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Revista mexicana de ciencias políticas y sociales

Print version ISSN 0185-1918

Rev. mex. cienc. polít. soc vol.63 n.233 México May./Aug. 2018

http://dx.doi.org/10.22201/fcpys.2448492xe.2018.233.64580 

Editorial

Escalas, espacios y fronteras. Una mirada internacional a los problemas políticos y sociales contemporáneos

Scales, Spaces and Borders. An International Approach to Contemporary Political and Social Problems

Judit Bokser Misses Liwerant

Debemos reconocer que las formas cambiantes de la sociabilidad en el mundo actual superan por mucho lo dicho en nuestras diferentes tradiciones, corrientes de pensamiento y ramas académicas en las ciencias sociales. Es difícil dar razón de esto, pero también consideramos que reconocerlo es una expresión de humildad necesaria por dos razones: la primera, porque requerimos de formas más dinámicas de renovación de nuestras herramientas teórico-epistemológicas para aprehender esta realidad “al vuelo”. La segunda es que, para evitar seguir produciendo conocimiento endémico y autorreferencial se necesita una apertura total de los campos de estudio de las ciencias sociales. La realidad social de nuestro mundo nos presenta un reto, a saber, renovarnos o dejar envejecer los campos que tan cuidadosamente hemos cultivado durante generaciones hasta nuestros días. El mundo pide que cambiemos la cosecha y nos reorientemos hacia nuevas formas de construcción de conocimiento transdisciplinar, interconectado, multiforme y abierto; ni más ni menos que a su imagen y semejanza. La inusitada suma de tendencias, acontecimientos y coyunturas a la vez novedosas e inciertas propician interrogantes a los cuales nuestras diferentes comunidades científicas deben responder, no sólo en la evaluación de los cambios y sus consecuencias, sino también en los métodos y las categorías empleados para su comprensión.

La acelerada modificación y redefinición de fronteras, tanto materiales como culturales, externas como internas, incide con diferentes ritmos e intensidades en la exploración de los propios contornos que perfilan las trayectorias del conocimiento.

El cambio nos crea inseguridad, pero también tenemos la firme convicción de que los investigadores de ciencias sociales, como agentes apasionados en nuestra producción de conocimiento preciso y riguroso por explicar y comprender la vida social en toda su diversidad, no dejamos de lado nuestras preocupaciones para lograr su transformación en beneficio de nuestro propio objeto de estudio: la sociedad (Calhoun y Wieviorka, 2013). Consideramos que la tarea principal está en encontrar nuevas formas de interconectar nuestras comunidades epistemológicas para restablecer la forma en que nos acercamos al conocimiento del mundo de lo social.

Por ello, en esta ocasión, la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales ha apostado por llevar su reflexión, no alrededor de un tema en concreto, sino a partir de la escala de los mismos.

Los intensos cambios sociales y culturales y los desafíos políticos y económicos han convocado necesariamente el propio auto-cuestionamiento del saber. Las últimas décadas en el mundo han significado el surgimiento de tendencias y dinámicas que exigen nuevas aproximaciones ante fenómenos cuya interdependencia, intensidad y carácter multidimensional configuran desafíos sin precedentes. Así, conceptualizados en términos de procesos de globalización, apuntan a cambios radicales que trastocan los referentes espaciales, temporales, geográficos y/o territoriales, sin los cuales sería imposible pensar las relaciones económicas, políticas, sociales y culturales en el mundo contemporáneo (Waters, 1995; Robertson, 1992; Scholte, 1997). El hecho de que el tiempo y el espacio dejen de tener igual influencia en la forma en que se estructuran las relaciones e instituciones sociales implica nuevas modalidades de convivencia que no dependen ni de la distancia ni de las fronteras ni influyen de la misma manera en la configuración final de las relaciones sociales (Giddens, 1994). En consecuencia, la interacción social se organiza y estructura teniendo como horizonte la unidad del planeta. La localización de los países y las fronteras entre los estados se tornan de esta manera más difusas, porosas y permeables y las conexiones globales, que se extienden por todo el mundo, se intensifican en virtud de que pueden trasladarse instantáneamente de un lugar a otro.

La globalización como cambio de paradigma significó un hito en nuestras disciplinas: nos obligó a comprendernos -a nuestros objetos de estudio, nuestras comunidades epistemológicas, nuestra construcción subjetiva- como parte de un proceso que se manifestaba alrededor de la Tierra y que trastocaba, como señalamos, todas las dinámicas sociales. Si bien comprendimos su profunda significación, quizá la proyectamos de manera fragmentaria en nuestros estudios. En un inicio, tal vez construimos ese gran proceso como un demiurgo que arrojaba sombras y empujaba a cambios radicales a aquello que observábamos con toda su riqueza en nuestra realidad social, pero no vimos al demiurgo en sí: el proceso que encerraba todo el proyecto de la modernidad dentro de una sola esfera, conteniendo e interviniendo en las relaciones sociales en aras de moldearlas para construir la propia “globalidad” (Slotrdijk, 2010).

En efecto, a largo de las últimas décadas, gran parte de las ciencias sociales ha descifrado analíticamente estos procesos de transformación bajo el amparo reflexivo de la perspectiva teórica de la globalización. Continúa pendiente, sin embargo, la tarea de descifrar en toda cabalidad su forma hilvanada en diversas dimensiones locales, regionales y estatales. Así también hay un amplio campo abierto para la reflexión sobre la relación dialéctica que existe entre la modernidad y la globalización: ¿es esta última la culminación de la primera? ¿O es más bien su secuestro? Hay quienes, como Anthony Giddens y Ülrich Beck, estudian la globalización misma como culminación de las tendencias y los conflictos modernos; ¿una segunda modernidad?, se preguntará Beck (2000); ¿más reflexiva, tal vez?, interrogará Giddens (1994), que no imponga su racionalidad secularizante, sino que acepte pluralmente tradiciones diversas. Habrá otros, como Bolívar Echeverría, qué pensarán la globalización como parte de la victoria de una modernidad americana sobre otras modernidades posibles (Echeverría, 2008).

Ciertamente, los procesos de globalización acentúan y confieren nuevas facetas a fenómenos tales como la mundialización, el globalismo o la internacionalización (Bokser et al., 2009). Lo internacional se hace a su vez parte de lo global, regional, nacional o local, sometiendo a prueba las formas de organización social y política tradicionales de estos planos y obligando a la comunidad de científicos sociales a discutir las bases mismas sobre las que se han ensamblado las aproximaciones conceptuales tradicionales. Discernir las aristas transescalares que conforman estos nuevos núcleos ocupa buena parte de su discusión teórica y de sus propuestas prácticas, abriendo ejes de indagación que cuestionan, amplían y asimilan las formas de pensamiento social y político que mantuvieron una legitimidad y presencia institucionalizada (Keohane y Milner, 1995; Bokser y Salas, 1999).

Es innegable que esta tarea es de alta complejidad. El difícil equilibrio entre la profundidad explicativa de un concepto o categoría y su extensión descriptiva ha permeado constantemente la producción del conocimiento dentro de las ciencias sociales. La doble lógica que acompaña el uso del término globalización ha contribuido a conferirle mayor complejidad a este equilibrio. Como afirma Michel Wieviorka (2002), su uso es tanto descriptivo como conceptual. Mientras que su dimensión descriptiva da cuenta de la realidad multidimensional de los procesos de globalización, su uso conceptual amplía su alcance para convertirlo en instrumento para analizar los problemas del mundo contemporáneo.

Cierto es que la importancia y fertilidad de lecturas desde este ángulo conceptual se ven amenazadas por acercamientos hiperglobalizadores y entusiastas, otros escépticos y estructuralmente críticos y tantos otros intermedios y plurales, multiplican y diversifican los caminos analíticos propuestos para descifrar las interrogantes inherentes a los procesos de transformación contemporáneos. Precisamente por las aportaciones que el concepto nos ofrece en un marco de pluralidad teórica, nos exige ser precavidos en convertirlo en un paradigma en el que el sentido de la historia se halla definido de antemano; por el contrario, el peso y densidad de lo global tiene que alertarnos para dar lugar a un análisis que recupere las articulaciones y los andamiajes siempre únicos de lo singular. Desafío que radicaría, precisamente, en dar cuenta de las variaciones en procesos, actores y acciones tanto individuales como colectivas (Bokser, 2009).

Acercarnos al conocimiento de la realidad global significa acercarnos con nuevos aires al trabajo de quienes ponen la dinámica internacional como centro de su reflexión. Es interesante encontrarnos en la lectura una producción de conocimiento que pareciera construirse a través de la crisis. A partir de su necesidad de renovación continua, de constante readaptación teórica y epistemológica, hasta el debate mismo de los marcos y delimitaciones de su campo de estudio y acción, la crisis se muestra como parte de su habitus científico. Desde la caída de la Unión Soviética, pareciera que la noción que anunciaba Laïdi de un mundo sin sentido (Laïdi, 1998), fuera más un lamento por las herramientas que construían la certeza científica de la disciplina que una descripción de la realidad en sí. Las páginas de los estudios de Relaciones Internacionales se encuentran en florido debate, tanto para construir nuevos marcos de acción que le permitan analizar las formas cambiantes de lo internacional, como para salir de su continua incertidumbre sobre un devenir que caracterizan en forma de “orden” y de forma “anárquica” (Cox, 2008). Así, las nuevas generaciones de estudiosos se debaten en la tensión entre reinventar los contenidos de la disciplina o afirmar la identidad de su comunidad científica.

A la luz de ello, consideramos prudente preguntarnos: ¿cómo establecer qué es una mirada internacional? Por un lado, tendríamos la comodidad otorgada por la llamada “síntesis neo-neo”, el entendimiento existente entre las corrientes neo-realistas y las neo-liberales de la disciplina, que han conformado un corpus teórico armónico para la comprensión de las diversas problemáticas y temáticas internacionales (Herrera, 2013). Sin embargo, el corte metodológico de la escala de observación que presenta esta síntesis, si bien abre sus ojos al fenómeno global, los cierra a la realidad bajo las fronteras que la construyen, dificultando el estudio del ir y venir entre diferentes niveles que alimentan el proceso de globalización. Nuestra mirada debe ser diferente: debe saber encontrar lo que ya hace casi treinta años Doreen Massey (1991) anunciaba como el sentido global de los lugares, así como debe ver el reflejo de las particularidades locales dentro de los diseños internos que hilvanan la esfera que nos contiene a todos.

La complejidad de apostar a observar la escala internacional a la vez que se penetra en la especificidad de los procesos no es poca, pero la riqueza de sus resultados nos permite comprender con mayor certeza el engarzado intersistémico y multifacético que revela a la globalización como proceso de la modernidad. Quizá convenga repensar la noción de “orden mundial”, con la construcción de actores unitarios y estructuras determinantes que ella conlleva para establecer una mecánica autocomplaciente, y más bien debamos, como señalan David Blaney y Naeem Inayatullah (2016), dar paso a la observación de los procesos abiertos a la diferencia, a la diversidad y a una legítima multidisciplina, a semejanza de la propuesta de Sistema-Mundo desarrollada por Immanuel Wallerstein (2005). En ésta, lo internacional se construye en la transdimensionalidad del proceso mismo, dotándolo de dinámicas territorializables, que si bien pueden significar sacrificar parte de la identidad disciplinar, también abren aún más puertas al diálogo entre comunidades epistemológicas y dinamizan el conocimiento de la complejidad social.

Es por ello que la Revista Méxicana de Ciencias Politicas y Sociales presenta su dossier “Una mirada internacional a los problemas políticos y sociales contemporáneos”. Abrimos con el trabajo de Manuel de Jesús Rocha Pino, titulado “El discurso de China sobre el Nuevo Modelo de Relaciones entre Grandes Potencias: la relación con Estados Unidos durante los gobiernos de Bush y Obama (2005-2017)”. En él, el autor pretende explorar la propuesta del gobierno de la República Popular de China para un modelo de relaciones entre las potencias globales, en particular con nuestro vecino del norte, en donde los proyectos de integración megarregional suben a la palestra de la discusión. Dicha propuesta de respeto mutuo a las iniciativas estratégicas que ambas potencias han impulsado a lo largo de este siglo se debe al interés estratégico por la materialización de megaproyectos diseñados a partir de una óptica global, en la cual la relación China-Estados Unidos durante los años 2005-2017 tendrá un papel central.

El espectro de lo global se abre también con el texto de María Luisa Azpíroz Manero cuya reflexión caracteriza bien las dinámicas trans-escalares, al analizar el discurso de los cuatro grupos de actores sociales en la Cumbre del Clima de París de 2015: los pueblos indígenas, las organizaciones religiosas, las mujeres y los jóvenes. Recuperando cuestiones omitidas por el discurso político tradicional, el texto titulado “Actores sociales en la Cumbre del Clima de París: el mensaje de pueblos indígenas, grupos religiosos, mujeres y jóvenes” promete dotar de nueva perspectiva, la voz de estos actores constituidos a diferentes niveles, en una problemática compartida, que no puede ser comprendida sin llevarnos a la reflexión de nuestra propia globalidad.

Otro trabajo que nos invita a reflexionar el discurso político tradicional es “Populismo en el siglo XXI: un análisis comparado entre Asia y América Latina (Tailandia, Corea del Sur, Venezuela y Bolivia)” de Hugo Antonio Garciamarín Hernández, en el que el autor realiza una comparación de las dimensiones simbólicas, políticas, ideológicas y las repercusiones en la calidad de la democracia en dos casos del Asia-Pacifico y dos casos de nuestra América Latina. Al hacer esto, pretende reorientar la atención que regularmente prestamos a las manifestaciones europeas, construyéndolas como paradigmas a comparar. Así también, pretende demostrar cómo estos fenómenos populistas, si bien tienen particularidades marcadas que los hacen distintivos, también comparten elementos generales que abren el espectro de la reflexión sobre el fenómeno en sí, independientemente de dónde se realiza su territorialización.

Siguiendo esta veta reflexiva, desde una perspectiva neorrealista, Carlos A. Romero y Grecia Benayas observan la erosión de la democracia como forma de gobierno en Venezuela, como parte del fortalecimiento de regímenes iliberales en el mundo, caracterizándola como una transformación del orden internacional. Su trabajo “Venezuela: el ocaso de una democracia”, como reflexión de la forma del régimen venezolano actual, pertenece a una discusión que se mantiene muy presente, sobre todo en la coyuntura actual de la región.

Por otro lado, María Cecilia Lascurain nos otorga una reflexión a una escala nacional y provincial. En “Acerca de las élites gubernamentales subnacionales. Los gobernadores y vicegobernadores peronistas de Santa Fe, Argentina (1983-2007)”, la autora analiza el cambio que trajo la transición a la globalización en las formas de ingreso a las jerarquías del Poder Ejecutivo de las provincias de Argentina, que pasó de la lógica que denomina “puente sindical”, entre 1983 y 1991, a otra diferente, alrededor de la “confianza” del líder partidario y de gobierno, desplegada entre 1991 y 2007.

Acompañando a este dossier se encuentran los artículos de la sección de Varia de nuestra Revista, que prometen también abrir una amplia discusión en diferentes aristas de nuestra realidad social multinivel. Ejemplo de ello es el trabajo “Estado de excepción de inmigrantes ilegales en Nueva York. ‘Atrapados en la jaula de oro’”, presentado por José Guzmán Aguilar, quien analiza la presencia de poder biopolítico del Estado estadounidense en inmigrantes indocumentados a través del control de sus cuerpos, trascendiendo el castigo directo y presentándose en las ideas, creencias y acciones que determinan lo permisible y pertinente en la vida diaria de nuestros connacionales poblanos en Nueva York.

Así también el fenómeno migratorio es discutido por Luis Enrique Calva Sánchez y Rafael Alarcón Acosta en su artículo “Migrantes mexicanos deportados y sus planes para reingresar a Estados Unidos al inicio del gobierno de Donald Trump”, quienes analizan la deportación de mexicanos desde Estados Unidos a partir de 2000, con especial énfasis en el impacto que ha tenido esta deportación en ciudades de la región fronteriza de México. Además, estudian la relación de dicho fenómeno con los planes de los deportados sobre su futuro, que incluye intentar reingresar al país del que han sido ya expulsados.

Isabel Cristina Posada Zapata y Jaime Alberto Carmona Parra nos presentan un análisis del papel de la subjetividad política y la ciudadanía para el afrontamiento de los conflictos armados por mujeres sobrevivientes, que son sometidas a violencias asociadas con su papel de género, en contextos patriarcales que las marginan como sujetos de derechos. “Subjetividad política y ciudadanía de la mujer en contextos de conflictos armados” resalta, además, la capacidad reflexiva y transformadora de las prácticas de dichas mujeres en la moderación de los conflictos.

La relación entre conflicto y cuerpo es presentada bajo una óptica diferente, en el trabajo “Objetividad y conteo de cuerpos en el periodismo sonorense”, de Víctor Hugo Reyna García. En él, se analiza el conteo de cuerpos como el principal encuadre de la cobertura del combate al (y entre el) crimen organizado. El autor busca discutir la racionalización de ese conteo a partir del apego de los periodistas a la observación absolutamente distanciada que implica el ideal del testimonio objetivo, presentando esta práctica como una disfunción de la modernización del periodismo mexicano.

La reflexión de las relaciones entre democracia y autoritarismo también está presente en el trabajo “Confianza en el Congreso y opinión pública: El caso mexicano”, en donde Ricardo R. Gómez Vilchis observa cómo la falta de confianza en las instituciones de la democracia, como lo es el Congreso de la Unión, puede provocar que los ciudadanos “apuesten” por un retorno hacia un régimen autoritario.

La reflexión teórica de la producción del consenso se amplía en “Ciencia Política y cine: un enfoque para el análisis político desde la Teoría del Discurso”, en el que Gabriel Madriz-Sojo y Ronald Sáenz Leandro plantean su posición ante el cine como objeto de estudio de la ciencia política. A su vez, se desarrolla una estrategia analítica o procedimiento para el análisis político del cine basado en la Teoría del Discurso, que proporciona una reflexión sobre sus aspectos epistemológicos.

Por último, “Ensayo y error. Un análisis marxista de las políticas públicas” aborda la problemática de la racionalidad acotada del proceso de políticas públicas. Laura Álvarez Huwiler y Alberto Bonnet redefinen, a partir de un análisis del Estado capitalista y de los límites que le impone a su capacidad de intervenir conforme los requerimientos de la reproducción capitalista, el proceso de políticas públicas como un proceso de ensayo y error.

El número cierra con la sección de Notas de investigación y reseñas, que en esta ocasión, por su pertinencia y calidad, incluye cuatro trabajos.

En El orden mundial y la reconfiguración hegemónica en el siglo XXI, Alfonso Sánchez Mugica hace una detallada revisión de los debates contemporáneos que han tenido lugar dentro de la disciplina de las Relaciones Internacionales en torno al concepto de orden mundial, el desplazamiento de la hegemonía estadounidense y la aparición de nuevos centros de poder, entre los que destacan de manera creciente los países asiáticos. Así, ante los numerosos y difíciles retos que plantea esta transición hegemónica, el trabajo de Sánchez Mugica ofrece un panorama que invita a continuar en estas líneas de investigación y alentar el debate.

Por su parte, en Las Relaciones Internacionales desde la perspectiva social. La visión del constructivismo para explicar la identidad nacional, Einer David Tah Ayala se propone analizar este enfoque teórico, desde su adopción en la década de 1970, y explicar sus aportes a la disciplina de las Relaciones Internacionales. Como propone el autor, ante los cambios en el escenario internacional, las teorías clásicas no pueden ya explicar los nuevos fenómenos, por lo que el constructivismo plantea una opción alterna para los estudios internacionales.

Por último, se ofrecen las reseñas de dos textos desgarradores, pero indispensables para comprender el agitado escenario nacional contemporáneo y, en particular, la violencia que padece un sector importante de la juventud mexicana y de otras latitudes.

El primero, reseñado por Marcela Meneses Reyes, es el libro coordinado por José Manuel Valenzuela, Juvenicidio. Ayotzinapa y las vidas precarias en América Latina y España. Marcela Meneses empieza por plantear, precisamente, la pertinencia del término “juvenicidio”, acuñado por Valenzuela, como herramienta conceptual para analizar una lógica estructural de eliminación de la población joven, pobre y vulnerable, que va de su exclusión, estigmatización y precarización, hasta llegar a la muerte, y cuyo ejemplo más terrible y lamentable es la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, en Guerrero, México.

La segunda reseña, de Alain Basail Rodríguez, se refiere también a la violencia que sufren los jóvenes, esta vez circunscrita a la ciudad de Cancún, en Quintana Roo, México. Se trata del estudio de Perla Orquídea Fragoso Lugo, A puro golpe. Violencias y malestares sociales en la juventud cancunense, que como refiere Alain Basail es “como un calidoscopio que en cada vuelta de página reconfigura imágenes múltiples de la luz del ‘paraíso caribeño’, del ocio y de las sombras del ‘abismo’, de la desigualdad, la vulnerabilidad y los riesgos”.

De este modo, desde una rica diversidad disciplinaria, analítica y metodológica, el número 233 de la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales presenta a nuestros lectores los logros de la investigación contemporánea así como los desafíos que la trilogía “escalas, espacios y fronteras” nos plantea para alentar un conocimiento social, él mismo de frontera.

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