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Estudios políticos (México)

versión impresa ISSN 0185-1616

Estud. polít. (Méx.)  no.21 México sep./dic. 2010

 

Arte y poder

 

La caricatura política en el Porfiriato

 

Fernando Ayala Blanco*

 

* Doctor en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM. Profesor de Tiempo Completo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Sus libros más recientes son: Arte y Poder. Una mirada artística al fenómeno del poder (2008) y El arte de la política (2006). Actualmente es responsable del Proyecto "El estudio de los grupos de poder en México", del Programa de Apoyo a Proyectos para la Innovación y Mejoramiento de la Enseñanza (PAPIME), de la UNAM. Está próximo a publicarse el libro colectivo Grupos de poder. La toma de decisiones en un modelo democrático, como resultado de los trabajos realizados en el Seminario permanente "Los grupos de poder y la negociación política en México", de dicho proyecto.

 

Resumen

El presente artículo es una reflexión y análisis en torno a la caricatura política en el Porfiriato. Ésta se inserta en la herencia de una rica e importante tradición gráfica, demostrando que las imágenes pueden ser una poderosa arma política. Ciertamente la caricatura política puede ser un arma de doble vía, que fue utilizada durante ese periodo histórico tanto por grupos progresistas como reaccionarios.

Palabras clave: caricatura política, Porfiriato, México, régimen político, crítica política.

 

Abstract

The article thinks about the political caricature in the "Porfiriato" period. The reserch is under the important mexican graphic tradition, and shows how images could be a powerful political weapon. Certainly the political caricature could be a doublé-edged weapon, as it was used during the period of "Porfiriato" by groups of progressive and conservatism ideologies.

Keywords: political caricature, Porfiriato, México, political regimen, political criticism.

 

I

Algunos de los muchos senderos que el hombre se ha trazado para provocar la risa han sido la deformación, la ridiculización y la ironía. Y cuando estos recursos se plasman en imágenes, tenemos a la caricatura. Esta última no es otra cosa que una representación gráfica en la cual se deforman exageradamente los rasgos o vicios característicos de una persona, institución, situación o idea, señalando una marcada intención humorística y crítica. El historiador del arte Robert de la Sizeranne apunta que la caricatura primero hizo reír, después hizo ver y ahora hace pensar.

A lo largo de todo el siglo XIX se promovieron en México distintos proyectos nacionales que pretendían ser el motor indispensable para el desarrollo del incipiente Estado-Nación. Ciertamente en la prensa periódica, espacio político por excelencia, se libró tan difícil combate, donde liberales y conservadores intentaron persuadir a la opinión pública de las bondades de sus respectivos proyectos de nación.

Uno de los más emblemáticos ejemplos es El Despertador Americano, fundado en 1810 en la ciudad de Guadalajara por Miguel Hidalgo y Costilla, considerado el primer periódico insurgente. Le siguieron el Ilustrador Americano, creado por José María Morelos y Pavón y editado por José María Cos en 1812; la Gaceta Imperial, promovido por Iturbide y editado por Alejandro Valdez en 1821; La Oposición, editado por Francisco M. de Olaguibel en la ciudad de Toluca, que representaría al federalismo en detrimento de la figura de Antonio López de Santa Anna, entre otros más.

En México, la caricatura política se inserta en la herencia de una rica e importante tradición gráfica. Se ha demostrado que las imágenes pueden ser una poderosa arma política que atacan a cualquier persona o institución sin distinción de clase o de ideología. Así sea impugnación o fuerza de reforma social, la caricatura encierra dentro de su lógica satírica un arma de doble filo, ya que puede ser utilizada políticamente tanto por tendencias progresistas como reaccionarias. No olvidemos que una imagen, que exagera o deforma los rasgos característicos de su víctima, provoca risa, burla y escarnio, haciendo mella en aquel o aquello que se ataca.

Veamos algunos ejemplos representativos de la caricatura política mexicana: la primera caricatura política registrada en los anales de la historia de México fue la que aparece en 1826, en el periódico Iris. La diatriba plástica consistió en una litografía de Pablo Linati contra la tiranía.

El caricaturista yucateco Gabriel Vicente Gahona, alias "Picheta", fue uno de los pioneros en la gráfica satírica. Este artista fundó el semanario festivo y satírico Don Bullebulle (1847), del cual fue ilustrador.

En agosto de 1849 aparece el primer número del Tío Nonilla, editado hasta 1850. Esta publicación es lanzada con la siguiente portada: "Periódico, Político, Enredador, Chismográfico y de Trueno". Fue un semanario dominical con caricaturas y grabados. Su caricaturista firmaba con las iniciales J.G.Z. Los cartones del Tío Nonilla criticaron al Clero, Antonio López de Santa Anna y Lucas Alamán.

En el año de 1855 se publica el periódico satírico La Espada de Don Simplicio, el fundador fue Vicente Arguelles. Además de introducir en sus páginas caricaturas, esta publicación versificó algunos de sus artículos. En materia política fue conservador y contrario a las leyes de Reforma.

Sin duda, una de las mejores publicaciones satíricas en la historia de la prensa mexicana fue La Orquesta. Ésta se opuso con un gran sentido del humor al gobierno juarista, aunque lo apoyó al enfrentarse al Clero y a la intervención francesa. El primer número de La Orquesta apareció en marzo de 1861 y dejó de imprimirse en el año de 1873. En estos 13 años de existencia desfilaron como dueños de la publicación Carlos R. Casarín —fundador del semanario, quien firmaba sus artículos con el seudónimo "Roberto Macario"—, H. Iriarte, Manuel C. de Villegas, Antonio Carrión, Lorenzo Elizaga, Juan N. Berra, Ignacio Gazaluz, Juan Darío Saiz y Vicente Riva Palacio. Según Santiago R. de la Vega, este último fue el único propietario del periódico, encubierto por las personas antes citadas. La Orquesta tuvo entre sus principales caricaturistas a Santiago Hernández, Constantino Escalante, José María Villasana, Alejandro Casarín y Jesús T. Alamilla. Este semanario, aun cuando fuera de ideas liberales, ridiculizó sistemáticamente a los gobiernos juarista y lerdista:

Los presidentes Juárez y Lerdo y sus ministros se transforman, por obra y gracia de los dibujantes Escalante, Hernández y Alamilla, en auténticos personajes de una historieta tragicómica. Las prominentes cejas de Don Benito y la reluciente calva de Don Sebastián, se tornan signos iconográficos que hacen reconocible la caricatura más allá del parecido con el original. Con el paso del tiempo y a fuerza de reiteración, la caricatura de Juárez se parecerá cada vez más a la caricatura de Juárez, es decir, al personaje construido por los dibujantes, y cada vez menos a su referente real. Lo mismo sucederá con Lerdo.1

En octubre de 1869 aparece San Baltazar. "Periódico chusco, amante de decir bromas y groserías, afecto a las convivialidades y con caricaturas". Este semanario de ideas liberales y defensor de la Constitución de 1857, tuvo como objetivo principal apoyar al general Díaz en la elección presidencial de 1876. El editor y redactor de esta revista fue J. Briseño. Las caricaturas aparecen firmadas por "Púdico" o "Piquete". Salvador Pruneda asegura que los pseudónimos corresponden al caricaturista Delgado.

En enero de 1870, las autoridades suspenden la publicación de San Baltazar, pero más tarde regresa a la lucha política combatiendo la reelección de Lerdo de Tejada. En su primer número aparece la siguiente redacción. "La Lanza de San Baltazar no perdonará ni al disimulado Don Benito, ni al furibundo Lerdo, ni a Mejía el infatigable fusilador, ni a ninguno de los que tienen su papel en la comedia del figurón que se representa en Palacio".

Asimismo, a principios de 1870 se publica el semanario El Padre Cobos. "Periódico alegre, campechano y amante de decir indirectas... aunque sean directas". Este periódico enarboló una ideología liberal, que no fue impedimento para criticar —cuando lo creyó conveniente— a los gobiernos de Juárez y Lerdo. También criticó sistemáticamente al gobierno de Díaz, aun cuando en los inicios del porfiriato cayera bajo la égida oficial. J.R. Torres fue el editor de la publicación; la dirección estuvo a cargo de Ireneo, Paz y participaron como caricaturistas Alejandro Casarin, Jesús T. Alamilla y Lira. Este último esgrimió furibundas caricaturas antiporfiristas.

En febrero de 1874 aparece El Ahuizote con la siguiente portada. "Semanario feroz aunque de buenos instintos. Pan, pan; vino, vino; palo de ciego y garrotazo de credo, y cuero y ténte tieso". Periódico marcadamente político el cual exigió respeto a las leyes constitucionales y se opuso abiertamente al gobierno de Lerdo de Tejada. La edición estuvo a cargo de José María Villasana, fungiendo como responsable de la revista Homobono Pérez.

Hasta donde sabemos, las primeras sátiras políticas en forma de historietas aparecen en El Ahuizote, que se publica de 1874 a 1876, animado por Vicente Riva Palacio, Mirafuentes y De la Sierra, como redactores, y Trinidad J. Alamilla y José Maria Villasana, como dibujantes. El Ahuizote es una revista liberal, aunque antilerdista, que recoge la herencia política y gráfica de publicaciones como La Orquesta y El Padre Cobos.2

En 1875 se publica el bisemanario La Carabina de Ambrosio, editado por Fernando González para apoyar a Lerdo de Tejada en su intento reeleccionista, al mismo tiempo que criticó y ridiculizó al general Porfirio Díaz. Las caricaturas aparecen firmadas por "Moctezuma", pero por la técnica se cree que el autor fue el caricaturista Delgado.

En abril de 1877 se funda el semanario La Mosca con el siguiente encabezado: "Periódico impertinente y de acerado aguijón, que ha de causar picazón, a Porfirio y a su gente". Publicación lerdista, editada por Luis G. Lozano. Aparecieron únicamente algunos números, pues el gobierno porfirista inmediatamente lo clausuró.

En septiembre del año 1877 se publica el semanario Mefistófeles, editado por Aurelio Horta y Joaquín Trejo. Las caricaturas no aparecen firmadas, sin embargo se cree que son de Villasana, quien para protegerse no las firmaba.

En noviembre del mismo año aparece el periódico Fray Gerundio con el siguiente encabezado: "Semanario satírico, de política y costumbres, que hablará de todo hasta del gobierno". El fundador, propietario y redactor de la revista fue Jerónimo Baturoni y el caricaturista de planta fue Francisco Boceto.

En abril de 1879 cobra vida el semanario El Tranchete con la siguiente portada: "Periódico filoso, hablador, leperuno y endemoniado". Esta publicación, la cual gozó de gran popularidad, fue editada por Tranquilino González y Rafael Montielt. El Tranchete desplegó una aguda crítica contra el régimen porfirista, ocasionando que el periódico fuera suspendido. Los cartones políticos que lanzó no aparecen firmados, pero se cree que su autor fue Muller.

En marzo de 1880 se edita el semanario El Coyote, cuyo responsable fue Alberto Cano. El objetivo de esta revista consistió en apoyar la campaña política del general Manuel González, al tiempo que atacó despiadadamente a los candidatos del Partido Liberal, como por ejemplo, el general Mejía (ex-ministro de Guerra).

A principios de 1882 se publica 'La Patria Ilustrada', suplemento de La Patria. Estas dos publicaciones, editadas por Ireneo Paz, combatieron la imposición presidencial de Manuel González y fueron órganos de una coalición de liberales. En 1883 el caricaturista Villasana colaboró en La Patria Ilustrada, plasmando en sus caricaturas una mesurada crítica social.

No cabe duda que el periódico de sátira política de mayor relevancia durante el porfirismo fue El Hijo del Ahuizote. Éste desaparece en 1902 como consecuencia de la censura porfirista. Lo relevaron dos aguerridas publicaciones: El Colmillo Público y El Ahuizote Jacobino.

El Hijo del Ahuizote cobra vida en agosto del año 1885 con el siguiente encabezado: "Semanario feroz, aunque de nobles instintos, político y sin subvención, como su padre, y como su padre, matrero y calaverón (no tiene madre). Segunda Época". El editor y responsable al iniciarse este periódico fue Florencio Castro. Sus principales colaboradores fueron Santiago Hernández, Daniel Cabrera y Jesús Martínez Carreón. Muchas caricaturas aparecen sin firmar o bien con nombres supuestos como "Fígaro". Se cree, por el estilo de los dibujos, que Daniel Cabrera era "Fígaro". También participó como escritor Luis Cabrera, sobrino de Daniel Cabrera. A Florencio Castro le siguieron como directores José L. Méndez, Néstor González y Juan S. Díaz. En 1902 asumió la dirección Ricardo Flores Magón y lo relevó Juan Sarabia. Este semanario combatió tenazmente al régimen de Díaz, provocando que las autoridades persiguieran y encarcelaran a todos sus colaboradores:

Frecuentemente atropellados y encarcelados, los miembros de la redacción del valiente periodiquito, no obstante tantas persecuciones, nunca suspendieron su publicación; fue necesario que los esbirros del Caudillo, destrozaran los talleres donde se imprimía el intrépido órgano de la oposición para que dejara de aparecer. Todos los que intervinieron en la confección del audaz semanario de combate, visitaron frecuentemente, las odiosas bartolinas de la cárcel de Belén, contándose entre las personas no sólo los redactores y caricaturistas, sino hasta obreros, tipógrafos y litógrafos.3

El Hijo del Ahuizote, siendo una publicación con cartones políticos y cuyo nombre evidentemente insuflaba reminiscencias del padre, alcanzaba un público más popular que otros periódicos doctrinarios. Sus hirientes caricaturas y agresivos artículos ocasionaron que el gobierno porfirista desencadenara una vigilancia y persecución contra él. Ciertamente los cartones de este semanario jugaron un importante papel de oposición al gobierno porfirista y aumentaron la fuerza creciente de los ideólogos de la Revolución. Sus páginas llegaron a un gran número de personas analfabetas. Las caricaturas esgrimieron un lenguaje directo y sencillo, de fácil comprensión.

Es importante señalar que los integrantes de El Hijo del Ahuizote resistieron estoicamente los embates de la represión gubernamental. En el número del 4 de abril de 1886, por ejemplo, encontramos escrito lo siguiente: "El Sr. Cabrera continúa en la Cárcel de Belén, acusado del famoso crimen de actualidad: ofensas a los funcionarios públicos, inferidas por El Hijo del Ahuizote". La incisiva crítica que realizaron los caricaturistas contra el régimen de Díaz provocó la reiterada reclusión de los dibujantes en las bartolinas de Belén:

Cada bartolina era un infecto cubil de escasos cinco metros cuadrados. Más bien parecían cámaras letales, privadas de aire y de luz y pobladas de miasmas y de los más fatales gérmenes. En un rincón una letrina rudimentaria y un remedo de camastro en el que bullían con furia parasitaria los piojos, las chinches y las pulgas. Como única ventilación y luz, las que podían pasar por una estrecha rejilla de 20 cm. por lado. Las paredes y el piso eran de mampostería y el clima habitual era parecido a uno de nuestros refrigeradores.4

Por su parte, John Kenneth Turner relata las condiciones inhumanas que imperaban en la cárcel de Belén. Retomando los comentarios y experiencias de un médico penitenciario, nos dice que:

...a los tres días de haber entrado en Belén, todos los presos contraen una enfermedad de la piel, una terrible picazón que parece que quema el cuerpo, la cual es adquirida por las sucias condiciones del lugar. Todos los años, ocurre en la prisión una epidemia de tifo que mata a un promedio del 10 por ciento de los ocupantes. Dentro de Belén no hay sistema para imponer el orden entre los prisioneros. Los débiles están a merced de los fuertes.5

En los primeros años del siglo XX la represión contra la gráfica satírica se torna más dura. Sin embargo, algunos periódicos no dejaron de manifestar su antiporfirismo. Es el caso de El Colmillo Público: "Semanario humorístico de caricaturas", editado en septiembre del 1903 por el caricaturista Jesús Martínez Carreón. La administración estuvo a cargo de Federico Pérez Fernández, y la realización plástica en manos de Daniel Cabrera y del mismo Martínez Carreón. El Colmillo Público decía de sí mismo: "No soy político ni aristocrático ni jacobino ni guadalupano, soy un colmillo pelón, puntiagudo algo careado (sic), que cuando me duele mucho, veremos donde lo encajo". En diciembre de 1903, Martínez Carreón inicia una historieta que concluye hasta abril de 1904, titulada Aventuras de un turista. En Puros cuentos leemos lo siguiente:

Este comic, de personaje fijo, ocupa las páginas centrales del periódico, se imprime a dos tintas, rojo y negro, y relata el recorrido de "Perfecto Mala Estrella" por todo el país. La saga del flaco y barbudo personaje, perseguido por los rurales, "enganchado" como trabajador forzado a las plantaciones tabacaleras del Valle Nacional, encarcelado, golpeado y vilipendiado de mil maneras, nos muestra un país miserable y un pueblo atribulado al que oprimen gobernadores despóticos, curas gordos y lascivos, comerciantes voraces y hacendados explotadores, siempre apoyados por policías, guardias rurales y serviles soldados.6

Martínez Carreón fue uno de los caricaturistas más significativos y combativos contra el régimen de Díaz. El dibujante Santiago R. de la Vega dice de él:

Colaboró durante diez años en El Hijo del Ahuizote, hasta su clausura. Nunca firmó sus trabajos, pero son de tal mérito que no se les puede confundir con los de otros dibujantes. (...) Se especializó en caricaturas del general Porfirio Díaz y en trazos de tipos populares, con la circunstancia curiosísima de que solía auto caricaturizarse él mismo, ya como cargador de número, ya como aguador o bien como soldado o sardo. (...) Suprimido El Hijo del Ahuizote, fundó otro gran periódico de caricaturas: El Colmillo Público.7

La punzante crítica que realizó El Colmillo Público contra la administración porfirista causó la aprehensión de Martínez Carreón. De modo que pasó sus últimos días en una bartolina de Belén, donde contrajo tifo. Murió en 1906 debido a esta enfermedad.  

Daniel Cabrera, excelente y combativo caricaturista, funda, dirige y edita El Hijo del Ahuizote y El Ahuizote Jacobino, dos publicaciones que se opusieron valientemente al gobierno de "Don Perpetuo". Siguiendo la línea trazada por el primero, aparece en 1904 el segundo, solidarizándose con la lucha antiporfirista del Partido Liberal. Pruneda comenta que El Ahuizote Jacobino aparece:

...en la liza de prensa con el sólo fin, claramente determinado, de sostener con la pluma y la razón, los inconmovibles principios de la Libertad, la Reforma y la Democracia, y, en consecuencia, combatir todo lo que pugne esos credos abierta o encubiertamente, en todas las esferas de la organización social. Tenemos, pues, que combatir por la Constitución del 57 y las leyes de Reforma incrustadas en ella; por el respeto incondicional del Clero a esas leyes, por el libre ejercicio de los derechos políticos, por la libertad de conciencia, de pensamiento, de palabra, de enseñanza, de tribuna, de trabajo y de reunión y por la observancia en la práctica de todos los cánones de la democracia. (...) Lucharemos por el respeto a los fueros que a la prensa dan el derecho, la opinión pública y la civilización.8

A pesar de la represión gubernamental, Daniel Cabrera no cejó en su lucha contra el régimen de Porfirio Díaz. Fue un enemigo acérrimo del porfirismo y, por lo mismo, estuvo preso en muchas ocasiones en las bartolinas de Belén. Retirado del periodismo, murió pobre en Tomotlán, Puebla, en mayo del año 1914.

En julio de 1904 es editado Tilín-Tilín: "Semanario humorístico ilustrado de Política, Teatro y Literatura". La dirección estuvo a cargo del dibujante Álvaro Pruneda Sr., y la redacción en manos de Ciro B. Ceballos y Antonio M. Altamirano. Colaboraron como caricaturistas el catalán Ángel Pous, Francisco Zubieta, el escritor Carlos Toro, Álvaro Pruneda y Álvaro Pruneda Jr. Vale la pena recordar que Pruneda papá publicó en una ocasión un cartón en el que aparece Justo Sierra como un globo que se desinfla. Esta imagen encierra un doble sentido, pues, por un lado, hace alusión a la gordura de éste y, por otro, se refiere a la pérdida de consenso del Ministro de Instrucción Pública. La diatriba plástica molestó enormemente a Justo Sierra. En consecuencia, Pruneda fue enjuiciado, con base en una falsa querella, y pasó en las bartolinas de Belén tres semanas. En este lapso, Carlos Toro y Alvaro Pruneda Jr. realizaron las caricaturas del semanario, que continuaron censurando a la administración porfirista y, por lo mismo, Carlos Toro también fue encarcelado. Además, las autoridades porfirianas destruyeron la imprenta, provocando la desaparición de la publicación.

A finales de 1906 aparece un periódico de tendencia obrerista y anti-porfirista llamado El Diablito Rojo: "Semanario Obrero de Combate. O aman a Dios o se los lleva el Diablo". La edición estuvo a cargo de Ramón Álvarez Soto, y su caricaturista fue el célebre José Guadalupe Posada. Diego Rivera opina que Posada fue tan grande como Goya o Callot, pues realizó obras de una riqueza inagotable. No cabe duda que sus caricaturas y grabados interpretan el dolor, la alegría, la aspiración y el espíritu del pueblo mexicano. Eduardo del Río, Rius, dice que:

De Posada se ha dicho ya todo, y se le conoce en todo el mundo como el gran grabador enamorado de la muerte y gran retratista de su pueblo. (...) Se inició como caricaturista en El Jicote (semanario festivo de Aguascalientes), colaborando después en Gil Blas Cómico y El Diablito Rojo. Posada no era un caricaturista profesional: sólo ilustraba ideas de otros, y sólo ocasionalmente. Pero pese al hecho de no ser caricaturista profesional, sino simple ilustrador, Posada presenta en sus trabajos un humor y una ironía incomparables, que reflejan toda una situación dramática con mucha comicidad. Amén de sus geniales calaveras, Posada creó para el editor Venegas Arroyo, un personaje: Don Chepito.9

Las ilustraciones de Posada que aparecen en las ediciones de Venegas Arroyo hacen referencia a las dramáticas condiciones sociales de la época porfiriana. Por ejemplo, los grabados con temas de "Enganchadores", "Deportados a las Islas Marías", "Deportados al Valle Nacional" y "Deportados al Castillo de San Juan de Ulúa", tienen una fuerte dosis de crítica social. No es casual que Diego Rivera considere a Posada precursor de Flores Magón y Zapata. Dice Rivera que

analizando la labor de Posada, puede realizarse el análisis completo de la vida social del pueblo de México. Su buril agudo no dio cuartel ni a ricos ni a pobres; a unos les señaló sus debilidades con simpatía y a los otros, con cada grabado les arrojó a la cara el vitriolo que corroyó el metal en que Posada creó su obra.10

En muchos de sus grabados e ilustraciones, nuestro artista utilizó la imagen de la muerte como símbolo de igualdad. La calavera es una imagen de raigambre en el imaginario del mexicano.

En enero de 1909 aparece México Nuevo: "Diario democrático. El más popular de la República Mexicana". La dirección estuvo bajo la responsabilidad de Juan Sánchez Azcona, la subdirección a cargo de Antonio Medís Bolio, la redacción en manos de Arturo Lazo de la Vega y Armando Morales Puente. Animaron el periódico los caricaturistas Álvaro Pruneda Sr. y su hijo del mismo nombre, que firmaba sus trabajos con el seudónimo de Gasolini. Inicialmente este diario aceptó la reelección de Díaz, pero puso una condición: que se realizara una elección libre y democrática para la vicepresidencia. Más adelante, México Nuevo se convertiría en el órgano de propaganda del candidato del Partido Antirreleccionista: Francisco I. Madero.

Los caricaturistas y grabadores que se alinearon en las filas de la oposición contra "Don Perfidio" —Daniel Cabrera, Posada, Martínez Carreón, Santiago Hernández, Álvaro Pruneda (padre e hijo), Zubieta, por mencionar sólo algunos—, forjaron y representaron a la prensa revolucionaria. El trabajo y la obra de estos artistas, "que aventajó en efectividad a la prensa doctrinaria, tradujo en imágenes comprensibles la lucha contra el gobierno porfirista".11

 

II

Tomemos ahora como ejemplo la Conferencia Creelman para ilustrar el papel de la caricatura como arma política. Al iniciarse el mes de marzo de 1908, la revista neoyorquina Pearson's Magazine sacó a la luz pública la polémica y trascendente entrevista que el presidente Porfirio Díaz concedió al periodista norteamericano James Creelman. Posteriormente, los días 3 y 4 de marzo, el periódico oficioso El imparcial publicó en México una traducción de la conferencia. El historiador Eduardo Blanquel escribe que tal acontecimiento provocó reacciones muy variadas:

Los más suspicaces llegaron a dudar que la entrevista hubiera tenido lugar realmente. Los nacionalistas se sintieron ofendidos por haber sido extranjero el medio usado por el presidente para trasmitir su pensamiento. Otros creyeron enfrentarse a un mensaje cifrado y traslucieron el temor que les producía la posibilidad de equivocar su interpretación. Algunos más, sin creer totalmente sinceras las palabras de Díaz, pensaron usarlas como aval de sus propias actividades políticas. Sin embargo, la mayoría de los mexicanos —entre quienes estuvieron por cierto muchas de las figuras de la política nacional— desconocieron la entrevista o la ignoraron a conciencia.12

En el controvertido documento, el Caudillo dijo que

cuando un hombre ha ocupado un puesto revestido de poder por largo tiempo, puede llegar a persuadirse de que aquel puesto es de su propiedad particular, y está bien que un pueblo libre se ponga en guardia contra tales tendencias de ambición personal.13

Con esto, el Presidente reconocía aparentemente los peligros inherentes a las reiteradas reelecciones. Las palabras de Díaz en realidad manifestaron sus sentimientos más profundos —dice López Portillo y Rojas—, él pensaba:

...que la Presidencia le pertenecía por derecho propio. Lo que dijo a Creelman a este respecto, no fue más que una confesión involuntaria. Agregó que comprendía que un pueblo libre se pusiera en guardia contra una ambición personal de ese género; pero atenuó el concepto, agregando que las teorías abstractas de la democracia y su práctica y aplicación efectiva, eran con frecuencia diferentes por necesidad, cuando se prefería lo sustancial a la forma, con lo cual quiso dar a entender que era preferible para México su gobierno personal, a la aplicación de las prácticas democráticas, porque aquél era benéfico y éstas no lo eran para nosotros.14

Ciertamente, Díaz admitió que en el país no imperaba un régimen cabalmente democrático, que sus métodos de gobierno habían llegado a ser severos e inflexibles y que la paz reinante, necesaria para precipitar a la Nación por el camino del progreso, era una paz forzada:

Yo recibí el mando de un ejército victorioso, en época en que el pueblo se hallaba dividido y sin preparación para el ejercicio de los principios de un gobierno democrático. Confiar a las masas toda la responsabilidad del gobierno, hubiera traído consecuencias desastrosas, que hubieren producido el descrédito de la causa del gobierno libre. (...) Fuimos severos y en ocasiones hasta la crueldad; pero esa severidad era necesaria en aquellos tiempos para le existencia y progreso de la Nación. Si hubo crueldad, los resultados la han justificado. (...) Para evitar el derramamiento de sangre, fue necesario derramar un poco. La paz era necesaria, aun una paz forzosa, para que la Nación tuviese tiempo para pensar y trabajar. La educación y la industria han terminado la tarea comenzada por el ejército.15

Don Porfirio, no obstante afirmar ser fiel partidario de los principios democráticos ("La democracia es el único principio de Gobierno, justo y verdadero"16), asegurando que había esperado con paciencia el día en que México estuviera preparado para "escoger y cambiar a sus gobernantes en cada periodo sin peligro de guerras, ni daño al crédito y al progreso nacionales",17 y que había llegado el día de separarse de la presidencia de México sin "pesadumbre o arrepentimiento", esgrimió contradictoriamente una defensa de carácter práctico en favor de un Gobierno personalista y no necesariamente democrático:

Es un error suponer que el porvenir de la democracia en México se haya puesto en peligro por la continua y larga permanencia de un Presidente en el poder. Por mí, puedo decirlo con toda sinceridad, el ya largo periodo de la presidencia no ha corrompido mis ideales políticos. (...) Temo que los principios de la democracia no hayan echado raíces profundas en nuestro pueblo; (...) nuestra mayor dificultad estriba en que el pueblo no se preocupa suficientemente por los negocios públicos en beneficio de la democracia.18

Asimismo, afirmaba ser el artífice de la naciente clase media en México, sosteniendo que es ésta la que forma el elemento activo de la sociedad: "La democracia debe contar para su desarrollo con la clase media, que es una clase activa y trabajadora; (...) y se preocupa con la política y el progreso general."19 De ahí, pues, que justificara su prolongada permanencia en la silla presidencial y el severo método de gobierno desarrollado durante su administración. Esto lo fundamentó diciendo que, por una parte, fue necesario para el progreso del país, y por otra, porque varias veces trató de renunciar a la Presidencia y el "pueblo" no se lo permitió, exigiéndole que continuara en el ejercicio del poder.

Creelman, por su parte, señaló que en México no existía un verdadero partido de oposición. Y que esta situación bloqueaba el progreso de las instituciones democráticas. Rápidamente Díaz le contestó que son tantos sus amigos en el país que sus enemigos no tienen deseos de identificarse con un partido de oposición, agregando que la Nación depositó en él una gran confianza. Evidentemente esa confianza, opina "Don Perpetuo",

le imponía responsabilidades y deberes que lo fatigaban cada día más, empujándolo a tomar la firme resolución de separarse del poder al expirar su periodo, cuando cumpla ochenta años de edad, sin tener en cuenta lo que opinen mis amigos y sostenedores.20

Sin embargo, aseguraba estar dispuesto a servir y aconsejar a su sucesor. Es más, el Presidente dijo que vería con agrado la formación de un partido de oposición:

Si en la República llegase a surgir un partido de oposición, le miraría yo como una bendición, no como un mal, y si ese partido desarrollara poder, no para explotar, sino para dirigir, yo le acogería, le apoyaría, le aconsejaría y me consagraría a la inauguración feliz de un gobierno completamente democrático.21

En todo lo dicho por Díaz en la explosiva entrevista se vislumbra un conjunto de ambigüedades y contrasentidos, pues —en primer lugar— afirmaba haber llegado a nuestro país el día en que se desarrollaran elecciones pacíficas y democráticas, sin poner en jaque la estabilidad del país. Y, en segundo lugar, señalaba que los principios democráticos no habían echado raíces profundas en México como consecuencia de la despreocupación del pueblo por la política y los asuntos públicos. Blanquel escribe que a pesar de estos titubeos por parte de Díaz:

...la médula misma de la entrevista era positiva, optimista sobre las capacidades democráticas del pueblo mexicano. (...) Para salvar su obra y justificar sus métodos, el Presidente tenía que decir lo que dijo. Tenía que verse a sí mismo como el último de los hombres necesarios en la historia de México. Con él se había operado un cambio esencial en la organización social y política de su país. El creía —necesitaba creer— haber reunido al fin las dos realidades de la vida mexicana que se movían separadas y a veces contradictoriamente: una legislación constitucional casi perfecta y un pueblo sin educación política. Ahora ese pueblo a pesar de todos los pesares, pensaba Díaz, estaba apto para la democracia y él, su artífice, podía abandonar el poder sin el "menor sentimiento de disgusto", con una serena esperanza.22

La entrevista desencadenó diversas opiniones. Por un lado, los porfiristas consideraron que las palabras del Presidente eran únicamente la expresión de un noble deseo que no necesariamente debía atenderse, pues quizá no convendría a los intereses del país. Los enemigos del porfiriato, por otro lado, opinaron que el objetivo del Presidente al lanzar aquellos conceptos era:

...el de descubrir a sus enemigos, esto es, a todos aquellos que manifestasen alguna propensión a hacer uso de sus derechos (...) Según la exégesis de esos mal prevenidos intérpretes, por medio de aquel reactivo, era descubrir no sólo a los desafectos a su administración, sino hasta a los indiferentes a su persona, haciéndolos creer que los dejaba en libertad para salir a la palestra; y, una vez en ella, lanzar en su contra a sus sabuesos, legionarios, sicarios y verdugos, para hacer en ellos un ejemplar espantoso. Así, sembrando el terror por dondequiera, lograría acabar para siempre con el espíritu de sedición larvada que comenzaba a observar, y establecería en la República una paz segura y definitiva.23

Bulnes, en cambio, opina que la conferencia fue "una especie de manifiesto político, para impresionar a dos naciones: la norteamericana y la mexicana".24 En otras palabras, fue un documento de carácter internacional para presentar a Díaz como un estadista y un buen gobernante.

Por su parte, López Portillo y Rojas dice que Díaz combinó, de una forma muy hábil, sus añejos métodos reeleccionistas con la impresión de generar ante los ojos del mundo civilizado una imagen de demócrata convencido:

No podía exhibirse a los ojos de los extraños como un desenfrenado ambicioso, dispuesto a continuar en el poder a cualquier costo; tampoco le convenía confesar que su obra autocrática de un tercio de siglo, tenía que morir con él; hubiera sido torpe de su parte, conceder que el pueblo nada hubiese ganado con la paz forzosa que él le había impuesto.25

Ciertamente la controversial conferencia dio la pauta para investigar e intentar dilucidar cuál fue su significado. Cumberland —por ejemplo— opina que la:

...precisa intención de Díaz aun es dudosa, pero basándose en sus acciones posteriores es posible sacar algunas conclusiones válidas. Parece lo más probable que no pensara abandonar la presidencia al término de ese periodo. Los hombres que lo rodeaban lo habían llevado a creer que la plebe se opondría a su retiro. Por lo tanto, la declaración de esa intención no era más que un gesto vacío, tendiente a satisfacer a los más locuaces y vengativos de sus enemigos y a demostrar al mundo la naturaleza democrática de su gobierno. Era un regalo que no le costaba nada hacer. No hay evidencias que indiquen que Díaz haya comprendido nunca la fuerza de la oposición o medido correctamente la insatisfacción de su pueblo. Pero aún dejando de lado su motivación, la entrevista fue un catastrófico error de juicio.26

Eduardo Blanquel le da otra interpretación a la entrevista. Dice que Díaz sufrió un viraje en el ejercicio del poder, haciendo a un lado su medio natural: la política práctica. Y de esta forma incursionar con poca fortuna en el territorio de lo doctrinario:

El momentáneo embotamiento de ese instinto pudo obedecer al proceso general de su personalidad hacia conductas más alambicadas, mismo que le permitió captar, al menos como un eco, el mensaje personal que las teorías en boga le ofrecían: la posibilidad mesiánica, el papel de agente del proceso nacional hacia la libertad. El caudillo conocía, gozándolas o tal vez padeciéndolas, todas las formas de halagos político y social —hasta la ignominia servil— que acompañaba a su poder y a su éxito, pero le faltaba un halago supremo: la consagración doctrinaria, la única verdaderamente trascendente, perdurable.27

Sin duda alguna, la entrevista generó un ambiente de suspenso y tensión en todo el ámbito político, que fue roto el 30 de mayo de 1908 por el mismo Díaz:

...al permitir que Limantour, Ramón Corral y Olegario Molina lo "convencieran" de la necesidad de aceptar otro periodo presidencial. (...) El problema ahora se refería a la importantísima vicepresidencia, puesto que eran pocos los que creían que Díaz pudiera vivir hasta el fin del siguiente periodo. La decisión de Díaz también simplificó la situación para la oposición, pues ahora conocían el terreno con más precisión y se hallaban en mejor posición para planear su campaña.28

El semanario Tilín-Tilín publicó el 25 de mayo del año 1908 una caricatura en la que aparecen Díaz y Creelman destapando una enorme caja de Pandora, desvelando que la explosiva entrevista desencadenaría, al igual que en la mitología griega, "todos los males del país".

La entrevista "alborotó a la caballada". Los jóvenes intelectuales que anteriormente comentaban y opinaban en cafés, ahora escriben folletos y libros con contenidos críticos. Por ejemplo, Querido Moheno publica ¿Hacia dónde vamos?; Manuel Calero, Cuestiones electorales; Emilio Vázquez Gómez, La reelección indefinida; Francisco de P. Sentíes, La organización política de México; Ricardo García Granados, El Problema de la Organización Política; Francisco I. Madero, La sucesión presidencial en 1910, y Andrés Molina Enríquez, Los grandes problemas nacionales.29 Además, dice Luis González, surgen verdaderos partidos políticos: el Partido Reyista, con José López Portillo a la cabeza, propone para presidente de la República al general Díaz y para vicepresidente al general Reyes; el Partido Democrático, donde la figura sobresaliente es Manuel Calero, postula a don Porfirio para la Presidencia y a Calero para la vicepresidencia.30 Ante el peligro de la figura de Reyes, el Dictador lo exilia. Sin embargo, el reyismo no desaparece, al contrario, se incorpora a la causa antirreleccionista.

El Club Central Antirreleccionista, fundado el 19 de mayo de 1909, integró en sus filas a hombres de gran estatura política: Francisco I. Madero, Emilio y Francisco Vázquez Gómez, Filomeno Mata, Luis Cabrera, Paulino Martínez, Francisco de P. Sentíes, José Vasconcelos y Juan Sánchez Azcona. El lema del antirreleccionismo fue "Efectividad del Sufragio y No Reelección".

Para desgracia de Díaz, el antirreleccionismo crecía rápidamente y a pasos agigantados, aunado a la vejez de su gabinete que promediaba los 70 años: "Se había formado un abismo generacional, un gobierno monopolizado por ancianos, una gerontocracia cientificista."31 Además, dos generaciones luchaban contra Díaz para detentar el poder: la de los nacidos entre 1852 y 1872, y la de los nacidos entre 1873 y 1889.32 Entre las personalidades de la primera generación destacan el dibujante Daniel Cabrera, Camilo Arriaga, Diodoro Batalla, Wistano Luis Orozco, Andrés Molina Enríquez, Venustiano Carranza y Abraham González. En la segunda generación encontramos importantes personajes como Francisco I. Madero, Francisco Villa, Emiliano Zapata, Plutarco Elías Calles y Álvaro Obregón. De este modo, el problema se centraba ahora en la lucha por conseguir la vicepresidencia de la República, pues nadie creía que Díaz, por su avanzada edad, terminaría su periodo presidencial.

Sin duda, durante la primera década del siglo XX el porfiriato se enfrentó a una profunda crisis política. A partir de la entrevista Creelman y considerando la sucesión presidencial de 1910, la oposición contra el régimen de Díaz fue creciendo cada día más. El gobierno, en respuesta, puso en marcha toda la maquinaria represiva.

No obstante la intimidación gubernamental, la actividad revolucionaria fue incontenible: la campaña electoral de Francisco I. Madero catalizó a gran parte de la opinión pública; el fraude y la coacción gubernamental molestó enormemente al movimiento antirreleccionista; y el llamado incendiario del Plan de San Luis prendió en el sentimiento popular antiporfirista.

Desde luego, los grupos conservadores y reaccionarios se defendieron ante la embestida revolucionaria:

El fortalecimiento de la oposición legal y su ulterior transformación en oposición revolucionaria armada, no sólo provoca la violenta reacción del Estado porfirista, también dan lugar a enérgicas medidas autodefensivas de la clase dominante en el ámbito de la sociedad civil. La gran prensa, que se había planteado como norma hacer más periodismo noticioso que editorialismo político, renuncia rápidamente a sus convicciones y se torna militante. Los diarios de mayor circulación y los semanarios sicalípticos y humorísticos abandonan su frivolidad y se politizan. La gráfica periodística, que se había orientado al humorismo intrascendente, recupera rápidamente su tradición satírico-política.33

Pero con todo y el ataque de los grupos de interés porfirianos, siguieron desarrollando una importante labor los medios de sátira política anti-porfirista. El Diablito Rojo, por ejemplo, publica el 21 junio del año 1909 un cartón de Posada en el que aparece un hombre popular (el pueblo de México), acompañado de un obrero (proletariado) y de una mujer (raza indígena); el hombre popular se encuentra sobre un pedestal luchando contra las culebras de la "miseria", el "cacicazgo" y los "negreros cabecillas". En el pedestal se lee: "Viva la penca".

Sin embargo, a partir de 1910 la plástica satírica inclina la balanza hacia publicaciones antimaderistas, que utilizan la caricatura como arma política: La risa, Multicolor, El ahuizote (versión reaccionaria del primero), entre otras. Recordemos la famosa caricatura de Ernesto "el Chango" García Cabral que dibuja a Madero chiquitito, con un enorme abrigo ("Presidencia") que le queda muy grande; esta diatriba plástica apareció en Multicolor. Así, pues, caricaturistas como Lillo, Alcalde, Olvera, "El Chango" García ' Cabral, José Clemente Orozco, Pérez y Soto, entre otros más, atacaron intensamente al maderismo: "La mayor parte de los dibujantes trabajan para grandes consorcios periodísticos y éstos son pilares del sistema oligárquico y fieles a Porfirio Díaz. La nueva oleada de caricatura política resulta entonces, abrumadoramente reaccionaria y al servicio de una ideología de derecha".34

El resquebrajamiento del prolongado régimen porfirista fue sorprendentemente rápido: entró en un estado de agonía a partir del año 1908, con la polémica e intrigante conferencia Creelman; se agudizó en abril de 1910, con la Convención Antirreleccionista, y feneció el 20 de noviembre del año 1910, fecha programada para el levantamiento nacional con base en el Plan de San Luis Potosí, elaborado por Madero. Efectivamente, el orden porfiriano es derrumbado de manera definitiva por el liberalismo mexicano, el cual da preeminencia al contenido político en detrimento del progreso material, pugnando por la instauración de un régimen democrático.

 

III

A través de la prensa periódica se trazó el difícil camino oposicionista contra el régimen porfirista a favor de un orden constitucional, democrático y anti-reeleccionista. No es casualidad, escribe Umberto Eco, "la concomitancia entre civilización del periódico y civilización democrática".35 De ahí, pues, que a través de artículos doctrinarios y cartones de corte político-satírico, se hizo patente las faltas y los vicios de la dictadura. Naturalmente las constantes transgresiones a la Constitución de 1857 revisten variados matices de acuerdo al desarrollo de los diferentes acontecimientos que se presentaron a lo largo de los 34 años del Porfiriato.

En la gráfica satírica de la época se hace presente la combinación entre texto e imagen y se asimila en una doble lectura. La integración de la caricatura mordaz con la ironía verbal se conjuga en un ejercicio agresivamente intelectual que fusiona hechos y valores, empujándonos a construir jerarquías alternativas para elegir entre ellas. Asimismo, nos obliga a mirar las locuras, rapacidades o ambiciones de los personajes políticos, bombardeándonos con juicios de valor que subrayan los errores de la administración porfiriana. En efecto, mientras la caricatura exagera los rasgos físicos, su compañera, la ironía verbal, señala los vicios morales. Así, por ejemplo, Manuel González recibe el sobrenombre de "Santandereño" y Porfirio Díaz el de "Don Perfidio". Después de su segunda reelección, el Caudillo se convertiría en "Don Perpetuo".

La caricatura política de esa época se representa, aparentemente, en obras individuales e independientes entre sí. Pero vista en su conjunto, encarna una especie de unidad dramática de la historia del Porfiriato. Este conjunto de imágenes reconstruye minuciosa y críticamente, aun cuando lo haga de manera fragmentada, los acontecimientos políticos y sociales en una turbulenta historia de asesinatos, mentiras, traiciones y abusos de poder, cuyos personajes principales son Díaz, Lerdo de Tejada, González, Romero Rubio, Benítez, Reyes, Corral, Madero, el Tío Sam, la Constitución del 57, la Ley Mordaza, etcétera. También aparecen el mordaz Ahuizote; el filoso, hablador, leperuno y endemoniado Tranchete; el matrero y calaverón Hijo del Ahuizote; el puntiagudo Colmillo Público; entre otros tantos personajes simbólicos que asumieron la bandera de los oprimidos, realizando, aunque sólo sea de manera simulada, la venganza sobre los poderosos.

No cabe duda que en un país básicamente analfabeto como el México porfiriano, los cartones políticos fueron explosivos y directos instrumentos de ataque, que mostraron mayor eficacia en un momento dado que un discurso político o un artículo inteligentemente elaborado; significando un arma de doble filo que fue utilizada por tendencias tanto liberales como conservadoras.

 

Notas

1 Puros cuentos. La historia de la historieta en México 1874-1934, texto de Juan Manuel Aurrecoechea y Armando Bartra, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Museo Nacional de Culturas Populares/Grijalbo, 1988, p. 58.         [ Links ]

2 Ibid., p. 70.

3 Salvador Pruneda, La caricatura como arma política, México, Biblioteca del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 1958, p. 116.         [ Links ]

4 Ibid., p. 321.

5 John Kenneth Turner, México bárbaro, México, Ediciones Quinto Sol, 1985, p. 117.         [ Links ]

6 Op. cit., Puros cuentos, p. 80.

7 Rafael Carrasco Puente, La caricatura en México, México, UNAM, Imprenta Universitaria, 1953, p. 93.         [ Links ]

8 Op. cit., Pruneda, pp. 323-324.

9 Eduardo Del Río, Rius. Un siglo de caricatura en México, México, Editorial Grijalbo, 1984, pp. 14-16.         [ Links ]

10 Diego Rivera, "Introducción", Posada. Monografía de 406 grabados de José Guadalupe Posada, México, Editores Frances Toor, Paul O'Higgins y Blas Venegas Arroyo, Talleres Gráficos de la Nación, 1930.         [ Links ]

11 María del Carmen Ruiz Castañeda, "El periodismo en México: 450 años de historia", La Prensa durante el Porfiriato (1880-1910), México, UNAM/ENEP Acatlán, 1980, p. 240.         [ Links ]

12 Eduardo Blanquel, "La entrevista Creelman", Tomo 1, en Así fue la Revolución Mexicana, México, Consejo Nacional de Fomento Educativo, 1985, p. 133.         [ Links ]

13 Entrevista Díaz-Creelman, traducción de Mario Julio del Campo, México, Universidad Nacional, 1963.         [ Links ]

14 José López Portillo y Rojas, Elevación y caída de Porfirio Díaz, México, Editorial Porrúa, 1921, p. 371.         [ Links ]

15 Op. cit., Entrevista Díaz-Creelman.

16 Idem.

17 Idem.

18 Idem.

19 Idem.

20 Idem.

21 Idem.

22 Op. cit., Blanquel, p. 136.

23 Op. cit., López Portillo y Rojas, p. 376.

24 Francisco Bulnes, El verdadero Díaz y la revolución mexicana, México, Editora Nacional, 1960, p. 385.         [ Links ]

25 Ibid., p. 379.

26 Charles Cumberland, Madero y la revolución mexicana, México, Siglo XXI, 1984, p. 61.         [ Links ]

27 Op. cit., Blanquel, p. 138.

28 Op. cit., Cumberland, p. 62.

29 Luis González, "El Liberalismo Triunfante", en Historia general de México, dos tomos, tomo 2, México, El Colegio de México, 1988, p. 992.         [ Links ]

30 Idem.

31 Enrique Krauze, Porfirio Díaz. Místico de la autoridad, Biografía del poder I, México, FCE, 1987, p. 132.         [ Links ]

32 Op. cit., González, p. 251.

33 Op. cit., Puros cuentos, p. 135.

34 Idem.

35 Umberto Eco, Apocalípticos e integrados, Barcelona, Editorial Lumen, 1968, p. 18.         [ Links ]

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