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Revista mexicana de ciencias políticas y sociales

versión impresa ISSN 0185-1918

Rev. mex. cienc. polít. soc vol.51 no.207 México sep./dic. 2009

 

Sociedad y política: Panorama Mexicano

 

Crisis económica y flujos migratorios internacionales en Chiapas

 

Jorge López Arévalo, Bruno Sovilla y Héctor Escobar Rosas*

 

* Universidad Nacional Autónoma de Chiapas (UNACH), Facultad de Ciencias Sociales, carretera a Chamula kilómetro 3, interior Restaurante Campestre, Quinta San Martín, C. P. 29 247, San Cristóbal de Las Casas, Chis.

 

Recibido el 7 de julio de 2009
Aceptado el 27 de agosto de 2009

 

Resumen

En los años recientes, el estado de Chiapas se ha convertido, por primera vez en su historia, en una entidad expulsora de mano de obra hacia la frontera norte y Estados Unidos. En este marco, el artículo analiza algunas características que exhibe la economía chiapaneca a partir de la década de 1980, su dependencia creciente de las transferencias federales y la dificultad para convertir ese masivo envío de dinero en una mejoría socio-económica para sus habitantes. Con la crisis del campo se determinó la ruptura de un equilibrio frágil, en el que el sector primario retenía la mano de obra local en actividades que aseguraban ingresos suficientes para satisfacer las necesidades básicas de las familias (principalmente la producción de maíz y café). Esta crisis, sumada a la devastación causada por el huracán Mitch en 1998, se convirtió en el detonador del éxodo migratorio que se hizo visible a finales del decenio de 1990.

Palabras Clave: Chiapas, crisis económica, transferencias, migración y remesas.

 

Abstract

In recent years, the state of Chiapas has become, for the first time in its history, an entity that has expelled skilled labor towards the northern frontier and United States. In this framework, the article analyzes some characteristics that show Chiapas's economy starting from the decade of 1980, its growing dependence of federal transferences and the difficulty to convert that remittance of money into a socio-economic welfare for its inhabitants. With the agricultural crisis came the rupture of a fragile balance in which the primary sector withheld the local skilled labor in activities that would assure enough income to satisfy the basic needs of families, most of all in the production of corn and coffee. This crisis, added to the destruction caused by the hurricane Mitch in 1986, was the detonator of the migration exodus that was visible at the end of the 1990's.

 

Chiapas: una economía en crisis

Hace medio siglo Lewis distinguía la existencia de dos sectores al interior de las economías subdesarrolladas: uno capitalista y otro de subsistencia. El primero se caracteriza porque "utiliza capital reproducible [...] y paga a los capitalistas por el uso de éste", mientras que el segundo está integrado por "toda aquella parte de la economía que no utiliza capital reproducible". Consecuentemente, las economías atrasadas presentan profundos desequilibrios: "excesiva inversión en algunas partes y subinversión en otras", así como "fragmentos fuertemente desarrollados, rodeados por la oscuridad económica".1

Desde el enfoque teórico estructuralista y el modelo centro-periferia propuesto por Raúl Prebisch, Rodríguez considera que la estructura productiva de la periferia se distingue por ser "heterogénea o parcialmente rezagada, en el sentido en que coexisten en su seno sectores donde la productividad alcanza niveles muy altos -en especial en el sector exportador- y actividades que utilizan tecnologías con las cuales la productividad del trabajo resulta significativamente inferior".2 La economía mexicana sería un claro ejemplo de economía "dual" o "heterogénea", que en pocos años se ha abierto al intercambio comercial y financiero.

En este contexto, en el caso de Chiapas prevalece netamente el sector no capitalista, con bajos niveles de productividad y condiciones de pobreza generalizada y extrema.3 A través de varios indicadores se verifica este rezago en relación con el resto del país. Si analizamos los componentes que conforman el Índice de Desarrollo Humano (IDH), en materia de ingreso, salud y educación este estado del sureste mexicano se encuentra por abajo del promedio nacional, siendo el indicador de ingreso el que más contribuye a esta desigualdad. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), una forma sencilla de identificar si en una entidad federativa existe un fortalecimiento mutuo del crecimiento económico y el desarrollo humano, su debilitamiento conjunto o un sesgo hacia cualquiera de las dos tendencias, es clasificarla en función del valor medio de los indicadores de capacidades, separando el correspondiente al producto interno bruto (PIB) per cápita. Así, si una entidad tiene un indicador de capacidades de longevidad y educación por arriba del promedio, junto con un PIB per cápita superior al promedio, se dice que se encuentra en un "círculo virtuoso". Por el contrario, si el indicador conjunto de longevidad y educación está por debajo del valor medio, y lo mismo ocurre con el PIB per cápita, se encuentra en un "círculo vicioso". Finalmente, si se supera el valor de esperanza de vida y de educación, pero no el PIB per cápita, hay un sesgo hacia el desarrollo humano. Si ocurre lo inverso, menos de esperanza de vida y educación y más que el promedio del PIB per cápita, habrá un sesgo hacia el crecimiento.4

Según esta clasificación, Chiapas se encontraría en la categoría de "círculo vicioso", pues en todos los índices en que se descompone el IDH se encuentra por abajo del promedio nacional. En relación con el índice de marginación, en el año 2000 era la entidad con mayor marginación en el país y para 2005 ocupó el segundo lugar, por encima de Guerrero.5 Lo mismo puede verificarse en el PIB per cápita de 2006, que es el último indicador disponible: el estado tenía un PIB por habitante de 6,591 (en pesos de 1993), siendo el promedio nacional de 16 128 pesos y en el Distrito Federal (D.F.) de 38,967 pesos, lo cual indicaría que el PIB por habitante de Chiapas es apenas 40.9% del promedio nacional y 16.9% del D.F. En relación con este indicador, en 2006 ocupaba el último lugar nacional (cálculos a partir de datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, INEGI).

En términos de la población económicamente activa (PEA), en el primer semestre de 2007, en Chiapas, 40% se encontraba ubicada en el sector agropecuario, mientras que en el país este indicador era de 13% para el mismo periodo. Este ramo es el único en el que la PEA del estado se encuentra especializada, pues en los otros ocho sectores el coeficiente de especialización es inferior a la unidad; lo mismo ocurre si lo consideramos a nivel de tres sectores (cálculos con base en la Encuesta Nacional de Educación y Empleo, ENOE).6 El sector I (agropecuario) expresa un alto coeficiente de especialización, en el que se aplica un modelo de crecimiento extensivo. La agricultura continúa siendo la principal actividad productiva del estado; sin embargo, en el primer semestre de 2007 sólo 20.2% de la fuerza de trabajo empleada en el campo chiapaneco era asalariada (en términos absolutos representaba la cifra de 119 860 trabajadores de un total de 594 593); el resto, la parte mayoritaria, producía dentro de una economía de subsistencia. Este dato contrasta con el valor del mismo indicador en otras entidades del país, donde la tasa de trabajo asalariado era mucho mayor: por ejemplo, en Sonora, 77.2%; Sinaloa, 63.4%, y en el ámbito nacional, 36.3%.7

Por otro lado, la productividad del sector no ha evolucionado positivamente en los últimos años: en 2006, por ejemplo, el índice de productividad del sector agropecuario en Chiapas era apenas 16.3% del índice nacional.8 El siguiente cuadro muestra que en ese año 14.42% de toda la población ocupada en la entidad no recibió ingresos (en la agricultura este porcentaje es mayor, 25.49%), lo cual da una idea de la importancia que aún tienen las actividades ligadas a la producción de autoconsumo, donde la productividad es muy baja.9

Cuadro 1

Es precisamente en el sector agropecuario donde continúa empleada la mayor parte de la PEA chiapaneca. La siguiente gráfica muestra la tendencia a la disminución del valor deflactado de la producción del café y el maíz, los dos productos más importantes del agro chiapaneco.

Gráfica 1

Si se analiza la evolución de la economía chiapaneca dividiéndola por sectores de actividad (cuadro 2) puede notarse una disminución considerable del coeficiente de especialización en dos de los sectores netamente capitalistas (el II, minería, y el III, industria manufacturera), acompañado de un aumento no menos importante en la industria de la construcción (el IV), donde abunda el trabajo temporal con salarios precarios (sector de subsistencia, según Lewis). Si se agrega el indicador por cada uno de los tres sectores, el único de ellos en que el estado tendría un coeficiente de especialización mayor que uno es en el agropecuario.

En el cuadro 3 se muestra que aparentemente en el sector secundario Chiapas se acerca al coeficiente nacional en el periodo 1985-2006,10 lo cual obedece fundamentalmente al crecimiento espectacular en algunos de sus componentes no transables, como la industria de la construcción y la electricidad, gas y agua (V), mientras que hay un retroceso en sus sectores transables, como la industria manufacturera y la minería. El incremento de los dos primeros provoca un ligero incremento en el coeficiente de especialización del sector industrial, mismo que ocurre en un contexto de retroceso del sector industrial en el país. En el sector III tenemos que el comercio (VI) retrocede, el sector transportes (VII) se mantiene en bajos niveles con ligero crecimiento y los que crecen son los servicios financieros (VIII) y los servicios comunales (IX).

En general, es posible reconocer síntomas de "enfermedad holandesa" en la economía chiapaneca, pues se observa un mayor índice de especialización en sectores no transables, como la construcción, los servicios financieros privados y el sector público, y una contracción del sector manufacturero. La introducción de recursos externos a la entidad, vía transferencias públicas o privadas (remesas), es la causa más probable de este cambio estructural: el aumento del gasto público ha impulsado el sector de la construcción con la creación de nuevas infraestructuras, pero también las remesas de los emigrantes han contribuido, pues a veces este dinero se invierte en la edificación de nuevas viviendas para los familiares o los mismos migrantes. Obviamente también el sector financiero privado se ha beneficiado de las mayores transferencias recibidas por los chiapanecos.

La gestión del proceso de globalización, en un contexto de apertura económica acelerada, ha aumentado la fractura entre el sector capitalista y el de subsistencia (como preveía Lewis). La apertura comercial y la "desregulación" (como ocurrió con el café, por el rompimiento de las cláusulas económicas del convenio OIC en 1989, y con el maíz, afectado por el TLCAN a partir de 1994) han expuesto a los productores chiapanecos a la competencia internacional en condiciones desventajosas;11 sólo el aumento de las transferencias públicas a partir de 1994 ha detenido la caída del PIB estatal.

El fracaso del modelo económico seguido en Chiapas es evidente, pues la tasa de crecimiento media anual del PIB per cápita ha sido negativa entre 1980 y 2006 (-1.3%). Si se considera el PIB sin el sector minería (petróleo), la tasa de crecimiento sería ligeramente positiva 0.7%. En el periodo 1980-1995 esta caída fue enorme, tomando en cuenta el PIB petrolizado de Chiapas en 1980 (-3.1%), pero si se despetroliza, no habría disminución (0.4%, véase cuadro 3). En 1980, por ejemplo, el dato macro del PIB fue muy elevado, porque el petróleo representaba 44.2% del PIB estatal, aunque no existía correspondencia con el ingreso local.12 El proceso de despetrolización de la economía chiapaneca comenzó en 1985, como se puede observar en la gráfica 2.

Cuadro 4

No obstante la gran cantidad de recursos que el gobierno federal ha canalizado hacia el estado a partir del levantamiento zapatista de 1994, la evolución del PIB ha sido insatisfactoria.

Nuevos enfoques teóricos pueden ayudar a interpretar los cambios en la economía chiapaneca que han propiciado el éxodo migratorio hacia Estados Unidos, del cual hablaremos en la última sección.

Según Robinson,13 el concepto de dualidad es superado en el contexto actual de globalización neoliberal y no se puede entender el proceso de acumulación en ninguna área desde una perspectiva nacional como se hacía en el modelo centro-periferia; eso porque la globalización ha significado un cambio cualitativo del sistema capitalista y la apertura de una cuarta época en la historia de la humanidad.14 Si en la época anterior, la del capitalismo monopólico, el motor de la economía mundial eran los estados naciones, actualmente hay un proceso de formación de un estado transnacional y un mercado del trabajo global que no puede ser analizado dentro de los confines nacionales. En la división global del trabajo que caracteriza la fase económica actual, se crean polos productivos que tienen su explicación dentro de un proceso productivo global; estos polos pueden denominarse "regiones", no tienen una caracterización nacional (por ejemplo, Chiapas pertenecería al mismo polo productivo de los países centroamericanos, mientras que la zona norte de México estaría insertada en otro). Siguiendo este autor podríamos considerar al estado como parte de un polo productivo centroamericano, especializado en las siguientes actividades: maquila, servicios transnacionales (por ejemplo, turismo).15

De acuerdo con Canales,16 la cuestión migratoria en la década de 1990 estuvo estructuralmente ligada a los procesos de globalización y transformación productiva que ha impuesto la era de la información. Por lo mismo, la migración internacional no implica únicamente un problema de "oferta" de mano de obra, sino muy especialmente de estructura y dinámica de la "demanda" de fuerza de trabajo. Digamos que a nivel de los puestos ofrecidos en las empresas se está dando una transformación productiva que tiende a la polarización y dualización. Junto a cargos de alta remuneración (high tech) se abren espacios para áreas de trabajo de baja calificación, desregulados, con base en subcontratistas y diversas formas de precariedad; es ahí, justamente, donde se insertan los emigrantes laborales chiapanecos.

 

Chiapas, economía subsidiada

Un breve análisis de las finanzas públicas estatales permite demostrar que Chiapas se ha beneficiado, en la última década, de cuantiosos envíos de recursos federales. No obstante, la economía chiapaneca no ha logrado despegar, como sería lógico esperar de una entidad tan fuertemente subsidiada. En efecto, el análisis macroeconómico anterior demuestra que el cambio en la estructura productiva ha reducido aún más el peso del sector capitalista, lo que ha aumentado la dualidad y la heterogeneidad de la economía, mientras que el sector agropecuario sufre desde hace varios años una grave crisis sin que se muestren signos de recuperación.

Los ingresos totales del estado en relación con el PIB estatal eran de 2.88% en 1975, subiendo a 5.4% en 1980 (cuadro 5). Este indicador, que muestra el margen de maniobra obtenido por el gobierno del estado a partir de los recursos financieros adicionales con los que puede contar, ha continuado creciendo ininterrumpidamente (7.59% en 1985 y 9.1% en 1993). En un solo año, 1994, el índice creció poco más de 100%, pasando a 18.72%, nivel en que se mantuvo durante el segundo quinquenio de los años 90 (17.82%). En el periodo 2000-2005 creció 40% con respecto al quinquenio anterior, llegando a representar 24.8% del PIB (cuadro 5).

Los ingresos propios en relación con el PIB siempre han sido insignificantes (menos de 1% del PIB) y en el último quinquenio se redujeron hasta 0.19%. Las participaciones federales, que en 1975 fueron 0.85% en relación con el PIB, aumentaron a 3.66% en 1980, 4.5% en 1985, para estabilizarse en un promedio de 7.52% en el decenio 1994-2004. A partir de 1995 las fuentes de ingreso más importantes del estado comenzaron a ser las aportaciones federales.17 En el quinquenio 1995-1999 estas aportaciones representaron 8.6% del PIB, y aumentaron a 14.99% entre 2000-2005, lo cual significó un incremento nominal de 72% entre los dos quinquenios.

El cuadro 6 muestra la variación en la composición de los ingresos estatales en Chiapas. En la segunda parte de los años 70 los ingresos propios eran 21.6% de los ingresos totales de la entidad, pero ya en la década siguiente se redujeron a 1.41%, representando en el último quinquenio 1% del total. Hasta principios de los años 90 las participaciones garantizaban tres cuartas partes de los ingresos estatales, pero su peso se redujo cuando se creó el Ramo 33 en la mitad de los años 90. En la segunda mitad de esa década las aportaciones significaron casi la mitad (47.96%) de los ingresos de la entidad, cuota que subió hasta 60.34% entre 2000-2005. Al sumar participaciones y aportaciones obtenemos 85.99% de los ingresos estatales entre 1995-1999, y 94.72% entre 2000-2005. En relación con el PIB de Chiapas, estos ingresos representaron 20.4% entre 2000-2004.

Los datos anteriores demuestran claramente que los recursos financieros a disposición del gobierno del estado han aumentado constantemente en las últimas décadas; así, por ejemplo, al estallar el levantamiento zapatista (1994) los ingresos estatales se duplicaron en un solo año, y en los años siguientes continuaron aumentando. La respuesta del gobierno federal frente a la rebelión indígena fue un masivo envío de dinero público, que ha transformado a Chiapas en uno de los estados más fuertemente subsidiados de la federación (véase cuadro 7).

Podemos comprobar la magnitud de estos subsidios en 2006 (el último año para el cual tenemos todos los datos necesarios para el cómputo) al analizar la fuente de los ingresos estatales y descomponiéndolos entre ingresos propios, participaciones y aportaciones federales. El cuadro 7 (última columna) resume las transferencias federales a cada estado al neto de los impuestos pagados por los mismos estados a la federación, lo que puede considerarse como una primera aproximación al nivel de los subsidios recibidos por cada entidad.18 De acuerdo con estos datos, Chiapas resulta ser la segunda entidad más beneficiada del país, apenas superada por Tabasco;19 siguen en la clasificación otros dos estados del sureste: Oaxaca y Guerrero.

Es decir, pese a que el estado se ha beneficiado de un masivo y creciente envío de dinero por parte del gobierno central, sobre todo a partir de 1994, no se ha logrado detener el deterioro estructural de su economía y la consecuencia ha sido un éxodo creciente de su población hacia Estados Unidos.

 

Emigración en Chiapas

En los últimos años, Chiapas se ha convertido en un estado expulsor de mano de obra de baja productividad,20 dispuesta a trabajar en condiciones de explotación en la zona industrial maquiladora del norte del país o a arriesgar la vida en el cruce de la frontera para entregar su fuerza de trabajo en el sector agropecuario, la construcción o los servicios de baja productividad en Estados Unidos. Frente a este escenario económico, que no ofrece perspectivas de mejoría en el corto-mediano plazo, una parte creciente de la PEA (en particular las jóvenes generaciones21) busca en otros lugares del país o fuera de él las posibilidades de trabajo que le son negadas en su lugar de origen.

Una interesante paradoja es que estos emigrantes, que son las principales víctimas del modelo económico neoliberal, se han convertido en su máximo soporte. Gracias a las remesas que envían, el desequilibrio de la cuenta corriente queda dentro de límites tolerables, lo que permite el mantenimiento del modelo, al punto que en los próximos años es muy probable que se lleven a cabo reformas estructurales de tercera generación que harían aún más extremo el carácter dual de la economía mexicana.

El modelo neoliberal aplicado en México es funcional a los intereses del capital financiero, de las industrias maquiladoras y de los productores estadounidenses que se benefician de la mano de obra barata dispuesta a trabajar en condiciones de alta explotación, pero anula cualquier perspectiva de desarrollo en el sector "de subsistencia" y en las zonas pobres, donde es necesario estimular un proceso de acumulación, toda vez que actualmente dicho proceso se encuentra en niveles de reproducción simple y, por lo mismo, estancado. Ni la constante inversión de recursos públicos, ni el menos importante flujo de remesas (gráfica 3) de los chiapanecos emigrantes, han logrado modificar este escenario.

Los siguientes datos muestran la evolución de las remesas en Chiapas y en el resto del país:22 es evidente que aunque el estado estuvo excluido del circuito migratorio internacional hasta finales de los años 90, se ha ido insertando plenamente después. Lo peculiar de la reciente emigración chiapaneca es que ha tenido un carácter explosivo. En efecto, hasta 2001 algunas tesis de doctorado todavía buscaban responder a la pregunta de por qué no emigraban los chiapanecos,23 mientras que ahora se analiza justamente lo contrario; al parecer, han decidido abandonar a los antropólogos que estudian hábitos de permanencia en las comunidades rurales de Chiapas.

Cuadro 8

Una consecuencia de la emigración es la reducción en términos absolutos de la PEA en el estado, contraria a la evolución demográfica y al comportamiento de la PEA en el ámbito nacional (gráfica 4). Mientras que en el periodo 2000-2006 la tasa de crecimiento de la población en Chiapas (1.61%) fue superior al promedio nacional (1.02%), su PEA disminuyó en términos absolutos.

Un indicador que revela la magnitud de esta emigración es la detención de chiapanecos por la patrulla fronteriza de Estados Unidos, acción que se ha incrementado en forma considerable a partir de 1998-1999 (inmediatamente después que el huracán Mitch azotara Chiapas). Hay que considerar que por ser un contingente de emigrantes emergentes y sin redes consolidadas, son objeto de mayores detenciones que el promedio y que un emigrante puede ser detenido varias veces por la patrulla fronteriza y que todas ellas son contabilizadas ya que, entre otros aspectos, la Encuesta migratoria de la frontera norte (EMIF-Norte)24 mide la circularidad de esta emigración. La detención de chiapanecos crece considerablemente (gráfica 5), lo cual representa una evidencia contundente de esta diáspora.

Otra prueba de la migración internacional en la entidad es la devolución de chiapanecos dentro de los programas de repatriación voluntaria. Por ejemplo, en 2004 tenemos que 1 203 de los 14 071 mexicanos repatriados eran chiapanecos, lo que representó 8.5% del total;25 lo mismo aconteció en 2006, cuando la mayoría de los más de 15 mil mexicanos repatriados pertenecieron a los estados de México, Chiapas, Oaxaca, Puebla y Veracruz.26

Además, entre 2005 y 2006, 17 389 chiapanecos obtuvieron matrículas consulares de alta seguridad en 46 estados de la Unión Americana y el Distrito de Columbia, lo que indica que se encuentran distribuidos a lo largo y ancho de aquel país, pues para estos años sólo en cuatro estados no había registro de chiapanecos a través de este documento.27 Sin embargo, el hecho de que no haya matrículas consulares no significa que no haya chiapanecos, pues según Truax28 hay chamulas hasta en Alaska.

En la mayoría de pueblos o ciudades de Chiapas abundan las oficinas de tijuaneros-puntos de la geografía chiapaneca con destino a Tijuana- que ofrecen viajes a esta ciudad fronteriza de Baja California; a Altar, a Agua Prieta y a Nogales, en Sonora29 o a otros puntos de la frontera norte que incluyen redes de "combis" o "camioncitos" que bajan pasaje de las montañas para alimentar a los tijuaneros, como ocurre en la Sierra Madre o Soconusco.

Una evidencia más de que Chiapas se incorpora entre los actores emergentes de la emigración internacional constituye el número de chiapanecos que mueren en Estados Unidos, cifra que consta en los registros de protección atendidos por la red consular de México en ese país, y que indica que el traslado de muertos crece y va alcanzando un perfil demográfico similar al peso del estado en la población de México (cuadro 9).

El número de personas que mueren tratando de cruzar la frontera corrobora la hipótesis de que los chiapanecos todavía no han logrado consolidar sus redes de apoyo a la migración, por lo que intentan el cruce por los caminos más riesgosos, como el desierto de Arizona (concretamente por Altar-el Sásabe-Tucson o Phoenix).

Cuadro 10

 

Conclusiones

La economía chiapaneca vive una crisis estructural sin precedentes, resultado del cambio desde un modelo agroexportador tradicional a uno neoliberal, con apertura a los mercados mundiales, sin la mediación del modelo ISI (Industrialización Sustitutiva de Importaciones). El neoliberalismo ha sido letal para los principales productos del campo de Chiapas: el maíz y el café, con resultados diferenciados de acuerdo con las características de cada una de las regiones de la entidad; sin embargo, la respuesta de la población ha sido la misma: una emigración masiva hacia algunas regiones con economías más dinámicas, como la Rivera Maya, la frontera norte o Estados Unidos.

Después del levantamiento zapatista en 1994, el Estado mexicano respondió con fuertes incrementos del gasto público, que sólo han conseguido gestionar la crisis sin poder resolverla. A pesar de las transferencias recibidas, la economía chiapaneca no ha dado signos de recuperación; todo lo contrario: la apertura del mercado y la crisis (combinada con ingresos monetarios crecientes provenientes del gasto público y las remesas) han orillado a buena parte de los sectores productivos a sesgarse hacia bienes no transables, mientras el consumo se orienta hacia bienes transables comprados de otras entidades o importados, lo que crea una disfunción entre producción y consumo. Se puede decir que la economía chiapaneca ha pasado de un modelo agroexportador a uno exportador de mano de obra.

Si bien la crisis del café fue la causa inicial de la migración, los desastres naturales han actuado como catalizadores del proceso migratorio chiapaneco, que a partir del 2000 se puede considerar como un éxodo. Aunque no es posible conocer exactamente el número de chiapanecos que se encuentran en Estados Unidos, la magnitud de esta migración puede estimarse a través de medios indirectos, como las remesas, las detenciones de la patrulla fronteriza, las matrículas consulares, la disminución de la PEA, la proliferación de líneas de autobuses que salen prácticamente de todos los tijuaneros o el número de chiapanecos muertos en el vecino del norte.

Nuestra apreciación es que sólo una intervención pública enfocada hacia una estrategia de desarrollo sustentable puede crear un escenario más favorable en Chiapas. En su ausencia, los envíos de dinero seguirán teniendo un impacto moderado sobre las condiciones de vida actuales de estas familias y sus perspectivas futuras, porque se han creado profundas disfunciones entre producción y consumo, al grado que el estado comienza a experimentar síntomas de enfermedad holandesa, con una contracción de los sectores transables a favor de los no transables. Hobarth30 y Puyana31 han llegado a calcular el índice de enfermedad holandesa en México a partir de la Norma de Chenery y sitúan a Chiapas dentro de los más altos del país.32

Aún más preocupante es que la economía chiapaneca mantiene su carácter dual y a pesar de una importante inyección de recursos foráneos no ha logrado desarrollar un sector capitalista. Por lo tanto, la crisis del sector agropecuario y las destrucciones provocadas por los huracanes Mitch (1998), Stan (2005), Juan de Grijalva (2007) han debilitado esas redes protectoras que garantizaban la sobrevivencia. En la región Sierra y Soconusco del estado de Chiapas, por ejemplo, los mencionados desastres y la disminución del precio del café han hecho incosteable esta actividad sin que se hayan generado alternativas. Consecuentemente, la emigración ha aumentado y en los últimos años los chiapanecos se han insertado en el canal migratorio que lleva a la frontera norte de México y de allí a Estados Unidos. La migración internacional hacia el norte, fenómeno casi desconocido en la entidad hasta hace una década, se ha convertido, sobre todo para los jóvenes, en una alternativa, a veces la única, ante la ausencia de perspectivas in situ.

Los recursos públicos y las remesas pueden sostener el crecimiento del PIB del estado a tasas ligeramente superiores al promedio nacional (lo que ocurre desde 1994), pero esto en el corto plazo; en el mediano y largo plazos pueden condenar a Chiapas a tener un crecimiento "bonsai" por el estancamiento de los sectores productivos.

 

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Notas

1 El modelo de Lewis también puede utilizarse como base teórica para analizar el efecto de la apertura económica sobre las economías dualistas, es decir, aquellas en vía de desarrollo en las que existe un sector competitivo capitalista y otro "de subsistencia" con muy bajos índices de productividad e ingresos. El autor mostró la tendencia a la divergencia entre los dos sectores cuando la economía se abre al comercio, y aclaró el origen de las fuerzas que explican este fenómeno. William Arthur Lewis, "El desarrollo económico con oferta ilimitada de trabajo", en A. N. Agarwala y J. P. Singh (eds.), La economía del subdesarrollo, 2a ed., Madrid, Tecnos, 1973 (Colección de Ciencias Sociales.)

2 Octavio Rodríguez Araujo, El estructuralismo latinoamericano, México, Siglo Veintiuno Editores, 2006, p. 55.

3 Según datos oficiales referidos a 2005, 47% de la población de Chiapas vive en condiciones de pobreza alimentaria, 55.9% en pobreza de capacidades y 75.7 en pobreza de patrimonio, mientras en el ámbito nacional estos datos son 18.2, 24.7 y 47%, respectivamente. Vid. Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, "Mapas de pobreza en México", México, CONEVAL , 2007, en http://www.coneval.gob.mx/mapas.

4 Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Informe de Desarrollo Humano México 2002, México, Mundi-Prensa, 2003; Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Informe sobre Desarrollo Humano México 2004, México, Mundi-Prensa, 2005.

5 Consejo Nacional de Población, Índices de marginación 2005, México, CONAPO, 2006.

6 Vid., Instituto de Geografía Estadística e Informática (INEGI), Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), Encuesta Nacional de Educación y Empleo, ENOE, 2007, México, INEGI, STPS, 2007, en http://www.inegi.gob.mx/prod_serv/contenidos/espanol/bvinegi/productos/ encuestas/hogares/enoe/enoe2007/Enoe2007.pdf.

7 Idem.

8 Índice calculado con base en datos del INEGI para el PIB y la ENOE para la población ocupada en el sector agropecuario. No hay datos más recientes del PIB.

9 El fuerte aumento de la migración internacional en Chiapas en la primera década del siglo XX, seguramente contribuye a explicar esta reducción en la población ocupada que declara no recibir ingresos por dos razones: 1) las remesas son parte de los ingresos que declaran recibir los entrevistados y 2) una parte importante de los emigrantes chiapanecos son campesinos pobres que eran empleados en la economía de subsistencia.

10 El periodo 1975-1980 tuvo un coeficiente de especialización en el sector secundario porque Chiapas fue importante productor de petróleo en el contexto nacional.

11 Las políticas nacionales de reducción del crédito bancario, de restricción monetaria y el mantenimiento de una tasa de cambio fija y sobrevaluada, han contribuido a aumentar las dificultades de los productores del sector capitalista.

12 Este punto necesita una explicación mayor, que no resulta posible en este artículo. Sin embargo, cabe aclarar que la producción de energéticos (petróleo, gas y electricidad) ha sido muy importante en Chiapas a partir de la mitad de los años 70 y a lo largo de la década siguiente. La extracción de petróleo ha disminuido fuertemente, mientras sigue siendo relevante la de energía eléctrica y de gas. Esta rama no tiene un impacto importante sobre la economía chiapaneca por las siguientes razones: 1) estos recursos vienen explotados por empresas paraestatales (Petróleos Mexicanos -PEMEX - y Comisión Federal de Electricidad -CFE), son captados vía impuestos y otras formas de recaudación por las finanzas centrales; 2) la mano de obra especializada (técnicos, ingenieros) no es local, sino importada de otros estados (Tabasco, D.F.), por lo que sus remuneraciones se transfieren en buena medida a los lugares de origen; 3) no se genera localmente un efecto multiplicador, porque los salarios son enviados a los lugares de proveniencia de los trabajadores y no se gastan en Chiapas. Esto significa que no existe una correspondencia entre el valor de la producción energética en la entidad y los ingresos equivalentes, porque gran parte los recursos que genera esta producción son captados por las finanzas centrales, transfiriéndose los salarios que se pagan a otras entidades. Por ninguna vía hay un aumento real de la DA en la entidad, lo cual significa que el PIB, incluyendo los energéticos, sobreestima el ingreso disponible real de la entidad. Restando al PIB de Chiapas la producción energética, obtenemos un indicador más confiable del bienestar económico del estado.

13 William I. Robinson, "Transnational Processes, Development Studies and Changing Social Hierarchies in the World System: A Central America Case Study", en Third World Quarterly, vol. 22, núm. 4, 2001, pp. 525-569.

14 Las cuatro épocas históricas mencionadas por el autor son el mercantilismo, la primera revolución industrial, el capitalismo monopólico y la globalización transnacional actual.

15 Si bien la maquila no se ha establecido en Chiapas como en otras zonas de Centroamérica, sí han aumentado desde el estado los flujos migratorios hacia la zona maquiladora del norte del país. El capital transnacional es el que relocaliza la fuerza de trabajo, donde la necesita y como la necesita.

16 Alejandro I. Canales Cerón, "La inserción laboral de los migrantes mexicanos en la nueva economía de los Estados Unidos", en Jesús Arroyo Alejandre, Alejandro et al. (comps), El norte de todos. Migración y trabajo en tiempos de globalización, México, Universidad de Guadalajara/UCLA Program on Mexico/Profmex/Juan Pablos Editor, 2002, pp. 87-140.

17 Aportaciones y participaciones representan casi la totalidad de los recursos transferidos desde el gobierno central a las entidades. Las aportaciones son transferencias condicionadas, actualmente reunidas en el Ramo 33, e incluyen siete fondos, los principales son el FAEBN (Fondo de Aportaciones para la Educación Básica, que en 2005 era 60.8% del total), el FASSA (Fondo para los Servicios de Salud), el FORTAMUND (Fondo para el Fortalecimiento de los Municipios) y el FAIS (Fondo para Infraestructura Social). Las participaciones (Ramo 28) se forman con 20% de la recaudación federal participable (RFP), que a su vez está compuesta por los impuestos federales y los derechos (por extracción de petróleo y minería) al neto de las devoluciones a los estados. Este fondo se transfiere a las entidades con base en tres criterios: la población de la entidad, los impuestos recaudados en cada entidad y en proporción inversa a las participaciones por habitante en la entidad. A diferencia de las aportaciones, estas transferencias no son etiquetadas y pueden ser utilizadas a discreción de los gobiernos estatales.

18 No pretendemos afirmar que el análisis de estos indicadores sea suficiente para determinar el nivel de subsidio que cada entidad recibe por parte de la federación. Sería necesario considerar el gasto público federal que llega a los estados para obtener una visión más precisa de las relaciones económicas entre el gobierno central y las entidades, como los pagos realizados en el sector salud e instrucción, los programas de lucha a la pobreza, los subsidios al campo, etcétera. Un análisis más completo de la transferencia neta de recursos federales a Chiapas no es posible en este trabajo, sin embargo, consideramos que sería una investigación interesante y necesaria.

19 En el caso de Tabasco es necesario considerar la extracción de petróleo, que determina una transferencia importante hacia la federación y reduce el índice de subsidio de la entidad.

20 En Chiapas el grado de escolaridad promedio alcanzado en 2007 por los migrantes de 15 a 29 años de edad es de 5.6 grados, el más bajo del país, y 80.8% no ha terminado la educación básica, 15.8% con educación básica y sólo 3.4% con educación media o superior. En contrapartida, en el ámbito nacional el promedio de escolaridad es de 7.2 grados y los indicadores son de 60.2% sin educación básica, 32.7% con básica terminada y 7.1% con media superior y superior. Vid. Jessica Nájera Aguirre, "Exclusión social y vulnerabilidad educativa en la migración laboral de jóvenes chiapanecos a los Estados Unidos de América", ponencia presentada en el Primer Congreso Internacional sobre Pobreza, Migración y Desarrollo, llevado a cabo en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, del 22 al 24 de abril de 2009.

21 El 66% de los desplazamientos de migrantes chiapanecos hacia Estados Unidos tiene entre 15 y 29 años de edad. Idem. En trabajo de campo en la Sierra, en la Costa y en el Soconusco se han encontrado evidencias que nos indican que los jóvenes alimentan los circuitos migratorios de chiapanecos a Estados Unidos y la edad promedio es de 25.97 años. Vid. Héctor Escobar, Bruno Sovilla y Jorge López Arévalo, "Pobreza, desastres naturales y migración en la regiones Istmo-Costa, Sierra y Soconusco de Chiapas", en Observatorio de la Economía Latinoamericana, núm. 70, noviembre de 2006, en http://www.eumed.net/cursecon/ecolat/index.htm.

22 Tuirán, Santibáñez y Corona consideran excesivo el monto de las remesas oficialmente registrado por el Banco de México y citan, como ejemplo de dicha sobreestimación, el caso de Chiapas donde esos envíos han llegado a ser de 655.3 millones de dólares en 2005. No objetan el monto de dinero que entró sino la metodología con que éste se determinó, ya que creen que esas remesas pueden esconder lavado de dinero. Sin embargo, el estudio considera las cifras migratorias del censo de 2000 y las comparan con el dato de las remesas de 2005, lo que provoca una distorsión importante, ya que la intensificación de la emigración en Chiapas tuvo lugar a partir de 2000 (principalmente en las regiones Sierra y Soconusco), como reacción a la destrucción de los medios de vida provocada por el huracán Mitch a fines de 1998. Si la evaluación de las remesas se hace en 2005, pero con base en la migración de 2000, el dato de las remesas por hogar parece incongruente, lo que reflejaría una subestimación de los flujos migratorios y no necesariamente una sobreestimación de las remesas. Vid. Rodolfo Tuirán, Jorge Santibáñez y Rodolfo Corona, "El monto de las remesas familiares: ¿mito o realidad?, en Papeles de Población, núm. 50, 2006, pp.147-161.

23 Jennifer Lynn Balkan, "Why Not Migrate? A Case Study of Two Rural Villages in Chiapas", México, Austin, Universidad de Texas, 2001 (tesis de doctorado).

24 Consejo Nacional de Población, El Colegio de la Frontera Norte, Secretaría del Trabajo y Previsión Social, Encuesta migratoria de la frontera norte, Tijuana, CONAPO, COLEF, STPS, 1993-2009.

25 Secretaría de Relaciones Exteriores, Instituto Nacional de Migración, Reporte del Programa piloto de repatriación voluntaria al interior 2005 (12 de julio de 2004-30 de septiembre 2004), México, SRE, SEGOB, INM, 2005.

26 Secretaría de Gobernación, Boletín de prensa, 8 de julio de 2007.

27 Secretaría de Relaciones Exteriores, "Matrículas consulares de alta seguridad", base de datos, 2007.

28 Eileen Truax, "La esperanza se llama El Sásabe", en La Opinión, 26 de junio de 2006, en http://www.laopinion.com/primerapagina/?rkey=00000000000000233200.

29 Daniel Villafuerte Solís y María del Carmen García Aguilar, "Crisis rural y migraciones en Chiapas", en Migración y Desarrollo, núm. 6, primer semestre de 2006, pp. 102-130.

30 Jorge Enrique Hobarth Corredor, "Desequilibrio regional y efectos en el mercado de trabajo: educación, empleo e ingreso en México", en Revista Economía y Desarrollo, vol. 3, núm. 2, septiembre de 2004, pp. 53-79.

31 Alicia Puyana Mutis, "El petróleo en el esquema de integración de Norteamérica", en John Bailey (coord.), Impactos del TLC en México y Estados Unidos. Efectos subregionales del comercio y la integración económica, México, FLACSO/Universidad de Georgetown/M. A. Porrúa, 2003 (Las Ciencias Sociales. Segunda Década).

32 La Norma de Chenery, como está planteada, no es aplicable en buena medida al caso de la agricultura de Chiapas, pues mucha de ella es de autoconsumo o tiene como destino los mercados locales y la dieta popular, es decir, son productos no transables. Tal como sugiere el modelo de enfermedad holandesa, a partir de 1995 este segmento de la agricultura se expandió a mayor ritmo que el sector en conjunto, siendo los no transables, como el maíz de economía campesina de autoconsumo, que en mayor medida explican este comportamiento. En economías como la chiapaneca, la producción campesina de alimentos juega un papel importante, en términos macroeconómicos, por su alta participación en la producción y en la canasta básica. En una perspectiva microeconómica, tiene una demanda inelástica y pocas posibilidades de sustitución. El carácter perecedero de muchos productos, y las deficiencias en la comercialización, limitan su capacidad de respuesta a los cambios en la demanda o en los precios relativos. Por la bajísima elasticidad precio de la demanda, una expansión de la oferta vía producción o importaciones deprime los precios, reduce los ingresos y deteriora las condiciones de vida de la población rural, en donde se presentan los mayores niveles de pobreza. Vid. A. Puyana Mutis, "Riqueza petrolera, políticas macroeconómicas y pobreza rural en Colombia", en Alicia Ziccardi (comp.), Pobreza, desigualdad socialy ciudadanía. Los límites de las políticas sociales en América Latina, Buenos Aires, CLACSO, 2001, pp. 167-197; Jorge López, Gregorio Ballinas y Bruno Sovilla, "Crisis del maíz y flujos migratorios en la región frailesca de Chiapas", ponencia presentada en la XIII Reunión Internacional La Frontera. Una nueva concepción cultural, llevada a cabo en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, del 4 al 6 de marzo de 2009.

 

Información sobre los autores

Jorge Alberto López Arévalo. Economista. Doctor en economía por la Universidad de Santiago de Compostela, España. Ha sido profesor visitante en diversas universidades españolas. Fue ganador de la cátedra Tomás de Mercado 2009-2010 de la Universidad de Salamanca. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel 1, así como del comité editorial de Revista de Economía de la Universidad Autónoma de Yucatán. Actualmente es profesor de tiempo completo de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH) y el líder del Cuerpo Académico de Estudios Interdisciplinarios en Ciencias Sociales de esta misma casa de estudios. Entre sus más recientes publicaciones se encuentran Globalización, migración y economía chiapaneca (en coautoría, 2009) y La globalización neoliberal en Chiapas (2007). jalachis@hotmail.com.

Bruno Sovilla Sogne. Economista. Candidato a doctor por la Universidad Complutense de Madrid, España. Ha colaborado con varias universidades como la de La Habana, Cuba, la Universidad de Trento, Italia, y la Escuela italiana de Addis Abeba, Ethiopia. Actualmente es profesor de tiempo completo de la UNACH de donde también es miembro del Cuerpo Académico de Estudios Interdisciplinarios en Ciencias Sociales. Ha publicado diversos artículos en revistas nacionales, entre ellos: "El estado actual de la ciencia económica y las mentiras inocentes" (coautor, 2009), "Pobreza, desastres naturales y migración en la regiones Istmo-Costa, Sierra y Soconusco de Chiapas" (coautor, 2006). brunosov@yahoo.it.

Héctor Escobar Rosas. Sociólogo. Maestro en planeación metropolitana por la Universidad Autónoma Metropolitana, plantel Azcapotzalco y candidato a doctor en diseño por esta misma institución. Ha sido responsable de investigaciones financiadas por el CONACYT, el SIBEJ y el SIINV-UNACH (Sistema de Investigación de la UNACH). Sus áreas de estudio son migración y pobreza en Chiapas, procesos socio-territoriales y gestión popular urbana. Pertenece a la Red Nacional de Investigación Urbana (RNIU). Actualmente se desempeña como profesor de tiempo completo en la UNACH. escobar_her@hotmail.com.

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