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Estudios de cultura náhuatl

Print version ISSN 0071-1675

Estud. cult. náhuatl vol.44  México Jul./Dec. 2012

 

Estudios clásicos

 

Un cuadro real de la infiltración del hispanismo en el alma india en el llamado "Códice de Juan Bautista"

 

Ángel María Garibay K.*

 

1

En el Archivo Capitular de Guadalupe -saqueado por tantas manos- por milagro se conserva un manuscrito que no tomó el camino de tantos otros, yendo en emigración al extranjero. Conocido y citado parcialmente,1 no ha sido aún divulgado en su integridad. Valor de documento histórico tiene suficiente, pero es para mí más valioso, si se mira como una muestra de la penetración de la cultura española en el alma de un indio. Este es el aspecto único que voy a considerar en la presente plática. La Universidad Nacional Autónoma de México ha dedicado algunos de sus Cursos de Invierno de este año al estudio de los fenómenos de transculturación en México durante el siglo XVI y, entre los numerosos documentos que para estudio tan importante pueden aquilatarse, creo difícil hallar uno más representativo que el presente. Agradecido a la deferencia que me hace la Facultad de Filosofía y Letras al invitarme, me voy a limitar a señalar en forma esquemática, impuesta por la abundancia misma del material, algunas aristas que ayuden al trazo de la fisonomía interior de un mexicano del siglo XVI; por la raza y la lengua, indio; por las preocupaciones y tendencias, ya muy español.

Se ha dado de tiempo atrás el nombre de Anales de Juan Bautista al manuscrito de que trato. El fundamento de tal nombre es la nota de que hablaré en seguida y el nombre con su rúbrica que en la primera foja tiene. La nota que encabeza la página tercera dice así: "Comenzóse este cuaderno donde se asienta el tributo que se cobra para su majestad de los indios e indias vagamundos que no tributan -día 6 del mes de- mil y quinientos setenta y cuatro años. Todo lo cual se cobra por Juan Bautista, alguacil por comisión de su Excelencia. 1574 años".2 Dado que tanto la letra del nombre de la primera foja, como la de esta nota es idéntica a la del resto del manuscrito, puede tenerse por suficiente prueba de haber sido el que así se nombra quien redactó las noticias que el manuscrito contiene.

El manuscrito tal como hoy lo conservamos, es copia de anteriores apuntes; lo cual es claro viendo las veces en que se equivoca, poniendo una frase por otra, y luego corrige tachando, no tanto que no se vea lo que había escrito, que abajo vuelve a escribir.3 Conjeturo que en otros papeles tenía hechas sus anotaciones y, al no aprovechar su cuaderno para lo que la nota indicaba, como en efecto no lo aprovechó, por causas ignoradas, quiso usarlo para pasar en él sus anteriores apuntes. Al hacerlo sufrió nuevas equivocaciones en la secuela cronológica y aun, en algunos casos, posibles omisiones del texto que iba copiando. La última de las sesenta fojas que hoy tiene está mutilada y, por el reverso, escrita en sentido contrario al del resto del manuscrito. Las pastas son de pergamino y contemporáneas a la escritura del cuaderno, como se ve por haber escrito el mismo redactor en la parte interior de la cubierta final algunas noticias, aunque de años muy posteriores: 1582. El papel y la letra son, sin duda alguna, del siglo XVI. Las dimensiones son 312 por 103 milímetros. La belleza y limpieza del manuscrito son un indicio de que el autor tenía la tradición, ya gloriosa, de la letra del colegio de Santa Cruz de Tlatelolco.

El autor del manuscrito es ciertamente un indio, ni muy culto, ni tampoco de cultura rudimentaria. Bien puede haber sido estudiante de Santiago, o al menos, y esto sí con seguridad, del colegio de fray Pedro de Gante, a quien trata con frecuencia y de quien también con cierta frecuencia habla, como vamos a ver abajo. Vive cercano a San Francisco, en el barrio de San Juan, convive con los frailes franciscanos, cuyos nombres más famosos, como Gante, Sahagún, Molina, Focher, etcétera, cita, y de quienes da noticias, algunas ignoradas hasta hoy día, como la de la fecha de la muerte del último que mencioné.4 Es un indio de los formados por los franciscanos y muy amartelado a ellos. Fuera de estos indicios, hay los evidentes de: 1) la lengua, limpia y bien cortada, aunque no exenta de incorrecciones, que traslucen ya la lucha entre la lengua de Castilla y la de Anáhuac; 2) el interés que el redactor pone en todo cuanto a los indios se refiere y 3) la paladina afirmación, cuando en frases como ésta: ixquichtin timacehualtin: "todos nosotros los indios",5 se declara natural de la tierra. No puedo ampliar más estas reflexiones, por falta de espacio, y las relego al estudio de la versión que tengo intentado dar a las prensas.

Partamos del hecho de que es un indio quien habla en su lengua y de que son los hechos del México de entonces, semilla y principio del México inmortal, lo que él con una candorosa diafanidad nos ha dejado dibujados en su manuscrito. Vamos a hacer un recorrido al vuelo por muchos de estos breves cuadros, trazados en el silencio y sin pretensiones de publicidad, que un indio del siglo XVI hacía de la vida de la Colonia, ya no en sus principios de lucha, sino en su pleno camino de desarrollo. Los datos que tenemos a nuestra vista son del año 1564 al 1569 y sólo por manera de excurso tendremos algunos que retroceden hasta el 1555 y otros que avanzan al 1582. El cuadro integral que hemos de examinar es el de aquellos seis años. Entremos por ellos, pero antes definamos algunos caracteres generales.

 

2

El nombre de Anales dado a este manuscrito no es exacto, porque prejuzga de su naturaleza. Llamamos así comúnmente a las efemérides, casi oficiales, que hacían los indios, y de que tenemos buena muestra en los de Chimalpháin,6 Códice Aubin, Tecamachalco,7 para citar los más conocidos y famosos. En este género de documentos se anota el dato escueto, con su indicación del año, y en la época postcortesiana, también el día y el mes. Tienen particular austeridad y casi siempre, principalmente antes de la Conquista, tratan de temas enteramente colectivos, que importaban más a la comunidad que al individuo. El manuscrito de Juan Bautista difiere notablemente de ellos. No se contenta con poner el dato y la fecha, sino que hace toda una detallada descripción de los asuntos, como veremos. Tiene más semejanza a un Diario, entendiendo bajo este nombre la anotación de datos que interesan a una persona en particular, o bien, aun siendo de naturaleza generales y públicos, se ven bajo el aspecto del interés personal que entrañan. Si los Anales pueden tener antecedentes indios, los Diarios son de carácter netamente hispánico. Tenemos en el manuscrito de Juan Bautista un notable caso de hibridación: a una tendencia prehispánica cede, pero hace su obra con tenor de pensamiento y sentimiento español. Y quedamos indecisos para clasificar la obrita literaria, ya que no la podemos colocar de lleno ni entre los anales, a la manera de los mencionados, ni entre los Diarios propiamente dichos, que más tarde serán tradicionales en el México hispánico, como vemos por los de Robles, Sedano, etcétera.

Debo insistir un poco más en este carácter. Como un resultado del Renacimiento podemos ver la tendencia a escribir Diarios y Autobiografías. Sin excederme en un punto que es secundario, debo documentarlo.

La Edad Media amó la historia, pero llevada de su amor a lo extraordinario, por una parte, y de su sentido de los intereses de la unidad de naciones y reinos en una sola cristiandad, por otra, dio mucho mayor importancia a lo general que a lo particular. Las historias son recuento de hechos públicos: gestación de guerras y su realización; emperadores y papas; reyes y capitanes célebres. El individuo desaparece entre el mar de la colectividad que se desborda implacable. Pero llega el Renacimiento y, al volver sus ojos a la antigua cultura greco-romana, halla la diligencia para considerar al individuo. Lee a Suetonio y a Tácito, y en aquél más que en éste, descubre el gusto por la anécdota, por el chascarrillo, por el chisme estilizado. La historia de los emperadores es una serie de anécdotas, a cual más saboreadas y sabrosas, rayanas en desvergüenza, pero llenas de individualismo. Ya no es el pueblo el que interesa a este autor: son los hombres, de carne y hueso, con sus errores y sus grandezas. Por esto cuando leemos a Suetonio de nuevo, quedamos con el regusto de la crónica, más o menos mordaz; más o menos sangrienta; más o menos divertida, del periódico que ayer leímos, y se nos antoja de una extrema modernidad. Lo mismo puede acontecemos si releemos los Noches áticas de Aulo Gelio. Cuanto lee, cuanto oye, cuanto le impresiona, todo es recogido con amoroso afán y con ello forma una manera de "almacén literario" (literarum penus), en el cual halle la anécdota curiosa, el dicho célebre, la fugaz disputa, la risueña gracejada de los comensales, o la nota erudita y el resumen de las discusiones de ápices que oyó, si quiere tenerlo a la mano. Lo único que le faltó a este autor del siglo 11 (115-165) fue datar sus anotaciones. No faltan datos que un erudito desocupado pudiera aprovechar para hacerlo.

Esta tendencia humanista resucitada por el renacimiento pasó a España y dejó en diversos cronicones sus huellas. El individuo, hijo del nuevo ideal, que hizo las conquistas del alma y del cuerpo en América, llevaba en sí el sentido de la persona y de la minucia que a la persona se refiere. Hace falta una tesis acerca de este aspecto en los escritos de los frailes que evangelizan y de los capitanes que domeñan a los pueblos del continente nuestro. Dará sospechadas, pero aún no descubiertas riquezas que muestren cuán hondamente había radicado en el alma hispana la tendencia a lo personal.

Si no parece excesivo, yo diría que el Diario de Juan Bautista va a entroncar en esas ramas seculares y corre por él la leche de la loba romana. España, nutrida en ella hasta los huesos, le había dado a un indio, poco menos que anónimo, el gusto por lo individual, lo anecdótico, lo pintoresco y lo objetivo. Y el indio en su lengua, sin quererlo, ni adivinarlo, hace literatura del Renacimiento, porque su hispanización interior le lleva a expresarse con un aire de periodismo, diríamos hoy día, o de cuadros de costumbres, para hablar en lengua de otros días. He aquí el primer rasgo innegable, a mi juicio, de la influencia del hispanismo cultural en el alma de un indio. Naturalmente que la comprobación de ello debe ser la lectura al menos parcial de dicho diario, que no pudiendo hacer por su magnitud, citaremos suficientemente en seguida. Aplazamos a estas citas la prueba.

 

3

El carácter objetivo de reproducción es notable en este escrito. No sólo porque es tan plástico que nos obliga a verlo con sus colores y su viveza natural, pero ceñido a una sobriedad que no es la de los demás escritores en lengua náhuatl. Dicho carácter para mí es uno de los más notables signos de su hispanización interior. En efecto, cuantos hayan saludado los viejos escritos indígenas, hechos bajo la mirada y sugestión de los misioneros, pero con entera libertad de acción, habrán podido advertir la redundancia, amplitud y hasta ampulosidad que, si por una parte muestran el encanto peculiar, expresivo y morosamente insistente, de la mentalidad nahuatlaca, por otra son poco sufribles para quien vive a la prisa a que vivimos, o piensa con una ligereza más ágil, con que siempre ha pensado el castellano. Leemos la Historia de la conquista, o las Pláticas de los doce misioneros con los sacerdotes de los ídolos,8 una y otra de los indios auxiliares de Sahagún, o bien el Huehuetlatolli recogido por Olmos y dado a luz por fray Juan Bautista, fraile franciscano homónimo de nuestro indio -¿tuvo tal vez relación con él en su bautismo?-,9 o bien la Relación del hecho guadalupano que se atribuye a Antonio Valeriano, indio maestro en toda erudición y admirablemente trilingüe,10 y quedamos complacidos de su exótica expresión, pero a las cuantas páginas damos de mano el libro, cansados de ese flujo casi interminable de repeticiones, redundancias, parafraseos, acumulación de sinónimos y de frases que con leve matiz difieren. Será un carácter de estilística azteca, pero a nosotros nos enfada. No entra en la mentalidad hispánica. Y lo mismo nos sucede si queremos leer, para dar un ejemplo solo, el admirable libro de fray Juan de Mijangos Espejo divino,11 que con la más brillante y robusta lengua náhuatl, nos abruma, sin embargo, con su difusión más asiática. Si la profusa amplificación de palabras y conceptos es connatural a la expresión del pensamiento en lengua de México, es lo más alejado que hay de la recta y sobria expresión castellana, aun en los días de barroquismo literario, ya cercanos cuando Juan Bautista escribía su diario. Pues bien, vamos a ver cómo se expresa él, olvidado de la manera indígena y pensando a la española, aunque con la más pura dicción náhuatl. Comenzaré a dar citas, tomadas a al azar.

El martes 9 de marzo de 1566 hubo un hecho que conmovió a la ciudad de México. La cárcel se desplomó. He aquí cómo lo cuenta el indio en su manuscrito:

Hubo desplome en la cárcel; se derrumbó la casa; enteramente se acabó la entrada que era; todo un lado se derrumbó del piso de arriba, que estaba sobre la casa de los Señores del Consejo, donde se hacía la audiencia. Y allí murieron cuatro; dos personas de Atzacualco, dos de Santa María; y un alguacil, de nombre Toribio Cuauhtli, cantor de San Juan, vecino de Tequixquipan, y una mujercita con su niño de cuna, la cual estaba dando el pecho a su hijo, no murieron del todo, sino que poco a poco fueron saliendo de entre la tierra. En cuanto a los que murieron, sólo de tres están aquí los nombres: Martín Cano Cháchal, vecino de Atzacualco, y un alguacil, de nombre Tezca, también vecino de Atzacualco, y en tercer lugar, un principal, de nombre Josef Icnoxóchitl, hijo que fue de Don Diego Tehuetzquiti: dos años había sido alguacil. Y se derrumbó la cárcel precisamente al medio día. Y a Martín Cano y a Pedro Tezca los fueron a enterrar a San Francisco; del Palacio los sacaron, y a don Joserf, en San Pablo lo enterraron.12

Ahora vamos con él al Mercado de San Hipólito, entonces de importancia, principalmente para los indios. Dos curiosos cuadros nos dará de lo que ve allí. "Jueves a 27 de febrero de 1567 años, fue cuando le rompieron los dientes a un hombre por haber hecho juramento en falso, y fue en San Hipólito donde le rompieron los dientes".13 Más pintoresco es el segundo, y os ruego me excuséis por la cita:

También en esta fecha [30 de noviembre de 1564] se escaparon a campo abierto los toros en el mercado de San Hipólito y una pobre mujercilla dio a luz; allá al pie de la horca fue a parir; no más la envolvieron en una manta para llevarla a su casa, y tan pronto como nació el niñito, luego lo llevaron al templo, lo fueron a bautizar. También entonces fue cuando se pararon allá donde se hacía la procesión de las gentes de San Pablo y derrumbaron la casa, allá donde si hizo la procesión.14

Aquel año, por lo visto, no fue verdad lo de "dichoso mes, que empezó por Todos Santos y acabó con San Andrés", pues vemos los sucesos populares si no muy importantes a nuestra lejanía, sí llenos de interés para Juan Bautista. Lo que nos interesa a nosotros ahora es la concisión casi lacónica con que los cuenta.

Vaya una noticia más de otro orden: "Martes a 7 de marzo de 1564 años, fue cuando se presentó un escrito de los barrios: pidieron una cárcel a los alcaldes y la pidieron porque allí deberá meterse a quien sea necesario, y no atarlo a una estaca en cualquier lugar: lo han ido a apedrear los españoles".15

En seis líneas todo un cuadro: vemos al indio reo atado a una estaca y a los españoles que para divertirse le tiran piedras, y oímos a los alcaldes que reciben a los de los barrios, que leen su escrito, en el cual se pide para la dignidad humana que se haga una cárcel, donde el delincuente se halle a salvo de vejaciones. Atiendo aquí a la objetividad del relato; dejo de notar lo que significa como indicio de la disposición de los indios para defender sus derechos.

Por no hacerme interminable, vaya esta cita última en el mismo campo:

Ahora que es 6 de abril de 1564 años fue cuando descuartizaron al negro Pastrello: mató a su amo, y el negro fue llevado en una carreta [carretaco dice el indio con un hibridismo] allá a las Tinajas: lo descuartizaron a media calle; lo fueron siguiendo para que lo vieran las gentes, y cuando hubo muerto, luego lo descuartizaron, en cuatro partes dividieron su cuerpo y le cortaron la mano y la fueron a colgar allá en Tlalcocomoco: allá no más estaba clavada su cabeza.16

Contrasta la repugnancia del cuadro con la serenidad del pintor. Esta manera de decir las cosas no es ciertamente indígena, sino una trasmisión de la manera sobria del narrador hispano.

Tengo derecho a resumir diciendo que, por sus tendencias generales, o sea, por su atención a lo anecdótico e individual, lo mismo que por su sentido de la realidad ambiente, que pinta con la mayor carencia de comentarios y afectos, es un hombre ya plasmado a la española: el indio ha sido conquistado por el hispanismo espiritual. Más claro se verá al examinar los asuntos que le interesa consignar en su diario.

 

4

Naturalmente la religión tiene la primera importancia. Este indio, cuya edad desconocemos, debe haber nacido en pleno cristianismo. Educado en el Colegio de San Francisco, que el padre Gante dirigía, o quizá hasta en el de Santa Cruz de Tlatelolco, era natural que se hallara embebido en la nueva religión, que no podía llamarse nueva, dado que llevaba cuarenta años de estar implantada. Seré muy corto en citar en este campo, parte por razones de brevedad, parte por no ser necesario, dado que se deja ver admitido como evidente. La vida de Juan Bautista gira en torno del Convento de San Francisco, con su manera propia de devoción. Nada raro, entonces, que a su pluma constantemente afluyan los nombres de los frailes menores. A veces su ambiente franciscano se ensancha. Va a Tacuba, a ver que se estrena el sagrario;17 asiste a la procesión con que se pone el Santísimo en Santa Catarina,18 o en la Santa Veracruz;19 menciona lo que pasa en la Iglesia Mayor; habla del concilio de 1565;20 del capítulo de los franciscanos;21 se entusiasma con la celebración de las procesiones de Corpus,22 y en su cuidado de cronista, traza verdaderos cuadros de la vida religiosa en México. Citaré apenas unos cuantos en ayuda de la comprobación.

Creeríamos ver la descripción de un hecho contemporáneo cuando leemos ésta de la fiesta de Guadalupe en septiembre de 1566:

Domingo a 15 de septiembre [...] fue cuando fueron a hacer la fiesta en Tepeyácac a Santa María de Guadalupe. Allá hizo ofrendas Villaseca: presentó una imagen de nuestra Madre; toda cubierta de plata la hizo, e hizo el don de cuartos en donde duermen los enfermos. Y hubo procesión: allá los Señores, los Oidores y el Arzobispo, y todos nosotros los indios. Y Villaseca allá dio de comer a los Señores, con la cual ocasión hizo saber a la gente cómo se ha hecho cargo del templo en Tepeyácac. También hubo allá danzas: los mexicanos cantaron el Michcuicatl ["Canto de pescados" o "Canto de gracejos"] y los tlatilolcas cantaron el Yaocuicatl ["Canto de guerra"].23

Esta celebración de fiestas con danza le entusiasman, como que en ellas halla su alma de indio una de las más gratas reminiscencias de su antigua gente, ya saneadas por su intención y por sus nuevos rumbos. Menciona varios cantares,24 y de esta manera nos cuenta cómo se hacía la preparación de dicha parte indispensable de las fiestas de indios, en especial de los que se hallaban a cargo de los franciscanos, como él estaba:

En septiembre de 1567 se les enseñó a las personas de la iglesia a cantar el Pipilcuicatl ["Canto de Niños, o de Príncipes"]; se les enseñó allá en la iglesia; lo aprendían por orden de nuestro padrecito fray Pedro de Gante. Dijo él: "Se cantará cuando salga la fiesta de San Francisco, y después se gritará por todas partes. ¡Cómo han de venir a vernos los vecinos de la ciudad!" y a los indios cantores les daban de comer las gentes de la iglesia mientras los estaban enseñando. Y cuando salió la fiesta de San Francisco, en sábado, fue precisamente cuando se cantó. Los que bailaron a la gente, hombres de la iglesia, son Francisco Quetzaláyatl, Francisco Matlalacaca, Andrés Motecpillitohua, Juan Totócoc, Juan Martín, y las insignias que llevaban eran: un casco fingido, un penacho de plumas de garza, aderezo de gente de Aztahuacan. Y de todas partes vinieron los vecinos de la ciudad; todos los principales vinieron a bailar, y vinieron las insignias y carga de todos ellos, Juan, Martín, Andrés, Francisco. También entonces se estrenó el Xilanécatl, ["Panza de aire" = especie de mojiganga] propiedad de los cordeleros, se hizo en Tlocalpan; también entonces se estrenó el estandarte de metal, propio de los Cihuateocaltitlan, y el fleco del estandarte era de lengüetas como de pájaro, y también [se estrenaron] ornamentos sagrados: almáticas [sic] de dos colores: unas de color amarillo, otras de color rojo.25

¿Podemos pedir mejor descripción de una fiesta alborozada de indios en alegría ante sus santos? Los que hemos visto tantas veces en estos tiempos las fiestas de los naturales en los pueblos, hallamos en la narración en náhuatl de un congénere suyo la comprobación de que siguen siendo los mismos en sus gustos y en la manera de expresarlos. Aquí hallamos un precioso ejemplo de transculturación: nuevas ideas, nuevas intenciones, nuevas modalidades religiosas, nuevos objetos de culto; pero la generosidad, el alborozo, el placer y la fiesta que les baila en el corazón a los indios, la misma.

Debo mencionar noticias religiosas de otro orden. Primero, de la forma de doctrina y de la intervención de los indios en difundirla. Un catequista dice a sus doctrinos ciertas palabras que a Juan Bautista le agradan y, con ese su don de taquígrafo intuitivo, las apunta en su memoria, para trasladarlas más tarde al papel en la siguiente forma: "Hoy miércoles a 11 de julio de 1565 años dijo Martín Josefino: 'Si alguno está en la Santa Iglesia, siempre se platica acerca de lo que sus hijos necesitan. Aunque yo mucho estudio, si alguien me pregunta una cosa chiquita, ¿acaso puedo responder? ¿acaso estoy seguro?' Esto lo dijo en Acáxic, cuando fueron a aprender la doctrina los hombres de Atizapan".26

Esta nota le recuerda algo que con ella se relaciona y retrocede a contar:

Hoy domingo a 8 de julio de 1565 años otra vez se dio pregón para que las niñitas sean doctrinadas en la iglesia y los viejitos y las viejitas, que ya no trabajan, los que eximió Juan Gallegos de hacer algo en servicio de Su Magestad, pues solamente andan por aquí y por allá. Y por esta razón se hizo el acuerdo de que todos juntos sean doctrinados; para esto se reunieron en junta a determinarlo el padre fray Pedro de Gante, el gobernador, los alcaldes y regidores. Se comprometieron a enseñarles la doctrina cristiana [sic en castellano]. En la junta se distribuyó la ciudad en cuatro zonas: los comprometidos hombres y mujeres se encargarán de doctrinar a los niñitos de seis y de siete años.27

Si hoy hablamos de conflictos intergremiales -fruto de la redención proletaria-, en el siglo XVI, y aun en el siguiente, se hallan en los documentos noticias de conflictos interclericales -fruto también, como el otro, de los intereses encontrados-. Oigamos cómo nos pinta uno Juan Bautista, que por su parte no comente, ni se escandaliza, como suelen hacer los fariseos de ayer y de hoy, y creo que lo seguirán haciendo los de mañana:

Hoy viernes a 19 de enero, de 1565 años, allá en San Sebastián, en su fiesta, iba a decir las vísperas fray Melchior y de allá lo fueron a echar a empellones los clérigos; no más lo fueron siguiendo. Pues con esto luego habló enfadado el padre, dijo: "Hijos míos, nadie vendrá aquí; allá en San Francisco nos reuniremos". Pero al día siguiente sábado, fue precisamente cuando se estrenó su imagen: en ella está parado, atado a un nopal del monte por sus manos. Y fue entonces cuando comenzaron a decir allá misa los clérigos. Y los tlatilolcas hicieron el juego de volador allá: en la navidad del Señor volaron en el mercado.28

Es decir, que los indios no hicieron caso al provincial, que eso era fray Melchor, y se dieron gusto en la fiesta. Vimos luchar as los clérigos con un fraile: algo peor vamos a saber, leyendo a nuestro curioso indio:

Hoy viernes a 16 de abril de 1566 años, [se equivoca: es 19 de abril] cuando iba a anochecer mataron a un padre de nombre fray Fabián de Pinto, que era guardián allá a donde murió, y el que lo mató también fue un padre, no más se pelearon: su nombre, fray Esteban, aún no decía misa. Y cuando iba a amanecer sábado se descubrió. Y esto pasó donde se llama Tlalnepantla Corpus Christi. Y allá se dirigió el guardián, fray Alonso de Molina: fue a enterrar al padre y a aprender al matador, y los oidores, ceynos, y alguaciles. Y el matador estaba encerrado en San Francisco, y luego lo fueron a encerrar allá en casa del Arzobispo: allá fue a morir.29

Hago hincapié, una vez más, en el modo sereno y objetivo con que narra un hecho que a él, como a todos los de su tiempo, debió horrorizar. Guarda su alma serena, viendo de arriba las miserias humanas.

Hay la conseja de que los indios trataron de vivir aislados de la vida social de la Nueva España. Siguieron siendo -se nos dice- un pueblo hermético, muy más replegado sobre sí mismo, que nada quería de los invasores blancos, que por nada de lo español se interesaba. Modo de pensar que tuvo su tiempo: el de los novelones de un célebre literato que dejó la espada para tomar la pluma de la novela y siguió haciendo novela, cuando intentaba escribir historia. No es el lugar de rebatir largamente tal prejuicio, nacido de la ignorancia, cuando no de la pasión. Aquí voy a poner unos rasgos del manuscrito que estoy examinando en que se percibe cómo a un indio insignificante le interesaban las cosas de España, sus instituciones y sus leyes, sus costumbres y sus hombres. Tengo que hacerlo tan a la ligera, como vengo haciendo todo, siempre en son de abreviar fastidios.

Un tercio, o quizá más del manuscrito, se va en referir los varios conflictos provocados por el cobro del tributo y por la obligación impuesta de trabajo forzado a los indios. Materia muy interesante, a la verdad, pero que exige mucho espacio para ser tratada y que reservo para un estudio posterior. Escogeré unos cuantos casos típicos referentes a cosas en que el indio no entra y, sin embargo, siente grande interés por verlas, admirarlas y referirlas en su pintoresco estilo y con su bello lenguaje. Únicamente me sucede que para la elección me hallo indeciso.

Dejo intencionalmente los relatos de la llegada de los virreyes don Gastón de Peralta y don Martín Enríquez, aunque muy sabrosos, en especial el primero; dejo también, y con dolor, la descripción de los funerales del virrey don Luis de Velasco. De estos hechos puede decirse que le son caros porque son los gobernantes. Y esa confesión es a favor de lo dicho: le entra al alma lo que es extranjero, porque va dejando de serle extraño. Tampoco, por razón semejante, no diré en qué forma cuenta, patético en su laconismo, la conjuración de los Ávila, con su trágico resultado y los antecedentes del bautismo de los mellizos del Marqués del Valle, ni el castigo que a éste se impuso y la forma en que se marchó al destierro. Habla de todo ello, pero se siente que el Marqués del Valle es algo de los indios. Se palpa a través de las notas de Juan Bautista el amor a la familia del Conquistador. Vaya un solo ejemplo:

Domingo a 4 de marzo de 1565 años fueron a encontrar a la Marquesa a Sancta Fe, estuvo en Tulocan: la fueron a encontrar como a reyes; con esto llegó, con esta forma la fueron a encontrar de todas partes; se pusieron tablados, entarimados. Los castellanos la fueron a encontrar y se dirigió luego a Coyohuacan, no vino acá. Y el martes 6 de marzo de 1565 años, en el día de Carnestolentas [sic] todos se dieron al festejo; de todas partes vinieron de los cuatro barrios, todos anduvieron en comparsas unidos, todos daban gritos y [golpeaban] sus escudos: iban a encontrar a la Marquesa. Pero solamente se dijo: "Estén con bien y alegres, no se anden por otros lugares en que tal vez se maltraten; gocen aquí juntos". En la plaza anduvieron dando vueltas para que nadie se fuera a golpear. Y andaba por delante de la gente uno vestido de caballero tigre, y otro de lobo y se hicieron disparos -fueron Pedro Tzopílotl y su hijo José Clemente-. Y allá donde andaban divirtiéndose vino un clérigo que usurpó las insignias de obispo, la mitra, y cuando se la quitaron, se quedaron juntos en paz los que se estaban divirtiendo, todos juntos.30

Carnaval aquél de gusto, que ponía ya sombras en el horizonte para la tragedia del año siguiente. El dato de Juan Bautista no sólo nos habla del interés que él siente, sino que atestigua la adhesión de su raza a la familia de Cortés.

He aquí esta noticia en que el indio traspasa los límites de su Anáhuac para interesarse por el imperio español: "Lunes 27 de marzo de 1564 años fue cuando murió el capitán que iba a la guerra de China; con esto fue enterrado en el templo: le tocaron tambores y le tocaron flautas y la bandera iba por delante de él y ya cayendo el sol lo fueron a enterrar al Hospital de San Josef y le tocaron tambores los capitanes de guerra y soldados y en febrero o marzo se fueron a la China".31

Y la siguiente, en que se interesa por una familia de las más hidalgas de esta ciudad, por ventura aún superviviente: "En marzo se puso la imagen de la que fue esposa del comendador Cervantes; solamente se pintó en una tabla y se puso en San Francisco a la izquierda de Santa Ana; es la que está ahora".32

Este comendador fue don Leonel de Cervantes, entre cuyos ascendientes y descendientes femeninos fue bastante frecuente el nombre de Ana.33

Podría aún ilustrarse este punto con nuevas citas, pero debo pasar a la consideración de otro aspecto.

 

5

Uno de los nombres más deterioro han sufrido en su significación es el de política. La etimología, desde luego, y el uso que de esta palabra hizo Aristóteles,34 hacen pensar en el arte del régimen de un estado, "establecido con orden a procurar el mayor bien público. Pues si el hombre obra siempre con el fin de lograr lo que él cree un bien -digamos con el filósofo-, y si toda comunidad tiende a procurar el bien de alguna especie, el Estado, forma más alta de comunidad, como que incluye en su seno todas las demás formas, tiene que tender al bien en su más alto grado y en la forma más completa". Se rebajó el concepto con la degeneración de la cosa, y vino a ser, en nuestros días y en nuestros medios hispanoamericanos, símbolo la palabra de agitación inútil, cuando no declaradamente nociva, con lo que llegó a tener en torno una atmósfera de náusea: hoy hablar de "política" es hablar del peor aspecto de la cultura, al cual se sustraen apresuradamente las personas decentes. Largo fuera, y no oportuno en esta plática seguir el camino de la evolución de la palabra. Aquí nos importa ver sus antecedentes como una de las formas de interinflujo entre las dos culturas. En nuestro manuscrito tenemos abundantes ejemplos de lo que iba siendo la política -tal como hoy la concebimos- en el medio indígena del último tercio del siglo XVI.

El indio no tenía noción siquiera de la agitación y vaivenes políticos. Vivía sometido a un totalitarismo del nacimiente estado, que no podemos concebir, sino muy de lejos. Pesaba sobre el individuo la comunidad, pero a tal grado que dejaba de ser persona para convertirse en elemento casi muerto de la clase, o dicho con más exactitud, del clan. No tenía valor sino el conjunto, llámese calpulli o como se quiera.35 La Corona de España concedió a los indios conquistados la dignidad de personas, pero vino a dejarlos en un estado de menor edad, atentas sus pocas aptitudes para gobernarse a sí mismo. Si fue un error o un acierto, no me toca ahora determinarlo. Se fundaron las Repúblicas de Indios, que vienen a ser verdaderos ayuntamientos; se dio el derecho de elegir a los funcionarios, simulando el voto, ensayando una democracia, que jamás ha existido en México, ni antes, ni después de la dominación hispánica. Problema muy ajeno a mis reflexiones es si acaso puede existir. Entonces nació el chanchullo, las mañas demagógicas, la agitación loca por los puestos públicos, los medios de ganar, por ilegítima manera, la que, con palabra ya inevitable, llamamos hoy "mordida". Todo lo cual, sin pretenderlo, sin intentarlo, fue un don que la cultura hispánica hacía a la poco dispuesta cultura indígena. De tales hechos tenemos testimonios en las notas del Diario de Juan Bautista. Lamento tener que limitar mis citas.

Hay un contraste notable entre la forma verdaderamente impresionante en que habla él de la agitación de los indios para defenderse del tributo y la forma en que cuenta los vanos alborotos de la política de sus tiempos. Sólo haré dos citas, quizá largas, pero suficientes para dar idea de lo que he asentado. Veremos, de paso, la sorna y cierta risueña burla con que él, indio, sin pretender hacerlo directamente, comenta con ironía los hechos que refiere.

Muy ruidosos pleitos trajo consigo la elección de 1566. Hubo, a lo que se deduce de las notas del manuscrito, dos planillas, y, naturalmente, la derrotada no quedó satisfecha. Oigamos a Juan Bautista:

15 de enero de 1566 [...] iban a poner los Alcaldes a su alguacil, pero echaron a perder el asunto los sastres, porque ellos querían que se les diera el alcaldazgo [.] Los sastres andan alegando ante el gobierno de la Ciudad; los que llevan la voz de acusación son Miguel García Ahuach, Martín Cuauhtli, Toribio Lucas [...]. Estos nombrados primero, fueron a dar cuenta a un padre de Santo Domingo, de nombre fray Diego de Toral, le dijeron: "Este Cabildo no pudo salir bien: fue a voluntad de los que hacen la justicia, lo que tenían ellos premeditado en su corazón". Y así que los oyó el padre les dijo: "Está bien, hijos míos; vamos a ver a Ceynos". Y cuando llegaron a la presencia de Ceynos, [éste] se enojó mucho, los regañó y les dijo: "Señor, ¿por qué no los quisieron? Aquí están los que fueron elegidos. Y son los ladrones los que suelen burlarse de la gente. Ya tú los quisiste y los oíste con atención, aunque bien saben los que entienden la lengua que no más por dinero lo hicieron y luego levantaron una acta falsa [...] ¡y luego que no son sus compañeros!" Entonces dijeron los que entienden la lengua mexicana: "No se amilanen; bien hecho estuvo, y si hubieran sabido que lo iban a dejar, tampoco hubieran tomado posesión de lo que les dieron, y además, ¡bien hecho estuvo: en ellos quede el error! Y en cuanto a ustedes, anímense mucho. Que los ladrones no hicieron más que venir a robar la Justicia. Pero ellos saben en dónde lo han de estorbar".

Entonces el padre les dijo a los del pleito: "Hijos míos, Dios les dé fuerzas. Temprano iremos ante el Visitador; yo mismo iré a darle cuenta de la forma en que se hizo; yo iré por delante de ustedes, yo sé lo que hay que hacer. No se acobarden, pues yo vi la Cédula, la buena disposición del Emperador, con la cual se da el alcaldazgo a aquellos oficiales: no se cumplió; no más así obran los gobernantes que están aquí. Así que anímense; hijos míos, váyanse; temprano vendrán por mí".

Así que amaneció, luego fueron todos a la iglesia de Santo Domingo y así que llegaron, saludaron al padre, y él les dijo: "Primero oigan Misa, hijos míos". Y luego que hubieron asistido a Misa, entraron dentro la casa y el padre les dijo en seguida: "Hijos míos, óiganme: lo que pretende el corazón de ustedes, no lo quiere dios, muy de veras que no lo quiere, y miren por qué; vean bien por qué no lo quiere: los indios que no son de su partido de ustedes, los que no andan con ustedes y los indios dondequiera que haya quien los conozca a ustedes y han estado viendo su vida y se interesan por ustedes, si se hubiera concedido como ustedes lo pretendían, inmediatamente dirían: "Ah, ¿con que por sólo eso hicieron la acusación, y no por necesidad?" Y con esto se echaría a perder la justicia de ustedes; ya no podría hacerse. Y si allá hubieran entrado, ¿cómo andarían? ¿Acaso a su espalda habrían hecho lo que pretendía su corazón? Pues de veras quedaría impedida su justicia. Ahora anímense, cuélguense de su justicia, y yo también me doy ánimo: vamos a hacer resonar muy fuerte nuestra justicia y no se acobarden, ni abatan porque allí no los quisieron: no más les echaron por tierra su Cabildo, y con todo y eso, se hará; alguna vez lo ha de querer Dios: se les tiene que dar. La ciudad anda muy perjudicada, pero nosotros estamos bien. Ya vi yo nuestro alegato: está bien. Así que también yo me ofrezco, porque ustedes son como mis mayores, pues aquí nací y delante de ustedes se me dio el hábito".36

Todo un cuadro de nuestros días, si, en lugar del blanco hábito del dominico, ponemos la chaqueta grasienta de un leguleyo, de un rábula, o de uno de nuestros típicos coyotes.

He aquí la otra cita:

A 8 de diciembre de 1566, domingo, fue cuando se frustró lo de la casa de palacio: arriba acabó. Hubo danzas, se cantó el Axochitlacáyotl allá en el comedor, y después se fue hacer el baile de nuevo en las afueras del Palacio y hubo volador. Fue cuando él quería ponerse de gobernador y quería halagar a los señores con el juego del volador, y los que vinieron a echarla a perder fueron don Pedro de la Cruz, don Martín Ezmallin, don Luis Huehuezaca, don Lucas Tenámaz, don Antonio Momexicaitohua. Fueron a decir así: "Allá arriba está don Pedro Dionisio: quiere ser gobernador. Pues [.] se acostó con su media madrastra y la hizo madre de un hermanito suyo". Y con esto se estorbó: no pudo conseguirse.37

Acusación tan pública, hecha ante los magnates, de un delito tan horrendo para los tiempos aquellos, echó por tierra los anhelos de Pedro Dionisio y gastó de ribete todo lo que era necesario para el juego de volador, con que quiso congraciarse y ganar la gubernatura para el año próximo. ¿No son estos dos rasgos miniaturas que hacen ver la identidad de aquel México naciente con el México de hoy día, en el campo de la lamentable "política"?

 

6

Abundan en el manuscrito datos interesantes para la historia del arte. No puedo detenerme mucho en ellos. El indio, con esa visión certera, con ese ver y curiosear todo, con ese afán de meterse en todo, nos da pormenores de cuadros, de estrenos de imágenes, de representaciones de teatro, de cantos indígenas y bailes. El juego del volador, lo hemos oído más de una vez, le interesa y nos cuenta cuántas veces se repetía. Van a ir al azar unas cuantas citas para no hacerme interminable.

En la Pascua de Resurrección de 1566 nos cuenta cómo

Se pintaron todos los Reyes Mexicanos que reinaron aquí en México y todo el tiempo que duró el reinado; en mantas se pintaron y también las armas del Emperador; cada uno de los señores todos están colocados sobre un nopal, también fueron pintados Tezacatl y Acacitli, y quienes los pintaron fueron Pedro Cuauhtli, Miguel Toxochicuic, Luis Xochitototl, Miguel Yohualahuach. Y fue precisamente en el día en que resucitó N. Señor cuando estuvo expuesta esta pintura en el Palacio; muy admirable: todo el mundo la admiró.38

El primer dato del manuscrito en su orden cronológico es éste: "Con ocasión de que llegó el señor don Gastón de Peralta, yo hice cinco escudos: a Francisco Ollin le hice un escudo de muchas vueltas; el escudo de Diego Quihiyohuia, escudo de piedras finas; el de Domingo Temillo, escudo de estilo huaxteco, y para Antonio hice un escudo con un águila de alas desplegadas".39

Al copiar omitió el quinto escudo. Datos, éste y el anterior, de cosas de arte antiguo amestizadas con lo nuevo: allá, los reyes de Tenochtitlan, pintados en tela; acá los viejos escudos, hechos para recibir a un Virrey.

Hoy lunes a 9 de abril de 1565 fue cuando se puso la pintura en negro en San Josef: son siete los nichos que han de bendecirse el Día de Ramos: seis se hicieron: donde consoló el Crucifijo a su amada Madre Santa María, la cruz que lleva a cuestas, el Calvario en donde está puesto en alto Nuestro Señor, o sea el Ecce Homo, los ángeles que están extendiendo sus vestiduras en el Calvario, los judíos que agujeran la Cruz, estando en ella sentado Nuestro Señor, y cuando en sus brazos lo tiene su amada Madre, a la cual rodean los ángeles.40

Vemos, con los ojos del indio, aquel retablo en negro interesante para nuestra historia artística: no sé si hay alguna otra descripción de este altar de San José de los Naturales.

El arte de los indios era religioso antes de la conquista; religioso siguió siendo después: mudóse solamente la intención, y la forma fue podada el cuanto no cabía en los moldes de las concepciones cristianas. Sabida es la divergencia de métodos en las órdenes religiosas que evangelizaron a México,41 lo mismo cómo el método franciscano tomaba cuanto podía de las antiguas prácticas, dándoles un sentido nuevo. Hecho en el cual, por lo demás, no hacía sino imitar a la Iglesia Primitiva. Este fenómeno de transculturación, de los más notables, y fundamental a la verdad, se manifiesta en las fiestas de los indios, en las cuales vemos aprovechadas las danzas, los cantares, las grandes manifestaciones sensibles y colectivas, que tomaron forma en las procesiones, representación teatral, cuadros visibles y animados -todo ello sustitutivo de las admirables manifestaciones simbólicas de las antiguas fiestas-.42 Allí hallamos lo hispánico en las ideas, normas y concepciones religiosas, vistas, dentro del universalismo cristiano, con ojos castellanos, y vemos lo indio en las materializaciones sensibles, en las antiguas usanzas, puestas el servicio de las nuevas ideas, tal como las palabras de una lengua se hacen expresión de nuevos conceptos, envasados en los moldes antiguos. Así integralmente se formaba la nueva vida religiosa en las almas de los indios. No pudiendo hacer una amplia dilucidación de este punto dentro del examen del manuscrito de Juan Bautista, me contento con cerrar esta parte de mi plática con el cuadro que nos traza el indio de una de las celebraciones de la Semana Santa de 1565:

Hoy miércoles santo a 18 de abril [...] fue cuando hicimos una Pasión en representación de conjunto: Jesucristo, María: donde azotaban a nuestro Señor; donde nuestro Señor llevaba la cruz a cuestas; sobre un cerro el Ecce Homo [sic por Jhs. paciente]; la cruz alzada en alto sobre un cerro, en el Calvario, y la lanza y la esponja [el indio escribe espongia como había oído en latín], (y la hizo Miguel Cihuaten, Juan Itzcuin, Miguel Matlalaca: con cuatro tomines se hizo). Esta pasión se puso allá junto al Monumento en San Josef. Se hizo, además, una caja de piedra, se doró a rayas, con su cerradura, y forrada interiormente de tafetán, por fuera tapizada de damasco amarillo, con labrados de flores rojizas, el cual se llama brocado [Juan Bautista escribe brogador], dentro de ella se puso enhiesto el cáliz; en esta caja se ha de poner nuestro Señor el Jueves Santo. Llegado el Jueves Santo, quien dijo la misa fue fray Alonso de Molina, y en seguida puso en la caja a nuestro Señor. Y el palio llevaron Don Luis [gobernador de México] y don Antonio Señor de Tacuba, y los alcaldes. Fue también entonces cuando se colgaron cazuelas de iluminación en San Josef, allí están colgadas y en ellas arde aceite [Juan Bautista dice aciete]: las ofrecieron los diputados [Juan Bautista dice diputadome] Juan García Totócoc, Martín de San Miguel Tentli.43

Aquella "Pasión" debió de ser algo análogo a los "Nacimientos", también introducidos en México por los franciscanos. Quiero hacer notar el hibridismo de Juan Bautista aun en el lenguaje: en este breve fragmento tenemos las palabras castellanas siguientes, más o menos alteradas: passión, cruz, Carvario, lanza, espongia, tomín, damasco, tafedán, brogador, aciete, diputadome, monumento, sin contar los nombres propios y de día, ya muy comunes. Es decir, doce palabras castellanas en un fragmento de treinta líneas. Aun en promedios como éste podríamos hallar indicios de la hispanización en camino.

El "Don Luis" que llevaba el palio, junto con los Alcaldes y el tlatohuani de Tlacopan, es el gobernador de México en aquella sazón. Se había casado en junio del año anterior y Juan Bautista no descuidó contarnos su festejo:

Domingo a 4 de junio de 1564 años [...] fue cuando se casó Don Luis de Santa María Gobernador y con quien casó fue con una llamada Da. Magdalena Chichimecacíhuatl, hija que era de Don Diego. Con esa ocasión hubo sermón, y los bendijeron de nuevo allá arriba en medio, y cuando llevaron a la mujer, le tocaron flautas en el templo, y lo mismo en el camino cuando iba, le iba tocando flautas, y al llegar al Palacio, estuvieron colocados en un templete, y allí les cantaron los cantores de la iglesia, y luego que fue la entrada, comenzaron los bailadores: primero se cantó el Chichimecáyotl, y luego comenzó el Atequilizcuicatl, y bailó el Señor: su tamboril estaba pintado y dorado. De todas partes vinieron los señores y principales que había en la ciudad, y en una enramada que había en las afueras del Palacio, rieron de muy buena gana, y en su casa [de los casados] bailaron los otomíes con sus cascabeles.44

 

7

Solamente dos aspectos más de la fisonomía literaria de Juan Bautista quiero considerar antes de dar fin a esta plática. Sus resabios de superstición y su ironía. En uno y otro hallo nuevas muestras de la influencia mutua de las dos culturas.

La superstición y afán de lo maravilloso no es algo específicamente indio: se halla por igual en los españoles de aquellos tiempos y en todo hombre que comienza a cultivarse. Lo característico de las muestras de superstición de Juan bautista, y sus congéneres, para generalizar, está en ver hechos maravillosos algo como reminiscencias de su pasado, a través de modalidades nuevas. Con los ejemplos que voy a presentar creo hacer más claro mi pensamiento.

A raíz de haberse derrumbado la cárcel -el 9 de abril de 1566-, se contó en la ciudad esta conseja, que el indio incorpora en sus notas con una candidez de estilo inimitable:

Cuando se derrumbó la casa, el bachiller encontró en Ayotícpac a unos diablos que llevaban sus palas en el pescuezo; los llamó el bachiller y les dijo: -¿Dónde van ustedes? Y los diablos le dijeron: -No podemos decirte a dónde vamos, y no podemos volvernos. Nos mandó Dios, nos envió, por orden suya hemos venido a hacer nuestro oficio. Y el padre otra vez les dijo: -¿Dónde van ustedes? Y le dijeron los diablos: -Pues no podemos decirte a dónde vamos: tal vez a San Francisco, tal vez a San Agustín, tal vez a la Iglesia Mayor, o tal vez a Santo Domingo, o tal vez a San Pablo: nosotros sabemos a dónde vamos. Todo eso dijeron los diablos, y esto sucedió tres días antes de la bendición de Ramos.45

Lamento no poder citar la historia de la locura semiherética de Juan Teton, demasiado larga para nuestros límites. En alguna otra parte la incluiré íntegra.46 Es de lo más representativo en este campo.

Sí traeré aquí la siguiente peregrina historia en que interviene nuestro ya conocido don Luis, el gobernador de los indios:

Un muerto viene a presentarse de nuevo en San Pablo, en Atenantitech era su casa. Y el gobernador fue a verlo allá y el hombre del país de los muertos le hace reverencia: de su cara le salían llamas y había encima de su cabeza culebras de milpa que sacaban la lengua. Y cuando oyó que iban a llamar al Guardián de San Francisco, aquel aparecido no consintió, no más dijo: "Maldita sea, no es más que un sueño". Y sin embargo, por todas partes se divulgó, todo el mundo lo supo y oyó, entre la gente corrió la noticia.47

Vaya esta otra curiosa noticia:

Lunes a 30 de enero de 1565 fue cuando murió un pintor, de nombre Hernando Tlacacochi, vecino de San Hipólito, junto a la iglesia. Un día antes de morir él, vino a verle la muerte y le vino a entregar una carta [en castellano, y luego explica]: un papel escrito; le vino a decir: -Me mandó el Señor a traerte esta carta; a nadie la dejarás ver; por muy honorable que él sea en la tierra, no será posible que se la muestres, hasta que Nuestro Señor te la haga ver.48

El 14 de mayo de 1565 hubo en la ciudad un ventarrón como los que de continuo padecemos en esta deliciosa ciudad de la eterna primavera. Caso de los más vulgares; sin embargo, a los ojos de Juan Bautista -y de los de su raza, ya que es el portavoz únicamente de aquéllos- adquiere un carácter misterioso. Oigamos cómo lo cuenta:

Se alzó un remolino de viento sobre el montón de tierra de junto al edificio de la iglesia mayor; hacía ruido como si fuera a estallar, como un cañón que iba retumbando, y después vieron los hombres cómo la tierra abría su boca, y cuando ya iba bajando el remolino del viento, luego dijeron los castellanos: -¡Ya sale Motecuhzoma! Y siguiendo su camino, llegó allá al mercado y un negro fue arrebatado por el viento y fue a ser echado a la laguna, después siguiendo su camino, fue a hacer un agujero en un lugar y sólo allá fue a parar y a perderse en el montón de tierra y vieron como si alguno fuera parado en medio del viento.49

Quede ahí la fábula que nos pinta la supersticiosa preocupación de indios y castellanos, al igual que en una tolvanera veían la venida de un ser misterioso: Motecuhzoma, y en otros casos, el demonio mismo.

 

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Dejos de ironía hemos hallado ha tiempo en los varios fragmentos que venimos citando. Vamos a reunir otros quizá más representativos a este respecto. Hay la leyenda de la tristeza del indio: ya en decadencia, por fortuna y para bien de la verdad. No es triste el indio, sino que su alegría tiene un ritmo diferente del de la nuestra. Tema casi inexplorado es el de la expresión de la alegría en el arte antiguo. Hallamos ya en las misteriosas cabezas colosales de La Venta y Tres Zapotes, atribuidas por los arqueólogos a la más antigua cultura de nuestro suelo que superó al silencio y dominó la técnica artística, una manifestación de horrible placidez paradójica. Como si el ser representado en ellas -¿dios o héroe, tipo o ideal?- se mostrara satisfecho de la vida en la reconcentración de su gozo interior. Y de ellas llegamos a las máscaras sonrientes de la Mixtequilla, que obligan a sonreír a quien las contempla, con un contagio de felicidad desdeñosa. "En medio de aquellos panteones dramáticos y terribles, con dioses sangrientos que no pocas veces nos mueven a repugnancia -ha escrito con admirable síntesis el admirable crítico de nuestro arte antiguo en su precioso libro reciente, Salvador Toscano-,50 apenas si concebimos esta isla de pequeñas esculturas que se atrevieron a romper la tradición hierática y a dibujar la alegría de la vida en la más delicada de las expresiones psicológicas, la de la sonrisa". Palabras que podríamos tomar para expresión de la verdad en el campo de la fragmentaria literatura antigua. El elemento sagrado, con su horrenda pesadumbre de sangre y de muerte, con todo y el endiosamiento del sacrificio, dio a todas las expresiones del alma antigua un tinte hosco, trágico, horrendo y aun horripilante. La música misma se le antojaba a fray Diego Durán, a pesar de su sangre indígena en las venas, "tan triste, que sólo el son y baile pone tristeza, el cual he visto bailar algunas veces -dice-con cantares a lo divino, y están triste que me da pesadumbre oírlo y tristeza".51 Era natural, tras las amarguras fatales de la Conquista. ¿Fue siempre así? Difícil es decirlo, más difícil documentarlo. El camino único para rastrear lo exacto en esta materia, es entrar al alma de los indios de hoy día, que guardan en su interior la sonaja de los cascabeles antiguos, librada de las perspectivas de la muerte vecina, y el canto de las aves, amadas de todo indio, que ya no preludian el sacrificio. Y senda también segura es descubrir la sonrisa apagada en las balbucientes expresiones de la literatura mestiza, en la cual la vena de la ironía indígena se abre paso entre lo más grave, como las plantas entre las grietas de un edificio en ruinas. La ironía del indio es ágil como la abeja, punzante como el alacrán, inasible a veces, como la libélula, y como ésta lleva en sí las irisaciones de la luz interior. Todo nuestro folklore, todas nuestras canciones campesinas, todo ese floreo de chascarrillos que brota en bocas de los mexicanos, aun en las horas más graves, tienen como antecedente más la concentrada alegría del indio, amalgamada de amargura, que la grave severidad del donaire y el gracejo castellanos.

 

9

Estas reflexiones pueden parece inoportunas para tan humilde materia, pero me he atrevido a hacerlas porque creo que se confirman y se conforman con los datos del manuscrito cuyo estudio apresurado estoy acabando. Las dimensiones de esta plática me sirvan de escusa para ser muy medido en mis ejemplos.

Don Luis Cortés Tenámaz debió ser para Juan Bautista un personaje grotesco, y si no, él se encarga de ponerlo en ridículo cuando apunta hechos de su vida. Se adivina que era del partido contrario: ya eran los antecedentes de nuestras burletas políticas. Suelta sus noticias con la socarrona sencillez de quien pretende ser objetivo, pero allá va el alfiler que hiera al sujeto de quien habla y hace sonreír a los que leen sus notas: "30 de diciembre de 1564 años [...] allá donde estaban bailando fue don Luis Cortés Tenámaz a quitar a los que tocaban los bolillos percusores: lo hizo porque emborrachó y estaba enojado, y el mismo alcalde Don Martín en persona, lo fue a meter a la cárcel".52

Advertimos la ironía de esta noticia, si pensamos en que este sujeto el día 5 de enero siguiente toma posesión de su cargo de regidor por el barrio de San Juan. Es decir, que antes de ser autoridad, el pulque le hacía sentirse con fuero. ¡Pura historia contemporánea, mudados nombres y personas!

Otro don Luis, el gobernador nada menos, es también puesto en solfa en este relato:

Hoy jueves a 24 de mayo de 1565, cuando ya anochecía, andaba dando gritos en el terrado don Luis, el gobernador, con su escudo y con su espada andaba alborotado en el tlapanco, y se vino abajo con todo y tlapanco, y así estuvo toda la noche: le sucedió cuando hacía poco que acababa de subir. Y cuando amaneció estaba casi cubierto por la tierra con que quedó aplastado y luego los alcaldes y don Pedro andaban corriendo por todas partes, poniendo en movimiento a todo el mundo y fueron a buscar al padre con toda prisa los alguaciles, para que viniera a ver al gobernador.53

No dice el cronista que estuviera borracho, pero se cae por su peso: ¿quién, si no en tales condiciones, anda alborotando sobre el tlapanco, ya cayendo la noche? Se sintió soldado y acabó por aterrizar ridículamente.

La embriaguez, aquí y en otros lugares bien indicados, era causa de aquellos desmanes. Su abuso debe contarse entre las resultancias de la libertad que dieron a los indios los españoles en el uso de las bebidas. No eran en su antigüedad sino con muchas restricciones, o en caso de embriaguez ritual,54 cuando hacían esto. Después de la Conquista se difundió el vicio horrorosamente. Aquel Martín Josefino, que vimos arriba como devoto catequista, pasa por las notas de Juan Bautista con el sambenito de borracho escandaloso, bien que con buena compañía: "Jueves 4 de noviembre de 1568 años [...] se emborrachó Martín Josefino y lo metieron a la cárcel: ya estaba allá por lo mismo el alcalde Don Diego Huitztlaquenqui".55

Abundantísima materia hay en los alegatos narrados por Juan Bautista cuando las gestiones en contra del tributo. Pero ya no me es posible alargar más esta plática. Baste la inserción del siguiente fragmento en que se ve la burla un tanto amarga de un grupo de indios a uno de sus amigos, únicamente para tomarle el pelo:

Hoy jueves 19 de octubre de 1564 años [...] fue a entregar cinco tomines Josef Xochihua y lo fueron a regañar los pintores. Le dijeron: -Hijito mío, señor mío, ya no se le quiebre su corazón: cepo y grillos le han puesto a usted, ¡alguna vez tenía que suceder! Pues, ¿quién de nosotros aguanta la parada? ¡Usted no! Usted lleva las cosas adelante y alcanzará justicia [...] ¿Qué le apresarán al muchachito? ¿Qué lo agarrarán del rabo? No, más bien nos lo agarrarán a nosotros. Pero Mateo Xaman le dijo: -Señor mío, si no es más que chanza suya, están haciendo guasa, ¡esa es la vida! ¡Es eso lo único que nos queda propio, así pasa uno la vida! Y muchas cosas más le dijeron.56

Están todos afligidos y alborotados, hasta la sangre de los motines, a causa del odiado tributo, del trabajo impuesto a los jóvenes, y va el pobre indio a pagar sus cinco reales. Le amenazan, le amedrentan y cuando pone cara de amargura, le explica el truco su compañero: es un puro choteo. Es decir, que el indio se divierte de su propio dolor y, haciendo a un lado el aspecto trágico de la vida, quiere sólo ver su aspecto gemelo, que es el cómico y, sin haber leído a Heráclito ni a Demócrito, les da a ambos la razón. Yuh nemi [...] yuh nemohua: "Así viven, así se vive". Tan pudiera ser el lema de la vida mexicana, incubada en dolores, hecha a lágrimas, pero desbordada en risas.

 

10

He terminado mi somero examen de este curioso manuscrito. Temo con buen fundamento haber incurrido en dos errores: engendrar el fastidio en vuestros ánimos, y por ello acudo a vuestra benevolencia indulgente; y no haber logrado dar una idea de lo que, a mi juicio, vale este escrito para el conocimiento de la transformación interior del alma del indio, bajo las variadas influencias de la cultura española. Vemos ya a uno de los indios que hoy nosotros conocemos y tratamos; vemos la fusión de culturas en una forma difícil de deslindar. El alma de España va infiltrándose en el corazón del indio; pero el alma del indio se levanta erguida y, como una planta que bebe las aguas de la lluvia y se satura de los hálitos del viento y se baña en las llamaradas de la luz solar, pero persiste la misma, se nutre y crece, se ensancha y fructifica, siempre avara de sí misma. Es la ley verdadera de la vida: tomar lo ajeno y hacerlo propio y, en justiciera paga, dar lo propio en enriquecimiento de lo ajeno. España dio mucho a Anáhuac, pero Anáhuac correspondió con amor: el resultado de este beso integral somos nosotros y es nuestra cultura.

Quiero cerrar mi plática haciendo uso de un derecho que me da el comunismo literario -único legitimo y único quizá posible-; el dueño mismo, dentro de sus aspiraciones socialistas, no podrá impedirme que yo haga mías sus certeras y sintéticas palabras. Cuando se han dicho tan bien las cosas, no tenemos más remedio que hacerlas nuestras. Y yo encierro mi pensamiento en estas palabras de Héctor Pérez Martínez, en el vestíbulo de su maravilloso libro sobre Cuauhtémoc:57

No puede hablarse de una muerte absoluta de los valores indígenas, como tampoco de un predominio absoluto de lo occidental sobre lo autóctono. Nuestro mestizaje saltó por encima de las fronteras puramente raciales para inundar los anchos y conturbados campos del espíritu. Lo autóctono ha matizado en tal forma lo occidental; ambos elementos se encuentran tan penetrados uno en el otro, dentro de lo mexicano; componen una sola substancia y dan nacimiento a una sensibilidad característica y particular, pero universal al mismo tiempo, que tal comunión es la mejor prueba de las excelencias de lo indígena y de lo español.

 

Notas

*Publicamos en este volumen un trabajo del doctor Ángel María Garibay K. aparecido originalmente en el número 18 (abril-junio de 1945) de Filosofía y Letras, revista publicada por la facultad del mismo nombre perteneciente a la Universidad Nacional Autónoma de México. Se trata de un artículo en el que Garibay se acerca a lo que era la vida en las parcialidades nahuas en la ciudad de México en la segunda mitad del siglo XVI. Su información proviene del que se conoce como Códice Juan Bautista, conservado en la biblioteca Boturini de la Basílica de Guadalupe. El padre Garibay tradujo dicho códice pero nunca llegó a publicarlo. Finalmente ese documento se publicó con el título ¿Cómo te confundes? ¿Acaso no somos conquistados? (Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2001).

1 Hasta donde llegan mis noticias, hacen referencia a este manuscrito Vicente de Paula Andrade, Ensayo bibliográfico mexicano del siglo XVII, México, 1899, p. 109;         [ Links ] Información de fray Alonso de Montúfar, con motivo del sermón de... Bustamente, Madrid, 1888, p. 94; Cuevas, Album...; García Gutiérrez, Primer siglo guadalupano, bibliografía guadalupana -ambos se fundan en las referencias de los anteriores-; Primo Feliciano Velázquez. La aparición de nuestra señora de Guadalupe, México, 1931, p. 66.         [ Links ] Tengo íntegramente hecha la versión y el pensamiento de darla a las prensas. En Abside, 1945, 2, haré alguna mayor inserción de textos de este manuscrito.

2 F. 2r.

3 En la introducción que antecede a mi publicación del manuscrito y su versión me hago cargo detenidamente de este punto y lo aclaro con referencias al manuscrito mismo.

4 Fue el jueves 22 de marzo de 1565 (f. 54r), contra lo dicho por Joaquín García Icazbalceta (dice que en 1573, aunque atenuando). Vid. Obras, ed. Agüeros, IV, 250.

5 F. 6v.

6 Edición de Rémi Simeón, París, 1889.

7 Códice Albín, París, 1893.         [ Links ] Anales de Tecamachalco, edición de Antonio Peñafiel, México, 1903.         [ Links ]

8 Historia de la conquista, texto náhuatl y versión alemana en Seler, Einige Kapitel aus dem Geschichtswerk des fray Bernardino de Sahagún, Stuttgart, 1927.         [ Links ] Pláticas de los doce, Revista Mexicana de Estudios Históricos, México, apéndice al tomo I (1927), p. 101 ss. Texto náhuatl y versión parcial castellana.

9 Tengo ante los ojos el manuscrito del padre Olmos en copia fotográfica, y el libro de fray Juan Bautista, Huehuetlatolli, México, t. V, 1599 (según Zulaica).         [ Links ]

10 El documento mal llamado Nican mopohua, incorporado en el libro de Lasso de la Vega, México, 1649. Tengo a la vista un ejemplar de dicha edición y la reproducción de 1926, con versión de don Primo Feliciano Velázquez. El nombre Nican mopohua está mal dado, por vago: hay documentos numerosos que comienzan así, como una sencilla versión de "En este escrito...", literalmente "Aquí se lee", más bien que "aquí se cuenta". Pero de estas minucias, alibi.

11 Tengo a la vista un ejemplar de la edición de México, 1607.

12 F. 4r y v.

13 F. 11r.

14 F. 42r.

15 F. 16v.

16 F. 17v.

17 6 de octubre de 1566 (f. 6v).

18 30 de nov. de 1568 (f. 14r).

19 Último domingo de 1566 (f. 14r).

20 15 de agosto. De 1565 (f. 58v).

21 8 de agosto del mismo año (f. 59r).

22 F. 9r; f. 18v.

23 F. 6v.

24 Por ejemplo, Michcuícatl, f. 6; Yaocuícatl, ib.; Axochitlacáyotl, f. 7 v; Pipilcuícatl, f. 10v; Cuextecáyotl, f. 16v; Tequiquixtilizcuícatl, f. 19r; Chalcáyotl, f. 26r, etcétera.

25 F. 10v.

26 F. 57r.

27 F. 57v.

28 F. 51r.

29 F. 5r.

30 F. 53r

31 F. 16r y v.

32 F. 16v.

33 Esta señora se llamaba doña Leonor de Andrada (Vid. Historia genealógica de R. Pérez Gallardo, I, p. 86, nota).

34 Aristóteles, Política, I, 1.

35 Sobre este asunto cf. J. Kohler, "El Derecho de los aztecas", en Revista de la Ciencia Jurídica Comparada, Stuttgart, 1892; versión de Carlos Rovalo y Fernández, Revista Jurídica de la Escuela Libre de Derecho, México, 1924, y George Clapp Vaillant, The Aztecs of Mexico, Nueva York, 1941, en especial caps. VI y IX.

36 F. 2r. a 3v.

37 F. 5r.

38 F. 5r.

39 F. 1r.

40 F. 54v.

41 Cf. Robert Ricard, La Conquête Spirituelle du Mexique, París, 1933, en especial, caps. I y II.         [ Links ]

42 Basta leer la relación cuidadosa de fray Bernardino de Sahagún, en su libro II de la Historia general de las cosas de Nueva España, para quedar asombrado de tanta complicación y minuciosa materialización de símbolos, que en su mayor parte se nos escapan; pero si esta lectura se hace en el texto náhuatl que sirvió de base a la redacción castellana del famoso franciscano, la misma estilística, con su pródigo expansión y con sus insinuantes repeticiones, contribuye a aumentar la emoción de hallarnos en un mundo de fantasía, más que de la realidad rutinaria de cada año que fue para los indios del México prehispánico. Y hay que tener presente que Sahagún sólo recogió lo tocante a Tenochtitlan y Tezcoco. En otros documentos hallamos variantes de ritos y ceremonias complicadas al extremo y dignas de estudio para quien quiera llegar a ahondar en el alma indígena.

43 F. 54v. a 55r.

44 F. 19r.

45 F. 4r.

46 F. 8 v a 9r. Se halla íntegra esta relación en Abside, 1945, 2.

47 F. 33r.

48 F. 52r.

49 F. 55v.

50 Arte precolombino en México y la América Central, México, 1944, p. 450.         [ Links ]

51 Historia de las Indias..., México, 1880, II, p. 233.

52 F. 50r.

53 F. 56v.

54 Cf. Sahagún, libro II, caps. 26 y 27.

55 F. 14r.

56 F. 58r.

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