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Revista mexicana de ciencias políticas y sociales

versión impresa ISSN 0185-1918

Rev. mex. cienc. polít. soc vol.59 no.220 México ene./abr. 2014

 

Reseñas/notas de investigación

 

Migración internacional y participación política

 

International Migration and Political Participation

 

María Elena Ledesma Cabello*

 

Amescua, Cristina; Luque, José y Javier Urbano (coords), (2013) Política en movimiento: Estado, ciudadanía, exilio y migración en América. México, Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias / Universidad Nacional Autónoma de México / Editorial Díaz Santos.

 

* Maestra en Ciencias Sociales por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y de Administración Pública del Instituto Politécnico Nacional, (México). Actualmente es integrante del Seminario Internacional Reforma del Estado y Ciudadanía. Entre sus últimas publicaciones se destaca: Globalización y modernidad en la política en América Latina (2009). Correo electrónico: lenyledesma@gmail.com.

 

Política en movimiento: Estado, ciudadanía, exilio y migración en América, brinda una mirada plural y hemisférica sobre la vinculación entre la migración internacional, los migrantes y las diversas manifestaciones de la política. Presenta, desde ese enlace analítico, una colección de diecinueve trabajos agrupados en cuatro secciones: 1. Coordenadas teóricas; 2. Políticas migratorias; 3. Ciudadanía y participación política; y 4. Experiencias migratorias: cultura y política. En cada una de las secciones nos entregan contenidos teóricos y empíricos específicamente dedicados a analizar el presente de doce países del continente americano, los cuales permiten ir montando una comprensión comparada sobre la articulación entre migración y política. Esta diversidad es uno de los primeros atributos destacados de la obra.

Los trabajos presentados nos invitan a reflexionar acerca del surgimiento de una agenda de investigación compartida por distintas comunidades científicas, que perfilan una discusión sobre la migración que va más allá de los enfoques economicistas y funcio-nalistas transnacionales que tradicionalmente han tratado de explicar y comprender la realidad de los migrantes internacionales desde lógicas individualistas y racionalistas.

La constitución de vínculos culturales, económicos, sociales y simbólicos a partir de la experiencia migrante, tiene como resultado una dimensión política sine qua non que, curiosamente, se desarrolla incluso cuando no observamos la intención política racionalmente declarada por parte de los sujetos migrantes involucrados en una dinámica transnacional. En este sentido, la experiencia migrante provoca una serie de acciones individuales y/o colectivas encadenadas que, en gran medida, ha convocado recurrentemente al modelo analítico de la acción individual racional que por mucho tiempo ha predominado como axioma explicativo de la construcción de sentido por parte del sujeto político. Las migraciones internacionales tienen una dimensión política inexorable, aun cuando ésta no es la intención racional y planificada del sujeto que las vive como experiencia. Este es el eje analítico central que atraviesa Política en movimiento.

Según Cristina Amescua y José Luque, existen cuatro factores que influyen en la relación entre migración y política:

1. La existencia de grupos de presión (actores empresariales, grupos pro-inmigración y asociaciones de inmigrantes).

2. La influencia de las instituciones de carácter liberal (cortes, constituciones, derechos, burocracias, partidos políticos).

3. Los elementos del sistema internacional (instrumentos de derechos humanos, procesos de integración, instancias consultivas regionales, organismos supranacionales).

4. La cultura política de los inmigrantes y de los ciudadanos nativos (procesos de socialización respecto a la ciudadanía, sociedad civil, esfera pública y de relación con las instituciones estatales).

La sección teórica abre con el trabajo de Leticia Calderón Chelius, Los límites de la ciudadanía clásica: Las coordenadas del debate teórico contemporáneo. La autora propone repensar las formas teóricas tradicionales de conceptualizar la ciudadanía ante hechos como la creciente migración internacional y la globalización, que han generado nuevos escenarios y banderas políticas como la democracia y los derechos humanos, y sitúan a los sujetos migrantes en un contexto de ciudadanía binacional, transnacional, cosmopolita y flexible, que a su vez generan nuevas pertenencias políticas y culturales, las cuales desafían los concepciones tradicionales acerca de la ciudadanía. José Luque, por su parte, en Transnacionalismo político, Estado, nacionalismo y ciudadanía: Una mirada desde el sur, expone la necesidad de darle un sostén estructural-histórico a las explicaciones y posiciones teóricas funcionalistas transnacionalistas, con el propósito de observar y explicar de una forma más integral las nuevas rutas que adopta la ciudadanía en tejidos de acelerada movilidad humana: su reflexión constituye una propuesta de revisión de la teorización político-estatal (conectada con el neoliberalismo) del fenómeno de la migración. Desde esa preocupación se mueve hacia el problema de la ciudadanía: en su análisis encuentra Estados que marginan a sus ciudadanos en tanto aquellos se encuentran fuera del territorio nacional; a su vez examina cómo la acción de los mismos migrantes genera una ciudadanía posnacional, no aferrada inevitablemente a la territorialidad. Finalmente, el texto plantea una reflexión de más largo alcance sobre el futuro de las instituciones políticas, la migración y las nuevas formas concretas que asume la ciudadanía.

Javier Urbano, en el apartado Una evaluación crítica sobre la relación entre migración y desarrollo. Propuestas para el diseño de política pública desde la perspectiva del codesarrollo, plantea una inversión teórica. Al colocar como centro de preocupación al migrante como actor histórico y a la movilidad humana como una bisagra que cierra círculos y abre redes de dialogo entre las sociedades expulsoras y receptoras, da las pautas para concebir a la migración como una oportunidad a partir de la cual plantear el codesarrollo como una oportunidad de gobernar con justicia la migración y dejar de lado la idea del control de las fronteras desde una perspectiva punitiva. En esta dirección, Teresa Pérez Cosgaya, en el capítulo Enfoques en los estudios sobre migración y desarrollo, despliega el estado teórico de la investigación de los estudios dedicados a la correspondencia entre migración y ciudadanía. Con la idea de ganar una mayor mirada analítica propone tres enfoques al respecto: el de la ciudadanía sustantiva, el de la identidad transnacional y el relacional, con la finalidad de integrarlos en un solo marco metodológico.

La segunda sección se organiza a través de la reflexión del papel de las políticas migratorias en el quehacer de los migrantes. Los trabajos de Bernardo Navarrete (Chile), Francisco Neira (Mercosur) y Xiomara Peraza (El Salvador), tienen en común el objeto de relevar el impacto de la migración internacional en las instituciones de los países receptores y expulsores bajo la preeminencia de los valores democráticos y la extensión de los derechos humanos. Navarrete sostiene que en el caso chileno, una política que aborde la inmigración desde la integración a la sociedad receptora, puede ser entendida como un dispositivo que aminore las tensiones entre ambos grupos. Por su parte, Peraza describe las acciones realizadas por el gobierno del Salvador destinadas a contener a sus ciudadanos residentes en el extranjero con el propósito de controlar su participación política y cooptar las organizaciones de migrantes con la creación del Viceministerio para los Salvadoreños en el exterior, generando así una estrategia gubernamental enfocada en el control de los migrantes, cosificándolos y desciudadanizándolos. Por su parte, Neira aborda las políticas migratorias en el Merco-sür a partir del impacto de la conformación del mismo en las políticas migratorias de los países miembros, inscribiéndolas -a diferencia del caso salvadoreño- en el marco de los derechos humanos y la ética, así como en la confrontación con la intolerancia, el tráfico de personas y la violación a los derechos humanos de los migrantes.

La tercera sección, Ciudadanía y participación política, articula una colección de seis contribuciones que esculpen una perspectiva amplia de la participación política de los migrantes que va más allá de los procesos electorales y que se mueve desde la larga duración (exilio) hasta llegar al tema del voto en el extranjero. En este marco, Loreto Rebolledo elige como punto de inicio de la migración internacional chilena el golpe de Estado de 1973, el cual género una migración política y económica sin precedentes de las y los chilenos. En cuanto al papel de Chile cómo país receptor, la autora sostiene la existencia de una doble moral por parte de las autoridades y la ciudadanía nativa que hace vivir a los migrantes y refugiados (que regresaron a este país con el retorno a la democracia), entre la dualidad de la discriminación y la aceptación.

Por su parte, para Teresa Yurén y Miriam de la Cruz, la existencia de una Estado mexicano de corte neoliberal ha profundizado la desciudadanización de los jornaleros campesinos del estado de Morelos, impulsando a su vez su migración internacional, lo que deja como tarea urgente la formación ciudadana de estos migrantes. Eduardo Domenech y Alfonso Hinojosa, analizan la implementación del voto en el exterior de los bolivianos en el contexto de la Presidencia de Evo Morales, visualizado como un proyecto político que busca atender fundamentalmente a los grupos marginados y excluidos de la sociedad boliviana desde un modelo no-neoliberal.

Para Alyshia Galvéz, la alianza entre ciudadanos nativos e inmigrantes está planteando un profundo desafío para la democracia estadounidense, alianza que tiene como núcleo a los Comités Guadalupanos en Nueva York, formados casi exclusivamente por migrantes mexicanos. Carola Mick, en tanto, analiza el caso de las empleadas domésticas migrantes en Lima, Perú; un grupo de alta marginación, cuya existencia plantea la debilidad de la democracia peruana debido a la constelación de exclusiones que caracterizan a este grupo. Jacques Ramírez y Paolo Boccagni estudian la participación política de los ecuatorianos a través de su voto, la elección presidencial del 2006 y la de los representantes a la Asamblea Constituyente (2007-2008). De este modo, se percibe, a decir de los autores, la construcción de un Estado transnacional dentro de un contexto político marcado por la emergencia y consolidación de un estado antineoliberal.

La cuarta sección, Experiencias migratorias: Cultura y política, integrada por seis textos, construye su eje analítico a partir de la importancia de la cultura entendida como un disparador de la participación política y como insumo básico para la construcción de la autonomía política de los migrantes. Cristina Amescua, en su trabajo comparado sobre Morelos y Chicago, aborda esta dinámica desde una investigación etnográfica bilocalizada que le permite cuestionar los supuestos fundamentales propuestos por T.H. Marshall (1997) sobre la ciudadanía. Según la autora, al analizar el fenómeno a la luz de la experiencia "ciudadana" de los migrantes, ésta se evidencia en toda su dimensión como un ejercicio fragmentado. Vanesa Michel, por su parte, se enfoca en la participación no electoral de los migrantes en Wasco, California, quienes se organizan para luchar por los derechos de sus hijos, los cuales en su mayoría son "americanos". A la luz de la experiencia analizada, Michel sostiene la emergencia de un nuevo modelo de ciudadanía basado en los derechos humanos. Radonich, Trpin y Ciarallo, examinan la migración chilena en la Patagonia argentina bajo las categorías de trabajo, territorio, legalidad e ilegalidad; categorías que permiten comprender la construcción de una identidad "chilena" que supone espacios superpuestos de inclusión, acceso al trabajo asalariado y cierta exclusión cultural en sus relaciones con los argentinos.

Ruiz-Navarro y Marcelli analizan la participación cívica de las mujeres migrantes en relación con dos variables: la residencia permanente en los Estados Unidos y el tener hijos nacidos en territorio norteamericano, encontrando que no hay un vínculo necesario entre la maternidad y la búsqueda de la residencia, además de demostrar que el período de maternidad -en cierto sentido- excluye a la mujer del espacio de la participación política. Citlalli Quecha nos entrega un interesante trabajo, centrado en la Costa Chica del estado de Guerrero, en donde examina el surgimiento de una ciudadanía étnica afro-mexicana, gatillada por la experiencia migratoria hacía los Estados Unidos. Por su parte, Guillermo Castillo nos presenta el caso del surgimiento de una ciudadanía fallida en el Noroeste de México, generada por la movilidad desigual de los miembros de la etnia Odhams, quienes son forzados a migrar debido a la exclusión y abandono que sufren por parte del Estado mexicano.

Para concluir, la perspectiva analítica sustentada en el libro viene a complejizar la manera como, desde las ciencias sociales, se piensa "lo político" relacionado con el fenómeno migratorio, a la vez que redimensiona el papel del Estado en la confrontación del principio de nacionalidad y de pertenencia ciudadana que en el sujeto migrante opera cotidianamente. Siguiendo a Kearney (1995), esta dimensión transnacional llama la atención del investigador sobre los proyectos culturales y políticos de los Estados-nación, ya que ellos compiten por la hegemonía de estos procesos con otros Estados-nacionales, con sus propios ciudadanos y con los "extranjeros". Todo esto ha dado paso al debate que problematiza la idea de que la sociedad y el Estado-nación son una misma cosa (Levitt y Glick-Schiller, 2004). Así, a pesar del hecho de que las migraciones se constituyen como un "fenómeno social de base", éstas pueden tener impactos sociales de larga escala o duración (Portes, 2004). De este modo, la dimensión política de la experiencia migrante, más que producir breves alteraciones puntuales en la vida de los Estados-nacionales, se ha constituido en un elemento importante de cambio social.

En este amplio marco analítico, destacan finalmente tres ejes articuladores del debate:

- La relación entre los migrantes y las instituciones políticas. Aquí se reflexiona no solamente sobre la relación entre migraciones (individuos, grupos y colectividades migrantes) y Estados-nacionales, sino también entre la experiencia de los migrantes y de las diversas instituciones que conforman la esfera política contemporánea (partidos políticos, grupos de presión, Organizaciones no Gubernamentales, instituciones religiosas, agencias supra-nacionales), que crecientemente vienen asumiendo funciones de control y/o intervención en el manejo y clasificación del papel y el lugar de los migrantes en la esfera pública de los diferentes países.

- La relación entre los migrantes y los procesos políticos. El punto central consiste en comprender el rol que vienen jugando los migrantes y las organizaciones sociales por ellos protagonizadas, en el sentido de alterar procesos y definiciones de lo político. Estas definiciones, además de incluir el clásico debate sobre los procesos de ciudadanía migratoria, indagan también sobre la relación entre migración y las nuevas formas políticas de clasificación de los sujetos -ya sean ellas étnicas, sociales, de clase, de género o raciales. Ello nos lleva a preguntarnos acerca de cómo el sujeto migrante altera la constitución de los procesos políticos locales, a la vez que cuestiona los mecanismos a partir de los cuales este fenómeno localizado puede impactar sobre la esfera pública global.

- La relación entre migrantes y actores políticos. Aquí los autores indagan sobre el papel de los migrantes como actores políticos influyentes que ejercen presión sobre partidos y espacios decisorios locales, nacionales e internacionales. De este modo, nos permite abrir una dimensión de interrogación respecto de si el sujeto migrante puede constituirse como un actor político clásico -en el sentido weberiano del término- o si nacen de la experiencia política migratoria nuevos patrones y sentidos de acción política.

Estos tres ejes de debate, que se desprenden del texto coordinado por Amescua, Luque y Urbano, representan una agenda de investigación basada centralmente en contribuciones que integran estudios de caso concreto, reflexiones cuyo punto de partida son los estudios empíricos (cualitativos y cuantitativos) llevados a cabo en espacios diversos del continente, desplegados a lo largo de los diferentes campos disciplinarios de las ciencias sociales (sociología, antropología, ciencia política, derecho, historia), y combinados con interesantes aportes y planteamientos teóricos sobre la migración y su conexión con la política.

 

Bibliografía:

Kearney, Michael, (1995) "The Local and the Global: The Anthropology of Globalization and Transnationalism" en Annual Review of Anthropology. Núm. 24, pp. 547-565.         [ Links ]

Levitt, Peggy y Ninna Glick-Schiller, (2004) "Perspectivas internacionales sobre la migración: conceptualizar la simultaneidad" en Migración y Desarrollo. Núm. 3, pp. 60-91.         [ Links ]

Marshall, Thomas, (1997) "Ciudadanía y clase social" en Revista Española de Investigaciones Sociológicas. Núm. 79, Madrid. España.         [ Links ]

Portes, Alejandro, (2004) "Convergencias teóricas e dados empíricos no estudo do transnacionalismo imigrante" en Revista Crítica de Ciencias Sociais. Núm. 69, pp. 73-93.         [ Links ]

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