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Diánoia

versión impresa ISSN 0185-2450

Diánoia vol.53 no.61 México nov. 2008

 

Reseñas bibliográficas

 

Héctor Zagal (ed.), Tópicos.

 

Gustavo Leyva*

 

Revista de Filosofía No. 30 (2006)

 

*Universidad Autónoma Metropolitana–Iztapalapa, Departamento de Filosofía. gustavoleyva@prodigy.net.mx

 

Es siempre un motivo de beneplácito poder reseñar una revista que ha podido sostenerse a lo largo de ya quince años en el medio filosófico mexicano —diré, aún mejor, iberoamericano— y que, sumada a revistas como Crítica y Diánoia de la Universidad Nacional Autónoma de México y Signos Filosóficos de la Universidad Autónoma Metropolitana ofrecen, me parece, un buen ejemplo de la vitalidad y calidad que caracterizan a la producción filosófica que se desarrolla en México y, en general, en el mundo iberoamericano. A lo largo de sus quince años de existencia, en Tópicos, en efecto, han hallado expresión las diversas disciplinas que conforman el amplio espectro de la filosofía —desde la ética hasta la metafísica, pasando por la teoría del conocimiento, la estética, la filosofía política y la filosofía de la religión—, se ha dado atención a filósofos de diversas épocas históricas y de distinta procedencia y orientación filosófica —desde los presocráticos hasta Hans–Georg Gadamer y Jürgen Habermas, pasando desde luego por Platón, Aristóteles y San Agustín, lo mismo que por Kant, Martin Heidegger y Ludwig Wittgenstein— y se ha convertido en un logrado punto de confluencia entre docentes e investigadores de diversas latitudes geográficas, de manera señalada del mundo ibérico.

Lo anteriormente expuesto encuentra una puntual expresión en esta entrega de Tópicos. El número comienza con un artículo de Francisco Javier Gil Martín, profesor de la Universidad de Salamanca, con el título "Racionalización de la esfera pública". Se trata de una detallada reconstrucción del modo en que se entrelazan los conceptos de racionalidad procedimental, esfera pública y situación ideal de habla en Jürgen Habermas que es, como sabemos, un clásico viviente de la filosofía actual. Armado de un sólido aparato bibliográfico, Gil Martín muestra la manera en que la reflexión habermasiana se encuentra anclada en categorías centrales de la modernidad política, de modo que las reglas de la razón procedimental no expresarían el último análisis sino el contenido normativo que distingue a la esfera pública. Es especialmente esclarecedora la forma en que Gil Martín analiza cómo el concepto normativo de esfera pública burguesa se traduce en un conjunto de condiciones contrafácticas discursivas que expresan una inclusión universal y simétrica de los participantes en una "situación ideal de habla" y la manera en que Habermas realizó una rectificación gradual de esta concepción motivado en un principio por las críticas planteadas por Albrecht Wellmer —y a través de éste, por Robert Spaemann— y Sheila Benhabib y posteriormente, por las de Lutz Wingert y Cristina Lafont. La "situación ideal de habla" no podía ser comprendida sin más al modo de una forma ideal de vida convertida en parámetro normativo a partir del cual poder enjuiciar la pluralidad de formas de vida realmente existentes; tampoco debía ser concebida como la "posición original" de Rawls, pues esto convierte tanto a la propuesta de Habermas como a la de Rawls en artificios metodológicos irreales expuestos de nueva cuenta a la crítica que ya Hegel había hecho a Kant y conduce a la paradoja de que la realización efectiva de esa situación ideal de diálogo y la conquista de un consenso entre los hablantes supondrían de hecho una clausura de la comunicación y una paralización del propio diálogo. En el caso concreto de Habermas, como anota Gil Martín, estos cuestionamientos lo llevaron a un abandono gradual de la idea de la anticipación de una forma ideal de vida presente en la situación ideal de diálogo, a una reducción en las pretensiones de la crítica al igual que a una renuncia a la filosofía de la historia. Este abandono, sin embargo, como lo señala Gil Martín con razón, no implica en modo alguno una renuncia al contenido normativo de una racionalidad procedimental encarnada en la argumentación.

El trabajo de Alejandro Llano, "El ser coincidental en la ética aristotélica", ofrece, por su parte, un cuidadoso análisis de la manera en que se enlazan la consideración de la necesidad, por un lado, con los accidentes que provienen del azar, por el otro. Es en este sentido que Llano presenta un sutil tratamiento del ens per accidens del ser coincidental buscando elucidar el sentido y la relevancia de éste, en especial en el ámbito de la ética. No se trata aquí, advierte Llano del simple azar (autómaton), sino más bien de la fortuna (týche) que se refiere a objetos que proceden de la acción humana, influyen en ella e inciden en la prosperidad de la persona escapando, a la vez, a nuestro raciocinio. Lo inquietante de este problema, como lo apunta el autor, reside en que, a pesar de no poder brindar una explicación racional de ella, la fortuna no deja de tener una relevancia ética para la vida de los hombres empeñados en el buen vivir. Es en la tragedia griega donde esa fortuna se expresa en forma pregnante al colocar a los protagonistas del drama ante conflictos morales de los que parece imposible escapar. Así, el vivir y actuar bien se encuentran con frecuencia comprometidos por eventos ajenos que afectan a los hombres o por actuaciones desafortunadas a pesar de haber sido realizadas con la mejor de las intenciones. La ética no puede prescindir del tratamiento de este ser coincidental pero, a la vez, no puede integrarlo en su propio discurso porque los tipos de eventos a los que se refiere el ser coincidental ni ocurren siempre —ni siquiera la mayoría de las veces— ni tampoco es posible integrarlos en cadenas de explicaciones causales, pues, aunque pueden ser causas impropias de otros acontecimientos, ellos mismos no tienen una causa determinada. Correspondería sólo a la poética la posibilidad de articular los accidentes morales en la trama de una narración y es precisamente por ello, concluye Llano, que las narraciones pueden tener un valor más ejemplarizante que las argumentaciones éticas que, es preciso decirlo, deben precederlas o acompañarlas.

En una vertiente sin duda emparentada con la que anima a la argumentación anterior, Carlos Pereda desarrolla con agudeza en "La imaginación: ¿Ornamento o creación de mundos?" una inteligente reflexión sobre las diversas formas de la imaginación y los modos en que ésta se despliega en su relación con la dimensión delimitada por la referencia y la verdad al igual que las maneras en que lo que Pereda denomina "seguimiento imaginario" produce un bloqueo, aunque parcial, de la pretensión de verdad.

Tampoco faltan en este número de Tópicos colaboraciones en las que se ponen en relación dos propuestas de interpretación sobre un mismo problema o bien discusiones entre pensadores de peso en torno a una pregunta central. Creo que es en este sentido que se pueden entender los trabajos de Alejandro Vigo y de Franco Volpi. Alejandro Vigo en "Comprensión como experiencia de sentido y como acontecimiento" ofrece una reconstrucción sistemática —dotada, además, de un exhaustivo aparato bibliográfico— relativa a la concepción de la Verstehen propuesta por Heidegger y después desarrollada por Gadamer. Vigo coloca correctamente el análisis de la comprensión en Gadamer en el marco del planteamiento de Martin Heidegger. Por ello, no se pretende entender la comprensión en el marco de los problemas establecidos por la discusión alrededor del método de las llamadas Geisteswissenschaften y por el debate Erklären/Verstehen. Se trata más bien de escapar a esta reducción epistemologizante para entender la Verstehen a partir de las formas de acceso al sentido que caracterizan ya a la actitud precientífica y prerreflexiva. Es en este contexto que, destaca Vigo de manera acertada, el análisis de la comprensión en Gadamer aparece justamente en aquella sección de Wahrheit und Methode presentada como una ampliación de la pregunta de la verdad. Se pretende mostrar que todo acceso del hombre al mundo y hacia sí mismo tiene ya una dimensión comprensiva e interpretativa —y es en este sentido, recuerda Vigo, que ya Heidegger en una dirección análoga caracterizaba a la Verstehen como un existenciario (Existenzial)—, es decir, un rasgo constitutivo de la existencia humana presente ya en todo modo de acceso del hombre al mundo y a sí mismo, tanto en la actitud prerreflexiva como en la científica. En esta reflexión se asigna un papel particularmente relevante al distanciamiento tanto cultural como temporal, histórico, no como un obstáculo sino, mejor, como una condición de posibilidad y productividad de una comprensión que puede siempre volverse sobre sus propios presupuestos e interrogarlos de manera crítica. Franco Volpi, por su parte, en "La maravilla de las maravillas: Que el ente es. Wittgenstein, Heidegger y la superación 'ético práctica' de la Metafísica", pone en discusión la pretendida superación de la metafísica remitiendo a Heidegger, a Wittgenstein, a los intentos del Círculo de Viena, a esfuerzos provenientes de la filosofía analítica e incluso al llamado "pensamiento posmetafísico" propuesto más recientemente por Jürgen Habermas. No obstante, tanto en Alemania —en pensadores como Dieter Henrich o Robert Spaemann—, en Francia —en la línea abierta por Pierre Aubenque y en la que se localizarían autores como Rémi Brague y Jean–François Courtine— e incluso en filosofía anglosajona de inspiración analítica —Volpi piensa aquí en Individuals de P.F. Strawson y su distinción entre una metafísica "revisionista" y otra "descriptiva", en la ontología reísta inspirada por Franz Brentano y presente en algunos como Roderick Chisholm así como en el señalamiento hecho por Putnam en Renewing Philosophy (1992) de que la filosofía analítica se ha convertido ahora en el movimiento más importante en favor de la metafísica—, la metafísica continúa manteniendo una presencia difícil de negar en la filosofía contemporánea. La metafísica, tal parece ser el balance final extraído por Volpi, no tiene solución, tiene solamente historia y es en ella que la metafísica debe comprenderse en su relación indisoluble con la filosofía práctica, con la reflexión vinculada a la acción humana.

A colaboraciones como las anteriores se aúnan otras que se mueven entre el esclarecimiento filológico y la reflexión filosófica. Me refiero en este punto a "La formulación del principio de inmanencia en el pensamiento de Anaximandro" de Leonardo Ordóñez Díaz, donde se ofrece una interesante discusión de las diversas interpretaciones y traducciones al español del fragmento de Anaximandro —con un especial énfasis en la ofrecida por Heidegger— mostrando el modo en que la orientación naturalista e inmanentista de Anaximandro confluyen con desarrollos recientes en la filosofía y la ciencia contemporáneas.

La revista se cierra con reseñas dedicadas a libros de filosofía escritos en lengua española lo cual es, de nuevo, digno de saludo y reconocimiento, pues con ello se expresa una vez más una función central de las revistas de filosofía —y, en general, de las revistas académicas—, a saber: expresar la pluralidad, vitalidad, consistencia y fortaleza de una comunidad filosófica determinada, propiciando espacios de encuentro, de reflexión y de discusión, de crítica y autocrítica sin los cuales la filosofía —diré, aún más, la razón misma— no podrían existir.

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