los estados mentales intencionales, de los que muestra un conocimiento profundo. A la vez, tiene una propuesta propia, y aunque no siempre es del todo claro cómo es que defiende esta propuesta, resulta muy sugerente. El libro puede ser de interés tanto para expertos en el tema como para personas dispuestas a adentrarse en la discusión sobre las explicaciones de lo mental. Sin embargo, me parece necesario aclarar que no se trata de un libro apto para principiantes. La discusión es compleja y Saab hecha mano de muchos conceptos técnicos que no define ni explica en detalle. Sólo si se tiene alguna formación en filosofía de la mente se puede navegar en las aguas de este libro sin peligro de abandonar el barco antes de llegar a puerto.

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