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Revista mexicana de ciencias políticas y sociales

Print version ISSN 0185-1918

Rev. mex. cienc. polít. soc vol.63 n.233 México May./Aug. 2018

http://dx.doi.org/10.22201/fcpys.2448492xe.2018.233.57827 

Dossier

Acerca de las élites gubernamentales subnacionales. Los gobernadores y vicegobernadores peronistas de Santa Fe, Argentina (1983-2007)

On Subnational Governmental Elites. Peronist Governors and Deputy Governors of Santa Fe, Argentina (1983-2007)

María Cecilia Lascurain* 

*Universidad Nacional de General San Martín, Argentina. Correo electrónico: <mcecilia.lascurain@outlook.com>.

Resumen

El artículo analiza los modos de reclutamiento de los gobernadores y vicegobernadores peronistas de la provincia de Santa Fe (Argentina) entre 1983 y 2007. Mediante el método prosopográfico se reconstruyen las biografías de los actores a partir de diversas variables y se siguen sus trayectorias. El análisis advierte dos formas de ingreso al Poder Ejecutivo: una, el “puente sindical” (1983-1991) y la otra, la confianza del líder, acompañada por posesión de “credenciales” técnicas (1991-2007). Los hallazgos muestran que el peronismo santafesino experimentó un proceso tardío de desindicalización partidaria y una crisis de representación a principios de la década de 1990. Desde ese momento, el liderazgo de Carlos Reutemann surgirá como el nuevo ordenador del reclutamiento.

Palabras clave: élites gubernamentales; reclutamiento; peronismo; Argentina

Abstract

The article explores how Peronist governors and vice-governors of the province of Santa Fe (Argentina) were recruited during the 1983-2007 period. Through the prosopographic method the biographies of the actors are reconstructed based on various variables and their trajectories are followed. The analysis reveals two forms of admission to the Executive Power: the union bridge (1983-1991) and the trust of the leader, to which he accompanied the carrying of technical credentials (1991-2007). The findings show that Santa Fe’s Peronism underwent a late process of party de-unionization and a crisis of representation in the early 1990s. Since then, the leadership of Carlos Reutemann will emerge as the new recruiting leader.

Keywords: governmental elites; recruitment; Peronism; Argentina

Introducción

En los últimos años, las élites políticas argentinas han experimentado un renovado interés entre los investigadores de las ciencias sociales y humanas. A partir de los trabajos científicos pioneros de las décadas de 1960 y 1970 de la sociología argentina, en la actualidad se dispone de estudios centrados en temáticas variadas, como el reclutamiento, la formación, los atributos, las trayectorias y la construcción de carreras de la élite política nacional.

El interés se ha centrado en el estudio de las élites políticas subnacionales. En efecto, las biografías de los gobernantes de los estados provinciales de la Argentina son variadas. Así, existen trabajos que han analizado las características personales y la composición de estos actores en las legislaturas provinciales (Ferrari y Pozzoni, 2009; Lodola, 2009; Mellado, s/f); el poder ejecutivo electivo y no electivo (Campomar y Suárez, 2014; Lodola, 2015; Pereyra, 2016); y las organizaciones partidarias provinciales (Aelo, 2002; Closa, 2005; Kingard, 2007; Maidana, 2010; Vommaro y Morresi, 2015). Asimismo, otros indagan sobre las élites provinciales y su vinculación con diversos asuntos, como la construcción de fuerzas políticas provinciales novedosas (Abdulhadi, 2013; Sosa, 2014), las características de los distintos regímenes políticos subnacionales (Beherend, 2011; Rodrigo, 2013; Ortiz de Rozas, 2014) o el predominio de élites locales poderosas (Farinetti, 2012).

Sin embargo, sigue siendo escasa la atención que ha merecido la figura y la trayectoria de los gobernadores argentinos desde el retorno de la democracia, si se tiene en cuenta la importancia práctica de su papel en un sistema federal de gobierno como el argentino (Lodola, 2015). En efecto, estos mandatarios provinciales ocupan un lugar central, no solamente en su ámbito específico de ejercicio de la autoridad, sino, también, en la vida política nacional, dada la concentración de recursos institucionales, políticos y presupuestarios que concentran en su persona (Almaraz, 2010). Algunos trabajos se han abocado a conocer quiénes son los gobernadores argentinos mediante el estudio de sus trayectorias con base en: variables tales como la edad, el lugar de nacimiento o sus lazos familiares (Lodola, 2015), el tipo de carrera desarrollada y cargos ocupados (Campomar y Suárez, 2014) o su incidencia política e institucional (De Luca, 2008). Sin embargo, es preciso avanzar en una caracterización cualitativa de casos específicos sobre quiénes son las personas que integran las posiciones más altas en los gobiernos provinciales a partir de atributos de tipo biográfico, educativo, de trayectoria profesional o política.

En este artículo nos proponemos, entonces, aportar al conocimiento existente sobre las élites gubernamentales subnacionales argentinas analizando la figura de los gobernadores y vicegobernadores de la provincia de Santa Fe entre 1983 y 2007. A través del método de la prosopografía (Ferrari, 2010), en primer lugar, reconstruimos, las biografías de los mandatarios con base en variables sociales, educativas, profesionales y políticas. Luego, seguimos sus trayectorias a lo largo del periodo bajo estudio para identificar permanencias o cambios en las posiciones que ocupan y los arreglos sociales en los que participan y circulan (sindicatos, partidos, redes de interacción personal). Esto nos permitirá identificar los criterios o requisitos valorados al momento de ser reclutados como miembros de la élite de gobierno.1

La decisión de incluir en el análisis la figura de los vicegobernadores se justifica por dos motivos: uno, la prácticamente nula existencia de estudios sobre estos actores; y su importancia en nuestro sistema político-institucional.2 En efecto, los vicegobernadores tienen, la posición más alta de la institucionalidad política en el ámbito subnacional: componen la fórmula electoral de una fuerza que pretende llegar al poder del Estado, dando la oportunidad, muchas veces, a la articulación de distintas fracciones de un mismo partido político o de una alianza de partidos, así como de clivajes territoriales, sociales, de género, etc. Por este motivo, cumplen un papel central en la distribución de poder si dicha fuerza alcanza el gobierno. Además, el perfil socioeconómico y las ambiciones políticas de los vicegobernadores y gobernadores es similar (Lodola, 2015), por su análisis merece la misma atención.

En el marco de la literatura sobre las élites políticas argentinas, el análisis de los gobernadores y vicegobernadores de Santa Fe, en el periodo 1983-2007, nos enfrenta a un caso particular: una élite gubernamental que pertenece al Partido Justicialista (PI). De modo que el estudio de la composición y los cambios en el reclutamiento de esta élite tiene como telón de fondo las transformaciones ocurridas en el justicialismo santafesino, desde la apertura del régimen democrático, en 1983. En efecto, advertimos que al promediar el periodo aquí considerado (los inicios de la década de 1990) se cristaliza una transformación en las vías y los modos de reclutamiento de la élite ejecutiva electiva en Santa Fe, que pasa de ser seleccionada principalmente por su pertenencia al mundo del sindicalismo peronista al reclutamiento en virtud de la confianza del líder político (Carlos Reutemann) y de la posesión de credenciales técnicas, dada la creciente valoración política de los “expertos” durante el gobierno del presidente Carlos Menem (1989-1999) (Camou, 1999; Heredia, 2011). La hipótesis que buscamos demostrar es que dichos cambios originan profundas transformaciones en el formato de la representación política y en los atributos personales valorados por la ciudadanía.

De este modo, aparecen en el caso santafesino dos formas de acceso (o “puentes”) de la dirigencia justicialista3 a la posición de élite, desplegadas a lo largo de dos periodos. De 1983 a 1991, el gobierno estuvo ejercido por dirigentes vinculados a la trayectoria partidaria previa al Golpe de Estado de 1976, quienes ingresaron a la posición de élite a través de lo que denominamos el “puente sindical”. Es decir, que llegaron por su pertenencia o estrecha vinculación con los sectores del sindicalismo peronista local, que tuvieron una fuerte influencia en su selección como candidatos.

En el segundo periodo (1991-2007), el acceso al cargo de élite estuvo determinado, en primer lugar, por la confianza del líder político y subordinadamente, por la posesión de atributos de formación técnica en distintas áreas del saber. Los miembros de este grupo accedieron a la posición por sus vínculos de confianza con el gobernador Carlos Reutemann o por el aval que les otorgaba la autoridad de este último. A su vez, el propio Reutemann -un outsider de la política- fue convocado por su cercanía personal con el expresidente Carlos Menem para ser candidato a gobernador. Pero, en segundo lugar, fue un grupo que se distinguió con respecto al anterior por tener un saber técnico específico relativo a la gestión de gobierno (obras públicas, políticas agroindustriales, urbanismo, etc.). Como contrapartida, se produjo una “desindicalización” de los miembros de la élite gubernamental, acorde con las transformaciones organizacionales que había atravesado el peronismo por esos años.

Esta caracterización revela dos cuestiones fundamentales: 1) si bien el peronismo santafesino no fue ajeno al proceso de desindicalización partidaria (Levitsky, 2005) que vivió esta fuerza política a nivel nacional y en otras jurisdicciones del país (como Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza) tras la derrota nacional del PJ en 1983 ese proceso se desarrolló de manera más lenta que en los distritos mencionados; 2) la desindicalización culmina a principios de la década de 1990 en forma más o menos abrupta, evidenciando una crisis profunda de la dirigencia peronista de Santa Fe cuyos perfiles y atributos representativos (de marcada raigambre sindical) fueron deslegitimados públicamente. La emergencia de Reutemann en el escenario político santafesino vino a superar y recomponer la crisis de legitimidad, al posicionar en los máximos puestos electivos (durante su gobierno, y bendiciendo los de su sucesor desde su papel de líder del peronismo local) a individuos con nuevos atributos y mediante modos de reclutamiento también novedosos.

El presente artículo se estructura en dos apartados, que obedecen a los dos “puentes” de acceso que primaron en cada uno de los periodos mencionados. Al interior de cada uno se reconstruye, brevemente, el contexto histórico y el desempeño electoral del PJ de Santa Fe, luego se describen a profundidad las características de los individuos en función de las dimensiones escogidas. El análisis se sostiene en una estrategia metodológica cualitativa que permite explorar y sistematizar datos relativos a las trayectorias, tomados de una base de elaboración colectiva, de documentos y materiales escritos y de entrevistas que permiten su interpretación (Castellani, 2010). Adicionalmente, el análisis tiene en cuenta el punto de vista de los propios actores, a partir de fuentes primarias (entrevistas propias y de archivos de historia oral, material de prensa, discursos institucionales y declaraciones públicas) y secundarias (bibliografía específica sobre el caso, biografías y recursos periodísticos) (Lascurain, 2016). La última sección está destinada a las conclusiones.

El puente sindical

Peronismo y sindicalismo en Santa Fe (1983-1991)

Las elecciones que reabrieron el ciclo democrático en Argentina, el 30 de octubre de 1983, tras siete años de dictadura militar, revelaron en Santa Fe una particularidad: el PJ ganó las elecciones ejecutivas provinciales, mientras que a nivel nacional y de las provincias económicamente más prósperas y más pobladas fue la Unión Cívica Radical (UCR), la otra fuerza mayoritaria del sistema partidario argentino, la que obtuvo el triunfo.4 Si bien el peronismo obtuvo 12 gobernaciones (Santa Cruz, La Pampa, San Luis, Santa Fe, Chaco, Santiago del Estero, Formosa, Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca y La Rioja), el hecho de haber ganado en un distrito urbano y moderno como Santa Fe fue raro, si se tiene en cuenta que la UCR cosechó sus principales adhesiones en la “nueva clase media” urbana (minoristas, prestadores de servicios profesionales e independientes, tradicionalmente relacionados con el radicalismo), pero también entre los trabajadores industriales calificados, otrora votantes del peronismo (Catterberg y Braun, 1989).

En efecto, una de las razones que explica la derrota nacional del justicialismo en 1983 fue la dificultad de un partido fuertemente asociado con los sindicatos de base industrial para atraer a estos sectores sociales. Derivado del agotamiento del modelo industrializador de sustitución de importaciones de la última dictadura militar, se produjo un disciplinamiento social y económico, no solamente por vía de la represión ilegal, sino también por una profunda reestructuración de las relaciones sociales (Villarreal, 1985). En ese contexto, la coalición del PJ vio fuertemente disminuida su capacidad de movilización de las antiguas bases electorales (Levitsky, 2005).

Sin embargo, el peronismo santafesino contrarrestó esa tendencia general al ganar las elecciones provinciales de gobernador, no sólo en 1983 sino también en 1987. En ambas victorias, el sindicalismo industrial de Santa Fe, en su mayoría peronista y con fuerte presencia en el cordón industrial de la zona del Gran Rosario (Kohan, 1993), tuvo un papel central.5 En efecto, el secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) de Rosario, Miguel Gómez, fue una pieza clave en ese proceso, apoyado, a su vez, por Lorenzo Miguel, el histórico dirigente de la entidad a nivel nacional (Fernández, 1993). Esa situación evidenció un proceso más lento de lo que se dio en llamar la “desindicalización” partidaria del peronismo (Levitsky, 2005; Gutiérrez, 2003), es decir, un debilitamiento de la influencia del sector gremial en el PJ tras la recuperación democrática del país. Como afirma Levitsky, en 1987 “sólo en la provincia de Santa Fe los sindicatos tuvieron un papel importante en el proceso de designaciones” (2005: 169), posicionándose como el “gran elector” en la estructura partidaria peronista (Maina, 2012).6 Si atendemos a la composición gubernamental de Buenos Aires y Córdoba en 1987 (emblemas del influjo de la “Renovación Peronista”), los candidatos a gobernador (Antonio Cafiero y Juan Manuel de la Sota, respectivamente) provenían de la rama “política” del partido, y sus vicegobernadores eran un sociólogo y un empresario agropecuario (Ferrari y Mellado, 2016; Reynares, 2012). Advirtiéndose así la ausencia de figuras sindicales en los principales cargos electivos ejecutivos.

El triunfo electoral del candidato del PJ en Santa Fe en 1983 tuvo dos efectos clave para el futuro escenario justicialista. Por un lado, ubicó en el partido a importantes dirigentes que habían estado al frente de los sindicatos durante la dictadura militar, como Miguel Gómez (Kohan, 1993). Por otro lado, se llevó a cabo una especie de alianza entre los sectores políticos y sindicales del PJ, para lograr cierta gobernabilidad y dirimir los conflictos internos de un partido sin liderazgo único. En efecto, durante los años ochenta, el peronismo santafesino careció de un liderazgo que controlara el partido y aglutinara las múltiples fracciones internas. En cambio, se conformó una estructura con diversos líderes, cada uno de los cuales contaba con cuotas similares de poder. Ese empate de fuerzas entre las distintas fracciones de la élite partidaria adoptó un nombre propio: la Cooperativa Santafesina (Lascurain, 2016), la cual entra en crisis al final de la década, dando lugar a la emergencia de Reutemann como nuevo líder del peronismo local.

El entorno sindical como puente

El primer gobernador democrático en Santa Fe fue el contador José María Vernet, nacido en la ciudad de Rosario y graduado en la Universidad de la misma ciudad. Expresión clara del vínculo estrecho entre partido y sindicatos que imperaba durante aquellos años, Vernet era considerado un outsider, que no representaba ninguna línea interna propia en el PJ. Sin embargo, su vínculo con el peronismo se gestó a través de su padre, quien en las décadas de 1950 y 1960 había sido militante y asesor contable de diversos sindicatos (UOM, calzado y panaderos). Al igual que su padre, Vernet se especializó como contador y como asesor en economía trabajando en organismos internacionales, entre ellos la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y al momento de la apertura democrática se desempeñaba como asesor en la UOM-Rosario.

Desde su percepción, el peronismo estaba fuertemente asociado a la memoria de la experiencia sindical vivida a lo largo de los años de la “Resistencia peronista” (1955-1973), durante los cuales los sindicatos se habían constituido en el principal refugio para la militancia, en un contexto de proscripción político-electoral del movimiento peronista. Su condición de asesor técnico y no de político profesional, en el sentido weberiano del que vive de y para la política y ocupa cargos representando a un partido político (Weber, 2008) no fue óbice para que se considerara un peronista como cualquiera de sus competidores internos. A este respecto expresaba:

Yo nací en un hogar político, en un hogar peronista. No vengo de un hogar [del partido] radical y luego me fui a militar al peronismo y tengo que justificar mis actos, nada de eso existió para mí [...] Yo empecé a militar conscientemente el día que salí a pintar una pared; tenía 14 años, en época de Resistencia Peronista [...] El peronismo ortodoxo, nací ahí. Los sapos no nos vamos del pozo [...] y el trabajo en el área sindical para mantener el peronismo en los movimientos sindicales para que no se vayan para otro lado. Ese era el trabajo básico [que hacía él en el peronismo] (Vernet, 29/10/2010).

Su postulación, entonces, representó una “reducción a la unidad” (Maina, 2012: 7) en la definición de las candidaturas entre las múltiples líneas internas del peronismo, pero era una unidad que expresaba -al igual que a nivel nacional- la hegemonía del sindicalismo metalúrgico dentro de la organización partidaria. Cabe señalar que, en 1983, el llamado sindicalismo “ortodoxo” tenía una gran influencia en las decisiones partidarias del justicialismo. El dirigente sindical metalúrgico de la provincia de Buenos Aires, Herminio Iglesias, fue candidato a gobernador por ese distrito quien, en acuerdo con el Secretario General de la UOM, Lorenzo Miguel, definió la fórmula presidencial que luego sería derrotada (Maronese, Caftiero y Wasiman, 1985; Ferrari, 2009).

La figura de Vernet fue cobrando relevancia en las sucesivas instancias electorales del partido, sobre todo a nivel nacional. Fue vicepresidente de la conducción nacional en 1984 cuando todavía las 62 Organizaciones Peronistas -principal nucleamiento del sindicalismo al interior del justicialismo- eran fuertes en el partido. Ocupó el mismo cargo cuando Antonio Cafiero -entonces gobernador de Buenos Aires- asumió la presidencia del PJ a nivel nacional (1988-1990) (Ivancich, 2004). Luego de ser gobernador, migró a Buenos Aires para ocupar la titularidad del Ministerio de la Producción durante el gobierno de Cafiero (1987-1991). Sin embargo, su imagen como gobernador se había visto afectada por la resonancia de algunos casos de corrupción, como el escándalo por las irregularidades en la venta de partes del Puente Colgante, en la ciudad de Santa Fe, una de cuyas pilas se derrumbó durante su mandato (La Nación, 2001), así como por las disputas internas con Raúl Carignano, el entonces presidente local del PJ (Maina, 2012); por lo que su carrera pública en la provincia y en el partido se vio, finalmente, interrumpida.

La fórmula de Vernet no corrió mejor suerte. Carlos Aurelio Martínez, hombre con una importante trayectoria sindical local previa a la dictadura militar, fue secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Industria Alimentaria (STIA) de la regional Santa Fe y delegado de la Confederación General del Trabajo (CGT). Oriundo de un pequeño pueblo cercano a la ciudad de Santa Fe (Arroyo Leyes),7 Martínez fue un dirigente sindical sin estudios universitarios cuya vida laboral pasó por el trabajo en el gremio, en el cual comenzó como Secretario de Prensa y del cual luego se jubiló. Después de ser vicegobernador, ganó en 1987 las elecciones internas y generales como candidato a intendente de la ciudad de Santa Fe (la capital provincial), por un margen de 20 248 votos sobre su rival de la UCR, Santiago Mascheroni. Sin embargo, a la mitad de su mandato debió renunciar a causa de una investigación que le inició la Comisión Especial del Concejo Deliberante de la ciudad, en torno a una serie de irregularidades en el manejo de los recursos municipales.

La renuncia de Martínez a la intendencia de Santa Fe sucedió tras su dimisión como vicepresidente del PJ provincial, cargo desempeñado entre 1986 y 1988 producto de una lista alineada con la Renovación Peronista. Cuando Cafiero perdió la elección interna presidencial frente a Carlos Menem, en 1988, Martínez, junto con otros dirigentes que también habían apoyado al referente bonaerense, renunció a su cargo partidario (Lacher, 2015).

En 1987 asumió el segundo gobernador democrático, Víctor Reviglio, quien no era un dirigente sindical, sino más bien un político “profesional”, escalando posiciones dentro de la burocracia estatal provincial, específicamente, en el sector de la salud. Reviglio militó desde su adolescencia en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), en la ciudad de San Francisco (provincia de Córdoba, limítrofe con Santa Fe), donde nació. Luego, presidió la Federación de Centros de Practicantes, mientras estudiaba medicina en la Universidad Nacional de Córdoba, sirviendo a la línea peronista “Guardia de Hierro”.8 Su paso por el ámbito gremial-profesional se produjo cuando, ya radicado en la ciudad de Santa Fe, presidió la Sociedad Médica de Santa Fe.

La carrera pública de Reviglio inició en el gobierno de Carlos Sylvestre Begnis (1973-1976), otro médico del partido Movimiento de Integración y Desarrollo que en ese momento había conformado un frente con el PJ: el Frente Justicialista de Liberación. Inicialmente fue Subsecretario de Salud Pública de Santa Fe y después, por algunos meses, Director Nacional de Atención Médica (1975), hasta que el gobierno de Isabel Perón fue interrumpido por el golpe de Estado de 1976. Ya en democracia, fue Ministro de Salud, Ambiente y Acción Social, durante el gobierno de Vernet (1983-1987), y llegó a su punto más alto como gobernador electo en 1987. Años más tarde, fue embajador en Nicaragua, durante la primera presidencia de Menem.

Reviglio no sólo ocupó cargos en la estructura local del PJ, sino que alcanzó en 1988 la presidencia del partido, al ganarle a la lista encabezada por el vicegobernador, Antonio Vanrell. Sin embargo, debió culminar su presidencia antes de lo previsto, ya que el distrito local del PJ fue intervenido en 1991 por el Consejo Nacional Justicialista, cuando su autoridad partidaria y pública fue fuertemente cuestionada. La pérdida de las elecciones municipales en las ciudades de Santa Fe y Rosario, a fines de 1989, y la destitución del vicegobernador Vanrell, en 1990, que en juicio político fue acusado de corrupción, deslegitimaron su gobierno. El siguiente año, la dirigencia nacional del PJ decidió intervenir para impedir que Reviglio encabezara la lista de candidatos a diputados nacionales, a lo cual también se oponían un conjunto de dirigentes locales. Al igual que Vernet, Reviglio no volvió a ocupar cargos públicos ni dentro del partido en la provincia.

Quien acompañó en la fórmula gubernamental a Reviglio emergió del core del sector sindical, en línea con el perfil exhibido por sus predecesores. Así, la trayectoria de Vanrell -nacido en Villa Cañás, una pequeña ciudad del sur de la provincia- resulta difícil de encuadrar en alguna categoría. Se acercó a la militancia peronista en sus años de estudiante de Ciencia Política en la Universidad Nacional de Rosario. Allí se adhirió, junto con otros militantes que luego formarían parte de las primeras líneas del peronismo en Santa Fe, a las filas del Frente Estudiantil Nacional (FEN),9 desde una línea cercana a los grupos cristianos (Acosta, 1987). Pese a ello, Vanrell reconocía su temprana vinculación con los sectores sindicales rosarinos -iniciada a fines de los años sesenta- y la definía como la causa de su ruptura con los grupos del FEN. En este sentido, afirmaba Vanrell:

Yo me fui [del FEN] en el 69. Porque una de mis ponencias fue la defensa del concepto sindical del peronismo, cosa que en la universidad en general, no sólo en el FEN, era pecado [...] Los sectores juveniles de aquella época, o estaban enrolados en la estructura del FEN o estaban enrolados en la estructura de la juventud sindical (Vanrell, citado en Acosta, 1987: 149).

Vanrell no terminó sus estudios universitarios y se dedicó a la comercialización de hierro en la ciudad de Rosario, actividad que le permitió tener contacto con Miguel Gómez, secretario general de la UOM. Llegada la apertura democrática -en la que la UOM jugó un papel protagónico en el escenario santafesino-, Vanrell formó parte de la campaña electoral, sin ocupar ningún cargo formal público ni de partido. En las elecciones internas de 1986 se postuló como precandidato a vicegobernador en la lista del Frente para la Victoria que llevaba a Reviglio como precandidato a gobernador (Maina, 2012). Dos años más tarde, intentó ocupar la máxima posición dentro del PJSF, pero perdió frente a la lista del gobernador Reviglio, a pesar de ser apoyado por la poderosa UOM Rosario, que llevaba a Gómez como cabeza en la lista de precandidatos a diputados nacionales.

Sin embargo, la suerte de Vanrell, tan atada a los avatares de la dirigencia sindical rosarina, hizo que, al perder influencia en la estructura partidaria, su figura quedara atrapada en ese proceso crítico, atravesado por el sindicalismo. En efecto, la desindicalización partidaria en Santa Fe -aunque más tardía que en otros distritos- también terminó impactando su estructura y dinámica local. Así, sólo un sindicalista fue elegido diputado nacional en 1989, siendo el último en ocupar la diputación, mientras que en 1983 habían participado tres sindicalistas y en 1987, dos. La participación en carteras ministeriales también presentó un marcado descenso, pasando de ocupar dos (Educación y Trabajo, de 1983 a 1987), a una (Trabajo) de 1987 a 1991 y ninguna desde 1991 (Lacher, 2015).

En ese contexto crítico para el sindicalismo peronista se produjo la destitución de Vanrell, con el único juicio político que protagonizó la dirigencia política santafesina en toda su historia. El 29 de junio de 1990 fue acusado de incumplimiento como funcionario público e inhabilitado por ocho años para ejercer cargos públicos. Como corolario, se produjo una fuerte deslegitimación del gobierno de Reviglio al quedar etiquetado como corrupto e ineficiente (Lascurain, 2016). La figura de Vanrell terminó siendo, entonces, no sólo la expresión de la crisis de poder del sindicalismo al interior del PJ, sino también del fin de la conducción de la élite peronista que había gobernado la provincia desde 1983.

Las trayectorias descritas muestran, entonces, una élite gubernamental y de partido con algunos rasgos comunes y otros disímiles. En cuanto a las diferencias, éstas se advierten en los atributos socio-educativos y profesionales de los individuos. En efecto, se observa, por un lado, que los gobernadores cuentan con títulos universitarios (contador y médico) y con trayectorias ocupacionales vinculadas a su profesión (Vernet fue asesor contable de diversas organizaciones y Reviglio se desempeñó en carteras estatales del área de la salud, alternando con el ejercicio independiente de su profesión). Contrastan los dos vicegobernadores sin formación universitaria completa y cuya adscripción al partido se dio por vínculos derivados de su actividad laboral en los sectores primario o secundario de la economía (agremiado del sector alimentos y comerciante).

Ahora bien, pese a estas diferencias en lo profesional y educativo, los cuatro tienen en común la participación en colectivos (universidades, sindicatos o espacios profesionales) en los grandes centros urbanos de la provincia (Santa Fe y Rosario), donde establecieron redes y vínculos que les permitieron incursionar en la actividad política y desarrollar su carrera. La socialización en grandes centros urbanos constituye, en efecto, un elemento distintivo de todas las élites gubernamentales de nuestro país (Lodola, 2015). A su vez, este aspecto común los puso, de acuerdo con el contexto histórico-político de la época, en contacto con el mundo sindical. Así, el elemento más notorio de las trayectorias de estas duplas gubernamentales santafesinas fue su reclutamiento como candidatos al cargo de élite, vía de lo que hemos llamado el “puente sindical”, es decir, por los vínculos con el sindicalismo peronista local desde los años sesenta y setenta, ya sea a partir de una participación activa y formal en ese mundo (como los casos de Vernet y Martínez) o informal e indirecta (Reviglio y Vanrell). Esa potencia centrípeta del sindicalismo peronista santafesino de los años ochenta delineó el perfil de la élite de la transición democrática en la provincia, que encontró un límite en el reconocimiento ciudadano (evidenciado con la renuncia de la intendencia de Martínez, el juicio político de Vanrell y los exilios políticos de Vernet y Reviglio) y que habilitó un cambio de época al empezar la última década del milenio.

La confianza del líder y el saber técnico como puentes

El PJSF bajo el liderazgo de Carlos Reutemann (1991-2007)

La llegada de Reutemann -outsider de la política y miembro del PJ- a la gobernación de Santa Fe en 1991 constituyó un punto de quiebre en el peronismo santafesino, en varios sentidos. Por un lado, consolidó la desindicalización partidaria, en marcha desde 1987 (Fernández, 1993). Si bien buena parte del sindicalismo provincial apoyó su candidatura como extra-partidario, una vez que Reutemann se afilió al partido y obtuvo en elección interna la presidencia del distrito provincial del PJ, ningún sindicalista volvió a ocupar puestos clave en la organización partidaria. Esta situación condujo a que importantes figuras gremiales del sur de la provincia se unieran para constituir una oposición interna al sector del gobernador. Lo mismo se observó a nivel estatal, ya que las carteras ministeriales estuvieron ocupadas por políticos sin trayectoria sindical o técnicos ajenos al mundo de la política partidaria, una tendencia que continuaba la línea inaugurada por el presidente Menem (Sidicaro, 1995). En efecto, el primer gabinete de Reutemann estuvo integrado por figuras del peronismo ajenas a la rama sindical, el radicalismo, el demoprogresismo y técnicos (economistas y juristas de su confianza). El segundo estuvo compuesto por peronistas y técnicos y tampoco contaba con sindicalistas. Por otro lado, supuso la emergencia y consolidación de un liderazgo local con características novedosas, como discurso anti-político, proximidad con la ciudadanía y componentes moralizadores de la política (Lascurain, 2016), convocando la dinámica interna del peronismo y la política provincial.

El proceso de renovación de las primeras líneas del peronismo comenzó con la intervención del PJSF por parte de las autoridades nacionales del partido, previo a las elecciones gubernamentales, y culminó con las elecciones internas del 30 de mayo de 1993. En dichos comicios, Reutemann se consagró presidente del PJSF con 87.47% de los votos, iniciando así un largo periodo de conducción formal e informal del partido. En 1995, las elecciones internas por voto directo de los afiliados lo eligieron candidato a senador nacional con 70.4% de los votos (La Capital, 1995). Con sucesivas victorias en las urnas, se consolidó como indiscutible líder del peronismo santafesino a lo largo de toda la década de 1990. En efecto, en la dinámica interna del peronismo, el voto directo tanto de los partidarios como de los ciudadanos tiene la función de ordenar -al menos en lo inmediato-, las posiciones internas detrás de la figura ganadora (Ollier, 2010). La legitimidad de las urnas imbrica, por lo tanto, la jefatura gubernamental con la partidaria.

A partir de ello no volvería a haber elecciones en el partido. Las autoridades partidarias y los candidatos a cargos electivos se definirían “por aclamación y unanimidad” (Ramos, 2011), acordando listas únicas con Reutemann. En efecto, el mayoritario sector de seguidores progresivamente consolidó su hegemonía, tanto en la arena partidaria como en la gubernamental (visible, en especial en el ámbito parlamentario). Sólo una vez el gobernador Jorge Obeid (con quien alternó el cargo en dos oportunidades) presentó una lista propia para las contiendas por concejales en la ciudad de Santa Fe, en 1997, para competir con la presentada por Reutemann; sin embargo, la constatación de la dificultad de disputarle su legitimidad desincentivó este tipo de maniobras.

Con la rotunda victoria para gobernar la provincia por segunda vez en 1999 (la mejor elección del peronismo en la provincia desde 1983, con 57.57% de los votos), el liderazgo de Reutemann adoptó cierto carácter en la dinámica política del PJ local. Y al finalizar su segundo mandato como gobernador en 2003, de nueva cuenta fue elegido candidato a senador nacional por aclamación. Según Ramos, “en el Partido Justicialista ninguna decisión política estratégica se tomó sin el acuerdo de Carlos Reutemann” (2011: 175).

Este periodo de éxitos del PJ se interrumpió en 2005, cuando el peronismo perdió las legislativas nacionales ante el Frente Progresista Cívico y Social, una alianza de partidos entre el Partido Socialista (PS), la UCR, la Coalición Cívica y el pdp, especialmente creada para enfrentar al justicialismo (El Litoral, 24/10/05). En últimas, en 2007 el justicialismo fue derrotado en la contienda para ejecutivo provincial por dicha alianza, que eligió como gobernador a Hermes Binner, líder del Partido Socialista en la provincia (El Litoral, 2007). Para entonces, Reutemann no volvería a disputar ese cargo, sino que renovaría sucesivamente su banca como senador nacional, obligando la reorganización del partido sin contar con el potencial electoral y de conducción interna que su liderazgo había ejercido desde 1991.

El nuevo “puente”: confianza y credenciales técnicas

Carlos Reutemann encarna uno de los casos emblemáticos de políticos outsiders surgidos en la década de 1990 en Argentina bajo la estrategia “transformista” del presidente Menem, quien buscaba aplicar reformas estructurales a la economía y al Estado, soportado en la legitimidad de un partido tradicional de raigambre popular, como el peronismo (Novaro, 1994). En ese marco, el expresidente había convocado a figuras populares ajenas a la arena política (deportistas, empresarios, de la farándula/artistas), en el marco de la llamada “Actualización Doctrina” peronista (Palermo y Novaro, 1996). Precisamente, por el contexto de crisis representativa del peronismo gobernante en Santa Fe, Menem promovió en 1991 la candidatura de una cara atractiva y famosa como la de Carlos Reutemann, excorredor de la Fórmula Uno (Lascurain, 2016).10

Menem y Reutemann compartían el gusto por el automovilismo. A su vez, el excorredor de autos y también empresario agropecuario tenía amistad con quien fuera su patrocinador (propietario de una fábrica de alimentos), el entonces Ministro de Defensa de la Nación, José Romero. Su reclutamiento político se produjo, entonces, exclusivamente por la confianza y lazos personales con el Presidente de la Nación, el respaldado de dirigentes locales críticos de la Cooperativa Santafesina (como se conocía a la dirigencia previa) y su condición de celebridad como corredor de Fórmula Uno. Con ocasión de su afiliación al PJ, Reutemann afirmaba:

El compromiso grande lo tengo con Carlos Menem, que es quien me llamó a la política en enero de 1991. Era él a quien yo debía llevarle la ficha de afiliación. Quién sino él debía presentarme ante el PJ (El Litoral, 22/2/93).

Desde entonces, Reutemann transitó por cargos públicos electivos. Entre sus dos gubernaturas fue senador nacional (1995-1999), para retornar al mismo cargo luego de finalizado su segundo periodo como gobernador hasta la actualidad (2003-2017). Junto con otros dirigentes no peronistas afines al gobierno de Menem, se afilió al PJ. La afiliación tuvo como marco la estrategia del Presidente de ampliar consensos entre los peronistas para la reforma constitucional tendiente a la reelección presidencial de 1994. Ganó las elecciones internas para presidir el PJSF (1993-1996), fue congresista nacional del partido entre 1993 y 2004 (tuvo la vicepresidencia del Congreso en 1996 y 2002) y en la actualidad ocupa un cargo como congresista provincial.

El vicegobernador del primer periodo de Reutemann fue Miguel Ángel Robles, político de larga trayectoria en el peronismo santafesino y dirigente tradicional de la ciudad sureña de Villa Constitución, que no formaba parte de las primeras líneas del partido. Sin formación universitaria, fue secretario de gobierno de la municipalidad de Villa Constitución (1973-1975), senador provincial (1987-1991), vicegobernador (1991-1995), diputado nacional (1995-1999), director del Ente Regulador de Servicios Sanitarios (ENRESS) (1999-2001) y senador nacional (2001).

Reutemann convocó a Robles para tener el apoyo de los “independientes” o extrapartidarios y de las “terceras líneas”, militantes y afiliados del PJ (Lascurain, 2016). Otro atributo de Robles -y que inspiró la confianza de Reutemann- era el ser considerado una persona de bajo perfil, honesta y con probada conducta ética. Así lo relata un dirigente del peronismo, cercano al gobernador de aquel momento:

Reutemann [...], por los problemas que había habido con los vicegobernadores, dijo, “quiero un hombre de pueblo”, y le sugirieron el nombre de Miguel Robles. Le dijeron “es un hombre que va todos los días a comprar pan a la panadería, senador del departamento Constitución, incuestionable en su ética”, y finalmente se decide por Robles (Baltuzzi, 2016).

La trayectoria del sucesor de Reutemann en dos oportunidades, Jorge Obeid (1995-1999 y 2003-2007), revela a un político de larga data. Nacido en la provincia de Entre Ríos e ingeniero químico de profesión, fue delegado titular de la Regional ii de la Juventud Peronista mientras era estudiante en la Universidad Nacional del Litoral (Santa Fe). En 1974 se exilió en Perú por persecución política y, al retornar el régimen democrático, fue concejal de la ciudad de Santa Fe (1987-1989), intendente interino luego de la renuncia de Carlos Martínez, e intendente electo (1991-1995). Se desempeñó de manera alterna como gobernador y diputado nacional hasta su fallecimiento, en 2014 (1999-2003 y 2007-2014). Dentro del PJ tuvo numerosos cargos, tanto a nivel provincial como nacional: fue vocal titular del Consejo Provincial del Partido (1985-1988), secretario general del Consejo Departamental (1987-1990), congresal provincial (1989-1992 y 2007-2014), vicepresidente 1° del PJ provincial (1995-1996) y congresal nacional desde 1999 hasta su muerte. Al igual que Robles, Obeid formaba parte del grupo de dirigentes peronistas ajenos a la estructura de conducción de los años ochenta convocado por Reutemann. Debido a que la Constitución santafesina no admite la reelección de gobernadores, Reutemann debió buscar un sucesor y así fue como decidió convocar a Obeid en virtud de la confianza que le dispensaba y, según sus palabras, su persona y su ardua manera de trabajar. “Recuerdo cuando fui a verlo en el terraplén French para que sea candidato a gobernador. Venía de una gestión en la intendencia de Santa Fe y tuvo que trabajar muchísimo cuatro años (Reutemann, citado en Damianovich, 2001: 538).

Como todo vínculo de confianza, éste se sustentaba en la reciprocidad. Así, Obeid reconocía en Reutemann al líder del peronismo provincial:

Como peronista me siento completamente identificado y representado por Reutemann. [Fue] lo mejor que nos pudo pasar a los peronistas [...] Quienes lo atacan son aquellos que quieren volver a los anteriores sistemas de la corrupción (El Litoral, 1992).

Y también: “Mi lealtad a Reutemann se la di para toda la vida” (El Litoral, 1995). Esa confianza mutua se expresaba públicamente. Por ejemplo, en 1999, cuando Reutemann fue elegido gobernador por segunda vez, éste regaló a Obeid una réplica de la banda y el bastón de mando. Ante el gesto respondió: “A lo mejor en cuatro años, le vuelvo a entregar otro juego de bandas (Reutemann, citado en Damianovich, 2001: 538). En el mismo sentido, al iniciar Obeid su segundo mandato (2003) y recibir de Reutemann el mando, expresó: [Es] un orgullo recibir por segunda vez la banda de gobernador de manos de Carlos Reutemann [Me gustaría] dentro de cuatro años, si no es presidente de la República, podérsela devolver nuevamente (La Capital, 2003a).

Como indican estas expresiones públicas entre mandatarios, se reconoce una robusta relación de confianza gestada desde la entrada de Reutemann al mundo político-partidario, que sustentó la elección de Obeid como candidato a gobernador en dos oportunidades. Ello no significó, empero, la ausencia de conflictos y disputas internas y competencia entre ellos. Al respecto, un entrevistado reconoció que entre ambos dirigentes se había constituido “una asociación política, pero el líder era Reutemann” (Forconi, 2016). Junto con este reconocimiento, destaca la “capacidad de trabajo” del candidato dada su experiencia previa como intendente, también considerada un atributo válido para ser designado como candidato al máximo cargo ejecutivo provincial.

El segundo vicegobernador que acompañó a Reutemann fue Marcelo Muniagurria, ingeniero agrónomo y empresario agropecuario que se había desempeñado como presidente de la Sociedad Rural de Rosario y de la Corporación de Confederaciones Rurales Argentinas (gremios de grandes productores agropecuarios). Muniagurria era, al igual que Reutemann, un outsider de la política partidaria, a quien conocía del ámbito de los negocios agropecuarios. En 1991, Reutemann lo invitó a encabezar la lista de candidatos a diputados nacionales por el PJ como extra-partidario, pero fue hasta 1993 cuando Muniagurria decidió afiliarse al partido y de 1999 a 2003 se desempeñó como vicegobernador. En 2005 abandonó el justicialismo para afiliarse al partido Propuesta Republicana (pro) -creado en la órbita de la Ciudad de Buenos Aires por Mauricio Macri.

Al igual que los casos de Robles y Obeid, el ingreso de Muniagurria a las altas esferas de la política provincial estuvo marcado por la confianza personal, que operó como canal de ascenso en esta etapa. Así lo reconocía el propio candidato: “Acepto este desafío porque me lo pide Carlos Reutemann. Si cualquier otro me lo hubiera ofrecido, habría dicho que no” (El Litoral, 1999).

Además, su experiencia como empresario y administrador agropecuario reforzó sus posibilidades de acceso al cargo. En efecto, ya como diputado nacional, abanderó las cuestiones del agro santafesino, integrando la Comisión de Agricultura y Ganadería en el Congreso nacional. Esas mismas credenciales como administrador lo avalaban y otorgaban legitimidad como vicegobernador. En este sentido, afirmaba “Colaboraré con [Reutemann] porque siempre administré actividades y empresas donde los recursos fueron escasos” (El Litoral, 1999).

En efecto, en su función como vicegobernador estuvo más cercano a la función ejecutiva que a la legislativa. Así, continuaba Muniagurria:

La función de un vicegobernador es la de ser el nexo entre el Ejecutivo y la Legislatura, como presidente del Senado. Pero mi intención fundamental es acompañar la gestión de Reutemann; contener, producir, promover o aprobar las propuestas del Ejecutivo (El Litoral, 1999).

Precisamente, la política de los años noventa en nuestro país estuvo permeada por una idea fuerte de administración de los recursos del Estado (Morresi, 2007; Rinesi y Vommaro, 2007) y por el lugar destacado de los expertos y los técnicos en el diseño e implementación de las políticas públicas (Camou, 1999; Heredia, 2011; Morresi y Vommaro, 2011). En este sentido, pese a que el elemento experiencia suele ser característico del reclutamiento para cargos ministeriales no electivos, estas trayectorias expresan igualmente los cambios producidos en la matriz político-institucional más general, donde la gestión, la administración y la eficiencia de los funcionarios se volvieron tópicos comunes del léxico y las prácticas políticas de la época.

El vicegobernador del primer mandato de Jorge Obeid fue Gualberto Venesia, político de larga trayectoria en el PJSF, dirigente rosarino, concejal municipal de Rosario (1973-1976/1983-1987), diputado nacional (1989-1995), vicegobernador (1995-1999) y ministro de Educación provincial (1999-2000). En cuanto al Partido, fue presidente del PJSF (19962000), congresal provincial desde 1983 y nacional desde 1985, y consejero nacional desde 1999, cargos que ocupó hasta su fallecimiento en 2003.

Con Obeid, tenía una relación de amistad y confianza desde que estudiaban Ingeniería y militaban en la Juventud Peronista de Santa Fe. Pero, Venesia también formó parte -al igual que Obeid- del grupo de peronistas que apoyó desde el inicio la carrera política de Reutemann. Además de los vínculos interpersonales y la socialización político-educativa, compartían el perfil de técnicos en obras públicas, aspecto en el que destacó el gobierno de Obeid. En efecto, como ingeniero civil en construcciones y agrimensor (graduado en la Universidad Nacional de Rosario), Venesia tuvo una gran incidencia en la construcción de hidrovías, parques, puentes y autopistas provinciales. Promovió la creación de un centro de estudios de desarrollo de la región (Instituto de Desarrollo Regional de Rosario) y también fue docente universitario. En una semblanza de su vida, la prensa local resaltaba no sólo sus cualidades éticas, sino también técnicas:

Un detalle importante queda en el haber de este político: jamás su nombre se vio involucrado en un escándalo político o de corrupción. Y también el reconocimiento como uno de los dirigentes con formación técnica más sólida en el ámbito de la obra pública” (La Capital, 2003b).

Al perfil técnico de los vicegobernadores de este periodo se suma el de María Eugenia Bielsa, fórmula de Obeid para el segundo mandato. Arquitecta y docente universitaria, era originaria de una familia de renombrados abogados de la ciudad de Rosario. Su abuelo, Rafael Bielsa, fue uno de los juristas fundadores del derecho administrativo en el país y su hermano Rafael fue canciller argentino y diputado nacional por el PJ. Bielsa no acreditaba experiencia en cargos electivos, fue Directora de Servicio Público de la Vivienda de la municipalidad de Rosario (1993-1995) y después de la vicegobernatura, concejal rosarina (2007-2011) y diputada provincial (2011-2013).

La designación de Bielsa como candidata para la fórmula ejecutiva reforzó, por un lado, la visión de proyectar la vicegobernatura como espacio de colaboración con las políticas del Poder Ejecutivo. Desde su percepción, el cargo de vicegobernador debía ser “activo”:

Cuando Obeid me ofreció formar parte del equipo, tuve dudas porque yo tengo un perfil más ejecutivo que protocolar, y de alguna manera la figura del vice está asociada a esto último [...] No voy a ser una vicegobernadora que sólo va a tocar la campanita porque me interesa tener un papel activo. [Deseo] coordinar las políticas que tengan que ver con el espacio físico y territorial (El Litoral, 2003).

Por otro lado, realzó el saber técnico característico de este grupo de vicegobernadores. En efecto, en esta declaración Bielsa reivindica el lugar del vicegobernador para la aplicación de un saber disciplinario especializado, en su caso, arquitectura especializada en espacio físico y territorial. Lejos de ser un puesto formal (“protocolar”), constituye un lugar desde el cual se puede ejercer “activamente” la representación de la sociedad, vinculando al cuerpo legislativo con la “vida cotidiana” de la población.

En síntesis, si atendemos a los trazos comunes que dibujan los perfiles de este segundo grupo de élite destaca, en primer lugar, la ausencia total de relaciones con el mundo sindical, otrora elemento central en el reclutamiento de los máximos cargos gubernamentales. Así, Santa Fe se puso a tono con las élites peronistas nacionales y provinciales, que habían desterrado de sus altos cargos electivos ejecutivos a figuras de raigambre sindical. En segundo lugar, la emergencia de un nuevo “gran elector”, como Reutemann quien estructuró las relaciones de confianza personal y las designaciones de los candidatos del PJ a los distintos puestos. La confianza en el líder suplantó, por lo tanto, al “puente sindical”. Claramente, ésta explica la selección de Obeid como sucesor en dos oportunidades y de Robles y Muniagurria como fórmulas ejecutivas de Reutemann. De manera subordinada y mínima destacan las credenciales técnicas en las trayectorias frente al nivel educativo mínimo de los vicegobernadores del primer grupo analizado (tabla 1).

Tabla 1. Atributos y puentes de acceso de la élite ejecutiva santafesina (1983-2007) 

Élite ejecutiva 1983-1991 Élite ejecutiva 1991-2007
Atributos Biográficos Gobernaron la provincia en la que nacieron o vivieron siendo adultos
Élite mayoritariamente masculina
Educativos Nivel secundario y nivel universitario Mayoría con nivel universitario
Político-partidarios Peronistas (vía sindical) Peronistas (vía partidaria) Outsiders
Puentes de acceso a la élite Sindical Confianza y experiencia

Fuente: elaboración propia con base en datos de Castellani et al. (2010) y de entrevistas realizadas.

Estos atributos reflejan cambios más generales en el tipo de vínculo político. En efecto, el reclutamiento de perfiles honestos, trabajadores, expertos y alejados de lo sindical, contrasta con los rasgos de la élite de los ochenta, que culminó su mandato etiquetada como ineficiente y corrupta. De modo que estos atributos cobran sentido en el marco de las nuevas formas de la representación política en Argentina, donde la figura de poderosos líderes de confianza y la crisis de las estructuras partidarias tradicionales se volvieron una marca distintiva de la época (Novaro, 1994).

Conclusiones

El artículo tuvo como objetivo analizar la configuración y el modo de reclutamiento de las élites ejecutivas electivas de la provincia de Santa Fe (Argentina) a partir una prosopografía de los rasgos biográficos, educativos, políticos y profesionales de los gobernadores y vicegobernadores entre 1983 y 2007. El seguimiento de sus trayectorias nos permitió identificar dos grandes grupos de élite identificados con el partido justicialista, de acuerdo con criterios valorados durante el reclutamiento como miembros de la élite de gobierno.

En el primer grupo -que ejerció el cargo entre 1983 y 1991- primó lo que denominamos el “puente sindical”, es decir, la pertenencia al mundo del sindicalismo peronista como una suerte de “adscripción” que habilita su candidatura. Como señalamos, este atributo destacaba en un contexto en el cual el PJ definía sus candidaturas con base en el marcado protagonismo de la rama sindical en el proceso (Levitsky, 2005). A este respecto, específicamente en Santa Fe, ayudó la ausencia de un liderazgo partidario con capacidad para señalar a los autorizados a ser candidatos. En el segundo grupo de trayectorias (1991-2007) identificamos que el requisito primario para ser candidato a ocupar el cargo de élite era la confianza del líder del PJ santafesino (Carlos Reutemann), en un contexto general de crisis del sindicalismo como actor relevante en la dinámica partidaria y de “personalización de la política” (Novaro, 1994), en la que líderes con cierto carisma inspiraban confianza tanto en su partido como en la ciudadanía.

Sugerimos que la delimitación de uno y otro grupo en función de los modos disímiles de reclutamiento de los individuos, expresó dos fenómenos paralelos ligados a la dinámica del peronismo nacional y provincial, y de la política argentina, en general. De una parte, la existencia de un proceso de “desindicalización partidaria” (Levitsky, 2005) tardío que permitió a las agremiaciones vinculadas al PJSF protagonizar los procesos de selección de candidatos hasta 1987, cuando en otros distritos ya no formaban parte central de la dinámica. Así, tanto la fórmula gubernamental de 1983 (Vernet-Martínez) como la de 1987 (Reviglio-Vanrell) fue promovida por los sectores sindicales con mayor influencia en el PJFS (principalmente, el metalúrgico de la zona de Rosario) y sus candidatos expresaron con claridad esa influencia.

De otra parte, hacia finales de la década de 1980, la dirigencia peronista gobernante sufrió serios cuestionamientos, dado el agotamiento del modelo dirigente sindicalista previo y las mutaciones en los formatos de la representación política más allá de las fronteras santafesinas. Así, el liderazgo de Reutemann definió no sólo modos diferentes de representación, alejados de lo sindical y con rasgos moralizantes, eficientistas y de proximidad a la ciudadanía, descreída del comportamiento de la élite anterior, sino nuevas dinámicas de reclutamiento y de definición de las candidaturas de quienes ocupaban los más altos cargos del gobierno. En este marco, los postulantes a la gobernación fueron definidos a partir de la confianza en el líder político del peronismo local y posesión de sus atributos tecnocráticos y de experto, según el paradigma de la política argentina de los años noventa, fuertemente centrado en la valoración del saber experto aplicado a las políticas públicas (Camou, 1999; Morresi y Vommaro, 2011). Así, por ejemplo, los vicegobernadores ya no serían individuos sin títulos educativos y procedentes de sindicatos, sino con formación universitaria (dos ingenieros y una arquitecta) que aplicarían sus saberes a la gestión del Estado, desde un cargo protocolar como puede ser visto el de vicegobernador. La creación del Instituto de Desarrollo Regional y la participación en la planificación y ejecución de las políticas de obra pública de la provincia, por parte del vicegobernador Venesia, constituye un claro ejemplo de la dinámica basada en atributos diferentes.

En perspectiva, y para comparar resultados específicos del caso santafesino, futuros trabajos podrían indagar en las trayectorias de gobernadores y vicegobernadores de otras unidades subnacionales argentinas, para reconocer cómo los cambios en las organizaciones partidarias y en los criterios de la representación política, impactaron los perfiles y los modos de reclutamiento de esas élites.

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1Entendemos a la “élite” como aquellos individuos que ocupan posiciones altas en una jerarquía institucional (Mills, 1987). Es decir, abordamos a la élite por su posición y no, necesariamente, por su función (la cual comporta cierta autonomía con respecto a la posición que ocupa cada individuo).

2Los vicegobernadores -así como los vicepresidentes han sido objeto de escasa atención por parte de la literatura argentina, en particular, y latinoamericana, en general (Serrafero, 1999). Existen algunos trabajos sobre los vicepresidentes en América Latina (Mieres y Pampín, 2015) y en Argentina (Serrafero, 1999; Sribman, 2009). Sobre los vicegobernadores argentinos (2003-2015) se puede consultar Suárez (2016).

3Usaremos alternativamente los términos “peronismo” y “justicialismo” para referirnos al Partido Justicialista.

4Para presidente la UCR obtuvo 51.75% de los votos contra 40.16% del PJ. A nivel provincial, la UCR obtuvo las gobernaciones de las otras cuatro provincias más importantes del país: Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos y Mendoza (Tow, 2014)

5El Partido Justicialista es un partido nacional de distrito, es decir, que posee estructuras nacionales, provinciales y municipales, cada una de las cuales cuenta con su propia organización, carta orgánica, autoridades y elección de candidatos. En 1983 el PJ del distrito Santa Fe obtuvo una ajustada victoria de 41.41% contra 40.32% de la UCR (Tow, 2014). En cambio, en 1987 la victoria del peronismo santafesino fue contundente. Los guarismos fueron: PJ, 44.11%; UCR, 28.01% y Partido Demócrata Progresista, 13.80%. El PJ había concurrido en alianza con el Partido Demócrata Cristiano (La Capital, 1987).

6El peronismo históricamente dividió su estructura organizacional con base en la regla informal de las tres “ramas” o “tercios”: política, sindical y femenina. Esta regla indicaba que los cargos partidarios y electivos se debían distribuir en tres tercios para cada una de las ramas. La institución de los “tercios” empezó a perder efectividad a nivel nacional a partir de 1985, con el cuestionamiento que generó en el partido el surgimiento de la “Renovación Peronista” (Levitsky. 2005).

7Existe una regla informal -propia de la cultura política provincial- para la composición de las fórmulas gubernamentales, que orienta la distribución de los cargos siguiendo un criterio de equilibrio regional dentro de la provincia. Así, por ejemplo, si el candidato a gobernador proviene del “norte” de la provincia, el vicegobernador debe ser un representante del “sur”, y viceversa (Puig, 1997).

8Guardia de Hierro constituyó una agrupación dentro del peronismo de los años 1960 y 1970, que se legitimaba en la memoria de la Resistencia Peronista, en el trabajo de “retaguardia” en los barrios y en el seguimiento fiel del discurso y las directivas de Perón (Cucchetti, 2010).

9El FEN surgió a mediados de los años sesenta en la Facultad de Ingeniería de Rosario y constituyó una ampliación de la red de militancia de Guardia de Hierro, que se orientó a la formación de cuadros políticos entre la juventud, con fuerte arraigo en Santa Fe (Rosario y ciudad de Santa Fe) (Cucchetti, 2010).

10El PJ triunfó con 694 542 votos sobre 601 304 de la UCR (El Litoral, 1991). Por la ley electoral provincial de Doble Voto Simultáneo y Acumulativo, Reutemann pudo ganar aun sin haber sido el candidato más votado. Al respecto, ver Borello y Mutti (2003).

La autora agradece los valiosos comentarios y sugerencias de Paula Canelo, Mariana Heredia, Gabriel Levita y de los evaluadores anónimos de la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales a versiones previas de este trabajo.

Recibido: 23 de Noviembre de 2016; Aprobado: 30 de Noviembre de 2017

Sobre la autora

María Cecilia Lascurain Es licenciada en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y magister en Ciencia Política por la Universidad Nacional de General San Martín (Argentina). Es becaria del Conicet en el Instituto de Altos Estudios Sociales (UNSAM). Trabaja sobre las élites políticas, las tradiciones políticas y los liderazgos. Sus publicaciones más recientes son: Reconstruyendo la confianza: el discurso de campaña de Carlos Reutemann en el diario El Litoral (Santa Fe, agosto-septiembre de 1991)” (Coordenadas, 2014); “De políticos honestos y corruptos: el ‘Affaire Vanrell’ y la mutación de la representación en el justicialismo santafecino (1990-1991)” (Polhis, 2014); “Cambios en la representación política. Un abordaje a partir de los perfiles de los gobernadores peronistas de la provincia de Santa Fe entre 1983 y 2007” (Papeles de Trabajo, 2011).

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