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Investigación económica

versão impressa ISSN 0185-1667

Inv. Econ vol.70 no.278 México out./dez. 2011

 

Introducción editorial*

 

Medio ambiente, desigualdad y economía: la situación mexicana

 

Los economistas nacionales y extranjeros continúan prestando atención al estado de la economía mexicana, poniendo especial atención en el magro desempeño económico de las últimas décadas (Mántey 2011; Moreno–Brid y Ros 2009; Sánchez Juárez 2011; Hanson 2010; Kehoe and Ruhl 2010). El misterio pareciera ser porqué a pesar de las radicales reformas inspiradas en el Consenso de Washington, la tasa de crecimiento económico en México ha sido anémica. La evidencia es mixta; parece que justo cuando las reformas deberían haber empezado a producir los efectos esperados, China fue aceptada en la Organización Mundial del Comercio (OMC). En perjuicio de México, China se convirtió en un importante exportador de los mismos bienes que habían conformado la base de la estructura exportadora de México. En contraste, otros países latinoamericanos exportan minerales, productos agrícolas y otras materias primas a China, de modo que se han beneficiado a medida que la economía china ha florecido (Hanson 2010). Una ironía adicional es que México podría estar sufriendo por su cercanía a la economía estadounidense. La maldición geográfica sugiere que un fácil acceso a un mercado amplio y desarrollado y teniendo bajos costos de transporte, las manufacturas mexicanas han estado protegidas contra la competencia intensa de las mercancías provenientes de naciones exportadoras alejadas de Estados Unidos. La economía mexicana ha sido –se ha dado el lujo de ser– negligente e ineficiente. Así, cuando China realizó las reformas necesarias para obtener el acceso a la OMC rápidamente se convirtió en una gran fuente de importaciones estadounidenses y los proveedores mexicanos quedaron atrapados en una trampa de productividad.

El consenso parece ser que los modelos ordinarios de comercio internacional no sugieren que un incremento del comercio necesariamente sea positivo para la productividad, ni que estimule el crecimiento del producto interno bruto (PIB) real –aunque se dice que el comercio provoca un aumento del bienestar. Kehoe y Ruhl sugieren que las reformas de mediados de los años 1980 fueron beneficiosas ya que "[...] el bienestar se incrementó más que el pib en México [...]" (Kehoe y Ruhl 2010:1007).

La cuestión del bienestar, a pesar de un crecimiento exiguo, nos lleva al problema de la desigualdad. Específicamente ¿cómo se mide el grado de bienestar y, por tanto, cómo podemos estar tan seguros de que el bienestar se ha incrementado? Hanson (2010), por ejemplo, llama la atención sobre las importantes fallas en la arquitectura institucional de la economía mexicana. Por ejemplo, la oferta de crédito al sector privado en México es particularmente baja –menos de 18% del pib. En este aspecto, México presenta una situación similar a la de Argentina y Venezuela, pero está por debajo de Colombia y Perú. La razón crédito al sector privado/piB de México es sólo la mitad de la de Brasil. Las reformas financieras han incrementado los préstamos hipotecarios y para la compra de automóviles pero han tenido un escaso efecto para estimular el crédito comercial, que es donde podrían crearse puestos de trabajo. Los pequeños empresarios en particular son los que tienen más restricciones para acceder al crédito (Hanson 2010). McKenzie y Woodruff reportan que la tasa de retorno sobre capital se encuentra en un rango de 20–32 por ciento mensual –es decir, 5 a 6 veces por encima de la tasa de interés de mercado (McKenzie y Woodruff, 2008). Estas tasas son posibles sólo porque las pequeñas empresas no tienen acceso al crédito. Podríamos mencionar muchos ejemplos de oportunidades económicas sofocadas.

La pregunta relevante es si un mayor crecimiento de la economía mexicana durante los últimos años hubiera reducido el nivel de desigualdad. Si bien esta es una pregunta sin una clara respuesta, se puede afirmar que no existe una relación lineal entre el crecimiento económico y el nivel de desigualdad social. Más aún, en ciertas circunstancias el crecimiento económico podría provocar polarización en la distribución del ingreso, el agotamiento de los recursos naturales y el deterioro del medio ambiente.

En el presente número de Investigación Económica ofrecemos un conjunto de trabajos sobre desigualdad y desarrollo ambiental y socioeconómico porque consideramos que se ha prestado poca atención al tema de la desigualdad en México. En el mismo sentido, hay pocos estudios que analicen el nexo existente entre los temas de desigualdad con los problemas del medio ambiente.

El trabajo de López–Feldman, Taylor yYúnez–Naude presenta evidencia de que en el sector rural mexicano la extracción de recursos naturales –y la dependencia de los hogares de dichas actividades– es una actividad realizada principalmente por hogares pobres. El ingreso de éstos originado en recursos naturales representa en promedio 16% del ingreso total del quintil más pobre de la población rural, pero solamente 1% del correspondiente al quintil más rico. Es decir, la desigualdad en la distribución de la riqueza al nivel de municipios está positiva y significativamente correlacionada con la participación y la dependencia de los recursos naturales. Por tanto, mientras que en el sector rural mexicano la extracción de recursos es una actividad llevada adelante por hogares pobres, y éstos dependen más de los recursos naturales como fuente de ingreso, cuando un hogar rico extrae recursos naturales el ingreso resultante de esa actividad es considerablemente mayor que el obtenido por un hogar pobre. El ingreso promedio proveniente de recursos naturales de un hogar pobre representa sólo 55% de lo que un hogar rico obtiene de la misma actividad.

Existen marcadas diferencias en México en términos de participación y dependencia sobre los ingresos generados por los recursos naturales. Estas diferencias son más evidentes cuando se compara la situación en el norte con la del sur del país. En el sur se encuentran mayores tasas de participación, y los hogares presentan una dependencia mayor de los ingresos generados a partir de recursos naturales en el sur que en el norte. Estas diferencias seguramente reflejan la variación geográfica de los recursos disponibles de expropiación, así como las menores posibilidades de empleo no rural en el sur del país. La región sur–sureste tiene la tasa de participación más alta, con casi 90% de los hogares pobres vinculados en actividades relacionadas con la explotación de recursos naturales, mientras que la región noroeste presenta la menor tasa (18%).

Armando Sánchez, Carlos Gay y Francisco Estrada utilizan herramientas microeconométricas y encuestas a hogares para estimar el impacto económico del cambio climático sobre los hogares más pobres de la Ciudad de México. El trabajo propone una guía para las políticas públicas con miras a confrontar los efectos negativos del cambio climático al nivel de los hogares. Los resultados empíricos muestran que los habitantes de importantes áreas de la Ciudad México se verán afectados de forma severa por los choques generados por el cambio climático, es decir: la disminución de la oferta de agua, el ingreso disponible y la proporción de ingreso disponible para alimentos. Los autores encuentran que los choques generados por el cambio climático perjudicarán las condiciones de salud de los habitantes, lo que provocará movimientos migratorios.

Utilizando un modelo estructural de corrección de errores (SVEC) y datos trimestrales para el periodo 1993–2010, Lanteri analiza los choques macroeconómicos sobre la agricultura en la economía argentina; el autor identifica una serie de choques estructurales que surgen, principalmente, del lado de la oferta.

El trabajo de Alix–Garcia analiza las causas de la desigualdad en las tierras de propiedad comunal en México (llamadas ejidos). La autora identifica dos indicadores de la desigualdad: (1) la distribución de tierras en la época de la Reforma Agraria y (2) el número de cabezas de ganado por hogar en 2002. La autora encuentra que ambas medidas están altamente correlacionadas con otros indicadores del ingreso y que el primero (tenencia de la tierra) determina de forma significativa al segundo (número de cabezas de ganado por hogar). Las implicaciones parecieran ser una persistencia de la desigualdad en el tiempo. En el artículo se utilizan datos de encuestas realizadas en 406 ejidos y comunidades (municipios de propiedad comunal) para evaluar cómo, por una parte, una alta densidad poblacional durante los periodos pre–colonial y de la Reforma Agraria y, por otra, las características geográficas determinaron la división de la tierra en el momento de creación de los ejidos; y cómo esas características mantienen sus efectos en la distribución de la riqueza actual. La autora analiza la desigualdad en la tenencia de la tierra y muestra que es mayor entre ejidos que dentro de los ejidos; sucede justo lo contrario con el ganado. Sin embargo, en los ejidos ambos indicadores de desigualdad son similares. El trabajo identifica que la población pre–colonial, la fecha de creación del ejido y las características geográficas tienen un efecto significativo sobre la distribución de la tierra dentro de cada ejido y entre los mismos. A su vez, los datos muestran que los ejidos originados en los comienzos de la reforma agraria tienen menor extensión, aunque la antigüedad no es un factor significativo para explicar la distribución del ganado entre ejidos. Por otro lado, los ejidos más antiguos presentan una distribución desigual del ganado.

Pagliari, Bucciarelli y Alessi discuten la influencia de Adam Smith en el pensamiento moral y económico de Amartya Sen. Siguiendo las ideas de Smith y Sen los autores redefinen el concepto de globalización y argumentan que una división global del trabajo "puede ser un instrumento potencial de promoción del desarrollo socio–económico". Por supuesto, lo anterior exigiría que los agentes participantes respetasen reglas éticas apropiadas y que exista un sistema regulador adecuado que vele por su cumplimiento a nivel internacional.

Esperamos que estos artículos estimulen aún más la ulterior investigación sobre desigualdad y medio ambiente en México.

 

Daniel W. Bromley
Editor invitado, número 278
University of Wisconsin-Madison
Humboldt University-Berlin.

Ignacio Perrotini Hernández
Director- Editor, Investigación Económica
Universidad Nacional Autónoma de México

 

Referencias

Hanson, G.H., "Why isn't Mexico rich?", Journal of Economic Literature, vol. 48(4), 2010, pp. 987–1004.         [ Links ]

Kehoe, T.J. y K.J. Ruhl, "Why have economic reforms in Mexico not generated growth?" Journal of Economic Literature, vol. 48(4), 2010, pp. 1005–1027.         [ Links ]

Mántey, G., "La política de tasa de interés interbancaria y la inflación en México", Investigación Económica, vol. LXX, núm. 277, julio–septiembre, 2011, pp. 37–68.         [ Links ]

McKenzie, D. y Ch. Woodruff, "Experimental evidence on returns to capital and access to finance in Mexico", World Bank Economic Review, vol. 22(3), 2008, pp. 457–482.         [ Links ]

Moreno–Brid, J.C. y J. Ros, Development and Growth in the Mexican Economy, Oxford, Oxford University Press, 2009.         [ Links ]

Sánchez Juárez, I.L., "Estancamiento económico en México, manufacturas y rendimientos crecientes: un enfoque kaldoriano", Investigación Económica, vol. LXX, núm. 277, julio–septiembre, 2011, pp. 87–126.         [ Links ]

 

Nota

* Traducción del inglés de Santiago Capraro.