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Foro internacional

versión impresa ISSN 0185-013X

Foro int vol.55 no.4 México oct./dic. 2015

 

Reseñas

Ian Bremmer, Every Nation for Itself: What Happens When No One Leads the World

José Luis Rodríguez Aquino

Bremmer, Ian. Every Nation for Itself: What Happens When No One Leads the World. 2a ed., Nueva York: Portfolio, Penguin Group, 2013. 229p.

Ian Bremmer , presidente y fundador de la consultoría de riesgo político Euroasia Group, describe en Every Nation for Itself un escenario internacional en el cual ningún país tiene la capacidad o la voluntad para aceptar los costos del liderazgo. A partir de una mezcla de noticias, reportes, editoriales y fuentes académicas, Bremmer busca articular un nuevo concepto, G-Cero, que funcione como filtro para observar una imagen del sistema internacional que a primera vista parece caótica. El principal argumento en el libro es que, ante la ausencia de una voz que coordine y genere consenso, los problemas políticos y económicos internacionales de los últimos años continuarán.

Contrario a otros autores que estudian la distribución de poder actual en el sistema internacional, el autor no argumenta que Occidente está en declive, sino que más bien da cuenta de una transición tumultuosa, vulnerable a crisis que aparecen de forma imprevista y de diversas fuentes, donde la distribución de poder final es incierta. La pregunta principal del libro es si los líderes de los países podrán ponerse de acuerdo para asumir riesgos, costos y sacrificios compartidos y necesarios para crear soluciones globales a problemas globales. Bremmer responde con un contundente no, y nos da la bienvenida al G-Cero, un contexto de incertidumbre y ausencia de liderazgo.

Los primeros dos capítulos del libro dan cuenta de la evolución histórica del orden liberal a partir de la Segunda Guerra Mundial. Después de este conflicto, ante el vacío de poder en el sistema internacional, Estados Unidos diseñó un entramado institucional que promovía medidas económicas y de seguridad encaminadas a lograr la estabilidad del sistema y el dominio estadounidense de dichas instituciones. Además, los estadounidenses costearon la reconstrucción y la seguridad de sus aliados; este esfuerzo ayudó a la recuperación de Europa y Japón, con lo cual promovieron un consenso entre las potencias sobre valores políticos y económicos, y afianzaron unidad de propósito basada en confianza en la democracia de libre mercado y miedo al comunismo.

De acuerdo a Bremmer, la hegemonía de Occidente enfrentó sus primeras amenazas desde la década de 1970. El gasto desmedido de Estados Unidos le atrajo problemas comerciales y de déficit (escenario parecido al actual) que limitaron su capacidad para sostener el acuerdo monetario de Bretton Woods, con lo cual Washington ya no pudo proveer dos recursos fundamentales del sistema internacional: oro y dólares. En la misma década, Estados Unidos dejó de ser el principal exportador de petróleo, recurso indispensable en las venas que sostenían la economía internacional, con lo cual los países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo ganaron relevancia en el mercado. En ciertos momentos de la Guerra Fría parecía que la fuerza de Estados Unidos se reducía, con lo cual varios países que dependían de esa fuerza dejaron de ver en su aliado un garante de prosperidad. Además, "al igual que la sed de Occidente por petróleo generó nuevos competidores, su hambre por productos fortaleció a otros" (p. 50); los mercados asiáticos, incluido el chino, aprovecharon la demanda y los bajos costos de producción para aumentar su importancia comercial.

Bremmer busca identificar los actores que participarán en la redefinición del sistema y los problemas que surgirán en un contexto de ausencia de liderazgo en los capítulos 4 y 5. El fin de la contienda bipolar no aseguró la armonía internacional, a la vez que la prominencia estadounidense, por el contrario, aceleró el surgimiento de mercados emergentes con valores y vulnerabilidades propios. Algunos de estos países no buscan el apoyo benefactor de las potencias establecidas, pues quieren tener mayor importancia en la toma de decisiones internacionales. La crisis financiera de 2008 aceleró la heterogeneidad en el escenario internacional y el cambio en el balance de poder, en cuanto los poderes emergentes demostraron ser indispensables para solucionar las tormentas transnacionales.

Ante este escenario, Bremmer enlista una serie de retos transnacionales que exigen la cooperación entre Estados -amenazas a la estabilidad económica global, cambio climático, ciberataques, terrorismo y seguridad alimentaria-; sin embargo, la ausencia de un líder complicará el diseño e implementación de medidas para enfrentarlos. Los organismos e instituciones internacionales tampoco tendrán la capacidad de proveer soluciones, pues no reflejan el "verdadero balance de poder económico y político" (p. 4) y su diversidad funciona para mantener el statu quo, no para manejar amenazas que demanden acciones decisivas. En este contexto, nadie liderará el sistema, lo que conduce a "un orden mundial en el cual ningún país o alianza duradera de países puede enfrentar los retos del liderazgo global" (p. 1). Ante la poca cooperación internacional, para poder enfrentar estos retos se necesitarán soluciones regionales o locales; incluso podríamos presenciar un fortalecimiento del Estado, en cuanto algunos países buscarán aumentar el control de estos flujos al menos en sus territorios.

Actualmente, nuevos factores reducen el activismo de Estados Unidos y limitan su política exterior, como la crisis de la deuda y financiera, parálisis partidista, opinión pública dubitativa y ausencia de riesgos inminentes -factores similares limitan las acciones de países europeos y de Japón-. En contraste con las potencias, Bremmer identifica dos tendencias que explican el comportamiento de los países emergentes. Por un lado, estos países tienen la capacidad para proponer reglas limitadas, al menos en sus regiones y en ciertos temas, y pedir voz en foros internacionales, especialmente cuando logran una posición común en sus demandas. Por otro lado, difícilmente lograrán mayor liderazgo, pues emerger es su meta principal y muchas veces se contrapone con asumir un papel protagónico en el sistema internacional, por lo que escogerán con cuidado en qué temas y foros asumir mayores responsabilidades.

En el G-Cero convergen nuevos actores relevantes con retos múltiples, algunas veces entrelazados. Regionalmente, Medio Oriente y Asia serán las regiones más conflictivas, en un momento en el que Estados Unidos ha limitado su presencia en la primera y no sabe cómo asegurar su importancia en la segunda. En Asia confluye el mayor número de países emergentes, quienes buscan mantener lazos de seguridad con Washington al mismo tiempo que quieren profundizar su relación comercial con Beijing. El G-Cero, vaticina Bremmer, representará una parálisis global que tendrá oportunidades de coordinación en varias regiones, pero "Medio Oriente está demasiado dividido y Asia es demasiado grande" (p. 72); mientras más se diluya la influencia estadounidense, aumentará el potencial de conflicto en ambas regiones.

La crisis de liderazgo provocará incertidumbre, volatilidad, competencia, pero no surgirán conflictos militares o geopolíticos entre las potencias o con los países emergentes -hipótesis o predicción que la crisis en Crimea, con las consecuentes tensiones entre Estados Unidos y Rusia, pusieron en duda. Bremmer identifica cuatro probables ámbitos de conflicto: mercados, estándares, ciberespacio y medio ambiente. El principal escenario de conflicto será el mercado global, pues el poder económico, más que el militar, será el factor determinante del balance de poder internacional. En consecuencia, los países ven cada vez más el acceso a sus compañías, mercados y recursos naturales como su mejor arma, lo cual podría impulsar un resurgimiento del proteccionismo a escala global. El establecimiento de estándares generará mayores conflictos, especialmente en cuanto que los países emergentes, que concuerdan en la importancia de tener reglas y normas compartidas, disienten en que Occidente deba ser quien determine dichos lineamientos.

La solución ideal a problemas sin fronteras, de acuerdo a Bremmer, es la construcción de un sistema internacional que promueva previsibilidad y cooperación. Sin embargo, la implicación práctica de dicho consenso sería la imposición local de políticas poco populares a favor de un "bien público global", acción que los gobiernos no están dispuestos a asumir. El peor escenario potencial del G-Cero, en términos de seguridad, incluye dos elementos: por un lado, que los actores -sean Estados, empresas, instituciones o individuos- decidan defenderse a expensas de los otros en lugar de cooperar para diseñar sistemas efectivos de defensa colectiva frente a una amenaza común; por otro, que no existan actores o instituciones que moderen las disputas que resulten de la competencia.

Bremmer termina su libro con dos capítulos donde estudia las implicaciones de los cambios en el sistema internacional para China y Estados Unidos. Estados Unidos fue fundamental para garantizar el crecimiento de China, tanto al estimular su crecimiento (por la demanda de productos) como al mantener seguras las rutas comerciales. Sin embargo, la élite política china debe evitar crisis económicas que aumenten el descontento. En este sentido, de acuerdo al autor, China debe embarcarse en reformas "enormemente complejas y ambiciosas" que le permitan convertirse en una potencia "moderna y de clase media". Así, Bremmer evita hacer predicciones sobre el papel de china en el G-Cero debido a que su emergencia es "inestable, sin balance, sin coordinación e insostenible" (p. 148).

Bremmer postula una serie de juicios y enunciados que piden evidencia empírica para sustentarlos. El objetivo del autor, sin embargo, no es realizar una investigación científica que dilucide los mecanismos causales de sus inferencias o agoten los temas subyacentes a su argumento principal. Por el contrario, pareciera que la meta del libro es, por un lado, provocar el debate, enlistar una serie de proposiciones e hipótesis que alimenten agendas de investigación en el ámbito académico, y, por el otro, advertir a los diseñadores de políticas y estrategias comerciales sobre el probable caos o complejidad que, de acuerdo a Bremmer, puede abrumar al mundo en cualquier momento.

La principal contribución del libro es el concepto de G-Cero, que resume varias hipótesis sobre la distribución de poder en el sistema internacional y responde a una corriente académica que analiza la "emergencia del resto" (con Fareed Zakaria como su principal exponente1). Sin embargo, el autor y David Gordon ya habían definido el concepto de G-Cero en su análisis de los principales riesgos para 2011 en el Euroasia Group, y realizaron un buen trabajo identificando las tendencias globales de distribución de poder y los retos de coordinación (las metas de Every Nation for Itself)2 Así, en mi opinión, el libro de Bremmer es un intento bien logrado por refinar un concepto para usos coloquiales, pero es necesario trabajarlo todavía más para asegurarle importancia en un contexto académico, es decir, operacionalizarlo mejor.

1Fareed Zakaria, The Post-American World and the Rise of the Rest, Nueva York y Londres, W.W. Norton & Company, 2008.

2Ian Bremmer y David Gordon, "Euroasia's Group President Ian Bremmer and Head of Research David Gordon Announce Top Risks for 2011", Euroasia Group, http://eurasiagroup.net/pages/top-risks

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