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Foro internacional

versión impresa ISSN 0185-013X

Foro int vol.56 no.1 México ene./mar. 2016

 

Reseñas

Nicola Horsburgh, Astrid Nordin, Shaun Breslin (eds.), Chinese Politics and International Relations: Innovation and Invention

Eduardo Tzili Apango

Horsburgh, Nicola; Nordin, Astrid; Breslin, Shaun. Chinese Politics and International Relations: Innovation and Invention. Nueva York: Routledge, 2014. 204p.


"Innovación" es un concepto clave en este libro. Así lo resaltan los editores en la introducción al recordar los conceptos que desde 2006 se utilizan en China para impulsar la innovación en la ciencia y tecnología: chuangxin y gexin. Sin embargo, ¿hasta qué punto China es innovadora en el ámbito de su política y relaciones internacionales? Por un lado, la hegemonía del Partido Comunista Chino impide la innovación, por ejemplo, en sectores sociales no gubernamentales, o en la intención del gobierno chino de dirigir la innovación (si es que esto es posible). Por otro lado, la influencia del sistema internacional en China impulsa procesos innovadores en el ejercicio de la política exterior y la construcción de la imagen nacional. Para el primer caso está el ejemplo de la política nuclear, lo cual es, tal vez, la única innovación china en las relaciones internacionales. Para el segundo caso existen las propuestas de la "escuela china de relaciones internacionales", que aún forman parte del debate científico y que varían desde la "sinización" conceptual hasta verdaderas propuestas teórico-metodológicas.

El primer capítulo, deNicola Horsburgh , versa sobre la doctrina nuclear china desde la época de la apertura. El argumento de la autora es puntual: aunque China se integró al orden nuclear mundial -al unirse al Tratado de No Proliferación, en 1992, y al Tratado de Prohibición de Ensayos nucleares, en 1994-, los análisis en Occidente pasan por alto las ideas innovadoras en la formulación de la doctrina nuclear china. Para Horsburgh, existen dos manifestaciones de la innovación nuclear china en un intento de "diferenciarse" de otras potencias: por medio de su principio de No primer uso (nfu por sus siglas en inglés) y por medio del lenguaje oficial. Desde mi perspectiva, el uso de conceptos "innovadores", como el de posesión de un arsenal nuclear "contra-coerción", sólo queda en el ámbito de la retórica en tanto no impida el desarrollo tecnológico y cuantitativo de las armas nucleares de China. Sin embargo, es de reconocer que la política de nfu es, definitivamente, un aspecto innovador en la política exterior nuclear de la República Popular China, ya que, como cita la autora, implica aceptar cierto grado de vulnerabilidad estratégica con tal de seguir un principio normativo.

El capítulo de Ward Warmerdam pretende añadir un micro-proceso a los tres microprocesos de socialización que propone Alastair Johnston: imitación, persuasión e influencia social.1 El microproceso añadido sería la innovación. Para esto, el autor analiza la cooperación para el desarrollo de China con base en la hipótesis de que este ejercicio internacional presenta numerosos aspectos que no caben en los tres microprocesos de socialización. Warmerdam asevera que los principios para la política exterior china son diferentes a los occidentales, pero las motivaciones y prácticas de cooperación internacional no lo son tanto. Cuando China inició su programa de asistencia externa, durante la época maoísta, el gran elemento innovador fue la provisión de ayuda foránea aún siendo un país pobre. Después de 1978, el elemento innovador, a juicio del autor, es el aprovechamiento de oportunidades en países en desarrollo para ventaja tanto de éstos cuanto de China. Sin embargo, la reemergencia de su ayuda -a partir de la década de 1990- presenta rasgos innovadores, sobre todo en la manera en que donadores tradicionales han respondido. Por ejemplo, cita el caso de las nuevas reinversiones en infraestructura por parte del Banco Mundial, ya que la asistencia económica en este rubro es una característica de la cooperación china para el desarrollo. En pocas palabras, la incursión de China en la cooperación internacional para el desarrollo sigue algunos principios de donadores tradicionales, añade nuevos, mientras que estos donadores se adecuan a las acciones chinas. Para tal aseveración, el texto carece de estudios empíricos que demuestren las conclusiones del autor, quien sólo se ocupa de citar otros estudios al respecto.

Iniciando la segunda parte de la obra, Linsay Cunningham-Cross estudia la manera en que se articula la narrativa en la construcción de la disciplina de relaciones internacionales en China. Específicamente se centra en el surgimiento de una hipotética escuela china de relaciones internacionales. Para esto, primero describe los inicios de la construcción del discurso disciplinario a partir de las primeras obras y reuniones académicas sobre el tópico. En esta línea, la autora explica que, al ser una "importación" de Occidente desde la década de 1980 (sobre todo a partir de la apertura), la disciplina ha evolucionado con poca aportación china. Sin embargo, Cunningham-Cross identifica una especie de "preocupación patriótica" en la construcción posterior de la narrativa disciplinaria. Esto implica, por un lado, que los académicos se preocupan porque China, un país de más de mil millones de habitantes, no tuviese un pensamiento internacional propio; por otro lado, implica también que la disciplina sirva a los intereses nacionales. Así, inició la construcción de una escuela china de relaciones internacionales con base en tres fases: importación, crítica, innovación. La autora, no obstante, critica esa ruta ideal para llegar a un estado innovador de la disciplina, porque la fuerte carga marxista en el estudio de las ciencias sociales en China, además de la importante influencia de la academia occidental (sobre todo estadunidense), hace que la innovación esté constreñida en este ámbito. Ante esto, los académicos chinos han virado hacia la historia y el pensamiento antiguo para fortalecer su escuela de pensamiento.

En relación con el anterior apartado, Ras Tind Nielsen y Peter Marcus Kristensen estudian las características innovadoras de una escuela china de relaciones internacionales en el cuarto capítulo de la obra. Para esto definen a la "innovación teórica" como una "combinación híbrida de diferentes fuentes de conocimiento", por lo que la innovación de la escuela china en la disciplina radicaría en su habilidad para combinar sus propias aportaciones con las de Occidente. De acuerdo con el texto, vemos que lo anterior no es así. Los académicos de relaciones internacionales en China, durante las décadas de 1980 y 1990, se enfocaron en traer la teoría de Occidente. En una contribución original con base en numerosas entrevistas, los autores dan cuenta de que los académicos chinos mantienen una fuerte influencia estadounidense, por lo que sus contribuciones mantienen esta línea. Por ello, algunos académicos chinos han enfocado su atención al pensamiento antiguo chino, con la consigna de que "hay que hacer algo que los occidentales no puedan entender" como principio de una contribución original. Tal vez la originalidad, o innovación, de un pensamiento académico sobre relaciones internacionales radica más en la metodología que en la teoría; de qué manera comprender al mundo, y no afirmar que "el mundo es de tal o cual manera". Por ello, las conclusiones de los autores sobre que el surgimiento de la escuela china de relaciones internacionales puede revelar la "mentalidad localista" de la escuela occidental es una contradicción, ya que ¿no caerían en lo mismo los académicos chinos?

De acuerdo con la contribución de Falk Hartig, los Institutos Confucio son una herramienta innovadora en la diplomacia cultural china. Su carácter innovador recaería en dos aspectos: son empresas lanzadas a manera de joint ventures, por lo que su financiamiento es conjunto China/socio, y que se establecen en universidades del país receptor. Sin embargo, yo diría que su innovación recae en dos aspectos que el autor no enfatiza tanto: los extranjeros promueven los intereses nacionales chinos en tanto contribuyen, financieramente, al establecimiento de los Institutos; y la enseñanza en los Institutos está parcializada porque no muestran una realidad histórica, cultural, política o económica completa de China.

En el siguiente texto, Annuka Kinnari estudia la manera como Guangzhou sirvió como una plataforma para la innovación de la imagen de China al exterior, a partir de los Juegos Asiáticos de 2010. La idea de la autora es que China aprovechó la coyuntura que ofrecieron los Juegos Asiáticos para lanzar una imagen de país moderno, además de que las ciudades son un espacio idóneo para fomentar innovaciones. Esto, no obstante, puede encontrar obstáculos en tanto existen rasgos culturales que no permiten la implementación de políticas "modernizantes"; la autora cita el caso de la sustitución del cantonés, típico de Guangzhou, por el putonghua, o chino estándar. El lanzamiento de la imagen innovadora de Guangzhou varió según la región. La autora realizó un trabajo hemerográfico de publicaciones periódicas en Reino Unido y Estados Unidos, y las respuestas fueron disímiles; por un lado, algunos periódicos mostraron una China económicamente pujante, mientras que, por otro lado, algunos otros periódicos mostraron la imagen de una China contaminante y de producción manufacturera barata.

Astrid Nordin cierra la obra con un capítulo sobre las "innovadoras" formas de expresión en Internet ante las formas de control del gobierno chino. Su contribución se centra en los homónimos del egao, que no son más que palabras homófonas para evitar la censura. Para esto explica primero que en China existen tres niveles de censura: macro (eliminación de todo un género de publicaciones o control estricto del telégrafo, por ejemplo), medio (remover ciertos servicios o publicaciones) y micro (censurar palabras); precisamente, el egao se sitúa en este último ámbito. Así, mientras que el gobierno chino mantiene la censura de una forma no innovadora -ya que desde las dinastías chinas se hizo este tipo de cosas-, la resistencia ante tal censura es innovadora por las herramientas virtuales en las que se da este tipo de resistencia, por su contenido humorístico y por su naturaleza "china".

La principal novedad del libro es que retoma las líneas de investigación más actuales sobre política y relaciones internacionales en China. Los estudios en este libro colectivo son rigurosos e intentan aportar la formación de una visión intermedia en el estudio sobre China: no es amenaza ni pro statu quo, sino, más bien, innovadora. No obstante, pareciera que los autores fuerzan, de alguna manera, sus estudios para adecuarse a esta visión. Hay poca crítica a los esfuerzos de los académicos chinos por formar su "propia escuela de pensamiento", dado que esto es, precisamente, una forma de innovar. Hay poca crítica sobre qué tipo de imagen produjo China en el exterior, con base en los Juegos Asiáticos, en tanto esta empresa fue innovadora. Además, la definición de "innovación" varía entre texto y texto, por lo que no es posible etiquetarla de concepto. Su lectura es recomendable pero no determinante para un análisis crítico de la política o las relaciones internacionales de China.

1Alistair I. Johnston, Social States: China in International Relations, 1980-2000, Princeton, Princeton University Press, 2008.

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