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Estudios de cultura náhuatl

versión impresa ISSN 0071-1675

Estud. cult. náhuatl vol.47  México ene./jun. 2014

 

Paleografía y traducción del códice florentino

 

Paleografía y traducción del décimo tercer capítulo del libro I del Códice florentino que trata del dios Xiuhtecuhtli

 

María José García Quintana

 

Como lo hemos venido haciendo en números anteriores, presentamos a continuación un avance más del proyecto Paleografía y Traducción del Códice florentino. En este caso se trata del trabajo realizado por María José García Quintana, quien nos presenta una excelente traducción del décimo tercer capítulo del libro I de esta magna obra. Como es costumbre, la autora de este trabajo presenta una amplia introducción donde da cuenta de las problemáticas de dicho proceso de paleografía y traducción.

 

Dios pone en manos de los señores el cargo de regir y gobernar a la gente con
justicia y rectitud y [...] los pone al lado del dios del fuego, que es el padre de
todos los dioses, que reside en el alberque de agua, y reside entre las flores,
que son las paredes almenadas, envuelto entre unas nubes de agua. Éste es el
antiguo dios que se llama Ayamictlan y Xiuhtecuhtli [...]

Historia general de las cosas de Nueva España, libro VI

 

Parece ya ocioso traer a cuento lo que se ha dicho acerca de las etapas de trabajo de Sahagún, previas a la conformación del Códice florentino. Tanto se ha escrito sobre este tópico que nada nuevo podría fácilmente añadirse aquí para enriquecer el conocimiento hasta ahora adquirido. Sin embargo, es obligado referirse a ello para situar en su circunstancia temporal y doctrinaria, el libro primero de dicho códice, al cual pertenece el capítulo que hoy conocemos como dedicado al dios del fuego.

Obedeciendo a la orden de su superior, fray Francisco de Toral, de que escribiera todo lo que creyese necesario para doctrina de los indios y ayuda a quienes les predicaban, Sahagún elaboró una minuta o guión, un borrador, en la que apuntó el plan de lo que habría de contener la obra encomendada. Resumiendo muy estrechamente, sabemos que este plan fue hecho teniendo en mente una estructura ya de antaño consagrada, usada en obras enciclopédicas medievales, y que contemplaba en primer término lo divino, en seguida lo humano y finalmente el mundo natural.

Con este borrador inició su cometido en el pueblo tetzcocano de Tepepulco, a donde lo acompañaron cuatro colegiales trilingües egresados del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco. Allí, en ese lugar de filiación acolhua, consiguió reunir a una docena de ancianos versados en su propia cultura y tradiciones con quienes conversó a partir, pues, de la minuta o cuestionario que de antemano había preparado y tomando muy en cuenta la manera de registro de los indígenas: "Todas las cosas que conferimos me las dieron por pinturas, que aquella era la escriptura que ellos antiguamente usaban, y los gramáticos las declararon en su lengua, escribiendo la declaratión al pie de la pintura" dice Sahagún en el prólogo al segundo libro de la Historia general de las cosas de Nueva España cuando se refiere a este primer encuentro con los indígenas "que sabían", a esta primera etapa que transcurrió durante cerca de dos años en Tepepulco.

No es posible saber si los ancianos de aquel pueblo se avinieron de buena gana a que al pie de sus pinturas se escribieran con caracteres latinos las explicaciones que ellos iban dando, lo que sí se sabe es que a resultas de esto se obtuvo un material asaz copioso, pero disímil en cuanto a dimensiones de los diversos asuntos allí contenidos. Este bagaje de información fue sacado en limpio después y constituye lo que hoy conocemos como Primeros memoriales, divididos en cuatro capítulos que se refieren, el primero a asuntos religiosos, fiestas, ofrendas, atavíos de los dioses, sacerdotes, cantos sacros, etcétera; el segundo al calendario, al ciclo adivinatorio y a algunos aspectos astronómicos; el tercero a los señores, funciones, alimentos, enseres, amonestaciones, formas de salutación, etcétera; el cuarto a cosas humanas: partes del cuerpo, enfermedades, nombres de parentesco, etcétera. Cabe añadir que no hubo un quinto capítulo que de acuerdo al plan de Sahagún debía tratar de las cosas de la naturaleza.

Toda esta sucinta remembranza ha servido para dirigir la atención hacia el origen del libro primero del Códice florentino, en especial del capítulo 13 de éste, cuya paleografía y traducción ahora presentamos como adelanto. Se ha dicho que la información que contienen estos Primeros memoriales es muy escueta y esquemática, y es verdad esto si se compara con la que ofrece el Códice florentino; sin embargo, y a pesar de que el material recopilado en Tepepulco se enriqueció sobremanera en las etapas de trabajo del franciscano, tanto en Tlatelolco como en Tenochtitlan, lugares donde él estuvo posteriormente en la brega con ancianos sabedores de sus cosas, ayudado por exalumnos de Santa Cruz y a solas consigo mismo, corrigiendo, ordenando y reordenando, el tratado sobre los dioses no creció tanto como era de esperarse dado un asunto tan importante para el conocimiento de la religión de los indígenas, conocimiento que serviría precisamente para el destierro de la idolatría. No hay que olvidar que éste era el propósito primordial de la empresa: "Como en otros prólogos désta obra he dicho, a mi me fue mandado por sancta obediencia de mi prelado mayor que escribiese en lengua mexicana lo que me pareciese útil para la doctrina, cultura y manutenencia de la cristiandad destos naturales desta Nueva España, y para ayuda de los obreros y ministros que los doctrinan",1 es decir, saber acerca de la religión de los naturales para poder, con conocimiento de causa, desterrar la idolatría.

Se ha pensado que la información sobre los dioses, sus fiestas, ofrendas y atavíos, obtenida en Tepepulco, resultó tan parca, quizá porque los informantes tenían escrúpulos de hablar ante un sacerdote cristiano acerca de las cosas más sagradas y valiosas para ellos. El asunto es que esta escueta información se acrecentó en las sucesivas etapas de trabajo mencionadas y dio lugar, por ejemplo simplemente, al libro segundo del códice tantas veces traído a cuento, en el que se describen ampliamente las fiestas y ceremonias que en tiempos antiguos se realizaban en honor de los dioses.

¿Qué fue lo que pasó, entonces? ¿Por qué, además, el libro primero, en sí, es tan heterogéneo dando tan poco espacio a los dioses principales -según la realidad social y política de aquellos días postreros antes de la llegada de los españoles- es decir, a Huitzilopochtli, Tezcatlipoca, Tláloc, Quetzalcóatl, en comparación, por ejemplo, al que dedica a Macuilxóchitl? ¿Por qué en este libro hay una sección dedicada a "los dioses pequeñuelos", entre los que se encuentra en primer término Xiuhtecuhtli? Cuando en su origen, en Tepepulco, se recabó información, intervinieron un fraile cristiano que abogaba por la desaparición de las prácticas idolátricas, pero que al mismo tiempo admiraba los logros culturales de los nahuas; unos colegiales trilingües, cristianizados, conocedores de la cultura de sus ancestros pero ya introducidos en la cultura occidental; unos ancianos, propiamente los informantes, que sabían lo que sabían acerca de sus dioses. Cualquiera de los tres participantes en la empresa pudo, tal vez, influir en los resultados. No sé si es importante la respuesta a la incógnita aquí expuesta, pero viene a cuento porque, de alguna manera, se atisba la mano cristiana en algunas expresiones que expreso enseguida.

Después de haberse referido a los dioses "principales" y a las diosas también "principales", he aquí los encabezados del capítulo décimo tercero en la Historia general de las cosas de Nueva España y en el Códice florentino, respectivamente: "trata de los dioses que son menores en dignidad que los arriba dichos y el primero déstos es [el] que llaman Xiuhtecuhtli. Es otro Vulcan", y "capítulo décimo tercero que habla acerca de los dioses pequeñuelos que siguen a los que se nombraron dioses grandes", esto es, para Sahagún, para los colegiales o (difícilmente) para los informantes ¿el dios del fuego es un dios menor en dignidad, pequeñuelo frente a los otros grandes? "Xiuhtecuhtli: Ixcozauhqui y también Cuezaltzin; el que se llama Tletl o Huehuetéotl" es el que encontramos en otras partes con muchos más nombres, por ejemplo, Teteo innan, Teteo inta, nada menos que "madre de los dioses, padre de los dioses"; Nahui Ácatl (cuatro caña) que es uno de sus nombres calendáricos; Tzoncozahuiztica (están amarilleando sus cabellos); Coztic Tlamacazqui (sacerdote amarillo); Tzoncoztli (el amarillo de los cabellos); Nauhyotectli (señor de la unidad de cuatro)2 ¡Menudo dios "pequeñuelo" que tenía tantos nombres! y a quien se dedican bastantes párrafos en otras partes del Códice florentino, aparte del capítulo décimo tercero que nos ocupa, para referirse a diversos aspectos de su culto. Para no ir más lejos, tenemos, bien en el Códice florentino, bien en la Historia general de las cosas de Nueva España, algunas menciones:3

CF fol. 7v-8r. dentro del capítulo 12 dedicado a la diosa Tlazoléotl y cuando el penitente llega a confesar sus faltas: "el tonalpouhqui llama al fuego y le dice: Teteu innan, Teteu inta, Huehuetéotl, aquí ha venido la cola, el ala, el macehual; aquí viene a llorar, a entristecerse, a afligirse puesto que se resbaló, puesto que se tropezó, puesto que se topó con el barro, con la tela de araña..."

II, 167-168. En el décimo octavo mes llamado Izcalli hacían fiesta al dios del fuego que llamaban Xiuhtecuhtli o Ixcozauhqui. Hacían su imagen de tal manera que parecía que echaba llamas de fuego de sí y cada cuatro años en esta fiesta mataban esclavos y cautivos, agujereaban las orejas de los niños que habían nacido aquellos años y les daban padrinos y madrinas. Cuando habían muerto los sacrificados, hacían grandes ceremonias más que las que hacían en otras fiestas. Después bailaban los señores.

II, 173 y IV, 397. En la trecena fiesta movible, en el catorceno signo, ce izcuintli, del calendario ritual hacían gran fiesta al dios del fuego, decían que ese era su signo y lo consideraban venturoso. En tal ocasión, después de que los señores habían dado convites y habían hecho sus elecciones, pregonaban guerra contra sus enemigos.4

II, 223-228. Descripción con lujo de detalles de las diversas fases del décimo mes llamado Xócotl huetzi (cae el fruto) dedicado a Xiuhtecuhtli en el que echaban vivos al fuego a muchos cautivos para después, antes de que murieran quemados, sacarles el corazón y ofrecerlo al dios Xiuhtecuhtli. Los que llevaban a los cautivos que habían de sacrificar se adornaban como si fueran llamas de fuego: todo el cuerpo pintado de amarillo y la cara de color bermejo, llevando en la mano un manojo de plumas coloradas de papagayo.

II, 237. En el doceno mes llamado Teutleco en el que se celebraba la venida o llegada de los dioses, se decía que Yiacatecuhtli, dios de los mercaderes, así como el dios del fuego llamado Ixcozauhqui o Xiuhtecuhtli, llegaban al último, un día después que los otros porque eran dioses viejos y no andaban tan de prisa. Xiuhtecuhtli era muy estimado por los mercaderes al igual que Yiacatecuhtli, su dios principal.

II, 260-261. En el mes o fiesta llamado Izcalli los muchachos iban a cazar aves de muchas clases, peces, culebras y otras sabandijas lacustres y al día siguiente de haber cazado, iban junto con los viejos del calpulli a ofrecer sus presas ante la imagen del dios y los viejos las echaban al fuego que ardía delante y llamaban a esta ceremonia motlaxquian tota que quiere decir (más o menos) "nuestro padre asa cosas; Sahagún dice: nuestro padre el fuego tuesta para comer", o " come cosas tostadas nuestro padre el fuego". II, 265. También en la fiesta de Izcalli entre las muchas ceremonias a honra del dios del fuego, se bebía pulque y hasta a los niños se les daba a probar. Y siempre cuando bebían acostumbraban echar unas gotas en el fuego.

II, 279. El sexagésimo primer edificio del templo mayor de Tenochtitlan se llamaba Tzonmolco Calmécac. Allí vivían los sacerdotes del dios Xiuhtecuhtli y de allí era de donde sacaban el fuego nuevo cada año en la fiesta huauhquiltamacualiztli y también cada que al señor se le antojaba incensar a sus dioses.

VI, 549. El dios del fuego es el padre de los dioses y reside en la alberca de agua y entre flores que son las paredes almenadas envuelto entre nubes de agua. Es el antiguo dios llamado Ayamictlan y Xiuhtecuhtli.5

Él, el fuego, calentaba cuando los humanos tenían frío, servía para que éstos cocinaran sus alimentos, hacía que la madera se convirtiera en carbón, espesaba la miel líquida, al agua de baño la transformaba en vapor, calentaba la lejía que se usaba para lavar las telas y dejarlas como nuevas, etcétera. También propiciaba el crecimiento de los niños, presidía la hechura de los hornos de cal, la apertura de las milpas y la ocupación de una casa nueva.6

Como puede verse Xiuhtecuhtli, era un dios universal, "madre y padre de todos los dioses"; ¿qué más alta eminencia puede tener, pues, el dios del fuego? Ciertamente no es un dios pequeñuelo, es "La madre de los dioses, el padre de los dioses que está tendido en el lugar del ombligo de la tierra, que permanece metido en el lugar de encierro de piedras de turquesa, el dios anciano, Ayamictlan, Xiuhtecuhtli".7

 

PALEOGRAFÍA DEL TEXTO

Inic matlactli omei, capitulo: intechpa tlatoa, in tepitoton teteuh: in quin-toquilia, in omoteneuhque, in huehueintin teteuh.

[fol. 10v] Xiuhtecuhtli: Ixcozauhqui, ihuan Cuezaltzin. Yehuatl motocayotia in Tletl, anozo Huehueteotl ihuan Tota: teotl, ipan machoya: yehica, ca tetlatia, tepaloa, techichinoa, tlachinoa: ihuan miec tlamantli, inic tlacnelia: ca ic nezcolo, ic tlapahuaxo, ic tlacuxitilo, ic tlaxco, ic iztatlatilo, ic necutlatilo, ic tecollatilo, ic tenextlatilo, ic tlatetzoyonilo, ic tlatzoyonilo, ic tlatlehuatzalo, ic tetlecuilolo, ic temazcallatilo, ic oxitlatilo, ic tlanextlatilo.

Auh in icuac ilhuiquixtililoya, cexiuhtica: ipan itlamian Izcalli: quixiptlatiaya in Motecozuma, ixpan tlacotonaloya, copaltemililo, huauhquiltamalli nechihuililoya, in cecen calpan: achto ixpan quimaniliaya in tletl, zatepan cualoya.

Aun in ihuehueyohuan, iuh cemilhuitl, in quicuicatia, quiteccizpichilia, quiteponacilhuia, ca yacachilhuia: auh ayac huel mazohuaya in comalco, tetlacahualtiloya, inic amo aca motla [fol. 11] tiz, mochichinoz: ipampa in yancuican ocualoc huauhquiltamalli, inic otlamanaloc.

Auh in pipiltotonti, mochintin quintlaxquiaya: in aca coatl, cuiyatl, xohuili, axolotl, tototl: in zazo tlein oc acic yoyoli, icamac contlazaya in tlecuilli; ic mitoaya, motlaxquia in Tota. Auh in oyohuac, nohuian tlatlahuanaya in huehuetque, ilamatque: iuh quitoaya, quitlatoyahuiliaya in tletl, texcalcehuia.

Auh nauhxiuhtica, in oc cenca, mahuiztililoya, ilhuiuh: icuac motecutotiaya in Motecozuma, ixpan in iteocal, Xiuhtecutli, itocayocan tzonmolco.

Auh in icuac hi, huel mochi tlacatl, huel no ixquich tlacatl, quipaloaya, quiltequia, in octli, in pipiltotonti: ic motocayotiaya, pillahuano: ihuan onca[n] quintlatiaya, quinmahuitiaya in pipiltotonti.

Ce cihuatl, ce oquichtli, in quintemoaya pilhuaque, quintlauhtiaya: tehuantin quin [fol. llv] mamatihuia, ompa quimoncahuaya, in iteopan Ixcozauhqui: ompa quinnacazxapotlaya, quinnacazcoyonaya: iuhquin ic quinmachiyotiaya, inic quimitta, intlahuan imauioan: zatepan tlacualo.

In inechichihual catca: tliltica motenehuiltec, chalchiuhtetele, xiuhtotoamacale, quetzalmiyaoayo mitzone, tlacotztzone, xiuhcoanacoche, amacozneapanale, no tzitzile, cocuyole, xiuhtezcatlatlapanqui in ichimal, tlachieltopile.

 

TRADUCCIÓN DEL TEXTO

Capítulo décimo tercero que habla acerca de los dioses pequeñuelos que vienen después de los grandes dioses que se mencionaron.

[fol 10v] Xiuhtecuhtli: Ixcozauhqui y también Cuezaltzin; él se llamaba el Fuego o Huehuetéotl y también Tota,8 Él era considerado dios porque quema, saborea,9 abrasa a la gente, chamusca las cosas. También mucho [hace] para ser útil: calienta a la gente, son calentadas las cosas, son cocidas, son asadas; es quemada la sal, cocida la miel; el carbón, la cal, las cosas duras son cocidas, son resecadas; son calentados los temascales, el óxitl,10 la lejía [para lavar la ropa].

Y cuando llegaba la fiesta, cada año al término de Izcalli,11 hacían la imagen del dios [semejando a] Motecuhzoma;12 se cortaban cuellos [de codornices];13 era colocado el copal; en cada casa se hacían tamales de amaranto los cuales primero eran colocados frente al fuego y después se comían.

Y sus ancianos le cantaban durante todo el día; le hacían música con caracoles, hacían tañer el teponaztle, agitaban las sonajas. Y nadie podía extender la mano en el comal, estaba prohibido, para que ninguno se quemara [fol. 11] o se chamuscara; por esa razón los tamales de amaranto eran comidos hasta que eran ofrendados.

Y todos los niñitos asaban alguna serpiente, rana, pescado, ajolote, pájaro o cualquier cosa viva; lo arrojaban a la boca del fogón; y se decía: "nuestro padre se digna asar cosas".14 Y en la noche, en todas partes, los ancianos, las ancianas se embriagaban y como arrojaban [el pulque] al fuego, decían que lo refrescaban.

Y cada cuatro años era muy honrada su fiesta; entonces Motecuhzoma bailaba frente al templo de Xiuhtecuhtli, en el lugar de nombre Tzonmulco.

Y cuando era esta iesta, todo mundo, todas las personas consumían, bebían pulque, [incluso] los niñitos, por eso se llamaba "embriagan a los niños". Y entonces era cuando les daban tíos y tías15 a los niñitos.

Los padres16 buscaban a una mujer, a un hombre y les hacían mercedes; aquéllos iban cargando [fol. 11v] [a los niños] y los dejaban en el templo de Ixcozauhqui, donde les horadaban las orejas, se las agujeraban como que así los señalaban para que los vieran sus tíos, sus tías. Después se comía.

Su atavío era: [el rostro] negro de labios para abajo; tiene un ceñidor con chalchihuites [en la base del]17 tocado de plumas de xiuhtótotl lleno de espigas enhiestas que tienen astas de flechas, astas de dardos; tiene orejeras de xiuhcóatl, ceñidor de papel amarillo; también tiene campanas, cascabeles, escudo de mosaico de turquesas con espejo; tiene bastón de mando con mirador.

 

NOTAS

1 Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, t. I, p. 129.         [ Links ]

2 Véase Alfredo López Austin, "El dios enmascarado del fuego", Anales de Antropología, v. 22, n. 1, p. 268-69. 1985.         [ Links ]

3 Los números romanos se refieren al libro correspondiente en la Historia general y las páginas a la edición 2002 de la misma.

4 ¿Guerras floridas?

5 En relación al nombre Ayamictlan y las connotaciones acuáticas del dios del fuego, ver Alfredo López Austin, "El dios enmascarado del fuego", p. 261, n. 7.         [ Links ]

6 Cfr. López Austin, op. cit., p. 271.

7 Códice florentino, libro VI, fol. 71v-72r.         [ Links ] Versión de Alfredo López Austin, op. cit., p. 261, n. 7.

8 Xiuhtecuhtli: tecuhtli del año; Ixcozauhqui: el que amarillea o el de rostro amarillo; Cuezaltzin: venerable llama; Huehuetéotl: dios viejo o antiguo; Tota: nuestro padre.

9 Significado dudoso.

10 Óxitl: ungüento de trementina.

11 Décimo octavo mes del año, dedicado a Xiuhtecuhtli

12 O al gobernante en turno. Ver Sahagún, HGCNE, ed. cit., t. I, p. 87.

13 Idem.

14 Sahagún dice: "come cosas tostadas nuestro padre el fuego", op. cit, t. I, p. 88. Dibble y Anderson traducen: "nuestro padre asó [algo] para él", op. cit., t. I, p. 30.

15 Sahagún en la HGCNE, ed. cit., t. I, p. 88, dice que les daban padrinos y madrinas.

16 Literalmente: los que tienen hijos.

17 La traducción de chalchiuhtetele ofrecida aquí, es realmente una descripción de lo que está a la vista en la ilustración del Códice florentino correspondiente a Xiuhtecuhtli. Sahagún describe: "tenía en la cabeza una corona de papel pintada de diversas colores".

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