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Salud Pública de México

versión impresa ISSN 0036-3634

Salud pública Méx v.47 n.2 Cuernavaca mar./abr. 2005

 

NOTICIAS

 

Las dictaduras y la falta de libertades políticas podrían considerarse causas evitables de mortalidad

 

 

Los resultados de un trabajo de investigación recientemente publicados en el British Medical Journal sugieren que la instalación de la democracia en un país en donde no rigen las libertades políticas y civiles puede aumentar la esperanza de vida y mejorar considerablemente las condiciones de salud.1

De acuerdo con datos de un estudio epidemiológico realizado por María Teresa Ruiz, Carlos Alvarez Dardet y Alvaro Franco, del Observatorio de Políticas Públicas y Salud del Departamento de Salud Pública de la Universidad de Alicante, España, la democracia muestra un efecto positivo sobre las condiciones de salud de las poblaciones. Este efecto permanece después de ajustar por el nivel de riqueza (PIB per cápita), el nivel de desigualdad (coeficiente de Gini) y el gasto público (gasto gubernamental total). Operacionalizaron la variable democracia utilizando mediciones de Freedom House que toman en consideración el respeto a los derechos políticos (gobierno electo, partidos o grupos políticos competitivos, oposición con poder) y las libertades civiles (libertad de expresión, reunión y asociación, imperio de la ley, igualdad de oportunidades, libertad económica). Los investigadores analizaron datos de 170 países, en donde vive 98% de la población del mundo. Las cifras globales muestran que 45% de estos países son libres, 32% parcialmente libres y 24% son dictaduras.

El estudio permitió concluir que los países libres y democráticos presentan mayores niveles de esperanza de vida y menores cifras de mortalidad infantil y materna. También concluye que la implantación de la democracia en un país podría incrementar la esperanza de vida en 13% y disminuir la mortalidad infantil y materna en 11 y 6%, respectivamente. "Si se confirman nuestros hallazgos, las dictaduras y la falta de libertades políticas podrían pasar a considerarse causas evitables de mortalidad", asegura Alvarez-Dardet.2

Uno se pregunta si Cuba, tan preocupada por limitar la exposición de sus habitantes a todo tipo de factores de riesgo para la salud, estará, con estas evidencias, dispuesta a liberar a los miles de presos de conciencia que abarrotan las cárceles de la isla y llamar a elecciones generales. Los cubanos tienen una alta esperanza de vida, pero ¿a quién pueden caerle mal unos años más, sobre todo cuando se viven en libertad?

 


 

La diseminación de las enfermedades infecciosas atenta contra la seguridad global

 

 

A finales de 2004 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) lanzó el Informe del Grupo de Alto Nivel sobre las Amenazas, los Desafíos y el Cambio, convocado por el Secretario General Kofi Annan. Este informe sobre seguridad global lleva por título Un mundo más seguro: la responsabilidad que compartimos.3 Se trata de un informe, producto de un año de consultas, que identifica los mayores retos para la seguridad global y presenta 101 recomendaciones calificadas por Annan como"visionarias pero realistas".

El trabajo del Grupo de Alto Nivel _conformado, entre otros, por Gro Harlem Brundtland, ex primera ministra de Noruega y ex directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y Brent Scowcroft, ex consejero de seguridad nacional de Estados Unidos de América (EUA)_ partió de identificar los principales riesgos que enfrenta la seguridad global. Bajo la categoría de riesgo para la paz y la seguridad internacional se incluyó a "todo evento o proceso que conduce a la muerte en gran escala o a la disminución de las posibilidades de vida, y que mina a los Estados como unidad básica del sistema internacional". A partir de esta definición se identificaron seis grupos de riesgos:

• riesgos económicos y sociales, incluyendo pobreza y enfermedades infecciosas mortales;

• conflictos y enemistades entre Estados;

• violencia interna, incluyendo guerras civiles, colapso de Estados y genocidios;

• armas nucleares, radiológicas, químicas y biológicas;

• terrorismo, y

• crimen organizado.

Estos riesgos, según los especialistas en seguridad, están cada vez interconectados y requieren, para su combate efectivo, de una estrecha colaboración internacional.

En el rubro específico de salud, el Informe propone redoblar los esfuerzos alrededor del combate al VIH/SIDA para alcanzar un mínimo de 10 mil millones de dólares anuales, y movilizar al Consejo de Seguridad de la ONU para discutir las implicaciones de esta enfermedad para la paz y la seguridad globales. Sugiere también movilizar a donadores internaciones para que, en colaboración con las autoridades nacionales y las ONG, implementen una iniciativa global para fortalecer los sistemas de salud pública locales y nacionales en los países en desarrollo. Finalmente, propone que los miembros de la Asamblea Mundial de la Salud etiqueten recursos para la Red Global de Alerta y Respuesta a Brotes de la OMS para incrementar nuestra capacidad para lidiar con brotes potenciales de enfermedades transmisibles.

Tanto en el grupo de salud como en el resto de los grupos de riesgos se enfatizó un hecho que parece indiscutible: ningún Estado podría enfrentar estos riesgos con éxito por sí solo.

 


 

Estados Unidos de América gasta 27 mil millones de dólares al año en medicinas alternativas

 

 

Ya en 1993, en un estudio publicado en el New England Journal of Medicine, se había documentado el uso intensivo y creciente de las medicinas alternativas (MA) en EUA.4 Cinco años después, esa tendencia se confirma en otro estudio publicado por los mismos autores en la misma revista y en otro estudio publicado en JAMA por el Rosenthal Center for Complementary and Alternative Medicine.5,6 Seis años después, los datos de estos estudios se vuelven a confirmar. Más de una tercera parte de los adultos estadounidenses utilizan esta forma de medicina y el gasto agregado en estos servicios ya supera el gasto en atención médica convencional de primer nivel: más de 27 mil millones de dólares, cifra equivalente a 77% del gasto total en salud de México.

La creciente utilización de terapias alternativas en EUA obligó al Congreso a establecer, en 1992, la Oficina de Medicina Alternativa dentro de los Institutos Nacionales de Salud (INS). En 1999 esta oficina adquirió el rango de Centro Nacional de Medicina Complementaria y Alternativa, al que se le asignó un presupuesto de 48.9 millones de dólares. Otros INS y otras agencias federales pronto se sumaron a estos esfuerzos y para 2003, 19 institutos y centros dentro de los INS estaban invirtiendo 315 millones de dólares en actividades de investigación y otro tipo relacionadas con MA.

En septiembre de 2002, el gobierno de EUA le pidió al Instituto de Medicina de EUA (IOM, por sus siglas en inglés) que llevara a cabo un estudio que explorara interrogantes científicas, de políticas y de práctica sobre la MA. Este estudio acaba de concluir y publicar sus hallazgos.7 Destacan dentro de éstos los siguientes:

• La prevalencia de uso de la MA varía entre 30 y 62% de los adultos estadounidenses.

• Las mujeres tienden a utilizar la MA con más frecuencia que los hombres.

• El uso de la MA se incrementa con el nivel educativo.

• Los adultos que utilizan MA tienden a utilizarla en combinación ya sea con otra terapia complementaria o con medicina convencional.

El informe también hace explícitos algunos de los vacíos de información que existen sobre la MA. Como medida para empezar a llenar estos vacíos, el IOM recomienda se financien estudios cuantitativos y cualitativos sobre los siguientes temas:

• las dimensiones sociales y culturales de las experiencias de enfermedad, y búsqueda y preferencias de atención;

• el nivel de apego de los usuarios a los tratamientos de MA;

• los efectos de la medicina alternativa en el bienestar y en la prevención de enfermedades, y

• los eventos adversos asociados con el uso de la MA e interacciones entre esta medicina y la medicina convencional.

 

Octavio Gómez Dantés.
Director General de Evaluación del Desempeño, Secretaría de Salud, México.
Correo electrónico: ogomez@salud.gob.mx

 

Referencias

1. Franco A, Alvarez-Dardet C, Ruiz MT. Effect of democracy on health: Ecological study. BMJ 2004;329:1421-1423.

2. Casino G. La democracia es buena para la salud. El País 2005 enero 4; Sociedad:25.

3. Organización de las Naciones Unidas. Un mundo más seguro: la responsabilidad que compartimos. Nueva York: ONU; 2004.

4. Eisenberg D, Kessler R, Foster C, Norlock F, Calkins D, Delbanco T. Unconventional medicine in the United States. Prevalence, cost, and patterns of use. N Engl J Med 1993;328:246-252.

5. Eisenberg D, Davis R, Ettner S, Appel S, Wilkey S, Van Rompay M et al. Trends in alternative medicine use in the United States, 1990-1997. N Engl J Med 1998;280:1569-1575.

6. Rosenthal Center for Complementary and Alternative Medicine. Factors that shape alternative medicine. JAMA 1998;280:1621-1623.

7. Institute of Medicine. Complementary and alternative medicine (CAM) in the United States. Washington, DC: The National Academic Press; 2005.