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Estudios de cultura náhuatl

versión impresa ISSN 0071-1675

Estud. cult. náhuatl vol.41  México nov. 2010

 

Artículos

 

En torno al concepto y uso de "mexicanismos"

 

Pilar Máynez*

 

* Mexicana. Doctora en Lengua y Literatura Hispánicas, maestra e investigadora de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, de la Universidad Nacional Autónoma de México. Entre sus obras se encuentran: Lenguas y literaturas indígenas en el México contemporáneo; Religión y magia. Un problema de transculturación lingüística en la obra de Bernardino de Sahagún; Breve antología de cuentos indígenas. Una aproximación a la narrativa contemporánea; y El calepino de Sahagún.

 

Introducción

Suele definirse como mexicanismo a la pronunciación, palabra, frase o acepción usada en el español de México de modo característico o exclusivo en comparación con otras variantes de la lengua española, como es el caso de escuincle en vez de niño, banqueta en vez de acera, miscelánea por pulpería, almacén por colmado o bazar, utilizados en otras regiones de Hispanoamérica, o el empleo del tiempo pretérito simple en lugar del pretérito perfecto o antepresente, tan frecuente en España.1 En otras palabras, los mexicanismos son los rasgos de diversa clase lingüística que particularizan la manera de expresarse de los mexicanos frente al resto de los hispanohablantes.2

José Moreno de Alba distingue dos clases de mexicanismos: los diacrónicos, que se han originado en el territorio nacional aunque su uso en la actualidad no se circunscriba únicamente a dicha región (por ejemplo, la voz chocolate) y los sincrónicos, cuyo empleo se limita sólo a México independientemente de cuál sea su procedencia 3 (por ejemplo, el término alberca —que proviene del hebreo "bereka combinado con el artículo árabe "al"— para lo que el resto de los hispanohablantes denomina piscina, o pileta en Argentina). Los mexicanismos diacrónicos se pueden identificar básicamente en el nivel léxico y son todos los indigenismos que provienen de las lenguas originarias que se hablaron y continúan hablándose en la república, y que se han incorporado en el español general y en el español de México. En tanto que los mexicanismos sincrónicos resultan más difíciles de precisar ya que, si atendemos estrictamente a la definición arriba citada, son las palabras o acepciones propias de casi todos los mexicanos y que son ajenas a las de los demás usuarios del español; éstas se pueden comprobar a través de investigaciones dialectológicas.4

Ángel María Garibay, por su parte, se refirió a este peculiar fenómeno lingüístico en algunos de los numerosos artículos que durante años publicó en su columna "Hoy y siempre" del Excélsior, en El Universal y en Novedades hasta su muerte en 1967. Al igual que Moreno de Alba, Garibay advierte que los mexicanismos pueden proceder de las lenguas indomexicanas y designan realidades propias del universo indígena, como es el caso de epazote, pero también se consideran mexicanismos los que "son inventados dentro de las leyes del idioma",5 como sucede con enchinchar, que asegura el estudioso mexiquense no estar incluido en el Diccionario de la lengua española, editado por la Real Academia (DRAE), y que ilustra con el ejemplo: "Voy a despachar a Paco, porque me promete casarse a los tres meses y nunca se cumplen. Nomás está enchinchando". En 1957, año en que se publicó el artículo "Tarea sin fin" donde leemos lo anterior, la Real Academia Española no había consignado aún este vocablo y la voz epazote aparecía incluida en la letra p como pazote. En la más reciente edición del DRAE el término enchinchando aparece ya con la acepción: "En México. Hacer perder el tiempo" y epazote, en la letra e como: "Planta herbácea anual, de la familia de las quenopodiáceas, cuyo tallo asurcado y muy ramoso se levanta hasta un metro de altura. Tiene hojas lanceoladas, algo dentadas y de color verde oscuro, flores aglomeradas en racimos laxos y sencillos, nítidas y de margen obtusa. Se toman en infusión las hojas y las flores". Dicho corpus lexicográfico tendría que decir, asimismo, como lo hace el Diccionario usual de México de Luis Fernando Lara que "es de olor y sabor fuerte y se usa como condimento en muchos platillos mexicanos y también como medicina"; e igualmente, como tiempo antes precisó Francisco J. Santamaría, que "es de olor fuerte [...] a lo cual debe el aztequismo su nombre, sabor acre y picante y gran antihelmíntico". Y es que Garibay cuestionó en sus artículos a la Real Academia Española por la exclusión en su diccionario de términos de alto rendimiento en la variante mexicana, por la ausencia de alguna acepción o por la imprecisión de ciertas definiciones.

La penetración de nahuatlismos en diversas variantes de la lengua española es innegable. En 1960 Miguel León-Portilla publicó un artículo sobre los nahuatlismos en el castellano de Filipinas, en el que advertía que la infiltración náhuatl en estas islas se debía al sostenido contacto por más de dos siglos y medio entre la Nueva España y Filipinas: "La nao que venía de Manila al puerto de Acapulco traía y llevaba mercaderías, al igual que gente en cuyos labios afloraba con frecuencia el nahuatlismo".6 El trabajo presenta una revisión bibliográfica y un breve sondeo de campo, así como la relación de los términos nahuas más comunes en estas islas del Pacífico con su etimología y su acepción. Figuran entre éstos: aguacate, apachurrar, atole, cacahuate, chicle, chico (por chicozapote), chocolate, jícara, mecate, metate, pepenar, petaca, petate y tamal.

En 1981 Miguel León-Portilla sacó a la luz un pormenorizado estudio diacrónico sobre la infiltración de nahuatlismos en el castellano de la España.7 Inicia con una breve revisión de los diversos trabajos "de muy desigual valor", respecto a la influencia sustratal indígena en este nivel del sistema lingüístico, entre los que figuran los de Eufemio Mendoza, Jesús Sánchez, Francisco J. Santamaría, Juan M. Lope Blanch y Tomás Buesa, destacando por su rigor los estudios de Joaquín García Icazbalceta y Pablo González Casanova. En este artículo León-Portilla sostiene que es abundante el número de "nahuatlismos usados ampliamente en el territorio nacional y en varios países de América central", e identifica siete categorías diferentes de penetración léxica náhuatl en el castellano de España, según el momento histórico en que se registraron, desde la Conquista hasta la actualidad. Estos son: achiote y metate en el siglo XVI; cacahuate, tomate y tiza en el siglo XVII; y aguacate, chicle, chile y tequila en el XX; la zona geográfica a la que quedaron circunscritos (malacate y nopal en las provincias de Huelva y en algunas zonas de España, respectivamente); y el nivel sociocultural que los emplea como (coyote, ocelote, quetzal y zapote) que son usados por personas cultas o especializadas en alguna disciplina.

La peculiar forma en que los mexicanos se expresan tiñe los diferentes niveles de la lengua española. Juan M. Lope Blanch ha explicado respecto a la gramaticalización del verbo andar, ampliamente documentada desde antiguo en el español hablado en la península ibérica, que el mexicanismo consistiría en la notable abundancia de construcciones con pérdida de movimiento: "ahorita no puede salir: se anda arreglando", utilizado incluso con verbos de reposo como en "sí hombre; sí lo conoces; es ése que siempre anda sentadote, con las patas viene estiradas",8 y con preferencia al verbo estar: "Qué estás haciendo" se diría en España, mientras en México se usa frecuentemente "qué andas haciendo".

Asimismo, en la variante mexicana resulta habitual el empleo de las formas átonas de los pronombres personales, en vez de las tónicas correspondientes precedidas de preposición, sobre todo con ciertos verbos como acercarse, desprenderse, huir, apartarse; así, en México es común escuchar: "pensé que me les escaparía", "no se les apartó nunca", etcétera.9

A continuación atenderemos a algunos mexicanismos que proceden de la lengua náhuatl y otros de diverso origen, aunque de uso casi privativo en México.

 

Palabras procedentes del náhuatl

Ángel María Garibay analizó numerosos vocablos nahuas en sus colaboraciones semanales, como se puede comprobar a manera de botón de muestra en "Errores garrafales", donde se refiere a los tzompanteteuctin que traduce como " jueces", a los xiuhteteuctin o "caballeros de la esmeralda" y a los tlohtli-cuetlachtli "halcones lobos, o a un topónimo específico como en el caso del artículo intitulado Acontitlan, " junto a la olla", donde aprovecha para disertar en torno a la voz nixcomitl que define como "olla en que se adereza el maíz para la molienda que dará las tortillas y que se llama nixtamal". Aquí atenderemos tanto a las voces nahuas como a los términos adaptados ya a la morfolología de la lengua española en las que han reflexionado éste y otros importantes estudiosos del tema.

Objeto de especial atención en las disertaciones léxicas de Garibay fue la palabra chilaquiles con la cual, incluso, titula uno de sus artículos.10 En éste advierte que la definición proporcionada por la Academia en su Diccionario "guiso compuesto de tortillas despedazadas y cocidas en caldo y salsa de chile" resulta insuficiente, y que Francisco J. Santamaría la complementó en su Diccionario de mejicanismos añadiendo dos ingredientes esenciales del platillo: la cebolla y el queso. Criticó a Cecilio Robelo quien distinguió tres componentes de la palabra: chilli, atl y quilitl, y propuso, por su parte, como elementos constitutivos chilli y aquilli que dice provenir del verbo aquí en su forma neutra y aquia en la activa, con las que se compone el sentido de "meter, hacer entrar una cosa en otra". Continúa Garibay que "el vocablo no dice más que 'metidas en chile', supuestas las tortillas despedazadas de que nos hablan los diccionarios".11

En "Tres más",12 Garibay examina los componentes morfológicos de chincolo que ha dado origen a toda una familia léxica: chincualear, chincualeo, chincualón, chincualudo y proporciona la traducción de chinampina que a su juicio es "fuego que se repliega". En "Lengua en ensalada" enumeró algunos nahuatlismos que son comunes en el español de México: chichicuilote, juilón y petatero, y en otros artículos expone las unidades constitutivas de cuate y nixcomitl, y examina la correcta pluralización de una más, nahua. Igualmente en "Bello paradigma" reflexiona acerca del término machote.13 En "Otros bocados" analiza la etimología de itzcuintli y ofrece una amena explicación de la gran acogida que tuvo como suculento manjar entre los conquistadores, quienes ocasionaron, en gran medida, la extinción de este animal tan significativo en la cosmovisión prehispánica; añade, así mismo, que el vocablo se emplea para referirse despectivamente a los pequeños. A otros dos nahuatlismos del mismo campo semántico, chilpayate y chamaco, alude igualmente quien también se dedicó a la encomiable labor de divulgación a través de su actividad periodística: nos referimos a Victoriano Salado Álvarez. Dice Salado que:

No puede ser más expresiva ni alegórica la palabra chamaco; viene de chamana, "crecer el niño o comenzar a estar en sazón la mazorca de maíz o de cacao" (Molina). El chilpayate, en cambio, es el niño que se trae en brazos, el que todavía se encuentra agarrotado por el lío de pañales y mantillas o que la india lleva desnudo a la espalda; tal vez sea también la criatura que se halla en la vida intrauterina.

Chilapayate, según los apuntes de Alcocer, vendría de chilli, chile; axi o pimiento de las Indias" y "payatl, gusanillo lanudo", por el color rojizo que tiene el recién nacido o próximo a nacer.14

No obstante, a veces el origen náhuatl que Garibay atribuyó a ciertos vocablos resulta cuestionable. Así en "Salpicón de lengua",15 disiente acerca de la procedencia que asigna el Diccionario de la RAE a la palabra pilot; asegura que la voz proviene del náhuatl pilotl y no del latín pila, pilar, como propone la Academia y que se deriva de piloa en su acepción de "apoyar". El sentido que Ángel María Garibay proporciona es el de "estaca en que algo se apoya, como apoyaron los constructores del viejo México sus casas al meterse a la laguna, esa movediza laguna en que estamos nadando".16 Sin embargo, María Moliner señala que esta voz procede del francés antiguo pilot y que es un "madero frecuentemente con una punta de hierro llamado «azuche», que se hinca en tierra para consolidar los cimientos en el agua para servir a una obra hidráulica, etc.". Según el Petit Robert, en 1482 la palabra se escribía "pilot" que parece venir del italiano piloto, pedoto que, a su vez, se remonta al griego pedotes.17 Cabe señalar también que en la Historia general de las cosas de Nueva España de fray Bernardino de Sahagún y en la Historia de las Indias de Nueva España e Islas y Tierra Firme de fray Diego Durán en donde encontramos un sinnúmero de voces nahuas y nahuatlismos propios del siglo XVI, la palabra en cuestión no viene registrada en el segundo y en el primero se incluye como pilotl, con la acepción de "sobrino". El Diccionario usual de México de Luis Fernando Lara no proporciona su procedencia, siguiendo con ello el tratamiento que da a todos los términos que incorpora, pero sí una muy pertinente definición; en el Breve diccionario de mexicanismos de Guido Gómez da Silva no aparece incluido ni en el más reciente Diccionario del náhuatl en el español de México, coordinado por Carlos Montemayor. Por todo lo anterior podemos concluir que dicho término tiene un origen diferente al atribuido por el padre Garibay.

Pero como se ha señalado arriba, las investigaciones dialectológicas pueden abonar en el conocimiento y la comprobación del real uso y frecuencia de esta clase de mexicanismos. Aquí mencionaremos dos de ellas. En 1983 se realizó una investigación de campo sobre la vigencia de términos propios de la gastronomía mexicana en la ciudad de México.18 De las 96 voces que integraban el cuestionario que se aplicó a hombres y mujeres de tres generaciones y niveles sociolculturales diferentes se concluyó que existen nahuatlismos ampliamente conocidos y empleados por los hablantes de la zona estudiada como: aguacate, atole, cacahuate, camote, capulín, cocol, comal, chapulín, chayote, chicle, chilaquiles, chile, elote, enchilada, epazote, guacamole, guaje, guajolote, huitlacoche, jicama, jicara, jitomate, metate, mezcal, molcajete, mole, nopal, pagua, pozole, tamal, tejocote, tepache, tequila, tomate y zapote. Otros más fueron reconocidos por la gran mayoría de los encuestados como: achiote, ajolote, chicozapote, chichicuilote, chiquihuite, ejote, entomatada, guacal, guachinango, guasoncle, memela, mixiote, nanche, nixtamal, pinole, tequesquite, toloache, totopo y soconoscle.

En otra investigación de campo realizada en el año 2007, se pudo comprobar la elevada frecuencia de los nahuatlismos que aluden a otros campos semánticos como los de la vivienda y utensilios, flora, fauna y fenómenos naturales, así como los de oficios y expresiones familiares en el habla cotidiana del ciudadano que habita en la zona metropolitana. Éstos son: biznaga, coyote, chipichipi, jacal, mecate, papalote, pizca, tapanco, tecolote, temascal y tlacuache.19

Las voces nahuas están presentes en la tradición mexicana, y prueba de ello es la facilidad con que se encuentran en canciones y corridos populares. Veamos enseguida un ejemplo:

Pasen a tomar atole
todos los que van pasando,
que si el atole está dulce,
la atolera se está agriando.
Del atolillo de leche
con tamales de manteca
todo el mundo se aproveche
que por esto "naiden" peca.20

 

Los nahuatlismos aparecen en innumerables frases coloquiales y refranes como en:

Comenzar en "achichincle" y acabar en "ahuizote". Alude a la compañía constante de una persona que de servidor o ayudante se convierte en alguien fastidioso e insoportable.

Tener ojos de "apipizca". Se dice de la persona que tiene ojos pequeños, rasgados o semicerrados.

El que nace "tepalcate", ni a "comal" tiznado llega. Persona a la que le resulta imposible salir de su mala condición.21

Cuando el "tecolote" canta, el indio muere. Refrán mexicano que alude a la superstición indígena de que el canto del tecolote es augurio de muerte.

Parecer uno "malacate". Expresión familiar. "Estar uno en constante movimiento".22

 

Fenómenos gramaticales y léxicos de frecuente empleo en México

Como se mencionó en la parte preliminar del artículo, existen otros términos y frases que se usan con gran frecuencia en la variante española de México, aunque no procedan de las lenguas indomexicanas como el náhuatl y que, igualmente, particularizan la manera en que se expresan sus hablantes.

Para Juan M. Lope Blanch el español de estas latitudes es "conservador", es decir, que en él han prevalecido antiguos modos de decir y no se ha dejado "arrastrar por las innovaciones realizadas en otras zonas de la comunidad lingüística española".23 Conservador se muestra el español mexicano, asegura este investigador, al mantener casi con exclusividad la construcción pasiva refleja en sintagmas como "se rentan departamentos", "se venden botellas", en lugar de las correspondientes impersonales "se renta departamentos" o "se vende botellas". Igualmente se ha conservado en la variante de México el prefijo re superlativo que alterna con rete, forma aún más usada que se refiere a adjetivos, retefeo, y a adverbios retemal; 24 también se ha mantenido con gran vitalidad la construcción exclamativa cómo + adjetivo: '"Cómo eres cruel", la cual se llega a escuchar, asimismo, en otras regiones de Hispanoamérica.25 Según Moreno de Alba, en México, pero también en Chile, es muy usual un pronombre le, que unido a verbos, carece de función sintáctica y únicamente sirve para marcar con énfasis la expresión: ¡ándale!, ¡camínale! 26

Otro fenómeno común en el habla coloquial mexicana es el de la duplicación de posesivos; se trata de una forma pleonástica del tipo "su coche de Luis", donde el posesivo su resulta reiterativo debido a que es suficiente la preposición de que proporciona un sentido de pertenencia; igualmente, en "me duele mi cabeza" el adjetivo mi duplica el significado. El español general prefiere el posesivo simple: "el coche de Luis" y "me duele la cabeza", aunque en México las construcciones pleonásticas del tipo arriba indicado son muy frecuentes.27

Peculiar, y a veces confuso, es el empleo mexicano del hasta, común en todas las clases sociales, sin que se exprese el límite final de la acción del verbo, sino sólo su comienzo: "Vine hasta las cuatro" por "no vine hasta las cuatro" o "vine a las cuatro"; en algunos casos, incluso, su incorporación puede resultar innecesaria como en: "F. de T. será sepultado hasta hoy en el panteón X." También la preposición desde se usa mucho en México al igual que en otros países centroamericanos sin que haga referencia al instante en que se inicia una acción durativa, como cuando acompaña a verbos perfectivos: "Desde el martes llegó mi hermano".28

Pero pasemos ahora al nivel léxico. De especial interés resultó para Ángel María Garibay un mexicanismo al que dedicó una de sus colaboraciones semanales: "Divagaciones sobre el tapado". Además de la consabida acepción que en México damos al término tapado, el cual según indagaciones del padre, tiene procedencia germánica, y se dice sobre el candidato a la elección presidencial del que se desconoce su identidad, Garibay hace un puntual repaso sobre otros muy diversos sentidos que ostenta la palabra. "El tapado es, o era, un guiso de maravilloso sabor. He aquí la receta: Un pollo, gordo, cocido a la ligera. Una cantidad de fruta —peras, manzanas, plátanos, piñas y otras más— rebanadas y en crudo. En una cacerola capas de fruta y capas de pollo, pero mejor el pollo tapado en las frutas. Cocido a fuego lento". Y continúa con su disertación: "Tapado se llama una pelea de gallos, en que se enfrentan éstos, sin haberse hecho el cotejo acostumbrado entre el peso, tamaño y calidad de cada luchador. Es una buena forma de juego, pero bastante expuesta, por las sorpresas que proporciona"; y un significado más: "Nuestras abuelas usaron aún el tapado. Prenda de ropa elegante y misteriosa que daba a las damas un aire a veces hierático, a veces fantasioso. Muy a tono con el romanticismo imperante. El nombre viene de este verbo tapar. Como vino el de tapada, que se dio a las señoras del mantón".29

Sobre el término que venimos aquí tratando dice el DRAE en la quinta acepción de su artículo "en política mexicana especialmente, candidato de un partido a la presidencia, cuyo nombre se mantiene en secreto hasta el momento propicio", pero no incluye los otros arriba expuestos, aunque sí los que en Sudamérica tiene la palabra. Guido Gómez da Silva, por su parte, entiende por tapado o tapada al "cerrado de entendimiento, tonto, al candidato político cuyo nombre se mantiene en secreto hasta el momento propicio y la acción de echar suerte con una moneda que cuando baja se mantiene tapada por un momento". Estos tres significados del mismo significante son quizá más comunes en nuestra variante actual que los descritos por Garibay, los cuales corresponden a espacios temporales anteriores.

Por otro lado, Victoriano Salado Álvarez proporciona dos mexicanismos más: uno, que señala tener origen italiano, pero de empleo muy familiar en México collón que significa "cobarde". El uso en este país debe ser muy antiguo —explica Salado— y en el Periquillo Sarniento se puede encontrar en el pasaje: "Salga usted, collón, me decía, mandria, amujerado, maricón: ya la justicia nos ha caído y están todos defendiéndose".30 El otro mexicanismo es argüende, que documenta como "chisme o escándalo, generalmente rumor sin justicia propalado con intento de causar daño". A su parecer el adjetivo arguyente se trocó en argüente y éste en el sustantivo argüende y de él ha salido argüendero y argüendear.31 En el Diccionario breve de mexicanismos encontramos que argüende procede de argüir en lo que coincide con el Diccionario de la Real Academia Española —y no de arguyente, como asegura Salado— y que significa "alegar, disputar o chisme", argüendear es "chismear" y el otro derivado argüendero significa "chismoso".

Veamos otro mexicanismo pero éste ahora desde la óptica de Francisco J. Santamaría. Se trata de Dilatar de frecuente uso en la variante que venimos analizando, que tiene la acepción de "tardar", "No dilato, señor gobernador". Se emplea mucho en su forma pronominal "Como me dilaté en la vivienda de Eufrosina, me extrañó el coronel, y preguntó el motivo"; "no se dilate, por vida suya". En su vigésima edición, el DRAE incluyó como mexicanismos aviador "persona que tiene una sinecura", caifán "sujeto preeminente en un barrio de ciudad", canijo "mala persona", gacho "malo, feo, desagradable", huerco "muchacho", méndigo "infame" y taquear "comer tacos". Si por mexicanismo se entiende el fenómeno lingüístico que es propio de la mayoría de los idiolectos mexicanos y sólo de ellos, tenemos entonces que considerar, asimismo, el frecuente galicismo buró, por otras variantes hispanoamericanas mesa, mesita de noche, o velador; en México se utiliza aparadores para lo que generalmente se conoce como vitrinas; también se dice pilón para lo que en Guatemala es ganancia, en Tegucigalpa chascada y en Panamá, Santo Domingo y San Juan Caracas, ñapa. Otros mexicanismos más de gran frecuencia son: la interjección, ¡aguas! así como las expresiones fresa, ahorita, mande y órale.

 

Reflexión final

Como hemos podido comprobar a través de la somera exposición presentada aquí, el español en general ostenta una notable unidad en cuanto a las estructuras más profundas de su sistema, pero también presenta variedad en algunos elementos que tienen que ver con el nivel superficial; en este artículo hemos atendido primordialmente a la influencia del sustrato indígena, en especial del náhuatl, en el léxico de la variante de México. Este tema ha sido objeto de acaloradas controversias que pueden seguirse a partir de las reflexiones de Ignacio Manuel Altamirano y Francisco Pimentel sobre los rasgos que podrían diferenciar la literatura nacional del resto de las españolas. Consideraba el primero que la inserción de indigenismos particularizaría las expresiones artísticas de cuño mexicano, en tanto que el segundo, estimaba que la incorporación de dichos componentes podría alterar su pureza.32 Años después la disputa continuó aunque enfocándose más bien ya a los elementos lingüísticos que forman parte de la expresión cotidiana de los mexicanos. Darío Rubio, José I. Dávila Garibi y López Portillo y Weber destacaron la inserción del náhuatl en la variante de México; de manera contraria se manifestaron Lapesa y Lope Blanch, quienes sostuvieron que su participación es restringida pues, según este último: "aunque el náhuatl era una de las lenguas indígenas más importantes y una de las más difundidas por la América prehispánica, su influencia sobre la invasora lengua ha sido, al parecer, muy pequeña".33 Estas dos formas diametralmente opuestas de concebir el fenómeno sustratal, cuyas raíces parecen más bien ser de naturaleza ideológica que lingüística, persisten actualmente.

Hemos tratado también aquí sobre la peculiar acepción y frecuencia que han adquirido ciertos términos de distinta procedencia en tierra mexicana, así como la manera especial en que son usados determinados elementos gramaticales; sin embargo, existen otros aspectos que requieren la misma atención. No se puede negar la diversidad latente en la pronunciación de ciertos fonemas. Uno de los pioneros en abonar en este sentido fue Manuel G. Revilla con su estudio "Provincialismos de fonética en México", en el que ofrece muy precisas descripciones de alófonos e interesantes referencias sobre rasgos suprasegmentales, como son el acento y el tono. Asimismo, José Moreno de Alba ha profundizado con rigor en este rubro en su estudio La pronunciación del español en México. Indudablemente este aspecto y los arriba descritos deben continuar siendo valorados para ahondar en el conocimiento sobre la forma propia de expresión de esta peculiar variante.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Notas

1 Dice Juan M. Lope Blanch que "esencialmente el pretérito simple posee, en México, valor aspectual perfectivo o puntual —de donde se deriva su significación temporal de anterioridad—. Véase en Estudios sobre el español de México, México, Universidad Nacional Autónoma de México, p. 24. José Moreno de Alba, por su parte, asegura que "Los pretéritos del español americano (o al menos del bogotano y del mexicano) difieren del uso peninsular en que pueden tener relación con el presente, o mejor dicho, pueden tener modificadores temporales que incluyan el momento presente, sin que ello signifique que pierdan su carácter perfectivo. En El español en América, México, Fondo de Cultura Económica, 1988, p. 179.

2 Véase Luis Fernando Lara, Diccionario del español usual en México, edición digital de la Biblioteca Virtual Cervantes, basada en la edición de México, El Colegio de México, Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios, 1996; Guido Gómez de Silva, Diccionario breve de mexicanismos, Edición digital de la Biblioteca Virtual Cervantes, basada en la edición de México, Fondo de Cultura Económica, 2001.

3 José Moreno de Alba, "Mexicanismos", Minucias del lenguaje, México, Fondo de Cultura Económica, 2000, p. 298.

4 Ibid.

5 En su artículo "Tarea sin fin" que se publicó en el periódico El Universal el 28 de octubre de 1957. Una versión mecanografiada está incluida en la caja 2, exp.19 de su archivo personal que se encuentra en el Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de México.

6 En "Algunos nahuatlismos en el castellano de Filipinas", Estudios de Cultura Náhuatl, v. 2, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 1960, p. 135.

7 Véase "Otro testimonio de aculturación hispano-indígena: Los nahuatlismos en el castellano de España, Revista Española de Antropología Americana, Madrid, Editorial de la Universidad Complutense, 1981, v. XI, p. 219.

8 Véase Estudios sobre el español de México, p. 19.

9 Para mayor referencia sobre estos casos, consúltese a Juan M. Lope Blanch en Estudios sobre el español de México, p. 19-20.

10 Se publicó en el Novedades el 20 de junio de 1962 y también se encuentra una versión mecanografiada en la caja 1, exp. 7 de su archivo personal.

11 Ibid.

12 Se publicó en el Novedades el 8 de agosto de 1962 y también se encuentra una versión mecanografiada en la caja 1, exp. 2.

13 Sobre estos últimos nahuatlismos véase el trabajo de Pilar Máynez, "Los nahuatlismos en el español de México desde la óptica de Ángel María Garibay", en Estudios de Cultura Náhuatl, v. 23, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 1993, p.124.

14 Victoriano Salado Álvarez, Minucias del lenguaje, México, Secretaría de Educación Pública. Departamento de Bibliotecas, 1957, p. 34.

15 Fue publicado en El Universal el 10 de noviembre de 1958 y se encuentra, asimismo, en forma mecanografiada en la caja 1, exp. 3 de su archivo personal.

16 Para mayor referencia sobre éste y otros artículos de Garibay, consúltese, Ángel María Garibay. En torno al español hablado den México, estudio introductorio, selección y notas de Pilar Máynez, México, Universidad Nacional Autónoma de México, p. 52.

17 Esta información me fue proporcionada por Marc Thouvenot.

18 Véase Pilar Máynez, Nidia Ojeda, "Supervivencia de vocablos nahuas en el léxico gastronómico de la ciudad de México, Anuario de Letras, v. XXV, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de filosofía y Letras, 1987, p. 157-199.

19 Véase María Tienda Díaz, "Darío Rubio y la vitalidad de los nahuatlismos en el léxico español de México, a partir del análisis de un caso", tesis de licenciatura, México, UNAM, 2008.

20 En José Ignacio Dávila Garibi Del náhuatl al español, México, Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 1939, p. 21.

21 Estos ejemplos fueron extraídos de la parte correspondiente a "frases y refranes" del Diccionario del náhuatl en el español de México, coordinado por Carlos Montemayor, México, Universidad Nacional Autónoma de México/Gobierno del Distrito Federal, 2007, p. 261-298.

22 Estos dos últimos ejemplos fueron extraídos del Diccionario de mejicanismo de Francisco J. Santamaría, México, Porrúa, 1978.

23 En Estudios sobre el español de México, p. 12.

24 También Garibay en "Lengua en ensalada" menciona la especial frecuencia con que se emplea el re para dar énfasis a la palabra "No oye usted a cada rato el rebueno, resuave y aun re a gusto?", véase en Ángel María Garibay. En torno al español hablado en México, p. 106.

25 En Estudios sobre el español de México, p. 12.

26 Véase, El español en América, p. 185.

27 José Moreno de Alba advierte que Víctor Suárez adjudicó este empleo del posesivo a una influencia sustratal del maya en la que existe esta clase de construcciones. Sin embargo, Moreno, por su parte, asegura que tal influencia no está debidamente comprobada ya que se ha identificado en otras zonas del país donde no hay influencia de esta lengua indígena. En La lengua española en México, México, Fondo de Cultura Económica, 2003, p. 233.

28 Ibid., p. 18.

29 En Ángel María Garibay. En torno al español hablado en México, p. 19-21.

30 En Minucias del lenguaje, p. 26.

31 Ibid., p. 27.

32 Ignacio Manuel Altamirano sostenía que la literatura mexicana debería diferenciarse radicalmente de la española; para ello habría que rescatar "los millares de vocablos de toda especie que han sustituido en el modo de hablar a sus equivalentes españoles haciéndolos olvidar para siempre". Por su parte, Francisco Pimentel afirmaba que "El castellano es, de hecho, el idioma que domina la República Mexicana, es nuestro idioma oficial, nuestro idioma literario. Las lenguas indígenas de México se consideran como muertas y carecen de literatura". Véase Ricardo Maldonado, "Entre indigenistas, hispanistas y sustratos", Nueva Antropología, nov. 1983, n. 22, v. VI, p. 119-120.

33 En Juan M. Lope Blanch, Léxico indígena en el español de México, México, El Colegio de México, Jornadas 63, 1979, p. 13.

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