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Salud Pública de México

versión impresa ISSN 0036-3634

Salud pública Méx vol.47 no.2 Cuernavaca mar./abr. 2005

 

INDICADORES

 

Estadísticas de mortalidad en México: muertes registradas en el año 2003

 

 

En el año 2003 el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) registró 472 140 defunciones en México, 3% más que las reportadas en 2002. De las defunciones ocurridas en territorio nacional, 1 448 corresponden a personas que residían en el extranjero y que son tradicionalmente excluidas para fines del análisis de la mortalidad en el país. Entre los residentes habituales en las 32 entidades federativas fallecieron 470 692 personas, de las cuales 44.6% eran mujeres y 55.4% hombres, lo que se traduce en tasas de 4.0 y 5.0 por 1 000 habitantes, respectivamente (cuadro I), con una sobremortalidad masculina de 24.3%.

 

 

La distribución porcentual de las defunciones por edad indica una tendencia decreciente de las muertes en los niños menores de cinco años de edad: en 2003, 8.5 de cada 100 muertes ocurrieron en esas edades, mientras que en 2002, 9.5 de cada 100 pertenecían a este grupo. Sin embargo, esta situación es muy heterogénea entre las entidades federativas ya que en algunas como Quintana Roo, Puebla, Tlaxcala y Chiapas poco más de 12% de las defunciones totales son de menores de cinco años, mientras que en otras como Jalisco, Nuevo León o Colima este porcentaje es de alrededor de 6%. En esta variabilidad es necesario considerar que gran parte del subregistro de las defunciones tiene lugar en los primeros años de vida y, por tanto, algunas entidades con bajo porcentaje de muertes en menores de cinco años reflejan realmente problemas en registro.

La posposición de la muerte entre los niños se aprecia en el desplazamiento de las muertes hacia edades adultas: 60% de las defunciones de las mujeres ocurren después de los 65 años de edad; por su parte, en los hombres este mismo porcentaje se observa a partir de los 55 años de edad, lo que indica en éstos una muerte más temprana. De hecho, entre los 15 y 34 años el porcentaje de muertes de hombres duplica al de mujeres. Entre éstas, 50% de las defunciones se acumula poco antes de los 70 años y entre los hombres esta misma proporción se alcanza ocho años antes (casi a los 62 años de edad). Las proporciones antes mencionadas, así como las variaciones a las edades de muerte, se presentan en los cuadros II y III, por sexo y entidad federativa de residencia habitual.*

 

 

 

 

El cuadro IV presenta tasas de mortalidad por grandes grupos de causas y sexo, según entidad federativa de residencia. Las enfermedades no transmisibles –donde se ubican las muertes por enfermedades cardiovasculares, cirrosis, diabetes y tumores malignos, entre otras– tanto en hombres como en mujeres, y en todas las entidades federativas, son las que presentan las tasas de mortalidad más altas: poco más de seis veces mayores que las debidas a enfermedades transmisibles, nutricias y de la reproducción. Los hombres presentan una sobremortalidad similar en los dos primeros grupos de causas, pero la tasa de mortalidad por lesiones en hombres es casi cuatro veces mayor a la de mujeres.

 

 

A escala nacional, las principales causas de mortalidad en 2003 para mujeres y hombres se presentan en los cuadros V y VI.‡ La diabetes mellitus es la primera causa de muerte en las mujeres (15.4 por 100 000) y la segunda en los hombres (10.3 por 100 000), lo que es muy similar a la mortalidad por enfermedades isquémicas del corazón, que ocupan el primer lugar (10.7 por 100 000). De igual forma, entre los hombres la cirrosis y otras enfermedades crónicas del hígado ocupan el tercero, mientras que en las mujeres se ubican en el octavo sitio. Adicionalmente, las agresiones (homicidios), que no se ubican dentro de las primeras 20 causas de muerte en las mujeres, en el caso de los hombres son la séptima causa de mortalidad. Finalmente, las agresiones y los accidentes de vehículo motor en 2003 ocupan las mismas posiciones que en 2002, es decir, este año dejaron de escalar lugares, a diferencia de años anteriores.

 

 

 

 

En los cuadros VII al XII se presentan las tasas de mortalidad estandarizadas por sexo, por algunas causas de muerte seleccionadas y según entidad federativa de residencia. El mosaico de diversidad en los patrones de mortalidad por causas en las entidades federativas y las diferencias por sexo que resumen estos cuadros excede con mucho al breve comentario que aquí se expone, pero son un buen resumen para los lectores interesados en el tema.

 

 

 

cuadroVIII

 

 

 

 

 

 

cuadro XI

 

 

 

Los dos últimos cuadros, XIII y XIV, contienen algunos indicadores que permiten evaluar la calidad de la información sobre defunciones. La fecha de registro permite conocer el número de defunciones con registro extemporáneo; es decir, aquellas que ocurrieron en años anteriores a 2003 y se registraron en este año. En promedio, sólo 2.0% de las defunciones registradas en 2003 sucedieron en años anteriores, y sólo en cinco estados (Durango, Guerrero, Chihuahua, Tamaulipas y Nayarit) el registro extemporáneo es superior a 4%.

 

 

 

 

Por su parte, la calidad de la información de la mortalidad está estrechamente asociada al lugar de la defunción y las personas que certificaron las muertes. Cuando una defunción sucede en una unidad médica se espera una mejor calidad en el llenado del certificado; del total de defunciones en el país, 45% se presentaron en unidades médicas. A su vez, de las defunciones de 2003, sólo 31% fueron certificadas por el médico que trató al paciente, y 98.1% por algún otro médico, sin incluir las defunciones debidas a causas violentas, que por ley deben ser certificadas por médicos legistas. Sin embargo, es importante destacar que se experimentó un aumento de tres puntos porcentuales respecto a 2002, donde las defunciones certificadas por el médico tratante representaban 28%. Entre las entidades con mayor número de muertes certificadas por médico tratante están Michoacán, Tlaxcala, Guanajuato, Puebla y Aguascalientes (más de 40%), mientras que entidades como Chiapas y Sonora se localizan en el otro extremo (menos de 20% certificadas por médico tratante).

La declaración correcta de la edad y la condición de derechohabiencia son dos criterios adicionales que permiten identificar la calidad en el llenado del certificado de defunción. En el primer caso, sólo en 0.8% de las defunciones nacionales no se especifica la edad: 2 196 entre los mayores de un año de edad (0.5% de este grupo) y 1 389 en menores de un año (4.2%). El porcentaje de defunciones con derechohabiencia no especificada es más elevado, 8 de cada 100 certificados muestran esta deficiencia; en estados como Chihuahua y Chiapas esta condición se presenta en más de 20 de cada 100 certificados.

Independientemente de quién sea la persona que expida el certificado, en el momento de llenarlo se cometen fallas u omisiones, ya que en ocasiones incluso el médico no escribe correctamente la secuencia de los padecimientos que antecedieron a la defunción, lo que repercute en una deficiente aplicación de las reglas de codificación que deben seguirse de acuerdo con la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud (CIE-10). Este tipo de situaciones se refleja en los indicadores del cuadro XIV, en donde se destaca el porcentaje de defunciones con causa "mal definida", que para el país, en su conjunto, asciende a 2.1% de las defunciones y muestra contrastes como el del Estado de México, con 0.6%, y Chiapas, con 7.9%.

En el cuadro XIV también se presentan otros indicadores de la calidad en el diagnóstico asentado como causa de la defunción. Las defunciones por causas externas pueden clasificarse como intencionales o accidentales, la buena calidad en el llenado de los certificados permitiría establecer esta diferencia. Si se desconoce la intención, la CIE-10 previene esta situación y establece un grupo de códigos para "eventos de intención no determinada" (Y10-Y34). De las 51 716 muertes por causas externas en 2003, 2 648 (5.2%) no pueden clasificarse como accidentales o intencionales. Lo mismo sucede con las defunciones por tumores malignos de sitio no especificado, que en promedio representan 4.5% del total de los tumores (que en el estado de Nuevo León asciende a 10%). Otro de los problemas típicos en la certificación de la muerte consiste en referir el mecanismo de la muerte y no la causa o enfermedad que la ha desencadenado. En este sentido, los mejores ejemplos son las muertes por insuficiencia cardiaca (CIE-10 código I50) cuyo origen puede ser isquémico, reumático, asociarse a una cardiopatía hipertensiva o a una cardiopatía por enfermedad de Chagas; o la insuficiencia hepática (CIE-10 código K72) que, en su caso, puede estar relacionada con cirrosis hepática, hepatitis crónica o, incluso, hematoma. Las últimas dos columnas del cuadro XIV dan cuenta de este problema al cual se podrían sumar la insuficiencia renal, la insuficiencia respiratoria y la ateroesclerosis inespecífica, entre otras. Lo paradójico del caso es que en aquellas entidades federativas en donde la proporción de insuficiencia cardiaca es alta (Oaxaca, Puebla, Tlaxcala y Zacatecas) la mortalidad por cardiopatía isquémica es baja; queda la duda acerca de si la baja mortalidad es real o se asocia con la mala clasificación de las defunciones.

Nota metodológica

Las tasas estandarizadas se presentan con el propósito de brindar indicadores de mortalidad donde se elimina el efecto de la variación debido a la estructura de edades de una población, y cuya finalidad es elaborar indicadores comparables en diferentes contextos (estatales, en este caso) o para analizar su evolución en el tiempo.

El procedimiento de estandarización consiste en calcular una tasa resumen a partir de la suma ponderada de las tasas por grupo de edad de la población de estudio. Los ponderadores se corresponden con los valores derivados de la distribución porcentual por grupos de edad de la población tipo. Puesto que la selección de la población tipo es arbitraria, para efectos de comparación internacional se utiliza la estructura recomendada por la Organización Mundial de la Salud, que resulta de promediar las estructuras por edad de la población mundial esperadas para los años 2000 y 2025.

 

 

Sección preparada por la Dirección General de Información en Salud. Secretaría de Salud, México.
* Es importante mencionar que en algunos cuadros, además de la tasa cruda de mortalidad, se incluye la tasa estandarizada por edad; la razón es que esta última permite hacer comparaciones entre entidades federativas a pesar de que presentan diferente estructura de edades en la población. Para facilitar las comparaciones internacionales se decidió usar como población estándar la que recomienda la Organización Mundial de la Salud (ver nota metodológica).
‡ Se repite el mismo formato que se usó para años anteriores, es decir, las principales causas se presentan en un nivel de desagregación que permite asociarlas con intervenciones específicas en salud, evitando las agrupaciones en la medida de lo posible.