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Salud Pública de México

versión impresa ISSN 0036-3634

Salud pública Méx vol.47 no.1 Cuernavaca ene./feb. 2005

 

IN MEMORIAM

 

Donato Alarcón Segovia. 1935-2004

 

 

El fallecimiento, a fines del año pasado, de quien fuera tal vez el más talentoso de los investigadores clínicos que tuvo México en la segunda mitad del siglo pasado, Donato Alarcón Segovia, ha dejado un enorme vacío en la ciencia médica mexicana.

Después de recibirse como médico cirujano en la Facultad de Medicina de la UNAM, Donato (al fin y al cabo nuestra amistad, por buena y por vieja, me permite referirme a él por su primer nombre) se especializó en medicina interna y reumatología en la Escuela de Medicina de Graduados Mayo, en Rochester, Minnesota. Luego recibió el título de maestro en ciencias de la Universidad de Minnesota. Su valía excepcional le hizo merecedor de distinciones de la afamada Clínica Mayo, primero como residente y luego como ex-alumno.

La lectura del currículo del doctor Alarcón Segovia reafirma la valía de su contribución al enriquecimiento de la ciencia médica clínica. Pero ¿cómo apreciar con justicia la magnitud de esta pérdida y, con ello, el valor de la obra y la vida de Donato?

¿Serán las decenas de premios, los centenares de publicaciones científicas, las miles de citas a sus trabajos los que nos guíen en este cometido?

¿Acaso será mejor acudir al listado de los múltiples reconocimientos académicos que le otorgaron dentro y fuera del país?

¿Bastará con hacer un recuento de los honores recibidos en Estados Unidos, Canadá, Colombia, España, Brasil, Venezuela, Perú, entre otros países, de su larga trayectoria como profesor de la Facultad de Medicina o su membresía en El Colegio Nacional?

¿O será más adecuado referirnos a su fecunda labor a lo largo de más de veinte años como jefe del departamento de inmunología y reumatología del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y de la Nutrición "Salvador Zubirán" y a su espléndido desempeño, durante dos lustros, como director general de esta institución?

Para aquellos que se empeñan en ver sólo claroscuros en la ciencia mexicana moderna, bastaría una ojeada a la obra de Donato para que se modificara su pesimismo y menguara su ignorancia sobre la existencia de mexicanos líderes, a escala mundial, en la medicina moderna.

Algo bueno habrá habido en nuestro vilipendiado sistema de investigación científica, cuando el tesón, la inteligencia, la vocación y la disciplina de trabajo de Donato lograron crear aquí una obra de singulares alcances en su campo, que en nada desmerece de muchas de las más ilustres de sus colegas de los países desarrollados.

Los que tuvimos el privilegio de conocerlo debemos procurar que las generaciones jóvenes sepan de él. Su recuerdo será ejemplo de los altísimos niveles a los que puede llegar un profesional de la investigación en nuestro país y servirá, sin duda, de aliciente para las generaciones jóvenes de investigadores.

De los muchos títulos honoríficos recibidos a lo largo de su carrera profesional destaca uno que lo definió bien: el de "Maestro de la Reumatología". Así, con mayúsculas. Descanse en paz.

 

Dr. Adolfo Martínez Palomo

 

 

* Coordinador General del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República.