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Salud Pública de México

versión impresa ISSN 0036-3634

Salud pública Méx vol.52 no.2 Cuernavaca mar./abr. 2010

 

NOTICIAS DE SALUD AMBIENTAL
CONTAMINANTES ORGÁNICOS PERSISTENTES

 

Los glaciares en proceso de derretimiento liberan tóxicos congelados*

 

 

El derretimiento del hielo glacial que se formó a mediados del siglo xx puede ser una fuente de un cóctel de sustancias tóxicas bioacumulativas persistentes que pueden ser una amenaza para la salud humana y al medio ambiente, según un estudio de Christian Bogdal, un investigador postdoctoral miembro del Instituto Tecnológico Federal Suizo en Zürich, y algunos colegas suyos, publicado en el número de Environmental Science & Technology del 1 de noviembre de 2009. Sus hallazgos, junto con un puñado de otros estudios, sugiere que la liberación de sustancias tóxicas que alguna vez estuvieron aglutinadas en los glaciares puede ser una consecuencia poco reconocida del cambio climático en curso.

 


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El equipo suizo analizó muestras de sedimentos tomadas del lago Oberaar, un lago alimentado por glaciares ubicado en la región central de Suiza. Midieron en los sedimentos los niveles de diversos contaminantes que posiblemente entraron en el lago durante el período entre 1953 y 2006 y compararon esas medidas con las de tres lagos suizos de baja altitud que no son alimentados por glaciares. Entre las sustancias analizadas se incluyen 17 dioxinas y furanos, 18 bifenilos policlorados (PCBs), 10 compuestos sintéticos de almizcle, DDT y dos de sus productos de degradación (DDE y DDD), cuatro plaguicidas organoclorados adicionales (hexaclorobenzeno, hexaclorociclohexano, dieldrina y heptaclor epóxido) y sus productos de degradación, y naftalenos policlorados.

Las muestras del lago Oberaar y de lugares de baja altitud reflejaron un patrón generalmente regular de una creciente afluencia de los compuestos a los lagos desde los años 1950 hasta alcanzar un máximo en los 1960 y 1970, seguido de una disminución a niveles relativamente bajos en los años 1980 y 1990. La excepción fueron los compuestos de almizcle, cuya afluencia de sedimentos fue bastante estable desde los 1950 hasta mediados de los 1990. Estos patrones son paralelos al incremento generalizado de la producción y el uso de estas sustancias desde los 1950 hasta los 1970, y la disminución subsiguiente (salvo en el caso de los compuestos de almizcle), dado que con frecuencia las preocupaciones en relación con los efectos tóxicos daban como resultado restricciones en su uso o la prohibición de éste. Estos patrones también concuerdan con la premisa de que la principal fuente de los tóxicos en los sedimentos hasta ese momento era la deposición de contaminantes transportados por el aire, generados en las áreas urbanas, industriales y agrícolas.

Sin embargo, hacia el final de la década de los 1990 la afluencia de todos los compuestos al lago Oberaar -aunque no a los lagos de baja altitud- aumentó de manera moderada a drástica. En algunos casos, las nuevas afluencias pico fueron 2-5 veces más elevados que los picos de las décadas de los 1960 y 1970. Estos incrementos coinciden con una reducción total del volumen de los glaciares alpinos de alrededor de 12% entre 1999 y 2008, según un informe de Daniel Farinotti y sus colegas publicado en el número de agosto de 2009 de Global and Planetary Change. Aproximadamente una cuarta parte de esa reducción ocurrió después del inusualmente caluroso verano de 2003.

Bogdal y sus colegas sostienen la hipótesis de que sería probable que las fuentes de las afluencias posteriores de contaminantes que observaron no fueran lejanas, puesto que la producción y el uso de estas sustancias químicas se había reducido sustancialmente. En cambio, concluyen que el agua proveniente del derretimiento de los glaciares fue su origen. Los estudios que realizan en el lago Oberaar y en otros lugares apoyan esta hipótesis, señala Bogdal.

La evidencia que se tiene hasta la fecha sugiere que la liberación de estas y otras sustancias tóxicas persistentes, como el plomo y el mercurio, pueden ser motivo de preocupación en muchas zonas glaciadas. Entre las áreas potencialmente afectadas, dicen Bogdal y otros expertos en este campo, se encuentran ciertos lugares de la región del Ártico, de la Antártida, los Alpes, los Himalayas y el Cáucaso, y las cordilleras de los Andes, las Rocallosas, la Cascada y la Sierra Nevada. "El derretimiento de los glaciares está liberando una enorme cantidad de agua que contiene sustancias contaminantes peligrosas que se utilizaron en el pasado", afirma Roberta Bettinetti, profesora adjunta de ecología de las aguas dulces en la Universidad de Insubria, en Italia. "Ahora estos contaminantes pueden contaminar grandes cuencas incluso a bajas altitudes donde el agua se utiliza para beber y para pescar."

En el número de octubre de 2008 de Chemosphere, Bettinetti y sus colegas publicaron un informe de su estudio sobre los efectos tóxicos de los glaciares en proceso de derretimiento en la biota de dos lagos del sur de los Alpes. Encontraron que la cantidad de DDT y sus metabolitos liberados por el hielo glaciar en proceso de derretimiento incrementó las concentraciones de mejillones y peces en el lago por encima del umbral considerado seguro para el consumo humano. Silvana Galassi, profesora de ecología de la Universidad de Milán y coautora de ese informe, recomienda que se implemente un monitoreo a fin de identificar las áreas en las que se justifique la mitigación, por ejemplo la limitación del consumo de pescado o el evitar perturbar los sedimentos.

 

Bob Weinhold, MA
ha cubierto cuestiones de salud ambiental para numerosos medios desde 1996
Es miembro de la Sociedad de Periodistas Ambientales

 

 

* Publicado originalmente en Environmental Health Perspectives, volumen 117, número 12, diciembre 2009, página A538