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Diánoia

versión impresa ISSN 0185-2450

Diánoia vol.55 no.64 México may. 2010

 

Reseñas bibliográficas

 

Oliver Marchart, El pensamiento político posfundacional. La diferencia política en Nancy, Lefort, Badiou y Laclau

 

María Luciana Espinosa*

 

Traducción de Marta Delfina Álvarez, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2009, 257 pp.

 

* Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires mailto: lu.espinosa@gmail.com

 

Si aceptamos resumir el espíritu general de nuestro tiempo con una frase sintética y emblemática, sin duda aquella que afirma la disolución de los marcadores de certeza, inversamente con respecto a su sencillez, dice tanto como para reunir en torno suyo un diagnóstico satisfactorio del presente. En esa frase de Claude Lefort, difundida en el año 1988 en su trabajo Democracy and Political Theory, se evidencian, de modo germinal pero contundentes, las fisuras del fundacionalismo como postura hegemónica, así como el inminente despunte del posfundacionalismo filosófico–político. Y, justamente, es sobre este horizonte de época donde descansa la posibilidad de un libro como el de Oliver Marchart, El pensamiento político posfundacional. La diferencia política en Nancy, Lefort, Badiou y Laclau.

Aparecido en el mundo anglosajón en el año 2007 en una edición de Edinburgh University Press, dos años más tarde sale a la luz su traducción española gracias a la reciente publicación de la editorial Fondo de Cultura Económica. Su autor, Oliver Marchart, es un reconocido filósofo especializado en teoría política, actual profesor del Departamento de Sociologa en la Universidad de Lucerna, Suiza, dedicado específicamente a la problemática en torno a la relación entre movimientos sociales y pensamiento político, en particular, en la obra de Hanna Arendt, Ernesto Laclau y Chantal Mouffe.

Acotado por el contexto del pensamiento francés de posguerra, la obra de Marchart circunscribe como área de trabajo una constelación teórica limitada a la que denomina "heideggerianismo de izquierda", la cual queda perfectamente caracterizada a partir de dos parámetros: el primero, la obvia afinidad con el pensamiento de Martin Heidegger, y el segundo, la vinculación entre las interpretaciones del pensamiento heideggeriano y ciertas corrientes posmodernas que, desde una clave fuertemente (im)política, vuelven más prolíficas las implicancias políticas del discurso heideggeriano. En este sentido, se lee en el texto el siguiente propósito filosófico–político común a los autores mencionados: "Es cierto que las figuras metafísicas del pasado se desintegran, pero también es cierto que estamos obligados a comprometernos con sus espectros" (p. 232).

La envergadura del proyecto emprendido por Marchart se manifiesta desde el título de la obra pues ahí ya aparece el eje central que la recorre en su totalidad, a saber: la diferencia política (la diferenciación crucial entre "lo político" y "la política") entendida como el indicador del fundamento ausente de la sociedad, mas no por ello de la ausencia de todo fundamento. Dice Marchart:

Si bien la política es un proceso con final abierto, sin un principio ni un fin determinados, lo político es el momento de un fundar, aunque parcial, contingente y efímero. Con lo cual, no es la imposibilidad de cualquier fundamento de la sociedad el problema relevante, sino la imposibilidad de su fundamento último; y es justamente esta ausencia radical, la condición de posibilidad de los múltiples, plurales y contingentes actos de "fundarla". (p. 84)

En este sentido, la tesis que anima el libro no es otra que aquella que afirma que la brecha entre lo óntico y lo ontológico, o mejor aún, entre la política y lo político, refiere de manera evidente y privilegiada a la imposibilidad de fundar de manera definitiva una política óntica particular dentro del ámbito ontológico de lo político. Sin embargo, para el autor, y ésta es su carta fuerte, siempre y de todas formas, de manera constitutiva y por eso también necesaria, la política deberá articularse en ese espacio abierto por el juego de la diferencia política, relegando a esta última a la tarea paradójica de la constante y múltiple "fundación contingente" de lo político. Marchart despliega la posibilidad del concepto de "contingencia necesaria", concepto de relevancia crucial, ya que es el que mejor sintetiza el horizonte posfundacional de la política ya expuesto.

Luego de haber presentado el principio básico de la obra, a continuación me detendré en su estructura general y en los aportes que cada sección ofrece a la totalidad del proyecto.

En primer término, la obra cuenta con una introducción que presenta, de manera breve y ordenada, el problema general del texto. Allí se sostiene esquemáticamente que de manera genealógica se dará cuenta de la "tropología posfundacional de la infundabilidad", en tanto se asume el fundamento de la sociedad como ausente, es decir: en la medida en que se constata la presencia de una ausencia. De modo que todas las figuras de la contingencia, deudoras evidentes de la filosofía heideggeriana, muestran una faceta determinante en términos políticos, y son ellas las que incitan a Marchart a "sacar a la luz dichas implicaciones a fin de dar cuenta de un 'fundamento' político del pensamiento posfundacional" (p. 15).

A continuación, el primer capítulo, "Los contornos del heideggerianismo de izquierda: el posfundacionalismo y la contingencia necesaria", busca dar solidez a la tesis de la diferencia política examinando las raíces del posfundacionalismo desde cuatro conceptos clave de la filosofía de Martin Heidegger (acontecimiento, libertad, momento y diferencia), lo cual es muy útil para el lector, ya que facilita el desarrollo de los capítulos posteriores en la medida en que vuelve más evidentes las similitudes entre los filósofos que se analizarán, en capítulos posteriores, con cierto detalle. Asimismo, este capítulo posee otras dos virtudes clave: la primera consiste en que se presentan algunas definiciones de los principales términos en cuestión, y la segunda, que logra circunscribir el debate de la filosofía política contemporánea en torno al "fundamento" positivo de lo político, presentando las principales posiciones sobre el tema e inscribiendo, en ese mismo mapa filosófico, nada menos que la propuesta posfundacionalista elaborada por el autor: no se trata de eliminar la figura del fundamento, sino tan sólo de debilitar su estatus ontológico. En consecuencia, se puede deducir de lo anterior que el estatus ontológico de la imposibilidad de un fundamento último debe ser más fuerte que el estatus de cualquiera de los múltiples y contingentes fundamentos establecidos a través del proceso del fundar: ésa, y no otra, es la gran afirmación en torno a la diferencia política que ofrece el presente libro y que se hace manifiesta desde su inicio.

El segundo capítulo, "La política y lo político: genealogía de una diferencia conceptual", lleva a cabo una presentación diacrónica del concepto de "lo político" así como del proceso histórico en virtud del cual llegó a emanciparse (a adquirir especificidad, autonomía y primacía) respecto de "la política". Este trabajo genealógico que plantea Marchart es vital, en cuanto que permite echar luz sobre el posicionamiento de "lo político" como síntoma de la crisis del paradigma fundacionalista, asumiendo que éste se ha tornado cada vez más opaco para ver y proporcionar un horizonte de inteligibilidad de cara a la realidad política.

Con el capítulo tercero se inicia una etapa comparativa que concluye al finalizar el sexto, y que consiste en un análisis sincrónico de algunos elementos de la izquierda heideggeriana en el contexto de la filosofía política contemporánea. Pese a la gran pluralidad de perspectivas analizadas, lejos de ser una caótica suma de posiciones diferenciadas con propósitos dispares, la obra de Marchart logra hacer funcionar de manera acompasada esta máquina compuesta de elementos tan heterogéneos como funcionales entre sí, interrogándolas a todas ellas acerca del lugar que ocupa en ellas la diferencia política. En estos cuatro capítulos, dedicados a Jean–Luc Nancy, Claude Lefort, Alain Badiou y Ernesto Laclau respectivamente, se intenta explicitar en la filosofía propia de cada uno de ellos el momento en que se desplegaría la diferencia política como manifestación de las condiciones cuasitrascendentales de (im)posibilidad de un fundamento de la política, pero siempre desde sus propios postulados filosóficos. Todos ellos coinciden, según Marchart, en que hay una falta, la ausencia de un fundamento último de lo social, que genera las distintas versiones de la diferencia política, lo cual manifiesta la demanda de distinguir "la política" y "lo político". En todos los casos, el fundamento y el abismo, las condiciones de posibilidad y de imposibilidad de la política, se encuentran intrínseca e indisolublemente unidas, junto con aquellas condiciones empíricas que los vuelven "históricamente trascendentales".

El séptimo capítulo, "Fundar el posfundacionalismo: una ontología política", oficia de conclusión y cierre del trabajo, previa recapitulación del recorrido trazado. Lo importante de esta última sección es la claridad expositiva con que se alude al posfundacionalismo: la imposibilidad de una clausura a priori para la política es condición de posibilidad para las múltiples, contingentes y variables fundaciones parciales que se llevan a cabo en el ámbito de la política.

Esta obra encuentra en la paradoja la estructura misma de la realidad política: el máximo de certeza que podrá asumir el fundamento de la política actual es la contingencia ("los fundamentos contingentes" de los que habla Chantal Mouffe), lo cual no indica una carencia o un mal, sino todo lo contrario, eso es lo que constituye su máxima fuerza afirmativa. La paradoja, entonces, no es otra que aquella que afirma la contingencia de la necesidad, o más precisamente, la necesidad de la contingencia en la práctica política de nuestro tiempo.

Debemos mencionar también, aunque en otro orden de cosas, que la edición cuenta con un completo índice de nombres y conceptos que acompaña y completa el esfuerzo analítico de la obra. Estos dos catálogos nos advierten acerca del alcance y la utilidad que podrá tener el libro en cuestión: destinado tanto a un público no especializado que recién se acerca a la problemática mencionada y que demanda una cartografía general acerca de los autores, los temas y los conceptos insoslayables del debate contemporáneo en torno a "lo político", y a aquellos que, siendo más versados en el tema, desean confrontar las principales corrientes filosófico–políticas actuales.

El pensamiento político posfundacional plantea una teoría política deudora de uno de los problemas metafísicos más importantes de toda la tradición filosófica, pese a lo cual nos ofrece la posibilidad de una cierta salida. La obra despliega subrepticiamente la doble actitud que su propuesta puede conllevar: por un lado, la creciente aceptación de la contingencia y la historicidad del ser, que puede o bien dar un vuelco o un efecto liberador para los seres humanos, o bien despertar, ajeno a todo "progresismo", viejos recelos totalitarios propios de un estado de angustia paralizante o de un escepticismo conservador.

Lejos de hacer pronósticos, la sobria propuesta aquí trazada ofrece con mucha claridad una panorámica actualizada del debate filosófico político de nuestro tiempo. Con ello, redibujando el contorno de la política y lo político en el juego paradójico que es su relación ontológica, Marchart esboza la posibilidad de plantear una nueva tarea a la filosofía de nuestro tiempo. Hacia eso nos conduce el libro en cuestión, a despertarnos del prolijo sueño de las certezas político–filosóficas para enfrentarnos con la politicidad intrínseca de todo discurso filosófico.

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