SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número27Precisiones conceptuales sobre la democracia cristiana y el neo-liberalismoCalidad de vida en Argentina: percepciones macro y micro sociales índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • No hay artículos similaresSimilares en SciELO

Compartir


Estudios políticos (México)

versión impresa ISSN 0185-1616

Estud. polít. (Méx.)  no.27 México ene./dic. 2012

 

Materiales

 

Bitácora del proceso electoral en Francia 2011-2012

 

Binnacle of the electoral process in France 2011-2012

 

María Marcela Bravo Ahuja Ruiz*

 

* Doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM. Profesora de Tiempo Completo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

 

Resumen

En este ensayo se presenta una narración analítica del proceso político que culminó con las elecciones del presidente y el Congreso en Francia. Construido a manera de diario o bitácora que inicia en septiembre de 2011 y culmina en junio de 2012, recorre momentos clave de ese proceso, trazando un paralelismo con la elección presidencial en México.

Palabras Clave: elecciones en Francia 2012, François Hollande, elecciones en México 2012, partidos políticos, preferencias electorales.

 

Abstract

This essay presents an analytical narration of the political process which led to the elections for President and Congress in France. This exercise worked as a diary or a binnacle begun on September 2011 and ended on June 2012, and follows up the key events of the process connecting in parallel with the Mexican presidential election.

Key words: French elections 2012, François Hollande, Mexican elections 2012, political parties, electoral preferences.

 

Francia vivió un intenso año electoral en el que eligió a su actual presidente y renovó su Congreso. En las siguientes páginas el lector encontrará una bitácora que recorre los más importantes momentos de este proceso, destacando las fuerzas políticas que estuvieron en juego y que marcan el futuro inmediato francés en un contexto de crisis de la Unión Europea. El análisis está marcado por el paralelismo de la misma contienda presidencial en México.

 

20 de septiembre de 2011

Las elecciones primarias que el Partido Socialista francés llevará a cabo próximamente como sistema para seleccionar a su candidato a la contienda presidencial que enfrentará en 2012, fueron aprobadas el 1 de octubre de 2009 con 68% de la votación y deben entenderse como el resultado político de tres fracasos sucesivos de este partido en elecciones similares.

Por primera vez en la V República, un partido político designará a su candidato a través de la movilización de un cuerpo electoral que rebasa a sus adherentes, quienes fueron los únicos que votaron en primarias de ese partido en 1996 o 2006. En efecto, para poder participar esta vez sólo hace falta ser simpatizante, estar inscrito en la lista nominal de electores, hacer un donativo destinado al financiamiento de la operación electoral mínimamente de un euro, y firmar una carta de compromiso con los valores de la izquierda.

Este procedimiento para algunos analistas representa la democratización del partido, en tanto le da nuevos derechos a los electores y fuerza al aparato partidista a adoptarse a la decisión del conjunto de la población de izquierda quitándole a la organización un monopolio. Según esta posición, al fomentar una democracia "delegativa", se contribuye a la disminución del elitismo. Sin embargo, para otros analistas, con los que concuerdo más, significa una doble ruptura con la tradición parlamentaria y con la soberanía de la militancia socialista.

Es una ruptura con la tradición socialista porque mediante esta fórmula las individualidades trascienden al colectivo y el partido acepta la personalización creciente de la vida política. En efecto, se abre a la competencia entre liderazgos, bajo los reflectores de la dramatización de los medios de comunicación.

Es una ruptura también con el partido de militantes porque tradicionalmente eran ellos quienes fijaban la línea política colectiva. Al perder la exclusividad de la selección de sus candidaturas, el partido se expone al veredicto de la opinión pública, en tanto los simpatizantes se dejan influir más por la coyuntura y la popularidad de los contendientes.

En suma, extraña que un partido como el Partido Socialista históricamente hostil a la presidencialización apruebe un proceso que la consagra y simultáneamente devalúa al militarismo. Incluso cabe señalar que François Hollande y Martine Aubry, quienes actualmente se enfrentan y encabezan los sondeos de estas primarias, se oponían a este método. También vale la pena decir que los partidos aliados al Partido Socialista, notablemente el Partido Radical de Izquierda, rehusaron tomar parte en este proceso.

Así, existe una cierta falsedad en la pretensión democratizadora de las primarias abiertas. En efecto, a los electores sólo se les introduce parcialmente en el proceso. Finalmente deben decidirse entre precandidaturas estructuradas previamente por las relaciones internas del partido. Por lo mismo, el ejercicio que implica dicho proceso no conlleva realmente deliberación, ya que en realidad no se confrontan ni visiones del mundo, ni programas. Creerlo sería una ilusión procedimental.

De hecho, el procedimiento que implica llevar a cabo elecciones primarias abiertas debilita a los partidos, mientras acentúa la lógica de la opinión y el papel de los sondeos. Aceptándolas, el Partido Socialista francés deslegitima al movimiento obrero, le da la espalda al partido como instancia de elaboración colectiva y educación, y lo limita a ser una máquina electoral. Pareciera que de frente a su crisis interna, ideológica y organizacional, no puede concebir que su aparato, hoy desacreditado, pueda legitimar por sí mismo a su futuro candidato. Así, sus dirigentes aceptaron caer más en el dominio mediático.

En este contexto se realizó aquí, el pasado fin de semana, el primer debate televisivo entre los seis precandidatos, un debate extrañamente insípido, sin gran enfrentamiento, prueba de que el procedimiento elegido que hoy comento fragiliza a la izquierda.

 

18 de octubre de 2011

Los analistas que tenemos como tema de estudio las elecciones, seguimos haciéndonos preguntas básicas como las siguientes: ¿Qué determina más el voto: las identidades partidistas, los candidatos y las campañas, o quizás la valoración sobre el manejo de los asuntos públicos y los temas de debate? ¿Qué resulta más determinante en una contienda: la coyuntura política o la historia político-electoral que subyace en un proceso? ¿Se pueden hacer pronósticos electorales? ¿Qué es más relevante en una contienda: el contexto político nacional o elementos de orden regional?

Quiero resaltar estas interrogantes ante dos ejemplos que revelan a qué grado los personajes políticos dejan de ser competitivos en nuevas circunstancias y ante nuevos contrincantes en procesos electorales similares a otros del pasado que casi ganaron; es decir, a qué grado en política no hay siempre segundas oportunidades para los mismos actores porque con nuevos jugadores en nuevos contextos surgen sorpresas inesperadas.

En Francia en 2007, porque aquí las elecciones presidenciales son cada cinco años y puede haber reelección, Ségolène Royal compitió por el Partido Socialista contra el actual Presidente Nicolas Sarkozy y perdió. En las difíciles circunstancias políticas por las que atraviesa el gobierno francés, entre crisis económica y escándalos sobre el ejercicio del gobierno que se han traducido en una impopularidad creciente del mandatario, Sé-golène Royal quiso la revancha mas no pudo siquiera llegar a la segunda vuelta electoral para obtener la candidatura de su partido. Si bien en 2007 compitió también para conseguirla, cabe decir que aquel proceso se reservó a los militantes y adherentes del partido, mientras ahora se abrió de manera absolutamente novedosa para la ciudadanía en general. Recordemos que entonces le ganó a Dominique Strauss-Kahn y a Laurent Fabius con 60% de la votación; sin embargo, en su lucha por la presidencia fue abandonada e incluso fuertemente criticada por varios de sus compañeros de partido.

Por el contrario, esta vez desde un principio los sondeos de las primarias señalaron como punteros a aquellos que finalmente se presentaron en la segunda vuelta el domingo pasado, François Hollande y Martine Aubry. En la primera vuelta, una semana antes, parecía que iban a tener casi 40 y un poco más de 30% de los votos, mientras Ségolène Royal se quedaría con un 16%. Los pronósticos se cumplieron para François Hollande y Mar-tine Aubry, pero Ségolène Royal sólo alcanzó 7% de la votación. Sorpresivamente quien se llevó el 17% de los votos fue Arnaud Montebourg.

Abierta la elección a toda la ciudadanía, resultó mejor posicionado el precandidato más al centro del espectro político de izquierda, o sea, François Hollande, quien ha conservado una actitud más negociadora, deseosa de reunir a la izquierda e incluso de atraer el voto de electores usualmente de derecha que se encuentran descontentos con Nicolas Sarkozy, quien pese a la pérdida de apoyo incluso de los suyos se avecina como el candidato de su partido, quizá porque no hay quien lo reemplace. Incluso, no falta quien diga que en la derecha están dispuestos a perder en el 2012 y recuperar el poder en 2017.

Sea lo que sea, así se esfumaron los sueños de Ségolène Royal, quien podía dar por terminada su carrera política y no pudo dejar de derramar unas lágrimas conmovedoras, más aún para mí cuando pidió el voto en la segunda vuelta para su ex pareja y padre de sus hijos, François Hollande, quien finalmente ganó anteayer la candidatura presidencial por el Partido Socialista con 56% de la votación. Votaron cerca de tres millones de ciudadanos.

En México estamos presenciado un proceso similar en la figura de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), que por hoy ni de chiste logra remontarse a las preferencias que tenía en 2006 para ocupar la Presidencia de la República, que llegaban a casi cuarenta puntos y las cuales el día de las elecciones se tradujeron en aquella votación tan cerrada entre el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), después del proceso de las campañas en el que los panistas remontaron sus preferencias a fuerza de aprovechar su radicalismo y calificarlo de peligroso con éxito para ellos. Desde entonces, AMLO estuvo en campaña para el 2012, levantándose contra lo que consideró un fraude, calificando al gobierno de espurio, conformando un gobierno legítimo, recorriendo al país de punta a rabo con gran tenacidad, organizando el Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) convertido en asociación civil, pero las preferencias a su favor sólo oscilan ahora entre 16 y 21%, según varias encuestas de intención de voto recientes en el entendido de varios escenarios, o sea, ya sea su contrincante del PAN Ernesto Cordero, Santiago Creel o Josefina Vásquez Mota, y del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Manlio Fabio Beltrones o Enrique Peña Nieto.

Finalmente, son otras las condiciones para Andrés Manuel. Ni el desgaste del PAN en el gobierno ha podido beneficiarlo, porque al interior de ese partido ha venido creciendo una precandidatura independiente como la de Vásquez Mota, que cuenta con la doble ventaja de ser independiente de Felipe Calderón y de ser mujer. Por el lado de los priístas, Enrique Peña Nieto le ha arrebatado el liderazgo de la figura carismática que tantos mexicanos parecen requerir. Pero además, en otros escenarios, hasta Beltrones le gana. Sin embargo, la sorpresa mayor ha sido que en el PRD apoyada por su ala moderada pudo crecer una precandidatura viable en Marcelo Ebrard, quien no parece estar dispuesto a tirar la toalla si gana la encuesta que su partido ha determinado para definir a su candidato, la cual se llevará muy probablemente a cabo la segunda semana de noviembre.

¿Qué hará en este caso AMLO? Seguramente no llorar, porque en las boletas nadie duda que aparezca.

 

7 de febrero de 2012

Explicar nuestro sistema político a extranjeros ajenos a nuestra realidad nos permite apreciar mejor nuestras particularidades, compararlas con las de otros países e incluso entender también mejor estas otras realidades.

En Francia, donde me encuentro desde hace cinco meses, van a tener una contienda presidencial próximamente como nosotros, en mayo, en condiciones que recuerdan las nuestras en tanto ha habido un desgaste del partido en el gobierno desde hace diez años, la Unión de Movimientos Populares (UMP), un partido de derecha que como el PAN es posible que pierda el poder por el disgusto de la mayoría de los ciudadanos con el manejo de los asuntos públicos. El desgaste del PAN tiene doce años.

Aquí, como en México, no ha habido la mejora prometida de las condiciones económicas, sino por el contrario, el país se encuentra en una de sus mayores crisis. Sea o no culpa de Nicolas Sarkozy, pareciera que se le hará pagar la factura. Sin embargo, como hay reelección, es el propio Presidente, que nadie duda que se presentará como candidato, quien asumirá la derrota. Felipe Calderón al menos no tendrá que pasar ese mal momento, pero tendrá que rendirle cuentas a su partido si los panistas se van de Los Pinos.

Aquí, como en México, son cada vez más las personas que se abstienen de votar por desinterés. Sin embargo, el desinterés de los franceses se encuentra más concentrado en los grupos de población marginados. Incluso, se tiene el dato que 25% de los potenciales electores de esos grupos ni siquiera se encuentra inscrito en el padrón. Cabe precisar que el carnet para votar aquí no es documento de identificación, como en México. Los problemas de nuestro padrón, por el contario, son dos: uno, el que se encuentra inflado e incluye a cientos de miles de gente fallecida o emigrada y que no va a votar en el extranjero, y dos el que cientos de miles no han actualizado su credencial para votar.

Aquí, como en México, ha aumentado el voto en blanco a pesar de que a diferencia de México, hay mucho más opciones políticas en tanto serán posiblemente diez los candidatos que se presenten. Además, en ambos países los votos en blanco se confunden con los votos anulados por error, pese a la insistencia que se ha expresado en Francia de contabilizarlos por separado.

Aquí, como en México, son dos los competidores de la derecha en el poder. En Francia, la UMP se enfrentará principalmente a la izquierda a través del Partido Socialista y a la ultraderecha a través del Frente Nacional, si su candidata Marine Le Pen logra su registro en contra del cual hay por cierto una campaña en estos momentos. En México, el PAN enfrentará principalmente una coalición de centro: Partido Revolucionario Institucional/Partido Verde Ecologista de México, y otra de izquierda: Partido de la Revolución Democrática/Partido del Trabajo/Movimiento Ciudadano. De tal corrimiento a la derecha del sistema político francés y de una mayor extensión de nuestro sistema político en el espectro izquierda-derecha, uno pudiera esperar que los programas políticos que se presentan aquí fueran menos diferenciados que en México. Sin embargo, no es así. Los partidos políticos mexicanos si bien difieren en historia, valores, grupos de apoyo y prácticas, se parecen más entre sí que los franceses: en los hechos no han gobernado de manera contundentemente distinta y son igualmente pragmáticos.

Como ejemplo tenemos el programa presentado hace unos días por François Hollande en oposición a las recientes medidas oficiales, programa claramente de izquierda (a pesar de que quien lo suscribe tiene una trayectoria más de centro), que incluye propuestas alternativas concretas basadas en estudios económicos serios. No se puede comparar este documento con las ideas sueltas y pasionales que expresa Andrés Manuel López Obrador contra la política gubernamental.

Sin embargo, cabe entender que AMLO no quiere cometer los mismos errores que produjeron los resultados de 2006, marcados por la reacción empresarial a su radicalismo de entonces. Hollande, en tanto representante de los socialistas, en un sistema electoral de dos vueltas que no existe en México y debido a la fragmentación partidista en Francia, juega por ahora —a mi entender— a atrapar al máximo de electores disponibles que están por la izquierda y a aquellos que a falta de un discurso suficientemente crítico a Sarkozy simpatizan con la ultraderecha. Debe pensar que en el supuesto de que la UMP pase a la segunda vuelta, ya habrá tiempo de moderar su discurso en búqueda de una alianza con todas las fuerzas posibles.

De hecho, son más las diferencias que las semejanzas entre ambos sistemas políticos. Este sistema, a diferencia del nuestro, es semi-presidencial. Hay un primer ministro que emana de las elecciones legislativas que no son paralelas como las nuestras a la elección presidencial, sino que serán hasta junio, mes y medio después de aquélla, así como tampoco hay elecciones directas de los senadores, quienes son electos por los cientos de alcaldes y consejeros del país, como pasó a finales del año pasado a través de un proceso en el que los socialistas ganaron la mayoría.

¿Difícil de entender, no es cierto? A los franceses también les cuesta comprender que pueda posiblemente reconquistar el poder federal en México un partido como el PRI que había gobernado por 70 años luego de los cuales perdió la Presidencia. No entienden que éste no regresaría, sino que siempre se mantuvo ahí, que siempre siguió siendo la principal fuerza regional además de un partido parlamentario indispensable para gobernar.

Me extraña que me pregunten si en tal caso volveremos a lo mismo, si aprenderá el PRI a convivir con la democracia, como si no lo hubiera hecho los pasados doce años, como si no fuera el partido que promovió la democracia en el país, como si fuera el único partido responsable de la democracia gris que tenemos.

Les digo que todos los partidos gobiernan en México a uno u otro nivel, les digo que todos son responsables de nuestra principal limitante, a saber: la tenue línea entre los gobiernos y los partidos en el gobierno, característica que hoy produce aún procesos políticos de legitimación dudosa, como si no tuviéramos bastante con la falta de eficacia gubernamental y la debilidad estatal.

 

20 de marzo de 2012

El hecho de que las preferencias electorales pueden modificarse bruscamente, es absolutamente cierto. Me voy tres semanas a México en este sabático que paso en Francia, donde como en nuestro país este año habrá elecciones, dejando a François Hollande contendiente por el Partido Socialista con cinco puntos de ventaja en los sondeos sobre el actual Presidente Nicolas Sarkozy, de la Unión de Movimientos Populares (UMP), y me vengo a encontrar a este último con un punto y medio de ventaja sobre su principal opositor. Así, en cuestionarios realizados el 11 y 12 de marzo, Sarkozy mantiene 28.5% de las preferencias contra el 27% de Hollande.

Dejé a un presidente que se lanzaba a la contienda con mucho desgano, como si no le quedara de otra. Tan sólo el 8 de marzo públicamente evocaba su derrota y declaraba que se retiraría en tal caso. Hoy me lo encuentro renovado de ánimo, sonriente, y a sus partidarios vitoreando: ¡Vamos a ganar! ¡Vamos a ganar! ¿Cómo explicar estas cifras y qué podemos prever?

Del lado de la UMP circula el regocijo. Afirman con razón que en política hay que ver a los sondeos como fotografías instantáneas y que lo que cuenta son las tendencias: éstas reflejan para Hollande una intención de voto a la baja, clara desde finales de febrero, mientras Sarkozy ha ido subiendo constantemente. Es más, cabe recordar que al día siguiente de la primaria que lo nominó, tenía entre 35 y 39% de las preferencias. Así, señalan que basta prolongar las curvas para saber cuál será el resultado.

Los socialistas argumentan que tal situación era previsible luego del inicio de la campaña de Sarkozy, y que durante la actual V República los presidentes salientes siempre han llegado a la cabeza en la primera vuelta de las elecciones.

De hecho, a mi parecer han venido pasando dos cosas. Primero, ha sido efectiva la derechización del discurso del Presidente frente al electorado de Marine Le Pen, que podía hasta ahora dudar de que su candidata participara en la contienda. En efecto, mientras que en estudios anteriores hasta el 21.5% decía que votaría por tal candidata (incluso, según algunos especialistas, 30% de los franceses se identifican con sus ideales), en el sondeo referido que sitúa a Sarkozy en primer lugar sólo 16% declara lo mismo. Sin embargo, cabe señalar que Le Pen ya cuenta con las 500 firmas necesarias de funcionarios electos por votación popular para avalar su candidatura, como lo exige la ley, con lo que el beneficio obtenido por la UMP puede revertirse. En este sentido, es muy probable que fuera el propio gobierno el que estuviera bloqueándola, como ella argumentaba, para impedir su nominación y que su candidato creciera a su costa. También es posible que desde todos los frentes de la oposición a Sarkozy impulsaran, para su propia conveniencia, su entrada a la contienda.

En segundo lugar, pese al esfuerzo de Hollande por ofrecer en su campaña un programa netamente de izquierda, han aumentado las preferencias a favor de Jean-Luc Mélenchon, candidato del Frente de Izquierda que reúne al Partido Comunista francés, al Partido de Izquierda y a la Izquierda Unitaria, que hoy han subido dos puntos y rebasan el 10% de las preferencias. Es decir, Mélenchon le ha robado electorado a Hollande, siendo que a la vez su estrategia no le ha permitido a Hollande captar con eficacia electorado del Partido del Centro, cuyo candidato es François Bayrou, quien concentra aproximadamente un aún no despreciable 13% del voto.

¿En este escenario, qué se puede esperar? Es muy previsible que Sarkozy llegue a la cabeza en la primera vuelta que se llevará a cabo el 22 de abril, pero también lo es el que tenga que competir en la segunda vuelta del 6 de mayo con Hollande. Ahí, las fuerzas se recompondrían porque sí es cierto lo que piensan los socialistas en el sentido de que estas elecciones van a agrupar a los antisarkosistas. En efecto, no hay que olvidar que el Presidente tiene record de impopularidad. Así, la primera vuelta sólo habrá de definir el peso de los distintos partidos en la coalición que hagan contra Sarkozy para la segunda vuelta, la cual después quedará plasmada en la elección legislativa de junio próximo. Esta coalición comprendería principalmente al Partido Socialista, al Frente de Izquierda y al Partido Ecologista, cuya candidata es Eva Joly y alcanza máximo 5% del electorado.

Sin embargo, el optimismo de los socialistas reposa también, según declaran algunos comentaristas, en otra suposición que como a ellos me parece más improbable (ellos dicen que está construida sobre arena) y es que en la segunda vuelta aproximadamente la mitad de los electores del Frente Nacional de Le Pen y un tercio del electorado de François Bayrou no salgan a votar. De hecho, el que en la segunda vuelta haya más abstencionismo que en la primera vuelta no se ha visto desde 1965. Ahora bien, el que la mayoría de ellos fuera a votar sería riesgoso para Hollande, porque en un duelo con Sarkozy, este electorado se inclinaría más por el último que por aquél.

Así está la situación cuando el pasado viernes finalizó el plazo para la entrega de toda la documentación requerida por las autoridades electorales y en estos días debe publicarse el listado oficial de los aspirantes al palacio del Eliseo. Los pronósticos finales son favorables al aspirante socialista, quien supuestamente obtendría 54.5% de sufragios versus 45.5% para Sarkozy.

Me pregunto si es más funcional este sistema político que el nuestro, que es menos fragmentado, con una única vuelta electoral y elecciones legislativas paralelas. El francés me parece un sistema más polarizante, pero de discursos políticos más definidos y que al final logra casi por principio mayorías en la Asamblea. De tal suerte, hoy por hoy Hollande ha logrado conformar en torno suyo una alianza de líderes socialdemócratas de las tres principales economías del euro, Francia, Alemania e Italia, y propone puntualmente medidas contrarias a las oficiales vigentes para supervisar más a los bancos, controlar a los mercados a la vez que reactivar la economía con justicia.

 

17 de abril de 2012

En Francia, el próximo domingo 22 de abril competirán en la primera vuelta de la elección presidencial diez candidatos, de los cuales tres son mujeres. Los menciono en el orden de sus inclinaciones políticas de derecha a izquierda. Marine Le Pen, quien representa al Frente Nacional, de ultrade-recha; Nicolas Dupond-Aignan, quien es un conservador dirigente del partido Arriba la República, que se proclama gaullista; Nicolas Sarkozy, el actual presidente, quien compite por el partido en el poder: la Unión de Movimientos Populares (UMP); François Bayrou, quien es dirigente del Movimiento Demócrata, de centro; Jacques Cheminade, un hombre de edad que se dice también gaullista pero de izquierda, y quien va por un pequeño partido: Solidaridad y Progreso; Eva Joly, quien es candidata por Europa Ecología-Los Verdes; François Hollande, quien representa al Partido Socialista; Jean Luc Mélenchon, quien abandera al Frente de Izquierda, que comprende al Partido Comunista, al Partido de Izquierda que él fundó y a la Izquierda Unitaria; Philippe Poutou de ultraizquierda, quien se presenta por el Partido Anticapitalista; Nathalie Arthaud, por el partido Lucha Obrera, del que ha sido voz.

Nadie duda que los dos punteros que pasarán a la segunda vuelta serán Sarkozy y Hollande. Como los sondeos los declaran muy parejos, la única duda es si el hoy presidente logrará el primer lugar. Sin embargo, se imponen un montón de preguntas y me imagino que entre tantas hay quienes se dirán qué buscan los demás candidatos. Buscan posicionarse y es cierto que algunos de ellos, aunque sean minoritarios, están ya definiendo los resultados. Es el caso de Le Pen, Bayrou, Eva Joly y Mélenchon.

Sorprende cómo Le Pen ha logrado capitalizar la cólera masiva que produce el descontento, a pesar de no defender las causas populares; sea lo que sea, el resultado final de la elección presidencial dependerá mucho de cómo se incline su electorado en la segunda vuelta. Sorprende la forma en la que Bayrou se acerca cada vez más a las posiciones de Sarkozy, en particular en lo que concierne el control de las finanzas y la disminución del gasto público, al grado que hoy ya hay quienes lo mencionan —sin que él lo haya negado— como posible primer ministro en el caso de que el presidente repitiera su gestión. Finalmente ambos, Sarkozy y Bayrou, provienen de un mismo grupo de derecha que se remonta al ex presidente Va-léry Giscard d'Estaing. Sin embargo, Bayrou no abandona una posición crítica, a la vez que hay un tono esperanzador en su discurso, en el cual curiosamente retoma slogans de la izquierda socialista, como el de la agrupación de los franceses por la recuperación del país.

Del mismo modo sorprende cómo Eva Joly, de origen sueco, viuda y magistrada jubilada, ex aliada de Bayrou, hoy puede ayudarle a hacer también mayoría a Hollande y ya firmó con los socialistas una alianza para las legislativas que vendió muy cara. ¿Será que los verdes tengan en todas partes, como aquí y en México, las mismas estrategias? Por último, sorprende cómo Mélenchon, un ex socialista, les está compitiendo electorado a sus ex compañeros de partido en una contienda en la que su participación, a decir de muchos, ha sido la más inteligente y seductora. Así no los ha dejado crecer al punto de convertirse en un peligro. Dirá que ya tendrá después tiempo de negociar.

En este sistema de tal fragmentación partidista destacan las escisiones y recomposiciones tanto a la derecha como a la izquierda. Los problemas de unidad son tan fuertes que hoy llegan a ser seis las candidaturas de la izquierda, con incluso dos candidatos trotskistas porque hasta ellos exhiben diferencias. Poutou hace un llamado no violento a la convergencia de las resistencias y Arthaud se declara a favor de la dictadura del proletariado en un discurso comunista y antiimperialista que favorece el intervencionismo estatal.

Por otra parte, sobre la fragmentación, es de notarse que son también dos las candidaturas que se pueden considerar independientes, aquellas que se sienten herederas de Charles De Gaulle. Pero su origen es muy distinto. Dupond-Aignan es un político profesional que militaba anteriormente en la UMP y hoy se expresa contra la apertura comercial, por lo que se cataloga como soberanista. Cheminade es más bien un ensayista de origen argentino que incursiona en política esporádicamente, hoy como en 1995, cuando también fue candidato del mismo partido que entonces fundó, con propuestas un tanto extrañas e inconexas sobre el programa espacial como sobre la banca.

Si bien se habla de esta contienda presidencial desde hace meses, en particular a partir de las primarias del Partido Socialista, y que los principales protagonistas se han expresado continuamente en los medios —ellos mismos, así como sus colaboradores más cercanos—, las campañas empezaron formalmente hace una semana; o sea, que durarán tan sólo dos.

Desde nuestra perspectiva de mexicanos acostumbrados a elecciones cuya vigilancia se traduce en un seguimiento muy costoso, destaca el que aquí éstas son organizadas por el gobierno sin que nadie dude de ellas. El gobierno les da a todos los candidatos el mismo monto de dinero. Las campañas son sobrias. Sólo Sarkozy, Hollande y Mélenchon han hecho eventos masivos. Hay un número muy limitado de posters pegados en las calles; se les ve de cara con fondo de color único, cada uno con su personalidad; en algunos aparecen sus slogans. Destaca el de Eva Joly —con sus ya famosos lentes— en el que se dice que la ecología es el verdadero cambio, o el de Sarkozy, en el que ni siquiera se menciona la UMP. En la radio y televisión a diario se difunden sus mensajes, muy cortos por cierto. Desde luego, el llamado de Hollande a rescatar los valores de la República, en especial la justicia, suena más moderado que el de Mélenchon a tomar el poder. Van a tener todos 43 minutos exactos, hasta el 20 de abril a medianoche, para realizar esta actividad proselitista.

En fin, sí hay críticas entre todos, pero ninguna guerra sucia como la que por cierto ya desató en México el PAN contra el PRI. Además, las referencias a los demás siempre son puntuales sobre su desempeño público o propuestas. Un canal importante organizó una pasarela en la que tres analistas y un moderador les hicieron preguntas específicas sobre sus programas, los cuales habían leído a fondo. Tuvieron el mismo tiempo cada uno para responder. Por lo demás, ha habido divertidos programas en algunos de los cuales se invita, por ejemplo, a la gente a entender la mercadotecnia política que utilizan los candidatos, el cómo hacen los candidatos para hacerse sentir próximos a la gente, o a darles confianza. En otro se comentó su forma de presentarse al público, de vestir, por ejemplo. Han pasado programas chistosos de imitación, de concursos de jóvenes que quieran ser presidentes. Estos programas se desarrollan en paralelo a debates profundos.

En suma, no es una democracia tan diferente pero sí dirigida a un público con más nivel cultural, menos miope, muy preocupado por su país, pero con una gran confianza intersocietal, que expreso en el hecho de que se permite, si no vas a asistir a votar, el dar indicaciones de algún sustituto para hacerlo en tu lugar.

 

24 de abril de 2012

La primera vuelta de la elección presidencial francesa me suscita varias observaciones:

• Es la primera vez que un presidente que se presenta a la primera vuelta de una elección presidencial queda en segundo lugar. François Hollande le gana por tres puntos a Nicolas Sarkozy (28.8 contra 26.1%).

• Fueron 9 candidatos contra uno en este contexto electoral en que casi 75% del electorado expresa su descontento con la actual política gubernamental, en una jornada caracterizada por una participación mayor a la esperada del 80% del electorado.

• El abstencionismo no fue tan superior al del 2007 (19.7 vs. 16.2%), contrariamente a lo esperado. Los franceses, pese a ser vacaciones, votaron más que en las elecciones europeas, regionales y cantonales.

• De hecho, los resultados no fueron tan sorpresivos, aunque el que la votación del Frente Nacional de ultraderecha llegara a 18.5%, no deja de ser impresionante. Marine Le Pen llegó a convencer hasta las capas de obreros y jóvenes franceses enojados con la crisis y las dificultades que derivan de los costos de la inmigración y la pertenencia al Mercado Común Europeo en las actuales circunstancias. Por eso pega su mensaje patriótico dirigido a los franceses. Sin embargo, a diferencia del año 2002 cuando su padre Jean Marie Le Pen obtuvo el 16.86% de la votación, en esa ocasión él sí pasó a la segunda vuelta. En general, parece ser la que más se benefició de la alta participación.

• El Frente de Izquierda y los ecologistas ya anunciaron su inclinación por François Hollande. Eva Joly de forma muy directa, Mélenchon refiriéndose a que ahora hay que ir contra Sarkozy. Mélenchon esperaba más votación (particularmente ganarle a Le Pen), pero dice sentirse satisfecho de haber detenido al Frente Nacional. Tiene razón, porque los votantes de la ultraizquierda igual hubieran podido votar por la ultraderecha; son gente en ambos extremos marcada por el enojo y susceptible a la radicalización. Lo que hay que entender es que muchos votantes de izquierda prefirieron votar útil. De todas maneras hay que recordar que cuando entró a la campaña tenía 4 o 5% de las intenciones de voto.

• Tanto Le Pen, como François Bayrou, quien representa al centro, han pospuesto el anuncio de su posicionamiento para la segunda vuelta.

• Se trató de una especie de plebiscito que perdió el presidente saliente, como llama Hollande a Sarkozy. Pero hay más: Sarkozy fue abandonado un tanto por los suyos también, y se espera una gran crisis de la derecha cuando gane definitivamente Hollande, como a mi juicio puede preverse que va a suceder.

• Si bien los votantes de derecha son más que los de izquierda, la derecha tiene problemas de unidad incluso aquella que concentra el UMP. No se espera, pues, que todos los votantes de Le Pen y Bayrou voten Sarkozy. Muchos de Bayrou incluso votarán Hollande (quizás 50 y 50%) y muchos votantes del Frente Nacional se abstendrán. Durante días han oído decir que Sarkozy y Hollande son lo mismo. De hecho, ellos son la incógnita para la segunda vuelta. Pero yo creo los sondajes y espero un margen de victoria inusual, cercano a ocho puntos.

• La derecha está desunida a tal punto que el ex presidente Jacques Chirac de derecha declaró, desde antes de esta primera vuelta, que votaría por Hollande porque son de la misma región y los franceses son regionalistas y porque Sarkozy, quien políticamente estuvo emparentado una vez con él, lo traicionó en 1995 con Édouard Balladur, contra el que Chirac compitió. Sin embargo, fue su ministro apoyado por la esposa de Chirac, quien aún cree en él.

• A pesar de ello, Sarkozy estuvo detrás de la disolución del partido de Chirac, el Rassemblement pour la République (el RPR), y la conformación del UMP.

 

8 de mayo de 2012

Expreso algunos comentarios sobre los resultados de la jornada de la segunda vuelta de la elección presidencial en Francia:

• Hace un año nadie hubiera apostado por François Hollande. Su tenacidad, sin embargo, lo llevó primero a ganar la primaria para elegir candidato del Partido Socialista. Su capacidad de convocatoria lo hizo, después, ganar la primera vuelta de la elección presidencial y ayer vencer a Nicolas Sarkozy, quien tuvo un quinquenio en el que fue creciendo una oposición a su forma de gobernar, la cual generó desencuentros sociales y condujo a tomar medidas de austeridad para enfrentar la crisis económica que lastimaron sobre todo a las capas medias y al sector educativo.

• Muchos de los que ayer votaron por Hollande, más que votar por él, votaron para sacar a Sarkozy del poder. Así, treinta y un años después de que Mitterrand llegara la Presidencia, otro François llega también al Eliseo. Había sido su asesor en su juventud, calcó su campaña, sus discursos, sus gestos.

• Sin mayor experiencia en la administración pública central, ha sido sin embargo alcalde de Tulle en la región de Corrèze. Su experiencia ha transcurrido sobre todo al interior de su partido del que fue secretario y del que obtuvo todo el apoyo, que su ex mujer Ségolène Royal no gozó hace cinco años, cuando se presentó contra Sarkozy.

• No recibe un cheque en blanco, y sin duda hereda una situación complicada.

• Mientras sus seguidores festejaban en la Bastilla, plaza emblemática en la que la izquierda radical desfiló el pasado primero de mayo anunciando que de ganar Hollande se mantendrán vigilantes para no ser olvidados, él pronunció sus primeras palabras precisamente en Tulle para luego ir a acompañarlos.

• Antes se habían escuchado las palabras de Sarkozy en un discurso de gran dignidad que demuestran, no se puede negar, su gran capacidad. Lo felicitó, le deseó suerte y pidió para él el respeto que merece su investidura. Hay algo más importante que ellos, les dijo a los suyos, que es Francia y su porvenir. Agradeció el honor que tuvo de desempeñar su cargo y asumió la responsabilidad de los resultados. Les pidió mantenerse unidos en el contexto, creo, de una gran crisis de la derecha que a mi juicio es posible se avenga.

• A corto plazo se espera que luchen para convertirse en un contrapeso en las elecciones legislativas de julio próximo, que Sarkozy no dirigirá porque anuncio que se retiraría. Sin embargo, la tradición en Francia son más bien gobiernos unificados, es decir, que los electores tienden a darle a los presidentes los medios de acción para poder gobernar.

• El miércoles pasado Sarkozy había debatido con Hollande en un último esfuerzo por ganar los puntos en preferencias que le hicieran vencerlo. Intentó vanamente exhibirlo como inexperto, pero tuvo que sufrir las críticas implacables de un contrincante cada vez más crecido, quien demostraba altura para la investidura que obtuvo.

• Es cierto, había remontado poco más de cinco puntos en los últimos días con su política de acercamiento con la extrema derecha, llamando a los seguidores de Marine Le Pen a quienes ella les había dicho que decidieran qué hacer mientras ella votaría blanco. Esta política fue insuficientemente exitosa, pero ayer lo acercó a Hollande más de lo que prevenían los sondajes y los medios. Ayudó que aumentara la participación en relación a la primera vuelta. Votaron poco más del 80% de la población. No ayudó el que el centrista Bayrou se inclinara por Hollande.

• Hollande, quien ayer obtuvo poco menos del 52% (51.62) de los votos se convertirá en el séptimo presidente de la quinta República. Agradeció a los electores de izquierda y a muchos más que lo llevaron al poder, a los humanistas, según expresó. Francia se pronunció por el cambio, afirmó. Su consciencia está puesta principalmente en la juventud y en la justicia. Sus valores son la igualdad y el progreso. (Cabe decir que es un combate personal, ya que su padre era de extrema derecha y su origen mismo es burgués.) Por eso se declara socialista, pero gobernará para todos. Está consciente de que Europa entera lo mira en estos difíciles tiempos y lo demostrará, dijo con un tono de gran seguridad que atrás deja la debilidad que hace un año le achacaban, y que la austeridad no puede ser una fatalidad.

• Se dice que el primer ministro será quizá Jean-Marc Ayrault, líder de los diputados socialistas en la Asamblea. Se habla también de Martine Aubry, dirigente de PS. Se sabrá hasta la toma de posesión el 15 de mayo.

• Es buena señal el que ayer subió la Bolsa.

 

15 de mayo de 2012

Hoy 15 de mayo recién se realizó la ceremonia de transmisión de poder en Francia, en la que Nicolas Sarkozy le entregó el mandato presidencial a François Hollande, quien se convirtió en el séptimo presidente de la V República y el segundo socialista. Así, treinta y un años después de que Mitterrand llegara a la presidencia, otro François también lo hace. En 1980 éste se había acercado a aquél como miembro de un grupo de jóvenes con ideas del que se rodeó Jacques Attali, quien fuera su asesor. Por ello, no es fortuito el que Hollande haya copiado de Mitterrand su estilo.

Se antoja responder preguntas obligadas como, por una parte, por qué ganó Hollande, qué representa, quién es íntimamente, qué retos enfrenta; y por otra, también cómo se va Sarkozy.

De entrada cabe decir que hace un año nadie hubiera predicho la hazaña de Hollande. Sin embargo, su tenacidad lo llevó a ganar la elección primaria abierta para elegir candidato del Partido Socialista, a pesar de que sus críticos lo calificaban de blando. Después, su capacidad de convocatoria lo hizo ganar la primera vuelta de la elección presidencial, y por último vencer el pasado día seis a Nicolas Sarkozy, quien tuvo un quinquenio en el que fue creciendo una oposición a su forma de gobernar, la cual generó desencuentros sociales y condujo a tomar medidas de austeridad para enfrentar la crisis económica que lastimó sobre todo a las capas medias y al sector educativo.

El miércoles anterior a la jornada electoral, Sarkozy había debatido con Hollande, en un último intento por ganar los últimos votos que le hicieran vencerlo. Trató de probar su falta de experiencia, pero terminó poniéndose a la defensiva frente a un contrincante cada vez más seguro, un Hollande que demostraba estar bien informado e inesperadamente a la altura, y que se mostró implacable. Fue un verdadero debate, un ping-pong de dos mentes brillantes, bien preparadas, con capacidad discursiva y argumentativa.

Sarkozy no había logrado vencer al favorito de los sondajes, no había podido llevarlo a cometer errores, pero es cierto también que logró remontar entre las dos vueltas varios puntos tras su acercamiento con la extrema derecha, llamando a los seguidores de Marine Le Pen, del Frente Nacional, a quienes ella les había dicho que decidieran qué hacer mientras ella votaría blanco. Esta política fue insuficientemente exitosa, pero en la jornada electoral lo acercó a Hollande más de lo que creían los expertos y los medios. Ayudó que aumentara la participación en relación a la primera vuelta. Y no ayudó que el centrista François Bayrou se inclinara por Hollande.

Finalmente, Hollande obtuvo 51.62% del sufragio. Muchos de los que votaron socialista más que votar por él, votaron para sacar a Sarkozy del poder, sacarlo por sus arbitrariedades y las injusticias económicas, sociales y fiscales que para ellos produjo su gobierno. Ahora está por verse si Hollande podrá enfrentar la crisis que atraviesa el país con una política que se ha pronunciado por el cambio, y que según él demostrará que la austeridad no puede ser una fatalidad y que se puede poner el acento en la juventud, en la igualdad y en el progreso.

El socialismo de Hollande hasta hoy ha sido resultado de una lucha interna por su identificación personal y de un posicionamiento intelectual. Se sabe que siempre fue más cercano a su madre, quien se mantenía interesada por la política y los problemas sociales, mientras su padre era de extrema derecha. Su ideario le hace reconocer los conflictos de intereses en la sociedad y concebir su transformación a través de la negociación, del contrato y de una presidencia unificadora que califica de normal. Hollande promueve un ejercicio diferente del poder y afirma que debe compartirse con el Parlamento, los sindicatos, los cuerpos intermedios y los ciudadanos. En el plano económico su socialismo es un socialismo de la producción más que de la distribución, si bien considera que se debe rehabilitar el impuesto.

En los próximos cinco años tendrá la complicada tarea de concretizar estos planteamientos. La desventaja es que aparte de alcalde de Tulle en la región de la Corrèze, de la que también es oriundo el ex presidente Jacques Chirac, con quien una vez compitió, sólo se ha desempeñado como diputado y funcionario del Partido Socialista, del que fue Primer Secretario. La gran ventaja es el impulso que le dan sus años de luchas con altas y bajas, luchas que hasta hace poco hizo de la mano de Sé-golène Royal, madre de sus cuatro hijos, quien como él formó parte del equipo de Mitterrand, quien como él llegó a la Asamblea, quien como él estuvo cerca del primer ministro Leonel Jospin, quien como él lucho en 1997 por la presidencia, ella como candidata derrotada por Sarkozy. En parte, Hollande limpia su honor mas no llega con ella al Eliseo, porque en esta lucha tal pareja se deshizo y Hollande se fortaleció con una nueva relación que entabló con la periodista Valérie Trierweiler, quien sin aspiraciones políticas propias se puso a su servicio. Ségolène Royal, por su parte, busca ser el líder de los socialistas en la Asamblea.

Paradójica historia ésta y no menos la de Sarkozy, un hombre de pasiones y provocaciones pero ciertamente inteligente y de espíritu de lucha. El tiempo dirá si se merecía el odio que provocó en tantos. Su ascenso al poder presidencial hace cinco años le hizo perder a su compañera de entonces, Cécilia Ciganer. Inversamente hoy cuenta a su lado con Carla Bruni y su hija recién nacida para enfrentar su fracaso en el que nunca quiso creer. A mi juicio, los errores de su personalidad, más que el de sus políticas, le cobran la factura. Hoy no está lastimado de su corazón, sino de su orgullo.

Su primer discurso tras el anuncio de la victoria de Hollande fue de gran dignidad. Lo felicitó, le deseó suerte y pidió para él el respeto que merece su investidura. Hay algo más importante que ellos, les dijo a los suyos, que es Francia y su porvenir. Agradeció el honor que tuvo de desempeñar su cargo y asumió la responsabilidad de los resultados. Les pidió mantenerse unidos para bien de su partido y de las elecciones legislativas próximas, que Sarkozy no dirigirá porque piensa retirarse. En la UMP, sin embargo, ya empezaron los jaloneos para sucederle entre los ex primeros ministros François Fillon, Leonel Jospin y Alain Juppé.

Me gustó mucho también que Sarkozy invitara a Hollande a presidir juntos la fiesta nacional del 8 de junio, y algo también que se dijo en el último Consejo de Ministros del miércoles pasado: así como el móvil de la vida es la muerte, el de la política es que los mandatos terminan.

Por cierto, ya hay en la derecha quienes consideran a las legislativas como la tercera vuelta en la que lucharán para convertirse en un contrapeso al gobierno. De hecho, los sondajes, que ciertamente a veces se equivocan, por ahora les dan un poco más de puntos que a los socialistas.

Para el nuevo gobierno no es bueno, porque la izquierda haría sin duda mayoría, pero los socialistas les deberían más a sus aliados. Por ejemplo, el Frente de Izquierda ya había señalado en su desfile del 1 de mayo que de ganar ellos, a quienes apoyaron manifestando una unidad incuestionable, se mantendrían vigilantes para no ser olvidados. Por eso ayer fue Hollande por última vez al Partido Socialista a despedirse y a fortalecer a su partido en esta nueva etapa, en vistas de que puedan obtener una mayoría amplia, sólida y leal. Él no será su líder; será Presidente de todos los franceses, dijo.

Así empieza la era Hollande. Todos esperan los primeros nombramientos. Hollande se encontrará, hoy mismo, con la canciller alemana Angela Merkel; difícil encuentro, como será todo lo que se viene.

 

26 de junio de 2012

En la soledad de la casilla, el próximo domingo, los ciudadanos emitiremos nuestro voto en México. Lo haremos más determinados de lo que creemos y quisiéramos por diversos factores, desde nuestras instituciones mismas que nos hacen, por ejemplo, votar a la vez presidente, legisladores y algunos gobernadores; nuestra concepción que tenemos de la historia política de México, sus necesidades, nuestra opinión sobre sus gobernantes pasados y presentes, la fuerza que tienen los partidos, el impacto que han tenido en nosotros las campañas, nuestra opinión de los candidatos, lo buenos y malos que nos parecen, lo que creemos que representan, hacia dónde pensamos que podrían llevar al país.

Cuando se den a conocer los resultados los estudiosos en temas electorales, en lugar de predecir para lo que somos bastante malos, trataremos de explicar lo sucedido. Se avecina más fácil de interpretar la contienda presidencial que las demás, en las que se cruzarán diversos factores. Aparentemente, la presidencial se jugará en esencia entre el nivel del agotamiento y decepción que puedan haber producido los gobiernos panistas, la inevitabilidad del regreso al poder del candidato priísta que llegó a unir a su partido con toda su fuerza regional y contó con el apoyo de indudables poderes fácticos, el sentido que para muchos y sorpresivamente para bastantes jóvenes todavía tiene la aversión a un partido que nos gobernó por décadas en condiciones de hegemonía, y nuestra capacidad de confiar en la existencia y viabilidad de un proyecto realmente alternativo a los márgenes en los que se ha movido la política nacional durante los últimos treinta años.

Por mucho tiempo se creyó que el voto era menos cognitivo de lo que es, que la gente votaba como sus padres, esposos y vecinos, como sus colegas y amigos. En muy buen grado no lo es, sobre todo en la medida en la que el nivel de estudios es mayor. Es decir, hay mayor tendencia de la que se creía a decidir conscientemente la orientación partidista; sin embargo, ello no quiere decir que no seamos presas de contextos y sobre todo de emociones.

De las múltiples razones que explican el desarrollo de la política y del ejercicio electoral, una de las que más me fascina es el amor. Las carreras políticas, la constitución de camarillas, las escisiones partidistas están plagadas de historias de familias, parejas y traiciones. Los electores también responden a ellas según sus propias vivencias. Para no interferir para nada en la decisión que tomen sobre nuestro propio destino nacional, voy a referirme a un ejemplo que está en el centro de la actual conducción de la Asamblea Nacional en Francia para cerrar mis comentarios de este proceso electoral.

El pasado domingo 17 se llevó a cabo en este país la segunda vuelta de la elección parlamentaria. Fue, como se veía venir, una gran victoria para los socialistas, porque ganaron la mayoría absoluta necesaria para sacar adelante su proyecto de menos austeridad y más crecimiento en una economía en recesión. Su bancada contará con al menos 291 diputados, 280 socialistas más once de diversas izquierdas inscritas al grupo. Como está previsto, el partido antes gobernante, el UMP, tendrá alrededor de 217 diputados y enfrentará una gran lucha por su liderazgo.

Las sorpresas fueron otras. Por una parte, tanto Marine le Pen como François Mélenchon que la desafió, dirigentes del Frente Nacional y del Frente de Izquierda respectivamente, perdieron su lucha por llegar a la Asamblea. Aquí también se impusieron los socialistas. Sin embargo, la extrema derecha tendrá dos asientos en la misma.

Mas el mayor fracaso de los socialistas fue en la región de La Rochelle, el de Ségolène Royal, ex candidata presidencial por su partido en 2007, ex compañera del actual presidente y madre de sus cuatro hijos. Habiendo compartido codo a codo con él una carrera paralela, no llegó a su lado al Eliseo, porque hace unos siete años la pareja se deshizo y François Hollande emprendió una nueva vida con la periodista Valérie Trierweiler. Sin embargo, después de haber apoyado a Hollande con energía, tras no haber obtenido otra vez para ella misma la candidatura presidencial, la esperanza política de Ségolène Royal era la presidencia de la Asamblea. Para ello tenía que ganar esa diputación que no pudo, por una parte, por la indisciplina del que se suponía su compañero de partido, Olivier Falorni, quien se opuso a su nominación promovida por el mismo Hollande y supuestamente basada en las cuotas de género, y se postuló también; y por otra parte, por el apoyo que recibió éste a través de un ahora famoso twit de Valérie Trierweiler.

Habrá ganado Falorni, pero los socialistas no lo quieren con ellos. Habrá ganado Hollande la mayoría absoluta que deseaba en la Asamblea, pero tendrá que poner orden en casa.

Esta historia demuestra que las elecciones y la política están mucho más permeadas de los que se quisiera por los asuntos privados, y que conllevan consecuencias.

En suma, el presidente francés podrá legislar sin ayuda ni de los radicales, ni de los verdes. En efecto, los socialistas no requieren que se integren a ellos ni los 13 diputados de extrema izquierda ni los alrededor de 20 ecologistas. No obstante, todos se preguntan adónde quedó su pretendida presidencial normal que dejaría atrás los problemas sentimentales que enturbiaron el periodo del ex presidente Nicolas Sarkozy.

Entre tanto, Bruno Le Roux fue electo presidente de la bancada por aclamación, pues no tuvo contrincante. Para la presidencia de la Asamblea el plan A era Ségolène Royal. Con su derrota se desarrolla un plan B. En la misma tónica de la igualdad hombres-mujeres en la distribución de los puestos de responsabilidad, la primera idea de Le Roux fue tratar de convencer a la ministra de la Reforma del Estado, Marylise Lebranchu, de que lanzara su nominación; sin embargo, frente al rechazo de la misma, se aceptaron cuatro candidaturas, de las cuales sobresalió la de un varón, Claude Bartolone, por lo que no parece que vaya a tener contrincante en la segunda vuelta de hoy.

La paridad de género se espera lograr a través de otros cargos de responsabilidad. Esperemos que no sean más las mujeres las que ridiculicen el quehacer político con historias de pasiones, celos y odios.

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons