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Estudios de cultura náhuatl

Print version ISSN 0071-1675

Estud. cult. náhuatl vol.41  México Nov. 2010

 

Reseñas bibliográficas

 

Ascensión y Miguel León-Portilla, Las primeras gramáticas del nuevo mundo

 

Frida Villavicencio

 

México, Fondo de Cultura Económica, 2009.

 

En 1547, año en que acaece la muerte de Hernán Cortés y se registra el nacimiento de Miguel de Cervantes Saavedra, en el pueblo de hueytlalpan ubicado en la región totonaca, fray Andrés de Olmos terminaba de componer su Arte de la lengua mexicana, la primera descripción completa con la que contó esta lengua. Nueve años más tarde, en 1558, el mismo año en que moría el emperador Carlos V, quien entre sus muchas posesiones contaba con las "Indias islas y tierra firme del Mar Oceano", salía a la luz el Arte de la lengua de Michuacan compuesto por fray Maturino Gilberti. Fueron estas las primeras gramáticas del nuevo mundo; de su valor y significación nos dan noticia Ascensión hernández y Miguel León-Portilla en un libro que ha aparecido como parte de la colección Centzontle, del Fondo de Cultura Económica.

Con prosa sencilla y amena que tiene como trasfondo la erudición, los autores nos introducen en el contexto en el que estas obras fueron producidas: la etapa inmediatamente posterior al descubrimiento de América, momento en el cual dio inicio "el largo proceso que significó el Encuentro de Dos Mundos". A partir de este momento grupos humanos provenientes de ambos lados del Atlántico con lenguas y culturas muy distintas empezaran a relacionarse de manera sistemática; dicha relación se caracterizó por un constante ir y venir de influencias culturales, entre ellas —nos hacen notar los autores— "las de carácter lingüístico tuvieron trascendental importancia." De este intercambio eran plenamente conscientes aquellos primeros gramáticos y así lo expresaron; Maturino Gilberti, anotó al inicio de su Arte: "En el nombre del señor comiença el arte de la lengua de Michuacan: por donde muy fácilmente los españoles podrán tomar la lengua de los indios, y los indios la de los españoles" (Gilberti [1558] 1987:10).

Los que llegaron se encontraron ante un asombroso caleidoscopio de lenguas y culturas; tal diversidad representó un reto no menor, la conquista de los nuevos territorios y la evangelización de los pobladores que en ellas habitaban requerían asegurar la comunicación entre unos y otros.

Como nunca antes en la historia universal —subrayan los autores—, se acometió una extraordinaria empresa lingüística dirigida a captar y describir las características fonológicas, léxicas y estructurales de muchos idiomas nativos. En tal empresa participaron conjuntamente los hablantes de ellos y buen número de frailes misioneros (León-Portilla 2009:12)

El afán puesto en la elaboración de artes y vocabularios respondió a un fin práctico, apoyar la labor evangelizadora y llevar la doctrina cristiana a los naturales. Estas obras formaron parte de un vasto conjunto de textos que, además de artes y vocabularios, incluyó cartillas, doctrinas y catecismos. Conocer la lengua de los naturales para poder entender cabalmente los "negocios espirituales y corporales" de la nueva grey fue una necesidad sentida y los primeros trabajos gramaticales se consagraron a satisfacerla:

De todos está visto y entendido, quan gran daño y inconveniente experimentamos en esta tierra, assi en lo temporal como en lo espiritual: por falta de no entender bien la lengua destos naturales: porque puesto caso que la piedad Evangélica (por la qual fuimos embiados) nos constriñe a entender en sus negocios espirituales y corporales, muy mucho no estorua la ignorancia de la lengua (Gilberti, Arte [1558] 1987:11)

Pero no se piense —advierten los autores— que el trabajo lingüístico realizado por los frailes fue de aficionados. Por el contrario, todos ellos tenían una sólida formación y conocían tanto a los autores clásicos (mediante los cuales estudiaban latín y griego) como los contemporáneos, especialmente a Antonio de Nebrija (c 1492 - 1522). Este bagaje cultural se encuentra en la base de los trabajos de corte lingüístico realizados durante este periodo para las lenguas indoamericanas.

Por otra parte, Ascensión y Miguel León-Portilla también llaman nuestra atención sobre el hecho de que las obras analizadas en este libro formaron parte de una bien orquestada estrategia de evangelización. Éstas fueron las primeras gramáticas producidas para lenguas del Nuevo Mundo; después de ellas, durante el siglo XVI se realizarían trabajos gramaticales para el quechua, zapoteco, maya, tzeltal, mixteco y tupí-guaraní (aunque algunas de estas obras permanecerían como manuscritos). Por este hecho, ambas fueron obras ejemplares que abrieron brecha, trazaron rutas y sentaron un precedente para los estudios que sobre otras lenguas del continente se habrían de producir con profusión durante todo el periodo colonial.

Después de esta breve, densa e interesante introducción, los autores se ocupan de cada una de las Artes siguiendo un formato paralelo (aunque no idéntico) que da noticia del autor y realiza un análisis minucioso de su obra. El formato elegido permite al lector conocer cada una de las Artes en sí misma y, al mismo tiempo, lo invita a realizar diversas asociaciones, cotejos y comparaciones.

De la información que los autores nos proporcionan, sabemos que tanto Olmos como Gilberti, además de franciscanos, fueron hombres de su época: políglotas natos, llegaron a dominar varios idiomas nativos1 y fueron reconocidos como grandes conocedores de las lenguas de las que se ocuparon (el náhuatl, y la lengua de Michoacán respectivamente). Por otra parte, el empeño que ambos autores pusieron en la realización de su trabajo lingüístico no fue obstáculo para que realizaran una intensa labor misionera en vastas regiones de la Nueva España.

Tanto Olmos como Gilberti se formaron dentro de la tradición que representaba el estudio del griego y del latín, y también ambos trabajaron dentro del marco que les proporcionaba la propuesta de Nebrija de quien toman las categorías gramaticales; sin embargo ninguno de ellos lo calcó. Ambos mostraron una asombrosa sensibilidad a su objeto de estudio y fueron, ante todo, fieles a la lengua que describieron, esto fue lo que los llevó a proponer soluciones innovadoras para dar cuenta de sus respectivas lenguas.

Olmos, el precursor, rompe con el orden propuesto por Nebrija y ofrece una nueva arquitectura, divide su Arte en tres partes (y no en cinco como lo había hecho aquél). Gilberti, a su manera, lo sigue: también organiza su Arte en tres partes aunque con diferente contenido. Cada uno resuelve como mejor conviene a la lengua que estudian.

Olmos presta especial atención al pronombre y a otros recursos denotativos del náhuatl. Se ocupa con profusión del verbo, categoría que considera central a la lengua "porque en ellos (los verbos) consiste toda la armadura del bien hablar". un aspecto que los autores destacan respecto de Olmos es el hecho de que fue él (y no Carochi) el primero en considerar los adverbios.

Gilberti, por su parte, presta atención no sólo a los pronombres sino también a los clíticos pronominales2 y advierte la importancia que estos elementos tienen: "Y una de las principales cosas para la congruidad de la lengua es a saber, quales son los pronombres agentes, y quales los pacientes nombres, o pronombres, y después saberlos juntar uno con otro, y luego al verbo" (Gilberti, Arte [1558:69v] 1987:138). Al igual que Olmos, considera los adverbios y dentro de ellos da cuenta de los clíticos no pronominales, otra peculiaridad de la lengua de Michoacán.

Gilberti, también coloca al verbo en el centro de la gramática y, sensible a las particularidades de la lengua que describe, cuando se ocupa de la composición de éstos subraya la importancia que en ella tienen las "partículas":

Quanto a esta composición de los verbos, digo que es cosa muy necessaria de saber: por que es imposible hablar derecha y congruamente en esta lengua, sin saber usar de la dicha composición, a la quel son necesarias ciertas partículas que se ponen en medio del verbo, y estas partículas comúnmente señalan la persona o lugar por quien, o donde se haze la cosa. Ejemplo, [...] si yo dixesse a uno que se sentasse a la puerta, no abastaría decirle vaxaqui Mas vaxamocu porque si simplemente le dixesse vaxaqui no entendería más de asiéntate, mas la partícula de mu, con cu, le dan a entender que se a de sentar a la puerta o boca de alguna cosa. (Gilberti [1558:113r] 1987:219)

En este punto cabe advertir que, después de este inicio paralelo que el trabajo de Ascensión y Miguel León-Portilla nos muestra, el estudio del náhuatl y la lengua de Michoacán siguieron caminos divergentes. Si bien durante toda la época novohispana siguieron produciéndose gramáticas para el náhuatl, la lengua de Michoacán no corrió con tanta suerte. Después del Arte de Gilberti sólo se produjeron dos Artes más: el de Juan Baptista de Lagunas en 1574, y el de Diego de Basalenque ya en el siglo XVII. La producción de textos civiles (testamentos, compraventa de tierras, linderos, etcétera) también es considerablemente menor que la disponible para el náhuatl.

En fin, son muchas y variadas las ideas que Las primeras gramáticas del nuevo mundo sugiere al lector, aquí me concretaré a señalar algunas de las que, en lo personal, me parecen más interesantes. En primer lugar, el acierto de reunir en un libro la noticia de dos obras dedicadas a dos lenguas diferentes muestra lo fructífero que pueden resultar los estudios comparativos para la construcción de una mirada de conjunto. La labor evangelizadora y las acciones que se llevaron a cabo para apoyarla y facilitarla (entre las que se cuentan, como hemos visto, la elaboración de gramáticas y vocabularios) fue una empresa que rebasó los límites de una única lengua. Si bien el náhuatl fue la punta de lanza de la evangelización, indudablemente los frailes misioneros trazaron una estrategia de acción para todo el continente o, al menos, para el territorio que constituyó la Nueva España; podríamos estar hablando de la primera política lingüística ejercida en el Nuevo Mundo y aún sabemos poco de ella.

En segundo lugar, el análisis que este libro nos ofrece sobre Las primeras gramáticas del nuevo mundo nos permite atisbar los marcos conceptuales que estuvieron detrás de este ejercicio lingüístico. Estudios historiográficos como el que hoy nos ofrecen Ascensión y Miguel León-Portilla nos acercan a las ideas que sobre el lenguaje se tuvieron en el siglo XVI y a las soluciones, originales e innovadoras, que los primeros estudiosos de las lenguas amerindias propusieron para dar cuenta de sistemas lingüísticos tan distintos a los que ellos conocían.

El lector podrá encontrar otros muchos temas de interés al recorrer las páginas de Las primeras gramáticas del Nuevo Mundo, esta obra y sus autores son ya referencia obligada para todos aquellos que se interesan en las lenguas originarias de México y en la historia del pensamiento humano sobre el lenguaje y sus diversas manifestaciones.

 

Notas

1 Olmos, además del náhuatl sabía totonaco y huasteco. Gilberti, además de la lengua de Michoacán conocía otros siete idiomas nativos entre ellos otomí y náhuatl.

2 En el siglo XVI los clíticos pronominales constituían la forma no marcada para establecer los participantes en la oración.

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