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Foro internacional

versión impresa ISSN 0185-013X

Foro int vol.58 no.4 México oct./dic. 2018

 

Reseñas

Francisco Zapata, Ideología y política en América Latina

René D. Jaimez* 

* El Colegio de México, México. Correo electrónico: rjaimez@colmex.mx.

Zapata, Francisco. Ideología y política en América Latina. México: El Colegio de México, 2ª. ed. corr. y aum., 2016. 507p. Jornadas, 115,

Hace casi treinta años, en las conclusiones de la primera edición de este libro, Francisco Zapata dejaba abierta una serie de preguntas sobre los desafíos que los países latinoamericanos venían enfrentando en el periodo de los gobiernos militares y su posterior proceso de democratización, delineando el desarrollo de nuevos actores sociales y los desafíos de los viejos, como el sindicalismo. En esta segunda edición, con la perspectiva que brindan los años transcurridos, Zapata desarrolla las respuestas a esas preguntas, duplicando la extensión de la primera edición (a pesar de que los contenidos originalmente aparecidos en la primera sección se revisaron y sintetizaron).

El propósito de la obra sigue siendo destacar lo que América Latina, de suyo, tiene que aportar teórica y conceptualmente a la investigación de su realidad, pues la definición de sus peculiaridades conceptuales nos puede permitir un mayor potencial explicativo de la realidad latinoamericana.

A lo largo de la obra, se explica que en América Latina los regímenes han recurrido a una carga ideológica del subconsciente popular; que están asociados con intelectuales que son, al mismo tiempo, personalidades del mundo político, construyendo así representaciones particulares del mundo sociopolítico, que funcionan también como instrumentos de movilización social. A esto es a lo que se refiere Zapata, cuando trata de las filiaciones ideológicas en el discurso político latinoamericano, entre las cuales nociones como las de nacionalismo, antimperialismo, nacionalismo revolucionario y socialismo han funcionado como elementos centrales en nuestra realidad sociopolítica, tanto de movilización, cuanto de explicación científica de nuestra realidad.

Tras la estela de esta lógica, reconstruir las ideologías a las que dieron lugar los pensadores latinoamericanos es necesario, puesto que el desarrollo de teorías no se realiza de manera neutral, sino que necesariamente está ligado al desarrollo y adhesión a ideologías, por lo que es pertinente explicar las ideologías que han configurado las teorías latinoamericanas.

En la primera edición, se analizaba la ideología y los principales ideólogos latinoamericanos en diez capítulos, pero en la conclusión se dejaban abiertos los grandes dilemas que habían comenzado a enfrentar nuestras sociedades hará unos veinte años. En especial, la pregunta central tenía que ver con el rumbo que tomarían nuestras sociedades frente al proceso de redemocratización desencadenado por la decadencia producida al término de los regímenes militares, que ellos mismos habían propiciado.

En la segunda, se reordenan los contenidos de esa revisión del desarrollo de ideólogos, agrupándolos en las principales nociones ideológicas propuestas. Sin embargo, a lo largo de los capítulos que corren entre el diez y el diecisiete, se incluyen nuevas reflexiones. Así, el punto de partida se encuentra en Martí e Ingenieros, como los ideólogos de la izquierda naciente. En otras palabras, se trata de explicar la génesis de la Ciencia Social Latinoamericana desde sus raíces más ideológicas, a partir de las contribuciones de esos ideólogos -que fueron, a un tiempo, los primeros ideólogos del marxismo latinoamericano-, como Martí, Ingenieros, Recabarren, Mella, Mariátegui y Haya de la Torre, en el contexto de lo que en economía se ha dado en llamar, a partir de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el periodo del crecimiento hacia fuera.

Una vez explicadas las raíces ideológicas del pensamiento social latinoamericano, Zapata expone el contexto económico y social que desarrolló las condiciones de posibilidad para que se comenzara a construir un pensamiento latinoamericano propiamente científico. En el contexto de lo que económicamente se denomina el periodo de industrialización sustitutiva, se desarrollan las teorías del desarrollismo y la modernización. Así, a más de las contribuciones de la CEPAL, encontramos ahí las reflexiones de Prebisch, Medina Echavarría, Gino Germani, Portantieroy Laclau, entre otros.

La cúspide de este proceso terminaría por expresarse en lo que se conoció como el enfoque de la dependencia y la perspectiva del colonialismo interno, que, en aquella primera edición, era también la cumbre de la exposición, pues la obra terminaba con el análisis crítico de una de las contribuciones más originales que Latinoamérica ha aportado al pensamiento social. Ahí están Cardoso, Faletto, Marini, Gonzaléz Casanova y Stavenhagen, entre otros. Sin embargo, en la nueva edición de la obra, este apartado no es la conclusión, sino el centro del libro, toda vez que se expone en la parte media del libro y de la exposición, porque los procesos expuestos a continuación dependen en gran medida de este momento de inflexión en el pensamiento latinoamericano.

De tal suerte que se desarrolla una nueva reflexión sobre lo que antes apenas había sido señalado: el proceso social desencadenado por las intervenciones militares en Brasil, Chile y Argentina, así como los procesos de redemocratización que tuvieron lugar a partir de la década de 1980 y los consecuentes procesos de apertura comercial, privatización de las empresas estatales y desregulación laboral.

Se sumó una caracterización de la formación de la acción colectiva en lo que concibe el autor como el modelo de la transnacionalización del mercado interno, que provocó procesos que llevaron a la posterior victoria de regímenes “izquierdistas”, cuyos logros y progresos expone Zapata por lo que atañe a los casos de Brasil, Venezuela, Chile y Ecuador.

En esta segunda edición, corregida y aumentada, se incluyen temas completamente novedosos, que bien pudieron haberse publicado como un libro completamente nuevo, pero, dado que giran en torno al mismo objetivo que motivó la escritura de los capítulos de la edición original, se complementan de manera adecuada con aquéllos, no sin actualizarlos y profundizar en el análisis original.

El desarrollo de las Ciencias Sociales no se puede explicar sin considerar su institucionalización en el desarrollo nacional. En México, por ejemplo, se trata de un proceso que a partir de la Revolución de 1910 hizo posible que algunos dirigentes políticos también ejercieran disciplinas como la arqueología, antropología y sociología, como parte del proyecto político del Estado mexicano, que, aunque condicionó la forma en que los científicos sociales pudieron realizar su reflexión y el tipo de enseñanza que se impartió en las instituciones académicas, permitió un grado de desarrollo mayor de las disciplinas respecto al resto de América Latina. Zapata toma en cuenta estas consideraciones para enmarcar la explicación de la obra de Rodolfo Stavenhagen,1 pero serían tanto o más pertinentes con respecto de la obra de otros ideólogos mexicanos.

No está de más apuntar que en la exposición de esta obra, se puede observar el método analítico de Francisco Zapata , cuyo núcleo consiste en hablar de los procesos histórico-estructurales por intermedio de cada actor particular, como una forma de llevar a la práctica el punto de vista teórico según el cual son los hombres quienes construyen la historia. Una de las consecuencias negativas del marxismo dogmático fue construir una visión caricaturesca en la que los hombres se explicaban como el producto de las circunstancias, por la cual, a la luz de la importancia central de los procesos, se desechó la relevancia del actor. El actor, pues, responde a las circunstancias que se le imponen de forma externa a él; no actúa; no se moviliza más allá de realizar las funciones que se le atribuyen.

A contrapelo de esa forma de explicar la acción, una lectura crítica de Marx enfatizó que las relaciones sociales de producción no se podían reducir a la producción económica, pues Marx se refirió con claridad, en la célebre Introducción a los Grundrisse, a la “producción social de sociedad”, lo que coincide con las ideas de A. Touraine,2 según las cuales los actores no están en la sociedad, pues son la sociedad misma y “construyen la sociedad y participan en su autoproducción”,3 y coincide también con las de F. Dubet,4 quien, al introducir el matiz analítico en términos de “problemas de orden” y “problemas de cambio”, subrayó la multiplicidad de posibilidades de respuesta en los procesos de cambio, en que cobra un papel central la experiencia del actor.

Así, este esfuerzo por destacar la importancia biográfica de los actores, con respecto del contexto tratado y su correspondiente estructura condicionante, puede explicarse en términos de Benjamin,5 según los cuales el ideólogo es ese tipo de hombre que construye un sentido de su actividad política, a grado tal que se coloca en una suerte de automesianismo, que lo vuelve un artífice, es decir el responsable de la arquitectura de su vida y, por tanto, del resto de la comunidad a que pertenece.

1 “Rodolfo Stavenhaguen. Siete tesis equivocadas sobre América Latina”, en Carlos Illades y Rodolfo Suárez (coords.), México como problema: esbozo de una historia intelectual, México, Siglo XXI-Universidad Autónoma Metropolitana-Cuajimalpa/Iztapalapa, pp. 307-326.

2Producción de la sociedad, México, UNAM, 1995.

3F. Zapata, “Premisas de la sociología accionalista”, Estudios Sociológicos, vol. 10 (1992), pp. 469-487.

4Sociología de la experiencia, trad. de Gabriel Gatti, Madrid, Complutense, 2010.

5Tesis sobre la historia y otros fragmentos, ed. y trad. de Bolívar Echeverría, México, Ítaca-Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2008.

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