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Salud Pública de México

versión impresa ISSN 0036-3634

Salud pública Méx v.51 n.3 Cuernavaca may./jun. 2009

 

NOTICIAS DE SALUD AMBIENTAL

 

Los ftalatos en los fármacos de prescripción*. Algunos medicamentos incorporan dosis altas

 

 

Hasta fechas recientes, la mayoría de las inquietudes en torno a los riesgos de los ftalatos para la salud se ha enfocado en el uso de estos plastificadores en los juguetes, en los productos de cuidado personal, en los empaques de alimentos y en el equipo médico, por ejemplo en las sondas intravenosas. Un informe de caso en el año 2004 planteó la posibilidad de que ciertos medicamentos de prescripción puedan ser también una fuente de exposición a los ftalatos para algunas personas [EHP 112: 751-753 (2004)]. Este hallazgo dio lugar a una investigación sistemática que vincula a los medicamentos que contienen ftalatos con una elevada exposición interna a estas sustancias químicas [EHP 117:185-189; Hernández-Díaz et al.].

El estudio de caso de 2004 señalaba al Asacol®, un medicamento para tratar la colitis ulcerativa, como una probable fuente de exposición a los ftalatos. El Asacol está cubierto con una capa entérica de dibutil ftalato (DBP) que evita que el medicamento se degrade antes de llegar al intestino delgado. Las concentraciones del principal metabolito del DBP en la orina del sujeto del estudio correspondían a una ingesta de DBP que excedía en dos órdenes de magnitud el percentil 95 reportado por los Centros de Control y Prevención de Enfermedades en la población general. Estas concentraciones también sobrepasaron la dosis de referencia establecida para el DBP por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) con base en pruebas realizadas en animales.

Con el objeto de evaluar los vínculos posibles entre el uso de medicamentos recetados que contienen ftalatos y los metabolitos excretados, los investigadores examinaron los datos de la Encuesta-Examen Nacional de de Salud y Nutrición (NHANES, por sus siglas en inglés) para los periodos entre 1999 y 2004, cuando se hicieron pruebas de orina en busca de metabolitos de los ftalatos y se interrogó a los participantes sobre su uso de medicamentos de prescripción. Entre los diversos medicamentos con capa entérica identificados como probables fuentes de exposición a los ftalatos se incluían la mesalamina (la forma genérica del Asacol), la didanosina (un agente antirretroviral), el omeprazol (que inhibe la secreción del ácido gástrico) y la teofilina (utilizada para tratar el asma y otras enfermedades pulmonares).

Entre los seis usuarios de mesalamina documentados, las concentraciones promedio de metabolitos del DBP en la orina eran 50 veces mayores que las de aquellos que no la utilizaban. En 2 de los 6 usuarios de mesalamina, las concentraciones de metabolito de DBP señalaban hacia una ingesta que excedía la dosis de referencia de la EPA. Los usuarios de otros medicamentos que contienen ftalatos también tenían concentraciones significativamente superiores de algunos metabolitos a las de los no-usuarios, si bien la brecha entre los usuarios y los no-usuarios era considerablemente menor que en el caso de la mesalamina. Los datos de la encuesta NHANES también demostraron que al menos tres mujeres que reportaron estar tomando medicamentos que contienen ftalatos estaban embarazadas.

Estos hallazgos ameritan una mayor investigación, escriben los autores, en particular porque algunos ftalatos cruzan la placenta y provocan efectos sobre la reproducción y el desarrollo en animales de laboratorio. En un estudio de bebés varones, se relacionó la exposición prenatal incrementada a niveles básicos de ftalatos con una disminución en la distancia entre el ano y la base del pene, lo cual es indicio de un desarrollo reproductivo masculino incompleto [EHP 113:1056-1061 (2005)]. Los autores del nuevo estudio escriben que los medicamentos que contienen ftalatos se encuentran entre los medicamentos más ampliamente recetados en Estados Unidos, lo cual implica que muchas personas, incluyendo mujeres embarazadas, pueden estar expuestas a altas concentraciones de ftalatos.

Kellyn S. Betts

 

 

* Publicado originalmente en Environmental Health Perspectives, Volumen 117, Número 2, página A74.