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Cuicuilco

versión impresa ISSN 0185-1659

Cuicuilco vol.16 no.45 México ene./abr. 2009

 

Miscelánea

 

Miradas y reflexiones antropológicas sobre el desfile del 5 de mayo en la ciudad de Puebla

 

Luis Arturo Jiménez Medina*, Natalia Escalante Conde**

 

* Profesor–Investigador de tiempo completo del Colegio de Antropología Social de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

** Pasante de antropología social en el Colegio de Antropología Social de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

 

Resumen

El objetivo del texto es presentar algunas reflexiones antropológicas sobre el desfile del 5 de mayo en la ciudad de Puebla, el cual se celebra anualmente por una de las principales avenidas de dicha ciudad. Dicho evento lo estamos considerando como un acto ritual, ya que en él se desarrollan una serie de eventos de tipo litúrgico, donde se hace referencia a elementos míticos, así como a una serie de expresiones de carácter dramático y teatral, todas ellas de tipo cívico. Además, el acto mencionado es uno de los momentos más significativos para la sociedad poblana.

Palabras clave: desfile, peregrinación, ritual, apropiación de espacios.

 

Abstract

The aim of the paper is to present some anthropological reflections on the parade on May 5 in the city of Puebla, which is held annually by one of the main avenues of the city. The event we're considering it as a ritual act, since it developed a series of events such liturgical refers to mythical elements and a series of expressions of dramatic and theatrical, all civic type. Moreover, the act mentioned is one of the most significant moments for Puebla society.

Keyword: parade, pilgrimage, ritual, appropriation of spaces.

 

Introducción

En la ciudad de Puebla existen 50 edificaciones referentes a lo religioso que representan 89% del total de las construcciones que caracterizan, entre otras cosas, el sentido monumental y patrimonial, y que incluso se le ha asignado la categoría de "patrimonio de la humanidad" a dicha ciudad. En torno a dichas construcciones se realizan una diversidad de festividades y rituales en diferentes momentos del año, por lo que dichos espacios sagrados confieren una cierta especificidad a la ciudad [Licona, 2007:43], ya que se celebran más de 80 festividades de carácter religioso católico, convirtiéndose en una especie de "ciudad ritual" [Licona, 2003]. Esto significa que en dichas celebraciones sus habitantes ocupan los diversos espacios citadinos para usarlos como escenarios de dramatizaciones sociales y puestas en escena de eventos de carácter religioso en donde se "muestran" las cuestiones espirituales. Por otro lado, también se realizan actos de corte político y cívico que van desde aquellos que se refieren a la protesta contra las políticas oficiales, hasta los eventos que se utilizan para el autoelogio en un acto oficial por parte de los políticos, así como aquellos en donde se realiza un enaltecimiento de una gesta heroica.

En este trabajo nos abocaremos a la reflexión antropológica del evento del 5 de mayo que hace referencia a una gesta histórica y que la puesta en escena anual lo convierte en un acto de carácter cívico con muchos elementos de tipo político en donde el "autoelogio", por parte de los actores políticos, es más que evidente. Sin embargo, dicho acto es también un proceso de apropiación de los espacios públicos por parte de la gente que se concentra a lo largo de la avenida por donde se realiza un desfile. Allí se llevan a cabo toda una serie de actividades que serán consideradas como actos rituales de tipo cívico, así como liturgias, referencias a cuestiones míticas, y una diversidad de dramatizaciones y teatralizaciones, entre otras cuestiones. Todas esas acciones se entremezclan y dan como resultado que dicho evento se convierta en uno de los momentos más significativos para la sociedad poblana.

La ciudad de Puebla se caracteriza porque en diferentes momentos del año tiene una diversidad de celebraciones y expresiones tanto religiosas como cívicas y políticas, por lo que, sin lugar a dudas, muchos de esos eventos, probablemente la mayoría de ellos, tienen un sentido festivo y, por tanto, podemos afirmar, también, que Puebla es una ciudad festiva [Licona, 2007:55].

En efecto, en la ciudad de Puebla, como en muchas otras ciudades de nuestro país, existen una serie de eventos que se manifiestan, principalmente, en calles, avenidas y plazas públicas y que se realizan de manera cíclica cuando menos una vez al año. Dichos eventos son, generalmente, de dos tipos: los de índole religiosa como son las puestas en escena de algún acontecimiento mítico y/ o histórico, así como la realización de acto ritual o festivo–religioso, y los eventos relativos al ámbito de lo cívico y/ o secular que hacen referencia a alguna conmemoración o acontecimiento que hacen alusión a una gesta heroica o un pasaje histórico de gran significado para el pueblo, ciudad o país.

Normalmente, dichos eventos son organizados por las autoridades religiosas, civiles y de otro tipo, y son preparados con mucha antelación para o ser expresados en algún lugar significativo de la ciudad en cuestión. El lugar significativo de la ciudad en donde se presenta el evento, sea éste religioso o civil–secular, es un espacio que históricamente ha adquirido un valor religioso o secular o es un punto de referencia urbana por la movilidad y afluencia de personas y vehículos, o bien, es, también, una plaza con una diversidad de valores e importancia urbana que históricamente le han asignado tanto la población como las autoridades.

Casi siempre, el evento expuesto en un ámbito urbano público "rompe" con la vida cotidiana del lugar convirtiéndose en una situación de irrupción y de carácter extraordinario [Eliade, 1983] que modifica momentáneamente la vida social en dicho espacio. Esas caracterizaciones, que hemos mencionado de una manera rápida, las estamos considerando de manera operativa como procesos de usos del espacio público o de apropiación del espacio público, es decir, el hecho de que la población imprime de manera momentánea su huella o sus marcas sociales a un lugar que aunque formalmente estén sometidas a la vigilancia policial o al control social [Delgado, 2007:129], dichas vigilancias se debilitan y aparecen dichos lugares como "tierra de todos y de nadie", ya que "todo mundo" pude pasar o estar en dicho lugar abriéndose la posibilidad de que se den las expresiones de la desobediencia y la insolencia en una especie de apropiaciones furtivas [Delgado, 2007:129]. En este texto, haremos referencia a un evento que puede ubicarse a partir de los argumentos anteriores.

Con lo anterior, nos abocaremos al acontecimiento anual de la conmemoración del desfile del "5 de mayo" que se hace en una de las principales arterias urbanas de la ciudad de Puebla. Dicho evento se realiza con motivo de la conmemoración de la gesta heroica que se realizó en la llamada "Batalla del 5 de Mayo de 1862" donde, de acuerdo con la narración y la tradición histórica, se hace alusión a que en aquellas épocas, México, como nación en construcción, era amenazado por la invasión de las tropas francesas —uno de los ejércitos más poderosos de esos tiempos—, y el general Ignacio Zaragoza comandó al deficiente ejército mexicano en tácticas y estrategias militares enfrentando a los franceses en la batalla de Puebla. Aprovechando la disposición geográfica de los fuertes de Loreto y Guadalupe, desde ahí defendió el joven general la soberanía mexicana y obligó al ejército francés a que se replegara causándole muchas bajas. En esta batalla se destacó la participación del contingente de indígenas zacapoaxtlas entre las tropas mexicanas, por lo que se considera a dicha gesta como un triunfo mexicano muy significativo. Dicho evento y fecha se han convertido en un momento memorable de la formación social mexicana.

Obviamente ese acontecimiento histórico ensalza el fervor patriótico con el que los mexicanos —y particularmente de los poblanos— defendieron su país ante la inminente invasión territorial por parte del ejército francés, y se ha convertido en un evento casi de carácter mítico de la llamada "historia oficial" en la construcción de la nación mexicana durante el siglo XIX. Algunos autores, que han producido una serie de reflexiones sobre el significado de dicho f acontecimiento, plantean que:

...el liberalismo mexicano del siglo XIX construyó un discurso nacionalista donde incorporó prontamente una galería de héroes y hechos históricos que formarían el sentimiento patriótico que hasta nuestros días tiene vigencia, [no obstante de que la realidad era otra]. Lo cierto es que en la ciudad [de Puebla], sus habitantes albergan una marca muy profunda sobre ese acontecimiento histórico. Se trata de una estrategia discursiva que recupera el pasado para afianzar el presente y proyectar el futuro de la ciudad, y éste no se puede pensar sin el general Zaragoza y la batalla del 5 de mayo. Sin duda, estas respuestas expresan la visión oficial de la historia poblana y del país, pero también el deseo de tener personajes con un actuar ejemplar. Son individuos y hechos que vuelven "mitos" para los pobladores de la ciudad [Licona, 2007:128–129].

Independientemente de que estemos de acuerdo o no con los significados que se puedan obtener sobre la gesta heroica aludida, lo que es cierto es que la "puesta en escena" de dicho acontecimiento del siglo XIX es un acto que desde hace muchos años se sigue reproduciendo de manera anual por la ya mencionada arteria urbana de la ciudad poblana. En efecto, al día siguiente en que se realiza el acontecimiento, los diferentes medios de comunicación, electrónicos y escritos, presentan sendas narraciones del acto cívico resaltando, según sea el caso y la "línea" periodística de cada medio, los aspectos estrictamente estéticos, así como los políticos —sobre todo cuando asiste el presidente de la república o algún secretario de Estado—, y las cuestiones relativas a la parafernalia de los participantes, entre otros detalles que se suscitan en dicho evento. En todos los casos se coincide que el acto cívico ha tenido la capacidad, por decirlo de alguna forma, de convocar a un gran número de población. La siguiente descripción del evento aludido, y que corresponde al año 2001, ilustra lo mencionado anteriormente:

El Boulevard 5 de Mayo y los Fuertes de Loreto y Guadalupe son los espacios urbanos donde principia la conmemoración cívica del 5 de mayo. Autoridades federales, estatales, municipales, militares, escuelas públicas y muchos otros sectores sociales, se organizan desde meses antes para desfilar por esa avenida central de la ciudad. Las clases se suspenden, el trabajo se suspende, muchos jóvenes participan para liberar su servicio militar y, en ocasiones, se ha representado la batalla donde los mexicanos derrotaron a los franceses en presencia del presidente ¡5 de la república. El evento inicia en el monumento de los Héroes Defensores de la República. Autoridades de gobierno de todos los niveles, soldados, escolapios y habitantes de la ciudad se dan cita para escuchar el discurso patriótico y cantar el himno nacional. Después del acto cívico, el escenario es otro, es la ciudad la que alberga a la turba patriótica que grita, corre y celebra. Los vendedores ambulantes hacen su agosto. Algunas delegaciones escolares se visten de zacapoaxtlas, otras de bandas militares. Es en las cercanías de Plaza Dorada, frente al parque y el monumento dedicado a Benito Juárez, donde se instala el templete central que es ocupado por autoridades de todo tipo y por habitantes también de todas las condiciones sociales. Ahí se observa "la espectacular parada cívica" que consiste en mirar bandas de guerra, bastoneras y carros alegóricos.

En el año 2001 participaron 25 600 estudiantes y maestros, 1 775 elementos del Ejército y la Marina, así como 240 zacapoaxtlas y xochiapulcas. El evento cívico duró aproximadamente una hora 45 minutos. Durante la ceremonia oficial efectuada en los Fuertes de Loreto y Guadalupe, horas antes del desfile, Santiago Creel Miranda, Secretario de Gobernación, afirmó que "la defensa de la soberanía que se consiguió aquí en Puebla hoy se traduce en el derecho que tenemos todos los mexicanos a decidir nuestro destino de manera democrática. Ayer la soberanía se defendía con armas. Hoy la soberanía se defiende con democracia" [...]. El evento cívico duró varias horas, la celebración todo el día, porque es ocasión para asistir a la Feria de Puebla [...] [Licona, 2007:58].

Independientemente de los detalles que habría que precisar de la descripción anterior, consideramos que dicha narración muestra el sentido de lo que pretendemos analizar e interpretar con las herramientas que proporciona la antropología. No haremos un balance y luego su posterior evaluación de las diversas descripciones que se han producido en torno a dicho evento en los diferentes años en que se ha realizado. Consideramos que todas son, en buena medida, variaciones del mismo acto. Sin embargo, nuestras referencias empíricas son los eventos que se realizaron en los años 2006 y 2007.

Por los argumentos anteriores, en este trabajo nos acercaremos con las herramientas de la antropología al evento del 5 de mayo referido, considerándolo precisamente como un acto de apropiación de los espacios públicos por parte de la gente que asiste en esas ocasiones. Por otro lado, estamos considerando como actos rituales, liturgias, mitos, así como dramatizaciones y teatralizaciones de carácter cívico, a los eventos que se realizan en dicha ocasión y en donde diferentes sectores de la población, así como actores específicos, participan de diferente forma, convirtiendo el festejo en uno de los momentos más significativos para la sociedad poblana.

 

Algunas precisiones conceptuales

En el apartado anterior se ha mencionado que el acto cívico del 5 de mayo se realiza con motivo de la conmemoración de un acto heroico en defensa de la soberanía, y que es considerado como uno de los hechos "gloriosos" en la historia de la formación de la nación mexicana. En consecuencia, dicho evento lo consideramos como un acto festivo de carácter cívico, secular y político, sin embargo, todo hecho festivo es, al mismo tiempo, un acto ritual [Moreno, 1996], por tanto, el evento patriótico aludido lo estamos abordando desde la perspectiva del ritual. Pero vayamos por partes.

Queremos resaltar dos aspectos que nos parecen de los más importantes para conseguir nuestros objetivos, ya que desde nuestro punto de vista ambos aspectos son dos formas de apropiación social y cultural, pero también forman parte de un todo o de un hecho social total [Mauss, 1979]; desde nuestro punto de vista el acto aludido como tal se compone de dos elementos, uno es el acto oficial, lo que denominamos como liturgia cívica, que realizan las autoridades; y el otro, en donde participan los diferentes contingentes que componen el desfile, así como los asistentes que "observan" dicho acontecimiento, que se realiza posteriormente y que se puede dividir en dos partes: uno es la puesta en escena que realizan los diversos contingentes que marchan sobre el ya mencionado Boulevard 5 de mayo, y el otro es el que acontece en lo que Delgado [2007] denomina como "las aceras", es decir, las banquetas y camellones que son los espacios que la gente, que aparentemente se comporta como "observadora" ocupa cuando se realiza el evento. Ambos actos, desde otra perspectiva, son dos maneras de apropiarse de un espacio público para convertirlo en un lugar "especial" o en un territorio, como lo argumenta Giménez [1996].

Si consideramos lo descrito en la primera parte de este documento, el evento está formado por varios componentes y partes o etapas. Los componentes son: la "liturgia cívica", que implica la narración de una especie de mito, obviamente haciendo alusión a héroes y hazañas, entre otros acontecimientos; el desfile con todas sus implicaciones, tales como la presentación de las vestimentas y toda su parafernalia, las evoluciones grupales, los movimientos corporales, las escenografías, entre otras cosas; lo aspectos lúdicos, que se expresan tanto en las delegaciones que participan en el desfile, así como en la conducta del público "observador" en las banquetas y en los espacios de la calle asignados a ellos.

Por lo que respecta a las partes o etapas del evento referido, éste se compone de tres grandes partes: la parte formal y política, que es donde se llevan a cabo los aspectos de los discursos, la presentación de las autoridades de todos los niveles (habidos y por haber) en una especie de pasarela en donde, cuando menos en Puebla, los que atraen los reflectores son las figuras representantes del momento de los partidos políticos del PRI y del PAN; sin embargo, siempre aparece en "la foto" algún representante del PRD. En ese momento se esgrimen los discursos en donde se recitan una suerte de salmos patrióticos para dar paso al evangelio del nacionalismo mexicano. Dentro del contenido de dicho "evangelio" se resalta la figura de un héroe que cae en la persona del "general Ignacio Zaragoza" y en el "grupo anónimo de los zacapoaxtlas". Curiosamente, nunca se nombran personajes de dicha colectividad.

Después del momento "oficial", inicia el acto en donde se combinan los elementos formales y no formales, es el momento en que inicia el desfile en donde participan los contingentes regidos por una serie de conductas previstas y en donde entra, de manera más abierta, la participación del público.

Ambas partes son formas de ritualizar el espacio y, en buena medida, dichos eventos son escenificaciones que provienen de una suerte de "textos culturales" que pueden ser un relato, una leyenda, alguna narración producto de la vida social y cotidiana, un mito, entre otros. Dichos aspectos, en la mayoría de los casos, se expresan en discursos de diversos tipos.

En el contexto anterior, los discursos que emiten las autoridades en la parte denominada de la liturgia cívica hacen referencia a los personajes míticos, sus hazañas, así como las reactualizaciones expresadas en el ejército mexicano. Esas piezas discursivas son, desde nuestra perspectiva, parte del mito secular y cívico, y las cuales son una narración que refiere al hecho histórico que se representa y que se conmemora. Todo mito, desde otra perspectiva, es una especie de texto cultural. Un texto cultural, como sugiere de Certeau [2000:135137], son los contratos narrativos y las compilaciones de relatos, además están compuestos con fragmentos tomados de historias anteriores y "trabajados" artesanalmente en conjunto. En este sentido, aclaran la formación de mitos, y en buena medida todo mito tiene la función de fundar y articular espacios y de describir. El mito como instrumento que describe es, a final de cuentas, un acto de fijación pero también es un acto culturalmente creador, además, toda descripción mítica tiene un poder distributivo y una fuerza preformativa, es decir, hace lo que dice cuando se reúnen un conjunto de circunstancias. Es, pues, fundadora de espacios. También en el mito se dan espacios para las acciones que se van a emprender; crea un ámbito que funciona como base para el teatro.

Desde otro punto de vista, el desfile del 5 de mayo, y todos los aspectos que implica, es un proceso cultural creativo de espacios. Dicho proceso se expresa en representaciones y dramatizaciones [Duvignaud, 1970:16], ya que la interpretación de los participantes con sus vestimentas, movimientos corporales y otros detalles, así como los esfuerzos estilísticos de los responsables de todos los grupos y delegaciones participantes y, evidentemente, la complicidad del público que participa, no de manera pasiva para convertirse en f un simple espectador, sino que se manifiesta con una diversidad de emociones que se plasman en los gestos faciales, en los movimientos de diferentes partes del cuerpo, comentarios, gritos y diversos sonidos vocales, entre otras cosas, ese "acto total" es, ante todo, una ceremonia.

Por lo anterior, si el evento cívico del 5 de mayo en la ciudad de Puebla es en realidad un "acto total", una ceremonia [Duvignaud, 1970:15] que se expresa en representaciones y dramatizaciones, es conveniente y factible considerarlo como un rito. Como afirma Smith [2005:639–640]:

El rito se inscribe en la vida social por la reaparición de las circunstancias que requieren la repetición de su ejecución. Se caracteriza por procedimientos cuya puesta en práctica implica con el fin de imponer su marca al contexto que propia intervención contribuye a definir. [...] El rito no queda confinado en modo alguno en la esfera de lo religioso; más bien es ésta la que no puede pasarse sin él, puesto que se manifiesta a través de él y reivindica la exclusividad de su realización..., los ritos son creaciones culturales particularmente elaboradas que exigen la articulación de actos, de palabras y de representaciones de numerosísimas personas, a lo largo de generaciones.

Por otro lado, y para complementar lo anterior, todo ritual es un acto político, pero también la política es un ritual [Augé, 1995]. Por tanto, el evento del 5 de mayo puede ser entendido como un ritual de carácter cívico con elementos paradójicos, pero también con otros significativos, con un sentido ceremonial y momentos de dramatismo, con muchos aspectos que hacen referencia a situaciones históricas y otros más bien de carácter mítico en donde se combinan elementos que son obligatorios y previstos y otros que no revisten obligatoriedad.

Los aspectos obligatorios y los que no revisten obligatoriedad se pueden argumentar de la siguiente forma: los aspectos obligatorios y previstos en el ritual cívico aludido, son los fenómenos liminales, los cuales se constituyen como transiciones o inversiones simbólicas desarrolladas en communitas o antiestructura; los otros son resultado de acciones individuales o grupales que tratan de transformar simbólicamente la estructura cotidiana [Turner, 1978:11–17]. Algunos datos etnográficos tomados de las dos fechas mencionadas ejemplifican lo afirmado. Por ejemplo, y en alusión a los elementos obligatorios y previstos, son precisamente la obligatoriedad de la vestimenta uniformada que cada contingente porta y muestra al público, así como la o disciplina corporal tanto en el caminar como en los movimiento de diferentes partes del cuerpo que muchas veces son regidos por la comparsa que va marcando una serie de instrumentos de percusión. En cambio, los detalles no obligatorios sin duda se pueden observar en el "público espectador" porque la participación y la conducta de ese "público" es indistinta, variada y plural; sin embargo, sí logra transformar la estructura de comportamiento cotidiana por una serie de acciones que rayan en lo lúdico con sus diferentes matices, hasta llegar, incluso, al insulto.

En resumen, el evento aludido se realiza a partir de una especie de narración mítica que refiere a un acontecimiento histórico en donde sobresalen las acciones y hazañas de ciertos personajes, como son los casos del general Ignacio Zaragoza, los zacapoaxtlas, entre otros. Es por eso que el mito se define como un relato de los orígenes, las hazañas y acciones de ciertos personajes y que tiene como función un carácter instaurador. Los héroes del mito, puesto que el mito habla de los orígenes, constituyen una categoría próxima a la de los antepasados [Augé, 1993:182–188]. Por tanto, y sin lugar a dudas, no hay que separar la dimensión mítica y la dimensión ritual.

Por otro lado, el acto del 5 de mayo, de la ciudad de Puebla, es un evento ritual institucionalizado que es reconocido y legitimado por las autoridades políticas, educativas y hasta las militares; como afirma Segalen [2005:55], los ritos de institución tienen poder para actuar sobre la realidad al actuar sobre la representación de la realidad; pero la puesta en escena de dicho instrumento institucionalizado también proporciona elementos de homogeneidad y de distinción.

También puede ser entendido dicho evento como una dramatización y, en consecuencia, puede ser considerado una especie de espectáculo: "Nuestra propia existencia, o digamos más bien la de la cultura, es una representación teatralizada de los instintos y de las pulsiones. La sexualidad, la muerte, el intercambio económico o estético, el trabajo, todo es manifestado, interpretado. El hombre es la única especie dramática..." [Duvignaud, 1970:16].

Por otro lado, el desfile conmemorativo del 5 de mayo es una teatralización social y cultural al representarse, por decirlo de alguna forma, ante nosotros y ante los demás, ya que representar consiste en crear al ser y en acumular la sustancia colectiva. Todo acto de representar, en este sentido, constituye un acto social fundamental sin el cual ningún otro evento individual o colectivo existiría [Duvignaud, 1970:17].

El ritual es también un ceremonial porque conmemora y puede interpretarse como un drama, dicho ritual cívico es un desarrollo activo limitado en tiempo y espacio, es también un segmento significativo de la experiencia y de la memoria histórica cuyos elementos ligados entre sí realizan, representan y ponen en escena un acto colectivo que proviene de un relato con muchos elementos míticos. En dicho evento cada individuo participante desempeña varios roles sociales específicos produciendo un proceso de uniformización pero también de distinción. En el transcurso de dicha ceremonia, la cual es una acción colectiva, los participantes asumen tipos colectivos e individuales que son fijados por una tradición histórica y mítica, que son figurados por las vestimentas y otros instrumentos que tanto delegaciones como grupos participantes portan y son mostrados.

Dicho drama ritual es parecido a un comportamiento tradicional en el sentido de que es una especie de festividad mítica o una especie de manifestación de acción parecida a las celebraciones tradicionales de los grupos arcaicos [Duvignaud, 1970:19]. En efecto, es a través de la representación de personajes simbólicos o alegóricos que encarnan, designan o quieren manifestar la coherencia del grupo por medio de la exaltación de la unanimidad, que representan los mitos de la génesis del mundo. Desde esta perspectiva, el mundo es "concebido como perfectamente estable" y los mitos reemplazan la historia.

Finalmente, el acto cívico anual del 5 de mayo es un conjunto de actos formalizados, expresivos, portadores de una dimensión simbólica la cual se caracteriza por una configuración espacio–temporal específica, por la participación de una serie de grupos de personas, por el uso de una serie de objetos, por unos sistemas de comportamiento y de lenguaje específicos, y por unos signos emblemáticos cuyo sentido significado constituye uno de los bienes comunes de una colectividad [Segalen, 2005:30]. Es por eso que los ritos religiosos y los cívicos no difieren el uno del otro, ya que ambos son considerados como actos de reafirmación colectiva. Durkheim [s/f].

La anterior definición operativa da pie a considerar algunas precisiones. El evento del 5 de mayo permite mezclar los tiempos individuales y colectivos, normalmente se caracterizan por acciones simbólicas manifestadas por emblemas tangibles, materiales y corporales. Igualmente, dicho evento cívico supone un conjunto de conductas individuales y colectivas, algunas de manera relativa pero otras muy estrictas. La mayor de dichas conductas tiene un soporte corporal que puede ser verbal, gestual, de postura, entre otros; tiene un carácter repetitivo con una fuerte carga simbólica para los actores y testigos. Además, dicha acción social rememora un hecho histórico que por el propio tiempo, y por la acción humana, lo ha convertido prácticamente en una creación mítica que se une a lo ritual.

 

Etnográficas y antropológicas

El evento cívico del 5 de mayo inicia con una suerte de "liturgia cívica" presidida, para el año 2007, por el presidente de la República y por el gobernador del estado de Puebla.1 El presidente, cual "principal" del rito cívico, deposita una ofrenda floral en el mausoleo a los Héroes del 5 de Mayo, el cual funciona como un "altar" a la patria, acompañado por un "segundo ministro", el gobernador estatal. Después, ambos personajes se instalan en el pabellón principal donde están los invitados especiales a la ceremonia por la gesta histórica.

El discurso se centra en la actualización del "mito histórico" en donde "el principal ministro" del ritual cívico convoca a los mexicanos de todos los signos políticos, religiosos y sociales a formar un frente común contra el nuevo enemigo de México que representa la delincuencia organizada. Además, consolida dicha convocatoria con una frase clásica del ámbito político "ni un paso atrás", es decir, que no se va a entregar a la patria a sus enemigos: el ejército mexicano que está dispuesto, incluso, a entregar la vida: "...hoy como ayer es fuerza del pueblo y para el pueblo. Su sacrificio no es vano, no quedará impune, redoblaremos nuestra ofensiva; a mayor violencia, más enérgica será la respuesta del Estado Mexicano".2 El "mudo testigo" de dicha arenga es el mausoleo erigido en memoria del general Ignacio Zaragoza cual figura totémica que representa simbólicamente un referente necesario de héroe mítico para comprender a la nación mexicana. Allí también, como si fueran acólitos o ayudantes del ritual, los soldados del Servicio Nacional Militar clase 1988 anticipados y remisos juran lealtad a la bandera.

Cabe señalar que durante la liturgia oficial, "el público" nunca se abstuvo de mencionar consignas contra el presidente de la República y el gobernador estatal, anteponiendo los términos de "presidente espurio" y "gober precioso", respectivamente. Ante dichas consignas, que eran proliferadas como gritos esporádicos, lejanos pero audibles, siempre estaban pendientes las "fuerzas del orden" para implementar una potencial represión, las cuales estaban mezcladas con el público participante.

Después de dicho momento, el cual estuvo custodiado por un enorme despliegue de las fuerzas de seguridad y del orden de todos los niveles de gobierno, en donde las policías estatales y municipales se subsumían a las órdenes de las fuerzas del estado mayor presidencial, comienza la segunda parte del ritual. En dicho momento se dejan escuchar voces del público en donde sobresalen las referencias a la prepotencia de los soldados, policías y otros vigilantes vestidos de traje esparcidos por todos lados. Éstos últimos trataban de inhibir los gritos de "gober precioso" al gobernador estatal por parte del público y otro tipo de "saludos", estaban desplegados a lo largo del Boulevard 5 de mayo y otros estaban ubicados en edificios cercanos al centro comercial denominado "Plaza Dorada".

El recorrido que hacen los participantes en el desfile es de poco más de 2 km, desde el centro comercial "Plaza Dorada" hasta el Hospital "San José" sobre el Boulevard 5 de mayo. El tema del desfile —que se parece mucho a una procesión religiosa— de este año fue "Puebla", y pudo captarse a través de los carros alegóricos, reforzando el mensaje con una gran variedad de caracterizaciones que ostentaron los participantes. Las alusiones al pasado pre–hispánico, colonial y revolucionario fueron constantes. Asimismo, el entorno natural y la geografía de cada región que compone al estado fue exaltado, y qué decir de la artesanía de talavera, la gastronomía, las danzas rituales, las actividades productivas propias de cada región, etcétera.

El desfile con motivo de la conmemoración del 5 de mayo tiene la finalidad de exhibir sentimientos patrióticos y mostrar el poderío del contingente militar. Dicho acto ceremonial se caracteriza por la participación de cerca de 40,000 personas entre estudiantes de educación media–básica, media–superior y superior, así como por miembros del ejército mexicano, cuerpos de rescate y otras instituciones educativas provenientes de estados circunvecinos.

Al paso de los contingentes militares y escolares, el público poblano aplaude, pero también emite silbidos dirigidos a las mujeres que portan sendas minifaldas como parte de la vestimenta de los diferentes contingentes escolares, igualmente, se escuchan insultos, bromas y una serie de gritos como "pinches sardos hijos de Calderón o del góber precioso" ante el riesgo de una eventual represión por parte de las fuerzas de seguridad vestidas de civil. Dichas fuerzas de seguridad no solamente inhiben ciertas conductas que solamente en esas ocasiones se pueden llevar a cabo, sino que también actúan con una actitud prepotente y de descortesía.

Por otro lado, hay otros actores a lo largo de la mencionada arteria vial: los vendedores ambulantes que venden de todo para combatir el calor y protegerse del sol, ya sean bebidas diversas, paletas de hielo, gorras, entre otros productos. Detrás del público apostado en la acera y sobre la calle despejada por donde pasaban los contingentes, los vendedores ambulantes se disputan la potencial clientela.

Cabe señalar, finalmente, que tanto el parque Juárez, la rotonda de la 31 Oriente y varios tramos del Boulevard 5 de Mayo, cercanos a la Procuraduría 15 General de Justicia, fueron convertidos en espacios semicerrados y fuertemente vigilados en donde solamente podían pasar personas con rigurosa acreditación. Dichas áreas estaban "decoradas" por los uniformes de contingentes de f la Policía Federal Preventiva (PFP), del ejército mexicano y de grupos de policías estatal y municipal.

Desde nuestro punto de vista, el acto del 5 de mayo pone en escena dos cuestiones fundamentales para la sociedad de la ciudad poblana: la sedimentación histórica y el contexto sociocultural de acogida. La primera alude a la relación con el pasado, misma que permite al individuo percibir su correspondencia con la colectividad y con la historia, mientras que el segundo se refiere a que dicho evento cívico como ritual político debe apoyarse en referentes conocidos, sean personajes históricos, muchos de ellos colocados al rango de referentes míticos [Segalen, 2005:110].

La asociación del ritual y el mito se da casi tácitamente en las continuas referencias al pasado, dando un sentido al futuro, un sentido social que remite a las relaciones con significado que los seres humanos establecen entre sí. Es esta relación con el pasado la que permite al individuo percibir su relación con la colectividad y con la historia, y es la remembranza de esta cruenta, batalla año con año, la que mitifica la persona del general Ignacio Zaragoza y el espíritu combatiente de los batallones de zacapoaxtlas quienes lograron la hazaña de vencer al ejército francés, pero sobre todo, a la fuerza armada nacional.

Consideramos que esta celebración se acerca a la esfera de lo político como medio de asegurar la permanencia de un orden social, asumiendo el pasado y las implicaciones de su relación con el presente, previniendo rupturas de sentido intergeneracionales.

Por otro lado, el desfile del 5 de mayo al que hemos estado aludiendo, es una especie de procesión ritual secularizada que tienen como objetivo la mera diversión, así como la exhibición de sentimientos patrióticos y la de mostrar la fuerza militar. Un asunto importante en este contexto y del que es necesario abundar es el patriotismo. Dicho evento, en efecto, refiere a una de las conmemoraciones con más elementos simbólicos en donde el patriotismo es uno de los ingredientes más importantes.

Desde esta perspectiva, el patriotismo puede ser tan exigente y riguroso como la religión. Las virtudes cívicas y civiles simbolizadas en el desfile aludido pueden otorgar fuertes sanciones al cumplimiento de los valores sociales. Recuérdese que en esa fecha conmemorativa las personas que están cumpliendo con el servicio militar tienen que hacer el juramento a la bandera y en caso de no asistir a ese evento no pueden liberar el servicio militar. Es por eso que las cuestiones patrióticas son tan comprometedoras y, por tanto, tan "sagradas" como los valores religiosos. Cabe señalar, y como elemento argumentativo y reforzador de lo anterior, qie destaca la presencia de las cabezas del gobierno del país, el estatal y municipal, así como de la fuerza armada nacional y otras autoridades educativas y de los partidos políticos. Su asisten cia en este evento está encaminada a legitimar una parte de la historia mexicana que enarbola ciertos valores cívico–patrióticos como defender la soberanía nacional, aunque ello implique la pérdida de la vida misma.

Otra noción que acompaña al ritual es que el ritual es una especie de presentación del mundo como espectáculo escenificado [Augé, 1993:92]. En efecto, los carros alegóricos que engalanan las calles de la ciudad poblana son una confirmación de lo anterior, ya que es mediante ellos y su plástica, como se expresan diversas cosmovisiones, esquemas conceptuales y valores sociales sobre un tema particular, mismo que suele variar de un desfile a otro. Aquí es pertinente señalar la carga simbólica que le es conferida al cuerpo, ya que en la medida en que éste es emblematizado, puede hablarse de ritual. La indumentaria que reviste a un cuerpo funge como soporte de comunicación dando indicios sobre la identidad del mismo [Segalen, 2005].

Al hablar de una ritualización del espacio público y en ese contexto, producir un evento festivo significativo como es la celebración del 5 de mayo poblano, impregnada de elementos seculares, cabe señalar que no todos los rituales están íntimamente relacionados con lo sagrado–religioso, sino que mantienen su cualidad de ritual en la medida en que funcionan como canalizadores de las pulsiones emotivas de los individuos, esto a través de su capacidad para simbolizar y de generar, en consecuencia, una sacralidad social. De ahí que se use al ritual como forma codificada que evoca una noción de tradicionalidad a los materiales sociales, antiguos o modernos [Segalen, 2005]. Dicho argumento se sustenta en la idea de la tradición sobre la base de comportamientos repetitivos, los cuales dan un marco de inteligibilidad en tanto haya hechos que sean compartidos por un conjunto de sujetos.

En el sentido anterior, los incontables contingentes que se dan cita año con año en la celebración de este evento cívico–político, repiten de manera tácita el protocolo con el que se presentan ante las autoridades diversas, así como la ruta a seguir casi siempre invariante da un sentido de inmanencia que apenas se ve amenazado por los sutiles cambios realizados en la indumentaria de los participantes o en la decoración de los carros alegóricos, o bien, en las melodías interpretadas por las bandas de música que se esfuerzan por innovar y estar a la vanguardia. Es así que se evoca un sentimiento de trascendencia proyectado en un pasado —casi siempre relacionado con un acontecimiento histórico previamente seleccionado, la Batalla del 5 de Mayo—, un presente, asimismo, compartido, sin que por ello deje de ser contradictoria, coloca en un mismo plano a las alteridades, de modo que la actividad ritual —según la E concibe Augé [1996]— asigna a cada individuo su lugar e identidad social estableciendo su configuración idiosincrásica, y en un futuro, que si bien siempre está empañado por los resquicios de la incertidumbre, esa celebración, como ritual, elabora un marco cognitivo colectivo en el que los individuos se reconozcan y se adscriban al mismo, permitiendo su reproducción y garantizando su trascendencia.

La asociación de "rito" con "tradición" alude a la idea en que las acciones se desarrollan bajo la existencia de estructuras inmutables, es decir, se le da peso a las repeticiones de un lenguaje en el que todos comparten los mismos símbolos. Sin embargo, debe reconocerse que los actores sociales suelen manipular los símbolos, siendo conscientes de los cambios que ello conlleva, es decir, reconocen que disponen de algún margen de maniobra. Esta "flexibilidad" o variabilidad del ritual remite a dos cuestiones: el del desplazamiento de lo sagrado por formas seculares de interpretar y construir la "realidad" social, así como que el rito sea producto de las fuerzas sociales en las que se inscribe, oponiéndose a la idea de inmutabilidad de éste [Segalen, 2005].

Es importante, por otro lado, la noción de fiesta aplicada al acto cívico aludido como una secuencia de ritos que pone en juego varios registros de la vida social, por lo que subraya su carácter colectivo. Aunado a esto, destaca su acción simbólica en la medida en que evoca a un ser, un hecho, un grupo, entre otras cuestiones [Isambert, 1982].

Consideramos que el anterior argumento se relaciona de manera directa con los ritos políticos y, obviamente, las "fiestas políticas" en los que se ensalzan a un héroe mítico, una potencia real casi divinizada o una entidad nacional, local o territorial. Este es el caso, desde nuestro punto de vista, del evento cívico del 5 de mayo en la ciudad de Puebla, cuya remembranza mitifica la persona del general Ignacio Zaragoza y el espíritu combatiente de los batallones de zacapoaxtlas, quienes lograron la hazaña de vencer al ejército francés creando una referencia discursiva necesaria para legitimar una nación.

Por otro lado, este evento puede ser visto como un conjunto de ritos públicos que corresponden a una afirmación de lo cívico–político y que son consustanciales de un poder que debe afirmarse regularmente durante grandes ceremonias.

Desde otra perspectiva, es en el evento del 5 de mayo, en sus diferentes etapas, en el que un lenguaje común y el hecho de compartir ciertos referentes convergen en identidades momentáneas, expresadas en el sentido de pertenencia que se tiene al formar parte de una localidad específica, de una banda de música de alguna escuela en particular, de una institución cívica–militar o de la relación de identificación que pueden generar los lazos de parentesco existentes —en algunos casos— entre el participante y el espectador, es decir, el reconocimiento común de un mediador simbólico —que puede ser la nación, el estado, la localidad, la escuela, la empresa—. Desde nuestro punto de vista, dichas referencias hacen alusión a la apropiación de los espacios públicos. Toda apropiación de un ámbito público hace referencia, en este sentido, a lo f momentáneo, lo emergente, lo intermitente.

También, el acto del 5 de mayo poblano, tiene la capacidad de generar una especie de "mundo de imágenes" que emerge un mensaje que condensa la variedad de identidades que se reúnen en la celebración y que puede tener connotaciones políticas y sociales. Si el sentido de la imagen es relevante también lo es su contexto social, cultural, afectivo y material que se ha organizado en torno a ésta, por tanto, lo que realmente está en juego es el imaginario. El arraigo de éste se manifiesta en el tejido de nexos físicos y sobrenaturales como expresión de una memoria y una temporalidad, puente entre vivos y muertos [Gruzinski, 1994].

Por otra parte, aunque íntimamente relacionado con lo anteriormente expuesto, ¿qué relación pudiera tener el desfile como ritualización del espacio público con el teatro público? Grimmes [1981] señala que el teatro público está caracterizado por un fuerte tinte histórico, así como por vincularse con la obra moralista en tanto es didáctico, teológico e ideológico, teniendo como función comunicar y reforzar un conjunto específico de valores. Traspolándolo al caso del acto cívico que nos atañe, cumple con el requisito de un pasaje histórico mexicano, como la mecha que enciende todo un dispositivo simbólico de comunicación que elucubra una vía alterna de prédica de valores cívico–políticos que permitan la cohesión de una población mediante el reconocimiento de jerarquías que la encabezan y que, al mismo tiempo, son portadoras de tales sanciones, legitimando, así, la gobernabilidad de un conglomerado geopolítico mediado por el consenso.

Es mediante estos dramas que una figura histórica puede convertirse en símbolo contemporáneo mediante la selección interpretativa, articulando el presente con la tradición; aludiendo a una tradición selectiva en la cual se apela a un pasado configurativo y a un presente prefigurado que responden a las demandas políticas, sociales y culturales de una clase dominante específica.

Así pues, es evidente que lo que se persigue es el reforzamiento de ciertos valores e imágenes heroicas con el poder de prescribir los sentimientos y la conducta de quienes se adscriben al acto ritual o dramático. A este respecto, Grimmes [1989] hace un señalamiento interesante, que todos lo símbolos de un ritual expresan creencias actuales, incluso cuando toman como punto de partida referencias al pasado. En este sentido, Augé [1995] es contundente al señalar que la palabra política se hace responsable del pasado y de su relación con el presente, en la medida en la que al dirigirse a todos debe prevenir las rupturas de sentido entre generaciones.

Finalmente, el evento aludido tiene la capacidad de generar una suerte de gran communitas con una serie de matices, hay elementos liminales que se rigen por cierta obligatoriedad como son los casos de la parte de la liturgia cívica y las conductas escenificadas por los diversos contingentes que desfilan en otra parte del ritual; por otro lado, existen elementos liminoides que son asumidos principalmente por el público "observador", los comportamientos de dicho sector social están atravesados, en lo general, por una buena dosis de la "no obligatoriedad".

 

Consideraciones finales

Después de producir algunas reflexiones antropológicas sobre el evento del 5 de mayo en la ciudad de Puebla, consideramos que la sociedad poblana dramatiza ciertos papeles para crear o constituir una sociedad más coherente e intensa, y que ciertos grupos no existieran sino gracias a esta coherencia suplementaria e imaginaria que adquieren en el transcurso de estas manifestaciones excepcionales pero regulares. Por tanto, nuestra vida política se ha convertido en una representación de nuestra actividad dinámica, consciente o no [v. Duvignaud, 1970:20 y 24].

El evento referido es, en términos antropológicos, un acto ritual que sirve para reproducir una ideología específica y para restaurar ciertas grietas y heridas sociales. Tiene la capacidad de producir un sagrado social en términos durkhenianos y, obviamente, consolidar ciertos intereses conducidos e impuestos por autoridades y políticos en una festividad cívica que legitima una cosmovisión secular.

Es por eso que se recurre a la dramatización intensa y más o menos espontánea. Esto ha sucedido tanto en sociedades tradicionales como en sociedades modernas, ya que son mecanismos sociales efervescentes que tienen como función reafirmar la existencia colectiva representando el drama de su cohesión mítica o interpretando el argumento de su acción. En uno y otro caso, el dinamismo de los grupos y de las sociedades se expresa por medio de una puesta en escena que reúne a los principales papeles sociales.

La referencia de los llamados símbolos nacionales, así como la de personajes mítico–históricos es una estrategia que se pone en una suerte de teatro social en donde los participantes se visten con el traje correspondiente a sus papeles y actúan unas veces en función de la idea simbólica del personaje que representan, la otras en función de un texto escrito que les es impuesto donde quiera que la escritura haya invadido la vida cotidiana. Dichos referentes simbólicos son, a final de cuentas, los símbolos dominantes [Turner, 1980].

Queremos terminar con una afirmación de Duvignaud y que se puede aplicar al evento del 5 de mayo en la ciudad de Puebla:

...acto de teatralización, por medio de sus representantes, alega su validez imaginaria: la construcción que hemos efectuado ante ustedes halla aquí su realización momentánea; salgamos al mismo tiempo del lugar sagrado en el que todos juntos hemos inventado la ficción. Reconstituyamos una discontinuidad sin la cual no podríamos continuar nuestra vida en común... [1970:25].

 

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Notas

1 El gobernador en turno es el licenciado Mario Marín Torres conocido como el "gober precioso". Dicho término se lo ganó desde el año 2006 en relación a los bochornosos actos de represión hacia una periodista por parte del gobernador en contubernio con otras autoridades y personajes del sector empresarial. El término de "gober precioso" es usado como dicho popular por los más diversos sectores sociales de la sociedad poblana para referirse a los políticos, en general utilizando mensajes como "el estado del gober precioso" o "el gober precioso de Puebla", entre otros. Incluso, el término circula en buena parte del ámbito nacional en un sentido peyorativo.

2 Fragmento tomado de "La Jornada de Oriente" del 7 de mayo, página 3.