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Salud Pública de México

versión impresa ISSN 0036-3634

Salud pública Méx vol.43 no.4 Cuernavaca jul./ago. 2001

 

PÁGINAS DE SALUD PÚBLICA

 

Bronfman M, Langer A, Trostle J, ed. De la investigación en salud a la política: la difícil traducción. México, D.F., Editorial El Manual Moderno, Instituto Nacional de Salud Pública, 2000, 178 pp.

 

 

Al comenzar este comentario debo explicitar que mis impresiones se construyeron a partir de mis propias estrategias de lectura y, por lo tanto, son la consecuencia de la forma siempre personal como cada uno recorre un texto, con lo que también quiero decir que tienen sólo esta validez, ya que supongo a cada lector haciendo su propio recorrido.

Encontré el nivel de intriga e interés necesarios para abrir estas páginas en la propia portada del libro, creo que porque su título contiene una afirmación inquietante sobre la existencia de dos mundos y enuncia una misión que se entrevé compleja cual es la siempre difícil y contradictoria tarea de traducción.

Es esta palabra -"traducir"- la mejor metáfora para describir con exactitud la pretensión del libro. Porque en una traducción hay mucho más que la traslación mecánica de palabras y vocablos. Cada lengua expresa y es sostén de una cultura y, en consecuencia, "traducir" es poner en contacto dos o más cosmovisiones con toda su carga de subjetividad, perspectivas, ideologías, valores, intereses, historia, experiencias, etcétera.

Para ello los autores decidieron explorar esta elusiva criatura -traducción- en cuatro objetos, en mi opinión extremadamente relevantes de la salud pública. ¿Por qué? Tal vez porque creo ver en las cuatro problemáticas seleccionadas: la vacunación, la planificación familiar, el SIDA y el cólera, a los emergentes y a los portadores de los profundos cambios que ha vivido la salud pública en los últimos 20 años.

En relación con la vacunación bastaría señalar que hace apenas 22 años se concreta un sueño de la salud pública y uno de los mas importantes logros científicos de la humanidad en este campo como es la erradicación de la viruela, que alentó esperanzas desmedidas sobre el arrinconamiento de las enfermedades contagiosas, panorama que fue pocos años después desalentado por el fenómeno de las llamadas "enfermedades emergentes" SIDA, Ebola, etcétera.

La planificación familiar, por su parte, ha moldeado en el mundo y en especial en muchos de nuestros países una compleja "biopolítica" que como en el nuestro, energiza y enerva los debates políticos, vinculado a las profundas transformaciones, pero también a las extraordinarias resistencias que ha experimentado el campo de la problemática de género en estos años.

Hace 20 años el SIDA no existía (o no lo conocíamos) y podemos verificar cómo en tan escaso tiempo se instaló como uno de los factores más dinámicos del pensamiento sanitario, cambiando paradigmas tan sólidos en el sector como el tecnocrático, al no poder eludir la inclusión de los afectados en el mapa de actores de esta problemática

El cólera que sorprendió a toda la inteligencia sanitaria irrumpiendo hace menos de diez años en el continente sirve para ilustrar cuáles son los costos de la des-inversión sanitaria y de andar "perdiendo décadas de desarrollo" en experimentos económicos que llevan casi siempre al mismo resultado.

Pero ¿qué pasa en éstos y otros campos que permite que exista tan poca circulación y aprovechamiento recíproco entre el mundo de la ciencia y el mundo de la decisión política?

El muro se ha ido construyendo desde los dos polos: las formas de validación, producción y financiamiento de la investigación científica han exasperado los dispositivos de auto-validación: la revisión de pares (el peer review), los incentivos por publicación, los índices de citación, son ejemplos de esto.

Al respecto, Bruno Latour levanta un testimonio ilustrativo proveniente de un investigador del equipo de Jonas Salk: "Yo era médico...pero quería una retroalimentación positiva que probara mi inteligencia...quería una mercancía muy escasa: el reconocimiento de mis colegas".

En el otro extremo, el mundo de la política en medio de un riesgoso viaje, "una imagen vale por mil palabras" .Un mundo parodiado por Baudrillard en su libro El crimen perfecto "la realidad ha sido asesinada, afirma, y el crimen es casi perfecto porque no se logra encontrar evidencias ni menos aún al propio cuerpo". Enuncia un mundo en el que los medios y la noticia remplazan a la información científica y se vuelven los instrumentos más influyentes de toma de decisiones políticas.

En el registro de estas tendencias el libro es esperanzador y mediante técnicas cualitativas muy adecuadas al objeto bucea en las profundidades de esta difícil mediación describiendo los resquicios y las formas como circulan los conocimientos, las formas de influencia, los medios y los soportes que interpenetran los campos, el rol de los organismos internacionales y otras múltiples formas de mediación.

Las lecciones aprendidas -y compartidas en el último capítulo- expresan adecuadamente el recorrido de los autores, y exhiben un ponderado equilibrio y un fuerte sentido práctico al proponernos un mapa de actores y factores que dificultan o facilitan este ansiado dialogo. Mapa imperdible para quienes nos sentimos llamados de una forma u otra a intentar una y otra vez esa difícil tarea de "traducción" que el libro explora.

Por algún motivo la lectura de este libro me evocó una anécdota que había leído ya hace mucho tiempo.

Cuentan que en plena controversia doctrinaria Galileo fue visitado por dos emisarios de la Iglesia para disuadirlo de sus afirmaciones que, entre otros aspectos, cuestionaban un dogma de la época que afirmaba que los cuerpos celestes -al ser creados por Dios- debían necesariamente ser esferas perfectas. En esa ocasión Galileo tenía justamente enfocado con su telescopio a Saturno, planeta al que por la baja resolución de sus lentes Galileo denominaba "el planeta con orejas", no resistió la tentación de invitar a sus inquisitivos visitantes a mirar por el telescopio y convencerse por sí mismos. Asustados, éstos optaron por la única opción que les pareció "políticamente correcta": no mirar.

 

Mario Rovere