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Revista mexicana de ciencias políticas y sociales

versión impresa ISSN 0185-1918

Rev. mex. cienc. polít. soc vol.62 no.231 México sep./dic. 2017

 

Artículos

Estrategias electorales de la izquierda canadiense en un sistema que favorece al bipartidismo

Electoral Strategies of the Canadian Left in A Predominantly Two-Party System

Oliver Santín Peña* 

* Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN), UNAM. Correo electrónico: <oliversantin@hotmail.com>.

Resumen:

Este trabajo tiene como objetivo analizar el origen, desarrollo y estrategias de la izquierda partidista canadiense y su evolución como grupo político para contender en elecciones federales. A partir de su nacimiento en la década de 1930, la izquierda organizada en agrupaciones partidistas se ha adaptado a un sistema político de origen británico que favorece el bipartidismo entre liberales y conservadores. Esta condición refuerza nuestra hipótesis y hallazgos de que el sistema político canadiense favorece el bipartidismo (liberal/-conservador), impidiendo que otros partidos puedan contender por el acceso al poder, lo que constituye una paradoja de la democracia. Así, la búsqueda y extensión de bases de apoyo y la transformación de ejes ideológicos en documentos normativos son elementos que ayudan a mantener vigente a esta opción política en cada proceso electoral.

Palabras clave: partidos políticos; izquierda partidista; elecciones federales; bipartidismo; Partido Neodemócrata; Canadá

Abstract:

This paper aims to analyze the origin, development and strategies of the Canadian party-based left and its evolution as a political group to compete in federal elections. From its beginnings in the 1930s, the left as an organized movement of parties has had to adapt to a political system of British origin favoring a two-party system of liberals and conservatives. This condition reinforces our hypothesis and findings that the Canadian political system favors bipartisanship (liberal/conservative) excluding other parties to gain access to power, which constitutes a paradox of democracy. Consequently, finding and extending new bases of support and redesigning ideological principles around normative documents, are all elements that lend support to this political option in each electoral process.

Keywords: political parties; party-based left; federal elections; two-party system; New Democratic Party; Canada

Introducción

Canadá es un país con una tradición democrática sólida, que ha contado con una amplia gama de beneficios sociales y una estabilidad económica y política sobresaliente. Su estructura funcional exitosa se ha cimentado en el ejercicio ininterrumpido del poder a partir del siglo XIX, luego de que la Corona británica lo reconociera como comunidad autónoma. Sus padres fundadores, hombres blancos, anglosajones, protestantes y católicos, de origen francés, instrumentaron un sistema federal bipartidista entre liberales y conservadores con el objetivo de lograr unidad, estabilidad y buen gobierno.

Con el paso de los años, sin embargo, nuevas necesidades surgieron en el país y, con ello, demandas de atención a grupos emergentes de la sociedad canadiense que dejaron de sentirse representados tanto por liberales como por conservadores. A partir de ese momento, disidentes sociales, hombres y mujeres, comenzaron a adoptar las ideas socialistas europeas y se agrupan en organizaciones de izquierda. De este modo, la izquierda partidista canadiense ve la luz como un movimiento progresista en un país con una sociedad más bien tradicional.

Este sector político naciente en Canadá, más identificado con la igualdad social y el combate a la inequidad, enfrentará desde su nacimiento una serie de impedimentos sistémicos que buscan dificultar su ingreso e influencia en la sociedad. Dichos obstáculos tendrá que irlos solventando con la práctica política, mediante diferentes estrategias, para de este modo ir ganando espacios parlamentarios a las grandes maquinarias electorales de los dos partidos hegemónicos.

Así, en este texto revisaremos las estrategias de los líderes de la izquierda canadiense, hombres y mujeres de convicciones, que han buscado construir por la vía pacífica una sociedad mejor en un país que tradicionalmente ha gozado niveles de vida muy elevados. Esto se hará a través de seis apartados -Obstáculos, Orígenes, Estrategias, Reorganización, Repunte y Reposicionamiento-, para demostrar cómo las diferentes versiones de la izquierda con presencia federal en Canadá han ido construyendo, no sin dificultades, distintos pilares para hacer posible su existencia en el plano nacional. Para desarrollar lo anterior se tomará como eje la pregunta central: ¿El sistema político bipartidista en Canadá ha sido capaz de impedir de forma sistemática que una opción de izquierda pueda acceder al poder?

Obstáculos

A lo largo de la historia canadiense, las tendencias de dominio hegemónico de sus élites se fueron develando, conforme se solidificaba su proyecto de nación, y no será sino hasta el reconocimiento formal de Canadá como ente político, otorgado por la Corona británica el 1 de julio de 1867, cuando dichos grupos de influencia estarán en condiciones de establecer las bases institucionales para hacer posible su propia legitimidad, al asumirse como los promotores y defensores de los intereses del resto de la población frente a la Corona.

A partir de ese momento, las élites que gestionaron ante las autoridades británicas el nuevo estatus del país como nación independiente estuvieron en condiciones de organizarse como partidos políticos de carácter federal, dividiéndose en dos grupos: liberales y conservadores. Los primeros, alimentados por las ideas de los liberales ingleses -que luchaban por reducir el ámbito de influencia de la Corona, en favor del Parlamento-, buscaron un mayor acercamiento con Estados Unidos, en un intento por reducir los lazos e influencia de Inglaterra. Por su parte, los conservadores canadienses quisieron mantener una relación cercana con la madre patria, esperando estrechar aún más sus vínculos y comercio con la Metrópoli para de esta forma disuadir a los gobiernos de Washington de cualquier nuevo intento expansionista.1

Así, los padres fundadores canadienses2 pusieron en marcha un sistema de dominio cimentado en elecciones democráticas frecuentes, con lo cual el país pudo iniciar su camino de autogestión con solidez institucional, al tiempo que el poder político quedó como monopolio de las estructuras partidistas ya señaladas, dificultando la llegada de nuevos grupos organizados.

Este tipo de dominio bipartidista, sus impactos y las consecuencias que genera en la arena política son temas ya abordados por diversos autores, como Maurice Duverger, quien en su libro, Los partidos políticos, analiza, entre otras cosas, las características de esta tendencia que se da por igual en países de origen anglosajón parlamentario, que en países gobernados bajo otros sistemas. Incluso inferimos que puede considerarse una constante en varios países la existencia de un aparente multipartidismo cuando en realidad la lucha política y electoral se circunscribe a dos partidos hegemónicos (Duverger, 1957: 239).

El caso de Inglaterra demuestra claramente lo anterior, ya que a juicio de Duverger “el carácter bipartidista del sistema inglés no está sujeto a dudas” (Duverger, 1957: 236), sobre todo porque Inglaterra ha desarrollado el sistema de dos partidos durante gran parte de su historia. El propio Duverger da el ejemplo de la eliminación del Partido Liberal en los años veinte del siglo pasado, justo cuando los laboristas ocuparon su lugar como principal partido opositor al Partido Conservador, renovando así el carácter dual del sistema británico. El tiempo ha demostrado que esta afirmación era acertada, ya que en las elecciones subsecuentes en Inglaterra, a partir de la década de los años treinta y hasta la primera década del siglo XXI, solamente llegaron al poder gobiernos conservadores o laboristas. La única excepción fue en 2010, cuando el líder conservador, David Cameron, alcanzó la primera magistratura gracias a una coalición con el Partido Demócrata Liberal, gobierno que, por cierto, concluiría en 2015 tras la nueva victoria del Partido Conservador, pero en esta ocasión con carácter mayoritario en la Cámara de los Comunes.

Resulta muy oportuno señalar que los antiguos dominios británicos, como Australia, Nueva Zelanda y Canadá, si bien han mantenido un multipartidismo electoral a nivel federal, en la práctica sus sistemas políticos operan con un marcado bipartidismo, ya que sólo dos grupos políticos -liberales (en su caso laboristas) o conservadores- son los únicos que han llegado al poder, elevando a sus líderes al cargo de primeros ministros. Como consecuencia, esta evidente concentración del poder ha permitido una estabilidad política, económica y social, amparada en la guía de sus respectivas oligarquías, mismas que han hecho de los procesos electorales ejercicios de legitimación permanente. Incluso, tal y como lo señala Duverger, en países con sistema político de origen británico, la tradicional diferencia entre whigs y tories (liberales y conservadores) atravesó distintos momentos de crisis durante la primera mitad del siglo XX, con el surgimiento de partidos socialistas, lo que hizo pensar en un nuevo sistema tripartidista. Sin embargo, el bipartidismo terminó imponiéndose, ya sea por la eliminación del Partido Liberal o por la fusión de liberales y conservadores en torno a un nuevo partido. (Duverger, 1957: 237-238)

Ahora, si bien no es menester de este trabajo adentrarnos en complejos debates teóricos de los sistemas electorales, sí es oportuno retomar y contrastar lo que señala Giovanni Sartori (1992) al respecto, y cómo se ajustan sus disertaciones al caso canadiense. En este sentido, Sartori divide a los partidos políticos en tres grupos: de notables, de opinión y de masas, y pone especial atención en la polarización del sistema político. Para él el número de partidos en el juego electoral no es determinante, como sí lo son las distancias ideológicas entre los contendientes, ya que, si estas diferencias entre los partidos dominantes son agudas, la competencia electoral puede tornarse caótica y permitir la entrada de nuevos actores que llenen los vacíos entre ambos extremos. En cambio, si los dos partidos dominantes tienen una competencia ideológica exigua, el espacio para la entrada de nuevos actores partidistas se circunscribe al limitarse la propia belicosidad electoral, lo que permite la gobernabilidad (Sartori, 1992: 44-45).

Lo anterior hace del caso canadiense un tema interesante -según lo planteado por el propio Sartori-, ya que en la actualidad su sistema partidista federal coloca en la cúspide a dos partidos de notables (liberales y conservadores), a uno de masas (el Partido Neodemócrata) y a varios partidos de opinión electoral (Partido Verde y Bloque Quebequense). De acuerdo con lo anterior, los partidos canadienses de notables han construido una cercanía ideológica sólida que les permite compartir un bipartidismo nacional, el cual iremos señalando.

Así, siguiendo a Sartori, el bipartidismo que funciona en Canadá posee estructuras sistémicas cuyo esquema uninominal, conocido en inglés como first past the post, permite el formato bipartidista gobernante, lo que facilita la eliminación de partidos pequeños, pero, al mismo tiempo, permite la creación de un sinnúmero de partidos pequeños regionales, que terminan sucumbiendo en la arena electoral federal (Sartori, 1992: 300) Estas cavilaciones de Sartori en torno a los partidos políticos y al sistema electoral dieron lugar a un par de leyes de tendencia que, de forma análoga, generan un puente constructivista a las tesis de Duverger. En este sentido la “ley de tendencia 1” de Sartori efectivamente señala que el sistema uninominal facilita el formato bipartidista, obstaculizando el multipartidismo, mientras que la “ley de tendencia 2” señala que los sistemas proporcionales facilitan el multipartidismo3 (Sartori, 1992: 301). Sin duda alguna, la ley de tendencia 1 puede ser aplicada totalmente al sistema electoral de Canadá.

Con base en lo anterior, debe señalarse que el sistema canadiense ha favorecido un esquema bipartidista liberal-conservador de tendencia oligárquica, que funciona en buena medida gracias al carácter conservador de sus cúpulas, a las pocas diferencias ideológicas entre liberales y conservadores -tal como lo señala Sartori-, así como a que un amplio sector de la sociedad comparte un buen número de valores conservadores y sigue teniendo un fuerte apego y preferencia por los viejos partidos históricos y sus tradicionales jefes. Es oportuno señalar que dichas leyes de tendencia se encuentran presentes en los trabajos de Gaetano Mosca (2011) y Vilfredo Pareto (1980), quienes han estudiado ampliamente el papel de las élites como clases políticas dominantes que se sirven de la sociedad para legitimarse a sí mismas en el poder. Esto lo logran mediante el diseño de sistemas políticos y electorales que justifican su propia existencia y dominio. De hecho, el propio Sartori los cita como autores de leyes de tendencia sobresalientes (Sartori, 1992: 286).

Por consiguiente, puede afirmarse que el sistema político canadiense está diseñado para evitar la llegada de terceros en discordia. Esto último se ha evidenciado en los últimos 42 procesos electorales federales, con el triunfo en 24 ocasiones de los liberales y, en 18, de los conservadores. Ésta ha sido la constante pese a la existencia de, al menos, otros dos o tres partidos de carácter nacional, principalmente desde la década de 1940.4

Justo es mencionar, además, que el sistema electoral parlamentario de origen británico facilita lo anterior, pues en la práctica canadiense los votos se convierten en asientos parlamentarios en distritos específicos, lo que crea efectos mecánicos que excluyen a terceros. En otras palabras, en un sistema como el canadiense los distritos electorales ponen en juego un solo asiento por distrito y éstos suelen ganarlos los partidos grandes, porque son ellos los que disponen de bases sólidas, recursos suficientes y experiencia en campañas. A este sistema se le denomina en inglés “single-member district elections”, algo que en español podríamos traducir como [“elecciones en distritos uninominales”]. También se le conoce como “first past the post”, es decir, sistema uninominal −como lo define Sartori− o de mayoría simple.

A juicio de los especialistas en el tema, las elecciones en distritos uninominales favorecen el sistema de competencia entre dos partidos, al disminuir las posibilidades de competencia de las nuevas agrupaciones partidistas pequeñas, de forma “mecánica, simplemente porque la operación del sistema electoral les niega asientos” (Grofman, Blais y Bowler, 2010: 2). En otras palabras, bajo el sistema parlamentario los partidos grandes reciben una mayor cantidad de asientos que de votos, condición que estimulará su sobre-representación. En cambio, los partidos pequeños reciben una menor proporción de asientos que de votos, lo que disminuye su representación real en la misma Cámara (Grofman, Blais y Bowler, 2010: 3). Duverger (2012) y Sartori (1992) coinciden con estos conceptos. Esta situación es posible ya que, aun cuando obtengan altos porcentajes de votación a nivel nacional, si los partidos jóvenes no consolidan su presencia en ciertos distritos pueden incluso quedar sin representación alguna en el Parlamento, con lo que en términos prácticos sus votos se reducen… a nada. Lo interesante del caso canadiense es que, si bien este mecanismo ha estimulado el surgimiento de cientos de partidos políticos regionales o provinciales, debido al adverso sistema electoral y político en el país, desaparecen sin mayor trascendencia.

Asimismo, existen otros factores que el sistema parlamentario anglosajón pone en juego para impedir el surgimiento y consolidación de nuevos partidos políticos diferentes al Conservador y al Liberal (o laborista). Nos referimos a las barreras psicológicas que este esquema electoral produce, pues en realidad existen “efectos psicológicos que están centrados en la reacción que instrumentan mentalmente los votantes y las élites con respecto a lo que esperan del sistema electoral” (Grofman, Blais y Bowler, 2010: 3). Esto quiere decir que los adherentes a los partidos pequeños o a los que se encuentren en tercera posición en intención de voto, al percibir que tienen pocas posibilidades de alcanzar el triunfo, decidirán votar en favor de alguno de los dos partidos principales, ya sea para sentir que no desperdiciaron su voto o para evitar que gane aquel que consideran el peor.

En este sentido, en el Cuadro 1, desarrollado por Grofman, Blais y Bowler, los autores señalan, de acuerdo con sus propios cálculos, los seis escenarios a los que se enfrentan los ciudadanos en toda contienda electoral, cuando hay tres candidatos (o partidos) con posibilidades de ganar. Los números expresan, en forma descendente, el lugar en que sus candidatos de preferencia se encuentran según las encuestas y tendencias de opinión, otorgando el numero 1 a su opción favorita, el numero 2 a la que sería su segunda preferencia y el numero 3 a aquélla por la que definitivamente no votarían. Así, los escenarios: A, B, C y E no muestran mayor conflicto en el elector, ya que su candidato (o partido) se encuentra en franca posición de lucha, ya sea en primera o en segunda posición. El dilema llega cuando el elector se enfrenta ante el escenario de que su opción preferida se ubica en el último lugar y, al mismo tiempo, su peor opción se encuentra con posibilidades reales de ganar según las tendencias, tal y como lo muestra los casos D y F. Precisamente, es en estos dos últimos escenarios cuando el elector decide realizar un voto estratégico.

Cuadro 1 El voto estratégico entre tres candidatos 

Fuente: Grofman, Blais y Bowler (2010: 14)

Cabe añadir que el mismo cuadro puede aplicarse también para sistemas electorales en países con cuatro o más partidos políticos. No obstante, lo interesante es que, de cualquier forma, los resultados terminan siendo similares, pues siempre se benefician los partidos dominantes. Es por ello que Grofman, Blais y Bowler afirman que:

Cada vez que el candidato favorito es percibido como el tercero o cuarto en la contienda para ganar la elección, es decir, en todos los demás escenarios, el voto estratégico se convierte en una opción real […] en ningún caso un voto estratégico va a dirigirse hacia el candidato que más le disgusta [al votante]. Por lo general, aunque no siempre, las personas votarán por su segunda opción (Grofman, Blais y Bowler, 2010: 15).

Por todo lo anterior, la izquierda partidista canadiense ha tenido que desarrollar durante décadas una serie de estrategias electorales para poder colocarse como una opción viable en un esquema que beneficia desde sus propios orígenes sistémicos a liberales y conservadores, es decir, al bipartidismo. Por ello, es indudable que el origen sistémico liberal-conservador de la política canadiense ha buscado marginar, a través de medios institucionales, a cualquier otra alternativa partidista, como son los partidos de izquierda, en un intento por mantener su monopolio de poder y hegemonizar así las decisiones económicas, políticas y sociales.

Orígenes

Como ya se dijo, desde el siglo XIX Canadá alcanzó un balance pragmático entre las élites liberales y conservadores, lo que permitió el desarrollo de políticas públicas comunes y acciones de gobierno en realidad poco divergentes. Como Vilfredo Pareto lo señala (1980), tal conjunción operativa de las élites centró su atención básicamente en las demandas sociales, haciendo poco atractivas otras ofertas políticas regionales, al dificultarles su extensión y consolidación como partidos con presencia nacional. Este esquema bipartidista fundador del sistema político de Canadá no impidió, sin embargo, que se organizaran diversos grupos cuyos intereses no estaban representados en el Parlamento, como fue el caso de la izquierda canadiense.

Es oportuno señalar que el término “izquierda canadiense” será utilizado en este escrito para identificar a los partidos con ideología fundacional socialista y con estructuras indirectas, en la forma que las plantea Maurice Duverger (2012). Estas estructuras de carácter indirecto se presentan en partidos políticos constituidos por la unión de distintos grupos sociales de base. Ello en contraposición a los partidos de carácter directo, que son aquellos en los que sus integrantes constituyen la comunidad misma del partido, sin añadidura de otros grupos sociales, lo que privilegia la consolidación de élites partidistas que bien pueden ser tanto de izquierda como de derecha.5 De acuerdo con la lógica de Duverger, en el caso canadiense la estructura directa parecería corresponder a los partidos Liberal y Conservador cuya fundación, como se ha visto, se dio de manera simultánea con el surgimiento del país como ente político autónomo. Así, de forma prácticamente paralela, los padres fundadores canadienses resolvieron dividirse en dos bandos políticos de hombres notables, escogidos por su influencia y posesiones, lo que consolidó aquello que Sartori denomina “partidos de notables”. En contraste, siguiendo con esta división de Sartori, los partidos políticos canadienses surgidos de organizaciones −obreras, agrícolas y de trabajadores− podrían identificarse como “partidos de masas”.

De este modo, la izquierda canadiense, contraria a la naturaleza elitista liberal-conservadora, fue encontrando en grupos sociales locales y regionales su propio sustento, al sumar colectividades sindicales y de cooperativas de trabajadores con conciencia de clase. Todos estos grupos crearon elementos que, una vez aglomerados, permitirían el nacimiento de partidos políticos regionales, mismos que a su vez proyectaron, gracias a su organización gremial, la conformación de un partido de carácter nacional.6

Así pues, desde finales de la década de 1920 se organizaron grupos políticos aislados en diferentes provincias canadienses, con el fin de promover derechos de obreros, trabajadores y agricultores. Sin embargo, no fue sino hasta que los efectos de la crisis de 1929 llegaron a Canadá cuando dichos grupos vieron fortalecidas sus bases de apoyo, debido al desempleo y a la zozobra que generó dicha crisis, sobre todo en los centros urbanos. Por consiguiente, a partir de los años treinta Canadá comenzó a experimentar el surgimiento de pequeños partidos políticos socialistas provinciales.

Las condiciones adversas del sistema político canadiense, la fragmentación de la izquierda en distintas agrupaciones provinciales y la amplia extensión del territorio fueron factores que estimularon la búsqueda de un partido socialista de carácter nacional. Por ello, en 1932, a partir de la celebración de la Conferencia de Calgary y su declaratoria conocida como The Calgary Programme, se crearon diversos partidos en las provincias del oeste y las planicies, entre los que destacaban el Partido Socialista de Canadá en la Columbia Británica, con orígenes marxistas y conformado por uniones sindicales obreras; la Unión de Agricultores de Canadá, con secciones en Alberta y Saskatchewan (este grupo era un movimiento agrarista de asociaciones de granjeros considerado como radical por proponer el establecimiento de un gobierno con ideología socialista); el Partido Laborista Independiente y el Partido de la Cooperativa Laborista, ambos de Saskatchewan, con ideologías socialistas y conformados por consejos de trabajadores agrícolas y obreros urbanos; y el Partido Laborista Independiente de Manitoba, de ideología social-demócrata identificada con los movimientos trotskistas internacionales de su época (este partido lo conformaban consejos de trabajadores agrícolas y obreros de la capital, Winnipeg) (Gidluck, 2012).

Este tipo de agrupaciones regionales definieron directrices para unificar y fortalecer su posición como grupos de izquierda, frente a los efectos adversos de la crisis del 29. Así, tal declaratoria llamó a la socialización de la economía, incluida la banca, el crédito y los servicios financieros para evitar la libre acción de los especuladores. Asimismo, planteó la urgencia de establecer la propiedad social y un control más estricto del gobierno en la economía (Whitehorn, 1993: 37)

El gran logro de esta reunión de partidos regionales en Calgary, que aglutinó a agricultores, granjeros, pequeños propietarios urbanos, mujeres sufragistas y asociaciones obreras del oeste, fue que acordaron la fundación de un partido de izquierda con potencial nacional. Tal partido sería la Co-operative Commonwealth Federation (CCF) (Cooperativa Federal Mancomunada) cuya función sería operar como un organismo confederado capaz de aglutinar partidos regionales y provinciales, otorgándoles lineamientos definidos comunes. Ello permitiría que las demandas agrícolas pudieran sumarse a las obreras para definir objetivos de acción común por todo el país. De este modo, la CCF buscó exponer ante los electores un programa político sólido y coordinado para hacer frente a la maquinaria electoral de los partidos políticos fundadores del país: los liberales y conservadores.

Debe añadirse que la unificación de los partidos de izquierda en los años de 1930 en Canadá sirvió también para contener el avance de otras opciones partidistas regionales de derecha, como es el caso del Partido del Crédito Social, en Alberta, cuyos orígenes evangélicos y su tendencia populista se erigían como movimientos potencialmente fuertes a mediano plazo.7

Al año siguiente, en 1933, se celebró la primera convención nacional de la CCF; en ella se dio a conocer una declaratoria conjunta que englobaba fundamentos ideológicos. Este documento fue conocido como The Regina Manifesto (Manifiesto de Regina) y en él se expresaban los lineamientos que habrían de seguir los hombres y mujeres afiliados a los distintos partidos provinciales adheridos a la CCF. El Manifiesto de Regina es un documento que denuncia las condiciones del sistema capitalista después de la Gran Depresión, además de que responsabiliza de las condiciones adversas de la población a la concentración de la riqueza en pocas manos y a la displicencia de las minorías financieras e industriales. Por ello, los y las delegadas del CCF elaboraron una serie de catorce puntos que pugnaban reemplazar el caos generado por el capitalismo y proponían planificar una economía socializada en manos del pueblo. Afirmaban que era evidente que los partidos Liberal y Conservador de Canadá se habían consolidado como instrumentos de los intereses del capitalismo y que por ello no debían seguir gobernando. En contraste, la CCF, como organización democrática y conformada por una federación de grupos de trabajadores, agricultores, laboristas y feministas, ofrecía la posibilidad de una transformación económica y social de fondo (Whitehorn, 1993: 40).

La CCF se pronunciaba a favor del establecimiento de una economía socializada en donde las empresas propiedad de magnates capitalistas fueran sustituidas por nuevas entidades públicas cuyos administradores fueran servidores interesados en el bienestar de las mayorías. También insistían en la necesidad de instaurar una socialización de toda la maquinaria financiera del país, incluyendo bancos y compañías crediticias y de seguros, bajo un esquema de control monetario centralizado para alcanzar fines socialmente deseables. Cabe añadir que la socialización de las compañías de seguros médicos ocupó un lugar destacado en este manifiesto, pues en diversos puntos se abordó la necesidad de socializar sus operaciones.

Los otros tres sectores propensos a ser socializados en una primera etapa serían transporte, comunicaciones y electricidad. Para el sector agrícola planteaban la necesidad de integrar un seguro que estimulara la economía de todos los productores del campo, apoyados en una banca nacional regulada por el Estado. En materia laboral, la CCF proponía apoyar al trabajador mediante ingresos y jornadas de trabajo justas, proveyendo de seguro médico gratuito, seguro contra accidentes, retiro por vejez, seguro de desempleo y libertad de asociación. Del mismo modo, planteaba la equidad de género como un elemento fundamental en el ámbito laboral. En lo que respecta a la socialización de los servicios médicos, la CCF demandaba la instauración de un sistema de salud público que incluyera hospitales y todo tipo de servicios médicos en absoluta gratuidad, tal y como sucedía con los servicios educativos.

A nivel exterior, la CCF buscaba promover el desarme y la paz mundial, pero reconocía que el sistema capitalista hacia muy difícil esa meta. Rechazaba participar en cualquier guerra de carácter imperialista y demandaba mantener una distancia sana con el imperio británico,8 pues a su juicio la explotación capitalista hacia muy posible el desencadenamiento de nuevas guerras mundiales, en las que Canadá no debía participar.9

Estrategias

Una vez hecha oficial la existencia de la Co-operative Commonwealth Federation (CCF) y tomando como hoja de ruta el Manifiesto de Regina, que pugnaba por la socialización de las funciones del Estado, se hizo evidente la necesidad de adoptar una estrategia y dirección firme, capaces de contrarrestar la propaganda negativa que desde el poder se instrumentaba en su contra. Dicha estrategia debía encontrar la forma de diferenciar el socialismo canadiense −propuesto por los delegados de la Convención de Regina− del nacional-socialismo alemán y del socialismo soviético. El principal reto fue mostrar al electorado las diferencias entre el modelo propuesto por la CCF y sus contrapartes europeos. Para alcanzar este fin se eligió como su primer líder al ministro metodista James Woodsworth, quien de 1933 a 1942 se fijó la tarea de demostrar que la transición del capitalismo al socialismo era una meta posible y gradual.

Woodsworth concentró su estrategia en hacer ver que para la CCF era claro que los trabajadores, obreros y agricultores se encontraban sometidos a la explotación del sistema capitalista vigente, pero en ningún momento planteó adoptar una dictadura del proletariado. En su lugar promovió un cambio social progresivo, bajo dinámicas democráticas al amparo de colectividades socialistas de trabajadores y agricultores, ajustándose siempre a marcos constitucionales (Gidluck, 2012: 85). También estableció una agenda internacional que denunciaba las guerras imperialistas, expresando su neutralidad en conflictos internacionales. Con estos parapetos ideológicos, la CCF se lanzó a su primera elección de carácter federal en 1935, con resultados poco favorables, ya que obtuvo sólo siete de los 245 asientos en disputa.

Los efectos de esa experiencia electoral llevaron a la CCF, en 1936, a pedir a sus miembros que extendieran su influencia mediante la organización de nuevos grupos sindicales en todos los ramos productivos y de educación del país. Una vez conformados estos grupos de trabajadores se buscaría su afiliación gremial a la CCF, creando nuevas y más organizadas bases de apoyo, tal y como lo hiciera en su oportunidad el Partido Laborista Británico. Ya constituidos y afiliados, estos nuevos grupos tendrían que ceñirse al Manifiesto de Regina y respetar el programa del partido, lo que significaba que no apoyarían a otra agrupación política y, al mismo tiempo, se comprometían a aportar una cuota mensual de su salario por concepto de membresía (Archer, 1990: 15). Los resultados de esta estrategia de captación de cuadros fueron muy positivos en el corto plazo, ya que organizaciones completas decidieron sumarse a la CCF en 1938, como fue el caso de la United Mine Workers (UMW), District 26, New Brunswick and Nova Scotia.10

Ahora, si bien las elecciones federales de 1940 sólo incrementaron en un asiento la presencia de la CCF en la Cámara de los Comunes, lo cierto es que el partido fue procurando mayor organización entre sus bases, de manera que para las elecciones federales de 1945 su bancada parlamentaria se incrementó a 28 diputados.11 Es importante añadir que en el lapso de 1935 a 1945, el porcentaje de la votación nacional a su favor se incrementó de 8.9% a 15.7%.

Bajo el nuevo liderazgo de James Coldwell al frente de la CCF, de 1942 a 1960, el partido tuvo que enfrentarse a la contradicción que suponía la participación de Canadá en la Segunda Guerra Mundial, ya que sus estatutos partidistas privilegiaban el pacifismo y la no participación en guerras de carácter imperialista. Pese a ello, la CCF decidió en su momento votar a favor de los esfuerzos militares canadienses en la guerra, aunque con carácter condicionado. Sin embargo, su posterior negativa parlamentaria de aprobar una conscripción obligatoria propuesta por el gobierno liberal llevó a que la CCF fuera percibida como un organismo sospechoso por el gobierno y buena parte de la sociedad (Archer y Whitehorn, 1997: 158)

Una vez reestablecida la paz mundial y conformado el escenario político en dos polos, con Estados Unidos y la Unión Soviética en cada extremo, la CCF sufrió una serie de persecuciones políticas y embestidas mediáticas al vincularlos con el socialismo soviético, lo cual generó temor y animadversión entre amplios sectores de la población. Incluso, de manera abierta diversos miembros de los dos partidos hegemónicos canadienses denunciaron a la CCF como un “montón de incendiarios alborotadores controlados desde Moscú” (Gidluck, 2012: 117). Como resultado de esto, las elecciones federales de 1949 otorgaron sólo trece asientos a la CCF. A lo anterior debe sumarse la política asistencialista que emprendieron los gobiernos liberales de Mackenzie King (1921-1930 y 1935-1948) y Louis St. Laurent (1948-1957), quienes destinaron considerables recursos económicos para impulsar programas sociales a fin de proteger a los sectores más vulnerables del país. Aunado a ello, habría que agregar el carisma y la fuerza de ambos mandatarios, sobre todo de Mackenzie King cuya personalidad contrastaba con la imagen ultra moderada y de buen samaritano de Woodsworth o con la personalidad ambigua y a veces temerosa de Coldwell, quien buscaba sobre todo no perder espacios parlamentarios, más que ganar nuevos.

Por otra parte, debe señalarse que, pese a las campañas en contra de la izquierda canadiense, y sobre todo gracias a sus cuadros sindicales y bases de apoyo, la CCF pudo ir recuperando gradualmente su presencia en el Parlamento y ya en las elecciones federales de 1953 consiguió 23 curules. Pero, eso fue posible sólo después de que dejara clara su posición partidista, al condenar el totalitarismo dictatorial del socialismo soviético y privilegiara, en cambio, el multilateralismo, haciendo hincapié en su esperanza de que Canadá tuviera un papel más activo en Naciones Unidas. A partir de ese momento, la CCF asumió una estrategia mediática más nacionalista y de protección a sus recursos naturales, dejando clara su independencia de cualquier potencia extranjera (Archer y Whitehorn, 1997: 159).

Ante ello, fue evidente que el partido requería de un nuevo documento, que respondiera a los tiempos de la Guerra Fría y el mundo bipolar. De ese modo, se convocó a una nueva asamblea de carácter nacional en Winnipeg, en 1956, con la tarea de redefinir el rumbo ideológico del partido. De esta asamblea se desprendió la Declaración de Winnipeg, cuya redacción se llevó más de cinco años y expresa la voluntad del partido de ofrecer nuevas alternativas electorales a los votantes. Tal documento, si bien reitera el carácter socialista del partido, desarrolla también una serie de planteamientos más moderados que su antecesor de Regina. Reconoce avances en Canadá en materia social y los atribuye a la influencia de la CCF en las políticas puestas en marcha por los gobiernos liberales, pues a su juicio éstos adoptaron las medidas que había propuesto la izquierda para reducir la desigualdad. Asimismo, la CCF demanda más crecimiento del empleo y protección de recursos naturales, por medio de políticas planificadas. Acusa al sistema capitalista de ser inmoral, pues éste provoca que el sufrimiento y la injusticia se recrudezcan. Insiste en la construcción de una sociedad democrática que garantice la libertad, la equidad de género y la igualdad entre las razas.

En cuanto a las relaciones con el exterior, hace un llamado a la paz internacional y condena la expansión comunista. Apoya de manera entusiasta a Naciones Unidas y al desarrollo de estrategias de desarme mundial. Censura las viejas prácticas del imperialismo, lo mismo que las nuevas, en clara alusión a la Unión Soviética. Expresa su confianza en Canadá como país generoso y receptor de migrantes y refugiados. Al final del documento manifiesta su convicción de que el socialismo democrático es la única vía certera para alcanzar el poder, tal y como se ha visto en diversos países del mundo.12

Las elecciones federales siguientes (1958) y su resultado adverso para la CCF tras obtener sólo ocho asientos en la Cámara de los Comunes y el 9.5% del voto popular, fueron razones, no sólo para provocar un cambio de liderazgo a partir de 1960 en la persona de Hazen Argue, sino que fue obligada una completa reconfiguración partidista, pues era evidente que la antigua formula gremial había dejado de ser suficiente para ocupar espacios parlamentarios. Ello porque el Partido Liberal había logrado derrotar a los candidatos de la CCF en diversos distritos electorales. Así, el fortalecimiento del partido se hacía una necesidad entre sus militantes, pese a los buenos resultados obtenidos en la provincia de Saskachetwan por la versión provincial de la CCF en el poder.

Al respecto, es preciso mencionar el papel sobresaliente que tuvo la sección de la CCF en Saskatchewan, pues de 1944 a 1964 logró gobernar dicha provincia tras resultar vencedora en cinco elecciones consecutivas, bajo el liderazgo de Thomas Clement Douglas (Thommy Douglas). El ascenso de la CCF de Saskatchewan al poder en 1944 es considerado por la izquierda canadiense como la primera gestión de un gobierno socialista en América del Norte, ya que los principios reguladores de la plataforma de gobierno de Thommy Douglas se ceñían a lo establecido en los estatutos de la CFF a nivel federal por el Manifiesto de Regina. Ciertamente, las dos décadas de gestión de la CCF en Saskatchewan pudieron colocar al partido con una plataforma de gobierno viable y exitosa, pues fue en Saskatchewan en donde se construyeron las bases para alcanzar un sistema de salud público universal en Canadá, conocido como Medicare.

Este programa alcanzó resultados muy favorables, tanto política como socialmente, al grado de que el gobierno liberal de Lester B. Pearson decidió adoptarlo y extenderlo en los años sesenta por todo el país. Es oportuno señalar que el Medicare de Thommy Douglas se enfrentó en un principio a la animadversión de los sectores más conservadores de su provincia. Por ejemplo, se le acusó de ser un plan comunista que impediría que los ciudadanos pudieran elegir a sus médicos, que haría obligatoria la práctica de los abortos y que llevaría a gente sana a hospitales psiquiátricos. Asimismo, se sugería que muchos doctores dejarían la provincia y en su lugar llegarían médicos extranjeros practicantes. Sin embargo, al final, y pese a éstos y otros obstáculos, la CCF logró poner en marcha su modelo de atención a la salud pública con mucho éxito (Brown y Taylor, 2012).

Reorganización

No obstante los buenos resultados provinciales de la CCF en Saskachetwan, hacia finales de los años cincuenta y principios de los sesenta la CCF se encontraba en una profunda crisis, ya que sus porcentajes de votación a nivel nacional disminuían en cada elección. Esto obligó al partido a extender sus alianzas con organizaciones emergentes, como el Canadian Labour Congress (CLC), fundado en 1956 y que congrega organizaciones sindicales de toda índole.13

Esta alianza estratégica de la Co-operative Commonwealth Federation, como brazo político confederado, y el CLC como brazo sindical con presencia nacional, hizo posible en 1961 la fusión de ambas organizaciones en torno a un nuevo partido de izquierda: el New Democratic Party (NDP). Desde el principio, uno de los objetivos centrales del NDP fue evitar que el Partido Liberal adhiriera sindicatos a su favor, restando apoyos a su causa. Para lograrlo definieron nuevas estrategias que incluyeron dejar de utilizar términos polémicos como: socialismo, socialista o democracia socialista en sus nuevos estatutos, en un intento por moderarse ideológicamente y así conquistar nuevos nichos electorales.

A diferencia de las declaraciones antecesoras (el Manifiesto de Regina, de 1933, y la Declaración de Winnipeg, de 1956), la Declaración del Nuevo Partido (New Party Declaration), de 1961, es un compendio de diversos escritos que concentran las nuevas directrices, estableciendo lineamientos para contrarrestar la propaganda negativa en su contra emprendida por liberales y conservadores a través de los medios de comunicación de todo el país. La nueva declaratoria se divide en diferentes escritos titulados: “Planificando la abundancia”, “Seguridad y libertades”, “Una mejor y más completa democracia” y “Cooperación para la paz”. De estos escritos se desprenden 31 apartados, que juntos delinean la filosofía y agenda programática del NDP (Whitehorn, 1993: 53).

En esta primera asamblea del NDP, en la que se hizo pública la Declaratoria del Nuevo Partido, se eligió a Thommy Douglas como líder fundador, tras alcanzar en una sola ronda 78.5% del voto de los delegados.14 La designación de Douglas como el primer líder del NDP buscó capitalizar el prestigio de su gestión en Saskatchewan como premier de 1944 a 1961, tras impulsar el Medicare a nivel provincial. No obstante, si bien logró alcanzar 19 asientos en la Cámara Baja en las elecciones federales de 1962, el porcentaje de votación nacional (13.4%) no reflejaba lo esperado. Incluso, él mismo perdió la votación por más de diez mil votos en un distrito en Ottawa, obligándolo posteriormente a contender en una elección especial por un distrito de la Columbia Británica (Gidluck, 2012: 157) para así estar en condiciones de encabezar a los diputados de su partido en el Parlamento.

Durante su gestión de diez años como líder del NDP (1961 a 1971), Thommy Douglas dirigió los destinos de la izquierda partidista de Canadá durante cuatro procesos electorales federales (1962, 1963, 1965 y 1968). Ahora, si bien en ellos nunca rebasó la cifra de veintidós asientos, lo más notable es que sí logró incrementar y mantener los porcentajes de votación a su favor en más del 17%. Su estrategia al frente del NDP se concentró en ejercer presión constante sobre el gobierno liberal para extender más los beneficios sociales, mientras que, en el plano externo, fue un duro crítico de la guerra de Vietnam. Ello en buena medida evitó que el NDP perdiera posiciones electorales durante la década de liderazgo de Douglas, quien, dicho sea de paso, era un hombre con gran carisma y una velocidad mental sobresaliente para encarar a sus contrincantes.

Como parte de este discurso coherente de una izquierda que aspiraba a posicionarse electoralmente, Douglas insistió durante todo su liderazgo en que Canadá debía alcanzar su independencia económica para evitar lo que él consideraba un saqueo de recursos canadienses hacia Estados Unidos, al tiempo en que proponía la nacionalización de la industria del petróleo y del gas (Archer y Whitehorn, 1997: 161). Sus postulados de corte asistencialista, nacionalista y pacifista otorgaron en general buenos dividendos al NDP en el ámbito federal. El problema volvía a recaer en las características del propio sistema canadiense, ya que, si bien la izquierda se perfilaba para obtener 20% del voto a nivel nacional, esa cifra difícilmente les alcanzaría para obtener los dos dígitos en cuanto al porcentaje de curules en la Cámara de los Comunes, ya que para el momento en que Douglas dejó de encabezar al NDP, éste apenas concentraba poco más de 8% de los asientos parlamentarios.

Lo anterior obedecía a que el NDP no lograba generar impacto en las provincias centrales (Ontario y Quebec) ni en las provincias del Atlántico. En el primer caso, las sólidas bases liberales conservadoras en las cosmopolitas provincias de Ontario y Quebec, sede central de ambos partidos, así como los recurrentes nacionalismos quebequenses, fueron factores que no permitieron crecer al NDP en dicha región central. Por ejemplo, en el caso de Quebec, la voz contestataria y la organización en contra del gobierno central las llevaban movimientos locales de índole nacionalista, los cuales no guardaban ciertamente mucho en común con los movimientos progresistas de izquierda, que exigían otras demandas de carácter social. Algo similar sucedía con las provincias del Atlántico, que con una densidad demográfica menor e índices menores de politización entre su población fueron factores que no sólo limitaron la propagación ideológica del NDP, sino que además consolidaron históricamente al Partido Liberal como la fracción partidista más poderosa de todo el este canadiense, situación que permanece en la actualidad.

Durante los años setenta, bajo el liderazgo de David Lewis (1971-1975) y, después, a partir de julio de 1975, tras la llegada de Ed Broadbent al frente del NDP (1975-1989), el partido intentó continuar con la ruta trazada por su líder y fundador, Tommy Douglas, constriñéndose a lo establecido por la Declaración del Nuevo Partido de principios de los sesenta. Durante esta etapa, en las elecciones federales de 1972, 1974 y 1979, el NDP logró 24 curules en promedio y mantuvo 17% de votación nacional. Buena parte de estos números fueron posibles gracias a la gestión de Ed Broadbent, quien, apoyándose sobre todo en su carisma y elocuencia, hizo repuntar a su partido en diversas regiones del país, amparado en una estrategia que impulsaba una mayor extensión de los beneficios sociales a través de incrementos a la inversión pública (Laycock y Erikson, 2015: 118).

El inicio de la década de 1980 dio oportunidad al NDP de reafirmar su buen momento, pues tras las elecciones federales de 1980, el partido ocupó 32 curules, alcanzando prácticamente 20% de la votación a nivel nacional, lo que significaba 11% de los 282 asientos en el Parlamento. De esta forma, se hacía necesario un renovado ordenamiento que identificara las prioridades partidistas. Por ello, tras la convocatoria de su dirigencia, un grupo de intelectuales y el propio Broadbent redactaron un nuevo manifiesto, que buscaría ajustarse a la realidad canadiense. El motivo principal de este relanzamiento de principios del NDP fue que la sociedad en Canadá había alcanzado una serie de metas planteadas desde hacía décadas por la izquierda, tales como: urbanización, educación, mayor participación laboral de la mujer, reducciones de las jornadas de trabajo, ampliación de beneficios médicos y sociales a nivel universal, entre otras. Esta situación obligaba a un ajuste programático del NDP.

Este nuevo documento, conocido como Nuevo Manifiesto de Regina (1983), planteó el pacifismo como un principio fundamental y llamó a la instauración de una democracia socialista para Canadá, basada en principios caritativos y solidarios con los más necesitados. También establecía prioridades ecológicas para garantizar los recursos naturales comunes, buscó la eliminación de la discriminación de género y promovía el derecho de los trabajadores para incorporarse a movimientos obreros,15 estimulando así su politización y conciencia de clase. Este documento se dio a conocer públicamente al cumplirse 50 años del Manifiesto de Regina original, en lo que se entendió era una forma de rendir tributo a los fundadores y fundadoras de la CCF. En el Cuadro 2 se presenta un comparativo de los conceptos utilizados por la izquierda canadiense en sus diferentes estatutos para perfilarse como una opción electoral más atractiva frente al electorado.

Cuadro 2 Conceptos clave utilizados en los distintos manifiestos de la izquierda canadiense durante el siglo XX 

Fuente: Whitehorn (1993).

Los siguientes años del liderazgo de Ed Broadbent arrojaron buenos números al NDP, pues en las elecciones federales de 1984 y 1988 el partido alcanzó 30 y 43 asientos parlamentarios, respectivamente, elevando así la figura de Broadbent como el líder con mayor carisma y mejores resultados para el partido, en una ecuación hasta ese momento inédita para la izquierda canadiense. Broadbent decidió retirarse en 1989, poco antes de la formación del partido del Bloque Quebequense (BQ). Su sucesora, Audrey McLaughlin, fue la primera mujer en encabezar un partido de alcance nacional en Canadá (1989-1995); sin embargo, tuvo que enfrentar precisamente el empuje del nacimiento del Bloque Quebequense, pues ello significó una caída en la preferencia electoral del NDP, una vez que miles de ciudadanos de esa provincia decidieron otorgar su voto al BQ y no más al NDP o al propio Partido Liberal. Así, tras el proceso electoral federal de 1993, el NDP cayó a la cuarta posición como partido político representado en el Parlamento, tras alcanzar sólo nueve curules y 6.9% de la votación a nivel nacional.

Dichos resultados provocaron una crisis en el liderazgo de McLaughlin, al grado de que el partido convocó a una nueva elección interna y en ésta surgiría Alexa McDonough como la nueva líder del NDP (1995-2002). Pero, no obstante el cambio, la gestión de McDonough se enfrentó a la misma problemática que su antecesora, ya que en las elecciones federales de 1997 y 2000 el NDP no logró superar la cuarta posición parlamentaria, tras alcanzar 21 y 13 diputados, respectivamente. Lo peor de todo era que el porcentaje de votación nacional no rebasaba ya 8.5% a finales del siglo XX, condición que dejaba a la izquierda canadiense ante la peor crisis desde su unificación, en la década de 1930. Sin embargo, debe señalarse que esta crisis no era responsabilidad de una falta de carisma o malas decisiones de las líderes McLaughlin y McDonough, sino que más bien obedeció, entre otras cosas, al crecimiento y monopolización de nichos electorales en Quebec en favor del Bloque Quebequense, mismo que incluso llegó a colocarse como primera oposición parlamentaria tras las elecciones federales de 1993. Lo anterior es por demás paradójico, si se considera que el BQ tuvo que fungir como primera minoría, representando los intereses de toda la oposición de 1993 a 1997, cuando justamente dicho partido era una agrupación de carácter separatista con una agenda local.

Pero, los malos resultados electorales no fueron lo único que tuvo que enfrentar Alexa McDonough, ya que también debió afrontar la disidencia al interior de su propio partido, a partir de que un grupo de miembros y diputados neodemócratas decidieron conformar un efímero grupo interno llamado Nueva Iniciativa Política (New Politics Initiative) cuyo objetivo consistía en refundar un nuevo partido que aglutinara a toda la izquierda canadiense. No obstante, si bien este intento disidente fue sometido por la dirigencia del NDP, lo cierto fue que McDonough concentró buena parte de su atención en evitar la disolución de su partido, en lugar de planear una estrategia que buscara extender la influencia del NDP hacia nuevas regiones del país. Esta coyuntura política fue debilitándola de cualquier manera frente a connotados neodemócratas, como Ed Broadbent, quien comenzó a impulsar afanosamente a un antiguo concejal de Toronto, Jack Layton, como posible nuevo líder del NDP.

Repunte

Jack Layton se desempeñó como funcionario público en el Ayuntamiento de Toronto, Ontario, desde principios de los años ochenta, y llegó a encabezar en su momento a un influyente grupo de ala izquierda al interior de dicha entidad, lo que llamó la atención de los medios de comunicación locales. Este activismo impulsó gradualmente la figura de Layton a nivel nacional, dejándolo como favorito para encabezar al Partido Neodemócrata, después de que Alexa McDonough anunciara su salida a finales de 2002, por motivos de índole familiar, según dijo. De este modo y apoyado por un sector considerable del partido, Jack Layton enfrentó de forma exitosa el proceso interno para encabezar al NDP, tras obtener el triunfo en una sola ronda, con 53.5% de los votos. Estas cifras dejaban ver que su personalidad y trayectoria eran bien reconocidas por los miembros y adherentes neodemócratas a nivel nacional. De inmediato, Layton, como líder del NDP (2003-2011), fijó una estrategia de duras críticas en contra de los gobiernos liberales, señalándolos de ser muy parecidos a los conservadores al anteponer los intereses económicos a los sociales. Con ello, centró su atención en exponer el doble discurso liberal, al que alude el refrán canadiense: “Liberal / Tory. ¡Same old story!”16

Esta maniobra de Layton, al contrastar a los neodemócratas en la oposición con los liberales en el poder, fue ganando adeptos para el NDP, sobre todo en la provincia de Ontario, pues en el periodo 2003-2004 el Partido Liberal vivió una serie de pugnas internas. Así, ante un escenario de debilitamiento liberal y fortalecimiento del Partido Conservador, durante las elecciones de: 2004, 2006 y 2008, el NDP conquistó espacios parlamentarios de manera gradual y pudo pasar de 19 a 37 curules. Con ello, el NDP regresaba al margen de 18% de votación nacional de los años ochenta.

Durante esta etapa, el liderazgo neodemócrata se concentró en definir una estrategia que arrebatara distritos específicos a los liberales en Ontario y en la costa atlántica, tomando ventaja de sus fisuras internas. De tal forma, se buscó consolidar el voto socialdemócrata, con base en la directriz de su dirigencia de que: “si lo que se quería era que el NDP fuera capaz de lograr grandes avances, tenía que hacerse inviable que se votara por los liberales” (Lavinge, 2013: 101). Por ello, se dispuso ganar distritos en las provincias centrales (Ontario y Quebec) y en las de la costa atlántica.

Esta estrategia agresiva, selectiva y focalizada del NDP en contra de bastiones liberales específicos generó dividendos electorales favorables, pero, al mismo tiempo, causó críticas entre los especialistas, pues señalaban que el NDP terminaría siendo el responsable de que el Partido Conservador se afianzara en el poder. Y es que en realidad lo que sucedió durante la primera década del siglo XXI, en las elecciones federales de 2004, 2006 y 2008, fue que el llamado “voto estratégico”, que había favorecido durante décadas a los liberales, comenzó a orientarse en favor de los neodemócratas, ubicando el voto nacional, en los años señalados, con los siguientes porcentajes: conservadores con alrededor de 35%; liberales, con 28%; neodemócratas, con 18%, y Bloque Quebequense, con 10%.

A lo anterior debe agregarse la poca flexibilidad liberal para alcanzar acuerdos parlamentarios con Jack Layton, sobre todo una vez que el líder del NDP ofreciera brindar soporte a la administración minoritaria liberal, en 2006, a condición de que incrementara el gasto público en 4 600 millones de dólares (Flanagan, 2009a: 213). Al final esta petición fue rechazada por los liberales, lo que significó un llamado adelantado a elecciones y su posterior derrota. Algo similar sucedió a finales de 2008, cuando el propio Layton propuso formar un gobierno de coalición con el Partido Liberal para derribar al gobierno de minoría conservadora, pero, de igual forma, la dirigencia liberal no se manifestó partidaria de ceder ministerios y adoptar la agenda neodemócrata en áreas sensibles del gobierno. Esto, aunado a la desconfianza que despertaba el Bloque Quebequense −como parte de esta coalición−, fueron factores que permitieron su desarticulación desde las más altas cúpulas de poder, gracias a un acuerdo de fractura parlamentaria entre el primer ministro Harper y la gobernadora general Michaëlle Jean.17

El desenlace de este rechazo para conformar un gobierno coaligado con los neodemócratas, en 2008, desacreditó a la dirigencia del Partido Liberal frente a algunos sectores de sus tradicionales votantes, pues dejaba constancia de sus recurrentes coincidencias con los conservadores. Tras la fractura del gobierno coaligado, el director de la campaña neodemócrata de 2008, Brian Topp, afirmó que, después de todo, sí había prevalecido una coalición en el Parlamento canadiense, aunque había sido la coalición entre los líderes liberales y conservadores para mantener a Harper en el poder (Topp, 2010: 171).

A la luz de los acontecimientos de finales de 2008, el líder neodemócrata Jack Layton decidió luchar frontalmente contra el llamado “voto estratégico”, que a lo largo de la historia política canadiense ha afectado más a la izquierda y favorecido a los liberales. Su mensaje a la población fue que las dirigencias del Partido Liberal habían optado por adoptar una agenda conservadora en materia social, idéntica a la del gobierno de Harper, que había asumido el poder desde 2006. Por ende, ambas élites (liberales y conservadoras) dirigirían ahora sus esfuerzos hacia una misma ruta de adelgazamiento del gasto social. Esto coincide con las tesis de Duverger, Sartori, Mosca y Pareto respecto del papel de los partidos políticos en los sistemas electorales y la forma en que las oligarquías se sirven del poder para auto-legitimar su permanencia.

El plan de Layton de combatir el voto estratégico (o voto útil) se origina en la idea de que el voto útil es más bien un concepto lanzado por quienes buscan apuntalar a un candidato en particular, a quien se considera el único capaz de derrotar al contrincante conservador (Lavinge, 2013: 103). El problema es que, generalmente, ese candidato con posibilidades suele ser precisamente el liberal y no el neodemócrata, lo que al final tiende a reducir la presencia del NDP en el Parlamento. En razón de ello hay que señalar que, si bien en 2008 el NDP contó con 18.2% del voto nacional, en realidad su presencia parlamentaria no rebasó 12%, pues sumaban únicamente 37 de 308 asientos parlamentarios, tras lograr concentrar votos suficientes en sus tradicionales bastiones del oeste, así como en algunos de Ontario. Mientras tanto, todo el potencial electoral de Quebec y de las provincias del Atlántico no alcanzó a conseguir para el NDP, en esas elecciones, más que cinco curules.

Así, una vez puesta en marcha la campaña para desacreditar el voto estratégico y aprovechando la coyuntura de las divisiones internas entre los liberales, aunado a la molestia de muchas de sus bases, Jack Layton se dedicó a prepararse para el nuevo llamado a elecciones, en 2011, con la certeza que los desatinos de sus oponentes en el Partido Liberal terminarían siendo capitalizados por el NDP. La campaña inició con la acusación del gobierno conservador de que los liberales y los neodemócratas estaban negociando un acuerdo secreto para formar un gobierno de coalición. Tales señalamientos fueron tan constantes que obligaron a la dirigencia del Partido Liberal a desmentirlos públicamente, afirmando que un gobierno coaligado entre la izquierda, el Bloque Quebequense y los liberales era algo que no sólo no contemplaban, sino que rechazaban abiertamente (Taber, 2011).

Pero, no obstante el rechazo explícito de los liberales para cogobernar con la izquierda, Jack Layton se mostró abierto a tal posibilidad, lo que lo proyectó a nivel mediático como un político dispuesto a cooperar en beneficio de las mayorías. Por ello, con su postura firme en contra del gobierno conservador y señalando las fallas de la dirigencia liberal, Layton fue ganando adeptos durante las cinco semanas de campaña, lo que se expresó en un crecimiento sostenido de las intenciones de voto. Su estrategia se enfocó en enviar mensajes que se concentraran en situaciones que pudieran atenderse en lo inmediato; es decir, el NDP organizó una campaña para debatir las prioridades nacionales, más allá de los grandes proyectos que requerían de mucho tiempo y dinero para resolverse.

Asimismo, el NDP se dedicó a estudiar las propuestas que hacían los conservadores y presentar contrapropuestas sobre esos mismos temas. Así, si los conservadores hablaban de empleo, los neodemócratas también hablarían de empleo; si hablaban de apoyo a jubilados, el NDP también lo haría. Al mismo tiempo, Layton insistía en desacreditar la idea del voto estratégico, por lo que durante sus giras reiteradamente advertía: “Hay gente que intentará decirte que no tienes más opciones que votar siempre por lo mismo. Pero sí tienes otra opción… Puedes creerme” (Lavinge, 2013: 216).

Debemos añadir que la tendencia sistémica de la política canadiense en torno al voto estratégico es un asunto presente en todas sus elecciones, al menos desde la conformación de la izquierda como organización política partidista, en la década de 1930. Sin embargo, en las elecciones de 2011 dicha práctica estratégica del electorado en Canadá se orientó en favor del NDP, una vez que las divisiones internas en el Partido Liberal fueran debilitándolo gradualmente.

Ahora, si bien la estrategia del NDP fue ganando adeptos y captando la atención de votantes tradicionalmente liberales, también el debate televisivo del 12 de abril de 2011 contribuyó a inclinar la balanza en favor de Jack Layton. Durante dicha transmisión, señaló que el líder liberal (Michael Ignatieff) no debía aspirar a ser primer ministro, ya que durante su gestión como líder de la oposición había estado ausente en más de 70% de las votaciones parlamentarias, sin justificación alguna (19thetruth84, 2011). La mala respuesta, el rostro incómodo y la franca molestia del líder liberal, en aquella transmisión en vivo por televisión nacional, contrastó con la firmeza y claridad del discurso del líder neodemócrata, quien después del debate superó a los liberales en intención de voto, en todas las encuestas. Así, a raíz de este debate, la izquierda canadiense se colocó por encima del Partido Liberal por primera ocasión en la historia.

A partir de ese momento la tendencia del voto estratégico fue inclinándose en favor del NDP, al percibirse que era la única oposición real en contra de los conservadores. Esta condición también tuvo un impacto en el Bloque Quebequense, que fue perdiendo apoyo en su provincia, en favor de los neodemócratas, pues se vio a estos últimos como el único freno ante la inminente llegada de un gobierno conservador de mayoría. Así, si bien en las elecciones federales de mayo de 2011 el Partido Conservador consiguió un gobierno de mayoría, también el NDP obtuvo un resultado sin precedentes, al lograr 103 escaños y 30.6% del voto nacional. Con esto, la izquierda se convirtió en la primera oposición en el Parlamento canadiense por primera vez desde su unificación en torno a un partido político, a principios de la década de 1930.

De ese modo, los desatinos y división entre las filas liberales y el descrédito del nacionalismo quebequense dieron al carismático Jack Layton la oportunidad de fungir, durante el XLI ejercicio parlamentario, como líder de toda la oposición. Quizá algo aún más trascendente fue que en 2011 el voto estratégico benefició a la izquierda canadiense, después de ocho décadas constantes de resultar perjudicada, en favor, primero, de los liberales y, posteriormente, del nacionalista Bloque Quebequense. Dicho esto, todo parece indicar que en esas elecciones los votantes de centro-izquierda infirieron que votar por el NDP era la opción más viable para enfrentar al gobierno de mayoría conservadora que se avecinaba (Laycock y Erikson, 2015: 293)

Reposicionamiento

El XLI Parlamento inició labores en junio de 2011 y durante tres semanas Layton fungió como cabeza de la oposición, hasta que se declaró el receso de verano. Pero, fue precisamente en este periodo cuando el NDP sufriría un doloroso e inesperado revés, pues su líder Jack Layton comunicó que, debido a la recaída en su padecimiento de cáncer, se retiraría de la política para enfrentarlo. En su mensaje, Layton sugirió que Nycole Turmel, diputada del NDP, tomara el mando del partido durante su ausencia. Sin embargo, menos de un mes después Layton daría a conocer una carta a la opinión pública en la que se despedía y ponía sus esperanzas de cambio en manos del pueblo canadiense. Al día siguiente (agosto 22) Layton sucumbiría, dejando a su partido y al país sumido en la incredulidad.

De inmediato, Nycole Turmel convocó a un proceso interno para elegir un nuevo liderazgo. Dos contendientes fueron los que acumularon mayores apoyos: por un lado, Brian Topp, líder sindicalista y colaborador muy cercano de Layton;18 por el otro, Thomas Mulcair, neodemócrata desde 2007, quien despuntara en su carrera política como funcionario del gobierno liberal en la provincia de Quebec, durante los años noventa y hasta 2006. Esta campaña interna de 2012 polarizó a sus militantes, pues el antiguo líder del NDP, Ed Broadbent, advirtió que Mulcair afectaría la identidad del partido, haciendo de él una nueva versión del Partido Liberal debido a su personalidad modernizadora y reformista, pues en reiteradas ocasiones Mulcair había afirmado que el NDP ya debía haber superado la retórica repetitiva de “la clase trabajadora”, tal y como lo habían hecho otros partidos neodemócratas en el mundo (Kennedy, 2012).

Como es de esperarse, en las internas de 2012 los neodemócratas se dividieron entre aquellos que apoyaban a Mulcair e insistían en la necesidad de que el partido experimentara un viraje ideológico más moderado para allegarse de nuevos votos a nivel nacional, y los seguidores de Topp, que querían continuar en el camino trazado por los fundadores del partido. El mensaje modernizador y reformista de Mulcair fue ganando más adeptos, hasta ganar las elecciones internas de marzo de 2012. Sin embargo, este triunfo se daría tras cuatro rondas de votación, que dejaron en segundo sitio precisamente a Brian Topp, quien si bien levantó la mano del vencedor para la fotografía oficial, decidió retirarse de la vida activa del partido, a nivel federal, y concentrar sus esfuerzos a partir de ese momento como coordinador de campañas en las versiones provinciales del NDP, sobre todo en el oeste.

Después de su victoria interna, Mulcair estableció como estrategia central construir una imagen nacional como líder responsable de toda la oposición, para lo cual evitaría choques frontales con el gobierno de mayoría conservadora. Por ello, Mulcair llegó a reprender a varios diputados de su partido por cuestionar y criticar duramente las decisiones del gobierno conservador en el plano interno y externo. Esta estrategia conciliadora y de bajo impacto mediático dejó en claro que el NDP adoptaría algunas medidas para colocarse más en el centro (Laycock y Erikson, 2015: 201), lo que ratificaba que, a juicio de Thomas Mulcair, el acercamiento al poder que experimentaba su partido lo obligaba a expresar cierta moderación ideológica.

Quizá la manifestación más obvia de esta tendencia más moderada de Mulcair se manifestó en la convención nacional del NDP celebrada en Montreal, en abril de 2013, cuando presentó una iniciativa para eliminar definitivamente de los estatutos del partido conceptos tales como “socialismo” y “propiedad social” (Payton, 2013). Esta propuesta, avalada por la mayoría de los delegados neodemócratas, fue una iniciativa que abiertamente intentó ofrecer una imagen más atractiva a los votantes de nuevas regiones, con el fin de arrebatar distritos al Partido Liberal.

Y es que, ciertamente, la izquierda en Canadá se ha caracterizado por una pugna intensa entre moderados y radicales, en la que estos últimos suelen buscar dominar el partido para colocarlo ideológicamente en una posición más orientada hacia la izquierda. En estas batallas, los moderados, identificados como el ala de la izquierda reformista del partido, suelen prevalecer sobre sus contrincantes, identificados como el ala marxista, los cuales han asumido distintos nombres a lo largo del siglo XX, entre ellos: Socialist Party of Canada; BC Socialist Fellowship; Ontario Ginger Group; Waffle y, el más reciente (a finales de la década de 1980), Left Caucus. Debe señalarse que, si bien las anteriores son corrientes minoritarias, sí han sido capaces de generar intensos debates al interior del NDP (Whitehorn, 1993: 13), lo que sin duda ha ayudado a reafirmar el carácter ideológico de la izquierda partidista canadiense frente a sus contrincantes.

Ante ello y considerando la estrategia moderada de Mulcair durante su liderazgo, de 2013 a 2015 el NDP decidió polemizar temas de carácter más mediático en sus críticas al gobierno del Primer Ministro conservador, Stephen Harper. De tal forma, Mulcair combinó el pacifismo y el carácter ecológico del partido, como banderas políticas, con una crítica moderada a la situación económica del país ante la caída de los precios del petróleo. De este modo, el liderazgo neodemócrata intentó ofrecer ante la opinión pública una imagen ecuánime y responsable ante los retos que encaraba el país.

Por ello, el llamado a elecciones federales de agosto de 2015 llevó al NDP a lanzar una campaña focalizada en la personalidad moderada de un líder que, en realidad, tenía poco carisma, pero mostraba, eso sí, un compromiso explícito a favor de la gobernabilidad. Sin embargo, el desgaste de nueve años de gobierno conservador, una mejor estructura partidista liberal y la estrategia discreta y propositiva, apuntalada en el enorme carisma de Justin Trudeau, dieron al Partido Liberal un triunfo mayoritario para el periodo 2015-2019, dejando a la izquierda en el tercer sitio, con poco menos de 20% del voto popular, con lo que regresó a sus porcentajes de los años ochenta. La Gráfica 1 nos muestra los porcentajes de votación de la izquierda canadiense, desde su conformación como organización política nacional, y su comparativo con los porcentajes de sus contendientes.19

Fuente: elaboración propia, con datos de Parliament of Canada (2016a).

Grafica 1 Comparativo de votación popular en elecciones federales canadienses, 1935-2015 

Ahora, si bien Thomas Mulcair fue capaz de retener su asiento en Outremont, Quebec, en las elecciones de 2015, lo cierto es que la disminución de 103 a 44 curules parlamentarias y la caída de once puntos porcentuales en el voto popular son muestra evidente de la fallida estrategia de acercamiento a nuevos nichos electorales desde su llegada como líder neodemócrata. A lo anterior debe sumarse una serie de graves desatinos durante la campaña electoral de 2015, que junto al abandono ideológico fundacional y el intento de adoptar una izquierda calificada como moderna por Mulcair, dejaron a una buena cantidad de votantes neodemócratas ante la disyuntiva tradicional de hacer un voto estratégico en favor del Partido Liberal y su joven líder (Justin Trudeau) para tratar de poner fin a casi una década de gobiernos conservadoras en Canadá.

Lo anterior sin duda terminó por fortalecer un sistema electoral, que como hemos señalado, se encuentra diseñado precisamente para eso; para restringir las opciones políticas del electorado a sólo dos partidos, facilitando con ello el acceso al poder a liberales y conservadores. De este modo, el bipartidismo gobernante canadiense entorpece y dificulta las posibilidades de que la izquierda electoral consiga la primera magistratura del país. En este sentido, es importante analizar la Gráfica 2, en donde se expone la sub-representación de la izquierda canadiense en el Parlamento, bajo el sistema electoral actual.20

Fuente: elaboración propia con datos de Parliament of Canada (2016a).

Grafica 2 Asientos por partido político en la Cámara de los Comunes, 1935-2015 

Reflexiones finales

Si bien existen razones de carácter mediático que llaman la atención de los votantes y que terminan inclinando la balanza en favor de uno u otro candidato durante los procesos electorales federales en Canadá, lo cierto es que las razones sistémicas terminan favoreciendo a las estructuras partidistas tradicionales del país -en este caso, a los liberales y conservadores. Este fenómeno, como ya se ha señalado, es plenamente comprobable mediante diversas hipótesis al respecto, de estudiosos como Duverger o Sartori.

Ahora, para el caso de la izquierda partidista en Canadá, los verdaderos adversarios han sido los liberales, por ubicarse éstos en el espectro del centro-izquierda para los votantes canadienses. Señalo lo anterior ya que sólo orientando el voto en ese sentido es posible superar el tradicional 35% que los conservadores suelen alcanzar en cada elección federal. Sin embargo, debe subrayarse que, aun siendo bajos -oscilan alrededor de 35%-, esos porcentajes han sido suficientes para que los conservadores hayan logrado ser gobierno en 19 ocasiones a nivel federal, gracias básicamente al sistema de elecciones en distritos uninominales (voto uninominal) o (single-member district elections o first past the post). Bajo este esquema, vemos que los conservadores canadienses logran concentrar nichos distritales electorales suficientes para derrotar a sus contrincantes liberales y neodemócratas, quienes se dividen entonces los votos de aquellos ciudadanos ideológicamente más afines entre sí. Esta lucha a veces debilita a ambos bandos (liberales y neodemócratas), con lo que no es posible superar los porcentajes conservadores ya señalados. Esta situación, en la actualidad, se acentúa más con el fortalecimiento del Partido Verde cuyo 3.5% de preferencia electoral a nivel nacional puede resultar definitorio en contiendas cerradas.

Así, de acuerdo con todo lo que hemos visto, es evidente que la izquierda canadiense ha sido excluida de forma sistémica de la posibilidad de alcanzar la primera magistratura, pues el voto estratégico suele favorecer más a los liberales, por gozar éstos de mayores estructuras electorales. Pese a ello, la izquierda partidista ha ido logrando importantes avances en los últimos años. Es por ello que afirmamos: primero, que la izquierda partidista canadiense no podrá acceder a la primera magistratura mientras se siga desarrollando el viejo sistema electoral anglosajón (single member district elections) y, segundo, que mientras las élites liberales se cierren a la posibilidad de conformar gobiernos coaligados con otros partidos (tal y como sucede en el resto de los países anglosajones con sistema parlamentario), las posibilidades de que la izquierda en Canadá alcance el poder se verán limitadas por componentes técnicos, mecánicos y hasta psicológicos, impuestos desde el poder, precisamente para evitar la llegada de un tercero en discordia. Estos son, sin lugar a dudas, parte de los enormes retos que tiene ante sí la democracia canadiense en el siglo XXI.

Sobre el autor

Oliver Santín Peña es doctor en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México y se desempeña actualmente como investigador de tiempo completo del Centro de Investigaciones Sobre América del Norte (CISAN) de la UNAM. Sus líneas de investigación son: el sistema político canadiense, el sistema político de Estados Unidos, los procesos internos de los partidos políticos en Canadá y sus elecciones federales. Entre sus más recientes publicaciones se encuentran: (como coeditor) Canadá y México bajo la era Harper: reconsiderando la confianza (cavilaciones en torno a siete décadas de relaciones diplomáticas) (2017); Sucesión y balance de poder en Canadá entre gobiernos liberales y conservadores. Administraciones y procesos partidistas internos 1980-2011 (2ª reimpr., 2017); y “Obama’s Canada doctrine and the campaign against terrorism” (2016, en The Obama Doctrine in the Americas, Security in the Americas in the Twenty-First Century).

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1Cabe recordar que entre 1812 y 1815 se desarrolló un conflicto armado entre Canadá (apoyado por Inglaterra) y Estados Unidos. Este conflicto se originó a raíz de que el ejército estadounidense tomara militarmente varias ciudades de las actuales provincias de Ontario y Quebec. Tal suceso es conocido en Estados Unidos y Canadá como “la guerra de 1812”. Para mayor información sobre los antecedentes, estrategias militares y consecuencias de esta guerra véase: Black (2013: 131-147).

2Entre los que destacaron, por su posición económica y social, Sir George Etienne Cartier, Sir John A. Macdonald, Sir Héctor-Louis Langevin y Sir Alexander Campbell.

3Entendiendo tal multipartidismo como un organismo en donde los diferentes actores participan con posibilidades reales de ganar.

4Todos los datos que presentamos relativos a resultados electorales fueron obtenidos de Parliament of Canada (2016a).

5Existen ejemplos en el mundo de partidos de derecha con tendencias oligárquicas; podemos afirmar incluso que es natural. Sin embargo, debe señalarse que algo similar ocurre con los partidos de izquierda, sobre todo aquellos que existen en países con regímenes socialistas, en donde predomina la práctica del partido único.

6Para Maurice Duverger (1957) este fenómeno estimuló la creación de estructuras indirectas que facilitaron nuevas expresiones partidistas que cuestionaban la organización del sistema de partidos vigente desde el siglo XIX.

7Esto se hizo evidente en la década de 1980, con el Partido Reformista y su fundador, Preston Manning, quienes lograron desarticular el soporte electoral tradicional del Partido Conservador Progresista (PCP), llevándolo casi a su desaparición en las elecciones federales de 1993, justo cuando el Partido Reformista −considerado de extrema derecha− obtuvo 52 curules en el Parlamento, mientras que el PCP ganó sólo dos (Flanagan, 2009b).

8Debe señalarse que, si bien Inglaterra otorgó independencia a la política exterior canadiense mediante el estatuto de Westminster en 1932, esta acta dejó intactos los lazos entre Inglaterra y lo que fueron sus dominios de ultramar (Canadá, Sudáfrica, Nueva Zelanda, Irlanda y Terranova), asegurando su solidaridad y participación en tiempos de guerra, sobre todo con base en sus vínculos históricos y en su reconocimiento al titular de la Corona británica como Jefe de Estado.

9Para una revisión del documento en su totalidad véase: Socialist History Project (s/fa).

10Unión de Trabajadores Mineros de Nueva Escocia y Nueva Brunswick.

11Es preciso señalar que este incremento electoral pudo darse pese al fallecimiento de su líder fundador, James Woodsworth, en 1942.

12Para una revisión del documento en su totalidad véase: Socialist History Project (s/fb).

13Es importante señalar que, en la actualidad, el CLC aglutina a centenares de sindicatos y cuenta con 3.3 millones de afiliados en todo el país. Al ser una confederación de sindicatos a nivel nacional, cada uno de éstos puede manifestar abiertamente su adhesión por cualquier partido político. De hecho, así ha sucedido desde su fundación, en la década de 1950. Para mayor información sobre este organismo véase: The Canadian Labour Congress (2016).

14Los datos y porcentajes de los procesos internos del NDP han sido obtenidos de Parliament of Canada (2016b).

15Para una revisión del documento en su totalidad véase: A New NDP Statement of Principles (1983).

16Juego de palabras en inglés que expresa la similitud entre liberales y conservadores.

17Para una revisión completa de este proceso de desarticulación del gobierno coaligado entre el NDP, el Partido Liberal y el Bloque Quebequense véase: Santín (2014: 139-144)

18De hecho, la última aparición pública de Jack Layton, en la que comunicó su estado de salud, la hizo el 25 de julio de 2011, con Brian Topp sentado a su derecha.

19Debe señalarse que, para los procesos de 1993, 1997 y 2000, el gráfico engloba los porcentajes de elección popular de los partidos conservadores: Partido Reformista, Partido de la Alianza Conservadora Canadiense y Partido Progresista Canadiense. Es hasta 2004 cuando los porcentajes se concentran de nueva cuenta en uno solo: el Partido Conservador Canadiense, con Stephen Harper al frente. Para mayor información véase: Santín (2014).

20Al igual que en la gráfica 1, para los procesos de 1993, 1997 y 2000 se engloban los escaños de los partidos conservadores en la Cámara baja del Parlamento canadiense: Partido Reformista, Partido de la Alianza Conservadora Canadiense y Partido Progresista Canadiense. Es hasta 2004 cuando los asientos parlamentarios se reúnen de nueva cuenta en un solo: el Partido Conservador Canadiense, con Stephen Harper al frente. Para mayor información véase: Santín (2014).

Recibido: 11 de Mayo de 2016; Aprobado: 02 de Mayo de 2017

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