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Estudios de cultura náhuatl

versión impresa ISSN 0071-1675

Estud. cult. náhuatl vol.45  México ene./jun. 2013

 

Artículos

 

La conquista de México duramente condenada por Sahagún

 

The Conquest of Mexico bitterly condemned by Sahagún

 

Miguel León-Portilla

 

Doctor en filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México. Investigador emérito del Instituto de Investigaciones Históricas de la misma universidad y miembro de El Colegio Nacional. De sus varios estudios se destacan: La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes; Nezahualcóyotl, poesía; y Códices. Los antiguos libros del Nuevo Mundo.

 

Resumen

El autor cita y valora expresiones de Sahagún incluidas en el prólogo al libro II de su Historia general de las cosas de Nueva España y al principio del libro XII acerca de la conquista de México. Sobre todo en el primer prólogo se incluye la condena de Sahagún, comparable con la que emitió fray Bartolomé de las Casas.

Palabras clave: Códice florentino, conquista de México, Bernardino de Sahagún, prólogo, Bartolomé de las Casas.

 

Abstract

The autor quotes and analizes some expressions of fray Bernardino de Sahagún, included in the prologue to book II of his Historia general de las cosas de Nueva España and at the beginning of book XII, the one as the conquest of Mexico. His condennation of the conquest of Mexico is comparable to what fray Bartolome de las Casas stated on it.

Keywords: Florentine Codex, conquest of Mexico, Bernardino de Sahagun, prologue, Bartolomé de las Casas.

 

Críticos severos, por no decir acérrimos, de la conquista española de México, fueron fray Bartolomé de las Casas y fray Alonso de la Veracruz. En cambio, no se piensa generalmente que fray Bernardino de Sahagún haya externado algún juicio condenatorio acerca de tal acontecer.

Antes de presentar dicho juicio condenatorio y comentarlo me parece necesario recordar que Sahagún en varios lugares de su Historia general de las cosas de Nueva España se ocupó de la conquista de México. Particularmente lo hizo en el libro XII, el cual dedicó a registrar el texto que hacia 1555 le trasmitieron en náhuatl sus informantes, al igual que la versión española del mismo.

Cuándo hacia 1577-1579 pudo preparar al fin toda su Historia general en lo que hoy se conoce como Códice florentino, antepuso un prólogo a cada uno de los doce libros que lo integran. En el prólogo al primer libro está el juicio adverso acerca de la conquista, y en el que precede al libro XII expresa algunas consideraciones acerca de por qué obtuvo esos testimonios. Por otra parte, provocará extrañeza enterarse de que el mismo fray Bernardino, ya viejo, en 1585, revisó y alteró el texto náhuatl que originalmente le habían trasmitido los indígenas que fueron participantes y testigos en los enfrentamientos de la conquista. En la dicha revisión introdujo cambios que "suavizaron", por así decirlo, los relatos en los que también hay condenación de las acciones de los españoles.

Tales variantes en las apreciaciones de Sahagún parecen exigir ciertamente alguna forma de explicación, como la que intentaré aquí. Dicho esto, procedo a citar el juicio condenatorio de la conquista incluido en el prólogo de Sahagún al libro I y luego lo que escribió sobre Hernán Cortés en su revisión del libro XII en 1585.

Cuando escribió su prólogo llevaba cerca de cincuenta años en México y conocía muy bien la situación de abatimiento en que se hallaban los indios y también, gracias a sus investigaciones, lo que había sido su elevado desarrollo cultural antes de la conquista. Ese desarrollo lo conoció a través de los testimonios que reunió sobre su sabiduría moral manifiesta en los huehuehtlahtolli; su saber farmacológico, calendárico y astronómico, el refinamiento de sus gobernantes, la justicia de sus jueces, sus instituciones educativas y algunos de los monumentos y edificaciones que alcanzó a contemplar, como los del Templo Mayor, de los que trata ampliamente e hizo pintar en un plano.

Los textos que, estando en Tlatelolco hacia 1555, obtuvo de algunos hombres maduros y ancianos nahuas son testimonio de primera mano como lo declararon quienes los aportaron: "Nosotros lo vimos, nos consternó, con esta triste suerte fuimos destruidos". Si la caída de México-Tenochtitlan ocurrió en 1521, los que comunicaron sus experiencias acerca de ella pudieron tener cuando la conquista entre veinte y treinta años de edad, así que, al trasmitir sus recuerdos, serían de entre sesenta y setenta años.

El amplio conjunto de testimonios fue incluido en el libro XII de la Historia de Sahagún en náhuatl y español. Estando Sahagún ya viejo y agobiado por una serie de problemas hacia 1585, entre ellos el no saber en qué había parado su Historia, llevada a España por el padre Rodrigo de Sequera y tal vez deprimido y pesimista, revisó lo tocante a la conquista ya que, según expresó, en ella "se hicieron varios defectos y fue que algunas cosas se pusieron en la narración de esta conquista que fueron mal puestas; y otras se callaron que fueron mal calladas. Por esta causa, este año de 1585 enmendé este libro".1

Y debe recordarse que el mismo Sahagún desde el tiempo en que escribió el prólogo al libro XII, el de la conquista, en su Historia general se había mostrado ya un tanto vacilante al declarar qué lo había movido a reunir los correspondientes testimonios acerca de ella. Así, por una parte, escribió que reunió esos testimonios "no tanto por sacar algunas verdades de la relación de los mismos indios que se hallaron en la conquista, cuanto por poner el lenguaje de las cosas de la guerra y las armas que usan los naturales y para que de allí se puedan sacar vocablos y maneras de decir propios para hablar en lengua mexicana de esta materia".2

Y líneas adelante, cual si se corrigiera, manifiesta:

Allégase también a esto que los que fueron conquistados supieron y dieron relación de muchas cosas que ignoran los conquistadores, por las cuales razones me parece que no ha sido trabajo superfluo el haber escrito esta historia la cual se escribió al tiempo en que eran vivos los que se hallaron en la misma conquista y ellos dieron esta relación, personas principales y de buen juicio que se tiene por cierto que dijeron toda verdad.3

Volviendo al prólogo del libro I, en él describe Bernardino el contenido de cada uno de los doce libros de su Historia y, tras añadir que su obra tiene asimismo un interés lingüístico, para expresar su juicio condenatorio:

Aprovechará mucho toda esta obra para conocer el quilate de esta gente mexicana, el cual aún no se ha conocido, porque vino sobre ellos aquella maldición que Jeremías de parte de Dios fulminó contra Judea y Jerusalem, diciendo, en el capítulo 5: yo haré que venga sobre vosotros, yo traeré contra vosotros una gente muy de lejos, gente muy robusta y esforzada, gente muy antigua y diestra en el pelear, gente cuyo lenguaje no entenderéis ni jamás oísteis su manera de hablar; toda gente fuerte y animosa, codiciosísima de matar. Esta gente os destruirá a vosotros y a vuestras mujeres e hijos, y todo cuanto posees, y destruirá todos vuestros pueblos y edificios.

Esto a la letra ha acontecido a estos indios con los españoles: fueron tan atropellados y destruidos ellos y todas sus cosas, que ninguna apariencia les quedó de lo que eran antes. Así están tenidos por bárbaros y por gente de bajísimo quilate como según verdad, en las cosas de policía echan el pie delante a muchas otras naciones que tienen gran presunción de políticos, sacando fuera algunas tiranías que su manera de regir contenía. En esto poco que con gran trabajo se ha rebuscado parece mucho la ventaja que hicieran si todo se pudiera haber.4

No se requiere elucidar estas palabras que por sí mismas hablan con elocuencia. En ellas claramente afirma fray Bernardino que fueron los españoles quienes atropellaron y destruyeron a los indios hasta que no quedó de ellos apariencia de lo que eran antes. Ahora bien, en abierto contraste con esto encontramos que en el nuevo prólogo que escribió para el libro XII, revisado, como ya lo he anticipado, elogió ampliamente a Hernán Cortés que capitaneó a esos españoles. Entre otras cosas manifiesta allí que:

Tuvo Nuestro Señor por bien que hiciese camino y derrocase el muro con que esta infidelidad estaba cercada y murada, el valerosísimo capitán don Hernando Cortés en cuya presencia y por cuyos medios hizo Dios Nuestro Señor muchos milagros en la conquista de esta tierra donde se abrió la puerta para que los predicadores de el Santo Evangelio [los franciscanos] entraron a predicar la fe católica a estas gentes miserables [...].

Los prodigios que se hicieron en la conquista de esta tierra fueron muchos. El primero fue la victoria que Nuestro Señor Dios dio a este valeroso capitán y a sus soldados en la primera batalla que tuvieron con los otomíes tlaxcaltecas [...].

Tiénese por cosa muy cierta que Nuestro Señor Dios regía a este gran varón y gran cristiano [Hernán Cortés] que le señaló para que viniese [...]. Tuvo instinto divino este nobilísimo capitán don Hernando Cortés en no parar en lugar ninguno hasta venir a la ciudad de México que es metrópoli de todo este imperio [...]. Asimismo lo liberó milagrosamente en una batalla en la que él y los suyos estaban a pique [...].

Finalmente, habiendo salido con la victoria, hizo como cristianísimo varón y fidelísimo caballero a su rey, en que luego ofreció sus trabajos. Emperador don Carlos Quinto y escribió al Sumo Pontífice que enviase predicadores del San Evangelio para la conversión de esta gente indiana.5

Y en la misma edición de este texto con el prólogo a la versión revisada por Sahagún en 1585 del libro XII de su Historia, la editora del mismo, Susan L. Cline, registra algunos de los principales cambios que introdujo Sahagún, todos dirigidos a mejorar la imagen de Cortés en su actuación a lo largo de la conquista. Ejemplo de ello es lo que declaró al regresar a Tenochtitlan, después de haber derrotado a Pánfilo de Narváez. Pone allí Sahagún en boca de Cortés palabras en las que exculpa a Pedro de Alvarado por la matanza del Templo Mayor atribuyéndola a intrigas y amenazas ocultas a los mismos mexicas o en lo concerniente a la muerte de Mocuhzoma que atribuye a los mismos indígenas.

Ante tales cambios introducidos por fray Bernardino ¿qué explicación es posible ofrecer? Me atrevo a pensar que, al expresar hacia 1577 su juicio condenatorio de la conquista, lo hizo reflexionando sobre la dramática situación en que habían quedado los indígenas y denunció, en consecuencia, su desgracia.

En cambio, al introducir las alteraciones en su nueva versión del texto de la conquista en 1585 obró así verosímilmente por dos motivos: uno fue asumir la postura de otros franciscanos, entre ellos fray Toribio de Benavente Motolinía y Gerónimo de Mendieta al manifestar que, gracias a Hernán Cortés, habían venido ellos a evangelizar a los indígenas y así, providencialmente, salvar sus almas. La otra verosímil razón fue que Sahagún era consciente de que su Historia había sido tenida por no pocos como obra que debía suprimirse porque en ella se perpetuaban creencias idolátricas y porque había expresiones que eran ofensivas al buen nombre de los españoles. Temiendo que por esto su obra fuera al fin destruida, quiso "suavizar" sus apreciaciones en torno a la conquista.

Al prudente lector toca ponderar si esta explicación es o no factible. De no ser así, tendríamos que decir que Sahagún fue no sólo voluble sino también contradictorio. Esto me parece muy duro de aceptar respecto de un hombre que a lo largo de su vida había dado amplia prueba de sinceridad y lealtad a lo que tenía por verdadero.

 

NOTAS

1 En Carlos María de Bustamante, La aparición de Nuestra Señora de Guadalupe con la refutación del argumento negativo, que presenta Juan Bautista Muñoz, fundándose en el testimonio del padre fray Bernardino de Sahagún [Relación de la conquista de 1585], México, Ignacio Cumplido, 1840, p. 17.         [ Links ]

2 Palabras "al lector" después del prólogo de Sahagún al libro XII de su Historia general.

3 Loc. cit.

4 Sahagún, Historia general, prólogo al libro I.

5 Conquest of New Spain, 1585, revision by Bernardino de Sahagún reproduction of Boston Library Manuscript and Carlos María de Bustamante 1840 Edition, edited with an introduction and notes by Susan L. Cline, Salt Lake City, University of Utah Press, 1989, p. 150-152.         [ Links ]

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