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Acta zoológica mexicana

versão impressa ISSN 0065-1737

Acta Zool. Mex vol.28 no.1 Xalapa Abr. 2012

 

Nota Científica

 

Tachemys ornata (Gray, 1831) (Testudines: Emydidae) en un yacimiento arqueológico del occidente de México

 

Trachemys ornata (Gray, 1831) (Testudines: Emydidae) in an archaeological site in western Mexico

 

Fabio Germán CUPUL–MAGAÑA* & Joseph B. MOUNTJOY**

 

Centro Universitario de la Costa, Universidad de Guadalajara. Av. Universidad de Guadalajara No. 203, Delegación Ixtapa, C.P. 48280, Puerto Vallarta, Jalisco. *<fabio_cupul@yahoo.com.mx>; **<jbmountj@hotmail.com>

 

Recibido: 08/08/2011;
aceptado: 01/11/2011.

 

ABSTRACT

Carapacial and plastral bones from "El Pantano" archaeological site in Mascota Valley, Jalisco, Mexico have been identified as Trachemys ornata (Ornate Slider). The tortoise was placed as an offering over the burial of an infant and a child. Since the burials at this site have been radiocarbon–dated to approximately 800 B.C. this is an ancient documented cultural use of T. ornata in Mesoamerican archaeology.

 

Trachemys ornata (Gray, 1831) es una tortuga de hábitos dulceacuícolas de 38 cm de longitud que es endémica de la planicie costera del Pacífico mexicano. Se distribuye desde el sur de Sinaloa hasta la costa sur de Jalisco (Siedel 2002, Ochoa–Ochoa et al. 2006); además, se ha documentado la ocurrencia de una subpoblación en Guerrero (Iverson 1992, Frost et al. 2007). Presenta una línea de color naranja posorbital que comúnmente inicia en la órbita del ojo y se extiende más allá de la sien y hasta el cuello; los escudos pleurales del caparazón poseen marcas en forma de ocelos con el centro oscuro (Ernst & Barbour 1989); también, el plastrón o peto posee un patrón de manchas centrales que proyectan radios horizontales hacia los extremos (salvo los radios de la porción anterior y posterior del peto que están inclinados).

En varias localidades alrededor del mundo se ha documentado el hallazgo de tortugas en yacimientos arqueológicos. En un sitio arqueológico de Costa Rica (fechado entre 800 d. C. a 1200 d. C.), Chávez–Chávez & Acuña–Mesén (1999) descubrieron 317 placas óseas correspondientes a tres especies de tortugas dulceacuícolas (Kinosternon scorpioides, K. leucostomum y Rhinoclemmyspulcherrima), y observaron que el 13.56% de ellas mostraron indicios de haber sido quemadas para consumirse como alimento. En Israel, Munro & Grosman (2010) encontraron grandes cantidades de restos óseos de Testudo graeca en un entierro ritual del Epipaleolítico Tardío (hace 12 mil años). Por su parte, Thomas (2010) realizó la identificación de un hueso de tortuga (Testudo spp.) encontrado entre los restos de gatos y perros en un depósito arqueológico del Siglo 19 en el castillo Stafford, Inglaterra y concluyó que pudo tratarse de una tortuga importada como mascota, en virtud de no existir registros previos de tortugas terrestres en la isla británica para aquellos tiempos.

En esta nota se cita por primera vez el hallazgo del caparazón y peto completos de una tortuga dulceacuícola identificada como T. ornata en las excavaciones realizadas durante el 2001 por el segundo autor en el yacimiento arqueológico "El Pantano", localizado al noroeste del valle de Mascota, Jalisco (23° 35' N y 104° 51' W), con altitud aproximada de 1260 msnm y a 40 km en línea recta al oeste de Puerto Vallarta, Jalisco. La zona se ubica al pie de una colina, en la orilla norte de la cuenca de un antiguo lago que inundaba gran parte del valle de Mascota y que, en tiempos modernos, fue drenado para emplearlo como tierras de cultivo. La datación por carbono 14 realizado en el yacimiento por los Laboratorios Beta de Miami, Florida, Estados Unidos, situaron a "El Pantano" alrededor del año 800 a. C; es decir, dentro del periodo arqueológico Formativo Medio, correspondiente a los años 1000 a. C. a 700 a. C. (Kelly 1980). Por lo anterior, es posible que ancestros muy remotos de los Huicholes/Waxárikas fueran quienes realizaron este acto funerario.

Es importante mencionar que hubo sólo un nivel de entierros del Preclásico Medio en el yacimiento, aproximadamente entre los 120 cm a 150 cm de profundidad debajo de la superficie actual. Posterior al uso de "El Pantano" como panteón en el Preclásico Medio, hubo asentamientos durante el Preclásico Tardío, Clásico Medio, Clásico Tardío, Posclásico Temprano, y Posclásico Tardío. Remanentes de estas ocupaciones fueron encontrados en la capa de suelo actual del sitio, o en pozos intrusivos desde 20 cm de profundidad hasta el nivel de los entierros del Preclásico Medio. Se trata de pozos intrusivos de basura, de entierros humanos secundarios, o para almacenar comida en un lugar fresco.

El espécimen estudiado se localizó dentro de una capa de 45 cm de espesor de depósitos secundarios de cenizas volcánicas generados por sedimentación aluvial y endurecidos por contacto prolongado con la atmósfera (comunicación personal de C. Liot). La determinación taxonómica de la tortuga se realizó a partir de que el sitio arqueológico se localiza dentro de la distribución conocida de la especie, de su talla y por la comparación numérica y nominal de los elementos óseos del peto, con los presentes en ejemplares de T. ornata mantenidos en cautiverio (Fig. 1b) en el Reptilario Cipactli (registro INE/CITES/DGVS–CR–IN–0610–JAL./00) del Centro Universitario de la Costa de la Universidad de Guadalajara en Puerto Vallarta, Jalisco, así como de material óseo reciente (Fig. 1c) depositado en su colección particular.

En "El Pantano" se encontraron los restos completos del caparazón (no se midió porque se dejó enterrado en su matriz de sedimento para no desarticular las placas y para poder transportarlo al Museo Arqueológico de Mascota, donde actualmente se exhibe al público) y el peto (35 cm de largo curvo, medido con cinta métrica por la línea media del plastrón desde la parte anterior del epiplastrón hasta la posterior del xifiplastrón y, 17 cm de ancho curvo, medido con cinta métrica desde la parte media del mesoplastrón derecho al izquierdo e incluyendo los escudos plastrales inframarginales) de T. ornata (Fig. 1a), que cubrían casi en su totalidad el entierro de un bebé de 6 a 12 meses y de un niño de 3 a 6 años, cuyas edades se estimaron por el desarrollo de sus dientes al momento de fallecer (White & Folkens 1991). Los huesos humanos totalmente desarticulados, ocupaban un área de 40 cm por 50 cm. Los restos de la tortuga se encontraban en posición decúbito supino (boca arriba) y la coloración completamente blanca de los huesos evidenció que fue calcinada o asada (Stiner & Kuhn 1995) antes de ser colocada sobre el entierro. El contexto arqueológico del hallazgo de T. ornata en "El Pantano", sugiere su uso como parte de prácticas mortuorias de carácter ideológico, tal como se ha documentado para otras especies de tortugas continentales en Costa Rica (Chávez–Chávez & Acuña–Mesén 1999), Israel (Munro & Grosman 2010) y Nicaragua (McCafferty, 2011).

 

LITERATURA CITADA

Chávez–Chávez, S. & R. Acuña–Mesén. 1999. Presencia y uso de la tortuga en un sitio arqueológico del Valle de Tempisque, Guanacaste, Costa Rica. Revista de Arqueología Americana, 16: 195–221.         [ Links ]

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Munro, N. D. & L. Grosman. 2010. Early evidence (ca. 12,000 B.P.) for feasting at a burial cave in Israel. Proceedings of the National Academy of Sciences, 107: 15362–15366.         [ Links ]

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