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Estudios de cultura náhuatl

versión impresa ISSN 0071-1675

Estud. cult. náhuatl vol.47  México ene./jun. 2014

 

Artículos

 

La idea de tetzahuitl en la historiografía novohispana. De la tradición náhuatl a la Ilustración. Comentarios preliminares

 

The idea of tetzahuitl in the colonial historiography. From the náhuatl tradition to the Illustration. Preliminary comments

 

Miguel Pastrana Flores

 

Doctor en Historia de México por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. Es autor de Historias de la conquista. Aspectos de la historiografía de tradición náhuatl (UNAM, 2004) y Entre los hombres y los dioses. Acercamiento al sacerdocio de calpulli entre los antiguos nahuas (UNAM, 2008).

 

Resumen

Este artículo explora la idea náhuatl de tetzahuitl y sus interpretaciones en la historiografía novohispana, desde los testimonios de la tradición indígena relativos la caída de Tula recabados por fray Bernardino de Sahagún, así como la manera en que este franciscano interpretó el vocablo, siguiendo con la forma en que fray Juan de Torquemada concibió el concepto, y concluyendo con la mirada que Francisco Javier Clavigero dio del asunto.

Palabras clave: Tetzahuitl, historiografía de tradición indígena, historiografía novohispana, caída de Tula.

 

Abstract

This paper explores the Nahuatl idea of tetzahuitl and its interpretations in the colonial historiography, since the testimonies of the indigenous tradition concerning the fall of Tula compiled by friar Bernardino de Sahagún, and how this Franciscan interpreted the term, following the way that Juan de Torquemada conceived the concept, and concluding with the look that Francisco Javier Clavigero gave to the issue.

Keywords: Tetzáhuitl, historiography of Indian tradition, Colonial historiography, fall of Tula.

 

En ningún sector de la realidad pueden tener éxito teórico ni práctico más
conceptos o categorías que los autóctonos de él.

José Gaos, Notas sobre la historiografía

 

TETZAHUITL, CONCEPTO EVANESCENTE1

En muchas de las obras historiográficas de tradición náhuatl suele aparecer el vocablo tetzahuitl, palabra con la cual se designa una amplia serie de manifestaciones portentosas y sobrehumanas que marcan cambios de toda índole y distinta profundidad tanto en la vida individual como colectiva de los grupos nahuas.2 Para tratar de establecer el sentido del concepto náhuatl de tetzahuitl se han utilizado, desde el siglo XVI a la fecha, términos tan diversos como abusión, agüero, augurio, prodigio, portento, presagio, pronóstico, maravilla, señal, escándalo y espanto; sin embargo, puede afirmarse que ninguno de ellos comprende por completo el amplio campo semántico del vocablo náhuatl.3

En términos generales -y como punto de partida- puede decirse que tetzahuitl es una cierta forma de manifestación de los dioses nahuas en el ámbito de lo humano, que rompe el orden habitual y cotidiano del mundo para anunciar y provocar acontecimientos futuros generalmente de carácter negativo; por ello suelen causar temor, espanto y asombro. Los tetzahuitl acontecen de igual manera en el transcurso del ciclo de vida de los más humildes macehuales, o en los cambios políticos, sociales e históricos de mayor envergadura y trascendencia. En el primer caso pueden ser relativamente sencillos, como la infestación de ratones en una casa común que pueden anunciar la enfermedad y la muerte de sus ocupantes, mientras que en el segundo caso son imponentes, como la aparición de un fuego en el cielo nocturno de forma piramidal que se observa durante semanas, el cual prefigura la destrucción de ciudades enteras.4

Dada la amplitud de acción del tetzahuitl y el interés que reporta saber cómo fue entendido desde las distintas ópticas novohispanas, se impone un acercamiento que permita verlo en acción en un campo bien delimitado, en este caso el historiográfico. Como ejemplo de los problemas semánticos e interpretativos que presenta la noción de tetzahuitl en la historiografía colonial seguiremos ciertas obras representativas del rescate, aprovechamiento e interpretación de los testimonios indígenas en las diferentes etapas de dicha producción historiográfica. El punto de partida es la conocida narración de la caída de Tollan o Tula según la tradición náhuatl recogida en el siglo XVI en dicha lengua por fray Bernardino de Sahagún e incluida en el llamado Códice florentino; después, la traducción castellana elaborada por él mismo en una columna paralela al texto nahua de la citada obra y generalmente conocida como Historia general de las cosas de Nueva España; a continuación está la reinterpretación que hizo de ese mismo material en el siglo XVII el también franciscano fray Juan de Torquemada en su Monarquía indiana, para finalizar con la visión del jesuíta Francisco Javier Clavigero en su Historia antigua de México a fines del siglo XVIII.

 

LA TRADICIÓN NÁHUATL EN EL CÓDICE FLORENTINO

El comienzo de este trabajo lo marca el largo texto náhuatl que narra la historia de Quetzalcóatl en Tula recabado por fray Bernardino de Sahagún entre 1560 y 1567, y que está registrado tanto en el Códice matritense del Real Palacio, como en el libro III del Códice florentino. De manera general puede afirmarse que se trata de relatos de la elite de poder mexica, recogidos principalmente en Tlatelolco y Tenochtitlan, y presumiblemente aprendidos como parte de la educación formal impartida en la escuela (calmecac); por otra parte, es posible plantear -también en lo general- que se trata de relatos que responden de manera amplia y hasta cierto punto libre a las inquietudes de conocimiento planteadas por fray Bernardino de Sahagún.5

En los textos nahuas correspondientes a la caída de Tula es posible distinguir ciertos matices en el concepto que nos ocupa.6 En un primer caso los tetzahuitl son realizados por los dioses con un propósito muy claro, la destrucción de Tula, como a las claras lo dice el relato: "Pues así pasó que estaban descuidados Quetzalcóatl y todos los toltecas, y por eso luego hacia allá se obraron tetzahuitl. Fueron hacia allá tres tlacatecollotl,7 Huitzilopochtli, Titlacahuan, Tlacahuepan, los tres hicieron tetzahuitl para que pereciera Tula".8

Los tetzahuitl son el resultado de la voluntad de las deidades que directamente emprenden acciones contra Tula y sus habitantes, tal es el caso de la transformación de Titlacahuan -quien no es otro que el dios Tezcatlipoca- en un anciano: "Este Titlacahuan ya comienza a hacer tetzahuitl, por lo cual dicen que se volvió como un viejecillo, se mostró con su rostro, se mostró con su forma, se encorvó mucho, con la cabeza bien blanca, además se hizo de cabeza cana".9 De esta manera logra embaucar al sumo sacerdote Quetzalcóatl para que se embriagara y abandonara sus obligaciones rituales y así desacralizarlo ante los dioses y desacreditarlo ante los hombres y con ello provocar su caída.

Algo similar pasa cuando Titlacahuan vuelve a transformarse, ahora en huaxteco, para vencer a Huémac, el tlahtoani o gobernante de Tula, al engañar a su hija. Debe recordarse que el dios tomó la forma de un huaxteco, quien desnudo vendía chile verde en el tianguis de Tula, al verlo la muchacha se obsesiona sexualmente con él, al grado que cae enferma; su padre ordena buscar al falso huaxteco para que "cure" a su hija. Con ello Titlacahuan hace burla de la autoridad del gobernante y del orden social tolteca y así logra el descrédito del mandatario principal de Tula. Al respecto dice el texto náhuatl: "Y he aquí otra cosa que hizo Titlacahuan, de esta manera fue el tetzahuitl: tomó el rostro, la forma de tohuenyo".10 En ambos casos de transformismo divino, el tetzahuitl es la manifestación de la voluntad de Tezcatlipoca y al mismo tiempo permite engañar a los gobernantes toltecas y provocar la destrucción de la ciudad.11

En otras ocasiones los tetzahuitl son mensajes de la voluntad divina. Ello ocurre a través de la presencia de animales intermediarios o fenómenos que son disfraces de los dioses, como es el caso del iztaccuixtli, cierta ave de presa que se paseaba sobre Tula y las llamas que por la noches salían del cerro Zacatépetl en la inmediaciones de la ciudad de los toltecas: ambos eventos son considerados como "tetzahuitl del tlacatecolotl para Tollan",12 como muestras del poder de Tezcatlipoca en su avatar de Titlacahuan.

La conclusión de esta continua manifestación de diversos tetzahuitl es provocar un estado generalizado de malestar social, lo que a su vez provocará el abandono de la urbe, tal como lo refleja el texto náhuatl: "y por eso [cuando] ellos veían algún tetzahuitl decían: -¡Oh! toltecas, ya es todo, ya nos vamos, ya se marcha el conjunto de lo tolteca, estamos abandonados ¿qué remedio? ¿A dónde iremos? ¡Oh, qué infortunados somos! Esforzaos".13 Este resultado está expresado en el siguiente texto: "Y otros muchos tetzahuitl se sucedieron en el tiempo de los toltecas, cuando se destruyó Tollan; y así pasó: Quetzalcóatl ya se desasosiega, ya se desconsuela, luego por eso recuerda que ha de irse, que ha de abandonar su ciudad, Tollan."14

Como puede apreciarse, en la historiografía de tradición náhuatl los tetzahuitl son parte fundamental de la dinámica de la historia indígena. En los ejemplos vistos es posible plantear que tetzahuitl es, al mismo tiempo, prodigio, anuncio funesto del porvenir y causa de los eventos que anuncia.

 

LA MIRADA HUMANISTA DE SAHAGÚN

Entre 1570 y 1577 fray Bernardino emprendió la elaboración del libro que conocemos como Códice florentino, monumental obra en dos columnas, una en lengua náhuatl y otra en castellano, donde el franciscano emprendió una versión parafrástica, a veces libre, otras compendiosa, de la primera columna. Sin duda, esta versión de Sahagún es ya una primera interpretación que nos permite un acercamiento a la manera en que los europeos comprendieron los conceptos de la cultura náhuatl.15

Como ya se ha dicho, tetzahuitl es un vocablo relativamente frecuente en los textos nahuas, así aparece en diversos pasajes del Códice florentino en los cuales Sahagún lo tradujo de varias formas, así en el libro XII que trata de la Conquista usó las expresiones de "señales y pronósticos" y "cosa maravillosa y espantosa", en tanto que en el libro V, que justamente trata de los tetzahuitl, usa agüero.16 Sin embargo, en el caso de la historia de la caída de Tula optó por un término peculiar, pues sistemáticamente empleó embuste. Efectivamente, todas las veces que en los once capítulos del libro III que ocupa la narración de la caída de Tula parece la palabra tetzahuitl, el franciscano escogió traducirla de esa manera. Esto tiene sus implicaciones, ya que embuste es "la mentira con invención y artificio para engañar, enredando muchas cosas",17 esto es, que para él los portentos atribuidos por sus informantes indígenas a Tezcatlipoca y sus amigos, eran falsedades, engaños hechos con ingenio, habilidad, disimulo y astucia.

Esta visión del proceso como un engaño está expresado desde la entrada en escena de los causantes de la ruina de Tula y los toltecas, pues "Vinieron contra ellos tres nigrománticos llamados Huitzilopochtli y Titlacahuan y Tlacahuepan, los cuales hicieron muchos embustes en Tulla."18 Aquí Titlacahuan-Tezcatlipoca y sus cómplices son concebidos sin duda como seres humanos, pero de carácter maligno, pues son nigromantes, es decir, practicantes de la magia negra, que a través de sus malas artes engañarán a los toltecas.

Como ejemplo de estos engaños puede citarse los casos ya mencionados de la transformación de Titlacahuan, ya se trate de un anciano, como lo expresa el franciscano: "Y el Titlacahuan comenzó primero a hacer un embuste, que se volvió como un viejo muy cano y baxo, el cual fue a casa del dicho Quetzalcóatl".19 O más adelante cuando toma la forma de un huaxteco: "Otro embuste hizo el dicho Titlacahua, el cual se volvió y pareció como un indio forastero, que se llama tohueyo".20

De igual manera en los pasajes en los que aparece el ave iztaccuixtli y el fuego que se veía emerger de cerro Zacatépetl son concebidos por Sahagún como meros embustes, y no como manifestaciones divinas, como lo dice a propósito del segundo caso, "Otro embuste hizo el dicho nigromántico, que fue que los dichos tultecas, los cuales vían de noche una sierra que se llama Zacatépec ardiéndose."21

En la versión de Sahagún el resultado de los continuos embustes de Titlacahuan es similar al del texto náhuatl, pues en otro pasaje dice: "Otros muchos embustes les acaecieron a los dichos tultecas por habérseles acabado la fortuna. Y el dicho Quetzalcóatl, teniendo pesadumbre de los dichos embustes, y acordando de irse de Tulla a Tlapalla".22

En síntesis, es posible que para Sahagún los eventos narrados por sus informantes ocurrieran efectivamente, pero como mentiras hechas con artificio, y quizás con magia, pues en su concepto Titlacahuan era un nigromante,23 y no como auténticos prodigios de raigambre sobrenatural, o dicho en otros términos, como manifestaciones divinas de los dioses nahuas.

 

LA MIRADA BARROCA DE TORQUEMADA

Para la elaboración de su monumental Monarquía indiana, publicada en 1615, el franciscano fray Juan de Torquemada echó mano de todo cuanto material encontró disponible. Entre los numerosos papeles que aprovechó estaban varios trabajos manuscritos de su hermano de hábito fray Bernardino de Sahagún.24 Se sabe que Torquemada tuvo en gran estima la obra de Sahagún, pues entre otras cosas señala que "vivió en la conversión de estos indios, enseñándoles, doctrinándoles y predicándoles más de sesenta años, y supo sus antiguallas muy por menudo, y escribió muchísimas cosas en su lengua".25

En particular se ha establecido que tuvo a su disposición el libro tercero, el cual benefició a manos llenas en favor de su obra. Aunque no está del todo claro si tuvo en su poder un texto bilingüe o sólo la versión castellana referente a la caída de Tula, yo me inclino por considerar que también conoció el texto en náhuatl y lo usó.26 Al respecto hay que indicar que Torquemada también empleó otras fuentes para hablar de la historia tolteca. Por otra parte, conviene recordar que fue conocedor de la llamada "lengua mexicana". En lo que aquí nos ocupa, por lo menos una vez Torquemada registró la voz tetzahuitl, que en su opinión "quiere decir espanto o asombro".27

Torquemada acepta la realidad de los eventos que la tradición indígena señalaba para la caída de Tula. Y entiende las manifestaciones prodigiosas de dos maneras: por una parte, habla de embustes y engaños; por la otra, recurre a la acción demoníaca. En el primer caso dice: "gozando este dicho Quetzalcohuatl de su buena suerte y próspera fortuna en la dicha su ciudad, este nombrado Titlacahuan fue con otros dos compañeros allá, y engañándole con sus engañosas y fingidas razones, le hizo creer que en el nacimiento de el sol estaba un varón viejo que le llamaba".28 Lo que se refrenda en el siguiente pasaje: "No fue sólo este embuste el que este pésimo encantador Titlacahuan hizo, sino otros muchos de los cuales, mostrándose famoso hechicero, ganó el crédito y opinión [...] de dios falso, de esta ciega gente".29

Mientras que en el segundo caso dice: "Otro día se les apareció el demonio, en figura de otro gigante, con las manos y dedos de ellas muy largos y ahusados y bailando con ellos los fue ensartando en ellos; y de esta manera hizo el demonio aquel día gran matanza en ellos."30 Misma interpretación que aplica en el caso del cadáver putrefacto de un niño que con su hedor causa la muerte de los toltecas, por eso "se les apareció el demonio y les dijo: que en todo caso les convenía desamparar la tierra, si querían salvar las vidas".31

Con ello Torquemada, si bien recogía y resguardaba la tradición historiográfica indígena recabada e interpretada primariamente por Sahagún, al reinterpretarla se separaba un poco de ella al atribuirle o un carácter de engaño obra del nigromántico y encantador Titlacahuan, o de realidad sobrenatural, pero de índole diabólica.

 

LA MIRADA ILUSTRADA DE CLAVIGERO

Sin duda la Historia antigua de México, publicada en Italia en 1780, del jesuita Francisco Javier Clavigero, es una de las obras historiográficas mejor logradas y más influyentes del siglo XVIII en el campo de la historia novohispana.32 Desde su exilio en la península itálica Clavigero tuvo acceso casi exclusivamente a materiales publicados. En ese sentido su fuente principal fue la Monarquía indiana de Torquemada, libro al que si bien critica con dureza, utilizó de manera muy amplia. Su valoración de la obra del franciscano fue doble: por un lado la considera "la más completa respecto a las antigüedades mexicanas, de cuantas hasta ahora se han publicado"; por el otro, le pareció un trabajo muy deficiente, pues su autor "se muestra muchas veces falto de memoria, crítica y de buen gusto", por lo cual consignó "algunas relaciones pueriles".33 Por otra parte, si bien Clavigero tenía alguna idea de los trabajos de Sahagún y su importancia, en su época se había perdido el rastro de ellos y no llegó a conocerlos directamente. El jesuita también fue conocedor de la lengua náhuatl, y aunque no utilizó la palabra tetzahuitl en el cuerpo de su Historia antigua de México sí lo hizo en sus Reglas de la lengua mexicana con un vocabulario, donde le da el sentido de "espanto, asombro".34

Entrando en materia, Clavigero emprende una historia crítica de los pueblos antiguos, y pone en duda las intervenciones extraordinarias a las que sus predecesores habían concedido credibilidad. Así, al respecto de la aparición de un gigante que mató a muchos toltecas y que Torquemada interpretó como una aparición demoníaca, piensa que "aquel buen autor quizá entendió a la letra algunas pinturas alegóricas en que los toltecas representaban el hambre y la enfermedad que los acabó; ni es menester más diablos para exterminar una nación."35 Por eso mismo el jesuita no refiere -por inverosímiles- los pasajes de la caída de Tula que habían sido importantes para los antiguos nahuas, así como para los franciscanos Sahagún y Torquemada.

Claro está que Clavigero como jesuita no negaba por completo la posible presencia demoníaca entre los antiguos mexicanos, pero la consideraba un fenómeno verdaderamente excepcional y no algo cotidiano o frecuente, pues

aunque es cierto que la malignidad de esos espíritus se esfuerza en hacer cuanto mal puede a los hombres y que algunas veces se les han representado en forma visible para seducirlos, especialmente a aquellos que aún no han entrado por la regeneración en el gremio de la Iglesia, no resulta creíble que esas representaciones fuesen tan frecuentes, ni su comercio tan franco con aquellas naciones, como suponen los historiadores; porque Dios, que vela con amorosa providencia sobre sus criaturas, no permite a aquellos capitales enemigos del género humano tanta libertad para dañar. Por tanto no extrañen los lectores que hubiesen leído algunos sucesos de esta historia en otros autores, que no me conforme en este punto con su credulidad.36

De esta forma Clavigero plantea los límites de lo que su crítica y concepto de verdad consideraban verosímil y aceptable de las tradiciones indígenas, pues afirma que "Las pocas noticias que hemos dado de los toltecas son las únicas que nos han parecido dignas de algún crédito, desechando varias narraciones pueriles y fabulosas de que han hecho uso sin dificultad otros historiadores."37 Pero con ello descartaba todas las referencias a eventos maravillosos y sobrenaturales en los que intervenían los dioses indios; por lo tanto no podía aprovechar ni comprender en su totalidad las fuentes de tradición indígena.

 

PARA TERMINAR

La complejidad del concepto de tetzahuitl había sido notada ya desde el siglo XVII por el furibundo perseguidor de idolatrías Hernando Ruiz de Alarcón, al decir: "Lo que en España se llaman agüeros, en mexicano llaman tetzahuitl, si bien el vocablo mexicano suena algo más que el castellano, porque agüero, pronóstico, portento o prodigio, que pronostica algún mal presente o venidero, todo lo dicho comprende el nombre tetzahuitl".38

En el campo que nos ocupa, el historiográfico, es claro que las diversas traducciones e interpretaciones del término hechas por los notables historiadores que hemos comentado están lejos de captar su complejidad y trascendencia como parte del discurso histórico náhuatl. Asimismo, puede decirse que al deslizar la idea de tetzahuitl de su campo semántico, sagrado e histórico a los terrenos del embuste, la acción demoníaca o a la fábula y la fantasía desdibujaron el concepto y lo volvieron incomprensible. Es más, la presencia misma de los tetzahuitl concebida inicialmente en la historiografía náhuatl como importantísima e indispensable para entender la caída de Tula, pasa, en la historiografía de raigambre europea, a ser considerada como un engaño en los siglos XVI y XVII, y finaliza en el XVIII siendo pensada como inexistente y por ello irrelevante para entender la historia tolteca. Por ello una tarea primordial en el futuro será la de conocer, analizar y comprender la historiografía náhuatl sin desligarla de la religiosidad que la sustenta y -hasta donde esto sea posible- tomando en cuenta sus propias categorías.

 

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NOTAS

1 El presente trabajo se inspira, en parte, en las obras de Marc Bloch, Apología de la historia o el oficio de historiador; José María Murià, Sociedad prehispánica y pensamiento europeo; y José Gaos, "Notas sobre la historiografía".

2 Sobre la historiografía de tradición indígena en general y sobre la náhuatl en particular véase José Rubén Romero Galván (ed.), Historiografía novohispana de tradición indígena, y Miguel Pastrana Flores, "Historiografía de tradición indígena".

3 Para el llamado náhuatl clásico véase fray Alonso de Molina, Vocabulario en lengua castellana y mexicana y mexicana y castellana, "Tetzahuitl. Cosa escandalosa, o espantosa, o cosa de agüero." Para el náhuatl moderno véase Paul P. de Wolf, Diccionario español-náhuatl, "Agüero nefasto" o "Mal agüero". Por otra parte, debe señalarse que la palabra tiene una etimología incierta, aunque posiblemente esté relacionada con el verbo izahuia (admirar, espantar, escandalizar).

4 Véase un primer acercamiento al vocablo en Miguel Pastrana Flores, Historias de la conquista. Aspectos de la historiografía de tradición náhuatl, p. 21-29.

5 Sobre estos temas ya me he ocupado antes en mi artículo "Textos y contextos del Libro tercero de Sahagún".

6 No siendo la intención de este trabajo desarrollar por completo el relato de la caía de Tula según las tradiciones indígenas, remito al lector interesado a mi artículo "Tezcatlipoca contra Quetzalcóatl en la caída de Tula". Para otros aspectos del tema véase mi trabajo "Las casas de Quetzalcóatl en Tula y el problema de lo maravilloso en la historiografía náhuatl".

7 A la letra "tecolote humano", nombre dado a ciertos magos poderosos; en el contexto cristiano comúnmente se usó para introducir la idea de diablo, ajena a la tradición religiosa mesoamericana.

8 Bernardino de Sahagún, Códice florentino. Manuscrito 218-20 de la Colección Palatina de la Biblioteca Medicea Laurenciana, libro III, cap. IV; v. I, f. 10v. / 211v.: Auh in ie iuhqui in otlatlatziuiti in Quetzalcoatl, yoan in ixquichtin tolteca. Auh nima[n] ic oallaque in tlatetzauico. Eytin, in tlatlacateculo, Uitzilobuchtli, Titlacaoan, Tlacauepa[n], i eixtin tlatetzauique inic tlalpoliuiz in Tullan. Siempre que se cite el texto náhuatl debe entenderse que la paleografía y la traducción son mías.

9 Sahagún, Códice florentino, libro III, cap. IV; v. I, f. 10v. / 211v. - f. 11 / 211: In iehoatl Titlacaoan, ie quipeoalti inic tlatetzaui, quilmach ueuento[n] ipan mocuep, ipan mixeuh, ipa[n] moquixti, ouelcoliuh, ouelquaiztaz, ocomo, quaztapaton.

10 Sahagún, Códice florentino, libro III, cap. V; v. I, f. 12v. / 213v.: Auh izcatqui oc centlamantli, in quichiuh Titlacaoa[n], inic tlatetzaui, ipan moquixti ipa[n] mixeuh Touenio. Tohuenyo o tohueyo, es una forma de referirse al cuextécatl, esto es al oriundo de la Huaxteca.

11 Véase la traducción y comentario de Miguel León-Portilla en "La historia del Tohueyo. Narración erótica náhuatl".

12 Sahagún, Códice florentino, libro III, cap. X; libro I, f. 18v. / 219 v.: inic tlatetzaui in tlacateculotl, in Tullan.

13 Sahagún, Códice florentino, libro III, cap. X; v. I, f. 18v. / 219v. - f. 19 / 220: auh inic quitaia itla tetzauitl, quitoaia, tultecaie ca ie ixquich ca ietiui, ie iauh in tultecaiotl, ca otitlatlatziuitique que[n]nel campanel tiiazque, o totlaueliltic, ximellaquaoaca[n].

14 Sahagún, Códice florentino, libro III, cap. XII; v. I, f. 20 / 221: Auh oc miec tlamantli, in tetzauitl inpan muchiuh in tulteca, ynic tlalpoliuh in Tullan, auh in ie iuhqui, in Quetzalcoatl, in ie mamana, in ie motequipachoa, nima[n] ie ic quilnamiqui in iaz, in quitlalcauiz yn ialtepeuh in Tullan.

15 Sobre el autor y su obra véase Luis Nicolau D'Olwer, Fray Bernardino de Sahagún (1499-1590), y Miguel León-Portilla, Bernardino de Sahagún. Pionero de la antropología.

16 Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, libro XII, cap. I; v. III, p. 116; libro V, cap. I; v. II, p. 439. Véase también Pilar Máynez, El calepino de Sahagún: un acercamiento, p. 260.

17 Sebastián de Cobarrubias Orozco, Tesoro de la lengua castellana, o española, p. 343. Véase también Martín Alonzo, Enciclopedia del idioma, que registra "mentira disfrazada con artificio", misma acepción que se repite en el Diccionario de la Real Academia.

18 Sahagún, Historia, libro III, cap. IV; v. I, p. 310.

19 Idem.

20 Ibidem, libro III, cap. V; v. I, p. 312.

21 Ibidem, libro III, cap. X; v. I, p. 320.

22 Ibidem, libro III, cap. XII; v. I, p. 322.

23 Si bien en otras partes de su obra el franciscano identifica a Tezcatlipoca con Lucifer, en este contexto parece que Sahagún se inclina por considerarlo un mago maléfico. Discuto expresamente la cuestión del carácter humano o divino de los personajes de la historia tolteca en el Códice florentino en mi artículo "Tula y los toltecas en los textos de Sahagún".

24 Sobre la vida y obra de Torquemada véase los trabajos coordinados por Miguel León-Portilla en el volumen VII la edición de la Monarquía indiana que se cita en la bibliografía.

25 Juan de Torquemada, Monarquía indiana, de los veinte y un libros rituales y monarquía indiana, con el origen y guerras de los indios occidentales, de sus poblazones, descubrimiento, conquista, conversión y otras cosas maravillosas de la mesma tierra firme, libro VIII, cap. XI; v. III, p. 219.

26 Véase Miguel León-Portilla, "Fuentes de la Monarquía indiana. Tablas de análisis de las fuentes de todos los capítulos de los veintiún libros", p. 121, 189.

27 Torquemada, Monarquía indiana, libro VI, cap. XXI; v. III, p. 74. Véase Víctor M. Castillo, "Glosario de voces nahuas", p. 494.

28 Torquemada, op. cit., libro VI, cap. VII; v. III, p. 42.

29 Ibidem, libro VI, cap. VII; v. III, p. 42.

30 Ibidem, libro I, cap. XIV; v. I, p. 57.

31 Ibidem , libro I, cap. XIV; v. I, p. 57.

32 Sobre Clavigero y su obra véase Julio J. Le Riverend Brusone, "La Historia antigua de México del padre Francisco Javier Clavijero".

33 Francisco Javier Clavigero, Historia antigua de México, prólogo del autor. Noticia de los escritores. Siglo XVII, v. I, p. 20-21.

34 Francisco Javier Clavigero, Reglas de la lengua mexicana con un vocabulario, p. 136.

35 Clavigero, Historia, libro II, cap. 3; v. I, p. 154.

36 Ibidem, libro II, cap. 17; v. I, p. 188-189.

37 Ibidem, libro II, cap. 3; v. I, p. 154.

38 Hernando Ruiz de Alarcón, Tratado de las supersticiones y costumbres gentílicas que hoy viven entre los indios naturales desta Nueva España, tratado 1, cap. IX, p. 70.

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