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Estudios de cultura náhuatl

Print version ISSN 0071-1675

Estud. cult. náhuatl vol.42  México Aug. 2011

 

Reseñas bibliográficas

 

Cen: Juntamente. Compendio enciclopédico del náhuatl

 

Rodrigo Martínez Baracs

 

México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2009 [disco compacto + 167 p.]

 

La revolución tecnológica, en la forma de vida que estamos experimentando desde fines del siglo XX, particularmente en el campo de las computadoras y la internet, se ha expresado con particular fuerza y determinación en el campo de los estudios históricos, tomados en su sentido más amplio (no separados de la arqueología, de la antropología, de la lingüística, de la geografía, del arte, de la religión, etcétera). Ella, se ha manifestado tanto en el campo de la investigación histórica como en el de las posibilidades de transmisión de los resultados de la investigación.

Las computadoras y la internet han potenciado muy fuertemente las posibilidades de investigación histórica. Escribimos mucho más fácilmente en los procesadores de palabras, nos mandamos nuestros textos y los datos en attachments, encontramos información insospechada en la red, dotada de buscadores magníficos como los de google, enciclopedias como wikipedia, códices, documentos y libros antiguos facsimilares o digitalizados, además de sitios generosísimos como youtube.

Al mismo tiempo, las computadoras y la internet han incrementado y enriquecido enormemente las posibilidades de transmitir rápidamente la información, y de publicar obras muy grandes, que hubiesen ocupado varios libros voluminosos, incosteables. Los historiadores han aprovechado estos progresos, publicando grandes compilaciones de obras inéditas o ya impresas, estadísticas, imágenes, pinturas y códices, que se pueden estudiar con acercamientos y con otros instrumentos muy efectivos. La digitalización de la información permite el uso de instrumentos de búsqueda efectivísimos, y algunas de las nuevas publicaciones digitales (en disco o en sitios de la world wide web), consisten predominantemente en ser instrumentos de búsqueda efectivísimos, antes impensables.

El cambio tecnológico, que realmente es un avance, no ha redundado en una mecanización o tecnocratización del trabajo del historiador (salvo en casos lamentables, como el uso indiscriminado e injustificado del power point). Al contrario, las exigencias de excelencia de la historiografía siguen plenamente vigentes, y junto a los discos compactos y a los sitios de internet, se siguen escribiendo y publicando libros y artículos de historia en papel, algunos magníficos, aunque ahora los libros se distribuyen de manera más eficaz por medio de sistemas como Amazon, que felizmente no han eliminado a las bibliotecas y a las librerías de libros nuevos y usados o antiguos.

El disco compacto que hoy presentamos, Cen: juntamente. Compendio enciclopédico del náhuatl, es el instrumento de búsqueda más poderoso, y también amistoso, existente para el estudio de los textos antiguos en lengua náhuatl escritos con caracteres latinos, así como los escritos en códices pictográficos. Este trabajo impresionante y generoso, que los historiadores y todos los seres humanos agradecemos con entusiasmo, es el resultado de un esfuerzo sostenido a lo largo de muchos años, que llegan a décadas, primero por un investigador, Marc Thouvenot, y cada vez más con la colaboración de colegas y estudiantes mexicanos y franceses, y con el apoyo del Centre National pour la Recherche Scientifique, de Francia, y del Instituto Nacional de Antropología e Historia, de México, editor también del disco citado.

El título de la obra, Cen, es una palabra náhuatl que significa "juntamente" según el Vocabulario de Molina, aunque más frecuentemente se usa como prefijo, cen-, derivado de ce, "uno", que da la idea de unir, juntar cosas o personas. Y CEN son al mismo tiempo las iniciales del subtítulo de la obra, Compendio enciclopédico del náhuatl, que precisamente junta cuatro grandes, poderosísimos, buscadores de textos nahuas:

Primero, un Gran diccionario del náhuatl (GDN) que incorpora la información de 19 diccionarios y gramáticas. El disco incluye enseguida otro diccionario, o más bien Diccionarios de códices mexicanos, Tlachía, que en náhuatl significa "mirar", que sigue los caminos de búsqueda y sistematización de la información pictográfica trazados por Joaquín Galarza (1928- 2004) en sus lecturas de códices. En tercer lugar el disco Cen incluye un Editor de textos en náhuatl, Temoa, que significa "buscar", que permite encontrar la recurrencia de la utilización de ciertos términos en una gran cantidad de textos nahuas manuscritos e impresos predominantemente de los siglos XVI y XVII. Finalmente, y en cuarto lugar, el disco Cen incluye un Analizador morfológico del náhuatl, Chachalaca, "Parlar mucho", que permite adentrarse en la riqueza de las formas de decir las cosas, la sintaxis o "composición", término que resaltan Ascensión y Miguel León-Portilla en las gramáticas de Olmos y de Gilberti (esta última de la lengua michoacana).

El disco Cen incluye en varios lugares un breve texto (en francés y en español), que explica con fuerza y precisión el sentido profundo de la reunión de los cuatro programas y de los materiales que lo componen:

Las palabras, escritas pictográfica o alfabéticamente, son una de las principales llaves para conocer a los hombres que las utilizaron y las sociedades en las que vivieron.

Este entendimiento es más preciso si se conoce la composición de las palabras nahuas (Chachalaca), los sentidos virtuales, que aparecen en los diccionarios (GDN), y sus sentidos reales revelados en sus contextos de empleo (Tlachia y Temoa).

El conocimiento lingüístico de la lengua náhuatl adquiere en esta formulación un sentido no sólo antropológico sino plenamente humanista. Y es muy eliminadora la distinción entre los sentidos virtuales que aparecen en los diccionarios y su realización revelada en sus contextos de empleo, que pueden ser pictográficos o alfabéticos.

Para orientar al lector sobre la riqueza y caminos de este Compendio, el disco está acompañado por un bello librito de 167 páginas en el que se expone, de manera sucinta, "El contenido del Cen", que, como se ha dicho, reune cuatro grandes instrumentos de búsqueda. Tales instrumentos remiten a un gran corpus de diccionarios, textos y códices nahuas, impresos y manuscritos, seleccionados y editados por un equipo de trabajo que, a lo largo de muchos años, lo sometió a un serio y bien pensado proceso de normalización, elaboración y acomodo, lo cual permitió el funcionamiento de los instrumentos de búsqueda.

La inspiración y coordinación general de este pequeño y enorme disco fue de Marc Thouvenot, apasionado del náhuatl y de las computadoras, creador y realizador de los cuatro programas: el Gran diccionario del náhuatl, los Diccionarios de códices mexicanos, el Editor de textos en náhuatl y el Analizador morfológico del náhuatl. El equipo que realizó el Gran diccionario del náhuatl fue coordinado por Sybille de Pury-Toumi, a través del centro de Estudios de Lingüística Indoamericana, el prestigioso CELIA del CNRS francés, que actuó en conexión con el programa Amoxpouhque (Lectores), coordinado por María del Carmen Herrera Meza, de la también prestigiosa Dirección de Lingüística del INAH.

En el Gran diccionario del náhuatl participaron Rossana Cervantes, Jacqueline de Durand-Forest, Marc Eisinger, Daniéle Babout, Carmen Herrera Meza, Patrick Lesbre, Pilar Máynez, Anne-Marie Pissavy, Alfredo Ramírez Celestino, José Rubén Romero Galván, Placer Thibon, Marc Thouvenot, Alexis Wimmer e Isis Zempoalteca Chávez.

En el proyecto Amoxpouhque, además de su coordinadora, participaron Tomás Jalpa, Bertina y Guillermina Olmedo, Alfredo Ramírez Celestino, Ethelia Ruiz Medrano, Marc Thouvenot, Perla Valle, Rossana Cervantes y Jean-Michel Hoppan.

Más allá de los cuatro instrumentos de búsqueda, el disco Cen presenta un corpus textual muy amplio transcrito, establecido y prologado por varios investigadores: Jacqueline de Durand-Forest, Marc Eisinger, Eloise Quiñones Keber, José Rubén Romero Galván, Sybille de Pury, Marc Thouvenot, Alexis Wimmer e Isis Zempoalteca Chávez. Más adelante mencionaré los códices incorporados, prologados, dotados de varios instrumentos de búsqueda y aun con la grabación en audio de los textos transcritos, por Alfredo Ramírez Celestino —lo cual le da una dimensión adicional al disco Cen, la oral, que se agrega a los registros alfabéticos y pictográficos principalmente considerados.

Como dije antes, los cuatro programas fueron creados por Marc Thouvenot, quien recibió el apoyo de Sybille de Pury, Rosario Xochitiotzin, Alexis Wimmer y Lilia Morales para el Analizador morfológico del náhuatl, Chachalaca, y de Paul Fisher para el Editor de textos en náhuatl, Temoa.

También debe mencionarse que Marc Thouvenot, coordinador general de Cen, jugó un papel fundador en el proyecto colectivo Amoxcalli (Casa de los libros), que fructificó con un enormemente valioso disco compacto, recientemente publicado por el Centro de Investigaciones Superiores en Antropología Social (CIESAS), que incluye una gran cantidad de códices y documentos mexicanos conservados en la Biblioteca Nacional de Francia, reproducidos, transcritos, traducidos, anotados y con un diccionario y buscadores.

El Gran diccionario del náhuatl del Compendio Cen incorpora el contenido de 19 diccionarios o gramáticas transformadas en diccionarios, comenzando por el de fray Andrés de Olmos de 1547, y llegando al de 2004 de Alexis Wimmer. Cada uno fue sometido a diferentes tipos de trabajos de elaboración para hacerlo aprovechable en el disco. Por ejemplo, del Vocabulario de Molina de 1571, bidireccional, la parte castellana-mexicana fue convertida en mexicano-castellano, lo cual es una tarea enorme, aun con la ayuda de la digitalización automática y que no exime del trabajo de revisión, que requiere atención intensa y esmerada. Y varias gramáticas, artes, y textos fueron transformados en vocabularios para aprovechar e incorporar su contenido léxico. Es el caso del muy importante Arte de la lengua mexicana de Carochi, de 1645, que fue sometido a un detallado análisis y procedimiento por Carmen Herrera, quien resume de este modo la importancia de esta gramática:

Aunque el Arte... de Carochi no es la primera gramática publicada del mexicano, sino la quinta, se trata de una de las obras más influyentes, junto con la obra lexicográfica de Molina publicada en 1571, en el estudio de la documentación escrita en el náhuatl del centro de México de los últimos siglos. El Arte... consta de cinco libros y entre sus aportaciones destacan el empleo de una ortografía con el registro de diacríticos para las vocales largas y el salto glotal, así como la inclusión del libro quinto al que llama "De los adverbios y conjunciones de la lengua mexicana". Los ejemplos con los que el jesuita da cuerpo a su gramática son una copiosa muestra de una lengua en plena vitalidad y, además de ser formas del mexicano hablado y escrito, son también las equivalencias que un bilingüe competente podría proporcionar en el español de la época.

Enseguida Carmen Herrera explica el proceso al que fue sometido el Arte de Carochi:

Reproducir con la mayor fidelidad posible el conocimiento que Carochi tenía del náhuatl y sus correspondencias en español fue uno de los principales objetivos en la realización de este nuevo diccionario en soporte informático. Por ello, cada una de las palabras con las que se componen los ejemplos del Arte... se analizaron en sus componentes constitutivos, se transformaron en los vocablos que constituyen las entradas de este diccionario y, en todos los casos que fue posible, se recuperó el equivalente español proporcionado por Carochi, o se empleó el que se infiere por su traducción.

Para recuperar la variedad de significados que algunas palabras tienen en sus distintos contextos de empleo, en cada entrada se ordenan acepciones y ejemplos del Arte... a partir de la frecuencia con la que aparecen. Así, en la traducción de tlacatl se lee "hombre / persona / persona de 'x' lugar / gente / qüen -, ¿qué será de 'x'? y al abrir la ficha, en el campo "Comentarios" del GDN, se ven los ejemplo en ese orden, de modo que primero están los casos donde tlacatl se emplea con el significado "hombre" y así sucesivamente. En la introducción al diccionario se da la lista de las abreviaturas empleadas en los distintos campos para facilitar la consulta del usuario.

Quisiera comentar uno por uno los 19 diccionarios, artes (gramáticas) y otros textos incorporados al Gran diccionario del náhuatl, pero tendré que limitarme a mencionarlos: la Gramática y el Vocabulario de Olmos, ambos escritos en 1547; las dos partes del Vocabulario bidireccional de Molina, en la segunda edición de 1571; términos nahuas de fray Diego Durán; el texto náhuatl del Códice florentino de Sahagún; palabras nahuas en el texto español del Códice florentino (el Calepino sacado y ordenado por Pilar Máynez); las gramáticas de los jesuitas Rincón, de 1595, y Carochi, de 1645; las gramáticas nahuas jaliscienses de Guerra, de 1692, y de Cortés y Zedeño, de 1765; el manuscrito 361 del Fondo Mexicano de la Biblioteca Nacional de Francia; inversión náhuatl-español de la parte español-náhuatl del vocabulario de Molina, eslabón posible entre el Vocabulario de Molina, de 1571, y el Dictionaire de Rémi Siméon, de 1885; el Vocabulario de Francisco Xavier Clavijero, de 1780, el primero que incluye la palabra chocólatl, de no segura proveniencia náhuatl; los didácticos diccionarios de autor anónimo del Fondo Mexicano 362 y 362bis de la BNF; los diccionarios de Tzinacapan, 1984, y de Mecayapan, de 2002, y el gran Dictionnaire de nahuatl classique que culminó en 2004 Alexis Wimmer, con más de cuarenta mil entradas, con ejemplos de uso de palabras en contextos.

El Editor de textos en lengua náhuatl, Temoa, es un buscador de cadenas de caracteres propias de la lengua náhuatl en un corpus de una centena de textos incluidos en el disco Cen. Además de los 19 vocabularios y artes y otros textos vocabularizados incluidos en el Gran diccionario del náhuatl, Temoa incorpora versiones paleografiadas digitales de varios documentos del Fondo Mexicano de la Biblioteca Nacional de Francia (Anales Mexicanos, la Tercera y la Octava relaciones de Chimalpáhin, los Manuscritos de Cristóbal del Castillo, los Anales de Tlatelolco, la Historia mexicana, la Crónica mexicáyotl, los Anales de Cuauhtitlan, la Leyenda de los soles, un Testamento), así como varios importantes documentos conservados en otros archivos, como los Primeros memoriales de Sahagún y su equipo, un texto de Olmos, los Huehuetlatolli de fray Juan Baptista, y el índice del Códice florentino de Sahagún y su equipo, realizado por Marc Eisinger, entre otros materiales.

El programa Tlachía (mirar) permite acceder a un conjunto de cincuenta diccionarios diferentes hechos a partir de 28 códices pictográficos, muchos de ellos provenientes del Fondo Mexicano de la BNF. Los códices aquí incluidos, publicados con sus respectivos estudios introductorios, son los de: Amecameca, Huitzilopochco, Tlaxincan-Tlaylo-tlacan, Barrios de Chalco, Tlacotepec, Xochimilco-Huexocolco, Tlatoque Te-nochca, Calpan, Iztacmaxtitlan, Albornoz, Tlaxincan-Tlaylotlacan-Tecpanpa, Totoquihuaztli, Huamuxtitlan, Aperreamiento, Tributos de San Pablo Teocal-titlan, Telleriano-Remensis, Matrícula de Huexotzinco, Códice Palimpsesto Veinte Mazorcas, Mapa de Cuauhtinchan 2, Dioses de los Códices Matritenses, Lienzo de Metlaltoyuca, Matrícula de Tributos, Códice de Tepechpan, Códice de Tepetlaóztoc, Códice de Tepeucila, Lienzo de Totomixtlahuaca, Códice Vergara y Santa María Asunción y Códice Xólotl.

El librito concluye con varias páginas que auxilian al lector en el uso del disco Cen, cuyo manejo, de cualquier manera, no siempre es fácil y rápido, y a menudo el programa se hace lento o se entrampa y se tiene que apagar y hay que volverlo a echar a andar. Nuestras computadoras, o son anticuadas o demasiado modernas, de las que ya ni entrada para disco tienen. De cualquier manera, será bueno que Cen sea un sitio de Internet, para facilitar su utilización y progresiva mejoría técnica y enriquecimiento. Se imprimieron mil discos, pero estoy seguro de que más de mil personas, particularmente hablantes de la lengua náhuatl y estudiosos de ella, deberían de tener acceso fácil a este valiosísimo instrumento. "Subirlo" a Internet facilitará la resolución de los engorros técnicos, y permitirá mejorar las búsquedas. Sin duda, como en Wikipedia, hará posible que los usuarios propongan nuevas fuentes, procedimientos e interpretaciones, que sean periódicamente revisados, considerados e incorporados por un equipo permanente de editores (que podrían seguir patrocinando el INAH y el CNRs), que, por ejemplo, incorporaran la presencia de la raíz chocola- en el Diario de Chimalpáhin, en 1612, y en el compendio del Arte de Carochi que hizo en 1759 el jesuita Paredes, así como la discusión actual, entre Karen Dakin y otros lingüistas, sobre el origen náhuatl o no del término chocólatl. Cen es el resultado enormemente valioso de un esfuerzo colectivo muy meritorio, que debe continuarse. Cen debe mantenerse vivo, incorporado al saber común de la comunidad humana.

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