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Estudios de cultura náhuatl

Print version ISSN 0071-1675

Estud. cult. náhuatl vol.43  México Jan./Jun. 2012

 

Reseñas bibliográficas

 

Claude Stresser-Péan, Des vêtements et des hommes. Une perspective historique du vêtement indigène au Mexique

 

por Guilhem Olivier

 

París, Riveneuve Éditions, 2011.

 

Hace un poco más de veinte años, oí por primera vez palabras para mí bastante exóticas como huipil, quechquémitl, máxtlatl y otras más, cuando tuve el privilegio de convivir con Guy y Claude Stresser-Péan, quienes me recibieron con amabilidad en su casa. Debo confesar que ambos orientaron de manera profunda mis investigaciones. Recién llegado de Francia e instalado en Santa Ana Tlacotenco —pequeño pueblo de habla náhuatl cerca de Milpa Alta—, desconocía en aquel entonces la importancia de la etnografía y de la cultura material. Para mi sorpresa, descubrí que actividades como el cultivo del maíz, la explotación de los magueyes, las tradiciones culinarias o bien el acto de tejer con telar de cintura, abrían insospechadas perspectivas de investigación que me revelaban con experiencia y erudición Guy y Claude Stresser-Péan. Me recomendó Claude que buscará en Santa Ana señoras capaces de tejer con el telar de cintura y tuve la suerte de encontrar a doña Gabina de Caballeros que se reveló como una informante excepcional y una talentosa tejedora. En varias ocasiones, Guy y Claude llevaron a cabo entrevistas con doña Gabina y le encargaron trabajos para enriquecer la gran colección de Mme. Stresser-Péan. Recuerdo con un cariño especial estos momentos de intercambios y de alegría, cuando brindábamos con una jícara de pulque mientras Claude interrogaba a doña Gabina acerca del uso del máxtlatl, el "caballo" o tzin máxtlatl (p. 36).

Los valiosos datos proporcionados por doña Gabina y otras muchas tejedoras indígenas entrevistadas por Claude Stresser-Péan aparecen en el libro que se reseña. Ahora bien, uno de los grandes logros de esta obra es precisamente la combinación de estos materiales etnográficos con los datos procedentes de las excavaciones arqueológicas, de las fuentes pictográficas y de las históricas. Es necesario destacar la erudición de la autora, que maneja en este libro una documentación extremadamente amplia y variada. De hecho, junto con su esposo Guy Stresser-Péan, Claude es co-autora de la obra en dos volúmenes Tamtok. Sitio arqueológico huasteco.1 También colaboró de manera estrecha con su esposo en la elaboración de los libros: El Códice de Xicotepec, Los Lienzos de Acaxochitlán y El Sol-Dios y Cristo. La cristianización de los indios de México vista desde la Sierra de Puebla, de reciente aparición en español.2 Es decir que las fuentes de la historia antigua de México no tienen secreto para Claude Stresser-Péan. El excelente manejo de estos materiales, así como de la literatura especializada sobre las diversas temáticas queda demostrado en su obra De la vestimenta y los hombres.

Conformado por cinco capítulos y un anexo, el libro trata de la indumentaria indígena en México, adoptando una perspectiva histórica y empezando con la indumentaria precortesiana (otros dos volúmenes están en preparación).

Intitulado "De la desnudez al vestir", el primer capítulo ofrece un estudio detallado de las principales prendas de vestir utilizadas en el México antiguo. Después de abordar el tema de la desnudez y de mencionar también sus connotaciones rituales, Claude Stresser-Péan trata del taparrabos que los nahuas llamaban maxtlatl: "El taparrabos iba enrollado alrededor de la cintura y pasaba también entre las piernas. Era anudado de tal manera que los dos extremos colgaban al frente, aunque en ocasiones uno de los extremos colgaba al frente y otro por detrás" (p. 32).3 Detecta su origen desde la época olmeca y describe su uso entre varios pueblos mesoamericanos, a excepción de los purépechas. Cita por ejemplo el caso trágico de un indio de Sinaloa que usó su maxtlatl para ahorcarse en 1531. Más adelante señala la prohibición de esta prenda por las autoridades eclesiásticas, ocurrida en 1561 según el Códice de Cholula. Mme. Stresser-Péan expone asimismo la pervivencia del taparrabos entre varios grupos indígenas a finales del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX por ejemplo entre los nahuas de Santa Ana Tlacotenco, los huastecos, los huaves de San Mateo del Mar o los choles de la región de Palenque.

Los hombres llevaban también "una tilma, llamada también manta o manto, [que] es una pieza de tela cuadrada o rectangular, hecha de algodón o de ixtle, y tejida en lienzos. Era suficientemente grande como para tapar el cuerpo del hombre sin lograr empero ocultar del todo su desnudez" (p. 42). Además de sus usos profanos y del hecho de que los diferentes tipos de tilma denotaban la pertenencia al grupo social de sus portadores, Mme. Stresser-Péan destaca las funciones rituales de las mantas que aparecen entre los atavíos de importantes deidades como Huitzilopochtli y Tezcatlipoca. Los reyes también ostentaban esta tilma durante los ritos de entronización.

La parte de este capítulo dedicado a la indumentaria femenina es sin duda una de las más apasionantes del libro. Mme. Stresser-Péan estudia con rigor las faldas, las ceñidores, los huipiles y los quechquemitl que llevaban las mujeres mesoamericanas, analizando los materiales utilizados, los usos, la distribución geográfica y el origen de dichas prendas. El espacio es insuficiente para dar cuenta de la riqueza de los datos reunidos, por lo que me centraré en el huipil y en el quechquemitl. La primera prenda puede ser de diferentes tamaños, algunos son muy largos y amplios como el huipil que lleva la Malinche en El Lienzo de Tlaxcala. Algunos huipiles eran tejidos con algodón y con tochomitl "pelo de conejo". El Museo Nacional de Antropología resguarda un precioso huipil llamado de la Malinche —en realidad data del siglo XVIII— que fue estudiado por Irmgard Weitlaner Johnson. Cito la descripción de Claude Stresser-Péan: "La tela muestra finas rayas verticales de algodón blanco y otras de algodón café conocido como coyuchi. La prenda está compuesta por tres lienzos. Cerca del borde inferior, va ricamente adornado. Los hilos empleados para el brocado y la tapicería son de algodón, lana y seda. El adorno incluye plumón muy fino. El huipil, casi cuadrado, mide 1.08 m. de alto por 1.40 m. de ancho. Caía entonces hasta medio muslo."

Muy novedoso es el estudio del quechquemitl, palabra que viene de quechtli "cuello" y de quemitl "tela" (p. 72). De hecho, este término resulta adecuado, ya que el quechquemitl es una prenda que se lleva alrededor del cuello. Existen diferentes tipos, el de un solo lienzo que es el más antiguo, el quechquemitl hecho con dos lienzos rectangulares, y finalmente el quechquemitl tejido en curva con dos lienzos. Esta última técnica, propia de México, es muy difícil de realizar. Tenemos ejemplos de finales del Clásico en estatuas del sitio arqueológico de Xochitécatl. Ahora bien, este tipo de quechquemitl existe todavía entre los otomíes de Santa Ana Hueytlalpan (Hidalgo) y de San Pablito (Puebla), donde Mme. Stresser-Péan los estudió. En ocasiones se utilizan los quechquémitl para cargar niños, como lo atestigua una figurilla de Xochitécatl y como se hacía en los años 1930 en San Pedro Tlachichilco. Las decoraciones del quechquemitl son muy variadas desde los tiempos prehispánicos hasta nuestros días, y en este libro Mme. Stresser-Péan nos ofrece fotografías de espléndidos quechquemitl procedentes de grupos otomíes, totonacos y nahuas.

La autora aborda a continuación el difícil problema del origen y de la distribución del quechqumitl y demuestra que esta prenda —presente en Nicaragua en el momento de la Conquista pero también en Nayarit— procede del norte de México y que el huipil es originario del sur del país. Por ejemplo, el quechquemitl llegó a la Huasteca en la época clásica y principios del Posclásico junto con la técnica de la metalurgia (p. 86). Para explicar la difusión del quechquemitl, la autora toma en cuenta la preferencia de las mujeres por esta prenda que permite cargar a los niños y que deja los brazos libres para poder moler el maíz y llevar a cabo otras actividades domésticas (p. 88). Como lo señala atinadamente Mme. Stresser-Péan, "El problema de la distribución geográfica del huipil y del quechquemitl es un tema importante que sin duda alguna amerita discusión. En efecto, demuestra cuán estrechamente relacionada está la historia de la indumentaria con la historia de los pueblos, de sus influencias culturales y de sus migraciones" (p. 97).

El segundo capítulo está dedicado al amplio tema de la vestimenta de guerra. Actividad de suma importancia en el México antiguo, la guerra conllevaba todo tipo de prendas y de atavíos que la autora analiza minuciosamente. Nos describe por ejemplo la túnica de los guerreros, que podemos ver en los famosos atlantes de Tula. De hecho, se descubrió en una ofrenda del Palacio Quemado de esta importante ciudad "una túnica adornada con 1 400 plaquetas talladas en concha de espóndilo rojo, materia preciosa por excelencia. Decenas de caracoles del género Oliva hacían las veces de flecos. Naturalmente, la tela se había desintegrado, pero una excavación minuciosa permitió a Adrián Velásquez y a Lourdes Gallardo reconstituir la prenda". Añade Mme. Stresser-Péan que "En realidad, no se trata de una coraza, sino más bien de una túnica muy similar a aquellas portadas por el pequeño atlante o por el dios Tláloc" (p. 101). Existía otro tipo de túnica llamada ehuatl, hecha de algodón, que era colocada sobre la coraza de los guerreros. Algunas estaban adornadas con plumas, como la que lleva Nezahualcóyotl en el Códice Ixtlilxóchitl. En cuanto al ichcahuipilli, éste se trataba de "una prenda [que] era una especie de coraza acolchada de tela de algodón, utilizada por casi todos los guerreros en México para protegerse de las flechas enemigas. Tenía la forma de una túnica sin mangas que llegaba, la mayoría de las veces, hasta medio muslo" (p. 105). De uso general entre los pueblos mesoamericanos, el ichcahuipilli fue pronto adoptado por los conquistadores debido a su eficacia.

Chaleco que se llevaba sobre el torso desnudo, el xicolli estaba muy difundido en el área maya y en la zona mixteca, en donde era de uso común. Ahora bien, Mme. Stresser-Péan destaca la función ritual de esta prenda en el México central, donde es posible encontrarla tanto en personajes con cargos políticos como en sacerdotes. Se halló un xicolli prehispánico en la cueva de La Garrafa (Chiapas) con representaciones de dioses en él. Se encontró asimismo un xicolli de algodón en la ofrenda 102 del Templo Mayor, junto con representaciones de Tláloc. Menciona también la autora la existencia en el Museo de Berlín de un xicolli de fibra de agave, que desapareció durante la guerra (p. 112).

Para completar la descripción de la vestimenta de guerra, conviene añadir las armas o insignias de los guerreros llamadas tlahuiztli. Se trata de verdaderos trajes que pueden llevar yelmo de animales como jaguar, coyote, águila e incluso tzitzimitl, un ser mitológico agresivo. Estas prendas se utilizaban durante el combate. Detecta Mme. Stresser-Péan con perspicacia un posible vínculo entre los tlahuiztli y el fenómeno del nahualismo. Señala al respecto el ejemplo el rey quiché que llevaba un disfraz de águila o de quetzal y que se hubiera transformado en estas aves para enfrentar al conquistador Pedro de Alvarado. Concluye la autora que "El tlahuiztli no es propiamente un traje; es un arma divina" (p. 129).

El tercer capítulo trata el tema del tocado, del calzado y de otros accesorios. Cabe señalar la originalidad de la sección dedicada a los peinados. En efecto, para los nahuas, el cabello constituía una capa protectora que impedía la salida del tonalli, una de las tres almas o entidades anímicas del hombre. De hecho, rapar a una persona representaba un castigo a la vez grave y peligroso para el delincuente. En general se usaba el cabello largo y los distintos peinados denotaban la posición social o el origen geográfico de las personas. Me centraré en el peinado de las mujeres. En efecto, Mme. Stresser-Péan describe con erudición cómo las mujeres mesoamericanas se pintaban el cabello y en ocasiones lo adornaban con hilos de distintos colores, con flores o con plumas. Entre las mujeres mexicas, se acostumbraba "...un peinado consistente en dos mechones retorcidos de cabello colocados sobre la frente, cuya forma se asemeja a la de los cuernos, de allí el nombre de "cornezuelos" dado por los españoles." (p. 147). Era el peinado característico de las mujeres casadas y de las mujeres nobles. La autora menciona a continuación el trauma que representó para los hombres, después de la Conquista, la obligación que les hicieron los religiosos de cortarse el cabello: cita al respecto un interesante pasaje de la obra de Chimalpahin: "Y en aquel entonces raparon a los mexicas tenochcas, que eran los grandes capitanes guerreros, les cortaron sus cabellos de tequihuaque, a los que eran cuacuachictin y otomime así como se acostumbraba antes, todo esto desapareció." (p. 153).

La parte de este capítulo dedicada al calzado representa un modelo de estudio de la indumentaria indígena. Mme. Stresser-Péan analiza con una gran cantidad de fuentes antiguas y modernas los materiales empleados en su elaboración, el origen de las sandalias y su distribución, sus funciones e incluso su uso ritual. Menciona por ejemplo la costumbre de presentarse descalzo frente a los gobernantes y la diferenciación social según la cual los macehuales iban descalzos, mientras que los nobles usaban elaboradas cactli. Cedo la palabra a Mme. Stresser acerca de costumbres que llamaron la atención de los europeos en la época colonial: "En el siglo XVIII, Thierry de Menonville hace aún notar que los indios que vio en su camino entre Veracruz y Oaxaca iban descalzos. Lo divirtió sobremanera haberse encontrado con indios que iban descalzos, acompañados por cochinos calzados de auténticos botines con suela de cuero. La costumbre de proteger las patas de los animales destinados a recorrer largas distancias seguía vigente durante la primera mitad del siglo XX. Así viajaba el ganado que partía de la Huasteca con destino a la Ciudad de México (comunicación personal de Guy Stresser-Péan)." (p. 157).

Acerca del uso ritual, la autora describe entre los mexicas la costumbre que consistía en colocar sandalias al lado del difunto. Ahora bien, cada año a lo largo de cuatro años —el tiempo que tardaba el difunto en llegar a su destino final—, se realizaban ofrendas para ayudar al difunto en su último viaje, ofrendas que consistían en comida pero también en sandalias (p. 163). Aún hoy día entre varios grupos indígenas se depositan en los ataúdes sandalias nuevas de fibra de agave.

El cuarto capítulo está dedicado a los adornos de los tiempos precortesianos. En este caso tampoco dispongo del espacio para comentar cada uno de los apasionantes apartados que conforman este capítulo. Elegí detenerme sobre el uso de las conchas, las cuales como lo explica Mme. Stresser-Péan "...eran portadoras de símbolos. El sonido que eran capaces de emitir, sus colores y sus formas transmitían mensajes a las deidades." Entre las más codiciadas se encuentra el espóndilo, concha de tintes rojos, y los gasterópodos marinos como las distintas conchas que se han encontrados en las ofrendas del Tempo Mayor. La autora analiza distintos atavíos elaborados a partir de concha como el ehecacozcatl, "placa semejante a una estrella, obtenida al cortar transversalmente un estrombo", que llevaba Quetzalcóatl como pectoral y que simbolizaba el remolino de viento (p. 200). También describe el anáhuatl, "un adorno ritual probablemente labrado en un estrombo", que llevan deidades como Tezcatlipoca y también personajes identificados como totonacos que aparecen en El Códice de Xicotepec. Muy detallado es el análisis de los grandes pectorales huastecos en concha, en ocasiones finamente grabados. Con Guy Stresser-Péan, la autora excavó en Vista Hermosa (Tamaulipas), dos entierros en las cuales aparecieron —por primera vez in situ— pectorales grabados, llevados sobre el pecho de dos esqueletos.4 De manera que "Con las conchas más diversas, los antiguos mexicanos tallaban elementos de brazaletes y collares, adornos para los brazos, orejeras, dijes, anillos, narigueras, bezotes, etc. [...] Desempeñaban también un papel sagrado en la medida en que podían generar los sonidos que gustaban a los dioses. El universo del sonido era tan importante como el de los colores." (pp. 210-211).

El último capítulo trata de las distintas técnicas del tejido —el tejido "en forma", el tejido "en curva", el tejido de cuadritos, el tejido confite, el tejido con plumas— así como el uso de telas de sarga, de gaza y otras más. A manera de conclusión la autora nos ofrece una síntesis sobre el papel de la indumentaria indígena en las sociedades precolombinas. Entre otras valiosas observaciones, Mme. Stresser-Péan señala que "...en la sociedad precortesiana, las manifestaciones de coquetería desempeñaban un papel secundario, pues no formaban parte de la concepción estructural de aquella cultura. Ataviarse equivalía, entre los antiguos mexicanos, a una manera de afirmar su acuerdo irrestricto con una sociedad en la cual el ritual religioso y social tenía autoridad sobre todo y sobre todos." (p. 231).

En un anexo —que hubiera podido constituir un pequeño volumen de por sí—, Mme. Stresser-Péan ofrece al lector un extraordinario tratado sobre el "El tejido 'en curva' entre los otomíes del sur de la Huasteca". Fruto de un largo trabajo de campo en el pueblo otomí de Santa Ana Hueytlalpan (Hidalgo), este estudio sumamente detallado está ilustrado con 71 dibujos y 44 fotografías que permiten seguir todo el desarrollo de este complejo proceso técnico. De manera amena, la descripción precisa de la autora va guiando al lector, aún al más lego en la materia. Por añadidura, Mme. Stresser-Péan realizó una extraordinaria película documental sobre "El tejido 'en curva'", que se incluye en el volumen que estamos reseñando.

En suma, Des vêtements et des hommes. Une perspective historique du vêtement indigène au Mexique constituye una obra totalmente original, ya que ni en Francia ni en México existía un libro sobre este tema. Además, como vimos, el libro es el fruto de un gran conocimiento tanto de las fuentes antiguas como de los grupos indígenas actuales. Cabe añadir que la edición francesa a cargo de Riveneuve Éditions está ricamente ilustrada con hermosas fotografías —algunas de la autora y otras inéditas de Bodil Christensen—, con excelentes dibujos de Françoise Bagot y con un prefacio de Miguel León-Portilla. Sin lugar a dudas, Des vêtements et des hommes. Une perspective historique du vêtement indigène au Mexique, de Claude Stresser-Péan se va a convertir en un clásico en el campo de los estudios mesoamericanos.

 

Notas

1 Tamtok. Sitio arqueológico huasteco. Volumen I. Su historia, sus edificios, México, Instituto de Cultura de San Luis Potosí/El Colegio de San Luis/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Instituto Nacional de Antropología e Historia/Centro de Estudios sobre México y Centroamérica, 2001;         [ Links ] Tamtok. Sitio arqueológico huasteco. Volumen II. Su vida cotidiana, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Instituto Nacional de Antropología e Historia/Centro de Estudios sobre México y Centroamérica/Instituto de Cultura de San Luis Potosí/Fomento Cultural Banamex, 2005.         [ Links ]

2 El códice de Xicotepec. Estudio e interpretación, México, Gobierno del Estado de Puebla, Fondo de Cultura Económica/Centro de Estudios sobre México y Centroamérica, 1995;         [ Links ] Los lienzos de Acaxochitlán (Hidalgo) y su importancia en la historia del poblamiento de la Sierra Norte de Puebla y zonas vecinas, México, Gobierno del Estado de Hidalgo/Instituto Hidalguense de Educación Media Superior y Superior/Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo/Centro de Estudios sobre México y Centroamérica, 1998;         [ Links ] El Sol-Dios y Cristo. La cristianización de los indios de México vista desde la Sierra de Puebla, México, Fondo de Cultura Económica/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Centro de Estudios sobre México y Centroamérica, 2011.         [ Links ]

3 Utilizamos la traducción castellana de este libro hecha por Haydée Silva y Ángela Silva, que se encuentra en prensa en el Fondo de Cultura Económica.

4 Véase el artículo "Excavaciones en Vista Hermosa, Municipio de Nuevo Morelos, Tamaulipas (Huasteca)", en Viaje a la Huasteca con Guy Stresser-Péan, Guilhem Olivier (coord.), prólogo de Miguel León-Portilla, México, Fondo de Cultura Económica/Centro de Estudios sobre México y Centroamérica, 2008, p. 196, lám. 42.         [ Links ]

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