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Investigación económica

versión impresa ISSN 0185-1667

Inv. Econ vol.69 no.272 México abr./jun. 2010

 

Habrá una tercera burbuja que provocará una crisis de consecuencias mayores (Entrevista de Miguel Ángel Jiménez González)

 

Robert Boyer*

 

* Paris–Jourdan Sciences Economiques (PSE) y Centre pour la Recherche Economique et ses Applications (CEPREMAP–ENS), robert.boyer@pse.ens.fr.

 

Robert Boyer, economista francés, fue director de investigaciones del Centre pour la Recherche Economique et ses Applications del Centre National de la Recherche Scientifique (CEPREMAP–CNRS) y director de estudios en la L–École des Hautes Études en Sciencies Sociales (EHESS) hasta 2008. Fue invitado por el Posgrado de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) a impartir el seminario "La modelización de la macroeconomía desde el enfoque regulacionista" durante febrero 11–junio 24 de 2009. Ahí discutió el papel del Estado, la reconfiguración de las relaciones laborales, la conformación de una nueva geopolítica, la actual naturaleza de la crisis, las políticas económicas, los alcances y limitaciones del uso de las matemáticas en la economía, la utilidad de ciertos modelos económicos, la relación de la teoría de la regulación con la teoría marxista y el keynesianismo, el modelo social antropogenético y la conceptualización de las instituciones.

Miguel Ángel Jiménez González (M.A.J.G.): La escuela de la Regulación de la que usted es un destacado exponente, propone una visión de las instituciones diferente y alternativa a la de la economía ortodoxa; analiza las instituciones desde una perspectiva histórica y destaca que tienen su origen en las relaciones sociales y en los conflictos que resultan de ellas, ubicando a la moneda y a la relación salarial como las instituciones principales. No hay una configuración institucional única que sea la mejor. La teoría de la regulación ha superado la etapa de formación con más de treinta años de investigación, 100 investigadores a nivel mundial, más de 1 000 artículos y quizás docenas de libros; por otro lado, conforme avanzamos en la investigación del capitalismo, siempre hay algo nuevo que conocer de un sistema que constantemente se transforma y complejiza sus problemas y sus crisis. Así, la crisis actual es la más compleja de todas las crisis capitalistas, por lo que usted tiene razón cuando afirma que la teoría de la regulación no es una teoría plenamente construida.

Robert Boyer (R.B.): Sí, por dos razones: (i) comenzamos con el análisis de la macroeconomía, en una perspectiva histórica; hoy buscamos una microeconomía y una economía política, con lo que logramos una visión integral, y (ii) permanentemente introducimos nuevos datos que enriquecen la teoría, contrario a los neoclásicos que piensan que tienen la teoría perfecta y que no hay más que decir, no toman en cuenta el tiempo histórico y la diversidad entre países, cosa que nosotros sí incluimos y por eso nunca tendremos una teoría totalmente terminada. Esto quizás nos quede aún más claro si observamos el desarrollo de la física como una teoría que tiene ramas terminadas como la mecánica clásica y otras como la física estadística que sigue desarrollándose, por lo que bien podríamos decir que su configuración actual es intermedia con muchos resultados y nuevos problemas. En circunstancia similar la teoría de la regulación está obligada a desarrollar nuevos conceptos. Algunos creen que de la teoría derivan explicaciones sencillas. Para la teoría de la regulación por el contrario hay una etapa intermedia que está lejos de pretender constituirse en una teoría equivalente a la de Marx, pues busca hacerse de los conceptos que permitan entender, y es que algunos economistas son alumnos idealistas de Platón, piensan que la teoría es de una sola forma y se acabó, posición insostenible en una sociedad en permanente cambio, proceso que como tal siempre va adelante de los conceptos utilizados por los investigadores, por lo tanto la idea de una teoría terminada es insostenible en las ciencias sociales y mi punto de vista es que la economía no es pura matemática, no es únicamente un enfoque estadístico, sino una ciencia social.

M.A.J.G.: Esto quiere decir que la teoría de la regulación está constantemente en evolución. En tal circunstancia ¿cuáles son las categorías, modelos económicos o análisis de la realidad concreta que se destacan como aportación de la escuela de la Regulación y por qué?

R.B.: En primer lugar veamos las categorías. Hemos creado el concepto 'forma institucional' que es la codificación de relaciones sociales básicas elaborada a un nivel intermedio, al respecto tenemos cinco formas institucionales; después hemos generalizado los esquemas de reproducción de Marx con el concepto de 'régimen de acumulación' que es la compatibilidad del marco de acumulación; luego hemos inventado el concepto 'modo de regulación' en el cual los agentes empíricos, sin conocer nada del régimen de acumulación, actúan utilizando la información que le proporcionan las formas institucionales y los mercados; un cuarto concepto se relaciona con la distinción entre 'pequeñas y grandes crisis', importante para el análisis de la actual crisis, la cual algunos analistas creen que es un ciclo típico un poco ampliado, confundiendo así crisis cíclicas y crisis estructurales; otros dicen que es la repetición de lo sucedido en los años treinta. Todos ellos no entienden la naturaleza de una economía capitalista y el significado del fin de un periodo específico de acumulación con financiarización expresado en crisis.

La teoría de la regulación aporta instrumentos de análisis que permiten detectar en tiempo real si estamos ante una crisis cíclica o ante una gran crisis, a diferencia de otros académicos que pasan del optimismo al pesimismo sin ningún criterio claro.

Nuestras más recientes aportaciones son el uso de los conceptos de 'jerarquía' y 'complementariedad institucional', útiles para entender lo que hace coherente al modo de regulación, y la creación del concepto 'endometabolismo' que nos explica que en el sistema capitalista no hay equilibrio, sino que permanentemente hay movimientos de desestabilización, contradicciones y conflictos, y que en el largo plazo, dos o tres décadas, cambian las formas institucionales de tal modo que los regímenes de acumulación pueden entrar en una crisis estructural. Todos esos conceptos que hemos creado conjuntamente con nuestros colegas estadounidenses de la Social Structure of Accumulation, en primer lugar permitió analizar la realidad y comprender que la crisis de los años treinta no fue un error de política monetaria, ni tampoco la falta del tratado de Versailles y las trayectorias incompatibles entre Francia y Alemania, sino más bien una contradicción mayor de la acumulación intensiva sin el compromiso salarial fordista, interpretación que nos separa de los keynesianos y monetaristas, para quienes la crisis de los años treinta se debió únicamente a fallas de políticas económicas.

Una segunda aportación es el análisis del fordismo que apareció después de la Segunda Guerra Mundial y que algunos analistas tipifican como una pura recuperación del estancamiento anterior, cuando más bien se trató de una etapa histórica totalmente nueva, donde a diferencia de los marxistas consideramos que los trabajadores tenían el liderazgo en la organización de las formas institucionales. Esto no fue cualquier cosa, sino más bien un cambio que antes no se había visto y que contó con un ambiente de desconfianza total hacia los capitalistas financieros que dominaban la política económica entre las dos guerras mundiales, una catarsis social provocada por la Segunda Guerra Mundial que condujo a alianzas entre las fuerzas políticas para acoplarse a nuevas formas institucionales.

Nuestra tercera contribución es que afirmamos que el fordismo concluyó a finales de los años sesenta, mientras que los keynesianos dicen "¡oh no!, son las consecuencias de la victoria ideológica de Milton Friedman, muy diferente sería si nosotros tuviéramos el liderazgo en los gobiernos, habría solución". Indudablemente, los hechos no les dan la razón; por ejemplo, en Francia en 1981 al ganar la izquierda con François Mitterrand se produjo una gran reactivación keynesiana con un aumento del gasto público de casi 35%, sin que ello incidiera en el crecimiento económico nacional, pues todo se fue a Alemania y resultó fácil argüir que faltó mano dura del keynesianismo, cuando que más bien era el agotamiento del fordismo.

La cuarta contribución es que desde 1997 afirmamos que fracasaría el modelo de acumulación con financiarización, el cual fracasó con la burbuja del Internet en 2001 y hoy vuelve a hacerlo por segunda vez y pronostico que habrá una tercera burbuja que llevará al fracaso definitivo de ese modelo con financiarización. Y es que todos los esfuerzos de Estados Unidos están encaminados a recuperar el crecimiento del crédito que propiciará una nueva burbuja. Considero que la crisis será duradera si no se racionalizan los bancos y se da una solución global de recomposición, por lo que la tercera crisis que estoy pronosticando será devastadora. Debemos tener la fuerza política necesaria para enfrentarla. Como se puede ver en cada uno de esos puntos nos distanciamos de los marxistas. Por ejemplo, para Gerard Duménil la actual crisis es una crisis típica del capitalismo, en cambio para mí se trata de una nueva forma de crisis.

En síntesis, nuestra contribución es una mezcla de: (i) un sentido de la evolución histórica del cambio irreversible, (ii) la intuición marxista de que en el capitalismo hay que elaborar una teoría de la acumulación y no de equilibrio y (iii) utilizar la macroeconomía kaleckiana.

Así al mezclar esos elementos obtenemos la teoría de la regulación, aunque no niego que hay algo de eclecticismo que en nada obstaculiza la configuración de una teoría original, donde la invención de los conceptos es el resultado de esa mezcla.

M.A.J.G.: Los economistas a veces no tienen claros los conceptos que manejan y el origen de los mismos, así sabemos que el concepto de crisis proviene de la medicina y que nos confronta con dos alternativas: reestructura o ruptura. ¿La teoría de la regulación en su visión de la crisis toma el camino medio entre esos dos extremos?

R.B.: No es tan simple, en primer lugar hay que analizar bien el concepto de 'crisis' que como usted dice proviene de la medicina. Así, ante una enfermedad en estado crítico la persona que la padece puede curarse o morir, es decir, vive la experiencia de recuperarse o caer. En el terreno de la economía las cosas son más complejas y es que existe la acción colectiva sobre la política. En tal sentido ¿se pueden conseguir compromisos políticos que contrarresten las tendencias inherentes al colapso de la acumulación o no? Que de no lograrse estaríamos ante el fin de un modo de producción como sucedió con el feudalismo ante la revolución francesa y con el colapso de la Unión Soviética, aunque desde mi punto de vista no es el único camino. Contrario a los marxistas fundamentalistas que ven en cada crisis el fin del capitalismo, pienso que durante las crisis se puede lograr mucha reorganización dentro de las propias corporaciones capitalistas y de las formas institucionales como la competencia y la relación salarial, que como configuraciones permiten solucionar la crisis de la acumulación. Pues no es tan fácil demostrar qué momento histórico es la última fase de la acumulación capitalista, y en ese sentido los capitalistas socialdemócratas otorgan poder y voz a los trabajadores y funcionan bastante bien, aparente contradicción que termina convirtiéndose en una salida que encuentra el capitalismo a sus problemas. No perdamos de vista la gran capacidad de invención que posee el capitalismo y no creo en el fatalismo de los marxistas que hablan de tendencias inmanentes que llevan al derrumbe del sistema, pues hay una reacción colectiva y una lucha en las sociedades reales, si no fuera así habría un determinismo completo.

No podemos pensar que desde que inició el capitalismo se prevea su colapso, y es que ha cambiado tantas veces que es muy difícil pronosticar su fin, aunque no se excluye la posibilidad de otras opciones de organización social en la que los teóricos y los políticos tendrán que pensar en algo distinto al capitalismo. Lo que falta para imaginar el fin del capitalismo es un diagnóstico de la posibilidad de reorganización completa de la sociedad, cosa que no se logrará con una izquierda que a nivel mundial carece de imaginación. Esto contrasta impresionantemente con la visión clara que tuvo la burguesía en la revolución francesa, actitud de reconfiguración que ahora no tenemos. Pues si fracasa el capitalismo a su vez fracasa la vida social, y no emergerán espontáneamente teóricos y actores de un sistema alternativo.

Para Marx en el capitalismo la concentración llevaba a la socialización de la producción, y él creía que el capitalismo estaba construyendo las instituciones del socialismo. En la teoría de la regulación las cosas no son tan simples ni mecánicas: se producen burbujas financieras pero no construyen el socialismo a la Hilferding, sino más bien la dominación del capital financiero y las etapas del capital en beneficio de los que tienen y no de la sociedad en su conjunto. Por lo tanto, me parece erróneo pensar que dentro del capitalismo se prepare el socialismo sin que los agentes tengan un papel activo. Pensemos en el fracaso de las izquierdas y en lo difícil que serán las políticas después de la tercera crisis que estoy pronosticando.

M.A.J.G.: Usted habla de eclecticismo, radicalidad, reformismo —como lo califican algunos— y de originalidad en la teoría de la regulación. Pero ¿hasta dónde hay compromiso de los regulacionistas con el cambio social?

R.B.: Para nosotros no son las ideas sino los conflictos sociales los que promueven el cambio social, no obstante que los marxistas fundamentalistas afirman que somos socialdemócratas tibios. Lo cual es un gran equívoco porque al principio nuestros interlocutores eran los sindicatos y los partidos de izquierda, pero al moverse hacia la derecha, como sucedió con la mayor parte de los partidos socialistas en Europa y con la atracción por el modelo de Tony Blair, ya no se atreven a decir que fueron de izquierda. Así si no hay una demanda social para la transformación de las formas sociales les parecemos reformistas porque la sociedad no está incluyendo nuevas ideas, de tal modo que puedo imaginar varios caminos, en el sentido de Antonio Gramsci; para nosotros el grupo que tiene el liderazgo elige la teoría acorde a sus intereses. Por eso en los años 2000 antes de la caída que provocó la burbuja de Internet, con el dominio del capital financiero y el partido socialista en el poder, en Francia se querían introducir fondos de capitalización y cancelar el sistema de jubilación de reparto. En eso nada tuvimos que ver, por el contrario denunciamos que fracasaría, y es que hay consenso de que en la mundialización la financiarización es el factor dominante y lo que se prevé como reformismo culpable de lo que está pasando es simplemente la observación de la trayectoria histórica de los actores en Francia, Estados Unidos y otros países. Nada que ver con el eclecticismo de las metodologías.

Hoy muchos economistas se dedican a la econometría de datos de panel, sin gran preocupación teorética, toda su vida desarrollan la misma técnica y la aplican a todo.

En cambio nuestra propuesta es que si tenemos un problema elegimos la técnica conveniente y tenemos ocho o nueve técnicas, teniendo presente la importancia de elegir una teoría relevante que es lo fundamental, de tal forma que el eclecticismo es mucho más que la idea de que las técnicas no son las teorías. Hay personas que relacionan el uso de las matemáticas con el liberalismo, lo cual es un error; tan sólo veamos a Michio Morishima que desempeñó un gran papel con modelos clásicos, sraffianos o marxistas con formalizaciones muy claras; opiniones como esa nos alejan nuevamente de los marxistas fundamentalistas, en el sentido de que las técnicas o la econometría pueden detectar relaciones de largo plazo o analizar el cambio, pues las técnicas dependen de cada uno, de la teoría y de la honestidad de quien las utiliza, por lo tanto las técnicas no son culpables y el eclecticismo es únicamente una herramienta de la investigación.

M.A.J.G.: Desde esa perspectiva ¿qué categorías básicas sugiere usted como punto de partida para cualquier reflexión, análisis o diagnóstico de una situación económica concreta?

R.B.: El problema es que no tenemos respuestas sencillas, debemos entender la trayectoria histórica de largo plazo antes que coyunturas específicas, debe realizarse el recorrido de investigación que hicimos para Estados Unidos, Francia y Japón a efecto de percibir lo nuevo, tarea que demanda mucha energía y trabajo colectivo para conseguir un análisis; así como detectar lo original y permanente, aspectos interesantes en términos de crisis, dado que a un nivel muy abstracto no hay cambio y todas las crisis capitalistas se parecen. De ahí la importancia y fuerza de la teoría de la regulación que al observar los detalles detecta mucha variedad en la configuración de las crisis, muy diferente a la apreciación generalizada que conduce a algunos a afirmar: ¡es la contradicción del modo de producción capitalista!, lo cual dice todo y nada, pues en la actualidad no se trata de la recomposición típica con sus contradicciones, sino de un proceso en el cual el capital financiero domina a las sociedades a través de compromisos políticos nuevos, y la contradicción acaba en la sobreacumulación y crisis, a lo que la teoría de la regulación responde que los mecanismos actuales son muy distintos a los de las crisis previas. Finalmente hay que decir que no existen fuerzas o leyes económicas puras, son la expresión de la configuración de las redes sociales que cambian en el tiempo. No podemos obtener de la teoría lo que debemos hacer, puesto que debemos analizar las fuerzas sociales y políticas, y esa es la contribución de la teoría de la regulación en el sentido de que está completamente abierta a la colaboración con otras disciplinas.

M.A.J.G.: Respecto a la categoría dinero ¿cómo es que llegaron a catalogarlo como una institución y en qué se diferencian del marginalista Carl Menger, quien también considera al dinero como una institución?

R.B.: Nuestra idea no tiene que ver con Carl Menger, sino con una crítica de la concepción de Marx en El Capital. La relación fundamental es la competencia que se organizó a partir de una mercancía específica que desempeña el papel de moneda. Esta mercancía tiene valor, explicación que hoy día suena un tanto mecánica toda vez que la economía moderna no está regida por el patrón oro. Hoy es claro que la moneda es una construcción social; por ejemplo, si estuviera en Estados Unidos y adquiriera algo pagando con un billete de 10 dólares, estaría realizando una operación de mercado muy común tan sólo basándome en la creencia de que el sistema monetario va a permanecer estable, cuando la verdad es que el soporte de esa creencia es que el dinero es una construcción social que estabiliza la fragilidad intrínseca del mismo. De hecho la crisis de confianza es una constante amenaza que puede inducir a un pesimismo negro contra el dólar. De tal modo que respecto a la idea de institución en la conceptualización del modo de producción capitalista, hablamos de focos de acumulación y de relaciones salariales, aludiendo a la relación capital–trabajo, conscientes de que vivimos en una sociedad cuyas relaciones monetarias son muy diferentes a las de otra época en que existían monedas metálicas. Ahora la sociabilidad está dada por la moneda, cuya importancia es tal que difícilmente podemos creer que sea una invención individual. Un artículo con mi compañero André Orléan, publicado en Journal of Evolutionary Economics (1992, vol. 2:165–177), demostró que en todas las convenciones con la excepción de la moneda, puede imaginarse que un grupo crea, al nivel local, una institución que se difunda al nivel social con los beneficios de la cooperación, lo cual resulta imposible para la moneda que necesita de una colectividad entera que imponga su uso. Es por eso que para nosotros la moneda como institución es el resultado de una evolución teórica que va de Marx a nuestros días, y es precisamente en ese sentido que André Orléan y Michel Aglietta utilizan los trabajos de Jean Cartelier y Carlo Benetti para argumentar que la moneda es el fundamento de la formación de los precios y que el acceso al crédito podría explicar la polarización entre salarios y capitalistas.

En La moneda entre violencia y legitimidad, uno de los últimos libros de André Orléan y Michel Aglietta, se señala la existencia de dos conflictos: de un lado la moneda se ve a sí misma como príncipe, respaldada por los políticos y del otro los privados inventan su propia moneda, desde la letra de cambio a los más modernos instrumentos financieros con que las empresas se otorgan créditos entre sí. A este respecto, volvamos a la pregunta ¿por qué la moneda es una institución? Porque compatibiliza dos fuentes de sociabilidad con lógicas distintas: la pública a través del déficit público y la privada a través de la circulación de capital. Esta caracterización de la moneda como institución es confirmada por la sofisticación de los sistemas modernos. Esta preeminencia de la moneda es teórica y lógica. En la historia, con en el fordismo, la relación salarial ha podido ser lo más importante. Posteriormente (en las últimas dos décadas del siglo pasado y en el presente siglo), lo más importante es la relación monetaria, y es que el acceso al crédito define la posibilidad de acumulación, consumo y gasto público. De ahí la gravedad de las crisis financieras que paran toda la actividad económica; así, si uno no tiene acceso al dinero, no puede comprar. Por lo tanto, para recomponer el proceso no sólo debemos restaurar la confianza, sino también a las instituciones que otorgan el crédito que es el corazón de la crisis actual. En ese sentido, Lenin tenía razón al decir que para destruir el capitalismo es suficiente destruir su sistema nervioso que es el sistema de crédito. Ese es el papel de la moneda que como institución se impone a todos los actores. Ahora entendemos cómo es que Wall Street siendo tan poderoso no pudo reconstruir el sistema del crédito, necesitaba de la intervención política, y por eso también la moneda es una institución.

M.A.J.G.: En uno de sus últimos libros1 usted afirma que las instituciones son necesarias para la economía de mercado, y agrega que los objetos mercantiles no pueden operar hasta en tanto no se haya creado y legitimado la institución monetaria. Partiendo de este supuesto ¿cómo compagina la idea del dinero como institución con las relaciones mercantiles? En otras palabras, ¿cómo sincronizar la categoría dinero como institución con la categoría mercancía? ¿cuál fue primero, cuál fue después, o ambas surgieron a un mismo tiempo?

R.B.: La respuesta actual de los regulacionistas es muy sencilla, primero fue la moneda y luego aparecieron las relaciones mercantiles. Esto quiere decir que la moneda no deriva de la relación mercantil como suponen los neoclásicos, pues para ellos todo inició con el trueque y las mercancías fueron intercambiándose con el propósito de maximizar la utilidad. Pero —según ellos— como el trueque era costoso se inventó la moneda, semejante historia es un absurdo, puesto que para nosotros en un inicio el Príncipe ideó "el señoreaje" creando así la unidad de cuenta que dio paso al nacimiento de relaciones mercantiles. Por lo tanto, no hay sustento para la idea de la transformación de los valores en precios de los marxistas, porque si no hay moneda no hay precios, y es que no existe un trueque generalizado.

La teoría de la regulación afirma que la moneda es la institución básica, de ello se deriva la relación de competencia y la relación de financiamiento que extrapola la ilusión del crédito en nuevos ámbitos en los cuales las finanzas no son fundadoras, sino una derivación de la relación del sistema monetario. Así, una gran contribución en los últimos diez años es el análisis de la primacía que tiene la moneda como institución, y es que la relación salarial no se puede entender si no hay relación monetaria, ya que por definición los salarios no se pagan con bienes reales, sino en moneda. Ante tal condición, es obvio que la relación salarial necesita de la relación monetaria, que al final de cuentas es la que domina, aún en la etapa en que el fordismo fue hegemónico. Esa es la razón por la cual la crisis al destruir la unidad de cuenta es tan preocupante, permitiéndonos una interpretación sencilla de la misma a partir de los balances de los bancos estadounidenses que contienen activos cuyo valor nadie conoce, ya que sus precios son una invención fuera del mercado. Situación que nos permite decir que se trata de una economía en la cual los precios no contienen además la información relevante, dada la distancia entre la moneda y la actividad real, que fue tan grande al grado de que los actores no tenían ninguna referencia al circuito normal del valor. En tal circunstancia la crisis no puede superarse con políticas convencionales porque hay una falla total en la formación de los precios de los activos.

M.A.J.G.: Con estos comentarios que acaba de exponer ¿los regulacionistas contradicen la visión dada por Marx en la forma del valor?

R.B.: Marx con su teoría hizo lo máximo que pudo observando el surgimiento del capitalismo industrial. Precisamente en un artículo que publiqué con Benjamín Coriat en la revista Annales: Economie, Societé, Civilisation, en el cual se señala que los errores de Marx son de extrapolación de la forma del capitalismo que él vivió, más que de lógica, así con una forma única del capitalismo él no podía prever la adaptabilidad del mismo. Por lo tanto, son dos errores: (i) la caída de la tasa de ganancia y (ii) la extrapolación de lo que observó, en el derrumbe final del capitalismo, que se convierten en errores históricos.

Los teóricos de la regulación cambiaron los conceptos de Marx para entender el fordismo, pero no pretendieron proponer una nueva teoría del valor. Considero que la solución se encuentra en un trabajo de Alfredo Medio, en el que afirma que en el capitalismo los valores se transforman en precios de producción; por lo tanto creo que el problema de la transformación de los valores en precios no tiene sentido, porque el valor determina el precio en una economía de pequeños productores sin relación salarial. Cuando aparece la relación salarial los precios reguladores de largo plazo, si hay unidad completa de capital, son los precios de producción. En mi opinión, así se acaba la polémica. Nunca pretendí hacer una contribución a la teoría del valor, aunque podría hacerla. Al respecto, mi compañero Bernard Guibert escribió dos libros magníficos sobre el uso de la teoría matemática de Bourbaki para entender las varias formas del valor de Marx, aunque a mí me interesa entender las crisis y no necesito tanto eso. Indudablemente hay explotación de los asalariados, pero es explotación a través de una serie de mecanismos que no se relacionan necesariamente con la teoría del valor de Marx.

M.A.J.G.: Ya nos comentó acerca de la relación de la teoría de la regulación con Carlo Benetti y Jean Cartelier, pero ¿cuál fue el saldo de esa relación, perjudicó o ayudó a la teoría de la regulación?

R.B.: Ellos tenían muchas dudas sobre la teoría de la Regulación, y me parece que piensan que un día se constituirá una teoría tan perfecta que será simétrica a la teoría neoclásica, con la que debaten a efecto de destruirla y construir algo equivalente al sistema walrasiano abstracto. Qué bueno que estén trabajando en constituir tal teoría, aunque debo decir que no comparto esa idea ingenua de que un día tendremos una teoría terminada y que sea equivalente al sistema neoclásico y ajeno a la dinámica histórica. Es que ambos autores retoman el trabajo de Piero Sraffa, lo cual no deja de ser útil para entender la posibilidad de dinero, el capital, entre otros. En cambio nosotros queremos entender la dinámica del capitalismo, y no lo lograremos con un golpe de fuerza teórica, por el contrario, sí con una serie de análisis sobre la historia de varios capitalismos.

M.A.J.G.: Aunque el propósito de esta entrevista no es hablar de los neorricardianos Cartelier y Benetti, desde su punto de vista ¿qué aportaron o en qué han contribuido al análisis económico?

R.B.: Contribuyeron a crear un nuevo enfoque económico, lo cual como ya dije lo utilizan para atacar y destruir a la teoría neoclásica, y con ello quieren construir otra teoría, y ese es su gran papel a nivel teórico, su gran proyecto, pensar la economía sin referencia al equilibrio walrasiano.

M.A.J.G.: ¿Qué puede decir de la evolución y las aportaciones que han hecho al tema de la moneda Michel Aglietta, André Orléan y Robert Gutmann, tres economistas destacados de la teoría de la regulación? Bueno, Gutmann no sé si sea un regulacionista?

R.B.: Michel Aglietta en su primer libro analizó el capitalismo norteamericano y ha inventado los conceptos básicos de la teoría de la regulación. En las dos últimas décadas ha enfocado su trabajo al papel de la moneda y del financiamiento. Él tiene una gran importancia y utilidad para conocer los sistemas financieros, con lo que se deriva de la teoría un tratamiento amplio acerca de la financiarización. Aunque confieso que me gusta más el trabajo de André Orléan, su análisis de la fundación de las monedas a un nivel muy interesante de la incertidumbre de la economía de mercado: es un aporte muy significativo para nosotros. En el caso de Robert Gutmann, como buen norteamericano, observó día a día la financiarización de su país y detectó tempranamente el dinamismo de Wall Street y el riesgo que eso representa para la acumulación, analizó las consecuencias de la desmaterialización de la moneda y el uso de las tarjetas de crédito. Son excelentes trabajos, pues Estados Unidos es el primer país que explora la financiarización casi completa y es la frontera de la evolución del capitalismo financiero. Los tres autores se complementan muy bien, así la especialidad de Michel Aglietta es el sistema financiero mundial y el estudio de la reconfiguración de los sistemas nacionales e internacionales; André Orléan analiza las bases teóricas de la moneda y Robert Gutmann se enfoca en la dinámica norteamericana.

M.A.J.G.: ¿Cuál es el estado actual de la teoría monetaria? y según su punto de vista ¿cuáles escuelas de pensamiento económico modernas están realizando aportaciones significativas?

R.B.: Una posición interesante es la de Robert J. Shiller, su conceptualización dinámica de cómo fracasaron las hipótesis de las expectativas racionales, y es que el comportamiento de las personas acerca del riesgo está lejos del argumento de los neoclásicos. La visión de Robert J. Shiller es que las burbujas son irracionales. Al respecto opino que las burbujas tienen un seguimiento racional, pues los traders y profesionales de Goldman Sachs, Lehmann Brothers, entre otros, no eran irracionales, creo que esas personas actuaban conscientemente en su pretensión de maximizar las ganancias de las instituciones que representan. En ese contexto hoy día creo que la sofisticación de los instrumentos que optimizan la ganancia del sistema financiero desempeñó un gran papel. Entonces tenemos que ir al corazón del capitalismo financiero. Los keynesianos son buenos alumnos de Keynes, pero a excepción de Minsky y otros pocos no han añadido nada, por eso digo que Keynes en su Teoría General entiende más que ellos de la crisis actual. Los modernos economistas como Mankiw que se llaman "keynesianos" no lo son.

En un capítulo de uno de mis próximos libros señalo que las aportaciones de Marx y Keynes son las más brillantes, aunque destaco que sus seguidores han repetido más que creado nuevos análisis o innovaciones conceptuales. Sólo perciben que la economía se mueve de Inglaterra a Estados Unidos, pero no ven que el mundo se vuelca a la economía internacional donde China e India juegan un papel importante. Creo que es útil pero no suficiente sacar ideas del pasado, pero debemos ir adelante e innovar para hacer una teoría más pertinente y completa.

M.A.J.G.: Usted utiliza el término antropogenético. R.B.: Sí

M.A.J.G.: ¿Cómo debemos entender ese término y cómo operará la regulación institucional de las fuerzas de trabajo en caso de ponerse en práctica esa idea antropogenética?

R.B.: El término antropogenético viene del griego y significa el proceso de formación del hombre. Permite poner en perspectiva las doctrinas económicas. Piero Sraffa interpretó a los clásicos como producción de mercancías por medio de mercancías. En esta visión, la fuerza de trabajo era una mercancía producida con bienes de consumo. Para los marxistas el capitalismo es la producción de capital por medio de capital, idea que me gusta porque permite la introducción del concepto de régimen de acumulación. Posteriormente, Paul Romer habló de ideas que crean ideas como nueva teoría endógena del cambio técnico. Mi interpretación es que, si vemos un siglo atrás, los gastos que han aumentado no son para la compra de auto, bienes duraderos que quedan constantes como fracción del gasto total. Lo que en realidad ha aumentado explosivamente es el gasto en salud, educación, capacitación y diversión. Así se forman los hombres y mujeres a través de la cultura y la socialización, de tal modo que es la producción del hombre como una gran hazaña por el hombre. Así las familias gastan mucho para socializar a los niños en la escuela. Esa perspectiva coincide con la visión de Amartya Sen en la que la fuente de subdesarrollo está en que las personas pobres no pueden utilizar sus capacidades. De tal modo que a largo plazo es un error establecer como único objetivo del desarrollo el producto interno bruto (PIB). Al contrario del modelo antropogenético que se refiere a que las personas tengan en primer lugar la posibilidad de hacer lo que más les importa. Así a muy largo plazo la solución apunta hacia un régimen con una alta socialización, como lo visualizaba Keynes al referirse al futuro del capitalismo, para lo cual sólo se necesitarían pocas horas de trabajo al día y el resto del tiempo bien podría ocuparse para escribir poemas, descansar e inventar. En las sociedades modernas, los ciudadanos necesitan buena salud, más que tres celulares, cuatro coches, cinco televisores, entre otros.

El análisis antropogenético se aplica bien al caso de Estados Unidos: el gasto en salud en los años treinta era de 2% del PIB, hoy alcanza 16.5%, y la tendencia creciente sigue en el futuro. En la crisis actual el empleo sólo crece en el sector de salud y el de servicios a las personas. Naturalmente son costos pero contribuyen mucho al bienestar de los individuos. Insisto en que las sociedades ricas no requieren tantas mercancías, sino una vida agradable y un ambiente de socialización, es decir una domesticación, una humanización del capitalismo. Es una utopía para el futuro, que va a requerir un siglo o dos. Podría ser el corazón del desarrollo válido para las economías adelantadas como para las otras: es un modelo casi universal.

M.A.J.G.: Actualmente se habla de un renacimiento del marxismo ¿qué opina usted?

R.B.: En Francia los estudiantes no conocen a Marx, si acaso han leído la crítica de Samuelson a Marx, pero no han leído al propio Marx. Indudablemente hay libros sobre el marxismo pero no una difusión de sus conceptos y tampoco su utilización. Consecuentemente no hay fuerza de investigación suficiente que permita usar a Marx. Por lo tanto, si de algún renacimiento podemos hablar es el de Keynes, de su propuesta de intervención del Estado en los mercados financieros y de la gestión de la demanda efectiva.

Keynes es muy sencillo, en cambio Marx con su idea de contradicción permanente y su pronóstico del fin del capitalismo ¿cree usted que eso es renacimiento de Marx? Yo no, lo cierto es que estamos en una época crucial para saber si estamos ante una nueva onda de especulación o ante un control social de la innovación financiera. En ese entorno la teoría marxista resulta útil para entender la complejidad de la sociedad actual, pero lo grave es que los profesores jóvenes no estudiaron a Marx, ¿cómo cree usted que puede hablarse de un renacimiento del marxismo? Por mi parte reitero que no es claro. Por ejemplo, cuando la New School pretende contratar profesores no hay en el mercado profesores con perfil radical ¡Impresionante! Aunque hay la posibilidad de ser radical y marxista, muy pocos tienen doctorado, y los que sí tienen el grado se convirtieron en econometristas. ¡Es una ilusión pensarlo, por lo que es muy general decir que si Milton Friedman fracasó entonces Marx va a triunfar! En la actualidad se está dando un uso político de Marx como crítica del social–liberalismo, pero no es ese el Marx que puede utilizarse para la investigación. La teoría ortodoxa sigue dominando los análisis de los expertos y el mundo académico y poco se observa el regreso de Marx, si bien es cierto que hay un poco de consideración hacia sus escritos en Italia, España, Francia y Alemania. No debemos tener mucha esperanza sobre el citado regreso, aunque me gustaría mucho.

M.A.J.G.: Pero en uno de sus libros usted comenta que la teoría de la regulación pretende corregir y prolongar los análisis dados por Marx en El Capital ¿cómo lo harían si hay ese problema?

R.B.: Porque hay dos tipos de marxistas, los que dicen todo está y es verdad en Marx, actitud nada científica, y los que leen y retoman a Marx tratando de utilizarlo para entender el capitalismo. En esta línea con otros compañeros franceses hemos tenido dificultad de utilizar la caída de la tasa de ganancia para explicarla crisis de 1929, como lo hicieron los marxistas tradicionales de la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). De hecho, la ganancia se elevó impresionantemente y descubrimos que hay crisis en las cuales la ganancia es tan alta que falta la demanda efectiva: ¡los marxistas ortodoxos dicen no se puede! Entonces fuimos más lejos que Marx en este sentido y utilizamos las nociones de régimen de acumulación, modo de regulación, formas sociales y gran crisis. Seguimos analizando los capitalismos, sin restricciones si es compatible con el texto de Marx. Por último, contamos con una explicación de cinco grados de crisis, a diferencia de los marxistas que piensan que cada crisis es el fin del capitalismo: cada crisis presenta también oportunidades de recomposición del capitalismo, y no son sólo una transición hacia al socialismo. Aunque debo aclarar que es el analista y no el ciudadano el que está hablando.

M.A.J.G.: Los argumentos neoclásicos inducen a preservar el estado de cosas, los poskeynesianos sugieren políticas públicas sanas, soberanas, pleno empleo, y algunos marxistas emplazan a la acción política tendente al cambio social. En ese sentido ¿qué propone la teoría de la regulación en forma práctica?

R.B.: Esa es la gran dificultad, porque si fuera keynesiano promovería la activación de la demanda; si me digo marxista, simplemente emplazo a la revolución, ¿y los regulacionistas? Tenemos dos problemas. De un lado, si hubiera una demanda social, podría imaginar si nuevos sistemas pueden funcionar. Por ejemplo, ¿una economía con un ingreso mínimo ciudadano podría funcionar o no? Imagínese que hay personas que nunca van a trabajar y otras que aceptan financiar a las primeras, por lo que gastan y generan demanda. ¿Es una utopía o una posible recomposición de las economías modernas? Pero este tipo de demanda no existe. Entonces, de otro lado, queremos entender mejor los procesos políticos en las grandes crisis. Frente a este desafío los regulacionistas tienen tres posiciones:

1. Jacques Mistral, compañero francés con quien escribí un libro en 1982, se convenció de que el capitalismo era la forma dominante y se convirtió en un alto administrador de AXA compañía de seguros, con una exitosa carrera como empresario.

2. Alain Lipietz decidió competir por la presidencia de la república francesa, luego participar como diputado en Europa. Como su proyecto de cambiar el mundo no funcionó hoy está inmerso escribiendo poemas y novelas.

3. En lo que respecta a mí sigo como investigador académico, con la inquietud que mantenemos pocos con la pretensión de entender los procesos actuales.

No hay que confundir la acción política con la investigación, por eso se dio la ruptura entre algunos miembros de la teoría de la regulación.

M.A.J.G.: Se dice que la teoría de la regulación a diferencia de los keynesianos no ve el crecimiento como algo abstracto, sino que establece una variedad de regímenes de acumulación, rescatando como eje las dinámicas, las contradicciones de la reproducción en su conjunto, el doble carácter de la mercancía como valor de uso y como valor de cambio. ¿Está usted de acuerdo con esa idea y cómo la explica?

R.B.: La controversia sobre el crecimiento opone a los keynesianos (como Harrod) con los neoclásicos (como Solow). Así, para Harrod el crecimiento es básicamente inestable o imposible y para Solow hay estabilidad automática del crecimiento. Nosotros no entramos en esa polémica, porque simplemente detectamos regímenes en los cuales hay una estabilidad transitoria y después una inestabilidad de tiempo a tiempo que conduce a una crisis. En los análisis de los regímenes de acumulación, utilizamos nuestros conceptos y comparamos la dinámica entre capitalismos. Observamos que hay varios tipos de capitalismos, mientras que los keynesianos y los walrasianos piensan que hay leyes universales muy abstractas. Por ejemplo, desde nuestro análisis, un pequeño país como Holanda que exporta mucho, no sigue el modelo keynesiano de una economía cerrada. Es que si hay una activación de la demanda interna los productos extranjeros van a proporcionar una larga fracción de la oferta. Similarmente, en Alemania el keynesianismo nunca dominó porque el modelo es export–led. Así, no hay una política que funcione para todos los países, pues hay que analizar cada régimen per se. Esta es nuestra diferencia con los economistas que creen que pueden pasar directamente de la teoría abstracta al consejo de política económica. Para los regulacionistas eso no es posible, pues entre esos dos extremos hay que analizar el régimen de acumulación y el modo de regulación vigente en cada país. Por lo tanto, no opera una deducción mecánica y es que no hay una transición micro a macro, o a la inversa, se necesita el nivel intermedio, meso, el de las instituciones.

M.A.J.G.: Algunos analistas afirman que la teoría de la regulación surgió para explicar porqué la economía pasa del crecimiento a la desaceleración y a la caída de la producción, más allá de la interpretación de la crisis como producto inevitable de las contradicciones de la acumulación. ¿Qué piensa de esto?

R.B.: Si analizamos con detenimiento la teoría de la regulación nos percatamos de una característica especial: con los mismos conceptos se pueden analizar periodos de estabilidad y periodos de inestabilidad, el proceso avanza y la dinámica sobreviene en declive y crisis. Lo cual se percibe, en las teorías neoclásicas, como un choque adverso o una irracionalidad sobre una economía que es estable; los regulacionistas muestran que en el periodo de auge y éxito aparecen los elementos que provocan la crisis. Lo que da vigencia al marxismo, pues si bien las contradicciones no se ven en el auge sí se manifiestan después, y la tarea de los economistas es detectar en el periodo de auge lo que va a ocurrir en el periodo de crisis. Mientras que los neoclásicos dicen que un manejo perfecto del riesgo hace imposible las crisis. Ahora estoy estudiando de nuevo a Alan Greenspan y Ben C. Bernanke: dijeron que con la sofisticación financiera no se darían las crisis. Es un comentario típicamente neoclásico, aunque después cambiaron de opinión. No obstante, pocos creen en nuestra contribución y es que nos califican de arcaicos, malos investigadores y de que no entendemos nada, indudablemente nos equivocamos. ¡Pero mucho menos que los neoclásicos!

M.A.J.G.: ¿Cuál es la naturaleza de la actual crisis? ¿Cree usted que sea apropiado el control estatal de los mercados financieros? Si su respuesta es negativa ¿qué respuesta debemos dar a la crisis?

R.B.: Hemos visto que en Estados Unidos, Wall Street tiene un gran poder en el manejo de la política económica, de ahí que comparto la solución que dió Simón Johnson, quien fue economista del Fondo Monetario Internacional (FMI). El escribió en Atlantic Review que es necesario nacionalizar todos los bancos, no para que el gobierno se los quede, sino para aclarar todas las cuentas, y crear bancos con activos malos y otros sanos, y dividir a los muy grandes, como City Group o Bank of America, pues en caso de que cometan errores fracasa todo el sistema.

La solución, la más racional, fue la de Suecia: con una visión muy clara, enviaron contadores públicos a todos los bancos, examinaron las cuentas para distinguir entre la liquidez y la insolvencia, discriminaron entre las cuentas malas y buenas. Todo esto con un costo público mínimo de 3.5% del PIB. Después de 4 ó 5 años Suecia privatizó de nuevo y se organizó y dividió a la banca en función del tipo de activos y región. Esta estrategia no se puede lograr en Estados Unidos, donde odian al Estado y lo que tenga que ver con planificación y políticas públicas. Quizá nos lleve a observar una tercera ola de especulación, porque el Plan de Timothy Geithner, que constituye Fondos de Inversión Privados Públicos, ¡es increíble! Los bancos con activos tóxicos no quieren venderlos con pérdidas y los otros bancos quieren comprarlos con ganancia, sin conocer su valor real. Por lo tanto, el presupuesto público cubre todas las pérdidas y 6/7 de las ganancias son para el privado, de tal modo que es una solución donde algunos obtienen ganancias a costa de los ciudadanos, dado que se paga con el presupuesto. Así, se organiza una nueva especulación sobre el valor de los productos derivados con la ayuda del Estado. Joseph Stiglitz tiene un excelente artículo en el que señala que se trata de un cinismo total, ya que de nuevo todas las pérdidas son absorbidas por el Estado y las ganancias se las quedan los privados. No tengo duda que eso va a fracasar. Wall Street está bloqueando el plan que propuso Obama el 17 de junio de 2009, pues rechaza el control estricto de la innovación financiera y defiende la autonomía en el manejo del sistema financiero.

Todos los economistas están de acuerdo en que la estrategia sueca era mejor y criticaban a Ben Bernanke: ¿por qué está dando tanto dinero sin contraparte?. No obstante que los bancos pequeños no tenían nada. En el sistema de nacionalización se proporciona la ganancia pública a los que necesitan, reduciéndose el costo y obteniendo una solución mucho más racional y eficiente.

No se puede imaginar esto en Estados Unidos, por razones ideológicas y políticas. Wall Street sigue dominando el manejo de la política económica.

M.A.J.G.: Con relación a esto, usted ha comentado que en la actualidad el Estado presta poco interés a sus funciones tradicionales: derecho, justicia, defensa y diplomacia para involucrarse más en las formas institucionales competencia, relaciones salariales y régimen monetario. En tal circunstancia, ¿qué papel juega el Estado ante la crisis actual?

R.B.: Para la teoría de la regulación el papel principal del Estado es la recomposición de las formas institucionales. En el contexto actual, lo que más me extraña es que simplemente desempeñe el papel de socializar pérdidas, lo que sería el mal del socialismo, sin que haya cambios en las formas institucionales.

No se cambia la relación de poder entre los asalariados y los empresarios, por lo tanto disminuye el ingreso nominal y se reduce la demanda agregada. En tal circunstancia, si el patrón de un gran banco fracasa con su empresa se marcha con 100 ó 125 millones de dólares, ¿por qué no tasar a 90%? Se necesita una tasación muy progresiva, de tal modo que hay que reorganizar todas las formas institucionales, el régimen monetario, la inserción internacional y seguramente la relación salarial. Es típico de una gran crisis.

M.A.J.G.: ¿Qué aprendizaje se lleva de su estancia en México? ¿Cómo ve a nuestro país desde su perspectiva de la teoría de la regulación? Y por otro lado ¿en qué tema está trabajando en algún nuevo libro?

R.B.: Estoy trabajando en tres libros, el primero es uno que empecé en Japón hace seis meses sobre la crisis financiera actual, en un segundo libro pregunto: ¿hacia dónde va la economía China?, lo cual me parece muy importante. Los estadounidenses piensan que el siglo XXI será de Estados Unidos; yo por el contrario creo que será de Asia, por lo que es muy importante entender a China y muy poca gente lo está haciendo, hay muchos errores, cada uno está proyectando su propio modelo sobre China. Los neoclásicos dan la importancia a la competencia; los estatistas ponen énfasis en el Estado y cada uno propone su visión, pero poca gente entiende la originalidad de esta economía. El tercer libro es el segundo volumen de Teoría de la Regulación: los Fundamentos, y se refiere a los más recientes desarrollos de la teoría de la regulación. Después, me gustaría escribir un artículo en el cual pretendo entender la economía mexicana con las categorías de la teoría de la regulación. Pero la dificultad es que hay tanta distancia entre las formas institucionales teóricas que derivan de la Constitución Mexicana y la propia realidad, que es muy difícil utilizar los conceptos tradicionales de la teoría de la regulación. El segundo problema es que hay tanta heterogeneidad de las formas sociales, de las estructuras productivas y diferenciación geográfica que no permiten pasar del nivel micro al macro vía un análisis meso. Aunado a que México tiene un sector informal muy importante y que el petróleo es determinante del gasto e ingreso público. Existe la idea de que México lleva el rumbo de Colombia: ¿realidad o ilusión? Imagínese que el narcotráfico represente un cuarto del PIB, habría que ajustar totalmente la teoría porque quizás gran parte de la dinámica macro estaría sujeta a las acciones del narco. De modo que tendríamos que introducir un nuevo agente que es la mafia, como sucedió en Rusia en la transición posterior a la desintegración del Estado soviético. Así, si analizamos el régimen socio–económico en Sicilia nos damos cuenta que su economía está dominada por una mafia, lo que dificulta el análisis. Vea usted también a Argentina en la época de Néstor Kirchner que logró cierto grado de autonomía de su política rechazando la dolarización, reorganizando la pesificación y tasando las importaciones: así ha logrado una cierta autonomía de un Estado en la época de la mundialización. En cambio en México no veo por ningún lado esa autonomía.

M.A.J.G.: ¿Cree usted que en México es difícil que los economistas investigadores puedan suscribir los postulados de la teoría de la regulación?

R.B.: Creo que el análisis es bastante difícil, es por eso que en mi próxima estancia en México voy a escribir uno o dos artículos al respecto. Claro que se puede hacer, pero habrá que trabajar mucho, investigar en específico con mucho cuidado, sumar otras formas institucionales e innovar porque no se pueden utilizar los modelos previos.

En mi próxima estancia me gustaría platicar con usted sobre mi visión de la teoría de la regulación en México.

M.A.J.G.: Muchas gracias. R.B.: De nada.

 

NOTA

1 Crisis y Regímenes de Crecimiento: Una Introducción a la Teoría de la Regulación, Buenos Aires, Miño y Dávila/Centro de Estudios e Investigaciones Laborales–Programa de Investigaciones Económicas sobre Tecnología, Trabajo y Empleo–Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CEIL–PIETTE–CONICET), Trabajo y Sociedad, 2007, 128 pp. (Traducción de Irene Brousse.         [ Links ])