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Revista mexicana de ciencias políticas y sociales

versión impresa ISSN 0185-1918

Rev. mex. cienc. polít. soc vol.51 no.207 México sep./dic. 2009

 

Cuestiones contemporáneas: Panorama Internacional

 

Protagonista opositor, peronista desplazado: la Confederación General del Trabajo durante el gobierno de Raúl Alfonsín

 

María Dolores Rocca Rivarola*

 

* Universidad de Buenos Aires, Viamonte 430/44 C1053ABJ, Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

 

Recibido el 26 de mayo del 2009
Aceptado el 28 de agosto del 2009

 

Resumen

En este artículo, la autora analiza la evolución paradójica de la Confederación General del Trabajo (CGT). Por un lado, su papel protagónico dentro de la oposición durante el gobierno de Raúl Alfonsín; por otro, como fuerza en incipiente proceso de debilitamiento al interior del Partido Justicialista (PJ) en el marco de la victoria de la fracción del "peronismo renovador". El objetivo específico es comprender cómo fue posible esta paradoja y el objetivo general es el examen de un periodo (1983-1989) caracterizado por el establecimiento de las bases institucionales de una posterior transformación sustantiva al interior del PJ.

Palabras clave: Confederación General del Trabajo, organizaciones peronistas, Juan Domingo Perón, Raúl Alfonsín, sindicalismo, peronismo, partido justicialista, iniciativas de oposición.

 

Abstract

The author analyzes in this article the paradoxical evolution of the General Confederacy of Labor (Confederación General del Trabajo) (CGT). On one side, its leading role within the opposition during the government of Raúl Alfonsín: on the other as a force in an incipient weakening process at the interior of the Partido justicialista (PJ) within the frame of the victory of the fraction "peronismo renovador"(peronism renovated). The specific objective is to understand how this paradox was possible and the general objective is the study of a period (1983-1989) characterized by the establishment of the institutional basis of a later substantial transformation at the interior of the PJ.

 

El verdadero justicialismo sin el apoyo sindical estaría en peligro; pero no estaría
en menos peligro el sindicalismo sin el apoyo del régimen justicialista.

Juan Domingo Perón1

Creo que la idea del movimiento es una idea agotada, porque un gran aparato gremial,
más tres políticos que hacen de alcahuetes, más dos mujeres que recuerdan que ellas conocieron a Evita,
no dan un movimiento. Dan un circo.
Julio Bárbaro2

 

Introducción

En el presente trabajo se analiza la evolución paradójica de la Confederación General del Trabajo (CGT). Por un lado, su papel protagónico dentro de la oposición durante el gobierno de Raúl Alfonsín; por otro, como fuerza en incipiente proceso de debilitamiento al interior del Partido Justicialista (PJ) en el marco de la victoria de la fracción del "peronismo renovador". El objetivo específico es comprender cómo fue posible esta paradoja y el objetivo general es el examen de un periodo (19831989) caracterizado por el establecimiento de las bases institucionales de una posterior transformación sustantiva al interior del PJ.

El tema forma parte, en tanto antecedente significativo, de una investigación más amplia centrada en los grupos oficialistas formados alrededor de Néstor Kirchner (2003-2007) y Luiz Inácio "Lula" da Silva (desde su elección en 2002 hasta el final de su primer mandato, en 2006); es decir, en los conjuntos políticos, organizaciones sociales, espacios partidarios y centrales sindicales que apoyaban en forma activa a ambos presidentes en cada caso nacional. Dada su condición de fuerza política de la cual provenía Kirchner, el estudio de la trayectoria y transformaciones sufridas por el PJ cobra relevancia por tratarse de un antecedente del recorte temporal escogido por la investigación general en la cual se enmarca; sobre todo si se tiene en cuenta que, luego de varios años de debilidad, el movimiento sindical peronista recobraría, desde 2003, parte de su protagonismo previo y comenzaría nuevamente a posicionarse -aunque en forma incipiente- al interior del peronismo organizado, con algunos cargos partidarios3 y con presencia en el Estado y en las listas electorales del oficialismo.

La investigación más amplia sobre los oficialismos de "Lula" y Kirchner parte de una perspectiva metodológica cualitativa para tratar esos conjuntos a partir del relevamiento bibliográfico, la consulta y análisis de documentos elaborados por las propias organizaciones estudiadas, así como la revisión de material periodístico y, sobre todo, la realización de entrevistas en profundidad a miembros de esas organizaciones.4

Para el estudio que derivó en el presente artículo, las tareas se han restringido, en tanto se apuntaba a analizar un periodo previo y de los inicios de una transformación que se observaría con más claridad durante la década de 1990, a la declinación del sindicalismo en la relación de fuerzas al interior del Partido Justicialista (fenómeno de "desindicalización").5 En ese sentido, se ha privilegiado la inmersión bibliográfica, la consulta de algunos documentos de la CGT y del PJ y el análisis de varias entrevistas (no realizadas por la autora sino por terceros, periodistas y académicos) con dirigentes de la fracción renovadora durante los años ochenta y sindicalistas del periodo.6

 

El contexto y la pregunta

A pesar de las divisiones dentro de las organizaciones sindicales peronistas al comenzar el gobierno radical, las 62 Organizaciones7 se encontraban distanciadas de ambas fracciones de la CGT: CGT Brasil (liderada por Saúl Ubaldini) y CGT Azopardo (conducida por Jorge Triaca). En enero de 1984 se lograría una reunificación de la CGT y con ello una postura fortalecida y unificada frente a, por ejemplo, lo que concibieron como un intento del gobierno de violar la autonomía sindical (proyecto de ley Mucci, que finalmente no sería aprobado). Sin embargo, esa recomposición institucional no significaría, en la práctica, unidad de acción y de posicionamientos ante las medidas del gobierno de todos los sectores dentro del sindicalismo peronista.

De todos modos, como representante formal del movimiento obrero, y a partir de mediados de los años ochenta, la CGT adquiriría creciente visibilidad en la arena pública a partir de su enérgica impugnación a la política económica y sindical del gobierno de Raúl Alfonsín, tanto a través de medidas de fuerza como de duras declaraciones y comunicados. Paradójicamente, sin embargo, a la par de esa centralidad nacional y radicalidad de la CGT, el período escogido es también el escenario de inicio de una transformación en la relación de fuerzas al interior del PJ. A partir del ascenso de la fracción denominada renovadora, se sentaban las bases del futuro debilitamiento de las organizaciones sindicales dentro del partido, eliminándose, por ejemplo, el mecanismo práctico del sistema del "tercio"8 para el armado de listas legislativas para las elecciones nacionales.

Es decir, aunque el desplazamiento del sindicalismo como participante de peso en la toma de decisiones públicas y su debilitamiento como corporación representante de la clase obrera se evidenciaría con fuerza durante el gobierno de Carlos Menem, los orígenes institucionales de ese proceso aparecen ya en la década de 1980. La pregunta, entonces, es cómo es que fueron posibles y qué características tuvieron esas evoluciones paralelas y contrastantes de la CGT, por un lado como actor antagónico medular, y, por otro, como sujeto declinante dentro del PJ en el marco del avance del peronismo renovador.

 

Democráticos, populares y modernos: el "peronismo renovador" después de la derrota de 1983

 

Por eso yo digo que hay algunos "liturgistas" del peronismo que son como
aquellos que colocan un retrato muy grande del padre muerto en el negocio que
él fundó y ellos, sus herederos, están llevando a la quiebra.
Carlos Grosso9

La derrota fue el fracaso de la conducción: hay que replantear totalmente
la conducción, por eso, con todo el respeto que me merecen los sindicalistas,
la conducción del partido debe estar en manos de un político.
Carlos Saúl Menem10

 

El peronismo renovador ha sido objeto de numerosos análisis, los cuales se han enfocado en su discurso, prácticas y evolución, desde su origen hasta su predominio en el Consejo Nacional del PJ y su posterior disolución como línea interna.11 Más allá del relato cronológico de cómo la fracción renovadora fue ganando posiciones dentro del partido,12 cabría mencionar tan sólo algunos aspectos ilustrativos de lo que esta corriente significaría para el peronismo, los cuales serán retomados más adelante.

La dirigencia renovadora se proponía trazar una distancia manifiesta respecto de los sectores que habían controlado el partido desde la muerte de Juan Domingo Perón, sin que ello significara quedar marginada de la estructura partidaria. Con vistas a ese objetivo, recurriría a una reivindicación nada nueva (y que volvería a ser instrumentada incluso en 2005, en plena disputa entre el kirchnerismo y el duhaldismo bonaerenses): autodefinirse como el verdadero peronismo. En esa oscilación entre la ruptura con el pasado y la necesidad de un vínculo con el mismo para constituirse en los auténticos herederos del peronismo, se enmarca la siguiente reflexión de José Octavio Bordón: "Esto no es un enfrentamiento entre lo viejo y lo nuevo, sino que es la manera en que lo esencial sigue viviendo [...] ya no se gana con la foto ni con la marcha ni con decir ser peronista, sino con el hecho de defender mejor esos principios."13

El contraste con la ortodoxia sindical y política (encarnada especialmente en las 62 Organizaciones y el sector de Herminio Iglesias) estaba dado, según los principales referentes de la Renovación, por la metodología, pero, a su vez, por el énfasis en la "actualización doctrinaria" que la Renovación traería consigo y que se repetiría en las diferentes declaraciones de sus líderes.14 Voto directo de los afiliados y mayor participación de éstos en la vida partidaria eran dos reclamos persistentes, aunque varios renovadores admitían en 1987 que ese último objetivo no había sido aún puesto en práctica desde su propio sector.15 También se ha reconocido desde esa dirigencia la ausencia, en el marco del peronismo renovador mientras éste existió como tal, de un debate programático para la elaboración de un proyecto político-económico propio. El reclamo de voto directo también implicaba un eventual fortalecimiento territorial de las estructuras del partido, aunque ello no estuviera explícitamente expresado en el discurso renovador. Por otro lado, si una fuente esencial de recursos para el partido había provenido hasta entonces de los fondos controlados por los sindicatos, en los años ochenta los dirigentes justicialistas accederían a una base de financiamiento alternativa: los fondos estatales, producto de la victoria en varias elecciones ejecutivas municipales y provinciales desde 1983.16 De ese modo, según Levitsky, las agrupaciones peronistas (agrupamientos que nucleaban varias unidades básicas, la organización de trabajo político de base por excelencia del peronismo) proliferarían al margen tanto del movimiento sindical como de las autoridades partidarias, con esta nueva clase de recursos estatales y directamente funcionales a la construcción territorial.

Otra cuestión promovida desde el peronismo renovador era la necesidad de una institucionalización del movimiento desde la muerte de Perón. El significado práctico de esa institucionalización, sin embargo, variaba según el autor o el dirigente que la definiera, desde un cuestionamiento directo al carácter movimientista -como el expresado por Julio Bárbaro en el segundo epígrafe de este trabajo-17 hasta una reivindicación del mismo, junto al planteamiento de su necesaria recuperación, luego de haber quedado desvirtuado por el poder sindical: "Hay un tema que el peronismo debe recomponer: qué significa la concepción movimientista que debe recuperar el peronismo, la cual hoy se ha olvidado para caer en un manejo directamente partidocrático liberal, a través de tener un partido ordenado, domesticado."18

De cualquier modo, la hasta entonces privilegiada presencia de los sindicatos en la toma de decisiones y en la definición de candidaturas generales del partido aparecía seriamente cuestionada por los renovadores, aunque rara vez se hiciera explícita la crítica al sindicalismo como tal, sino que se procurara estigmatizar específicamente a las 62 Organizaciones peronistas, nucleamiento político de mayor importancia dentro del sindicalismo desde su creación en 1956. Desde el sector ortodoxo, por otro lado, se acusaba a los renovadores de querer imponer un modelo socialdemócrata de organización del peronismo, de pretender convertirlo en un partido liberal, semejante al resto de la "partidocracia".19

Sin embargo, la afirmación de Carlos Menem, citada al inicio de este apartado, sobre la necesidad de que el partido fuera conducido por un dirigente político y ya no más por sindicalistas, anticipaba en alguna medida que aunque no se tratara de una ofensiva contra todo el movimiento sindical peronista, sí se estaba planteando para el mismo un rol secundario y menos protagónico del que había tenido hasta el momento.

 

Medir fuerzas: la CGT frente al gobierno de Alfonsín

 

El radicalismo no conocía en detalle la conformación del movimiento obrero peronista.
Tenía más afinidad con los sindicalistas que habían luchado contra la dictadura y
manifestaba un rechazo sideral hacia los sindicalistas pactistas. Pero el problema era que el sindicalismo que luchó contra la dictadura era visceralmente peronista, y estaba dispuesto a complicarle la vida al gobierno radical
para facilitar el acceso del peronismo al poder.
Armando Caro Figueroa20

La CGT se transformó en el fortín del peronismo; por ende, donde estaban
las reivindicaciones lógicas del movimiento obrero se mezclaban también las reivindicaciones más políticas.
Que no le fuera bien al radicalismo porque, si no, habría radicalismo para rato.
Rodolfo Daer21

 

Poca duda queda acerca de la intensidad del casi sistemático conflicto entre el gobierno radical y el sindicalismo peronista, que incluyó 13 paros generales22 a lo largo de la gestión de Raúl Alfonsín, como rechazo a la política económica y laboral del gobierno. El único paro de otro carácter, no de apoyo al gobierno pero proclamado como mecanismo de defensa de la democracia, fue anunciado ante el levantamiento militar de Semana Santa en 1987: el domingo advirtieron que si los militares no se rendían en las próximas horas, se convocaba a un paro general por tiempo indeterminado a partir del lunes siguiente a las doce horas.23

Al lidiar con el gremialismo peronista, en palabras de Halperín Donghi, Alfonsín "prefería no reconocer al conflicto con los sindicatos una dimensión económica y social, y verlo en cambio como un episodio de su cruzada democrática contra el control del país por las corporaciones".24 En tanto empresa regeneracionista25 o proyecto refundacional,26 el alfonsinismo se planteaba la reconstrucción de un poder político que recuperara para el Estado sus principales funciones decisorias en desmedro de la lógica corporativa: la del poder económico, la de los sindicatos y la de las Fuerzas Armadas.27

La lectura de Alfonsín sobre los sindicatos peronistas los situaba como un poder corporativo al que había que confrontar. Esa estrategia fue, en gran medida, la que contribuyó a que la CGT asumiera un rol protagónico en tanto antagonista al gobierno, sintiéndose atacada en su propia estructura (recordemos, en este sentido, el proyecto de ley Mucci, que apuntaba, por ejemplo, directamente a los procesos de elección de autoridades de cada sindicato).28 Lo cierto es que esta estrategia se toparía con enormes dificultades en la práctica y se verificaría poco después que el consenso electoral ganado en las elecciones presidenciales de 1983 no se traducía necesariamente en un duradero poder político. Es también en ese sentido que Pucciarelli29 afirma que, en esos años, "el simple apoyo electoral ciudadano es insuficiente para contrarrestar la enorme influencia que todavía mantienen sus organizaciones tradicionales sobre los distintos estratos de la clase obrera".30 Como se verá, el presente trabajo aparecerá de alguna manera atravesado -aunque accidentalmente- por la contraposición entre el apoyo electoral y la fuerza fáctica político-social, no sólo en la relación entre el gobierno y los sindicatos, sino en los contrastes entre ambas facciones en disputa dentro del PJ: el "peronismo renovador" y la "ortodoxia".

 

La paradoja: actor protagónico de la oposición, sujeto declinante en el PJ

¿Cómo fueron posibles, paralelamente, dos evoluciones tan contrastantes de la CGT? ¿Cómo se explica que el sindicalismo haya tenido tanta centralidad en el antagonismo público con el gobierno y simultáneamente se hayan sentado, en esa misma coyuntura, las bases institucionales para su subordinación y pérdida de gravitación dentro del movimiento político del que había sido, históricamente, columna vertebral? Propongo dividir la pregunta en dos partes. En primer lugar, retomando diferentes análisis del periodo que brinden aportes acerca de las condiciones generales que en ese momento hacían ya posible (e incluso probable) el desplazamiento del sindicalismo dentro del partido, tanto en términos de su incidencia en la configuración de listas generales como en su propia presencia en las autoridades y en la toma de decisiones partidarias. En segundo lugar, postulando un argumento propio para responder a la paradoja acerca de cómo ese desplazamiento fue posible incluso en un contexto en el que la CGT ocupaba un lugar estelar en la oposición al gobierno radical.

Al relevar diferentes estudios acerca de la Renovación, por un lado, y de la relación entre el sindicalismo peronista y el gobierno radical, por el otro, emergen posibles contextos y situaciones mencionadas en los mismos que podrían contribuir a echar luz sobre la siguiente pregunta: ¿por qué, en esa coyuntura (mediados de los años ochenta) podían efectivamente empezar a ser desplazados los sectores sindicales de los espacios de decisión dentro del partido justicialista? Tal como coinciden distintos autores,31 asistíamos desde 1983 al descrédito, ante la opinión pública, de la dirigencia sindical que controlaba los resortes del partido en ese momento (la "ortodoxia"). Ese desprestigio respondía principalmente a haber quedado, en alguna medida, asociados con la dictadura militar (1976-1983), especialmente a partir de la denuncia, que Alfonsín haría suya,32 del supuesto pacto militar-sindical. La acusación concebía la existencia de reuniones entre altos mandos militares y dirigentes sindicales para negociar la entrega de los sindicatos a sus antiguas conducciones a cambio de un compromiso por parte de éstas de no impulsar desde un eventual gobierno peronista la investigación sobre los crímenes cometidos por las Fuerzas Armadas en el marco del terrorismo de Estado.33 En lo que Landi34 denominaba una "típica operación discursiva de constitución del adversario", Alfonsín colocaba así a su propia fuerza política, la Unión Cívica Radical (UCR), como única alternativa capaz de democratizar simultáneamente al Estado y a la sociedad.35 Y situaba a la dirigencia sindical peronista fuera del horizonte democrático.36 Todo ello, en un escenario (inicios del primer gobierno democrático después del gobierno de facto o Proceso) en el que precisamente, de acuerdo con Podetti, Ques y Sagol, "[...] la enunciación desde un lugar democrático funciona como condición de posibilidad para la circulación eficaz de los mensajes" y donde "[...] el concepto de democracia actúa como lo que podemos denominar tope discursivo: establece un límite más allá del cual los mensajes no podrían ser recibidos ni, como es obvio, competir electoralmente con perspectivas exitosas".37

¿Qué hizo entonces la fracción renovadora? Si Alfonsín había logrado ligar al peronismo de 1983 con el pasado de política corporativa e incluso con el ya acabado régimen militar, el peronismo renovador procuraba desembarazarse de esa imagen para marcar distancia "democrática" respecto de los sectores "ortodoxos" que habían controlado el PJ hasta entonces, postulándose, incluso, como el verdadero peronismo, una forma de desplazar por completo a esos sectores de su legitimidad como "herederos de Perón".38 No sólo aparecían estos sectores desacreditados por esa asociación que se les imputaba al periodo autoritario, sino que su propia reputación al interior del partido se suponía signada por prácticas violentas y autoritarias; el llamado "patoterismo",39 que un dirigente de la fracción renovadora, luego tristemente célebre por las medidas de su propio gobierno (1989-1999), describiría de la siguiente forma: "Cuando, gracias a la lucha del justicialismo, recuperamos la democracia en 1983, esos sectores se niegan a abandonar los viejos métodos del cadenazo y la agresión".40 Este factor, en el que reaparece la dicotomía "fuerza fáctica" versus "popularidad y aceptación en la opinión pública" de los diferentes dirigentes sindicales y políticos, resulta central para pensar las condiciones de posibilidad de una eventual declinación del sindicalismo ortodoxo dentro del PJ.

Asimismo, la transformación que se estaba haciendo manifiesta en la forma de hacer política electoral también preparaba las condiciones para un desplazamiento de la ortodoxia sindical de los ámbitos de poder del partido. Se construía de una "nueva tradición democrática",41 en la que las elecciones devenían el momento más legítimo de resolución de conflictos y las encuestas cobraban una importancia inédita como indicadores de lo que la "gente", ya no el "pueblo", quería.42 El peronismo renovador se aggiornó a estos nuevos mecanismos que empezaban a generalizarse. No sólo los adoptaron sino que se apropiaron de los mismos, colocándolos como núcleo de un eje de diferenciación trazado respecto de los "ortodoxos". La realización de actos proselitistas masivos, tan frecuente en la campaña de 1983 como demostración de fuerza electoral, y sobre todo de encarnación popular, frente al contrincante,43 sería reemplazada, en gran medida, para las elecciones posteriores, por caravanas partidarias de los candidatos renovadores en diferentes localidades44 -además de reuniones de pequeña magnitud con diferentes asociaciones civiles- y la comunicación política, a través de los medios masivos, con la opinión pública (escribiendo artículos en el diario Clarín, por ejemplo).45

Estos elementos explicativos de carácter político se combinaron, a su vez, con variables socioeconómicas que anticipaban tiempos difíciles para el sindicalismo en los años venideros. Los sindicatos se encontraban en condiciones de perder gravitación dentro del PJ debido a transformaciones que trascendían ampliamente a uno u otro nucleamiento político dentro de los gremios. La sociedad argentina asistía a cambios estructurales sobre la clase obrera, que sin embargo se harían más marcadamente manifiestos en los años noventa.46 Los trabajadores industriales perdían progresivamente importancia numérica, por ejemplo, frente a un nuevo sector asalariado en el área de servicios.47 Malamud48 lo ilustra con el decrecimiento de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) frente a la expansión de la Asociación de Empleados de Comercio (AEC), muy superior, a mediados de la década de 1980, en términos de cantidad de afiliados y recursos económicos.49 Halperín Donghi, por su parte, habla de la "erosión de la posición hegemónica de los obreros industriales y de servicios públicos" y de "la difusión del 'cuentapropismo'"50 no sindicalizado y no tradicionalmente peronista, con lo cual, por un lado, peligraba la base organizativa del partido51 y, por otro, el peronismo se encontraba ante la necesidad de conquistar electoralmente a toda una nueva franja social, que en su mayoría no lo había votado en 1983. En esas condiciones, un proceso de desindicalización del PJ, como el descrito luego por Gutiérrez,52 era cada vez más posible.

Más adelante se verá cómo el sindicalismo peronista estaba lejos de constituir un bloque único en términos de sus ideas y su accionar respecto del gobierno, e incluso de su posicionamiento en la interna del PJ. Esas diferencias devienen un dato fundamental a la hora de entender la paradoja que guía la pregunta de este trabajo: ¿cómo fue posible un protagonismo público de la CGT como impugnador del gobierno radical y, simultáneamente, un proceso de declinación del sindicalismo dentro del PJ, tanto en la toma de decisiones como en la presencia, por ejemplo, en las listas legislativas y en las autoridades del partido? Antes de hacer alusión al estado fragmentario del sindicalismo peronista durante el gobierno de Alfonsín, se podría agregar un elemento a esa multiplicidad de situaciones que hacían posible, a mediados de los años ochenta, que sindicalistas que tenían un peso dominante en el partido desde la muerte de Perón pudieran ser desplazados en los años ochenta por los dirigentes "políticos" de la fracción renovadora.

La fuerza de veto del sindicalismo frente a la política económica y laboral del gobierno radical no tenía un correlato de respaldo mayoritario dentro del electorado. Luego de una derrota del PJ en 1983 de carácter histórico -dado que era la primera vez que el peronismo perdía una elección libre de proscripciones desde su aparición en la escena política argentina-, los "ortodoxos" parecían ineludiblemente cargar en sus espaldas la responsabilidad del fracaso (siendo denominados "los mariscales de la derrota").53 Después de todo, las listas del PJ en 1983 habían exhibido la gravitación de este sector: su composición era el producto de una alianza entre las 62 Organizaciones, lideradas por Lorenzo Miguel, y el sector de Herminio Iglesias en el peronismo bonaerense. La dirigencia renovadora estaba logrando desplegar exitosamente un discurso público de autocrítica del peronismo por la derrota electoral que era más bien una crítica del adversario interno, y de la que ellos mismos, los renovadores, parecían quedar al margen de toda culpa.54

Asimismo, a la inversa de los renovadores, los sindicalistas vinculados a la "ortodoxia" mantenían una posición de poder dentro de la estructura partidaria -nominación de fórmulas presidenciales y para las autoridades partidarias, control de recursos financieros y organizacionales-, pero no parecían tener un perfil público que los habilitara a encabezar listas electorales con posibilidades de triunfo. Lorenzo Miguel, por ejemplo, aun siendo un dirigente fundamental de la conducción ortodoxa del partido, nunca integró una lista general como candidato.55 Herminio Iglesias, por su parte, perdió las elecciones de 1983 y 1985 en la provincia de Buenos Aires.56 La dirigencia del peronismo renovador enfatizaría constantemente ese contraste, procurando atar la legitimidad de cada sector dentro del peronismo al caudal electoral que pudieran reclamar como propio. Así lo expresaba Antonio Cafiero: "Nosotros no excluimos por definición a los que se llaman ortodoxos, pero los sometemos a la prueba de la voluntad general. Si consiguen espacios, se los damos".57

Muy importante en tanto indicador de que el peronismo renovador gozaba de mayor respaldo público que el sector "ortodoxo" y de que, en consecuencia, podía esgrimir tal argumento a la hora de intentar cambiar la relación de fuerzas dentro del partido, fue el proceso electoral de 1985. En la provincia de Buenos Aires, Cafiero presentaría una lista por fuera del partido, usando los comicios legislativos como una suerte de interna justicialista. Aunque ganó el radicalismo, el Frente de Renovación para la Justicia, la Democracia y la Participación (Frejudepa) de Cafiero (en alianza con la Democracia Cristiana) triplicaría los votos obtenidos por el Frente Justicialista de Liberación (Frejuli) de Herminio Iglesias.58 La consagración provincial del sector renovador en las elecciones legislativas le allanaría el camino dentro de la relación de fuerzas del partido. Pero además, en otros distritos, donde hubo una sola lista peronista, también se observaría un triunfo del PJ en donde estuviera encabezado por el sector renovador (Menem en La Rioja) y una derrota donde se tratara de candidatos de la ortodoxia (Saadi en Catamarca).

Volvemos a situarnos, por tanto, en el elemento dicotómico que dejaba a los dirigentes sindicales ortodoxos a merced del avance renovador: la contraposición entre la fuerza fáctica dentro del partido, por un lado, y la popularidad expresada en las encuestas de opinión y en los procesos electorales, por otro. En un contexto de renaciente democracia y en el que esas encuestas de opinión comenzaban poco a poco a cobrar importancia,59 la Renovación peronista se paró sobre esos ejes: popularidad de algunos de sus dirigentes, apelación a la opinión pública más allá del electorado tradicionalmente peronista, necesidad de transformación y democratización de las reglas de juego partidarias. Por su parte, los dirigentes sindicales (62 Organizaciones) que venían ejerciendo considerables cuotas de poder al interior del PJ carecían de esa popularidad, omitieron la centralidad coyuntural de esos ejes e incluso habían quedado asociados en la opinión pública a una imagen opuesta: el autoritarismo (tanto en términos de su supuesta negociación con el régimen militar como de sus métodos de acción al interior del partido).

Hasta aquí, se ha procurado delinear algunos factores y situaciones que hacían factible un eventual desplazamiento del sindicalismo peronista de los espacios de decisión del PJ. Sin embargo, algo parece faltar para entender la paradoja, para explicar cómo esa destitución respecto de su lugar histórico dentro del movimiento peronista y respecto del lugar dominante que había ocupado desde la muerte del líder pudo producirse en un contexto de protagonismo público de la CGT en tanto actor opositor al gobierno radical; en un momento que Belardinelli caracteriza de la siguiente forma: "En este periodo la CGT asume claramente un rol político: articula respuestas orgánicas y de conjunto del movimiento obrero y se constituye en el eje de un proceso de gestación de alianzas con otros sectores sociales".60

Resta pensar, entonces, la paradoja misma: cómo el sindicalismo pudo ser desalojado de su lugar dentro de la estructura partidaria mientras era protagonista estelar de la disputa con el gobierno nacional. Es aquí donde cabría introducir otro elemento más: el sindicalismo peronista se componía, durante el gobierno de Alfonsín, de distintos nucleamientos, cuyas fronteras no eran rígidas -se producían movimientos de sindicatos entre los distintos grupos, defecciones y disputas internas-61 pero cuyo accionar ante el gobierno era muy disímil. Además de los tres nucleamientos más fuertes -las 62 Organizaciones Peronistas, la Comisión de los 25 y el ubaldinismo- se perfilaban otros sectores como el Grupo de los 15, la Comisión de los 20 y la Comisión de Gestión y Trabajo.62 Aunque la CGT permaneció formalmente unificada desde 1984, la existencia de estas diferentes corrientes deviene un dato fundamental.

A pesar de que la progresiva subordinación del sindicalismo dentro de las estructuras partidarias afectaría a todo el movimiento obrero peronista organizado63 -mutando el PJ hacia una relación electoral de nuevo tipo con los sectores populares, que Levitsky denomina "machine politics" [política de aparato; en algunas traducciones, clientelismo]-64 la fracción renovadora no manifestaba públicamente un objetivo de "desindicalizar" al partido. El objeto de su interpelación crítica era un sector dentro del sindicalismo peronista: las 62 Organizaciones, representantes por excelencia del sector ortodoxo del partido.

Ahora bien, uno de los indicadores tomados por Gutiérrez para exhibir el proceso de "desindicalización" del PJ es la presencia de diputados de origen sindical65 en el Congreso Nacional. Al describir el retroceso de la misma, el autor advierte paralelamente que se produce un cambio en la composición de ese grupo, es decir, que hay un avance de los diputados de origen sindical pertenecientes a la "Comisión de los 25", aliados de la fracción renovadora en la puja interna del PJ, por sobre los diputados de origen sindical vinculados a las 62 Organizaciones.66

Para Levistky, el proceso de desindicalización del PJ y de pérdida de gravitación de los sindicatos en el ámbito nacional va a tener lugar especialmente después del triunfo de Carlos Menem y la victoria del peronismo renovador sólo sentaba ciertas bases institucionales (elecciones internas por voto directo en distrito único, eliminación del sistema del tercio para la selección de candidatos a elecciones generales y a autoridades partidarias) para esa futura transformación. Si se acepta esa tesis, podemos entonces centrarnos en el sector que perdió la batalla interna del PJ en el verano 1987-1988: la ortodoxia sindical, plasmada en las 62 Organizaciones. Vale aclarar que el ostracismo de los ortodoxos sería efímero, porque poco después de la reforma de la Carta Orgánica -que consagró las nuevas reglas y la pérdida de peso de los sindicatos en la toma de decisiones del PJ- desde el mismo peronismo renovador, Menem desplegaría una estrategia de aglutinamiento y cooptación de esos mismos actores derrotados, de cara a las internas partidarias de 1988 contra Antonio Cafiero para definir la fórmula presidencial justicialista.

Pero, como se mencionó antes, fueron las 62 Organizaciones las más perjudicadas, en el corto plazo, por la ofensiva renovadora en la puja interna partidaria. Y esos sectores no eran precisamente las fuerzas más combativas contra el gobierno de Alfonsín. El verdadero protagonismo público como impugnador sindical a la política económica se encarnaba en la Comisión de los 25 y, sobre todo, en el ubaldinisimo que conducía la central obrera, aunque con matices según el periodo. De acuerdo con Gutiérrez, "el grupo de los 25 compartía con el ubaldinismo una orientación reivindicativa más militante que la de las 62 Organizaciones y, especialmente, que la de la Comisión Nacional de Trabajo y el grupo de los 15".67 Ese contraste entre la voluntad negociadora, con frecuencia tras bambalinas, de las 62 Organizaciones en torno al gobierno y el perfil confrontacionista del ubaldinismo y de la Comisión de los 25 es también resaltado por otros autores.68

Y así como los actores más perjudicados por el giro en la relación de fuerzas al interior del PJ, las 62 Organizaciones no formaban parte de los núcleos de mayor conflictividad pública contra el gobierno; quienes sí entrarían en esa categoría, no eran, en cambio, el blanco de la ofensiva del peronismo renovador al interior del partido: la Comisión de los 25 y el ubaldinismo. Por un lado, la Comisión de los 25 (que, como se vio, aumentaría su participación en la Cámara de Diputados en desmedro de la presencia de representantes de las 62 Organizaciones, aunque en el marco de un fenómeno de reducción de la presencia de diputados sindicales en la Cámara) constituía la propia pata gremial de la dirigencia política renovadora. No sólo eran aliados de ésta sino que expresaban, según Gutiérrez, "[...] una nueva orientación sindical respecto de la participación en el partido peronista [...] no se proponían, como Lorenzo Miguel y sus aliados, el control partidario, sino que actuaban supeditadamente respecto de las autoridades y decisiones partidarias, hegemonizadas por dirigentes políticos".69

Por otro lado, y con aún mayor protagonismo en la disputa pública con la política gubernamental de Alfonsín, estaba el ubaldinismo. Este sector no sólo conducía la CGT, única central sindical reconocida legalmente, sino que se constituyó en un impugnador un tanto intransigente del gobierno nacional, convocando a 13 paros generales, algunos con movilizaciones masivas.

Pero mientras que las "62" y los "25" se involucraron activamente, aunque en oposición mutua, en la disputa al interior del PJ, el ubaldinismo se mantuvo prescindente.70 Concentrado en convertirse en el principal polo de posición al gobierno radical, este sector se presentó neutral al interior del peronismo,71 y pretendiendo trascender la puja partidaria entre renovadores y ortodoxos.72 De esa forma, la fracción renovadora, que nunca dirigía explícitamente su embestida al sindicalismo como tal sino a uno de sus sectores, pudo desarrollar su batalla por los resortes de poder dentro del partido sin colisionar con la central sindical a nivel institucional. Pudo, de esa manera, llevar a cabo, con un vasto margen de acción, su prédica pública a favor de la democratización interna del partido, la cual en la práctica y con el tiempo terminaría implicando una declinación de todo el sindicalismo en su capacidad de incidir en el proceso de configuración de listas parlamentarias y de autoridades (a través de la eliminación del tercio) y, por lo tanto, también, en su propia presencia en esos ámbitos. Todo ello sin entrar en conflicto con el más destacado antagonista del gobierno nacional: el ubaldinismo.

 

Epílogo

 

[Menem] asumió la figura de quien no pertenecía al sistema político y llegaba
para luchar en nombre de un peronismo plebeyo contra un peronismo
de saco y
corbata, "alfonsinisado" o socialdemócrata.
Carlos Altamirano73

 

Luego de haber pertenecido ambos a la fracción renovadora, Carlos Menem y Antonio Cafiero competirían en 1988 en las primeras elecciones internas justicialistas con voto directo de los afiliados. Para las mismas, se tomó como distrito único el territorio nacional. Menem había conseguido mostrar, entre los afiliados partidarios, a su adversario como un político demasiado conciliador con el gobierno de Alfonsín, justo para cuando éste había sufrido ya una enorme pérdida de apoyo electoral. Se presentaba así, tal como suscribe la cita de Altamirano colocada al inicio de este apartado, diferenciándose tanto del alfonsinismo como de la dirigencia renovadora que más intensamente había sostenido un embate contra algunos sectores del sindicalismo: la fórmula Menem-Duhalde encabezaba una heterogénea coalición, que incluía a los antes estigmatizados "ortodoxos". De esa forma, Menem había protagonizado el triunfo renovador dentro del PJ (elecciones de 1985 y 1987, congresos partidarios, etc.) para más tarde dedicarse a aglutinar a los perdedores de esa disputa y a criticar a sus colegas renovadores, apelando a un peronismo popular y "plebeyo"74 que trascendiera el techo que podrían haber tenido los demás renovadores dentro del justicialismo debido a su previa disputa con las 62 Organizaciones.

Una vez definidas las internas del PJ, Ubaldini acordaría moderar el accionar de la CGT, aun en un contexto de despidos e hiperinflación, para no perjudicar la posterior campaña del dirigente riojano de cara a las elecciones generales, ni enajenarle el potencial apoyo de los sectores medios.75 Habiendo experimentado ya un declive en el apoyo brindado por los distintos nucleamientos a la conducción de la CGT -el paro convocado para el 9 de septiembre de 1988 no será apoyado por los "15" (convertidos ya en el interlocutor por excelencia del menemismo dentro sindicalismo peronista) ni por los "25"-,76 la central relanzará su programa de "26 puntos", que serán algo desestimados por el candidato peronista a la presidencia, quien, sin embargo, conseguiría mantener aglutinados a todos los nucleamientos sindicales peronistas detrás de su candidatura.

 

Observaciones finales

A lo largo de este artículo se ha revisado la evolución de la CGT durante el gobierno de Raúl Alfonsín, con la intención de responder a la pregunta de cómo fue posible la siguiente paradoja: durante la década de 1980 la CGT sería protagonista pública en tanto actor impugnador a la política económica del gobierno, incluso funcionando como virtual articuladora de otras iniciativas de oposición a las medidas oficiales. Pero, a la vez, es a partir de las elecciones de 1983 que un sector de peso de la dirigencia sindical peronista sería el blanco de duras críticas por parte de la denominada fracción renovadora dentro del PJ. De ese proceso derivaría una serie de cambios en las reglas de funcionamiento del partido que sentarían las bases institucionales de una declinación del sindicalismo en el seno del mismo.

Para entender esa paradoja, primero se analizaron algunos aspectos del tipo de apelación pública que hizo la fracción renovadora durante los años ochenta en su puja por el control del partido frente a los sectores denominados "ortodoxos", que venían controlando las estructuras y recursos de éste desde el fallecimiento de Juan Domingo Perón, entre los cuales tenían un rol central las "62 Organizaciones peronistas", un núcleo político sindical. En segundo lugar, se caracterizó la relación entre la CGT y el gobierno de Alfonsín, con énfasis especial en la forma en que éste concebía al sindicalismo peronista -al principio, como un actor corporativo al que había que desarticular- y en la dificultad que el presidente encontró a la hora de traducir el consenso electoral logrado en 1983 en un poder político duradero.

Luego, se trató la paradoja central del estudio, relevando primero distintos elementos del periodo que podrían echar luz sobre la declinación del sindicalismo al interior del PJ. Aparecía en esa instancia del trabajo, nuevamente, esta dicotomía de apoyo popular y electoral versus poder fáctico. Finalmente, a partir del examen de los diferentes núcleos existentes al interior del sindicalismo peronista y se postuló una posible respuesta a la paradoja: los dirigentes y sectores sindicalistas que exhibieron el más intenso nivel de combatividad y conflictividad social frente al gobierno de Alfonsín (ubaldinismo y, en menor medida, la "Comisión de los 25") no eran precisamente los mismos que fueron desplazados del núcleo de poder del PJ en los años ochenta (la denominada "ortodoxia" sindical). El ubaldinismo, el protagonista por excelencia de la impugnación sindical al gobierno en el terreno público, mantuvo una posición de neutralidad frente a la disputa "ortodoxia"-"renovación" que se daba al interior del partido, de modo que los renovadores pudieron avanzar sobre las estructuras del partido sin colisionar con aquel sector sindical liderado por Saúl Ubaldini.

En los años noventa, en el marco del gobierno de Carlos Menem -que también había integrado las filas de los renovadores-, el retroceso del sindicalismo en cuanto a su peso público y político abarcaría a todo el conjunto sindical y no sólo a la denominada ortodoxia, lo cual hizo evidente, a diferencia de lo sostenido por el propio Juan Domingo Perón,77 que el sindicalismo sí podría correr peligro en el marco de un "régimen justicialista".

 

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Otras fuentes consultadas

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Entrevista a Rodolfo Daer. Programa de Historia Política para el Archivo de Historia Oral de la Argentina Contemporánea del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires, primera y segunda sesiones, 28 de junio del 2006 y 18 de julio del 2006.

Entrevista a Armando Caro Figueroa. Programa de Historia Política para el Archivo de Historia Oral de la Argentina Contemporánea del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires, primera y segunda sesiones, 28 de junio del 2005 y 7 de julio del 2005.

 

Notas

1 Juan Domingo Perón, "Cómo concibe el peronismo al sindicalismo", discurso pronunciado en el acto de clausura del Congreso Nacional Extraordinario de la CGT, el 19 de abril de 1950, Buenos Aires, Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación, 1950.

2 Julio Donato Bárbaro citado en Miguel Unamuno et al., El peronismo de la derrota, Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1984, pp. 94-95.

3 Cuando finalmente —después de varios años de intervención judicial (y con una virtual ausencia de vida interna en tanto partido) y de ser relegado por el presidente Kirchner a ser un sector más dentro de la coalición de gobierno (y no el "partido oficial")— éste decidió reorganizar formalmente el PJ y ponerse a la cabeza del mismo, Hugo Moyano, titular de la CGT, obtendría la vicepresidencia segunda del partido.

4 Dentro de cada país tomado, y dado que se estudiaba a distintos sectores dentro del oficialismo, los "casos" no han sido individuos sino más bien organizaciones y espacios políticos, todos ellos centrados, por cuestiones de factibilidad, en la capital federal argentina y el conurbano bonaerense (entrevistas realizadas en forma intermitente desde 2006), así como en Sâo Paulo (viaje en septiembre de 2008) y Río de Janeiro (viaje en junio de 2009), en Brasil, que es donde se ha llevado a cabo el trabajo de campo. Dentro del sector que he denominado "espacio partidario" se incluye, por un lado, al partido al que pertenecía formalmente el Presidente (PJ en Argentina y PT en Brasil) y, por otro, a una variedad de espacios a los que pertenecían dirigentes integrados en el oficialismo y a sellos partidarios incluidos en la coalición parlamentaria. Para el sector oficialista de las "centrales sindicales" se ha tomado, para el caso de Brasil, a la Central Única dos Trabalhadores (CUT ), espacio de surgimiento del propio Presidente en el marco de la lucha sindical de los años setenta; para el de Argentina, a la Confederación General del Trabajo (CGT) y a la Central de los Trabajadores de la Argentina (CTA). Finalmente, dentro del sector que ha sido denominado "organizaciones sociales" se analiza al Movimento dos Trabalhadores sem Terra (HST ) en Brasil y a cuatro organizaciones sociales argentinas que integraban el kirchnerismo en el periodo observado: la Federación Tierra y Vivienda (FTV), el Frente Transversal Nacional y Popular, el Movimiento Barrios de Pie (luego devenido Libres del Sur en alianza con otras organizaciones) y el Movimiento Evita.

5 Ricardo Gutiérrez, "Desindicalización y cambio organizativo del peronismo argentino, 1982-1995", ponencia presentada en el XXI International Congress of the Latin American Studies Association, llevado a cabo en la ciudad de Chicago del 24 al 26 de septiembre de 1998. (Documento disponible en línea en http://lasa.international.pitt.edu/LASA98/RGutierrez.pdf).

6 Principalmente compiladas por Raúl Alberto García y Néstor Montenegro (eds.), Hablan los renovadores, Buenos Aires, Ediciones de la Galera, 1986; Marta Gordillo y Víctor Lavagno, Los hombres de Perón. El peronismo renovador. Entrevistas inéditas, Buenos Aires, Puntosur, 1987 y M. Unamuno et al., op. cit. También se consignan al final de este artículo dos entrevistas realizadas por el Programa de Historia Política para el Archivo de Historia Oral de la Argentina Contemporánea del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires.

7 Las "62 Organizaciones" representan al gremialismo dentro del peronismo organizado y se han denominado a sí mismas el "brazo político del sindicalismo peronista". Surgieron en 1957, durante el gobierno de facto que había derrocado a Juan Domingo Perón. Con el peronismo proscrito y los sindicatos intervenidos, se convocó a la normalización de la CGT con los gremios adheridos. Antes del Congreso, el interventor, Patrón Laplace, comprobó que la mayoría de los gremios pertenecían al peronismo (62 contra 51, entre los llamados "democráticos", vinculados a la UCR y al PS, y 19 comunistas). Para evitar que la normalización quedara en poder del peronismo, instó a los gremios no peronistas a no presentarse para dejar sin quórum el Congreso. Una alianza entre peronistas y comunistas arrebató a la Confederación del control por parte de sindicatos más cercanos al régimen militar. A partir de la ruptura posterior de los comunistas, y por la instrucción expresa de Perón, nacieron las "62 Organizaciones Peronistas" que actuaban política y gremialmente en la clandestinidad. Vid. Steven Levitsky, Transforming Labor-Based Parties in Latin America. Argentine Peronism in Comparative Perspective, Cambridge, Cambridge University Press, 2003, p. 82.

8 El sistema del tercio consistía en la asignación de una suerte de cuota equivalente de presencia en las listas electorales del partido a las tres ramas del movimiento: la política, la sindical y la femenina.

9 Entrevistado por Raúl Alberto García y Néstor Montenegro en 1986.

10 Citado por La Nación, 1° de noviembre de 1983.

11 Gerardo Aboy Carlés, Las dos fronteras de la democracia argentina. La reformulación de las identidades políticas de Alfonsín a Menem, Rosario, Homo Sapiens, 2001 y, del mismo autor, "Parque Norte o la doble ruptura alfonsinista", en Marcos Novaro y Vicente Palermo, La historia reciente. Argentina en democracia, Buenos Aires, Edhasa, 2004; Mariana Podetti, et aí., "El lugar de la democracia en el discurso del peronismo renovador", en Crítica y Utopía. Latinoamericana de Ciencias Sociales, núm. 16, 1988, pp. 1-7; Carlos Altamirano, "'La lucha por la idea': el proyecto de la renovación peronista", en M. Novaro y V. Palermo, op. cit.; Andrew McAdam, Cafiero. El renovador, Buenos Aires, Corregidor, 1996; Marcela P. Ferrari, "La lucha por el espacio. El peronismo entre los mariscales de la derrota y los albores de la renovación", mimeo, 2007. (Disponible en línea en http://www.unsam.edu.ar/escuelas/politica/centro_historia_politica/La%20lucha%20por%20el%20espacio2.pdf); Mariano D. Fabris, "La campaña electoral de 1987. El justicialismo en busca de nuevos electores", mimeo, 2007. (Disponible en línea en http://historiapolitica.com/datos/biblioteca/fabris.pdf); S. Levitsky, op. cit. y Martina Garategaray, "Más allá y más acá del peronismo. La renovación (1983-1989)", ponencia presentada en las II Jornadas de Estudios Políticos, llevada a cabo en la Universidad Nacional de General Sarmiento, Buenos Aires, Argentina, el 12 y 13 de noviembre de 2008.

12 Al respecto, se puede consultar A. Mc Adam, op. cit; M. P. Ferrari, op. cit., y M. D. Fabris, op. cit.

13 Entrevistado en M. Gordillo y V. Lavagno, op. cit.

14 Como José Luis Manzano, Carlos Saúl Menem y Luis María Macaya, entrevistados en idem.

15 Entrevistas varias en idem.

16 S. Levitsky, op. cit.

17 Vid. supra, nota a pie de página núm. 2.

18 Óscar Massei, entrevistado en M. Gordillo y V. Lavagno, op. cit, p. 187.

19 Entrevista a Rodolfo Daer, Archivo de Historia Oral de la Argentina Contemporánea, Programa de Historia Política, IIGG, Universidad de Buenos Aires, primera y segunda sesiones, 28 de junio y 18 de julio de 2006.

20 Entrevista a Armando Caro Figueroa, ibid, 7 de julio de 2005.

21 Entrevista a Rodolfo Daer, op. cit, 28 de junio de 2006.

22 Pucciarelli enmarca tal iniciativa en una serie de acciones diversas de resistencia civil por parte de organizaciones sociales y ciudadanos no organizados ante cierta parálisis y falta de perspectivas del gobierno nacional: "[...] el activismo callejero y la decisión de algunas organizaciones sociales y políticas de producir un cambio cualitativo en la evolución del conflicto comenzaban a contrastar con los movimientos circulares dibujados ya por el constituido y consolidado elenco de dirigentes y representantes pro democráticos en escenarios diseñados especialmente para tal fin". Alfredo Raúl Pucciarelli, "La República no tiene ejército. El poder gubernamental y la movilización popular durante el levantamiento militar de Semana Santa", en A. R. Pucciarelli (coord.), Los años de Alfonsín ¿El poder de la democracia o la democracia del poder?, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2006, p. 136.

23 Para una descripción detallada de las huelgas generales entre 1984 y 1988, véase Nicolás Iñigo Carrera, "Las huelgas generales, Argentina 1983-2001: un ejercicio de periodización", ponencia presentada en el 5° Congreso Nacional de Estudios del Trabajo, organizado por la Asociación Argentina de Especialistas en Estudios del Trabajo (ASET) y llevado a cabo en la Facultad de Economía de la Universidad de Buenos Aires del 1° al 4 de agosto del 2001.(Documento disponible en línea, en http://www.aset.org.ar/congresos/5/aset/PDF/INIGO.PDF Para mayores estudios sobre la relación gobierno-sindicalismo durante los años de Alfonsín, vid. Ricardo Gaudio y Andrés Thompson, Sindicalismo peronista, gobierno radical. Los años de Alfonsín, Buenos Aires, Fundación Fiedrich Ebert/Folios, 1990; James W. McGuire, "Union Political Tactics and Democratic Consolidation in Alfonsín's Argentina. 1983-1989", en Latin American Research Review, vol. 27, núm. 1, 1992. pp. 37-74; G. Aboy Carlés, Las dos fronteras..., op. cit. ; E. Aruguete, "Lucha política y conflicto de clases en la posdictadura. Límites a la constitución de alianzas policlasistas durante la administración Alfonsín", en A. R. Pucciarelli, op. cit. Sólo un dato ilustrativo de la cuestión salarial, que estuvo en el centro de varios reclamos. La evolución de los ingresos de los asalariados fue la siguiente: después de un ascenso en las remuneraciones medias en 1984 (un 5%), las mismas experimentaron una caída casi continuada. A fines de junio de 1988, los salarios habían perdido un 33% de su poder adquisitivo. Óscar R. González y Carlos Abalo, "Argentina. El ocaso del alfonsinismo", en Nueva Sociedad, núm. 98, noviembre-diciembre de 1988, pp. 20-24. (Documento en línea, en http://www.nuso.org/upload/articulos/1693_1.pdf).

24 Tulio Halperín Donghi, La larga agonía de la Argentina peronista, Buenos Aires, Ariel, 2006, p. 124.

25 G. Aboy Carlés, Las dos fronteras..., op. cit., p. 257.

26 A. Pucciarelli, "Introducción" y "La República no tiene ejército.", op. cit.

27 Estos tres poderes, por supuesto, no se embarcarían en un antagonismo mutuo sistemático. La oposición a la política económica de Alfonsín derivó, por ejemplo, en efímeras experiencias de alianza entre asociaciones sindicales y empresariales. E. Aruguete, op. cit.; O. González y C. Abalo, op. cit.

28 Ese nivel de enfrentamiento colocaría a la CGT en lo que Pucciarelli denomina una contradicción externa "entre su principal función reivindicativa y la necesidad de mantener sus reales privilegios corporativos, transformándose en uno de los más fervientes opositores de medidas gubernamentales diseñadas para hacer posible la recuperación de los niveles de ingreso perdidos por sus propios representados". A. Pucciarelli, "Introducción"., op. cit., p. 20.

29 Idem.

30 Idem.

31 R. Gaudio y A. Thompson, op. cit.; G. Aboy Carlés, "Parque Norte...", op. cit.; Gabriel Vommaro, "Cuando el pasado es superado por el presente. Las lecciones presidenciales en 1983 y la construcción de un nuevo tiempo político en la Argentina", en A. R. Pucciarelli, op. cit.

32 G. Aboy Carlés, "Parque Norte.", op. cit.

33 Siguiendo el relato de Aboy Carlés, las primeras versiones del supuesto pacto fueron divulgadas por Nilda Garré en octubre de 1982. Luego, en marzo de 1983, diferentes diarios dieron cuenta de las reuniones y dos días después del aniversario del golpe militar, Alfonsín aportó algunos nombres de miembros de las fuerzas armadas que habrían participado en reuniones con ese objetivo —como Cristino Nicolaides, Guillermo Suárez Mason y Juan Carlos Ricardo Trimarco—, aunque no mencionó a ningún sindicalista.

34 Citado en R. Gaudio y A. Thompson, op. cit., p. 16.

35 Ibid., p. 18. Según Halperín Donghi, op. cit, p. 117, Alfonsín contaba con una ventaja adicional para la verosimilitud de su acusación. La muerte de Ricardo Balbín, cuya actitud ante el régimen militar había sido más conciliatoria, le había dado al radicalismo la oportunidad de permanecer, bajo el liderazgo del propio Alfonsín, más distante respecto del gobierno de facto.

36 Un hito en esa concepción de Alfonsín respecto de la conducción peronista de los sindicatos es el proyecto de ley Mucci, que proponía "democratizar" a las asociaciones sindicales a través del intento de facilitar el acceso de diferentes sectores políticos a la participación en las elecciones sindicales. Consideraba, por ejemplo, fijar pautas uniformes para todos los sindicatos, estableciendo bajos requerimientos en la presentación de avales y en la debida antigüedad de los candidatos para integrar las listas de elecciones sindicales. Vid. Pablo Belardinelli, "El marco político de la conflictividad obrera", en Ernesto Villanueva (coord.), Conflicto obrero. Transición política, conflictividad obrera y comportamiento sindical en la Argentina 1984-1989, Bernal, Universidad Nacional de Quilmes, 1994, p. 105.

37 M. Podetti, M. E. Ques y C. Sagol, op. cit., p. 1.

38 Garategaray dirá, en una línea similar: "[...] el discurso renovador jugó su suerte en el plano del movimiento de fronteras [identitarias], de una forma pendular, asociando ciertos significados democráticos alfonsinistas a su batalla contra la ortodoxia peronistas, pero, a la vez, resignificando el legado que dicha ortodoxia embanderaba como propio, para disputarle a Alfonsín el verdadero significado de la democracia" . M. Garategaray, op. cit., p. 4 y G. Aboy Carlés, Las dos fronteras..., op. cit. Para este último autor, por su parte, "[...] la Renovación se constituiría en los marcos mismos de la frontera trazada por el alfonsinismo: como cuestionamiento de un pasado faccionalista, marcando su adhesión al régimen democrático y cuestionando el papel de la cúpula sindical que controlaba al justicialismo oficial y cuya connivencia con el autoritarismo era ahora denunciada por el propio peronismo". G. Aboy Carlés, "Parque Norte...", op. cit., p. 44.

39 T. Halperín Donghi, op. cit., p. 131.

40 Carlos Saúl Menem, entrevistado en M. Gordillo y V. Lavagno, op. cit, p. 49.

41 G. Vommaro, op. cit.

42 Ibid., p. 247.

43 Ibid., p. 251.

44 M. D. Fabris, op. cit., p. 10; G. Vommaro, op. cit., p. 267.

45 Antonio Cafiero, "En qué nos equivocamos", en Clarín, 11 de abril de 1984.

46 Maristella Svampa y Sebastián Pereyra, Entre la ruta y el barrio. La experiencia de las organizaciones piqueteras, Buenos Aires, Biblos, 2003.

47 M. P. Ferrari, op. cit.; M. D. Fabris, op. cit.; S. Levitsky, op. cit.

48 Andrés Malamud, "Grupos de interés y consolidación de la democracia en Argentina (1983-1991)", en Revista América Latina Hoy, núm. 28, 2001, pp. 173-189.

49 La AEC habría crecido de 280,000, en 1973, a 408,000, en 1986. La UOM, en cambio, había retrocedido de 270,000 afiliados en 1973 a 267,000 en 1986. Datos de Julio Godio, citados en ibid., p. 183.

50 T. Halperín Donghi, op. cit., p. 129.

51 S. Levitsky, op. cit.

52 R. Gutiérrez, op. cit.

53 M. Garategaray, op. cit.; P. Belardinelli, op. cit.; M. P. Ferrari, op. cit.; C. Altamirano, op. cit.

54 G. Aboy Carlés, "Parque Norte.", op. cit., p. 44.

55 R. Gutiérrez, op. cit., p. 16.

56 El desempeño de Herminio Iglesias como candidato a gobernador bonaerense fue incluso peor, en el distrito, que el de la fórmula presidencial del PJ (Lúder-Bittel): recibió 210,000 votos menos. M. P. Ferrari, op. cit., p. 4.

57 Entrevistado en M. Gordillo y V. Lavagno, op. cit, p. 17.

58 R. Gutiérrez, op. cit., p. 15; A. Mc Adam, op. cit., pp. 128-130. El Frejudepa obtendría 26.35% vs. 9.59% del Frejuli.

59 G. Vommaro, op. cit.

60 P. Belardinelli, op. cit., p. 143.

61 J. McGuire, op. cit., p. 51.

62 Una descripción de cada uno de los nucleamientos, sus orígenes, liderazgos, funcionamiento y posiciones respecto de diversas cuestiones de debate público excede los límites de este trabajo. Al respecto, puede consultarse J. McGuire, op. cit.; P. Belardinelli, op. cit.; S. Levitsky, op. cit.; R. Gutiérrez, op. cit., entre otros.

63 S. Levitsky, op. cit.

64 Esa transformación organizativa, de acuerdo a Levitzky, le habría permitido al PJ adaptarse a la nueva estructura económico-social del país, reforzando su estructura territorial, debilitando parcialmente sus lazos con el movimiento obrero organizado, subordinándolo en la toma de decisiones, acentuando la dependencia respecto de los recursos estatales (nacionales, provinciales y municipales) y descentralizando el funcionamiento de sus diferentes estructuras: "Las agrupaciones se convirtieron en organizaciones partidarias alternativas, creadas al margen tanto de los sindicatos como de la burocracia partidaria". Ibid., p. 109. (La traducción es mía).
Todo ello fue altamente funcional a la estrategia del justicialismo a partir de entonces, especialmente en un contexto en el que Halperín Donghi sostiene que las clases populares "aparecían cada vez menos como clases trabajadoras y cada vez más, en cambio, bajo la figura más tradicional de los pobres". T. Halperín Donghi, op. cit., p. 134.

65 Gutiérrez considera como diputados de origen sindical a "todos los diputados que alguna vez ejercieron un cargo sindical, independientemente de si lo hicieron o no en el periodo inmediatamente anterior a su asunción como diputado". Para una justificación de ese criterio, vid. R. Gutiérrez, op. cit.

66 Sin embargo, a nivel de conducción de los sindicatos, las 62 lograron mantener su predominio luego de la normalización y proceso eleccionario interno: " La Comisión de los 25, si bien avanzó y consolidó posiciones, no logró desbalancear el predominio del 'miguelismo' dentro del movimiento obrero. [...][En 1984/5] las 62 Organizaciones son el nucleamiento numéricamente más importante, ya que agrupa además a muchos de los grandes sindicatos, tanto del sector industrial como de servicios. La Comisión de los 25 incluye unos pocos sindicatos grandes." P. Belardinelli, op. cit. p. 118.

67 R. Gutiérrez, op. cit., p. 9.

68 P. Belardinelli, op. cit., p. 149; J. Mc Guire, op. cit., p. 38; Andrew McAdam et al., Raúl Alfonsín. La democracia a pesar de todo, Buenos Aires, Corregidor, 1999, p. 146. A modo de ejemplo, podríamos tomar en cuenta el telegrama enviado por Lorenzo Miguel al ministro de Economía Juan Vital Sourrouille, agradeciendo su ayuda para la concreción de un acuerdo salarial entre las asociaciones patronales y los trabajadores metalúrgicos. Vid. J. McGuire, op. cit., p. 46. También, la alianza informal lograda por el radical Coti Nosiglia con las 62 Organizaciones luego de la concesión de un aumento salarial. Vid. A. McAdam et al., op. cit., p. 146. El mismo gobierno, según Aboy Cariés, privilegiaría en varios casos como interlocutores a los rivales internos de la renovación, es decir, a la ortodoxia sindical. G. Aboy Carlés, "Parque Norte.", op. cit., p. 45

69 R. Gutiérrez, op. cit., p. 9.

70 P. Belardinelli, op. cit.; J. McGuire, op. cit.

71 Belardinelli incluso llega a plantear que, en alguna medida, el ubaldinismo aprovechó la interna del PJ, en la que se mantuvo al margen, para su ascenso dentro del sindicalismo. Su mismo surgimiento y consolidación se habría montado sobre esa situación de empate y disputa. P. Belardinelli, op. cit., p. 122.

72 Daer dirá en 2006, acerca de los años de Alfonsín y la renovación peronista: "La CGT fue un poco el marco de contención de todas las corrientes internas del peronismo". Aunque también reconocerá que en las internas, una parte del ubaldinismo apoyaba a los renovadores (aunque sin formar parte de su núcleo decisional). Entrevista a Rodolfo Daer, op. cit.

73 C. Altamirano, op. cit.

74 C. Altamirano, op. cit., p. 73.

75 J. McGuire, op. cit., p. 50.

76 P. Belardinelli, op. cit., p. 139.

77 Vid. supra, nota de pie de página 1.

 

Información sobre la autora

Dolores Rocca Rivarola. Politóloga. Candidata al doctorado en ciencias sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Es integrante del equipo de investigación "Nuevas Formas Políticas", con sede en el Instituto de Investigaciones Gino Germani (Facultad de Ciencias Sociales, UBA). Ha participado en numerosos congresos y reuniones científicas y publicado diversos artículos especializados en vida y sistema político argentinos; entre ellos: "El MST en Brasil y las organizaciones sociales kirchneristas en Argentina (2005-2006). Roles, identificación y relaciones dentro del conglomerado oficialista" (en prensa); "La diversidad debajo de la mesa: el conglomerado kirchnerista en el distrito de La Matanza" (2009); "¿Partidos o personas? La conformación del conglomerado oficialista en los gobiernos de Lula, Kirchner y Lagos" (2007) y "La matanza: avatares de la continuidad asegurada. Peronismo, partidos opositores y organizaciones piqueteras" (2006). doloresrocca@gmail.com.

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