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Revista mexicana de ciencias políticas y sociales

Print version ISSN 0185-1918

Rev. mex. cienc. polít. soc vol.64 n.236 México May./Aug. 2019

http://dx.doi.org/10.22201/fcpys.2448492xe.2019.236.69325 

Notas de investigación y reseñas

La muerte en la encrucijada de la filosofía, la economía política y las estadísticas

Death at the Crossroads of Philosophy, Political Economy and Statistics

Rosa María Rubalcava 

*Coordinadora de la Maestría en Población y Desarrollo, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), sede México. Correo electrónico: rosama.rubalcava@flacso.edu.mx

Fuentes, Mario Luis. 2018. Las muertes que no deben ser. Natalidad y mortalidad en México. México: Fondo de Cultura Económica / Universidad Nacional Autónoma de México-Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED),

Los hechos vitales, en especial los nacimientos y las muertes, vistos desde el campo de la demografía (mi propio ámbito de conocimiento) se caracterizan mediante proposiciones descriptivas como “muertes evitables”, pero no suelen usarse proposiciones normativas como la que da título a este libro “las muertes que no deben ser”. El desconcierto por este título fue tal, que se convirtió en un acicate para adentrarme en la obra. Comenzaré por el epílogo. “Pensar críticamente para ayudar a bien vivir, pero también a bien morir, a las personas que en cada caso somos, puede abrir la puerta a una nueva forma de convivencia civilizada, a un proyecto de vida en fraternidad y solidaridad horizontalmente compartida por todos” (Fuentes, 2018: 257). Una tesis que sostiene la obra es: “La muerte es en todo caso prematura en una sociedad que tiene recursos suficientes para prevenirla y posponerla con dignidad; la pérdida de cientos de miles de vidas por causas prevenibles o evitables resulta a todas luces antiética” (Fuentes, 2018: 256).

De vuelta al inicio, me preguntaba ¿qué camino recorrerá el lector hasta llegar a las aserciones mencionadas? Como dicen los abogados “a confesión de parte, relevo de pruebas”; Mario Luis Fuentes advierte al lector que él mismo clasifica a su libro como “de economía política”, y no de demografía, o de salud pública. Aduce que “busca mostrar que la enfermedad y la muerte están determinadas hoy por las desigualdades estructurales, la pobreza y la marginación, y que es necesario construir una mirada distinta frente a los determinantes sociales de la salud, pero, sobre todo, ante la propia forma de pensar y problematizar estos fenómenos” (Fuentes, 2018: 17).

Llama poderosamente la atención la relevancia que el autor da al concepto de vulnerabilidad y la manera -cuidadosa y precisa- para acercarse a su amplitud y profundidad. Nos dice que es un concepto que ya estaba presente en el debate social en México desde los años treinta del siglo pasado.

Declara, como hipótesis, que “los fenómenos en los cuales se sintetiza la complejidad de lo social, las desigualdades y las injusticias, no son exclusivamente los fenómenos económicos o políticos propiamente dichos, sino aquellos que se expresan en los eventos vitales más relevantes, a saber: la natalidad, la morbilidad y la mortalidad” (Fuentes, 2018: 40). En sus palabras: “en cada uno de los eventos vitales se sintetiza el conjunto de relaciones sociales y estructuras de poder económico y social que rigen a una sociedad” (Fuentes, 2018: 40).

Esta perspectiva de Fuentes coincide con la propuesta de Karl Popper para ver al mundo como “un mundo de propensiones” que se generan en una situación que actúa como campo de fuerza. Reiteradamente, el autor afirma que es necesaria una construcción ética que profundice en lo que ocurre cuando las personas enfrentan la existencia en condiciones persistentemente adversas.

Mario Luis Fuentes también coincide con Popper en que habría que cambiar la situación que genera las propensiones, y nos invita a afrontar la inercia de poca reflexión sobre estas cuestiones, lo que se expresa claramente en el fragmento siguiente:

La complejidad social exige un nuevo marco de categorías de análisis que devele los goznes y las estructuras que favorecen la peligrosa reproducción de condiciones que permiten que la desigualdad, la pobreza y la violencia permanezcan en nuestro espectro social sin que nada ni nadie pueda modificarlas (Fuentes, 2018: 46-47).

Además elabora una cuidadosa revisión de antecedentes y pormenores que ha seguido la cuestión social en los desarrollos técnicos, análisis y propuestas de programas, así como de las acciones de organismos nacionales e internacionales; la manera en que plantea su análisis es una invitación a repensar el orden que impera en la generación de estadísticas. Asimismo sorprende el argumento sobre el que construye la noción de vulnerabilidad: Todos somos vulnerables a algo, en algún momento y lugar, luego entonces, la vulnerabilidad es consustancial a la naturaleza humana y etimológicamente puede caracterizarse como una herida originaria.

De esta manera, la vulnerabilidad no se supera al buscar protección mediante capacidades personales y sociales; para aprender a vivir con esa vulnerabilidad, la responsabilidad que tenemos que asumir es la edificación de lazos solidarios para el momento en que la herida de que somos portadores se haga evidente.

El autor no nos abandona al desencanto o a la resignación, sino que ofrece una solución colectiva que nos hace responsables de construir “un modelo de bienestar sustentado en el reconocimiento de la vulnerabilidad humana compartida” (Fuentes, 2018: 70). No es casualidad que el capítulo I que acabo de comentar se titule “Por una apología de los vulnerables: una propuesta de aproximación al fenómeno”. Mario Luis Fuentes invita a la lectura de sus otros capítulos anunciando que mostrará “todo aquello que nos permite percibir la huella de nuestro ser vulnerable” (Fuentes, 2018: 71).

El capítulo II, “Propuesta de análisis e interpretación de la natalidad en México”, es abrumador. Examina diversos indicadores, expresados gráficamente, relativos al acto del alumbramiento (término cuyo contenido expresivo se enfatiza) y a la desprotección en que ocurre para las madres pobres, jóvenes, indígenas, con tasas de mortalidad materna e infantil inaceptables en el marco jurídico y de derechos que nos hemos dado como sociedad. La información por entidades de la República deja ver la desigualdad que, en su extremo más desfavorable, muestra recurrentemente a Chiapas, Guerrero y Oaxaca como los estados más desprotegidos.

Hago aquí una mención especial al cuidadoso tratamiento de los datos que acomete el autor a lo largo de la obra, y a la reflexión crítica que ofrece sobre su construcción en las diversas instituciones que generan información oficial, bien sea mediante registros administrativos o por la vía de estimaciones. No obstante, su llamado a tomar conciencia de que las medidas dan una visión estadística pero ocultan el sufrimiento humano comprendido en los conceptos que miden, merece atención aparte.

Las enfermedades claramente enlazan la natalidad y la mortalidad. En el capítulo iii, “Enfermedades de la desigualdad y la pobreza. Enfermedades del poder”, el autor establece la distinción entre enfermedades inevitables que no dependen de condiciones o factores externos al organismo. Como ejemplo menciona las malformaciones congénitas que son una de las principales causas de muerte en menores de un año, y diversos tipos de cáncer asociados a factores hereditarios; como contraparte, refiere a “otros grupos de enfermedades que dependen fundamentalmente de factores socioeconómicos; asociadas a la ausencia de servicios públicos de salud, a deficiencias en las políticas de prevención, a la pobreza, a la desigualdad, a los hábitos de consumo y vida de las personas, o bien a factores estructurales de carácter antropogénico, como el cambio climático” (Fuentes, 2018: 124-125).

El panorama es desolador: hambre, desnutrición, diabetes y diversas patologías de la pobreza como enfermedades respiratorias y gastrointestinales. Incluye también las enfermedades mentales vinculadas a la depresión y a las adicciones, así como los accidentes y la hipertensión. En el último apartado del capítulo afirma que “Las familias en México enfrentan hoy en día uno de los contextos sociales más complejos de las últimas décadas pues, ante las limitaciones institucionales, no existen respuestas ni tampoco se vislumbra un panorama de cambio estructural en el corto o mediano plazo” (Fuentes, 2018: 159).

En el capítulo iv, “Crítica para la exigencia de una muerte en dignidad”, lanza la pregunta “¿de qué morimos los mexicanos?”, a la que el libro responde examinando las tendencias de cuatro causas: homicidios, accidentes vehiculares, cirrosis hepática y diabetes. Empero, con referencia a la dignidad, la descripción de la mortalidad entre las niñas y los niños es desgarradora. Comienza con la muerte de los menores de un año a la que suele darse poca importancia puesto que estas muertes se examinan en grupos de edad, por ejemplo, los menores de tres años, o los menores de cinco. Mario Luis Fuentes informa que de las muertes totales que ocurren en el país, una de cada veinte es “muerte infantil”, o sea, de un menor de un año; las causas de muerte que pueden considerarse evitables son: dificultades respiratorias, agresiones (violencia) y accidentes de tránsito. En estos casos la omisión de cuidados y la irresponsabilidad de los adultos terminan provocando el fallecimiento.

En el caso de la primera infancia (de uno a cuatro años), la cuarta parte de los decesos se deben a violencia y accidentes de transporte. Nuevamente: por imprudencia fallecen cada día cuatro menores. En la edad escolar (de cinco a nueve años), uno de cada tres niños fallece por violencia y accidentes viales. En este grupo de edad también figuran quemaduras de cocina, asfixia e intoxicación, asociadas a la pobreza.

En los dos últimos capítulos culmina el razonamiento que el autor desarrolla en los capítulos anteriores, preguntándose: “¿Por qué somos tan descuidados e irresponsables con los niños? ¿Por qué somos reacios a aceptar que la violencia que se ejerce sobre los más pequeños es atroz y sádica?” (Fuentes, 2018: pág. 185).

El capítulo v, “Para una nueva crítica de la violencia: una interpretación de la mortalidad accidental y violenta”, ofrece las bases filosóficas para entender el fenómeno de la violencia y pone al lector frente a la indiferencia y ante la maldad que la provoca; refiere a la falta de datos para apreciar las dimensiones del abuso infantil y los tratos degradantes hacia los menores. La violencia familiar, violación y abuso sexual muestran tendencias preocupantes, e igualmente perturbador es saber que la mayor parte de los homicidios y suicidios se presentan en hombres de 15 a 29 años quienes, nos dice el autor, “se están matando entre sí”. En este capítulo el autor subraya que ante la violencia “nos hemos quedado petrificados, y hemos sido incapaces de nombrarla adecuadamente; no hemos conseguido todavía comenzar a describir las situaciones de nuestro mundo circundante con base en un catálogo de conceptos que apelen a la humanidad antes que a las estadísticas para proponer políticas públicas” (Fuentes, 2018: 204).

Por último, el título de la obra Las muertes que no deben ser queda plenamente justificado en el capítulo vi, “El futuro evitable”. El autor profundiza en las muertes en exceso evitables, presenta las siete principales causas de mortalidad prevenible y sostiene que “A partir de la certidumbre de que se trata de tendencias estadísticamente validadas se procede en lo que sigue a la presentación de cada una de las siete causas de mortalidad específica que constituyen, en su conjunto, 58% de las defunciones generales que se registran en el país” (Fuentes, 2018: 214). En el 2016, cuatrocientas mil muertes pudieron haberse evitado (véase gráfica VI.5 en la página 216). En especial resalta que “No hay humanidad posible en una sociedad que renuncia a la vida” y muestra que el número de suicidios (una de las siete causas mencionadas) creció en diez años, de 2005 a 2016, un 33.5% (Fuentes, 2018: 207).

El análisis de los diversos indicadores por entidad federativa revela profundas desigualdades socioeconómicas y muestra que los estados en que predominan las muertes prematuras son, como antes comenté, los estados con mayor pobreza: Chiapas, Guerrero y Oaxaca. En este capítulo final, el libro propone un modelo de análisis estadístico que reúne los más de treinta indicadores examinados y permite apreciar cuáles son los factores asociados a las muertes que pueden evitarse.

Sin espacio suficiente para describir a detalle los resultados del modelo, termino con una conclusión del autor, derivada del análisis efectuado, que expresa de modo elocuente cómo evitar un futuro sombrío, llevándonos al terreno que él mismo delimitó al inicio, el de la economía política: “La mortalidad evitable en México está asociada y determinada por múltiples factores que interactúan de manera simultánea y compleja por lo que la respuesta de política pública debería estar sustentada en la comprensión de dicha complejidad” (Fuentes, 2018: 253).

Referencias bibliográficas

Fuentes, Mario Luis (2018) Las muertes que no deben ser. Natalidad y mortalidad en México. México: Fondo de Cultura Económica / Universidad Nacional Autónoma de México / Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED). [ Links ]

Popper, Karl (1992) Un mundo de propensiones. Madrid: Tecnos. [ Links ]

Sobre la autora

1Rosa María Rubalcava es doctora en Ciencias Sociales, con especialidad en Antropología Social, por el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados en Antropología Social (CIESAS); coordinadora de la maestría en Población y Desarrollo de la FLACSO sede México. Sus líneas de investigación giran en torno a temas sociodemográficos: desigualdad social, marginación, diferenciación socioespacial y segregación; entre sus publicaciones en coautoría se encuentran Ciudades divididas, (2012) y Encuesta Nacional sobre la Protección de los Programas Sociales (2007); así como los artículos “La perspectiva territorial del universalismo en México” (2010) y “Municipios y localidades: concreción territorial de las desigualdades sociales” (2010).

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