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Estudios de cultura náhuatl

versión impresa ISSN 0071-1675

Estud. cult. náhuatl vol.46  México jul./dic. 2013

 

Reseñas bibliográficas

 

Sylvie Peperstraete, La "Chronique X": Reconstitution et analyse d'une source perdue fondamentale sur la civilisation Aztèque, d'après l'Historia de las Indias de Nueva España de D. Durán (1581) et la Crónica Mexicana de F. A. Tezozomoc (ca. 1598)

 

Gabriel Kenrick Kruell

 

Oxford, Archeopress, 2007 (BAR International Series, 1630), 602 p.

 

Este trabajo monográfico en francés acerca de la hipotética fuente histórica en náhuatl universalmente conocida como Crónica X es el fruto de la publicación de la tesis de doctorado defendida en 2005 por la joven investigadora belga Sylvie Peperstraete en la Universidad Libre de Bruselas y dirigida por el célebre mexicanista Michel Graulich. Sesenta años después de haber salido a la luz el artículo seminal de Robert H. Barlow (1945), que permitió el planteamiento de la hipótesis sobre la Crónica X, Peperstraete decidió retomar el reto dejado por el antropólogo norteamericano y dedicar su investigación doctoral a la reconstrucción pormenorizada y a la crítica historiográfica del documento extraviado, que se presume fue usado como fuente principal por fray Diego Durán y el noble mexica Hernando de Alvarado Tezozómoc para la realización de sus respectivas obras en español, la Historia de las Indias de Nueva España y la Crónica mexicana.

La extensa monografía de Peperstraete se organiza en una introducción, cuatro capítulos y una conclusión. Al final, el trabajo se enriquece notablemente gracias a un glosario de más de 200 términos nahuas que aparecen en la obra de Tezozómoc y que se supone derivados directamente de la Crónica X y mediante un amplio anexo de más de 350 páginas, en el que se presentan los textos de Durán y Tezozómoc cotejados en dos columnas paralelas. Los pasajes comunes entre los dos autores están señalados en negritas y marcan, según la reconstrucción propuesta por Peperstraete, la información histórica tomada por Durán y Tezozómoc de la Crónica X. Una virtud innegable de este libro es, sin duda, la presentación de los datos en cuadros muy claros y sintéticos que permiten al lector tener una visión sinóptica de la profusa información empleada por la autora.

En el capítulo primero, Peperstraete resume los pocos datos biográficos conocidos concernientes a Durán y a Tezozómoc, describe los manuscritos en los cuales se conservan sus obras y analiza las motivaciones personales y sociales que los incitaron a escribir cada uno independientemente del otro una adaptación al español de la misma fuente histórica en náhuatl. Destaca la particular atención dedicada por la autora a las imágenes del Manuscrito Durán, que se presume derivadas de la Crónica X, fuente probablemente ilustrada como muchos documentos coloniales de tradición indígena. En este punto, Peperstraete retoma la tesis doctoral de n.C. Christopher Couch (1987), el cual señala la reutilización en el Manuscrito Durán de imágenes recortadas de un manuscrito anterior, probablemente del mismo Durán. Por lo que concierne a los propósitos de Durán y de Tezozómoc al escribir sus respectivas obras, el análisis de Peperstraete descansa en los acertados estudios historiográficos de Rosa Camelo y José Rubén Romero (1995 y 2003).

De gran interés resulta la última parte del capítulo primero, en la cual se efectúa una reseña de las teorías historiográficas acerca de la Crónica X, desde Barlow hasta la fecha. Así, con base en el estudio pionero de Ursula Dyckerhoff (1970), se vincula la Crónica X con ciertos pasajes del Códice Cozcatzin, de la Crónica mexicáyotl de Tezozómoc y de las Relaciones tercera y séptima de Chimalpahin. Las opiniones contrarias a la existencia de la Crónica X, como las expresadas por Jacques Lafaye y Stephen A. Colston (1972 y 1973), son decididamente confutadas por Peperstraete, mostrando con pruebas convincentes la presencia de un documento común entre Durán y Tezozómoc y revelando cómo las diferencias entre las obras de los dos historiadores se deben a las diversas formas de traducir y readaptar la fuente principal y al recurso a fuentes alternativas, las cuales son discutidas por la autora en el capítulo cuarto.

En el capítulo segundo, Peperstraete construye su propio método para la reconstitución de la Crónica X, el cual, a mi manera de ver, precisa y supera en muchos aspectos el que Barlow había preconizado en 1945. Más allá del criterio básico establecido por Barlow según el cual la información que aparece paralelamente en Durán y Tezozómoc debe proceder de la fuente perdida, hay que tomar en cuenta, siguiendo a Peperstraete, que Tezozómoc copió algunos pasajes de la Crónica X en su Crónica mexicáyotl en náhuatl. Por lo tanto, las lagunas textuales que aparecen al comienzo de la Crónica mexicana pueden ser restablecidas gracias al relato paralelo de la Crónica mexicáyotl y de la Historia de las Indias. Otro principio introducido por la investigadora belga establece que la narración de Tezozómoc es preferible a la de Durán, porque el autor mexica traducía la Crónica X más literalmente que el fraile español y reportaba con mayor fidelidad palabras o enteras expresiones en náhuatl. En fin, es posible agregar a la Crónica X aquellos pasajes omitidos o abreviados por Tezozómoc y que Durán introduce con palabras que remiten a la fuente, como "cuenta la historia".

Aplicando con rigor esta metodología comparativa, la autora puede reconstituir episodio por episodio la estructura textual de la Crónica X. Resulta así que el capitulado de la Crónica mexicana posiblemente seguía mucho más de cerca las secuencias narrativas de la Crónica X, plasmadas probablemente con base en las escenas visuales de un códice pictográfico, como apunta también Ann Marie Graham en su tesis de doctorado (1998). Al contrario, Durán modificaba la estructura narrativa original de la Crónica X, adoptando un capitulado propio y cambiando el lugar de algunos episodios para que la secuencia lógica de los acontecimientos resultara más congruente con la mentalidad europea. Notable en el fraile dominico es asimismo la tendencia a recortar algunos discursos estereotipados o algunas ceremonias rituales que se repetían en ocasiones importantes, como las entronizaciones, las batallas y las muertes de los gobernantes mexicas, y que causaban una impresión de monotonía en la narración.

El capítulo tercero, está dedicado al análisis historiográfico del contenido de la Crónica X. En este apartado, Peperstraete estudia profusamente las 62 imágenes del primer tomo del Manuscrito Durán y llega a la conclusión de que la mayoría de ellas tenía su modelo de origen en la Crónica X. De acuerdo a la autora, la Crónica X debía por lo tanto tener el aspecto de una historia ilustrada del tipo de la Historia tolteca-chichimeca. Acerca de esta hipótesis, hay que decir que en realidad es imposible determinar si efectivamente la Crónica X contenía ilustraciones, dado que la Crónica mexicana no tiene ninguna imagen y no se puede realizar una comparación con la Historia de Durán. Además, los dibujantes de Durán no tuvieron necesariamente que tomar como modelo la Crónica X, sino tal vez otros códices afines, hoy perdidos: algunas divergencias importantes entre los detalles del relato de la Crónica X y los dibujos de Durán podrían apuntar en esta dirección. Acerca de la fecha de composición de la fuente de Durán y Tezozómoc, la historiadora belga propone el período 1547-1560 con base en la semejanza con la Historia tolteca-chichimeca, mientras que sobre su autoría concuerda con Henry B. Nicholson y Stephen A. Colston (1964 y 1974), según los cuales el autor de la Crónica X debía ser un descendiente del cihuacoatl Tlacaélel, por el papel preponderante que este personaje tiene en la Crónica X.

La segunda parte del capítulo tercero presenta una comparación de los datos provistos por la Crónica X con aquellos de un consistente número de fuentes (más de 40) sobre la historia antigua de los mexicas tenochcas. Gracias a este extraordinario manejo de información histórica salen a la luz las peculiaridades propias de la Crónica X: se trata de un documento que hace una selección de los episodios más relevantes de la historia mexica y los narra con una gran abundancia de detalles, pero en una forma estereotipada, debido a la necesidades impuestas por la memorización de la tradición oral. A diferencia de los anales o xiuhamatl nahuas, privilegia una secuencia temática y no cronológica de los acontecimientos al interior de cada reinado de los tlahtloque mexicas. Además, la Crónica X ofrece una visión específica de la historia mexica en su conjunto, desde sus humildes inicios hasta la caída del imperio por mano de los españoles. Siguiendo a Michel Graulich (1994), Peperstraete interpreta la parábola de la historia mexica en los términos míticos del recorrido diario del sol por el cielo: la migración desde Aztlan representaría la noche, la fundación de Tenochtitlan el amanecer, los reinos de Itzcóatl y Moctezuma I la elevación del sol hasta el cenit en el mediodía, mientras que los reinos de Axayácatl, Tízoc, Ahuítzotl y Moctezuma II simbolizarían el declinar del sol hasta su puesta con la conquista española.

Concuerdo completamente con Peperstraete y su maestro Graulich acerca de la interpretación solar de la historia mexica consignada en la Crónica X, sin embargo no puedo compartir algunos de sus presupuestos teóricos que afectan la interpretación y valoración de la historia mexica e indígena en general. Primero, la idea según la cual la historia mexica, y en particular la Crónica X, se basaban en una "memoria engañosa" debido a los errores y las confusiones inevitables de la tradición oral. Segundo, las manipulaciones de la historia a fines propagandísticos a causa del "etnocentrismo radical" de los indígenas. Tercero, las deformaciones de los hechos históricos por el "pensamiento mitológico" y no racional de los pueblos indígenas.

Acerca del primer punto, se nos olvida a veces que las tradiciones históricas de los indígenas no se basaban sólo en la tradición oral, sino también en un avanzado sistema de registro sobre papel u otros soportes, en el cual era posible resumir sin dificultad y con mucha precisión fechas, personajes y acciones llevadas a cabo por los actores históricos. Además, la tradición oral tenía en el Estado mexica importantes mecanismos sociales que permitían que se trasmitiera la información histórica con el mínimo de errores y confusiones, gracias al trabajo de una clase especializada, los tlamatinime. Sobre el segundo punto, creo que aplicando indiscriminadamente el concepto de "entnocentrismo" a los pueblos indígenas, como a cualquier otra sociedad, existe el peligro de caer en un relativismo extremo, en el cual ya tiene muy poca cabida la realidad histórica: es decir, si todos los pueblos indígenas eran radicalmente etnocéntricos, entonces cada uno tenía una visión de su historia radicalmente diferente de los otros y sería casi imposible conocer algo de lo que realmente pasó en la época prehispánica. Acerca del tercer punto, sólo diré que la idea de "mito" es una construcción de la sociedad occidental que hay que usar con extrema cautela, ya que se basa en la premisa de que un cuento ficticio sirve para explicar un fenómeno o una situación real: así, una historia que está "mitificada" no nos informa sobre lo que realmente pasó, sino sobre la manera de pensar o la situación en la que se encuentra el narrador. Por eso, creo que el hecho de que una historia sea interpretada y construida de una cierta forma, de acuerdo a algunos presupuestos culturales y para cumplir algunos fines específicos, no le resta veracidad acerca del pasado y por lo tanto no está siendo "mitificada" en el sentido que le da Peperstratete.

El capítulo cuarto y último del libro analiza las diferencias entre Durán y Tezozómoc en cuanto a la manera en la cual utilizaron la Crónica X y la adaptaron a partir de sus propias culturas y para sus objetivos específicos, de evangelización por un lado y de defensa de los privilegios de los nobles mexicas por el otro. Peperstraete explica en este apartado que Tezozómoc, aunque más cercano al mundo indígena que Durán, había sido tan influenciado por los evangelizadores que ya no entendía muchos de los aspectos lingüísticos y culturales nahuas, además de rechazar con horror y censurar los sacrificios humanos que aparecían en la Crónica X. Durán, por su parte, muchas veces defendía la calidad humana de los indígenas y sostenía su origen en las diez tribus extraviadas de Israel, pero reprobaba su idolatría que los había apartado de Dios y los había condenado a ser conquistados por un pueblo extranjero. A nivel narrativo, Durán decidió tomar el papel del narrador omnisciente de la tradición historiográfica europea, el cual analiza y comenta con desprendimiento los acontecimientos del pasado, mientras que Tezozómoc conservaba la manera indígena de contar la historia, basada en la representación mimética de los hechos y en la recreación inmediata de las palabras de los personajes.

Además de la Crónica X, la autora belga subraya el recurso por parte de Durán y Tezozómoc a fuentes alternativas. Sin embargo, en el caso de Tezozómoc la información histórica que difiere de la Crónica X es muy difícil de detectar, por la casi ausencia de referencias de fuentes por parte del historiador mexica. Por lo que concierne Durán, al contrario, Peperstraete individua con bastante precisión el origen de varias fuentes indígenas adicionales, como son algunas tradiciones orales provenientes de las áreas de Puebla y de Morelos y unos documentos históricos que debían contener información muy similar a la reportada por la Tercera relación de Domingo Chimalpahin, los Anales de Tula y la Relación geográfica de Tetela y Hueyapan. Por la presencia de fechas relativas a la vida de nezahualcóyotl en la Historia de Durán, la autora deduce también la utilización de algún tipo de anales del reino de Tetzcoco. Acerca de la conquista de Tenochtitlan, episodio que desafortunadamente se ha perdido en la Crónica mexicana, Durán confiesa haber acudido no sólo a la Crónica X, sino también a las relaciones de Hernán Cortés y Jerónimo de Aguilar, ofreciendo a veces importantes comparaciones entre las versiones indígenas y españolas de este acontecimiento tan trascendente para la historia de México.

He resumido en el espacio muy breve de esta reseña las ideas más sobresalientes vertidas por Peperstraete en su magnífico libro y me parece que su aportación más relevante a los estudios mexicanistas ha sido ofrecer a los investigadores un terreno seguro para poder aprovechar y valorar de forma más adecuada la fuente común entre Tezozómoc y Durán. Personalmente, creo que se podría afinar aún más el análisis crítico ahondando especialmente en la relación que existe entre la Crónica X y la Crónica mexicáyotl. Ésta última es una obra muy heterogénea que se conoce en su versión más antigua por una copia de Domingo Chimalpahin y que plantea el problema de la relaboración de los materiales históricos de la Crónica X por parte del autor chalca. En este sentido, no me convence la propuesta de hacer derivar de la Crónica X algunos pasajes de la Tercera y de la Séptima relación de Chimalpahin. Opino que un estudio más cuidadoso permitiría demostrar que estos pasajes no tienen nada que ver con la Crónica X, sino más bien con las amplias inserciones de Alonso Franco y de Chimalpahin en la Crónica mexicáyotl. Más allá de eso, hay que reconocer que el monumental trabajo reconstructivo e interpretativo de la joven investigadora belga abre caminos nuevos y muy prometedores para todos los interesados en la historiografía náhuatl.

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