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Estudios de cultura náhuatl

Print version ISSN 0071-1675

Estud. cult. náhuatl vol.44  México Jul./Dec. 2012

 

Reseñas bibliográficas

 

Carlos González González, Xipe Tótec. Guerra y regeneración del maíz en la religión mexica

 

por Miguel Pastrana Flores

 

México, Instituto Nacional de Antropología e Historia/Fondo de Cultura Económica, 2011.

 

La obra objeto de este breve comentario es -como lo señala el propio autor-la versión mejorada de su tesis de doctorado en Estudios Mesoamericanos. En ella se busca dentarse en el conocimiento de uno de los dioses más mencionados y recurrentes en los estudios sobre la religión de los antiguos nahuas, Xipe Tótec. Sin embargo, al recorrer las páginas del libro, queda claro que el ser abundantemente mencionado no equivale a ser bien conocido.

Al comienzo del libro se exponen las principales ideas y algunos lugares comunes entre los mesoamericanistas sobre Xipe Tótec, como su supuesta extranjería respecto del centro de México, el supuesto carácter de dios de la primavera vinculado a la renovación vegetal en general, la relación con la guerra y el poder, para establecer con claridad los problemas de investigación que tratará de desmenuzar y responder el cuerpo del trabajo. El autor reconoce los aportes de otros estudiosos al tema de su interés, especialmente los señalados por Eduard Seler, quien "sentó las bases para la interpretación de Xipe Tótec y su culto en Mesoamérica" (p. 15). También menciona y aprovecha los estudios de Alfonso Caso, Johanna Broda, Michel Graulich y Alfredo López Austin, entre otros

En términos generales puede decirse que el libro de Carlos González es un muy ejemplo de lo que se puede lograr cuando se establece un diálogo crítico entre el análisis de los materiales arqueológicos y los textos históricos. Justamente, el autor establece desde el primero momento la necesidad de vincular la revisión cuidadosa de los datos aportados por la exploración arqueológica, con los resultados del análisis textual e iconográfico de documentos escritos y códices pictográficos. Uno de los asuntos a destacar es el equilibrio que logra el autor en el tratamiento tanto de lo arqueológico como de lo documental, ambos tipos de fuentes de complementan y sustentan mutuamente, por ello no es un libro de arqueólogo puro o de historiador tradicional, es un comprensivo estudio antropológico con un claro enfoque histórico.

En cuanto a la estructura del libro, puede decirse que, además de la consabida introducción y las obligadas conclusiones, se articula en cinco grandes capítulos que responden en lo general ciertos problemas de investigación, como lo es "el que atañe a su antigüedad en Mesoamérica, el cual suele vincularse con de la adscripción geográfica de su origen" (p. 25). También está "el aspecto bélico del dios y su periodo festivo, [que] si bien siempre se le menciona [...] ha permanecido como un problema latente, en espera de ser abordado" (p. 16).

De esta forma, en cada uno de los cinco capítulos se propone resolver alguna de estas interrogantes. Así, en el primer capítulo "Antecedentes de Xipe Tótec en Mesoamérica y entre los mexicas", responde al lugar común entre los estudiosos de asignarle a la deidad un origen foráneo y de escasa profundidad temporal. Para resolver el asunto el autor hurga en el pasado mesoamericano los posibles antecedentes de la deidad, pasa revista de las afirmaciones sobre su presencia en otros ámbitos y tiempos de Mesoamérica, y hace un balance crítico y cauto sobre el tema. Al final establece, a su juicio, los elementos más seguros, los cuales ubica en Oaxaca durante el Clásico (100-650 d.C.) y en el altiplano central durante el Epiclásico (650-900 d.C.), y con ellos establece que "el culto a Xipe Tótec no era ajeno ni novedoso dentro del ámbito geográfico, político y cronológico en que los mexicas se desenvolvieron" (p. 106). Por ello en lugar ser un recién llegado al panteón y ritual de Tenochtitlan el dios "se encontraba enraizado en una de las parcialidades prístinas de la urbe" (p. 107).

En el segundo capítulo, "Escenarios del culto a Xipe Tótec en Mexico-Tenochtitlan", el autor busca localizar los espacios sagrados dedicados al celebrar los ritos vinculados a la deidad. En mi opinión es uno de los capítulos mejor logrados, más sugerentes e interesantes. En él ofrece hipótesis bien fundamentadas sobre la ubicación física de santuarios, templos, plazas y monumentos dedicados a Xipe, tanto en los barrios y la periferia de Tenochtitlan, como en el recinto sagrado de Templo Mayor. Deben destacarse sus ideas entorno a la relación de algunos de los monumentos rituales más emblemáticos de la plástica mexica con el culto a Xipe, me refiero a las Piedras de Tízoc, del Exarzobispado y la Piedra del sol, que las interpreta como cuauhxicalli o "vasos de águila" para las dos primeras y temalácatl o "disco de piedra", para la última.

El capítulo tercero, "El papel de Xipe Tótec y de tlacaxipehualiztli en la transferencia del poder de Tula a Mexico-Tenochtitlan", aborda los vínculos del pasado tolteca con los mexicas, en especial ciertos pasajes en los cuales estos se presentan así mimos como "los herederos directos y legítimos de la estafeta del poder cedida por los toltecas" (p. 186). Para ello pasa revista de las crónicas de tradición náhuatl que señalan la presencia de Xipe Tótec tanto en la creación del Quinto Sol, la era de los mexicas, como en la caída de la paradisíaca e idealizada Tula, así como sus vínculos con la transferencia del maíz de los toltecas a los mexicas. Uno de los principales aportes de este capítulo es señalar los vínculos de continuidad entre las fiestas indígenas de atcahualo y tlacaxipehualiztli, ya que "conforman un espacio ritual mediante el cual los devotos de Huitzilopichtli conmemoraban los fundamentos míticos de su autoridad" (p. 239).

El cuarto capítulo, "El culto de Xipe Tótec en Tenochtitlan y sus relaciones con el maíz", aborda la estrecha relación entre el culto de la deidad con la planta alimenticia por excelencia de Mesoamérica. Aquí el autor señala como pese al reiterado y reconocido carácter vegetal del culto a Xipe "el aspecto agrícola del numen se ha visto opacado [...] frente a la evidente relevancia de la guerra [...]" (p. 241). En este capítulo el autor encuentra una clara continuidad del culto al maíz y la propiciación de las buenas cosechas de las veintenas de tlacaxipehualiztli, tozoztontli y huey tozoztloi, en las cuales "se asociaban los conceptos de agricultura y guerra como una díada generadora y mantenedora de la vida" (p. 296) que se concretaba a través de las figuras de los granos de maíz, a los cuales debía quitárseles la cascarilla, es decir, desollarlos, y de los guerreros que en la vida social proporcionaban las ofrendas humanas que serían despojadas de su propia cobertura, es decir, de su piel.

Finalmente, en el quinto capítulo, titulado "El culto de Xipe Tótec en Tenochtitlan y sus relaciones con la guerra", se estudia la participación de los guerreros mexicas y los cautivos por ellos obtenidos en los rituales, y considera que "la fiesta de Xipe Tótec era, sobre todo, un escenario para el holocausto de cautivos de guerra." (p. 348) Las festividades de Xipe eran también el momento ideal para obtener diversos grados de gobierno y militares, como los de los tlatoque, los tetecuhtli y los tequihua. En este tiempo, los guerreros que aportaban las víctimas "revivificaban al dios para activar un sistema de circulación de semillas de maíz y otros cultígenos mediante el cual alcanzaban una nueva dignidad" (p. 393).

Si bien el libro es muy extenso, más de cuatrocientas páginas, y la investigación es profunda, de ninguna manera es un trabajo con vanas pretensiones exhaustividad que ilusoriamente busque "agotar el tema", pues, como reconoce humildemente el autor "el tema es muy vasto y sin duda continuará siendo abordado a través de futuros y mejores trabajos" (p. 20). Sino que busca y logra abrir nueva vetas en el estudio de la religión y el panteón mesoamericano, pues "[...] pretende convertirse en un eslabón provechoso para el mejor conocimiento de una deidad mesoamericana significativa" (p. 20).

En ese sentido puede afirmarse que Carlos González ha alcanzado sus principales objetivos, pues a través de su trabajo ha profundizado y puntualizado las añejas hipótesis de Seler, al tiempo que nos ha ubicado mejor en el tiempo y en la geografía, así como en el espacio físico de Tenochtitlan a un viejo dios mesoamericano, y ha vinculado de manera por demás interesante, el culto al maíz con el culto a la guerra, como parte de un complejo sistema que permitía la renovación del vegetal y, como dice el autor, de la vida misma.

En general Carlos González sale muy bien librado de un planteamiento de investigación tan ambicioso, pues aporta ideas e hipótesis novedosas al tiempo que pone orden en una ingente cantidad de información, cualidades que -sin duda- harán de este libro una obra de referencia obligada para todos los interesados no sólo en el panteón mexica y náhuatl, sino en la religiosidad de tradición mesoamericana.

Sin embargo, es de señalar que no dejan de extrañarse algunas ausencias en su trabajo. Entre estos destaca lo que se refiere al nombre mismo de la deidad y sus apelativos. Ciertamente, todos los que se han acercado al numen reconocen problemas con el epíteto de Xipe Tótec, ya sea que a Xipe se le otorgue el valor de "El desollado" como tradicionalmente se ha hecho, o se le denomine "El dueño de piel" como autoriza el análisis de la lengua náhuatl, pues se compone de xip "piel, cáscara o cobertura" y el posesivo e, y ciertamente es claro que no es lo es mismo ser despojado de la piel que ser el poseedor de ella, y si bien en la primera nota del libro el autor desglosa las principales propuestas no se compromete explícitamente con ninguna; aunque al usar a la largo del libro la expresión convencional de "el desollado" podría pensarse que está de acuerdo con ella, pero no da las razones de su elección.

Puede agregarse que los problemas no se circunscriben a la piel, sino que incluyen el Tótec, compuesto de la partícula to "nuestro" y tecuhti "señor o gobernantes", y por ello traducido convencionalmente como "Nuestro señor", apelativo que no ha sido discutido por otros investigadores, asunto importante pues no se aclara en que sentido es tecuhtli o "gobernante", ni que debe entenderse con precisión por esos "nosotros" sobre quienes ejerce su poder. Aunque en la obra el autor da valiosas pistas para encarar y resolver esta cuestión no la aborda específicamente.

Por otra parte, al escoger el autor un tratamiento temático del culto de Xipe Tótec no puede evitar recorrer en varias ocasiones los mismos pajes de los ritos en varios capítulos, lo que provoca una cierta repetición y reiteración de la misma información.

Una cuestión meramente formal, pero que tiene su fondo, es la forma de citar, el autor sigue el sistema de poner las referencias en el cuerpo de texto, con el apellido y el año, lo cual presenta ciertos inconvenientes, primero el de cortar la lectura, segundo, la imprecisión, pues el lector se ve obligado a remitirse con frecuencia a la bibliografía final para tener una referencia más concreta. Esto no es exclusivo del autor, pero sin duda obra en demérito de la fluidez de la lectura de un libro que está bien escrito y en lo general es ameno.

En síntesis, puedo afirmar que el libro Xipe Tótec, es una equilibrada y profunda investigación que conjuga las aportaciones de la arqueología con la lectura atenta de las obras escritas y la observación cuidadosa de las fuentes pintadas, que ofrece una visión fresca, novedosa y comprensiva de un viejo dios mesoamericano y del pueblo que lo veneraba.

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