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Nueva antropología

Print version ISSN 0185-0636

Nueva antropol vol.31 n.89 México Jul./Dec. 2018

 

Artículos

Tehuacán: los indígenas que alguna vez compraron sus derechos ciudadanos

Tehuacán: The Indigenous People who Once Bought Their Citizens’ Rights

Regina Martínez Casas* 

* Profesora investigadora, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, unidad Ciudad de México, México. Línea principal de investigación: dinámica de lenguas indígenas en contextos urbanos. Correo electrónico: reginamc@ciesas.edu.mx

Resumen

Tres son los propósitos de este artículo: el primero, exponer cómo la población indígena de la ciudad de Tehuacán, que había ganado importantes reivindicaciones durante la época colonial, se convirtió en un estamento subalterno; el segundo, caracterizar etnográficamente a los indígenas tehuacaneros y su participación en redes sociales, que han ido cambiando con el contexto urbano, y el tercero, analizar el impacto y las relaciones sociales que ha generado el Programa Oportunidades en las familias indígenas de bajos ingresos que reciben ese apoyo. Se concluye que la operación del programa, que favorece vínculos verticales y a veces clientelares con los beneficiarios, no conduce a la abolición del carácter estamentalizado de la sociedad local.

Palabras clave: indígenas urbanos; redes sociales; desigualdad ciudadana; programas sociales

Abstract

This article has three main aims. The first is to summarize how the indigenous population of the city of Tehuacán, Puebla, which won many important claims during the colonial period, became a subaltern group. The second is to ethnographically characterize the indigenous Tehuacaneros and how their social ties have changed within an urban context. The third is to analyze the impact and social networks prompted by the Programa Oportunidades (the federal government’s Opportunities Program) among low-income indigenous families that receive the benefits of this program. The conclusion is that the operation of the Program, which favors vertical links and at times clientelism ties with the beneficiaries, has not led to the abolition of the rigidly stratified character of the local society.

Keywords: urban indigenous groups; social networks; inequality among citizens; social programs

En 1640, la población de Nuestra Señora de la Concepción de Tehuacán compró a la Corona española su título como “Ciudad de Indios”. Antes de esa fecha, sólo Tlaxcala había logrado tal concesión -que se contraponía al modelo de los primeros asentamientos europeos en México- por servicios prestados a la Corona durante el proceso de conquista (Paredes, 1910). Desde el siglo XVI, Tehuacán aspiraba a mantener su posición como ciudad-mercado en el oriente del territorio de la Nueva España. El título de ciudad le facilitaba, y también, le permitía controlar la presencia de europeos y “forasteros” de otras regiones del país, así como limitar el pago de tributos; pero, sobre todo, mantener un estilo de organización social multiétnica que caracterizaba a la ciudad desde antes de la llegada de los españoles (Lara, 2005). En este artículo se explora la transformación de las primeras redes comunales vinculadas a la identidad de esta ciudad-mercado, al ritmo de sucesivos cambios socio-económicos que fueron desplazando y subordinando a la población indígena. En la última década, las redes y asociaciones que involucran a esta comunidad se han visto afectadas por la influencia del Programa Oportunidades/Prospera, un programa social de transferencias monetarias condicionadas. Sin tener en cuenta su identidad cultural definen, de acuerdo con su condición, a sus beneficiarios como pobres. De acuerdo con el trabajo de campo realizado en las familias participantes en este programa, se busca mostrar la dinámica de las relaciones interétnicas y la reconfiguración de las identidades locales en una región de confluencia lingüística y cultural.

HISTORIAS DE COMPLEJIDAD Y DESIGUALDAD

En el siglo XV comerciantes y guerreros provenientes de Tenochtitlán negociaron con popolocas, mixtecos y cuicatecos un enclave estratégico en el Valle de Tehuacán (Bringas, 2010). La ciudad había estado ocupada durante mucho tiempo por diferentes comunidades lingüísticas desde el Preclásico temprano y existe la hipótesis de que Tehuacán es la región en la que se domesticó el maíz, lo que condujo a la sedentarización y campesinización de las primeras sociedades mesoamericanas (Boehm de Lameiras, 1986). Incluso, si no es la cuna del maíz, seguro es una de las urbanizaciones más antiguas del continente. Dos condiciones han marcado la historia antigua de la región: su larga ocupación multiétnica y su posición como encrucijada entre los valles centrales, el Golfo de México y el sur del país (Hernández, 1999; Licona, 2014; Mendoza García, 2016). En este trabajo se muestran algunos de los procesos que han dado lugar a nuevas formas de organización a partir de la reconfiguración de la sociedad en Tehuacán y de la recomposición de las relaciones interétnicas en un espacio cada día más segregado en lo social.

A pesar de su clima semiárido, la presencia de veneros de aguas subterráneas -manejadas con una compleja tecnología de galerías filtrantes-1 permitió el desarrollo de una agricultura intensiva y diversificada durante los primeros dos siglos de la ocupación colonial, y después de la cría de ganado menor y aves de corral. Los mismos veneros, ricos en minerales, convirtieron la ciudad, entre finales del siglo XIX y mediados del XX, en un destino turístico popular en todo el país (Bringas, 2010). Sin embargo, la explotación irracional de las aguas minerales, la ausencia de una sociedad solidaria más allá de las lealtades familiares y barriales, las asimetrías interétnicas y una serie de coyunturas políticas locales, regionales y nacionales, han generado una comunidad de personas pobres, con escasa oferta de empleo formal y con una amplia población indígena segregada del desarrollo del resto de la región.

Sin ánimo de hacer una larga reconstrucción histórica, mencionaré algunos hitos que han marcado el crecimiento de la presencia indígena en Tehuacán y el surgimiento de redes comunales y lingüísticas en fechas recientes. Como ya mencioné, desde el siglo XVII ha sido una ciudad indígena, no sólo por migración sino por historia y por derecho adquirido. Durante la Colonia temprana se mantuvo como mercado multiétnico regional para comerciar productos de la serranía que circunda el valle y, también, de algunas de regiones más lejanas como Zongolica, la sierra Juárez y los valles centrales zapotecos (Licona, 2014). Durante la revolución de Independencia, Hidalgo y Morelos ocuparon la ciudad como parte de las tácticas de control de los centros comerciales y de abastecimiento de alimentos. En la segunda mitad del siglo XIX, la presencia del ferrocarril enlazó a la ciudad como nodo comercial e inauguró su vocación turística. En la época en la que los balnearios en Europa atraían a una creciente burguesía internacional, varios empresarios poblanos utilizaron ese modelo para promover Tehuacán entre personas que no podían pagar el lujo de buscar “aguas curativas” fuera de México. La primera vía férrea que conectó el balneario era la más importante en el país, puesto que unía a la Ciudad de México con el puerto de Veracruz, y con ello con Europa. Posteriormente la ciudad se convirtió en empalme de una densa red ferroviaria que comunicaba el centro con el sur del territorio (Bringas, 2010).

Durante el porfiriato, la industria turística creció de la mano de una industria embotelladora de las aguas locales y se enriqueció con la presencia de casinos y la construcción de hoteles lujosos. El “blanqueamiento” de la ciudad se convirtió en uno de los mecanismos para su promoción. Los indígenas que radicaban en el valle de Tehuacán, en especial en la zona de Coapan, al sur del espacio urbano, se ocupaban del servicio doméstico y de la elaboración de alimentos para el resto de los habitantes citadinos. El mercado municipal -que ocupó muchos años un predio en las inmediaciones de la plaza central- era territorio indígena. Sin embargo, una buena parte de los comerciantes radicaba en localidades de la vecina sierra Negra y viajaba a la ciudad los días de mercado.2 Desde el final del siglo XIX y hasta mediados de la década de 1930 se consolidó la estamentalización3 de Tehuacán: la zona céntrica funcionaba como una especie de ciudad primada (Aguirre Beltrán, 1967), donde los indígenas vivían segregados y sólo podían ocupar espacios restringidos tanto en el territorio como en la organización social.

Al finalizar el porfiriato la economía local sufrió fuertes transformaciones que, si bien alentaron la inmigración temporal o ininterrumpida de indígenas, mantuvo las relaciones estamentales. En 1936, la prohibición de los casinos en todo México empezó a modificar el per l del turismo que arribaba a los hoteles; sin embargo, las propiedades curativas de las aguas minerales prolongaron el prestigio de la ciudad, que se mantuvo como el principal balneario mexicano hasta principios de la década de 1950, cuando la promoción que se hizo alrededor de Acapulco desvió a buena parte de los turistas a un destino de sol y playa. La decadencia económica fue acompañada de una larga pugna política entre actores nacionales -como los hermanos Ávila Camacho- con personajes locales ansiosos por evitar el desmoronamiento económico de la región, pugnas que han marcado la política local tras la Revolución de 1910 (Bringas, 2010). En ese contexto, la instalación de granjas avícolas en la década de 1960 se vio como una salvación de la economía regional. Sin embargo, una buena parte de los tehuacaneros se resistía a trabajar en un empleo tan insalubre. Con la expansión de la avicultura extensiva se consolidó la migración definitiva de indígenas hacia Tehuacán, cuya área de influencia abarcó desde Nochixtlán, en Oaxaca, a la sierra Negra que rodea al valle en territorio poblano y en donde viven familias hablantes de mixteco, náhuatl, cuicateco, popoloca y mazateco.

Junto con el crecimiento de la avicultura, un factor ajeno a la economía local originó una masiva inmigración de mazatecos provenientes del vecino estado de Oaxaca. A mediados de la década de 1950, la construcción de la presa Miguel Alemán, al norte de dicha entidad, llevó al reacomodo de cientos de miles de personas. Muchos de ellos recibieron parcelas en regiones apartadas de Oaxaca y Veracruz, pero se calcula que la mitad de los desplazados no fueron reubicados (Bartolomé, 1990). Otros migraron a la Ciudad de México, pero algunos pre rieron ciudades más pequeñas, como la capital poblana y Tehuacán. Esta migración mazateca cayó como anillo al dedo al mercado laboral creado por las empresas avícolas, pues se trataba de personas dispuestas a aceptar cualquier tipo de empleo, aunque fuera mal remunerado y sin prestaciones sociales.

En la década de 1980, junto con el derrumbe del modelo económico nacional que había alentado el desarrollo del mercado interno, se estimuló la instalación de maquilas en todo el país. La ubicación estratégica de Tehuacán, con una sólida infraestructura ferroviaria y mano de obra barata, provocó la instalación de maquila de ropa para exportación. La migración a la ciudad se incrementó en la medida en que las maquiladoras demandaron más trabajadores. En algunos casos, los hijos de los indígenas que llegaron a trabajar a las granjas avícolas aspiraban a ocupar espacios en las maquiladoras que, aunque pagaban los mismos bajos sueldos, representaban un trabajo menos sucio. Esta llegada masiva coincidió con la documentada en otras ciudades (Martínez Casas, 2007; Santiago, 2009; Martínez Casas, 2014; De la Peña y Martínez Casas, 2017), motivada por la falta de rentabilidad del campo mexicano. En esa época, también, se incrementó la emigración de mexicanos a Estado Unidos. En Tehuacán, mientras llegaban miles de migrantes indígenas, otros tehuacaneros históricos, como los nahuas de Coapan, se trasladaban a diferentes destinos en Estados Unidos. En particular, a mediados de 1980 se consolidó una importante colonia de poblanos en la ciudad de Nueva York, vinculada a la construcción y a los servicios, en especial en el área de alimentos (Santiago, 2009; Nájar, 2016).

Treinta años después, el modelo de maquilas se ha ido agotando. De 300 fábricas registradas en 1994, han sobrevivido unas 150 (Santiago, 2009; Bringas, 2010). Pero la industria avícola se ha consolidado como un motor regional. Y ahora también encontramos una modesta, pero creciente, infraestructura porcícola. Por otro lado, la industria embotelladora que había surgido en Tehuacán desde finales del siglo XIX, ha mantenido un bajo pero estable per l en el empleo local. Sin embargo, la economía local se encuentra en riesgo. La contaminación de los veneros acuíferos producida por las granjas de pollos y puercos, pero sobre todo por el procesamiento de la mezclilla en la maquila de ropa, ha limitado la explotación de los manantiales.

Para finalizar esta sección sólo quiero recalcar que la presencia histórica de indígenas en Tehuacán se ha venido incrementando en los últimos cincuenta años como respuesta a una oferta de empleo poco calificada y mal pagada. Los derechos a un gobierno indígena de la ciudad, reclamados en el siglo XVII a la Corona española, son cosa del pasado. La población mantiene un perfil estamental en el que los indígenas, de acuerdo con su filiación étnica y su antigüedad en Tehuacán, ocupan los escaños más bajos en prestigio de la sociedad local. Es en ese contexto que se analizará la presencia del Programa Social Oportunidades/ Prospera.

TEHUACÁN EN NÚMEROS

Tehuacán es la segunda ciudad en tamaño en el estado de Puebla y el asentamiento urbano más antiguo del que se tenga evidencia en la región de convergencia del Eje Neovolcánico y la Sierra Madre Oriental. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) cuenta con 289 378 habitantes (INEGI, 2015), de los cuales cerca de 10% declara hablar una lengua indígena. Se encuentra ubicada en el municipio del mismo nombre y es la cabecera de una región que abarca 18 municipios de la misma entidad federativa. En las tablas 1 y 2 se muestran números sobre las principales comunidades lingüísticas en el municipio de Tehuacán.

Según información del Programa Oportunidades, en 2008 se atendía en Tehuacán a 10 231 hogares (45 437 personas), de los cuales cerca de la mitad (4 787) eran considerados hogares indígenas. En octubre de 2010, el registro para la ciudad de Tehuacán era de 12 328 hogares atendidos, pero no había información disponible sobre cuántos de ellos eran de los grupos originarios. Bajo la hipótesis de que la migración hacia la ciudad ha continuado y que los indígenas ocupan los peores nichos laborales, es posible pensar que la proporción se ha mantenido, lo que nos daría un aproximado de 6 000 hogares indígenas atendidos en 2017. Oportunidades/Prospera4 implica la transferencia condicionada de recursos monetarios a hogares en situación de pobreza y pobreza extrema. El dinero se entrega a las jefas de hogar, quienes reciben el nombre de “titulares”.5 A cambio, los miembros del hogar deben asistir con regularidad a centros públicos de salud para someterse a revisión médica, los niños y adolescentes deben acudir a la escuela y las titulares a charlas de capacitación para mejorar la nutrición, entre otras actividades que buscan mejorar la calidad de vida de los beneficiarios. Entre las “titulares” que viven en el mismo vecindario, el programa designa una “vocal” que cumple funciones de intermediación con las escuelas, los centros de salud y él; a su vez, ellas forman comités barriales que convocan a reuniones amplias de titulares. El índice de pobreza entre la población autodeclarada indígena y hablante de una lengua indígena en Tehuacán -en varios de los indicadores que mide en Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social (Coneval)- es más alto que el promedio nacional, en particular en lo que tiene que ver con la vulnerabilidad por ingreso, lo que muestra un mercado de trabajo mal pagado y una mayor proporción de personas susceptibles de incorporarse a Oportunidades/Prospera que el promedio nacional (Tabla 3).

Tabla 1 Población de 3 años y más hablante de lengua indígena. 

Condición lingüística Frecuencia Porcentaje
Sí habla LI 29 474 10.2
No habla LI 259 795 89.8
No especificado 109 0.1
Total 289 378 100.0

Fuente: INEGI, 2015.

Tabla 2 Lenguas indígenas. Población de 3 años y más. 

Lengua Frecuencia Porcentaje
Chinanteco 160 0.54
Otomí 1 0.00
Zapoteco 183 0.62
Mixteco 1 381 4.69
Cuicateco 792 2.69
Amuzgo 23 0.08
Mazateco 5 708 19.37
Popoloca 492 1.67
Huave 20 0.07
Tlapaneco 43 0.15
Totonaca 70 0.24
Popoluca de la Sierra 1 0.00
Mixe 39 0.13
Huasteco 56 0.19
Maya 13 0.04
Tzeltal 15 0.05
Tzotsil 8 0.03
Náhuatl 20 268 68.77
Purépecha 7 0.02
Lengua indígena no especificada 194 0.66
Total 29 474 100.00

Fuente: INEGI, 2015.

Tabla 3 Indicadores de pobreza en Tehuacán. 

Ámbito Población total Pobreza Pobreza
extrema
Pobreza
moderada
Vulnerable por carencia social Vulnerable por ingreso
Nacional México 112 590 130 46.3 11.4 34.9 28.8 5.7
Estado Puebla 5 794 763 61.2 16.7 44.5 22.0 5.5
Municipio Tehuacán 301 326 57.2 9.7 47.5 22.8 8.4

Fuente: Elaboración propia a partir de las estimaciones del Coneval con base en la muestra del Censo de Población y Vivienda 2010 y el MCS-ENIGH 2010.

En el trabajo de campo realizado en 2010 y en 2017 se encontró la presencia de familias indígenas en casi toda la ciudad, pero este análisis se centró en seis barrios. Uno de ellos (Coapan) es histórico, es decir, con población nahua radicada en Tehuacán desde tiempos coloniales; otro es un barrio céntrico, y se escogieron cuatro colonias periféricas fundadas entre 1960 y 1990, en las que al menos 20% de los vecinos hablaba alguna lengua originaria. Un dato interesante que permite inferir un subregistro tanto de los datos censales recabados por el INEGI como de la información proporcionada por el Programa Oportunidades/Prospera, es que, al entrevistar a los titulares no indígenas para propósitos comparativos, se encontró que más de la mitad eran descendientes de primera generación de migrantes o de cónyuges de indígenas. Por último, se concluyeron 17 estudios de caso en hogares: cuatro de ellos no indígenas y cinco en lengua originaria -tres en náhuatl y dos en mazateco-, lo que permitió un acercamiento mucho más profundo a la vida cotidiana de estas familias. En la Tabla 4 y el Mapa 1 se muestra: a) la relación de las comunidades, y b) su referencia espacial.

Tabla 4 Barrios estudiados en Tehuacán. 

Barrios originarios Barrios céntricos Barrios recientes (periféricos)
Santa María Coapan Colonia Benito Juárez Colonia del Valle Los Manantiales San Antonio Viveros Santa Cruz

Fuente: INEGI, 2015.

Fuente: Elaboración propia con base a datos de INEGI, 2015.

* Gracias al Marco Geoestadístico Nacional que proporciona INEGI fue posible georreferenciar el territorio, y ubicar dos de los barrios: Coapan, al sur de la mancha urbana, y Santa Cruz, en una de las dos regiones del municipio donde se concentra la mayor parte de las granjas avícolas. El resto de las colonias se georreferenció a partir del trabajo de campo.

Mapa 1 Tehuacán, sus barrios y comunidades.* 

El perfil ocupacional de las familias incorporadas al programa corresponde a la información socio-demográfica recabada a lo largo del trabajo de campo: los indígenas ocupaban en general los empleos peor pagados, pero su inserción en el mercado laboral era diferenciada. Los nahuas de Coapan, quienes se autodenominan “tehuacaneros legales”, trabajaban en la elaboración y comercialización de alimentos, en especial tortillas. Muchos de estos hogares se encuentran encabezados por mujeres porque un buen número de hombres han migrado a Estados Unidos después de 1985, aunque muy pocos han logrado obtener residencia legal.6 Los nahuas inmigrantes, que provienen de la sierra Negra y de Veracruz, laboran en la industria maquiladora. En cambio, encontramos a los mazatecos y los mixtecos en su mayoría en las granjas avícolas y en el servicio doméstico. Eso se observa también en las ocupaciones que se registran en la Encuesta Intercensal 2015, tal como se muestra en la Tabla 5.

Tabla 5 Principales ocupaciones de la población indígena radicada en Tehuacán. 

Ocupación Población en el municipio Indígenas por auto adscripción Porcentaje Hablantes lengua indígena Porcentaje
Trabajadores en actividades agrícolas y ganaderas y trabajadores en la elaboración y procesamiento de alimentos, bebidas y productos de tabaco 8 500 4 566 53.72 1 895 22.29
Trabajadores domésticos 4 143 2 573 62.10 1 359 32.80
Operadores de máquinas y equipos en la elaboración de productos textiles, cuero y piel y artesanos de textiles 19 553 8 466 43.29 2 021 10.34

Fuente: Encuesta Intercensal, INEGI, 2015.

De los hogares no indígenas contactados encontramos pequeños comerciantes y empleados de las maquilas. Existe una organización de cargadores del mercado La Purísima, denominada “Unión Mazateca”, pero la mayor parte de los comerciantes que contactamos en esa zona de la ciudad son migrantes pendulares y por tal motivo no los incluimos como parte de la investigación. El resto de las asociaciones registradas en el periodo de trabajo de campo son de tipo familiar, vecinal, religioso o laboral. No existen organizaciones étnicas que se reivindiquen como tales, aunque observamos que en Coapan, las entidades que resguardan las galerías filtrantes están integradas sobre todo por hablantes de náhuatl. Por otro lado, la mayor parte de las organizaciones vecinales han tenido una vida efímera pues se constituyeron con la finalidad de disponer servicios urbanos y se desvanecieron al conseguirlos.7 Es un fenómeno común en muchos barrios periféricos en las ciudades de México. Para obtener lo que algunos autores han denominado el derecho a la ciudad -a una vida urbana digna- se crea una organización que desaparece cuando se satisfacen algunas de sus demandas (Icazuriaga et al., 2017). Lo que nuestro equipo de investigación pudo documentar fue una escasa ciudadanización de los indígenas en Tehuacán, sin importar su condición de “pueblo originario” (que correspondería a los nahuas de Coapan) o de inmigrado. Ello contrasta con la historia durante la época colonial, cuando adquirieron derechos ciudadanos -esbozada al inicio de este texto- y con la efervescencia política que nos tocó experimentar a raíz del proceso electoral que se llevó a cabo en el estado de Puebla en julio de 2010, del cual hablaré más adelante.

EL PERFIL URBANO

Tehuacán, en su larga historia urbana, siempre se mantuvo como una ciudad media, con una fuerte dependencia de la producción agrícola y de la explotación de recursos naturales, pero también como “ciudad mercado”. El centro histórico es asiento de antiguas edificaciones, aunque muchas de ellas fueron derruidas después del colapso de la actividad turística o por sucesivos terremotos, el peor de ellos en 2017. Como en muchas ciudades pequeñas y medianas del país, allí se concentra buena parte de la administración pública y del sector comercial, y casi todas las familias que contaban en 2010 con el Programa Oportunidades tenían que trasladarse en repetidas ocasiones al centro para asistir a la oficina de programa o al centro de salud urbano. La mayoría de las rutas de trasporte público arrancan del centro, o lo cruzan, y es ahí también donde se concentran los pocos espacios recreativos de la ciudad, como el Parque Juárez. En general, las vialidades son estrechas y con pavimentación descuidada. Las escasas avenidas de la periferia convergen en el centro, en calles abarrotadas de vehículos y personas. Se observa poca presencia de la policía para regular el tráfico o para vigilar las calles, y la gente pierde mucho tiempo en realizar traslados cortos.

La mayoría de las actividades comerciales se realiza en locales pequeños del centro o de las colonias con mejor infraestructura, al norte de la ciudad. Sin embargo, es importante mencionar el papel persistente del mercado municipal “La Purísima” para el intercambio de productos de toda la región. Encontramos que muchas personas todavía practican el trueque con paisanos de sus comunidades de origen. En Tehuacán se elaboran tortillas de muy buena calidad que se cambian por frutas, verduras y leguminosas cosechadas en la sierra Negra y en Oaxaca. Junto con los alimentos, se intercambian chismes e información de lo que sucede en la ciudad y en las comunidades indígenas que la rodean. Un buen número de estas redes paisanales hacen que los indígenas radicados en la ciudad de Tehuacán mantengan la filiación comunitaria histórica y el uso de la lengua originaria. La abundante presencia de comunidades lingüísticas en el mercado refuerza la impresión entre los locales de que los indígenas vienen de fuera y sólo se encuentran de paso por la ciudad, en especial los miércoles y los sábados.8 Además existen dos grandes supermercados de cadenas nacionales -Bodega Aurrera y Chedraui- y un centro comercial con tiendas departamentales como Liverpool y Suburbia. Sin embargo, en ninguno de los hogares estudiados encontramos personas que acudieran a ese tipo de comercios.9

Como ya se mencionó, la presencia de hogares indígenas abarca toda la zona urbana, pero se concentra de manera particular en tres tipos de asentamientos: los pueblos originarios, la zona céntrica y las colonias nuevas de la periferia (Tabla 4). Me referiré ahora a ejemplos de esas circunscripciones.

Coapan es un asentamiento nahua del que se tiene registro desde la llegada de los primeros frailes franciscanos en el siglo XVI. Algunos autores lo denominan Tehuacán viejo (Paredes, 1910). A pesar de que no siempre lo perciben otros tehuacaneros como parte de la ciudad, no hay ninguna frontera física que lo separe del resto de la mancha urbana, con la que limita al norte y al oriente. Al sur y al poniente su delimitación son milpas y barrancas. También, desde que se guardan registros se indica que la elaboración y comercialización de tortillas ha sido un vínculo importante de Coapan con el resto de la ciudad (Bringas, 2010). La mitad de los comercios del barrio son tortillerías (casi siempre en la accesoria de una casa), en las que trabajan la dueña del local y dos o tres mujeres más que se turnan para moler y amasar el nixtamal, tortear a mano y cuidar el comal. Las tortillas más valoradas se cocinan todavía con leña y en comal de barro. Una vez preparadas, una integrante del equipo carga un gran tenate10 cilíndrico a su espalda y recorre las calles de Tehuacán o el mercado de La Purísima. Casi todo el nixtamal se produce con maíz local. Muchas de estas mujeres son el soporte de su familia pues sus maridos e hijos mayores han migrado a Estados Unidos. El hecho de que manejen o trabajen en tortillerías artesanales y no cuenten con un ingreso seguro, ha ocasionado que gran parte de ellas se conviertan en beneficiarias del Programa Oportunidades/Prospera. Además de la especialización laboral y la condición periférica en relación con la sociedad urbana, Coapan se caracteriza por su condición lingüística. La tensión entre quienes denuncian la pérdida de la lengua y quienes la promueven se resuelve en las calles y las casas, lugares donde la mitad de las conversaciones se llevan a cabo en náhuatl. Otro espacio de disputa es el control del agua. Las organizaciones de usuarios de las galerías filtrantes con frecuencia han denunciado el uso inadecuado de residuos que hacen las maquilas y las granjas, lo que contamina los mantos freáticos. En una visita al penal de Tehuacán realizada en noviembre de 2017, se encontró que nueve internos hablantes de náhuatl se encontraban sentenciados por actos violentos asociados a la defensa del agua en Coapan.

La escuela en este antiguo asentamiento no es bilingüe y el centro de salud opera de manera muy deficiente y sin personal hablante de la lengua local. Esta situación ha sido denunciada por las titulares nahuas de este barrio a las autoridades del programa y fue motivo de quejas frecuentes escuchadas durante el trabajo de campo.11 El estigma hacia la lengua pareciera ser más fuerte que la identidad como comunidad lingüística. Sin embargo, es claro que Coapan responde a la definición de “comunidad de práctica” propuesta por Duranti (1997), pues en esta localidad la lengua es clave para la organización social, económica y familiar. Pero la vitalidad lingüística de lenguas minorizadas en un contexto urbano discriminatorio como Tehuacán resulta poco viable y las instituciones son en parte responsables (Martínez Casas, 2014). El hecho de que 25 % de los hogares de Coapan se encuentre inscrito en Oportunidades/ Prospera, y que las corresponsabilidades se cumplan en instituciones donde sólo se habla español, contribuye a la poca valoración de la lengua original. Esto se agrava porque quienes fungen como intermediarios entre el programa y los beneficiarios (promotores y vocales) que contactamos en el barrio tampoco hablan náhuatl.12 En contraste, los internos nahuas del penal de Tehuacán muestran una actitud de defensa de su patrimonio territorial, cultural y lingüístico. Ésta es una de las razones por las que son percibidos como agresivos y beligerantes. Varias de las autoridades entrevistadas en los dos periodos de campo perciben el uso del náhuatl como un acto violento.

Entre los barrios céntricos de la ciudad seleccionamos la colonia Benito Juárez no sólo por el importante número de titulares del Programa Oportunidades en 2010, sino por ser uno de los espacios de concentración de la industria maquiladora. Su ubicación alrededor de la estación de tren y a un par de kilómetros del centro la hace ideal para movilizar tanto la mercancía como a los trabajadores. Es una zona donde las familias que reciben Oportunidades/Prospera habitan en su mayoría en viviendas rentadas, más caras que las de la periferia, pero no se gasta en transporte público para asistir a los empleos y para el cumplimiento de las corresponsabilidades, pues las escuelas, el centro de salud urbano y las oficinas del programa se ubican a corta distancia. En esta colonia encontramos más beneficiarios no indígenas que indígenas, pero el común denominador es que muchos miembros de los hogares (en ocasiones todos) trabajan en la maquila de ropa. Las familias indígenas que localizamos son hablantes de náhuatl y han vivido en el barrio desde la década de 1980, cuando se instaló la industria maquiladora en la zona.

Lo más interesante de los hogares estudiados en la colonia Benito Juárez es que, a pesar de que varias jefas de familia negaron su condición indígena, todas eran hijas o nietas de familias nahuas de los alrededores de Tehuacán y mantenían redes paisanales con sus parientes que no han migrado a la ciudad. El horario y la carga de trabajo de los empleados en las maquilas ha dificultado su participación en actividades del programa e inhibido la pertenencia a redes que no sean laborales o de Oportunidades. También resulta significativo que los contratos generados en este nicho laboral son inestables y carentes de seguridad social. Un buen número de las personas entrevistadas comentaron que sus contratos concluyen en noviembre, lo que impide que reciban aguinaldo y pago por vacaciones; luego, son recontratadas por periodos de 90 días con la finalidad de no crear vínculos permanentes con sus empleadores, lo que las coloca en una constante sensación de precariedad.

El tercer tipo de barrio en Tehuacán corresponde a las colonias más recientes ubicadas en la periferia. Las más antiguas -la Del Valle y Los Manantiales- tienen 40 o 50 años, y las más nuevas -San Antonio Viveros y Santa Cruz- tienen menos de 20. Todas se han formado en antiguos ejidos y a partir de la organización vecinal han conseguido la regularización y propiedad de los predios y la instalación de ciertos servicios urbanos (luz, agua, drenaje, teléfono y recolección de basura).13 Estos barrios también se asemejan en la escasa o nula pavimentación, el deficiente alumbrado público y la casi inexistente vigilancia policial. La recolección de basura representa un significativo costo semanal pues los camiones del Ayuntamiento no se llevan los desechos si no reciben un pago para trasladarlos a las zonas alejadas de las vialidades. Se encuentran cerca de las granjas avícolas y sus vecinos trabajan en este sector, en especial los mixtecos y mazatecos. De los hogares que se investigaron en estas colonias, dos terceras partes son de propietarios y sólo los mazatecos más pobres rentan su vivienda.

En varias de estas colonias no hay clínicas ni escuelas. Esto significa que, para el cumplimiento de las corresponsabilidades impuestas por Oportunidades/Prospera, las titulares y sus familias tienen que trasladarse al centro de salud urbano y a las escuelas, a veces lejanas, lo que les implica tomar entre dos y cuatro camionetas de transporte público para ir y regresar. Tampoco cuentan con buena infraestructura comercial, pues en ninguna se ha levantado un mercado (permanente o temporal). Las amas de casa realizan sus compras en pequeñas tiendas locales que cobran muy caro por los productos que venden, o bien, deben trasladarse hasta el centro y pagar el transporte.

EL PROGRAMA OPORTUNIDADES/ PROSPERA EN TEHUACÁN

La oficina del programa en la ciudad es un tanto antigua pues se constituyó como Centro de Atención y Registro Regional (CARR) antes de empezar a operar en la década de 1990. Iniciaron la atención en la periferia de Tehuacán a finales de 2001 bajo el mismo esquema con el que se atiende a la población rural. A pesar de esta experiencia, no han considerado adecuaciones al modelo de atención en una ciudad multilingüe, como las que implementó el Programa Estatal de Comunicación Indígena (PECI),14 que funciona en zonas rurales. Además del municipio donde se ubica la ciudad de Tehuacán, el CARR atiende a otros 19 (rurales) del estado de Puebla, casi todos indígenas. Se encuentra ubicado en el centro de la ciudad, a un costado de la catedral y a tres cuadras del palacio municipal. El personal de la oficina estatal se expresó sobre las titulares indígenas de Tehuacán:

Se caracterizan, principalmente, en primera [sic], a mí me comentan que son las mujeres las que llevan la casa y las que salen a trabajar. Y sí, Tehuacán está casi inundado por las señoras, y que son de un carácter fuerte, enérgico, lo característico es su delantal... [Hablan] el dialecto, sí, y una característica es ésa, que son unas mujeres de carácter y luchonas y que siempre están buscando opciones para salir. De hecho, hasta nosotros lo decimos [...] “aguas porque son de Coapan”. Pero en el sentido de que si [...] no las atendemos, o les estamos dando vuelta y vuelta, ellas no permiten que se les trate mal, ellas se organizan... En Santa María Coapan las mujeres, lo que yo he visto [es que ellas] son las que llevan la batuta.15

Me referiré ahora a dos secuencias de acontecimientos seleccionadas durante el trabajo de campo para realizar los análisis situacionales.16

La primera dio comienzo en la reunión convocada por el comité de la colonia Del Valle un día después de la entrega de las tarjetas de débito en las que se depositaría el dinero del programa, para instruir sobre su uso y, además, para recaudar víveres en beneficio de los damnificados por las inundaciones que dejó el temporal de lluvias del verano de 2010. El comité de vocales encargado de la reunión formaba un equipo bien integrado, aunque con diferencias políticas importantes entre ellas -una de las vocales militaba en el Partido Acción Nacional (Pan), otra simpatizaba con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y la tercera se declaraba apolítica-. Las vocales se dividieron las tareas para pasar lista y organizar la reunión, que implicó una primera ronda de información impartida a todas las asistentes y después el trabajo por grupos de 20 titulares para anotar las dudas que tuvieran sobre el uso de las tarjetas de débito. Comisionaron a una titular por cada grupo para registrar las dudas por escrito y prometieron una nueva reunión para despejarlas una vez que ellas hubieran recibido la asesoría por parte del personal de Banse17 y del Programa Oportunidades.

Al finalizar la reunión, las vocales nos pidieron ayuda (a mí y a mis compañeros de trabajo de campo) para llevar los víveres recolectados a las oficinas de Oportunidades en el centro. Aprovechamos para conversar en el camino. Sólo una de ellas contaba con experiencia manejando una tarjeta de débito porque su esposo trabajaba en la Ciudad de México y le mandaba dinero. Otra de las vocales atendía un pequeño local de venta y recarga de celulares, así es que no se sentía incómoda con la tecnología bancaria. La tercera manifestó su inexperiencia e inseguridad en relación con los bancos. Las tres vocales tenían en ese entonces entre 35 y 40 años y combinaban el trabajo en sus hogares con el auto empleo para completar el ingreso familiar. A una de ellas la había abandonado el esposo, pero su madre la ayudaba con los cuatro hijos para que pudiera atender su pequeño quiosco de celulares, otra era costurera y la tercera se dedicaba a cuidar niños de vecinas en su casa para generar un ingreso.

Se quejaron de que en ocasiones debían dedicar varios días de la semana a su trabajo como vocales. Esa semana, en concreto, habían tenido que dejar todas sus responsabilidades domésticas y laborales para atender sus funciones. El lunes acudieron a las oficinas del Programa Oportunidades para recibir información sobre el procedimiento de entrega de tarjetas. El martes citaron a las titulares para comunicarles cuáles documentos debían tener a la mano para realizar los trámites correspondientes; el miércoles revisaron que todas llevaran las fotocopias de los documentos (identificación y comprobante de domicilio actualizado). El jueves acudieron con sus grupos al polideportivo de Tehuacán, ubicado en la (lejana) colonia La Huizachera; la jornada empezó a las ocho de la mañana y sólo pudieron regresar a sus casas después de las cuatro de la tarde. De las 148 titulares que integraban sus grupos, sólo 10 faltaron a la entrega. Todas llevaban los documentos requeridos gracias a su supervisión y a las reuniones previas que organizaron. El viernes tuvieron la reunión para recabar las dudas en relación con el uso de las tarjetas y lo que implicaba esta nueva modalidad de pago.

Nos comentaron que había sido una semana excepcional, pero que día a día debían atender las exigencias del programa y de las titulares de su grupo, lo que les implicaba invertir uno o dos días de cada semana. A pesar de lo anterior, las tres manifestaron que habían aprendido mucho en su papel como vocales. Una de ellas lo ha capitalizado en la política y se ha convertido en líder de su colonia. Las otras dos consideraban que este rol les permitía ser mejores personas y ayudar a su barrio. En general, sus compañeras las apreciaban aunque desconfiaban de una de ellas por su confesa militancia partidista. En su defensa, el argumento de esta vocal era que el Ayuntamiento siempre había estado alejado de las necesidades de la colonia y, en cambio, el gobierno federal, a través la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) y del Programa Oportunidades, les había permitido mejorar su vida. Sin embargo, es importante señalar que en este barrio, a pesar de contar con muchas titulares mazatecas, nunca había tenido una vocal indígena y la “capitalización” de las redes sociales que se apreciaba por parte de las vocales no se extendía al resto de sus vecinas beneficiarias. En general, todas se quejaban de la falta de presencia del Ayuntamiento.

La segunda secuencia de eventos ocurrió el 23 de octubre de 2010, en una de las fechas de entrega de tarjetas bancarias en el Polideportivo de La Huizachera. La cita era a las nueve de la mañana, pero el evento inició cerca de las nueve y media. Fuera del auditorio había alrededor de 1 200 personas, algunas estaban bajo el sol -debido a que la lona colocada por los organizadores no podía protegerlas-; otras llevaban sombrilla. Muchas de las titulares iban solas o acompañadas de personas mayores, algunas llevaban a sus hijos, en particular a los más pequeños.

Pasadas las nueve y media llegaron los funcionarios del Programa Oportunidades. Pocos minutos después, un promotor inició la plática de orientación a las titulares: fue breve, en momentos inaudible, ya que no utilizó micrófono y el volumen de su voz no fue su ciente para lograr que las personas más distantes del templete pudieran escucharlo de manera clara. Su explicación resultaba en ocasiones confusa y parecía más bien encaminada a ensalzar las bondades del gobierno federal que a orientar de manera clara y precisa a los escuchas:

Promotor: [...] también recuerden, el gobierno federal, actualmente, les está brindando más apoyos de los que ustedes recibían hace mucho tiempo; hemos incorporado a más familias; ¿cierto o no?

Audiencia: ¡Sí!

Promotor: Por eso es que les invitamos a que ustedes se unan a trabajar, junto con el Programa Oportunidades y con el presidente de la República, ¿sale?, que no las dejen, otra vez, que no las engañen, ¿sale?; como mucha gente ha querido hacer, ustedes cuentan con el presidente [...].18

El promotor no aceptó que las titulares expresaran sus dudas. Además de enumerar los documentos que deberían entregar al personal del banco, de darles a conocer las características básicas de la tarjeta de débito y de mencionarles los lugares donde podían obtener efectivo, en su discurso, sugirió a las titulares que no multiplicaran las operaciones en el cajero automático (ATM, pos sus siglas en inglés) para que no les cobraran numerosas comisiones, que fueran prudentes cuando retiraran su dinero y que cuidaran la tarjeta, para que no gastaran en su reposición.

Después, las titulares pasaron con el personal del banco. Cuando ingresamos al auditorio del polideportivo había un número considerable de ellas, la mayoría ya con sus documentos listos, gracias a que las vocales desde 24 horas antes habían verificado que todo estuviera completo y en orden; ese mismo día, algunas vocales continuaban apoyando a las beneficiarias. Las personas de más edad fueron las primeras en realizar este trámite, que concluyó aproximadamente a las cuatro de la tarde.

En la primera secuencia que se analizó se aprecia la importancia que tienen las vocales en la operación del programa y lo propicio que puede resultarles para la adquisición de liderazgo y patronazgo respecto de las titulares, pero también para formar redes solidarias entre ellas. En estas redes no participan las mujeres indígenas: los funcionarios de Oportunidades argumentan que no pueden ser vocales por su escasa escolaridad y esa exclusión refuerza la estamentalización étnica. En la segunda secuencia resalta el mensaje de los funcionarios sobre la bondad del presidente de la República: de ella emana el programa, no de los derechos sociales de las familias. Al mismo tiempo, es evidente la ausencia de una política de comunicación por parte de los funcionarios hacia las titulares hablantes de lengua indígena. Esto ocurre incluso en los barrios con alta presencia de personas nahuas, mazatecas o mixtecas. En contraste, son las mujeres nahuas -en particular las de Coapan- quienes se han organizado para exigir la ampliación de la cobertura y la mejoría en los servicios, pero eso no ha redundado en el reconocimiento por parte de los funcionarios de sus derechos culturales.

PERFIL DE LOS HOGARES EN EL PROGRAMA OPORTUNIDADES

La investigación en Tehuacán se centró en 17 estudios de hogares entrevistados como grupos focales. Tres de ellos no eran indígenas; otro más se había registrado como no indígena, pese a que la titular era hija de hablantes de náhuatl y pertenecía a una red étnica de paisanos de Tlacotepec, un municipio situado entre Puebla y Tehuacán. Se observaron diferencias según el pueblo indígena de pertenencia en el per l laboral, y en el tamaño y conformación de los hogares. Mientras que en los grupos no indígenas el promedio de miembros era de 4.5 personas, los nahuas tenían 6.4 personas en promedio y los mazatecos 5.0. En todos los casos encontramos que entre dos y tres personas contribuían al ingreso familiar (incluyendo las remesas que llegan de otras ciudades y de Estados Unidos), tal como se ha documentado en investigaciones sobre pobreza urbana (González de la Rocha, 1999).

Otra diferencia significativa ya fue mencionada en la sección sobre los barrios. La mayoría de los nahuas de Coapan trabajan en la elaboración de tortillas, pero algunos integrantes de la generación adulta son empleados en las granjas avícolas, mientras que los no indígenas y los nahuas de la generación joven laboran en la industria maquiladora. Los mazatecos trabajan en la industria avícola y en el trabajo doméstico. No podemos generalizar sobre los mixtecos y los cuicatecos porque sólo realizamos un estudio de caso de cada uno de estos grupos étnicos.

A pesar de los prejuicios expresados de manera reiterada por parte de los médicos y maestros con quienes se relacionan los beneficiarios, no se encontró en ninguno de los 17 hogares la dependencia exclusiva por los recursos que otorgaba Oportunidades.19 En todas las familias el dinero del programa era un complemento de los limitados ingresos que provenían del empleo en la maquila o en las granjas avícolas y aliviaban un poco la precaria condición bajo la que laboran, que los deja fuera de la cobertura de seguridad social.

Las quejas sobre la limitada oferta que se ofrece para la atención de la salud -la pobre infraestructura de la clínica municipal y del centro de salud de Coapan- resultaron semejantes entre las titulares. En una ciudad de casi un cuarto de millón de personas sólo existía una unidad de salud de medicina familiar y un pequeño hospital regional accesible a la población. El enfado también aludía a la incomunicación entre las titulares indígenas y el personal hospitalario, que a veces incluso redundaba en maltrato. En el ámbito educativo se encontraron bajos índices de escolarización, los adultos apenas completaban en promedio la educación primaria y la mayoría de sus hijos aún no terminaba la secundaria. De los 17 hogares estudiados en 2010, sólo 17 niños o jóvenes estaban registrados como estudiantes y sólo uno de ellos recibía el apoyo del Programa Jóvenes con Oportunidades (destinado a quienes cursan el nivel medio superior).

La mayor parte de los adolescentes se incorporan con prontitud al trabajo en la maquila o migran. En una de las conversaciones que sostuvimos con el personal del programa nos reportaron que en el ciclo escolar 2010-2011, 78% de las solicitudes que se habían entregado para incorporarse a las becas de preparatoria fueron devueltas vacías al programa, lo que indica que para esa fecha pocos adolescentes pretendían cursar el nivel medio superior. Una explicación de este fenómeno es la pobre oferta laboral existente en Tehuacán. Pero también influyó la sensación de los niños y jóvenes de que su manera de hablar y sus orígenes provocaban extrañeza, burla o menosprecio de compañeros o maestros.

Más allá de los denominadores comunes, nos interesaron las mujeres que se encontraban más expuestas a perder el programa pese a encontrarse en condición de pobreza, por problemas de monolingüismo indígena y falta de redes de apoyo para atender de manera eficiente las corresponsabilidades a causa de la presencia de enfermos crónicos en el hogar, que les dificultaba la asistencia a reuniones, o por la falta de conocimiento de las reglas de operación que enfrenta a las titulares a una burocracia con la que no pueden lidiar. Sin embargo, la naturaleza vertical de las reglas de operación del programa di culta la creación de redes de apoyo ajenas a la lógica de las corresponsabilidades.

REFLEXIONES FINALES

En el 2010, en la ciudad de Tehuacán el Programa Oportunidades se encontraba marcado, sobre todo, por tres elementos no previstos en sus reglas de operación. El primero era el alto número de titulares indígenas, lo que había generado un estilo de atención más cercano al modelo rural que lo observado en otras ciudades (De la Peña, 2017). El segundo era la difícil transición al modelo “bancarizado” que obligaba al uso de tarjetas de débito. El tercero era la interferencia política que había marcado al programa por los procesos electorales en el estado.

El primer elemento -la fuerte presencia indígena- había sido minimizado en el discurso de los funcionarios del programa, de los médicos de las clínicas y de los docentes de las escuelas a las que asisten los hijos de las familias que reciben el programa. En los discursos de casi todos los funcionarios entrevistados, al hablar de los indígenas se repitieron estereotipos negativos muy arraigados en la sociedad mexicana, los cuales han propiciado el desprestigio de las lenguas y culturas originales y la reproducción del sistema estamental que se ha esbozado en este trabajo. Los indígenas ocupan los peores empleos de la ciudad y son discriminados en las escuelas y los centros de salud. Y tal como ha sido documentado en la literatura socioantropológica, la discriminación estructural produce pobreza estructural (Stavenhagen, 2001).

Tanto los funcionarios de Oportunidades como varias vocales mostraron su preocupación por mejorar el impacto del programa y conseguir la superación de la desigualdad en Tehuacán. Sin embargo, en una ciudad que segrega a un sector de su población por su condición étnica, es difícil romper con las inercias del empleo mal pagado, la baja escolaridad, las ínfimas condiciones laborales y la precariedad en el nivel de vida; no obstante, el programa no estimula la organización de base. Resulta paradójico que los indígenas de Tehuacán, hace más de 400 años, hayan buscado comprar sus derechos ciudadanos y hoy sean vistos como el segmento menos ciudadanizado de la sociedad tehuacanera. Las redes que se forjaron para exigir derechos desde la época colonial -que se caracterizaban por el fuerte componente étnico- se han desdibujado para dar lugar a redes que se adaptan a las demandas de funcionarios gubernamentales.

El segundo elemento remite al hecho de que una buena cantidad de las titulares de Oportunidades en Tehuacán son analfabetas. La bancarización del programa puede derivar en una mejora en la instrucción de las usuarias al obligarlas a interactuar con contratos escritos y cajeros automáticos. Pero también se convierte en un problema no sólo para las titulares, sino para el programa. Las vocales -de por sí ya saturadas de responsabilidades- ahora deben apoyar a las titulares analfabetas, ancianas, o poco con fiadas en el sistema bancario, cada vez que requieran retirar dinero. Algunas titulares nos manifestaron la preocupación de ser asaltadas afuera de los ATM, el riesgo de ser estafadas por sus maridos o sus hijos, o de ser extorsionadas por las vocales a cambio de ayuda. Este nuevo modelo hubiera requerido de una transición que evitara el peligro de que algunas titulares perdieran el apoyo por falta de conocimientos del sistema bancario. Las titulares de programa frecuentan poco las tiendas de autoservicio donde pueden utilizar la tarjeta: prefieren el sistema del intercambio y el comercio de pequeña escala del mercado de La Purísima, muy arraigado en la región.

Por último, quiero detenerme en el tercer factor de impacto del programa. Durante el periodo en el que se realizó la primera fase de la investigación, la tensión poselectoral en el estado de Puebla se concentró en algunas regiones como Tehuacán. Esto resultó claro desde la propia coordinación del programa en la entidad. Una funcionaria nos manifestó su posición al respecto:

Entonces, yo por eso creo que un poco en función de esta experiencia, bueno, viví otra muy padre por allá en donde sí... nosotros tenemos el sartén por el mango, nosotros somos vistos en el programa como los “ay nanitas”, como los mejores amigos de la comunidad. Entonces tenemos una capacidad de convocatoria impresionante, y tenemos una autoridad sobre la gente.20

El hecho de que en julio de 2010 se haya denunciado la coacción de votos a favor de un partido en medios de comunicación y que dos vocales hayan sido castigadas por ello, dificultó nuestro trabajo, pero permitió dimensionar el poder de los programas sociales a favor de intereses de los partidos políticos. Por un lado, pueden inclinar la balanza a favor o en contra de proyectos locales desde la esfera federal y, por otro lado, pueden ciudadanizar a parte de sus beneficiarios. Algunas de las reflexiones del coordinador del programa para el estado de Puebla en 2010 refieren cierta preocupación al respecto:

Mi opinión es que hay que trabajar mucho en cómo darle un plus al programa, que nos permita que la gente cambie su concepción inclusive del programa, porque ellos lo ven como pago. Aunque uno insiste que “es que no es un pago, a ver ¿usted está trabajando para el gobierno?”. “No, pues no”. “Entonces le estamos dando un apoyo, el gobierno le está dando un apoyo para que usted tenga mejores alternativas para educar a sus hijos”, toda la plática, ¿no? Pero la gente lo entiende como casi es una obligación del gobierno. “Es mi paga, me vienen a pagar, ¿de qué?, pues no sé, pero me vienen a pagar [...]”. Sí, porque además nuestra gente tiene una característica: es muy conformista, y en la parte digamos de la cosmovisión le dicen -y si no ustedes me corrigen- del cómo conciben su dimensión del ser humano con lo divino: y Dios así lo quiso, y por eso así lo quiso Dios y así estoy bien, ¿no? Entonces hay como un conformismo [...] y así nacimos. La cultura, el vínculo religioso con el vínculo... o con la parte productiva o la parte de tus circunstancias de vida.21

Sin embargo, creo que no se puede pedir que las familias que reciben transferencias condicionadas de dinero cambien la percepción de que es una “dádiva”, mientras estos programas no se formulen como parte de los derechos ciudadanos: el derecho de contar con las condiciones que les permitan enviar a sus hijos a la escuela para que reciban educación gratuita y de calidad, el derecho a la salud y el derecho a un mínimo nivel de vida. El acceso a la educación en México ha tenido una larga historia que ha permitido que casi todos los mexicanos vean en la escuela un espacio para el ejercicio de un derecho social. El sector salud ha tenido menos éxito en la misma empresa, sin embargo, las demandas por un mejor servicio se registraron a lo largo de este estudio. Los apoyos económicos que brinda el programa se encuentran sintonizados con estas peticiones ciudadanas; sin embargo, la coordinación interinstitucional no estimula a muchos beneficiarios del programa para que hagan el puente entre el apoyo económico y el cumplimiento del derecho a la salud y a la educación. Esto no tiene que ser diferente para el caso de los indígenas. Al contrario, la larga historia de programas asistencialistas ha generado relaciones clientelares entre diversos actores del Estado mexicano y los pueblos originarios.

A finales de 2017 regresamos a Tehuacán para entrevistar a familiares de personas recluidas en el penal estatal localizado en esta ciudad.22 La mayoría de ellos viven en Coapan y sus familiares están condenados por delitos que se encuentran vinculados a la defensa del uso de las galerías filtrantes que les proporcionan agua para consumo humano y riego. En estos casos, las familias -en particular las mujeres- mantienen las redes de apoyo con sus esposos e hijos y utilizan su condición étnica como argumento para su defensa. El agua es un bien escaso y valioso en una región con crecimiento industrial y los habitantes de Coapan la defienden como un recurso propio. En contraste, encontramos que las redes familiares de personas de origen náhuatl que se encuentra condenadas por otros delitos son mucho más débiles.

Esto nos permite concluir que la potencialidad de la organización ciudadana, con base en las identidades lingüísticas en esta región poblana, no está perdida, como podría deducirse de esta investigación. Se han descrito redes que se activan para defender recursos históricos, circuitos comerciales y movilidad de personas que podrían conducir al mejor ejercicio de los derechos ciudadanos, pero el diseño de políticas sociales que atienden a los indígenas en cuanto pobres y no en cuanto ciudadanos, pone en riesgo la eficacia de estas redes.

Bibliografía

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1Las galerías filtrantes son estructuras horizontales que capturan el agua subterránea y la acumulan en una cámara desde la que se extrae manualmente o bombea. En Tehuacán se manejan por sociedades de usuarios (Mendoza García, 2016).

2Licona (2014) hace una muy buena descripción de la dinámica del mercado y el tianguis de La Purísima, en Tehuacán, como un sistema híbrido que combina el trueque y el comercio convencional con resabios precoloniales de intercambio solidario.

3Por estamentalización se entiende la instauración de un sistema rígido de estratificación social, en el que las barreras económicas y de prestigio entre las clases son muy difíciles de superar, y donde ocurren formas sistemáticas y abiertas de discriminación.

4Para una revisión crítica del impacto del Programa Oportunidades entre la población indígena, véase Suárez y Araujo (2013); Espinoza et al. (2016), y Bracamontes y Camberos (2015). Para una comparación entre el Programa Oportunidades y su transformación en Prospera, véase Barajas (2016) y Mendoza Magaña (2017).

5Se les llama titulares a las jefas de familia que reciben las transferencias condicionadas de dinero en el Programa Oportunidades/Prospera.

6Gran parte de esos hogares se han convertido en pequeños talleres para la elaboración artesanal de tortilla.

7La regularización de los predios que les ha otorgado estabilidad residencial ha disminuido la motivación para actuar de manera colectiva. El poco interés de los sucesivos gobiernos municipales en las colonias periféricas es otra explicación para la escasa organización tanto de los indígenas como de sus vecinos no indígenas.

8Cuando iniciamos el trabajo de campo fue notable que, al preguntar en diversos puntos del centro por indígenas, invariablemente nos enviaran al mercado de La Purísima o a Coapan. Esto se encuentra ampliamente documentado en el texto de Licona (2014) sobre el sistema de mercados de Tehuacán y es importante recalcar que la población ha mantenido su vocación de ciudad mercado regional desde el siglo XV y hasta el presente.

9Este dato se menciona porque en octubre de 2010 se les entregó a las titulares del Programa Oportunidades una tarjeta de débito en la que se les depositaba el dinero otorgado y se les dijo que la podían utilizar en los supermercados y centros comerciales; sin embargo, como documenta Licona (2014), la población local y los comerciantes de pueblos aledaños, que se extienden hasta los valles centrales de Oaxaca, basan la mayoría de sus intercambios comerciales en el mercado de La Purísima, en cuyos locales comerciales no se puede pagar con tarjeta de débito.

10Nahuatlismo, el canasto tradicional que se utiliza en casas y comercios para transportar y guardar las tortillas.

11En varias de nuestras entrevistas, las titulares se quejaron de su incapacidad para tener una comunicación confiable con personal docente y de salud, pues ellas no se sienten cómodas hablando en español y entre el personal no hay quien hable náhuatl.

12Los promotores son jóvenes empleados por el programa para llevar a cabo la capacitación de las titulares y apoyar en labores de supervisión.

13En el Mapa 1 se puede observar que estas colonias aparecen en zonas del municipio todavía registradas como rurales por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

14Operado por la Secretaría de Salud de Puebla, el cual cuenta con materiales en náhuatl y mazateco para los talleres de salud en los que participan las titulares del Programa Oportunidades de las zonas rurales.

15Entrevista realizada a la coordinadora de la oficina en Tehuacán, junio de 2010.

16Véase el artículo de Guillermo de la Peña en este número de Nueva Antropología.

17Institución bancaria con la que se estableció el contrato para la prestación de servicios financieros por parte del Programa Oportunidades.

18Este evento fue grabado audiovisualmente por nuestro equipo de trabajo y aquí se incluyen las transcripciones de algunos fragmentos de la interacción, que tuvo lugar el 23 de octubre de 2013 a las 10:30 horas.

19Los médicos y docentes con frecuencia expresaron en las entrevistas su preocupación por la dependencia en que cayeron las titulares y sus familias por los recursos del programa, que las lleva a esforzarse poco para superar sus precarias condiciones de vida.

20Entrevista realizada justo antes del proceso electoral a una funcionaria de la oficina estatal en Puebla, junio de 2010.

21Entrevista realizada al coordinador del Programa Oportunidades para el estado de Puebla, junio de 2010.

22Esto lo hicimos como parte de un estudio sobre el cumplimiento de los derechos lingüísticos de personas indígenas en reclusión.

*Este trabajo forma parte de los resultados de la investigación “La pertinencia cultural de los servicios ofrecidos por el Programa Oportunidades a hogares indígenas en las ciudades”, que coordinó el doctor Guillermo de la Peña entre 2010 y 2011. Un resumen de algunos hallazgos de esa investigación se encuentra publicado en De la Peña (2017); véase también De la Peña et al. (2011). El trabajo de campo en Tehuacán lo realicé durante 2010 con el apoyo de Ángel Vicente Ferrer y Magdalena León. Regresamos a campo en 2017 con Rolando Hernández e Iván Pérez. La revisión de los datos censales y la bibliografía fue realizada con el apoyo de Eva López y Rafael López. A los seis les agradezco el apoyo que hizo posible este trabajo. También agradezco los comentarios de dos evaluadores anónimos.

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