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Estudios de cultura náhuatl

Print version ISSN 0071-1675

Estud. cult. náhuatl vol.42  México Aug. 2011

 

Reseñas bibliográficas

 

Tlalocan. Revista de fuentes para el conocimiento de las culturas indígenas de México

 

Ascensión Hernández de León-Portilla

 

México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Filológicas, Seminario de Lenguas indígenas, v. XVI, 2009, 286 p.

 

La salida de un número más de Tlalocan enriquece el corpus de textos orales y escritos en lenguas vernáculas mesoamericanas. Desde su fundación en 1943, Tlalocan ha dado a conocer en cada volumen varias de las lenguas del México antiguo, a través de documentos escritos y de relatos recogidos de la tradición oral, en muchos de los cuales se conserva el sustrato cultural mesoamericano de los pueblos que hoy integran la República Mexicana. Puede decirse que la revista ha cumplido los fines para los que fue fundada en 1943. En aquel año, Robert Barlow y Georges Smisor dieron vida a Tlalocan en La Casa de Tláloc, en Sacramento, California. Los fundadores dejaron claro el espíritu de la nueva publicación en el primer volumen con palabras de García Icazbalceta:

Cada día echa mayores raíces en mi ánimo la convicción de que más se sirve a nuestra historia [...] con publicar documentos inéditos o muy raros que con escribir obras originales, casi nunca exentas de deficiencias y errores.1

Pronto, la Casa de Tláloc se mudó a Azcapotzalco, en la ciudad de México, al domicilio de Barlow. Allí se hizo el segundo volumen, pero al morir Barlow en 1951, la revista quedó en manos de Fernando Horcasitas e Ignacio Bernal, patrocinada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Con penurias y dificultades siguió saliendo hasta que en 1977, Horcasitas y Miguel León-Portilla empezaron a editarla en la Universidad Nacional Autónoma de México. Al morir Horcasitas, Karen Dakin y Miguel León-Portilla la tomaron en sus manos. Finalmente, en 1997, Karen quedó al frente de ella, con la colaboración de los miembros del Seminario de Lenguas Indígenas del Instituto de Investigaciones Filológicas, como se dice en la primera página de cada uno de los números de la revista.2

Recuerdo estos datos para señalar que Tlalocan ha pasado por muchas manos que le han aportado energía y esfuerzo hasta llegar a ser única en su estilo, que es el de publicar, con rigor académico y amplitud de miras, textos escritos, a veces ocultos y difíciles de consultar, y asimismo nuevos textos de múltiples lenguas, siempre de profundo contenido cultural. Creo que todos los editores han contribuido a dar a la revista el perfil de ser un repositorio de documentos de gran interés lingüístico, filológico e histórico. Así lo expresó Fernando Horcasitas cuando en 1977 recordó la historia de Tlalocan: "[Nuestro propósito es reunir] materiales que lleven a una comprensión y apreciación de los pueblos indígenas, a menudo romantizados de la manera más grotesca o menospreciados hasta por sus propios descendientes".3

El espíritu de la revista resalta claramente en este volumen XVI. En él se publican seis textos en lenguas mesoamericanas de tres troncos lingüísticos: zapoteco y otomí del tronco otomangue; mixe, del tronco mixe-zoque; yaqui y cora del tronco yutonáhuatl. Asimismo, se incluyen dos estudios de documentos de índole histórica. A continuación se describen brevemente cada uno de ellos con objeto de valorar su contenido y resaltar el trabajo lingüístico y filológico de los autores y sus colaboradores.

El primer grupo de textos lo forman creaciones literarias de dos lenguas otomangues: el zapoteco del Valle y el otomí. Todos ellos son narraciones breves, algunas tomadas de la tradición oral; otros son creaciones individuales. Los del zapoteco provienen del Colectivo Literario de San Lucas Quiaviní, municipio de Tlacolula, y están presentadas por Mario E, Chávez Peón y Román López Reyes. Ambos firman en representación de un grupo de casi veinte miembros y ofrecen una "Introducción" muy interesante, ya que en ella se recoge la historia del grupo, el origen, la finalidad, y el método de trabajo. Recuerdan que surgieron de la telesecundaria de la comunidad, animados por el profesor Román López Reyes; que ya han recogido un valioso material y que han ampliado sus conocimientos lingüísticos trabajando con profesores universitarios. Es más, estos autores participaron en el Coloquio María Teresa Fernández de Miranda en 2008. Recuerdan también su tarea; la de "una constante discusión literaria a manera de taller de poesía para después realizar una meticulosa revisión a nivel ortográfico." (p. 19).

Los textos del taller de San Lucas son cuatro poemas y un cuento, todos ellos breves y de pincelada intensa, en versión bilingüe. El primero es Aurora, de Rosa Alba López Martínez. En dos estrofas, la autora se sirve del amanecer para expresar un momento de bienestar y de armonía con el mundo que nos rodea, momento que el ser humano persigue y que sólo a veces logra; en el segundo poema, Atardecer, Cristina Hernández Morales logra captar el instante en el que el ser humano alcanza una comunión con el ser amado: el mundo se detiene, la noche se alarga, y al fin, llega el amanecer; uno más, Noche de tempestad, de Irma Yolanda García Martínez, recoge la angustia que a veces nos invade, simbolizada en una tempestad negra; el cuarto, Siempre te recuerdo, de Gerardo González Curiel, es el dolor del primer amor recreado en el largo recorrido de la ausencia. Los cuatro recogen momentos trascendentes en el sentir del ser humano, narrados con lirismo y fuerza. Finalmente, el cuento La alerta de los grillos, de Lorenzo Martínez Hernández y Ramón López Reyes, es una metáfora de una realidad social de nuestros días, el abandono de la morada por la pobreza: una noche de luna, los grillos se apoderan de la casa de una familia humilde. La abuela interpreta el hecho como una desgracia. Vinieron las desdichas, la abuela muere y la familia emigra; en el silencio de la noche, en la casa abandonada, sólo se escuchan las pisadas de los abuelos. La historia es un problema social hecho poesía.

Los relatos del Colectivo de San Lucas son, sin duda, una aportación a la literatura mexicana moderna. Pero más allá del valor literario, sus autores son ya un poco filólogos y lingüistas y lo muestran en el "Análisis lingüístico" que ofrecen de los cinco relatos, distribuidos en cuatro líneas, cada una de ellas con una forma: en la primera, la forma hablada; en la segunda, la forma morfológica; en la tercera, el análisis de palabras y morfemas; en la cuarta, la traducción concatenada. En estas líneas muestran un conocimiento de las estructuras de la lengua, además de un interés fonológico y ortográfico envidiables; no es sólo saber usar bien su lengua y con ella expresar sentimientos y vivencias con bellas palabras, sino también saber valorar un texto y, a través de él, penetrar más en su lengua y saberlo comunicar a través de una escritura práctica, asequible. En la exposición y tratamiento de los textos, el Colectivo de San Lucas adquiere un perfil propio y promete ser un foco capaz de dar luz al quehacer de otras comunidades que se preocupan por salvaguardar sus lenguas, cultivarlas y prestigiarlas.

El otro texto de lenguas otomangues es El Camaleón, Nor Kamalio, recogido por Enrique Palancar de labios de Anastasia Cruz Vázquez, hablante de otomí de la comunidad de San Ildefonso Tultepec, al sur del Estado de Querétaro.4 Según nos dice el autor, el texto es una narración oral espontánea tomada en seis minutos de conversación. Seis minutos que dan para mucho trabajo y mucho análisis, como puede verse en el texto. La narración, nos dice Enrique, contiene una historia que gira en torno a una de las propiedades adscritas a un animal, una iguana pequeña, que en otomí se llama kamalio, camaleón. La propiedad, según la creencia otomí, es que el tal animalito es el rey de los animales, a quien todos obedecen; y así, la historia nos lleva a un circo donde el kamalio y su dueño van a ver la función. En el circo, cuando a los animales les toca el turno de actuar, éstos no obedecen al domador sino al kamalio y el propietario del circo, sabedor de la posibilidad de la presencia de tal animal, lo busca. Tiene que llegar a un acuerdo con el dueño del animalito y tiene que darle la mitad de las ganancias del día para que abandone la función; aún más, le tiene que entregar parte también a un amigo que le acompaña. Finalmente se van y el circo sigue su función.

Destaca Enrique que en el cuento no hay castigo y que esto rompe el perfil de los cuentos otomíes. Efectivamente así es y quizá el sentido del texto hay que buscarlo en la intención final, que es la moraleja que en él se contiene: saber reconocer y aun pactar con los muchos vivales y vividores que hay por el mundo, cuya sabiduría y gracia consiste en extorsionar con disimulo. Si así fuere, estamos ante una fábula o apólogo, es decir, una narración breve, en prosa, en la que se suele hacer una crítica y en la que suelen intervenir los animales.

Como es bien sabido, el género procede de la India y pasó a las lenguas romances en la Edad Media.5 En este contexto, cabe recordar que a México pasaron muchos cuentos europeos como el de la Doncella y la fiera, Cizuonton uan yolhcatl, en náhuatl, recogido en Tepoztlán por Pablo González Casanova, (1889-1936), en el cual, la bestia, al ser amada, se transforma en un príncipe.6 Este famosísimo cuento, de Jeanne Marie Leprince de Beaumont (1711-1780), hunde sus raíces en la fábula de Amor y Psiquis, recogida en el Asno de oro de Lucio Apuleyo, quien vivió en el siglo II d. C. y alcanzó fama en la Antigüedad. En fin, no sería rara la existencia de un género literario en lenguas indígenas inspirado en fábulas occidentales, pero tampoco este género es ajeno a la propia literatura oral del posclásico. Un ejemplo de ello lo tenemos en los textos de animales que recogió Sahagún en el libro XI de su Historia general de las cosas de Nueva España, en el cual, como en las fábulas de la India, los animales piensan, hablar y actúan como humanos y nos enseñan una moraleja.7

En fin, la disquisición ha sido larga y sólo cabe añadir que Palancar, en el apartado "Texto original", presenta un análisis lingüístico penetrante, siguiendo el modelo de las cuatro formas: lengua hablada, forma morfológica, glosado morfológico y traducción concatenada. Otro dato, digno de ser resaltado, es el alfabeto, cercano al tradicional, con los elementos innovadores necesarios que el autor explica en notas.

De las lenguas otomangues pasamos a las mixe-zoques representadas por el relato La serpiente petate, recogido por Rodrigo Romero Méndez de labios de la señora Irene Galván Morales. Está narrado en la variedad de Ayutla y es un relato que corre en la literatura oral, lo cual no resta mérito a la capacidad expositiva de la narradora. El texto va precedido de una amplia "Introducción" en la que el autor ofrece al lector, además de las coordenadas de espacio y tiempo, muchos datos valiosos sobre este dialecto sureño del mixe, lengua de tipo polisintético, rica en afijos. Asimismo, el autor añade información sobre el inventario de fonemas, los prefijos de persona y los sufijos de aspecto-modo en el verbo, además de otros rasgos morfosintácticos. En suma, la introducción es una breve pero sustanciosa síntesis de información morfológica que ayuda mucho al lector.

La Serpiente petate es un cuento, a primera vista, oscuro, aunque al final, no lo es tanto. En él se cuenta que había un pozo grande y que en él habitaba una serpiente grande de petate blanco y negro. Un día, una niña y un niño jugaron y brincaron en el petate, desobedeciendo al abuelito. El petate envolvió a la niña, que ya era señorita, y se la llevó. Al cabo de un tiempo volvió la niña con una cajita negra y le dijo a su mamá que no la tocara. La niña se fue a lavar la ropa y su mamá abrió mientras la caja y salieron muchas víboras chiquitas: eran las hijas de su hija. Después de lavar, la hija le dijo a su mamá: "tu yerno te va a traer leña". Y se fue. Vino la tempestad, la lluvia, el trueno, el relámpago y se juntó la leña detrás de la casa. Sin duda el relato nos remite al hecho de que en el mundo mesoamericano la serpiente es el dios de la lluvia, del trueno, del relámpago y de la tempestad y también de la fertilidad; que además tomó forma de petate en algunos pasajes de la historia, por ejemplo, cuando Quetzalcóatl abandona Tula y se va al oriente en un barco de serpientes de petate.8 La narración recogida entre los mixes es una prueba de las vivencias mesoamericanas en nuestro presente. En suma, y como final, hay que recordar el análisis lingüístico de la narración que Rodrigo presenta en cinco formas: la primera el relato tal y como aparece en la lengua hablada; la segunda, el análisis morfológico; la tercera, las glosas de los morfemas; la cuarta, traducción al español; la quinta, traducción al inglés. Todo un sistema para entender el texto desde múltiples posturas y hacerlo asequible y fácil.

El tercer cuerpo de textos lo forman varias narraciones en dos lenguas de la familia yutonáhuatl, yaqui y cora. Todos ellos tienen en común que son parte de la tradición oral y desde ahora son ya parte de la tradición escrita. Los textos yaquis se presentan en dos ensayos: el primero se debe a Lilian Guerrero y en él se da a conocer una colección de recetas de cocina; el segundo, a Zarina Estrada, Manuel Silva y Crescencio Buitimea y versa sobre un género de la literatura oral, el discurso pascola. Veamos brevemente ambos.

Lilian titula a su trabajo Siak bwa'ame. Textos de la cocina yaqui, recogidos de labios de tres buenas cocineras, Aurelia Mendoza, María Luisa Buitimea y María Luisa Flores con otros miembros de la familia, en Estación Vicam, Sonora. Pero, para hablar de cocina, hay que saber antes de la lengua y Lilian antepone una "Introducción" en la que informa de la filiación de la lengua hablada por los yoeme, "gente", habitantes de un valle fértil en medio de tierras secas. Nos acerca al yaqui a través de cuatro partículas que son marcadores discursivos y recurrentes en los textos recogidos. De ellos define su naturaleza y valor según su posición y con ellos entra en cinco textos que son: Wakabaki, cocido de res; koko'i waki, carne con chile, ainam tajkaim, tortillas de harina; koko'i nojim; tamales de carne con chile, y, abai nojim, tamales de elote.

¿Qué podemos decir del contenido de estos textos? Que nos dan entrada a una de las grandes manifestaciones de la cocina norteña, en la cual el mundo de la carne, se mezcla con el chile y los tamales, inventos mesoamericanos. Destaca Lilian la riqueza histórica y lingüística que en estos textos se guarda; al leerlos, cualquiera pensaría también en la importancia de los préstamos como ainam, harina; papam, papas; lechim, leche y waka, carne de vaca. Este préstamo es muy importante pues rompe con el uso más extendido en México, la palabra res. Habría que buscar el origen y probablemente sabríamos algo más de la historia culinaria del sur de Sonora. Por último, destacaré la parte del análisis lingüístico, presentado en cuatro formas: forma hablada; forma morfológica; identificación y traducción de cada morfema; por último, traducción concatenada.

El artículo de Zarina Estrada Fernández, Manuel Carlos Silva Encinas y Crescencio Buitimea Valenzuela se intitula El discurso de los pascolas entre los yaquis de Sonora, México. ¿Quiénes son lospascolas?, es la primera pregunta. Los autores la contestan con detalle y esmero en una larga "Introducción" que es, en realidad, un breve tratado de etnología lingüística enfocada en las fiestas de los yaquis, el pascola, o más bien los pascolas, pues suelen actuar tres juntos, son personajes que representan un discurso propio, jocoso, imaginativo y teatral en las fiestas yaquis, en especial la Semana Santa, la Pascua. Para describir el discurso, informan sobre el origen y la naturaleza de las festividades yaquis, de los personajes que actúan en ellas, bailes, vestimenta, instrumentos musicales y muchas cosas más. Pero el núcleo del trabajo es el estudio de los géneros discursivos, tanto sagrados como profanos, el ritual y el contexto. Suele ser éste la narración de cuentos e historias llenas de humor y bromas, de pantomimas, de juegos de palabras en español y yaqui, a veces narraciones llenas de ficción, de improvisación. Aunque piensan ellos que no es fácil trasladar este discurso a la representación escrita, lo hacen escogiendo fragmentos de narraciones. Cada fragmento es sometido a un análisis lingüístico penetrante que representan en tres líneas y en tres formas: en la primera línea se presenta la oración tal y como se escucha en la lengua hablada con una ortografía asequible. En la segunda se identifican palabras y morfemas y, en la tercera, se traducen al español. Mérito del trabajo es sin duda, hacer posible un acercamiento a los pascolas; el lector los escucha y los imagina e inclusive puede entender algunas de sus frases sin saber la lengua.

Finalmente y dentro de las lenguas yutonahuas, Verónica Vázquez nos presenta el Ray: una probadita de cora meseño, en colaboración con Juan Flores e Isabel de Jesús López. El Ray o Rey es una narración recogida en Santa Cruz de Guayabel, en la Mesa del Nayar, en los días de preparación de la Semana Santa, fiesta muy importante para los coras. El narrador es Juan Flores, autoridad en la fiesta y buen narrador. En el relato se recoge una historia de la tradición oral, en la que una víbora pide cada día comer a un ser humano. El rey manda a sus soldados, pero no logran matarla. En la comunidad había un niño que había matado a una víbora y el rey le pide que la mate y se casará con su hija. Con ayuda de un perro, el niño lo logra, le clava una flecha en el corazón. En una segunda parte, un viejito se hace pasar por el héroe y engaña a todos. El día de la boda del viejito y la hija del Rey, el perro se lleva la comida del plato de la novia y los soldados le siguen. El niño le pide al perro que vomite la lengua de la víbora y se descubre la verdad.

Este relato, que está narrado a ritmo de oralidad, está precedido de una "Introducción" muy extensa, en la cual Verónica Vázquez nos introduce en dos contextos esenciales para la interpretación del cuento. El primero es la, la interpretación histórica y filológica dentro de la literatura cora, con fondo mesoamericano. El niño entre los coras es un héroe cultural que simboliza la estrella de la mañana que mata a la serpiente marina con su flecha cada día y la ofrece como comida al dios solar. Como héroe cultural se correlaciona con otros niños protagonistas de cuentos zapotecos, huaves y chontales. Pero, además, este niño, de viejísima raíz cora, se mezcla con las historias medievales, concretamente la de Tristán, quien mata al dragón y le saca el corazón. Una vez más, se puede constatar que los relatos europeos pasan a América y aquí renacen con nuevas formas y contextos propios. O dicho con palabras de la autora: "Hay que mostrar que las culturas originarias del continente han estado escuchándonos desde hace siglos y que su oído ha dado lugar a diferentes versiones donde se ha creado una combinación muy particular entre motivos occidentales y motivos mesoamericanos" (p. 172).

El segundo contexto es totalmente lingüístico y se desarrolla alrededor de un conjunto de rasgos sintácticos de la lengua que giran alrededor de varios elementos: orden básico de constituyentes, estructura de la información y tipos de concordancia, así como alineamiento y narración de argumentos. Otro dato importante que hay que destacar es el apartado sobre ortografía y traducción al español. Advierte ella que usa una ortografía práctica, accesible a los coras meseños y adecuada para la alfabetización y enseñanza bilingüe. Pero hay que señalar que, al describir esta ortografía, ofrece una descripción fonética-fonológica muy completa de la lengua. Para la presentación del texto adopta cuatro formas: forma hablada en escritura práctica; representación morfémica; traducción glosa por glosa; y traducción con continuidad y sentido.

Finalmente, la parte documental está integrada por dos textos. El primero, de Davis Charles Wrigth Carr, versa sobre "El calendario mesoamericano en las lenguas otomí y náhuatl". Es un trabajo de reconstrucción de uno de los logros más importantes de la cultura mesoamericana: el calendario. El autor se beneficia del método comparativo y ahonda en varias fuentes escritas en las que se registran datos de la cultura otomí, especialmente el Códice de Huichapan. Con ellas teje una red de datos sobre los cuales reconstruye el nombre y significado de las veintenas y los días, es decir el calendario adivinatorio y el solar. Su método es analizar cada uno de los conceptos y vocablos de días y veintenas. En el análisis queda al descubierto la composición de la palabra y su estructura morfológica a la vez que el significado. El significado es la llave para establecer una relación semántica entre los términos de los calendarios otomí y náhuatl y de esta manera el autor enriquece el conocimiento del calendario otomí. Pero, concluye Wright, "es necesario hacer más estudios comparativos, ya que el calendario mesoamericano es translingüístico y transcultural" (p. 243).

El segundo y último texto es también de reconstrucción documental. Se debe a Michel Oudijk y María Castañeda de la Paz y se intitula "El uso de fuentes históricas en pleitos de tierras: la Crónica X y la Ordenanza de Cuauhtémoc". Sobre la Crónica X mucho de ha escrito desde que Robert Barlow lanzó la hipótesis de su existencia como fuente, escrita en náhuatl, de varios cronistas. Los autores proponen que es posible identificarla con un documento del Archivo de Indias que fue utilizado como prueba en un litigio de tierras entre los naturales del pueblo de Nuestra Señora de Guadalupe y los de Santiago Tlatelolco. Para mostrar su hipótesis, ofrecen un análisis del documento contrastado con pasajes de varios cronistas, análisis que muestra la similitud y concluyen que el documento del Archivo de Indias (México, 791, legajo 17, fojas 60v-65r) es una versión en español de la famosa Crónica, guardada por siglos en el pueblo de Tlatelolco.

En este mismo legajo del Archivo de Indias identifican ellos otro documento que guarda similitud con el llamado Ordenanza del Señor Cuauhtémoc, elaborado en papel de amate con pinturas y glosas en náhuatl. Una comparación detallada del contenido geográfico-histó-rico muestra la semejanza de ambos documentos, por lo cual los autores piensan que la Ordenanza se elaboró a principios del siglo XVIII para ser usada en un litigio de tierras. Es más, sugieren que inclusive puede ser considerada como un "Título primordial" de los muchos que se prepararon en el siglo XVIII como pruebas en los litigios de tierras. Para probar su tesis, presentan un fragmento del documento que coincide con una parte de los Anales de Tlatelolco. Concluyen que Tlatelolco guardaba muchos documentos y que, para su alegato con los de Guadalupe, utilizaron parte de la Crónica X y de la Ordenanza. El análisis de los textos les permite adentrarse en el "fascinante y complejo proceso de creación, elaboración y uso de manuscritos" para diversos propósitos, en este caso para litigios de tierra. En efecto, la riqueza documental de la Nueva España es fascinante y los historiadores tienen un campo abierto casi infinito para transitar por ella.

Pero hay algo más en el volumen XVI de Tlalocan: una reseña firmada por Carmen Herrera sobre un libro fundamental en este campo abierto del que hablamos. El libro es de Brígida von Mentz y su título es Cuauhnahuac, 1450-1675. Su historia indígena y documentos en mexicano. Cambio y continuidad de una cultura nahua, publicado en 2008 por Miguel Ángel Porrúa. Es un volumen de 555 páginas con mapas, cuadros, tablas, índices y láminas de los documentos estudiados. La lectura cuidadosa de Carmen Herrera nos muestra muchos significados del libro, todos ellos de gran interés: en primer lugar como corpus de documentos preciosos para conocer el pasado; como registro del cambio —social, político, institucional, familiar— que se produjo al establecerse un nuevo orden después de la Conquista. Y desde luego, como fuente para documentar el cambio de la lengua por influencia de la escritura, hecho que permite a Von Mentz documentar el surgimiento de un náhuatl de escribanía y otro de doctrina, que influyen en la evolución de la lengua. En suma, la reseña de Carmen sobre el libro de Brígida es un final venturoso para este número de Tlalocan, tan rico en lenguas y textos.

En síntesis, este volumen es en realidad un valioso corpus de textos en los que se guardan varias lenguas y culturas de los pueblos mesoamericanos, textos recogidos con dedicación, esmero y amor en trabajo de campo y de archivos. La tarea es obra de autores e informantes trabajando codo con codo. Todos ellos logran dar vida a relatos y hechos históricos escondidos y los convierten en letras sobre papel para que muchos podamos leerlos, recrearlos e imaginarlos. Logran además, estudiarlos desde un punto de vista histórico, filológico y lingüístico, conforme a las modernas corrientes de investigación. Filología, historia y lingüística se armonizan para lograr un estudio completo de los textos. Esta triple vertiente de estudio le ha conferido un estilo a la revista desde su fundación, estilo que se ha ido afinando más y más, como puede verse en este volumen. Tlalocan siempre ha sido un foro abierto al rescate y estudio de textos con un estilo propio que lleva a la comprensión integral de Mesoamérica pre y poshispánica.

 

Notas

1 "Introducing Tlalocan". Apud Fernando Horcasitas, "Para la historia de la revista Tlalocan", en Tlalocan. Revista de fuentes para el conocimiento de las culturas indígenas de México, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 1997, v. 7, p. 12.         [ Links ] Más información sobre la historia de la revista en Miguel León-Portilla, "Fernando Horcasitas Pimentel (1925-1980) en la historia de Tlalocan", Tlalocan, 1982, v. 9, p. 11- 37.         [ Links ]

2 Más información sobre Tlalocan en Ascensión Hernández de León-Portilla, Tepuztlahcuilolli. Impresos en náhuatl, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1988, v. I, p. 176.         [ Links ]

3 Fernando Horcasitas, op. cit., p. 18.

4 El cuento puede ser considerado parte de una extensa investigación llevada a cabo por Palancar en dicha comunidad, plasmada en su libro, Gramática y textos del hñöñhö otomí de San IldefonsoTultepec, Querétaro, Universidad Autónoma de Querétaro/Plaza y Valdés, 2009, 2 v.         [ Links ]

5 Helena Beristáin, Diccionario de retórica y poética, 8a. ed., México, Editorial Porrúa, 1997, p. 297.         [ Links ]

6 Pablo González Casanova, "Un cuento mexicano de origen francés", en Ascensión Hernández de León-Portilla, Estudios de lingüística y filología nahuas, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1977, p. 189.         [ Links ]

7 Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España. Primera versión íntegra del texto castellano del manuscrito conocido como Códice florentino, introducción, paleografía, glosario y notas de Alfredo López Austin y Josefina García Quintana, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Alianza Editorial Mexicana, 1989, libro XI, capítulo 1. En los párrafos segundo y quinto de este capítulo se narran historias de un coyote y del mono que piensan y hablan.         [ Links ]

8 Fray Bernardino de Sahagún, op. cit., libro III, cap. XIV.

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